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martes

FRANCISCO SENEGAGLIA - LA VIGENCIA DEL PROYECTO ARTIGUISTA


A 256 años del nacimiento de Artigas, conversamos con el escritor entrerriano Francisco Senegaglia sobre el proyecto y el legado artiguista.

Franciso Senegaglia es un apasionado de la historia de Entre Ríos. Desde la ficción recrea los sentires de los personajes claves en la historia litoraleña. Además de escribir novelas históricas como Los Artigas o López Jordán, el último federal, Senegaglia es psicoanalista y recorre las narrativas desde lo que él llama "psicología de la historia". Desde este concepto, el escritor trabaja sobre la construcción de la historia desde la identidad. En este sentido, aborda la memoria y la historia como dadoras de identidad, como motores del destino político de una comunidad.

En su novela Los Artigas, José María, hijo de José Gervasio Artigas se entera que su padre no está muerto sino exiliado en Paraguay y se lanza a buscarlo. En el camino se encuentra con nuevas historias, con las intrigas y los odios de quienes protagonizaron la Independencia.

"José María somos todos nosotros que conocemos muy poco sobre el artiguismo y buscamos a una persona con un sentido y terminamos descubriendo otra. La novela respeta los datos históricos y yo ficciono los sentires en la búsqueda de ese padre/patria, en la búsqueda de esa patria fundacional".

-¿Cómo conviven en la ficción la épica de los personajes y los documentos historiográficos?

-La ficción permite acercar al lector a un contexto de época. La narrativa, como un buen guión de cine, te introduce en esa realidad, te angustia, te hace llorar, te alegra. La historiografía, en cambio, es la historia alojada para el investigador.

Pienso la historia como memoria; en esa continuidad de la historia con el presente. Artigas peleaba por lo que yo peleo hoy, la ficción permite romper el bronce pero también produce al hombre real, y hace que en el presente pensemos que podríamos ser Artigas. El presente me condiciona ideológicamente a pensar en el pasado en función del presente concreto para defender la matriz cultural de nuestra pertenencia.

De todas maneras, la historia como memoria sin ser ficcional no deja de ser un relato donde me siento implicado. ¿Yo me siento orgulloso de pertenecer a las montoneras legendarias de Entre Ríos? ¿De dónde vengo yo? San Martín cruzó los Andes, eso es importante pero lo más importante de todo es que San Martín tenía un proyecto libertario y por eso cruzó los Andes. La historia/memoria es identidad cultural, mientras que lo otro son datos. 

El proyecto artiguista: "Diferentes pero iguales"

Artigas vivió 86 años. Murió el 23 de septiembre de 1850 preso en su exilio en Paraguay, luego de ser perseguido y traicionado. Pero desde sus 14 años, cuando siendo un patricio se fue a vivir con los charrúas y los guaraníes, José Gervasio no se detuvo en su misión de construir una patria de iguales.

En su territorio conformado por lo que hoy representan Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, parte de Córdoba, parte de Uruguay y sur de Brasil, promovió la reforma agraria, formó parte de las gaucherías y montoneras. Peleó contra el centralismo de Buenos Aires y de Montevideo. Declaró la primera independencia del Río de la Plata en el Congreso del Oriente realizado el 29 de junio de 1815.

Para Francisco Senegaglia, Artigas fue el constructor de un verdadero proyecto americano que se funda en la "subjetividad de la gauchería", en una subjetividad mestiza, americana.

"Artigas planeaba un modelo federal, representativo de derechos, de soberanía territorial y de soberanía identitaria, de pueblo como identidad temporal más que espacial, y eso es un concepto muy charrúa, muy guaraní".

Cuenta Senegaglia que por el año 1500, una vez que empieza a ingresar el ganado, la zona de la mesopotamia argentina y de la Banda Oriental se vuelve un gran corral. "El ganado cimarrón estaba ahí y los pueblos charrúa y guaraní lo domestican. Los negros que se escapaban de Brasil también buscaban ganado, lo mismo que los criollos que comenzaban a instalarse en la zona. Detrás del ganado se comienza a gestar un sincretismo donde se van conformando familias y se va creando una sociedad alternativa a la lógica que tenían las sociedades ligadas al puerto de Buenos Aires".

En lo profundo de las gaucherías Jose Gervasio Artigas se nutre de pueblo e igualdad y fundamenta sus ideas en ambos conceptos. Los pueblos, que luego conformarán la Liga de los Pueblos Libres, elaboran un proyecto totalmente alternativo fundado en la igualdad. La igualdad en Artigas es estructural y sobre eso construye su proyecto de patria. 

"La libertad es una consecuencia de la igualdad, cuando hay libertad hay posibilidades objetivas para todos. En Artigas, la estructura política es la igualdad y por lo tanto ésta condiciona la distribución. Antes que Karl Marx, Artigas impulsó una reforma agraria donde el reparto de tierras comenzó por los pobres, los negros, los pardos, los indígenas, los originarios", comenta el escritor.

 "(...) que los más infelices sean los más privilegiados", dijo Artigas en septiembre de 1815 al momento de establecer el "Reglamento Provisorio Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados".

Otro concepto fundamental es el de "pueblo".

"En el artiguismo ese concepto está más vinculado a la identidad histórica que a la territorial. No esta sujeto a la tierra que piso, sino a la historia que yo tengo con el otro. En las luchas montoneras -que eran las luchas de los ejércitos populares contra los ejércitos 'oficiales'- se peleaba en familia porque lo que se defendía no era una cuestión territorial sino una cuestión de historicidad, de un 'nosotros, los que caminamos juntos'. Toda esa concepción de pueblo madura un proyecto de patria que no tiene nada que ver con el proyecto porteño, que nace de alguna manera con el 9 de Julio y sigue hasta la traición a Artigas".

El Congreso del Oriente

El 29 de junio de 1815 en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, Entre Ríos, las provincias de Santa Fe, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, una parte de Córdoba y la Banda Oriental, sancionaban la Primera Declaración de Independencia del Río de la Plata.

"Los Congresales no eran los mismos que los del Congreso de Tucumán. Era indios, negros, mestizos. En el Congreso del Oriente había mujeres, porque en la concepción de Patria y de Estado que maneja el artiguismo hay un concepto de igualdad profundo. Cuando Artigas va a Buenos Aires y presenta su Estado Mayor, los porteños no podían creer que hubiesen mujeres generalas, es un claro ejemplo de que la igualdad no era una cuestión semántica: los cargos militares se ganaban en combate", cuenta Francisco Senegaglia.

El Congreso del Oriente proclamó la independencia no solo de España sino de todo poder extranjero, y estableció un sistema de gobierno republicano y federal. Eso perduró hasta 1820, tras la traición a Artigas. 

Artigas no participó del Congreso de Tucumán y al enterarse de la declaración de la independencia, le escribió al director supremo Juan Martín de Pueyrredón: "Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva".

La unitarios y los liberales que redactaron la historia oficial decidieron omitir este pasaje. Pasaron doscientos años hasta que a fines del mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner el gobierno nacional declaró "2015 Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres".

La vigencia del proyecto artiguista

Para Franciso Senegaglia, el proyecto artiguista sigue vigente y se ha intentado reciclar en diferentes  oportunidades.

"Leandro Alem en 1890, el yrigoyenismo populista, el peronismo han cuestionado a la historia oficial e intentaron rescatar la matriz federal del proyecto artiguista, que tienen por esencia la idea de que mediante la igualdad se accede a la libertad. Eso se traduce políticamente en la organización económica del proyecto, la protección de la tierra, de la industria, del trabajo y la defensa del despotismo extranjero".

El investigador considera que es fundamental pensar en la Liga de los Pueblos Libres y en ese proyecto de patria que fue Estado durante seis años porque nosotros venimos de esa historia vinculada a un mestizaje profundo, arragiado a una cultura profundamente originaria.

"Enseñar esto es importante para saber que hay otra versión de la historia. Es una batalla pensar cómo hacemos como gobierno para tener una concepción americanista sosteniendo una educación liberal. En la escuela, que es una gran guionadora de la identidad, todavía hoy los gurisitos le llevan una ofrenda floral a Sarmiento, que en el litoral terminó con la vida de catorce mil gauchos".

"Pensar el Artiguismo no es solo reivindicar a Artigas sino reivindicar un proyecto de patria que ha sido traicionado sistemáticamente. Si nosotros no damos esa discusión, estamos condenados a repetir la historia".

jueves

ARTIGAS - La serie completa


El espía británico John Roberts viaja hasta Sudamérica para develar los misterios de una verdadera leyenda: Artigas, el primer caudillo rioplatense, cuyo sueño de una democracia gaucha y federal chocó contra los intereses de Buenos Aires y el Imperio portugués. Para eso, entrevista a sus colegas y familiares, pero también a sus enemigos. ¿Por qué hizo una revolución dentro de la Revolución? ¿Qué lo llevó a exiliarse a Paraguay?

ARTIGAS: EL SEÑOR QUE RESPLANDECE - Episodio 1

https://www.youtube.com/watch?v=jxeeAwsXjkE&feature=share&fbclid=IwAR23QZwrwAP8rdXqsYaeBu0LP3gh43numY-L5kTSHPYx3ISk05aiXO9dhso

ARTIGAS: EL DULCE GRITO DE LA LIBERTAD - Episodio 2

https://www.youtube.com/watch?v=DOFRdhqgnnw

ARTIGAS: EL PAÍS DE LOS ARTIGUEÑOS - Episodio 3

https://www.youtube.com/watch?v=umDRbDgTrcI

ARTIGAS: EL SUPREMO PARRICIDIO - Episodio 4

https://www.youtube.com/watch?v=ddkFui9ZFYw


martes

IVÁN ESPECHE GIL ASEGURA QUE EL GENERAL ARTIGAS “ES UN PERSONAJE QUE ES NECESARIO CONOCER”


El actor protagoniza la miniserie de ficción sobre el prócer uruguayo que Canal Encuentro y la TV Pública estrenan el miércoles.

El actor Iván Espeche Gil, protagonista de “Artigas”, la miniserie de ficción sobre el prócer uruguayo que Canal Encuentro y la TV Pública estrenan el miércoles próximo a las 22, sostiene que el caudillo era “un iluminado” cuya historia “es necesario conocer”.

Con dirección de Mauricio Minotti, producción de Tres Mares y fondos de Encuentro y del Incaa, los cuatro episodios de la miniserie podrán verse semanalmente de a uno por miércoles y proponen aproximarse a la historia y las ideas del “primer caudillo rioplatense”.

El relato en la trama de “Artigas” está a cargo de John Roberts (Donald Allan Bodie Pereira), un espía británico que busca su huella y que entrevista a contemporáneos como Manuel Belgrano, José de San Martín, José Rondeau, Manuel de Sarratea o el caudillo santafesino Estanislao López, entre otros.

Mediante la combinación de la dramatización de diversos pasajes de la adultez (Espeche Gil) y la ancianidad (Fernando Madanes) de José Gervasio Artigas en un curioso plan “falso documental”, la miniserie aborda cómo su sueño revolucionario de una democracia gaucha y federal, es decir “la revolución dentro de la revolución”, incomodó a diversos poderes.

Durante una década, desde la Revolución de Mayo porteña y hasta 1820, Artigas mantuvo una tensa relación con las autoridades de Buenos Aires por su firme decisión de instaurar un gobierno federal en el que la Banda Oriental uruguaya a la que representaba conservara su independencia y poder de decisión. Eventualmente vencido y acosado por las fuerzas de Buenos Aires y de un imperio portugués que dominaba a Brasil, Artigas debió exiliarse en Paraguay, donde pasó los últimos 30 años de vida sin volver a pisar su tierra natal.

De extensa trayectoria en cine, televisión y teatro, Espeche Gil, que ya sabe de interpretar a personajes históricos (encarnó a Gardel en “Yo soy así, Tita de Buenos Aires”, 2017), conversó acerca de la falta de conocimiento de la historia de Artigas y de los desafíos de interpretarlo.

¿Por qué es importante Artigas para nuestra historia?

En la nuestra, de la región y del mundo entero. Artigas fue la primera persona en el mundo en hablar y en querer aplicar el sufragio universal y popular. Era un tipo que tenía bastante buena educación, había hecho la primaria, que en aquella época era mucho, pero se codeaba desde muy temprana edad con los criollos, los indios del campo. Ellos eran su familia, sus compatriotas y a quienes él seguía, como le gustaba decir en lugar de decir que ellos lo seguían a él.

¿Qué desafíos supuso poder componerlo?

Hay una gran diferencia para el actor entre componer a alguien que existió y a alguien ficcional. Cuando es un personaje real la vara está mucho más alta; uno tiene que hacerlo lo mejor posible por uno, pero también por respeto a esa persona. Pensar qué se puede contar sobre él que a él le hubiera gustado contar si estuviera vivo.

¿En qué te basaste?

Leí mucho, leí biografías, hablé con el director. También por lo que fue mi vida, que viví en muchos países, pude identificarme con su exilio, con esa sensación de sentirse un sapo de otro pozo, un desterrado. Desde lo físico, además de buscar el parecido o el acento y el vocabulario, me iba cada vez que podía a tomar clases de equitación, porque Artigas se pasaba el día entero arriba de un caballo y yo necesitaba que fuera creíble.

¿Qué sabías de Artigas antes de tener la oportunidad de encarnarlo?

Poco y nada. Haber visto su estatua, saber que era un prócer uruguayo, saber algunas de sus gestas a través de la escuela. Justamente me parece importante poder compartir este trabajo porque es un personaje que es necesario conocer. Estamos mal aprendidos y mal enseñados; yo fui a un colegio supuestamente muy bueno, y la historia de Artigas no está bien dada. Hay tantos personajes tan importantes que conocemos tan poco...

¿Por qué creés que se enseña muy poco de su historia?

Incluso en Uruguay hay poco conocimiento. Creo que tiene que ver con las grandes contradicciones que tiene la historia de Latinoamérica, con los intereses que él tocó. Lamentablemente los porteños se pusieron muy en contra de él en esa época, porque era un personaje que podría haber generado una historia alternativa a cómo finalmente fue.

¿Cómo hubiera sido el país y la región si Artigas y sus ideas hubieran salido victoriosas?

Es difícil hacer el ejercicio de cómo sería si hubiera triunfado. Para mí podemos rescatarlo hoy para construir un mejor futuro. La idea es poder contarnos la historia para poder tender puentes, transmitir los mensajes de un personaje iluminado como lo era Artigas. Para pensarnos los latinoamericanos como residentes de una “patria grande” es muy importante rescatar a este tipo de personajes, poder traerlos de vuelta al presente.


(Télam / 14-10-2019)

lunes

TRATATIVAS SECRETAS CONTRA ARTIGAS, EL PADRE DEL FEDERALISMO


por Felipe Pigna

Habitualmente nuestros manuales de historia, incluso algunos calificados como “progresistas”, dicen muy sueltos de cuerpo cosas como que las provincias controladas por Artigas se negaron a enviar diputados al Congreso de Tucumán o, personalizando, que Artigas se negó a enviar diputados al jardín de la República. Lo que no dicen es por qué y omiten el gravísimo episodio que explica la ausencia de delegados de la Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y parte de Córdoba, o sea la mitad del país de entonces.
Cuando se produjo la convocatoria al Congreso, José Artigas1 convocó a su vez a un Congreso de los Pueblos Libres para discutir con su gente democráticamente los mandatos que llevarían los diputados a Tucumán. El Congreso se reunió en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, el 29 de junio de 1815. Allí estaban los delegados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la bandera tricolor –celeste y blanca con una franja diagonal roja- y enviar una delegación a Buenos Aires para concretar la unidad.
Mientras en Buenos Aires se sancionaba el “Reglamento del tránsito de individuos” que decía: “Todo individuo que no tenga propiedad legítima será reputado en la calidad de sirviente y será obligatorio que se muna de una papeleta de su patrón visada por el juez. Los que no tengan estas papeletas serán reputados como vagos y detenidos o incorporados a la milicia”, Artigas proclamaba su “Reglamento Oriental para el fomento de la campaña”, que establecía la expropiación de tierras a “emigrados, malos europeos y peores americanos” y su reparto entre los desposeídos del país para “fomentar con brazos útiles la población de la campaña”.
Esto puso muy nerviosas a las autoridades de Buenos Aires, que preparaban secretamente una invasión sobre Santa Fe mientras recibían a los delegados artiguistas. Se montó un show tendiente a la distracción de los representantes del caudillo oriental en el que se le reconocían cargos y honores y se le rogaba que participara del Congreso. Cuando las dilaciones se hicieron injustificables y ante el peligro de que los delegados se enteraran y revelaran a su jefe la noticia de la inminente invasión de una de las provincias integrante de la Liga de los Pueblos Libres, el director Álvarez Thomas decidió secuestrarlos, como lo admitirá en una carta a Artigas, comunicándole la invasión: “He enviado fuerzas a Santa Fe con las instrucciones que manifiestan las proclamas que incluyo. Los diputados de V.E. han padecido alguna detención en su despacho porque, hallándose informados de la indicada medida, temí precipitasen a V.E. para oponerse a que se realizase con el sosiego que conviene a todos”.
A todos menos a los santafecinos, convendría aclarar. El que tomaba esta medida, ilegítima a todas luces, era Álvarez Thomas, aquel que nunca se hubiera sublevado contra Alvear de no haber tenido el leal apoyo de las fuerzas artiguistas de Santa Fe. La invasión a Santa Fe, como señala José Luis Busaniche, implicaba que la oligarquía brillante y gloriosa de Buenos Aires había resuelto fijar el límite Este del nuevo Estado en el Río Paraná, preservando la provincia de Santa Fe con su puerto y su Aduana y procurando desde entonces o bien la independencia de la zona controlada por Artigas o la entrega a Portugal de aquellos territorios. Lo importante era hacer desaparecer a Artigas, sus gauchos y su proyecto revolucionario. Las ciudades de Rosario y Santa Fe fueron arrasadas entre el 25 y el 30 de agosto de 1815 por las tropas dirigidas por Viamonte, quien colocó al frente de la gobernación a Juan Francisco Tarragona, un títere de los intereses porteños. Pero el ejército popular artiguista terminaría en pocos meses con esta farsa recuperando el poder para el Protector de los Pueblos Libres, quien después de todos estos hechos y comprobando que el Congreso de Tucumán sería dominado por los porteños directoriales, tras consultar con los delegados de las diferentes regiones, decidió, entonces sí, no enviar diputados al famoso Congreso.
En la sesión del 19 de julio uno de los diputados por Buenos Aires, Pedro Medrano, previniendo la reacción furibunda de San Martín -que estaba al tanto de las gestiones secretas en las que estaban involucrados algunos congresales y el propio Director, Supremo encaminadas a entregar estas provincias, independientes de España, al dominio de Portugal o Inglaterra-, señaló que “antes de pasar al ejército el acta de independencia y la fórmula del juramento, se agregase, después de ‘sus sucesores y metrópoli’, esto otro: ‘de toda dominación extranjera’, para sofocar el rumor de que existía la idea de entregar el país a los portugueses”.
Medrano sabía que lo de “entregar el país a los portugueses” era mucho más que un rumor. El ministro argentino en Río de Janeiro, el inefable y omnipresente Manuel José García, le había escrito al Director Supremo Pueyrredón: “Creo que en breve desaparecerá Artigas de esa provincia y quizás de toda la Banda Oriental. Vaya pensando en el hombre que ha de tratar con general Lecor”.2
El gran historiador brasileño Caio Prado Junior explica así el rol que cumplía la corte portuguesa a la que querían entregar estas provincias: “La monarquía portuguesa será un juguete en manos de Inglaterra. El soberano permanecerá en Río de Janeiro bajo la protección de una división naval inglesa estacionada permanentemente. Las colonias españolas que componían los antiguos virreinatos de Buenos Aires y del Perú se orientaron comercialmente, y muchas veces políticamente, hacia Río de Janeiro, que enarbolaba el título prestigioso de sede de un trono europeo y donde se instaló el cuartel general diplomático y comercial inglés en esta parte del Mundo”.3
Mientras el Congreso proclamaba formalmente nuestra independencia, el jefe del nuevo estado independiente, Juan Martín de Pueyrredón, enviaba a Río de Janeiro al comisionado Terrada con estas patéticas instrucciones: “La base principal de toda negociación será la libertad e independencia de las Provincias representadas en el Congreso”. De esta forma se dejaba a la buena de Dios, o sea en manos de los portugueses, a las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y la Banda Oriental. Y en las instrucciones reservadísimas que Pueyrredón le encomendó al otro enviado, Miguel Irigoyen, se decía: “Si se le exigiere al comisionado que estas provincias se incorporen a las del Brasil, se opondrá abiertamente. Pero, si después de apurados todos los recursos de la política, insistieren, les indicará, como una cosa que sale de él y que es a lo más a que tal vez podrían prestarse estas provincias, que, formando un Estado distinto del Brasil, reconocerán como su monarca al de aquél, mientras mantenga su corte en este continente, pero bajo una Constitución que presentará el Congreso”.
Tras conocer estas negociaciones, el emisario norteamericano aconsejaba a su gobierno: “el gobierno de estas provincias es demasiado sumiso a Gran Bretaña para merecer el reconocimiento de los EE.UU. como potencia independiente”. Y el secretario de Estado del país del Norte le escribía al agente de esa nación, David Curtis Forest: “La política del gobierno de Buenos Aires plantea serias dudas en cuanto a si realmente era o seguirá siendo independiente”.4
Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, Artigas promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: “Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio”.5
El Director Supremo y la burguesía terrateniente porteña preparaban una nueva traición a la patria. Del otro lado del Río y de la Historia José Gervasio Artigas ponía en práctica la ley agraria más avanzada que se conozca hasta estos momentos en estos lares del Río de la Plata. Fundó una colonia agrícola que combinaba las tradiciones comunitarias de los abipones y guaycurúes del Chaco, tan artiguistas como los charrúas, quienes ya tenían destinada en propiedad la zona de Arerunguá para su subsistencia. Artigas logró que el Cabildo de Corrientes le otorgara tierras a los indígenas en estos términos: “Es preciso que a los Indios se trate con más consideración pues no es dable cuando sostenemos nuestros derechos excluirlos del que justamente le corresponde. Su ignorancia e incivilización no es un delito reprensible. Ellos deben ser condolidos más bien de esta desgracia, pues no ignora V.S. quien ha sido su causante, ¿y nosotros habremos de perpetuarla? ¿Y nos preciaremos de patriotas siendo indiferentes a ese mal? Por lo mismo es preciso que los magistrados velen por atraerlos, persuadirlos y convencerlos y que con obras mejor que con palabras acrediten su compasión y amor filial”. A menos de un mes de la proclamación de nuestra independencia, se cumplieron las previsiones y los deseos de Pueyrredón y del enviado García. Pueyrredón le decía en una carta a su embajador en Río que “los pueblos ya no insistían en sus ideas democráticas y que era llegado el momento de proponer la coronación del Infante del Brasil en el Río de la Plata para allanar cualquier dificultad con España”. Era la luz verde para la intervención lusitana.
A mediados de agosto de 1816 se inició la devastadora invasión portuguesa a la Banda Oriental compuesta por 30.000 soldados con el mejor armamento de la época y bajo el asesoramiento de nuestro viejo conocido, el otrora invasor inglés William Car Beresford, contratado por la corte de Río para reorganizar su ejército. Iban por Artigas y su gente, a poner fin a la experiencia más democrática y popular de esta parte del mundo, a exterminar de raíz ese “mal ejemplo” que corría el riesgo de ser contagioso. Buenos Aires le cubría las espaladas a los portugueses y su enviado García -que según Mitre practicaba una diplomacia tenebrosa- firmaba el siguiente tratado con la Corte de Río, que decía en su Artículo 1: “el gobierno argentino se obliga a retirar tropas y municiones que hubiere facilitado en socorro de Artigas, no admitiendo a este último ni a sus partidarios en el territorio de la banda occidental del Uruguay. Caso de que entrara y no hubiese medios para expulsarlos, solicitaríase al efecto la cooperación de las tropas portuguesas”.
Artigas, indignado, le envió esta carta a Pueyrredón denunciando abiertamente la hipocresía del Director Supremo: “¿Hasta cuándo pretende V.E. apurar nuestros sufrimientos? Ocho años de revolución, de afanes, de peligros, de contrastes y miserias deberían haber sido suficiente prueba para justificar mi decisión y rectificar el juicio de ese gobierno. Ha reconocido él en varias épocas la lealtad y dignidad del pueblo oriental, y él debe reconocer mi delicadeza por el respeto a sus sagrados derechos. ¿Y V.E. se atreve a profanarlos? ¿V.E. está empeñado en provocar mi extrema moderación? ¡Tema V.E. sólo en considerar las consecuencias! Promovida la agresión de Portugal, es altamente criminal en repetir los insultos con que los enemigos consideran asegurada su temeraria empresa. En vano es que quiera su gobierno ostentar la generosidad de sus sentimientos; ellos están desmentidos por el orden mismo de los sucesos y éstos llevan el convencimiento a todos de que V.E. se complace más en complicar los momentos que en promover aquella decisión y energía necesarias que reaniman el ánimo de los libres contra el poder de los tiranos”.
En otra comunicación le decía a Pueyrredón: “Me he visto perseguido pero mi sentimiento jamás se vio humillado. La Libertad de América forma mi sistema y plantearlo, mi único anhelo. Tal vez V.E. en mis apuros y con mis recursos habría hecho sucumbir su constancia y se habría prostituido ya”.
En esto se equivocaba, hacía rato que Pueyrredón y su clase se había prostituido, como lo señalaban dos comerciantes y buenos observadores ingleses: “El directorio de Pueyrredón sostenido por el Congreso Nacional fue causa de incalculables daños para Buenos Aires. El cohecho y la corrupción eran los medios con que principalmente se contaba para sostener el Ejecutivo, y bajo su patrocinio se había organizado un sistema de contrabando en gran escala como para dilapidar y arruinar el tesoro público, mientras llenaba los bolsillos del primer mandatario del Estado”.6
La masacre había comenzado y así lo relataba uno de los generales del ejército genocida, el portugués Chagas Santos: “Destruidos y saqueados siete pueblos de la margen occidental de Uruguay y saqueados solamente los pueblos de Apóstoles, San José y San Carlos, quedando hostilizada y saqueada toda la campaña adyacente a los mismos pueblos por espacio de cincuenta leguas, no pudiendo yo continuar para perseguir y atacar a Andrés Artigas en su propio campamento como era mi deseo, por falta de caballos, el 13 del mismo mes volvimos a pasar el Uruguay y nos reunimos en este pueblo San Borja. De este territorio se saquearon y fueron traídas a esta banda más de 50 arrobas de plata, muchos y ricos ornamentos, muchas y buenas campanas, tres mil caballos, otras tantas yeguas, aparte de 130.000 pesos. En suma las hostilidades y daños que hemos hecho y continuamos haciendo en este país que va a quedar destruido es sin duda el golpe más sensible para Artigas”.7
Tras leer esto, el director del Estado invadido, Juan Martín de Pueyrredón, le escribió al comandante invasor Lecor, a quien llamó “Jefe del Ejército de Pacificación”: “En interés recíproco de ambos gobiernos demanda imperiosamente que Artigas sea perseguido hasta el caso de quitarle toda esperanza de obrar mal a que lo inclina su carácter”.8
Comenzaban cuatro años de resistencia, de heroicos combates de los Pueblos Libres contra los invasores portugueses apañados por Buenos Aires y sus estancieros y comerciantes que, por el momento, podían respirar tranquilos y, haciendo gala de un cinismo que se irá incrementando con los siglos, declarar oficialmente a Artigas “Infame Traidor a la Patria”.
Referencias
1 José Gervasio Artigas representó los intereses del interior y fue el primero en adherir a las ideas federales en el Río de la Plata. Unió las ideas de cambio político, planteadas por la Revolución de Mayo, a la voluntad de llevar adelante cambios económicos y sociales y lograr una distribución más justa del poder y la riqueza.
2 El general Carlos Federico Lecor, más conocido como el Barón de de la Laguna, era el jefe de las tropas portuguesas.
3 Caio Prado Junior, Historia Económica del Brasil, Buenos Aires, 1960.
4 Arthur Preston Whitaker, Los Estados Unidos y la Independencia de América Latina (1800-1830), Buenos Aires, Eudeba, 1964.
5 J. P. Barrán y B. Nahum, Bases Económicas de la Revolución Artiguista, Montevideo, 1963.
6 John y Guillermo Parish Robertson, Cartas en Sudamérica, Buenos Aires, Emecé, 2000.
José Luis Busaniche, “Cómo fueron destruidos los pueblos de las Misiones Occidentales del Uruguay”, en Boletín de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, Nº 9, Buenos Aires, 1948.
7 Joaquín Pérez, Artigas, San Martín y las ideas monárquicas en el Río de la Plata, Buenos Aires, 1980.
8 Paz, Memorias, t. I, págs. 330 y 331.

(EL HISTORIADOR / 21-3-2019)

domingo

ARTIGAS, EL PADRE DE LOS POBRES / FELIPE PIGNA


A comienzos de la década de 1810, en la ribera oriental del  Río de la Plata, soplaba un vendaval desatado por un hombre que había nacido en Montevideo un 19 de junio de 1764 y que desde muy chico, tras estudiar en el colegio franciscano de San Bernardino, se había dedicado a las tareas rurales en las estancias de su padre. Ya mayorcito comenzó a ganarse la vida comprando cueros en la campaña para venderlos a los exportadores de Montevideo. En 1797 ingresó como soldado de caballería en el regimiento de Blandengues y en 1806, durante las invasiones inglesas participó en la reconquista de Buenos Aires y en la  defensa de Montevideo a las órdenes de Liniers.

Pero el oriental no había nacido para estar a las órdenes de nadie y al producirse la Revolución de Mayo, el entonces capitán Artigas desertó de la guarnición de Colonia y se puso a disposición del gobierno porteño para combatir al gobernador español Javier de Elío que se negaba a reconocer a Junta revolucionaria de Buenos Aires y que  había sido nombrado  Virrey del Río de la Plata. 

Artigas fue reclutando un verdadero ejército popular formado por los gauchos orientales, empobrecidos por la escandalosamente corrupta administración de Elío. Repartió entre sus paisanos las tierras y los ganados que les iban “recuperando” a los españoles. Con estas fuerzas, el 18 de mayo de 1811 derrotó a los realistas en el combate de Las Piedras y, puso sitio a Montevideo hasta que, sorpresivamente y sin consultarlo, el Primer Triunvirato firmó el 20 de octubre un armisticio con Elío por el cual se comprometía a retirar las tropas patriotas.

Seguido por sus milicianos y la mayoría de la población oriental,  Artigas se retiró hacia Entre Ríos para reorganizar la lucha. De todos lados llegaban familias huyendo de la persecución a colocarse bajo su protección y a ofrecerse para luchar contra los españoles y los portugueses, que habían comenzado a penetrar desde el norte de la Banda Oriental por pedido de Elío. Mil carretas y unas 16 mil personas, hombres, mujeres y niños, con sus pocos ganados y pertenencias, cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayui, cerca de la actual Concordia, Entre Ríos, preparados para continuar la lucha. Era el famoso éxodo del pueblo oriental. Pero el Primer Triunvirato era poco afecto a las epopeyas populares y decidió enviar a Manuel de Sarratea para reemplazar a Artigas en el mando de las tropas orientales. Sólo cuando a fines de 1812, tras la caída del Primer Triunvirato, Sarratea fue reemplazado por Rondeau, y se le devolvió su mando a Artigas,  los orientales aceptaron unirse a las tropas porteñas para sitiar Montevideo.

Al inaugurarse la Asamblea del Año XIII, la Banda Oriental eligió a sus representantes en un Congreso y, por inspiración de Artigas, les dio precisas instrucciones de contenido federalista y revolucionario: inmediata declaración de Independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos, gobierno central con respeto a las autonomías provinciales y el establecimiento de la capital fuera de Buenos Aires.

La Asamblea presidida por el centralista Carlos María de Alvear rechazó los diplomas de los diputados orientales, argumentando que no habían sido elegidos legalmente. Era una vil excusa ya que los únicos delegados elegidos por voto popular eran precisamente los orientales.

La clase alta porteña temía  que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas  un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado  entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del plata y poner en juego la base de su poder económico.

El Director Supremo Gervasio Posadas, tío de Alvear, lo declaró "traidor" y puso precio de 6.000 pesos a su cabeza.

José Artigas fue el primero en plantear claramente en el Río de la Plata las ideas del federalismo entendiendo que el reparto equitativo de la riqueza por regiones era una condición imprescindible para su entera concreción.

Del otro lado del Río y de la Historia José Gervasio Artigas ponía en práctica la ley agraria más avanzada   que se conozca hasta estos momentos en estos lares del Río de la Plata. Fundó una colonia agrícola que combinaba las tradiciones comunitarias de los abipones y guaycurúes del Chaco, tan  artiguistas como los charrúas, quienes ya tenían destinada en propiedad la zona de Arerunguá para su subsistencia.

Para 1814, la popularidad de Artigas se había extendido a varias de las actuales provincias argentinas, afectadas, al igual que la Banda Oriental por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unen a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga,  Artigas luchó junto con los jefes litoraleños contra el centralismo del Directorio. La liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores nacionales y se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros y las medicinas y derivaba el comercio del Litoral al puerto de Montevideo.

En 1815  Artigas recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas y convocó en Concepción del Uruguay el 29 de junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres que se reunió en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Allí estaban los delegados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la   Bandera tricolor –celesta y blanca y con una franja diagonal roja- y enviar una delegación a Buenos Aires para concretar la unidad.

Mientras en Buenos Aires se sancionaba el Reglamento del tránsito de Individuos que decía: “Todo individuo que no tenga propiedad legítima será reputado en la calidad de sirviente y será obligatorio que se muna de una papeleta de su patrón visada por el juez. Los que no tenga estas papeletas serán reputados  como vagos y detenidos o incorporados a la milicia”, Artigas proclamaba su Reglamento Oriental para el fomento de la campaña que establecía la expropiación de tierras a “emigrados, malos europeos  y peores americanos” y su reparto entre los desposeídos del país para “fomentar con brazos útiles la población de la campaña”.

Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, Artigas promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: “Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio”. 1

En la sesión del 19 de julio del Congreso de Tucumán, uno de los diputados por Buenos Aires, Pedro Medrano, previniendo la reacción furibunda de San Martín que estaba al tanto de las gestiones secretas en las que estaban involucraban a algunos congresales y al propio Director Supremo encaminadas a entregar estas provincias, independientes de España, al dominio de  Portugal o Inglaterra, señaló que “antes de pasar al ejército el acta de independencia y la fórmula del juramento, se agregase, después de ‘sus sucesores y metrópoli’; esto más: ‘de toda dominación extranjera’, para sofocar el rumor de que existía la idea de entregar el país a los portugueses”.

Medrano sabía que lo de “entregar el país a los portugueses” era mucho más que un rumor. El ministro argentino en Río de Janeiro, el inefable y omnipresente Manuel José García le había escrito al Director Supremo Pueyrredón: “Creo que en breve desaparecerá Artigas de esa provincia y quizás de toda la Banda Oriental. Vaya pensando en el hombre que ha de tratar con  general Lecor”.

Lecor era nada menos que el jefe del ejército invasor portugués a quien el Director Supremo de las Provincias Unidas llamaba “Jefe del Ejército de Pacificación” y le escribía en estos términos: “En interés recíproco de ambos gobiernos demanda imperiosamente que Artigas sea perseguido hasta el caso de quitarle toda esperanza de obrar mal a que lo inclina su carácter”. 2

A fines de 1819 la Liga estaba entre dos fuegos, por un lado los directoriales y por el otro los portugueses. Artigas concibió un plan militar. Él atacaría el campamento portugués en Río Grande mientras que las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe atacarían Buenos Aires.  Pero mientras el caudillo de Santa Fe, Estanislao López, y su compañero de Entre Ríos, Francisco Ramírez, invadían exitosamente Buenos Aires y triunfaba en Cepeda, Artigas era derrotado por los portugueses en Tacuarembó.

Aprovechando esta situación de debilidad de su antiguo jefe, los caudillos firmaron a espaldas de Artigas el Tratado del Pilar, abandonando a su suerte al  caudillo oriental.  Artigas decidió unir sus escasas fuerzas con las de  Corrientes y Misiones.  Entró en Entre Ríos dispuesto a someter a Ramírez, pero fue derrotado definitivamente en Las Huachas y debió marchar hacia el exilio en el Paraguay.

Allí vivió humildemente, bajo la protección de los sucesivos gobernantes paraguayos,  Gaspar Rodríguez de Francia y  Carlos Antonio López. Habitó en una modesta chacra donde vivió en el ostracismo por 30 años. Murió el 23 de septiembre de 1850, rodeado de indios y campesinos que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú, ni más ni menos que el Padre de los pobres.


Referencias:

1 J. P. Barrán y B. Nahum, Bases Económicas de la Revolución Artiguista, Montevideo, 1963.
2 Joaquín Pérez, Artigas, San Martín y las ideas monárquicas en el Río de la Plata, Buenos Aires, 1980.

(www.elhistoriador.com.ar)

martes

UN ACRÓSTICO LÍRICO COMPUESTO POR JOSÉ GERVASIO ARTIGAS Y JOAQUÍN LENCINA (ANSINA) (*) AL COMENZAR EL ÉXODO DEL PUEBLO ORIENTAL


AL TRIBUNO PARAGUAYO FULGENCIO YEGROS,
DEL COMPAÑERO ORIENTAL

(Apéndice 6 de la segunda edición de ARTIGAS CATÓLICO de Pedro Gaudiano, Universidad Católica del Uruguay, 2004, con prólogo de Arturo Ardao.)

Amigo de nuestra Patria Grande:
La alegría de sus buenos versos,
Trajo gratos recuerdos de antes.
Recordará que aunque admiro al Universo
Intensamente, y amo a la naturaleza,
Busco la claridad del pensamiento,
Unida a la palabra con fortaleza…
No defraudaré a su sentimiento,
Otorgando la pluma al fiel Ansina…

Pienso en estos momentos en su(s) deseos,
Anticipando así mi entrada
Republicana en Montevideo…
Acuerdos secretos de enbajada (sic),
Gobernaron hacia otros rumbos:
Una resolución absurda,
Arbitraria, ha dado grandes tumbos,
Ya puso en marcha a toda la Banda
Oriental en busca de la libertad.

Fervientes familias de este Pueblo,
Unidas por profundos sentimientos,
La Patria dejarán con un consuelo:
Garantir y salvar los derechos
En esta hora de abnegación,
Nadie habría imaginado este trance
Cuando esperábamos la rendición
Incondicional y de vasto alcance,
Obliga(n)do a los realistas a emigrar.

Y es nombrando a la Divinidad,
En quien confiamos nuestros destino(s),
Guiando nuestros pasos de humanidad
Recorremos los caminos hacia el exilio,
Orientados por patriótica dignidad,
Sabiendo que no nos faltará auxilio.
Dios es testigo de nuestra nobleza:
Él libró a un Pueblo del exterminio,
Llevándolo a la Tierra Prometida…

Cuando crucemos a la otra Banda,
Otra esperanza cantaremos,
Mirando a este país con el alma,
Para regresar cuando podamos.
Al Paraguay recurriremos:
Nandeyará será generoso,
En retribuir todos los dones
Realizados por su pueblo glorioso,
Orgullo de todas las naciones.

Oportunamente enviaré mensajero
Remitiendo a la Junta Gubernativa
Informe detallado y sincero,
E insinuaré ayuda pedida.
Naturalmente, noticias espero,
Tanto de Buenos Aires como de allí,
Antes de despachar el correo.
Llegue mi saludo al Pueblo Guaraní.


(*) Publicado por primera vez en Daniel HAMMERLY DUPUY - Víctor HAMMERLY PEVERINI, Artigas en la poesía de América, T. 1, Buenos Aires, Noel 1951, pp. 139-141. “Obviamente, Joaquín Lenzina no pudo poner su firma al pie de la carta en verso siendo que él no era temáticamente el autor de la misma, aunque aparecía constancia en uno de los versos acerca de su colaboración al decirle Artigas a Yegros que estaba “otorgando la pluma al fiel Ansina”, ibid. P. 31. Fulgencio Yegros le había dedicado a Artigas un acróstico titulado “Al Amigo Ilustre Don José Artigas, Militar Valiente, con motivo de su triunfo en Las Piedras.
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