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viernes

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (161) Psicoanálisis del mito

 EPÍLOGO / EL MITO Y LA SOCIEDAD

 

3 / EL HÉROE DE HOY (3)

 

Con esto llegamos a la sugestión final de lo que debe ser la orientación específica de la tarea del héroe moderno, y a descubrir la causa real de la desintegración de todas nuestras fórmulas religiosas heredadas. El centro de gravedad, o sea, del reino del misterio o del peligro, ha sido eliminado definitivamente. Para los pueblos cazadores primitivos de los más remotos milenios humanos, cuando el tigre de colmillos de sable, el mamut y el reino de las presencias animales menores eran las manifestaciones primarias de lo que era ajeno -al mismo tiempo la fuente del peligro y del sustento-, el gran problema humano era establecer una liga psicológica con el hecho de compartir la selva con estos seres. Una identificación inconsciente tomó lugar y esto finalmente tomó conciencia en las figuras mitad humanas mitad animales de los antecesores totémicos mitológicos. Los animales se convirtieron en los tutores de la humanidad. Por medio de actos de imitación literal -como vemos ahora en los juegos de los niños (o en el manicomio)- se llegó a una aniquilación efectiva del ego humano y la sociedad alcanzó una organización cohesiva. En forma similar, las tribus que se sostenían con alimentos vegetales, se reunieron alrededor de la planta; y los rituales de la siembre y la cosecha se identificaron con los de la procreación humana, el nacimiento y el progreso hacia la edad adulta. Sin embargo, tanto la planta como el mundo animal fueron sometidos al control social. De allí que el gran campo del milagro instructivo se moviera hacia los cielos y la especie humana pusiera en vigor la gran pantomima del sagrado rey luna, del sagrado rey sol, y del estado hierático y planetario, y también los festivales simbólicos de las esferas que regulan el mundo.

 

Hoy todos estos misterios han perdido su fuerza; sus símbolos ya no interesan a nuestra psique. La noción de una ley cósmica, que sirve a toda existencia y ante la cual debe inclinarse el hombre mismo, hace mucho que pasó a través de las etapas místicas preliminares representadas en la astrología antigua y ahora es algo que se da por sabido en términos meramente mecánicos. El descenso de los cielos a la tierra de las ciencias occidentales (desde la astronomía del siglo XVII a la biología del siglo XIX) y sui concentración actual, por fin, en el hombre mismo (en el antropología y la psicología del siglo XX), marcan el camino de una maravillosa transferencia del punto de enfoque del asombro humano. Ni el mundo animal, ni el mundo de las plantas, ni el milagro de las esferas, sino el hombre mismo, es ahora el misterio crucial. El hombre es la presencia extraña con quien las fuerzas del egoísmo deben reconciliarse, a través de quien el ego debe crucificarse y resucitar y en cuya imagen ha de reformarse la sociedad. El hombre, entendido no como “yo”, sino como “tú”: pues ninguno de los ideales o instituciones temporales de ninguna tribu, raza, continente, clase social o siglo puede ser la medida de la divina existencia inagotable y maravillosamente multifacética que es la vida de todos nosotros.

 

El héroe moderno, el individuo moderno que se atreva a escuchar la llamada y a buscar la mansión de esa presencia con quien ha de reconciliarse todo nuestro destino, no puede y no debe esperar a que su comunidad renuncie a su lastre de orgullo, de temores, de avaricia racionalizada y de malentendidos santificados. “Vive -dice Nietzsche- como si el día hubiera llegado.” No es la sociedad la que habrá de guiar y salvar al héroe creador, sino todo lo contrario. Y así cada uno de nosotros comparte la prueba suprema -lleva la cruz del redentor-; no en los brillantes momentos de las grandes victorias de su tribu, sino en los silencios de su desesperación personal.

jueves

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (160) Psicoanálisis del mito

 3 / EL HÉROE DE HOY (2)

 

El hecho del héroe no es hoy lo que era en el siglo de Galileo. Donde antes había oscuridad, hoy hay luz; pero también donde había luz hay ahora oscuridad. La hazaña del héroe moderno debe ser la de pretender traer la luz de nuevo a la perdida Atlántida del alma coordinada.

 

Obviamente, este trabajo no podrá realizarse dando la espalda o apartándose de lo que ha sido alcanzado por la revolución moderna, porque el problema pierde todo su contenido si no concede significación espiritual al mundo moderno -o mejor dicho (para expresarlo de otro modo), no existe si no hace posible para los hombres y las mujeres alcanzar la madurez humana íntegra a través de las condiciones de la vida contemporánea. Pues estas condiciones en sí mismas son las que han convertido las fórmulas antiguas en cosas poco efectivas, equívocas y hasta perniciosas. La comunidad actual es el planeta y no la nación con fronteras. De aquí que los patrones de la agresión proyectada que anteriormente servían para coordinar el grupo, ahora sólo sirvan para dividirlo en partidos. La idea nacional, con una bandera como tótem, es hoy un ampliador del ego infantil, no el aniquilador de una situación infantil. Sus parodias de los rituales en la plaza de armas, sirven a las finalidades de Garra o Soporte, el tirano dragón, no al Dios en el que el propio interés es aniquilar. Y los numerosos santos de esta anticulto -los patriotas cuyas fotografías rodeadas de banderas pueden verse en todas partes- sirven como ídolos oficiales, son precisamente los guardianes de los umbrales locales (nuestro demonio del Cabello Pegajoso); la primera tarea del héroe es vencerlos.

 

Ni tampoco las grandes religiones del mundo, como se entienden actualmente, satisfacen todos los requisitos. Pues se han asociado con las causas de los partidos y son instrumentos de propaganda y de alabanza propia. (Hasta el budismo ha sufrido últimamente esta degradación, como reacción a las lecciones de Occidente.) El triunfo universal del estado seglar ha puesto todas las organizaciones religiosas en una situación definitivamente secundaria y en última instancia inefectiva, que ha logrado reducir la pantomima religiosa a un ejercicio santurrón de la mañana del domingo, mientras que la ética económica y el patriotismo rigen por el resto de la semana. Esa santidad hipócrita no es lo que requiere el funcionamiento del mundo, sino que es necesario una transmutación de todo el orden social, de manera que a través de cada detalle y de cada acto de la vida seglar, la imagen vitalizadora del hombre-dios universal, que por el momento es inmanente y efectiva en todos nosotros, pueda de algún modo hacerse conocida a la conciencia.

 

Y esta no es la clase de labor que puede llevar a cabo la conciencia por sí misma. La conciencia ya no puede inventar, ni siquiera predecir, un símbolo efectivo que prediga o controle el sueño de la noche. El problema se estudia en otro nivel, a través de lo que está destinado a ser un largo y terrible proceso, no sólo en las profundidades de cada psique del mundo moderno, sino también en esos titánicos campos de batalla en que se ha convertido últimamente el planeta entero. Estamos observando el tremendo chocar de las Simpléglades a través del cual el alma debe pasar sin identificarse con ninguno de los dos lados.

 

Pero hay algo que podemos saber, y es que cuando los nuevos símbolos se hagan visibles, no serán idénticos en las diferentes partes del globo; las circunstancias de la vida local, la raza y la tradición deben estar compuestas en fórmulas efectivas. Por lo tanto, es necesario que los hombres comprendan y sean capaces de ver que a través de diferentes símbolos se revela la misma redención. “La verdad es una -leemos en los Vedas-; los sabios hablan de ella con muchos nombres.” Es una sola canción con las diferentes inflexiones del coro humano. La propaganda general para una o la otra de las soluciones locales es superflua, o más bien, una amenaza. La única forma de volverse humano es aprender a reconocer los lineamientos de Dios en todas las maravillosas modulaciones del rostro del hombre.

viernes

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (160) Psicoanálisis del mito

 3 / EL HÉROE DE HOY (1)

 

Todo esto se halla lejos del punto de vista contemporáneo; pues el ideal democrático del individuo que se determina a sí mismo, la invención de los artefactos mecánicos y eléctricos, y el desarrollo de los métodos científicos de investigación han transformado la vida humana en tal forma que el universo intemporal de símbolos hace mucho tiempo heredados ha sufrido un colapso. A esto se refieren en el Zaratustra de Nietzsche las trascendentales palabras que anuncian una época: “Muertos están los dioses”. (3) Es una fábula que sabemos que se ha repetido de mil maneras. Es el ciclo del héroe del héroe de la edad moderna, la maravillosa historia de la especie humana que llega a la madurez. El lastre del pasado, la atadura de la tradición han sido destruidos con seguros y poderosos golpes. La telaraña del sueño mítico cayó, la mente se abrió a la íntegra conciencia despierta, y el hombre moderno surgió de la ignorancia de los antiguos, como una mariposa de su capullo o como el sol del amanecer surge del vientre de la madre noche.

 

No solamente las investigaciones con el telescopio y el microscopio han eliminado el lugar oculto de los dioses: ya no existe la clase de sociedad de la que los dioses eran soporte. La unidad social no es ya la portadora del contenido religioso, sino una organización económico-política. Sus ideales no son ya los de la pantomima hierática, que hace visibles en la tierra las formas del cielo, sino los del estado seglar, que libra una competencia difícil y sin tregua por la supremacía y los recursos materiales. Las sociedades aisladas, atadas al sueño dentro de un horizonte mitológico, no existen más que como regiones de explotación. Y dentro de las mismas sociedades progresistas, todos los últimos vestigios de la antigua herencia humana de ritual, moralidad y arte, están en plena decadencia.

 

El problema actual de la especie humana es, por lo tanto, precisamente opuesto al de los hombres de los períodos comparativamente estables de aquellas mitologías poderosamente coordinadoras que ahora se conocen como mentiras. Entonces todo el significado estaba en el grupo, en las grandes formas anónimas, no en la expresión individual propia; hoy no existe ningún significado en el grupo ni en el mundo; todo está en el individuo. Pero en él el significado es absolutamente inconsciente. El individuo no sabe hacia dónde se dirige, tampoco sabe lo que lo empuja. Las líneas de comunicación entre la zona consciente y la inconsciente de la psique humana han sido cortadas, y nos hemos partido en dos.

 

Notas

(3) Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. I.22.3

jueves

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (159) Psicoanálisis del mito

 EPÍLOGO / EL MITO Y LA SOCIEDAD

 

2 / LA FUNCIÓN DEL MITO, DEL CULTO Y DE LA MEDITACIÓN (2)

 

Muchas otras simbolizaciones de esta continuidad llenan el mundo de la comunidad mitológicamente instruida. Por ejemplo, los clanes de las tribus cazadoras norteamericanas se consideraban descendientes de ancestros mitad animales y mitad humanos. Estos ancestros no solamente eran los padres de los miembros humanos del clan, sino también de la especie animal de donde el clan tomaba su nombre. Así, los miembros humanos del clan del castor eran primos hermanos de los castores, protectores de dicha especie y al mismo tiempo protegidos por la sabiduría animal del pueblo de los bosques. Y otro ejemplo: el hogan, o choza barro de los Návajo de Nuevo México y Arizona, se construye según el plan de la idea del cosmos de los Návajo. La entrada está hacia el oriente. Los ocho lados representan las cuatro direcciones principales y los puntos que quedan entre ellas. Cada arista y cada viga corresponde a un elemento en el gran hogan de la tierra y el cielo que todo lo abarcan. Y como el alma del hombre es considerada en su forma como idéntica al universo, la choza de barro es la representación de la armonía básica del hombre y del mundo y un recordatorio del escondido camino vital de la perfección.

 

Pero hay otro camino, diametralmente opuesto al de los deberes sociales y los cultos populares. Desde el punto de vista del camino del deber, el que es exiliado de la comunidad es nada. Desde el otro punto de vista, este exilio es el primer paso de la búsqueda. Cada uno lleva el todo dentro de sí mismo, por lo tanto puede buscarse y descubrirse dentro de él. Las diferenciaciones de sexo, edad y ocupación no son esenciales a nuestro carácter, sino meras vestiduras que llevamos por un tiempo en el escenario del mundo. La imagen interior del hombre no debe confundirse con su atuendo. Pensamos que somos americanos, hijos del siglo XX, occidentales y cristianos civilizados. Somos virtuosos o pecadores. Sin embargo, estas designaciones no dicen lo que debe ser el hombre, denotan solamente accidentes geográficos, fecha de nacimiento o ingresos económicos. ¿Cuál es el meollo de nosotros? ¿Cuál es el carácter básico de nuestro ser?

 

El ascetismo de los santos medievales y de los yoguis de la India, los misterios helénicos de las iniciaciones, las antiguas filosofías del Oriente y del Occidente, son técnicas para desplazar el hincapié de la conciencia individual fuera de la presencia exterior. Las meditaciones preliminares del aspirante apartan su mente y sus sentimientos de los accidentes de la vida y lo llevan hasta lo más profundo. “Yo no soy esto ni lo otro” -medita-; no soy mi madre ni el hijo que acaba de morir; mi cuerpo, que está enfermo o envejece; ni mi brazo, mis ojos, mi cabeza, ni la suma de todas estas cosas. No soy mis sentimientos, ni mi mente, ni mi fuerza intuitiva”. Por medio de estas meditaciones sale de su propia profundidad y finalmente alcanza insondables realizaciones. Ningún hombre puede regresar de practicar tales ejercicios y tomarse muy seriamente como Don Fulano, de tal o cual población del país. La sociedad y los deberes se esfuman. Don Fulano, al descubrirse grande con el hombre, se convierte en una persona abstraída y apartada.

 

Esta es la etapa de Narciso contemplándose en la fuente, del Buddha sentado en forma contemplativa debajo del árbol, pero no es la última meta, es un requisito, pero no es el fin. La meta no es ver, sino caer en la cuenta de que uno es, esa esencia; entonces, el hombre es tan libre de vagar por el mundo como lo es su esencia. La esencia de uno mismo y la esencia del mundo son una sola. De aquí que la separación, el aislamiento, ya no sean necesarios. Por dondequiera que vaya el héroe y cualquier cosa que haga, siempre está en presencia de su propia esencia, porque ha perfeccionado sus ojos para ver. No hay aislamiento. Así como el camino de la participación social puede llevar a la realización del Todo en un individuo, así el exilio trae al héroe al Yo en todo.

 

Centrado en este punto capital, el problema del egoísmo o del altruismo desaparece. El individuo se ha perdido en la ley y ha renacido identificado con el significado íntegro del Universo. Por Él y para Él se ha hecho el mundo: “Oh Mahoma -dijo Dios-, si no fuera por ti, no hubiera creado el cielo.”

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (158) Psicoanálisis del mito

 EPÍLOGO / EL MITO Y LA SOCIEDAD

 

2 / LA FUNCIÓN DEL MITO, DEL CULTO Y DE LA MEDITACIÓN (1)

 

En su forma viva, el individuo es necesariamente sólo una fracción y una distorsión de la imagen total del hombre. Está limitado, ya sea hembra o varón; también lo está en cualquier período de su vida, como niño, como joven, como adulto o como anciano; y no sólo eso, sino que en su vida está necesariamente especializado como artesano, comerciante, sirviente o ladrón, sacerdote, líder, esposa, monja o prostituta; no puede serlo todo. De aquí que la totalidad, la plenitud del hombre, no esté en un miembro aparte, sino en el cuerpo de la sociedad como un todo; el individuo puede ser sólo un órgano. De su grupo ha tomado las técnicas de vida, el lenguaje en que piensa, las ideas por las cuales lucha; los genes que han construido su cuerpo descienden del pasado de esa sociedad. Si pretende aislarse, ya sea en hechos, pensamientos o sentimientos, sólo logra romper las relaciones con las fuentes de su existencia.

 

Las ceremonias tribales de nacimiento, la iniciación, el matrimonio, el entierro, la adquisición de un estado social, etc., sirven para trasladar las crisis y hechos de la vida del individuo a formas clásicas e impersonales. Estas formas tienen por objeto mostrarlo a sí mismo, no como esta personalidad o la otra, sino como el guerrero, la desposada, la viuda, el sacerdote, el jefe; al mismo tiempo se representa para el resto de la comunidad la vieja lección de las etapas arquetípicas. Todos participan en el ceremonial de acuerdo con su rango y su función. La sociedad entera se hace visible como una unidad viva e imperecedera. Pasan generaciones de individuos como células anónimas de un cuerpo vivo; pero permanece la forma sustentante e intemporal. Por una ampliación de la visión para abarcar a este superindividuo, cada uno se descubre a sí mismo engrandecido, enriquecido, apoyado y magnificado. Su papel, aunque no sea nada impresionante, se ve como intrínseco a la bella imagen festiva del hombre, la imagen potencial pero necesariamente inhibida que está dentro del individuo.

 

Los deberes sociales continúan la lección del festival en la existencia diaria y normal y se le da más validez al individuo. Por el contrario, la indiferencia, las revoluciones o el exilio rompen las conexiones vitales. Desde el punto de vista de una unidad social, el individuo aislado no es sino una nada, un desperdicio. De aquí que el hombre o la mujer que puedan decir honestamente que han vivido su papel -ya sea el de sacerdote, prostituta, reina o esclavo- se refieren al sentido completo del verbo ser.

 

Los ritos de la iniciación y de la adquisición de una situación, pues, muestran la lección de la unidad esencial del individuo y el grupo; los festivales de las estaciones abren un horizonte mayor. Así como el individuo es un órgano de la sociedad, así es la tribu o la ciudad -así es la humanidad entera-, sólo una fase del poderoso organismo del cosmos.

 

Ha sido costumbre describir los festivales de las estaciones de los llamados pueblos primitivos como esfuerzos para dominar a la naturaleza. Esta es una representación equivocada. Hay mucha voluntad de dominio en todos los actos del hombre, y particularmente en aquellas ceremonias mágicas que se supone han de traer la lluvia, curar las enfermedades o detener las inundaciones; sin embargo, el motivo dominante en el ceremonial de todas las religiones verdaderas (oponiéndoles a la magia negra) es la sumisión a lo inevitable del destino, y en los festivales de las estaciones este motivo es particularmente evidente.

 

No se ha registrado ningún rito tribal que intente postergar la llegada del invierno; al contrario: los ritos preparan a la comunidad para soportar, junto con el resto de la naturaleza, la estación del frío tremendo. Y en la primavera, los ritos no intentan obligar a la naturaleza a producir de inmediato maíz, frijol y calabazas para la comunidad debilitada; por el contrario, los ritos dedican a todo el pueblo a la obra de la estación de la naturaleza. El maravilloso ciclo del año es celebrado con todos sus contratiempos y períodos de júbilo, y es bosquejado y representado como una continuidad del ciclo vital del grupo humano.

viernes

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (157) Psicoanálisis del mito

 EPÍLOGO / EL MITO Y LA SOCIEDAD

 

1 / EL QUE CAMBIA DE FORMA

 

No hay un sistema final para la interpretación de los mitos y nunca habrá tal cosa. La mitología es como el dios Proteo, “el veraz anciano de los mares”. El dios “probará de convertirse en todos los seres que se arrastran por la tierra, y en agua, y en ardentísimo fuego.” (1)

 

El viajero de la vida que quiera recibir enseñanzas de Proteo debe “sujetarlo aunque desee e intente escaparse” y finalmente aparecerá en la forma que le es propia. Pero este astuto dios nunca descubre, ni siquiera ante el más hábil interrogador, el contenido íntegro de su sabiduría. Contestará a la pregunta que se le haga y la respuesta será grande o trivial, según lo que se le haya preguntado. “Cuando el sol, siguiendo su curso, llega al centro del cielo, el veraz anciano de los mares, oculto por negras y encrespadas olas, salta en tierra al soplo del Céfiro. Enseguida se acuesta en honda gruta y a su alrededor se ponen a dormir, todas juntas, las focas de natátiles pies, hijas de la hermosa Halosidne, que salen del espumoso mar exhalando el acerbo olor del mar profundísimo.” (2) El rey guerrero griego Menelao, guiado y ayudado por una hija de este viejo padre del mar a sus salvajes lares, e instruido por ella de cómo lograr la respuesta del dios, deseaba sólo preguntar el secreto de sus dificultades personales y el paradero de sus amigos personales. Y el dios se dignó responder.

 

La mitología ha sido interpretada por el intelecto moderno como un torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía poética de los tiempos prehistóricos, mal entendida por las edades posteriores (Müller); como un sustitutivo de la instrucción alegórica para amoldar el individuo a su grupo (Durkheim); como un sueño colectivo, sintomático de las urgencias arquetípicas dentro de las profundidades de la psique humana (Jung); como el vehículo tradicional de las intuiciones metafísicas más profundas del hombre (Coomaraswamy); y como la Revelación de Dios a Sus hijos (la Iglesia). La mitología es todo esto. Los diferentes juicios están determinados por los diferentes puntos de vista de los jueces. Pues cuando se la investiga en términos no de lo que es, sino de cómo funciona, de cómo ha servido a la especie humana en el pasado y de cómo puede servirle ahora, la mitología se muestra tan accesible como la vida misma a las obsesiones y necesidades del individuo, la raza y la época.

 

Notas

(1) Odisea IV, 401, 417-41. Traducción de Luis Segalá y Estalella.

(2) Ibid., IV, 400-406.

miércoles

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (156) Psicoanálisis del mito

 2 / EL FIN DEL MACROCOSMOS (3)

 

Y cuando Jesús estaba en el Monte de los Olivos, sus discípulos vinieron a preguntarle: “Dinos cuándo será todo esto y cuál es la señal de tu venida y de la consumación del mundo. Jesús les respondió: Cuidad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, y dirán: Yo soy el Mesías, y engañarán a muchos. Oiréis hablar de guerras y de rumores guerreros; pero no os turbéis, porque es preciso que esto suceda, mas no es aun el fin. Se levantarán nación contra nación y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares; pero todo esto es el comienzo de los dolores.

 

Entonces os entregarán a los tormentos y os matarán, y seréis aborrecidos de todos los pueblos a causa de mi nombre. Entonces se escandalizarán muchos y unos a otros se harán traición y se aborrecerán; y se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos, y por el exceso de la maldad se enfriará la caridad de muchos, mas el que perseverare hasta el fin, ese será salvo. Será predicado este evangelio del reino en el todo el mundo, testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin.

 

Cuando viéreis, pues, la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel en el lugar santo (el que leyere entienda), entonces los que están en Judea huyan a los montes, el que esté en el terrado no baje a tomar nada de su casa y el que esté en el campo no vuelva atrás en busca del manto. ¡Ay de las que están encintas y de las que críen en aquellos días! Orad para que vuestra huida no tenga lugar en invierno ni en sábado.

 

Porque habrá entonces una tan gran tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá, y, si no acortasen aquellos días, nadie se salvaría, mas por el amor de los elegidos se acortarán los días aquellos. Entonces, si alguno os dijere: Aquí está el Mesías, no le creáis, porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir al error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos. Mitad que os lo digo de antemano. Si os dicen, pues: Aquí está, en el desierto; no salgáis; aquí está, en un escondite, no lo creáis, porque como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. Donde está el cadáver, allí se reúnen los buitres.

 

Luego, enseguida, después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo, y las columnas del cielo se conmoverán. Entonces aparecerá el estandarte del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande. Y enviará sus ángeles con poderosas trompetas y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro… De aquel día y aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.” (12)

 

Notas

(12) Mateo, 24:3-36.

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (155) Psicoanálisis del mito

 CAPÍTULO IV / DISOLUCIONES

 

2 / EL FIN DEL MACROCOSMOS (2)

 

En la tierra de los gigantes, cantará Jotunheim, un gallo rojo y hermoso; en el Valhalla cantará el gallo Cresta Dorada; y en el infierno cantará un pájaro rojo, color de moho. El perro Garm en la puerta de su cueva, que es la entrada al mundo de los muertos, abrirá sus grandes fauces y aullará. La tierra temblará, los árboles y los arbustos se romperán en pedazos y el mar se derramará sobre la tierra. Los grilletes de aquellos monstruos que fueron encadenados en el principio se romperán: el Lobo Fenris correrá libremente y avanzará con la quijada inferior contra la tierra y la superior raspando el cielo (“Abrirá más la boca si hubiera lugar para ello”); echará fuego por los ojos y por la nariz. La serpiente del océano cósmico que envuelve al mundo se levantará en una cólera gigante y avanzará junto al lobo sobre la tierra, escupiendo veneno que salpicarás todo el aire y el agua. Naglfar navegará a su albedrío (el barco construido con las uñas de los muertos) y ha de transportar a los gigantes. Otro barco navegará con los habitantes del infierno. Y el pueblo de fuego avanzará desde el sur.

 

Cuando el guardián de los dioses sople el cuerno estrepitoso, los hijos guerreros de Odín serán llamados a la batalla final. De todas partes vendrán dioses, gigantes, enanos y duendes y se dirigirán al campo de batalla. El Freno del Mundo, Yggdrasil, ha de temblar, y ninguna cosa del cielo o de la tierra se salvará del temor.

 

Odín avanzará contra el lobo, Thor contra la serpiente, Tyr contra el perro -el peor de todos los monstruos- y Freyr, el hombre de las llamas. Thor matará a la serpiente y se alejará diez pasos, pero el veneno le hará caer muerto en tierra. Odín será tragado por el lobo, y luego Vidarr, poniendo un pie en la quijada inferior, tomará en su mano la quijada superior del lobo y le desgarrará las fauces. Loki matará a Heimdalir y será muerto por él. Surt arrojará fuego sobre la tierra y quemará el mundo entero.

 

El sol se ennegrece, la tierra se hunde en el mar,

Las estrellas ardiendo caerán desde el cielo.

Fiero crece el vapor y la llama que alimenta la vida,

Hasta que el fuego suba y alcance el cielo.

 

Garm aullará ante Gnipahellir,

Los grilletes se romperán y el lobo estará libre;

Mucho sé y más puedo ver

Del destino de los dioses, los poderosos en batalla.

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (154) Psicoanálisis del mito

 2 / EL FIN DEL MACROCOSMOS (1)

 

Así como la forma creada del individuo debe disolverse, así también la forma del universo.

 

“Cuando se sepa que después del lapso de cien mil años el ciclo debe renovarse, los dioses llamados Loka byuas, habitantes de un cielo de placer sensual, deambularán por el mundo, con el cabello suelto flotando en el viento, llorando y limpiándose las lágrimas con las manos una y otra vez, y con ropas rojas y en gran desorden. Y harán el siguiente anuncio: ‘Señores, después del lapso de cien mil años el ciclo debe renovarse; este mundo será destruido; también ha de secarse el poderoso océano; y la gran tierra, Y Sumeru el monarca de las montañas han de ser destruidos y quemados -hasta el mundo de Brahma se ha de extender la destrucción. Por tanto, señores, cultivad la amistad; cultivad la compasión, el júbilo y la indiferencia, respetad a vuestras madres; respetad a vuestros padres; y honrad a vuestros mayores entre vuestros parientes.’

 

Esto se llama la Conmoción Cíclica.” (8)

 

La versión maya del fin del mundo está representada en una ilustración que cubre la última página del Códice de Dresden. (9) Este antiguo manuscrito registra los ciclos de los planetas y de ellos deduce cálculos de vastos ciclos cósmicos. Lo números serpiente que aparecen al terminar al texto (así llamados porque aparece entre ellos un símbolo en forma de serpiente) representan períodos del mundo de unos treinta y cuatro mil años -doce y medio millones de días- y estos están registrados una y otra vez. “Dentro de estos períodos casi inconcebibles todas las unidades pequeñas pueden tomarse como si llegaran finalmente a una conclusión más o menos exacta. ¿Qué importan unas pocas decenas de años de más o menos en esto, que es prácticamente una eternidad? Finalmente, en la última página del manuscrito se representa la Destrucción del Mundo, a la cual han abierto el camino los números más altos. Aquí vemos a la serpiente de la lluvia, que se extiende por el espacio y deja caer torrentes de agua. Grandes corrientes de agua brotan del sol y de la luna. La vieja diosa, la de las garras de tigre y el aspecto imponente, la malévola patrona de las inundaciones y de los aguaceros, vuelve la vasija de las aguas celestes. Los huesos cruzados, símbolo temible de la muerte, decoran su falda, y una serpiente enroscada adorna su cabeza. Debajo, con su lanza que apunta hacia la tierra y simboliza la destrucción universal, el dios negro se adelanta, con una lechuza chillando encima de su temible cabeza. Aquí está retratado gráficamente el último cataclismo que todo lo ha de abarcar.” (10)

 

Una de las más fuertes representaciones aparece en la Edda poética de los antiguos vikingos. Odín (Wotan), el jefe de los dioses, quiso saber cuál sería su maldición y la de su panteón, y la “Mujer sabia”, personificación de la Madre del Mundo, el Destino articulado, le contestó: (11)

 

Los hermanos lucharán uno contra el otro,

Y los hijos de las hermanas mancillarán el parentesco;

Caerá sobre la tierra una gran prostitución;

Tiempo de hachas, tiempo de espadas, de hendidos escudos;

Tiempo del invierno, tiempo de los lobos, aquí desaparece el mundo;

Nunca los hombres serán clementes.

 

Notas 

(7) Basado en la traducción de E. A. W. Budge: The Book of the Dead, The Papyrus of Ani, Scribe ans Treasurer of the Temples of Egypt, about 1450 B. C. (Nueva Yrk, 1913).

(8) Reproducido del libro de Henry Clarke Warren Buddhism in Translations, pp. 38-39.

(9) Sylvanus G. Morley, (An introduction to the Study of the Maya Hieroglyphics (57th Bulletin, Bureau os American Ethnology; Washington, 1915), lám. 3, frente a la pág. 32.

(10) Ibid., p. 32.

(11) Lo siguiente está basado en la Edda poética, “Voluspa”, 42 ss. (Los versos están citados de la traducción de Bellows, op. cit., pp. 19-20, 24) y la Edda en prosa, “Gylfaginning” LI (traducción de Brodeur, op. cit., pp. 77-81).

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (154) Psicoanálisis del mito

 1 / EL FIN DEL MICROCOSMOS (3)

 

Una visión profunda y terrible de la jornada está en el Libro de los Muertos de los egipcios. El hombre o la mujer que han muerto son identificados con Osiris y llamados por ese nombre. Los textos se abren con textos de alabanza a Re y Osiris y luego proceden a los misterios de la separación del espíritu del mundo. En el “Capítulo en que se da una boca a Osiris N.” (6) leemos la frase: “Salgo del huevo en la tierra escondida.” Este es el anuncio de la idea de la muerte como un renacimiento. Después, en el “Capítulo en que se abre la boca de Osiris N.” el espíritu que despierta reza: “Que el dios Ptah abra mi boca, y que el dios de mi ciudad suelte las ataduras, hasta las ataduras que están sobre mi boca. El “Capítulo para que Osiris N. posea la memoria en el Mundo Subterráneo” lleva el proceso del renacimiento dos etapas más adelante. Entonces empiezan los capítulos de los peligros que el viajero solitario tiene que arrostrar y superar en su camino hacia el trono del temible juez.

 

El Libro de los Muertos era enterrado con la momia como un libro guía para los peligros del difícil camino, y se recitaban capítulos en el momento del entierro. En una de las etapas de la preparación de la momia, el corazón del muerto era abierto en dos y un escarabajo de basalto montado en oro, símbolo del sol, se le colocaba dentro con la plegaria: “Mi corazón, mi madre, mi corazón, mi madre, mi corazón de las transformaciones.” Esto queda prescrito en el “Capítulo para no permitir que el corazón de Osiris N. le sea arrancado en el Mundo Subterráneo.” Después leemos en el “Capítulo para echar al cocodrilo”: “Regresa, oh cocodrilo que vives en el norte… Las cosas creadas están el hueco de mi mano y aquellas que no han llegado al ser están en mi cuerpo. Estoy vestido y he sido provisto con tus palabras mágicas, oh Re, las cuales están en el cielo por encima de mí, y en la tierra, por debajo de mí…” Al “Capítulo para rechazar a las serpientes” sigue el “Capítulo para rechazar a Apshait”. Y el alma grita al último demonio: “Parte de mí tú que tienes labios que roen.” En el “Capítulo para echar a las dos diosas Merti” el alma declara sus objetivos, y se protege confesando ser el hijo del padre: “…Reluzco en el bote de Sektet, soy Horus el hijo de Osiris, y he venido a ver a mi padre Osiris.” El “Capítulo para vivir de aire en el Mundo Subterráneo”, y el “Capítulo para volver la serpiente Rerek al Mundo Subterráneo”, llevan al héroe más adelante en su camino y luego viene la gran proclama, en el “Capítulo que hace a un lado los asesinatos que se cometen en el Mundo Subterráneo”: “Mi cabello es el cabello de Un. Mi rostro es el rostro de Disk. Mis ojos son los ojos de Hathor. Mis orejas son las orejas de Apuat. Mi nariz es la nariz de Khenti-khas. Mis labios son los labios de Anpu, Mis dientes son los dientes de Serget. Mi cuello es el cuello de la divina diosa Isis. Mis manos son las manos de Ba-neb-Tattu. Mis brazos son los brazos de Neth, Señora de Sais. Mi espinazo es el espinazo de Suti. Mi falo es el falo de Osiris. Mis lomos son los lomos de los se Kher-aba. Mi pecho es el pecho del poderoso Señor del Terror… No hay miembro de mi cuerpo que no sea el miembro de algún Dios. Thoth escuda mi cuerpo y cada día que pasa soy Re. Nadie me arrastrará por los brazos, ni nadie tomará mis manos con violencia…”

 

Igual que en la muy posterior imagen budista del Bodhisattva, en cuyo nimbo están quinientos Buddhas transformados, cada cual atendido por quinientos Bodhisattvas, y cada uno de ellos, a su vez, por dioses innumerables, también aquí el alma llega a la plenitud de su estatura y de su poder asimilando las deidades que anteriormente se había pensado que estaban separadas de su cuerpo y fuera de él. Son proyecciones de su propio ser y cuando este vuelve a su verdadero estado, las reabsorbe.

 

En el “Capítulo para aspirar el aire y dominar el agua del Mundo Subterráneo”, el alma se proclama como guardián del huevo cósmico: “¡Oh, árbol sicomoro de la diosa Nut! Concédeme el agua y el aire que viven en ti. Abrazo el trono que está en Hermópolis y cuido y guardo el hueco del Gran Cacareador. Crece, crezco; vive, vivo; respira el aire, lo respiro yo; yo, Osiris N. triunfador.”

 

Sigue el “Capítulo para no permitir que se arranque al hombre su alma en el Mundo Subterráneo” y el “Capítulo para beber el agua del Mundo Subterráneo y para no ser quemado por el fuego”, y entonces se llega a la gran culminación, el “Capítulo para llegar de día al Mundo Subterráneo”, en que el alma y el ser universal se conocen como uno solo: “Yo soy Ayer, Hoy y Mañana, tengo el poder de nacer por segunda vez: soy la divina alma escondida que crea a los dioses y que da comidas de sepulcro a los ciudadanos del Mundo Subterráneo de Amentet y del Cielo. Soy el timón del este, el poseedor de dos rostros divinos donde se ven sus rayos. Soy el señor de los hombres que se levantan; el señor que sale de la oscuridad y cuyas formas de existencia son las de la casa donde están los muertos. ¡Salud, par de halcones que estáis trepados en vuestros lugares de descanso, que atendéis a las cosas que él dice, que guiáis el ataúd al lugar secreto, que acompañáis a Re y lo seguís al lugar más alto del santuario que están en las alturas celestes! Oh, señor del santuario que está en el medio de la tierra. Él es yo y yo soy él, y Ptah ha cubierto su cielo de cristales…”

 

De allí en adelante, el alma puede recorrer el universo a voluntad, como se muestra en el “Capítulo en que se levantan los pies y se sale a la tierra”, el “Capítulo para viajar a Heliópolis y recibir allí un trono”, el “Capítulo del hombre que se transforma en la forma que le agrada”, el “Capítulo para entrar a la Gran Casa” y el “Capítulo para llegar a la presencia de los Divinos Soberanos Príncipes de Osiris”. Los capítulos de la llamada Confesión Negativa declaran la pureza moral del hombre que ha sido redimido: “no he hecho iniquidades… No he robado con violencia… No he hecho violencia a ningún hombre… No he cometido robo… No he matado ni hombre ni mujer…” El libro concluye con alabanzas a los dioses y después vienen el “Capítulo para vivir cerca de Re”, el “Capítulo para hacer que un hombre regrese para ver su casa en la tierra”, el Capítulo para que el alma se haga Perfecta”, y el “Capítulo para navegar en la gran barca del Sol de Re”. (7)

 

Notas 

(6) N. es el nombre del difunto, por ejemplo, Osiris Aufankh, Osiris Ani.

(7) Basado en la traducción de E. A. W. Budge: The Book of the Dead, The Papyrus of Ani, Scribe and Treasurer of the Temples of Egypt, about 1450 B. C. (Nueva York, 1913).

jueves

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (153) Psicoanálisis del mito

 CAPÍTULO IV / DISOLUCIONES

 

1 / EL FIN DEL MICROCOSMOS (2)

 

Una plegaria azteca que debía recitarse en los lechos de muerte previene al que parte de los peligros del camino que lleva al esquelético dios de la muerte, Tzontémoc, “Al que el Pelo se cae”. “¡Oh hijo! Ya habéis pasado y padecido los trabajos de esta vida; ha sido servido nuestro señor de os llevar, porque no tenemos vida permanente en este mundo y brevemente, como quien se caliente al sol, es nuestra vida; hízonos merced nuestro señor que nos conociésemos y conversásemos los unos a los otros en esta vida y ahora, al presente ya os llevó el dios que se llama Micthentecult y por otro nombre Aculnahuávatl o Tzont, y la diosa que se dice Mictecacihuatl, ya os puso por su asiento, porque todos nosotros iremos allá, y aquel lugar es para todos y es muy ancho, y no habrá más memoria de vos… y ya os fuisteis al lugar oscurísimo que no tiene luz, ni ventanas, ni habéis más de volver ni salir de allí, ni tampoco más habéis de tener cuidado y solicitud de vuestra vuelta.

 

Después de os haber ausentado para siempre jamás, habéis ya dejado a nuestros hijos, pobre y huérfanos, y nietos, ni sabéis cómo han de acabar, ni pasar los trabajos de esta vida presente; y nosotros allá iremos adonde vos estuviéreis antes de mucho tiempo.”

 

Los ancianos y oficiales aztecas preparaban el cuerpo para el funeral y cuando ya lo habían envuelto en forma apropiada, le echaban un poco de agua en la cabeza, diciéndole:

 

“’Esta es la que gozasteis viviendo en el mundo’; y tomaban un jarrillo lleno de agua, y dábanselo diciendo: ‘Veis aquí con qué habéis de caminar’; y poníansele entre las mortajas, y así amortajaban el difunto con sus mantas y papeles, y atábanle reciamente; y más daban al difunto todos los papeles que estaban aparejados, poniéndolos ordenadamente ante él, diciendo:

 

‘Veis aquí con qué habéis de pasar en medio de dos sierras que están encontrándose una con otra… Veis aquí con qué habeís de pasar el camino donde está una culebra guardando el camino… Veis aquí con qué habéis de pasar a donde está la lagartija verde, que se dice Xochitónal… Veis aquí con qué habeís de pasar ocho páramos… Veis aquí con qué habéis de pasar ocho collados… Veis aquí con qué habeís de pasar el viento de las navajas’.”

 

El desaparecido debía llevar un perrito con él, de pelo rojo y brillante. Alrededor de su cuello colocaban un suave hilo de algodón, lo mataban y lo cremaban con el cuerpo. El difunto navegaba sobre el animalito cuando cruzaba el río del mundo subterráneo. Y después llegaba con él ante el dios, a quien él presentaba sus papeles y regalos. Y era admitido, junto con su fiel compañero a los “nueve infiernos”.” (5)

 

Los chinos hablan del cruce del Puente de las Hadas bajo la guía de la Doncella de Jade y el Adolescente Dorado. Los hindúes pintan un altísimo firmamento de cielos y un mundo subterráneo de infiernos con muchos niveles. El alma gravita después de la muerte hacia el piso que le corresponde según su densidad relativa, y allá debe digerir y asimilar el significado de su vida pasada. Cuando ha aprendido la lección regresa al mundo y se prepara para el siguiente grado de experiencia. Así se abre gradualmente camino a través de los niveles de los valores de la vida hasta que deja atrás los confines del huevo cósmico. La Divina Comedia de Dante es una descripción exhaustiva de los diferentes estadios. El “Infierno” es la miseria del espíritu ligada al orgullo y a las acciones de la carne; el “Purgatorio” es el proceso de trasmutar la carne en experiencia espiritual; el “Paraíso” es el grado de la realización espiritual.

 

Notas 

(5) Sahagún, op. cit., Libro III, Apéndice, cap. I, Ed Porrúa, vol. I, pp. 293-296.

Los perros blancos o negros no pueden nadar por el río, porque los blancos dirían “yo me lavé”, y los negros, “me he manchado”. Sólo los que tienen un color rojizo brillante pueden llegar a la playa de los muertos.

martes

JOSEPH CAMPBELL - EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (152) Psicoanálisis del mito

 1 / EL FIN DEL MICROCOSMOS (1)

 

El poderoso héroe de las fuerzas extraordinarias -el que puede levantar el Monte Govardhan con un solo dedo, y llenarse con la gloria terrible del Universo- es cada uno de nosotros: no el ser físico que se refleja en el espejo, sino el rey que está en su interior. Krishna declara: “Yo soy el que se asienta en el corazón de todas las creaturas. Soy el principio, el medio y el final de todos los seres.” (1) Este es precisamente el sentido de las plegarias por los muertos, en el momento de la disolución personal: que el individuo debe ahora retornar al momento de su conocimiento prístino de la divinidad creadora del mundo que durante su vida se refleja dentro de su propio corazón.

 

“Cuando el individuo se debilita -sea porque llegue a la debilidad por la edad o por la enfermedad-, se libera de sus miembros como un mango o una higuera se libera de su vínculo, y luego se apresura a volver a la vida, de acuerdo con la entrada y el lugar de origen. Así como los nobles, los policías, los cocheros, los jefes de los pueblos esperan con comida, bebida y alojamiento al rey que viene y gritan: ‘¡Aquí viene! ¡Aquí viene!’, así esperan todas las cosas a aquel que ha adquirido el conocimiento y gritan: ‘¡Aquí viene el Imperecedero! ¡Aquí viene el Imperecedero!’” (2)

 

Esta idea puede encontrarse en los textos funerarios del antiguo Egipto, en que el muerto se refiere a sí mismo como un solo ser con Dios:

 

Yo soty Atum, el que estaba solo;

Soy Re, en su primera aparición.

Soy el Gran Dios, generador de sí,

El que inventó sus nombres, el señor de los dioses,

Al que nadie se acerca entre los dioses.

Ayer existí, conozco el mañana.

El campo de batalla de los dioses se hizo cuando yo hablé.

Y sé el nombre del Gran Dios que está allí.

“Alabanza de Re”, es su nombre.

Yo soy el gran Fénix que está en Heliópolis. (3)

 

Pero, como en la muerte del Buddha, la fuerza para remontarse a través de las épocas de la emanación depende del carácter del hombre cuando vivía. Los mitos hablan de una prodigiosa jornada del alma con obstáculos que deben ser sobrepasados. Los esquimales de Groenlandia enumeran una marmita hirviendo, un hueso pélvico, una gran lámpara ardiente, guardianes monstruosos y dos rocas que se entrechocan y se abren. (4) Esos elementos son rasgos normales del folklore popular mundial y de la leyenda heroica. Los hemos estudiado antes en nuestro capítulo de “La aventura del Héroe”. Y han recibido el más elaborado y significativo desarrollo en la mitología de la última jornada del alma.

 

Notas 

(1) Bhagavad Gita, 10: 20.

(2) Brihadaranyaka Upanishad, 4. 3. 36-37.

(3) James Henry Breasted, Development of Religion and Thought in Egypt (Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1912), p. 275. Comparar con el poema de Taliesin, pp. 220-221, supra.

(4) Franz Boas, Race, Language, and Culture (Nueva York, 1940), p. 514. Ver supra, pp. 95-96.

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