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martes

Verónica Pérez


los predestinados

te beso aún en la polucionada estación de los recuerdos
ese cementerio de magnolias gigantes y cabellos al viento
donde todavía te agarro de la mano para que la luz nazca del otoño
otras veces camino entre la carne fosilizada de los viejos amantes
siguiendo tu aroma original a sándalo o tus pisadas tatuadas en la arena
nunca te espero -¿para qué?- hoy somos sólo eso
recuerdos petrificados en la argamasa azul de la memoria
en aquel tiempo
todavía pensábamos que era amor nuestra comunión tercera
junto al verde cavilar de los cirios donde la luz incendiaba las violetas
y comulgábamos celestes con la muerte que venía a apretarse de mi mano
el corazón lamía su toque primero de alegría
latiendo en la belleza convulsiva de un tiempo que cantaba
pero siempre se nos vencía la hora en descompuestos monocordes
y el sonar de una flauta desafinada
nos dejaba en la herida grisácea del estómago un vértigo frontal
al borde de la mañana nos tocábamos el sexo con triste lejanía
mientras comíamos el pan frugal de los predestinados
pero las tazas de café no respondían nunca por su nombre
nada engañaba la consistencia de la muerte
yo me agarraba ciega de su negro trajinar para que me vendiese
el último boleto en el único tren que se alejaba
pisoteando luciérnagas de sueño
atravesando el río de la noche
rumbo al país total de la felicidad

miércoles

[la estación del amor] Verónica Pérez


fueron solo siete días

de precisa intermitencia en la piel de un segundo

hubo el tiempo primero de no querer tocarnos

el miedo con los labios

brevísimo entreacto de azules madreselvas

para un tiempo segundo en que pobres en amor

nos tuvimos en la carne

en la sola blancura de un amor indigente

sin belleza y sin horror sin verdad y sin muerte

transeúnte sin dolor por sábanas gratuitas

vino el tiempo tercero del amor y la furia

tan rico en desconciertos tan corto en sinfonías

la mano en el vacío tanteando la belleza de una carne sin filo

como si no fuera cadencia de muerte nuestro abrazo

como si nos bastasen diez segundos de brillo

hubo el cuarto y el único

que acabó en un te quiero

en un rasgar de cartas en un protocolar entierro

de noches que besamos y quemamos muriéndonos

dorada inmensidad consumida en cuatro tiempos

entre el himno al amor y el sintagma del sexo

te doy mi piel escrita

en críptica memoria de esos días robados al deseo

para que vos la muerdas la rasgues o la incendies

pero por favor nunca la leas en lo solo

o quedarán nuestras almas pegadas a ese instante

desnudas en la memoria mortal de nuestros cuerpos


Genealogías [la ausente] - Verónica Pérez


te recuerdo todavía invariablemente ausente de todo verdor primaveral
recogiendo flores en la pollera como si te bastasen pocas horas de luz
para quemar los restos poco importantes de una vida
no querías entender la lengua de los pájaros
vivías para la incivilizada procesión de la dalia en las baldosas
o para el temblor de la rosa salvaje que invadía desordenadamente la calzada
con tu pañuelo rojo bajo el mentón preguntabas sordamente el hambre de las nietas
en el gutural sostenido de tu tierra natal
con que confundías las voces del desierto y el sexo de las begonias
creo que fabricabas idiomas para no revelar la furia secreta de los gladiolos
a veces mirabas el resplandor absoluto de la primera mañana
como esperando el río de la muerte
o arreglando sin saber la cama en la que yacería solo
velando para siempre su carne seminal el hijo de tu hombre
en esas horas de estupor debías correr hacia la memoria primitiva de los años
caminando con infantiles pies por la mítica servia
buscando la mano blanca de la madre junto a la casa iluminada
o cavando con las manos los bancos de los ríos
buscando al padre muerto entre los juncos del amanecer
sangre pequeña de mi primera sangre no menstruada
atravesabas mis sueños para mostrarme la mítica fundación del mundo
en la palma grosera de tu mano
yo me despertaba para no ver tu sangre deshonrada pulsando entre mis venas
desordenando mi genoma virginal de alondra suburbana
pero ahora sé que tengo tus mismos pies
y levanto cuando paso los mismos odios polvorientos
por eso escribo con homérica fe
la saga fundamental de tus rosas generales
con mis pequeñas manos amarillas



Genealogías [ la centelleante ] - Verónica Pérez

pensaste que era azul / la intermitente nada que te dieron a cambio del amor / cansaste de mirar el rojo de los ríos / esperando los barcos sin vela de los muertos que con ojos abiertos como sombras llegarían a alzarte de belleza trasmutando tu alma de niña pobre en dulce claridad / se habrá cansado tu corazón de las horas estériles / del abrazo del padre en mangas de camisa / hundido en la ceniza del sillón / del tío maternal que se callaba en las siestas eternas del verano / cuando bebías sin saberlo del odio de los pájaros / y te colgabas apenas de la mujer desierta de la blancura de su pecho mayor / cuando le preguntabas en punto a la hora del alcohol / madre dónde están dónde duermen los niños de tu amor / te vi partir entera hacia tu pequeña muerte / quién juntaría tus manitos tu boquita espantada / tu corazón de pájaro silvestre / cuando colgaron tu alma en la ventana en secreta ejecución


martes

[Hormigas] - Verónica Pérez

algo se come las flores que he plantado
aún no sé qué pequeñas bocas se llevan el color del dia hasta su casa de sombras
deben ser los emotivos caracoles
desenterrando sus verdes lenguas abusivas de abajo de la tierra
o el saltamonte amarillo que duerme en la gerbera
sospecho genuinamente de las hormigas errantes que exhuman el amor en tiempos de diluvio
en el negro silencio abajo de mi puerta
son ellas las que corren como eléctricas manos por las blancas baldosas
no saben del color del cuarto de los niños
e ignoran soberanamente como se ha muerto el sol en la morada de los hombres
en el jardín otoñal a un paso de la noche las pasionarias han roto el silencio y sangran melodías
en cada gota de luz el lirio se ha caído despacio como un cíclope
el geranio llora como un enorme rey la muerte de sus deudos
antes cada pequeña prímula hilaba su mañana con raíces de sándalo
miles de madreselvas crecían en un húmedo concierto
todo iluminaba el pasto con redonda belleza
encantando mi alma con gestos vegetales
sin aquellos toques nauseabundos del plancton en la pureza intacta de la nada
ahora el barro vivo de la noche trabaja en la no luz
insaciable mandíbula que arranca los dedos de las rojas sem-vergonhas
la procesión de antenas ojos pies
la intransigente boca himenóptera del mundo
se ha llevado todas mis flores con un rumor candente de asesina malicia
odio esas ínfulas de primitivo horror que habita a cinco baldosas de mi puerta
vida comiendo vida en canibálica inconsciencia
echo veneno de hormigas por si acaso
mientras espero para siempre la iluminación del otoño
preciso arrancar la vida que pulsa para salvar a la civilizada flor
como si algo muriera de mí en el entierro azul de la rosera
ahora entro despacio en mi casa de incontestable cemento
después del sacrilegio insecticida mi culpa se ha borrado
nada quiero saber de aquella cosa primitiva que regurgita savia
cae levanta y grita por su luz



viernes

[Genealogía 3] - Verónica Pérez


naciste en andrásfalva / con los árboles altos como sueños/ para morirte callado en una única guerra / mas larga y más ajena que todas las guerras que temblaron bajo el mar / vos partías el pan que labrarían tus hermanos/ cuerpos errantes del amor por la caravana del desierto / mientras andabas sereno hacia el rio de la muerte / donde verías tus hijos dormir en la tiniebla / bajando por la belleza de las aguas enfermas / que entraban mansamente para mojar la casa y sus misterios / como serías / no quedan fotos / nunco se supo la hermosura de tu rostro invernal / la morena impaciencia de la voz/ la varonil tibieza / con que abrazaste a la mujer / a tu veronika de los ojos hundidos como noches / para apagarle del alma las luces primeras del otoño / y hacerle nacer aún los hijos de la ceniza del amor / con la bíblica cabellera de sarah / ella perfumaba la cama donde escapabas del fuego de la muerte / tras cada golpe brutal de huestes enemigas / por eso peleabas con los hombres que mordían como lobos / tu chaqueta inundada de pólvora y absinto / como serías erõs ferenc cuando ibas / desde el banat servio / a tu última batalla / contando con los dedos la mañana / en que fundarías el sueño eterno de tu gran ciudad


jueves

[genealogias 2] - Verónica Perez


llueve esta tarde de lentísimas horas / bajo la luz mediana del tiempo no nacido / miro tu belleza otoñal en la pantalla del micro / la foto en blanco y negro / tu dedo que interroga tu estirpe amarillenta / cien años después de la caída de tu manto / con que envolvías la carne blanca del vivir / como serías veronika de los ojos hundidos como noches / cuando te besaban mujer en las firmes estepas bucovinas / andrásfalva 1840 / porto alegre 1996 / nos parecimos bajo la negra cabellera de pájaros celestes / las dos corrimos de alma callada hacia el primitivo amor / la belleza de la carne nos encendió a deshora la bíblica inocencia / por eso hacíamos huir nuestras mañanas del hambre de los lobos / andrásfalva skorenovac montevideo porto alegre / cualquier lugar tendrá tu luz ahora / que ya enterré mi kolosso en el barro para caminar sin muertos / para que la sangre antigua no nos arrastre abajo como a un único junco / río que lleva lejos los hijos no nacidos / mientras mueren las dulces madres hiladoras / y los hombres que sueñan en los campos de guerra / nunca sabré por qué cortaste el cordón uterino de tus niñas / para que desovasen alondras en mi ciudad natal / tanta composición alada me dejaste / en un pañuelo azul que nunca desinvento / llevo tu resplandor en la memoria de mi nombre / me gorjeás al oido para que vuele al mundo / y como una Atila inmensa / transmute mi sangre székely desterrando el dolor





lunes

[Genealogías] - Verónica Pérez



veintisiete de marzo / hoy habrías iluminado mi calle de nuevo con tus noventa y cuatro años / eras como una pequeña santa besando mi ceguera / tu paso vestido de negro por la calle mayor / miraba atenta mi salida a raudales de la ciudad sitiada / sabías que era pronto tu viaje hacia la nada / y quisiste darme algo para tapar el grito de la muerte /por eso con tibieza de alondra te sostuviste en carne para llegar al suelo /y arrancándole una flor al pasto mal crecido / la suspendiste abierta entre dos latidos mansos de mi corazón / cómo desafiaste con manos tan pequeñas / el equilibrio de los mundos estériles / rompiendo la ley de los hombres / olvidados de tu conversión al otoño / ¿qué estirpe nos obliga a caminar en síncopa / exiladas del canto / a arrimarse gateando a la esperanza como a un rojo amanecer?/nunca sabrás de tantas noches lloradas al pie de tu no flor / matando los ruidos de ese país que aun quema entre mis sueños / preguntando a mis horas por su dulce eternidad / por eso hoy / veintisiete de marzo / dejá caer de nuevo una flor tuya en mi corazón / las juntaremos todas/ como piecitas del alma/ para que hagan nido /en las páginas de un libro de San Juan / resecadas abiertas / esperando agua / dios




Desde la intemperie Brasilera - Verónica Pérez

cayó el último pedazo de su cuerpo / sin noticia sin público sin marketing / bajo la luz intermitente de su sonrisa eterna / padezco el derrumbe sordo de su país de esplendor / no hubo más testigos en la ejecución de la tarde / para la novia núbil / de la estación del amor/ la maniquí que soñaba ser mujer de corifeo / alimentar sus huestes sus pequeñas estirpes / cayó atónita al suelo terroso de la gloria / efímera como una gota de cera en la calzada / bajo la lluvia lerda de los objetos sin dios / ajena de los ojos que le daban de vivir / quién va a comprender la intermitencia apretada de su sexo /su ternura de mártir a cambio de una flor / qué queda de la venus moderna que retardaba al menos la muerte de los justos / ahora sólo nos habla al corazón con su lunar bucólico / desde un pecho pétreo que no grita perdón / la mano no se reclina más en la vitrina que decae / quién robó sus vestidos/ el rojo de los labios que pagaban amorosos el precio de nuestra perdida / el dolor amarillo de su pelo en la tarde/ el glamour con que doblaba el soñar de las hembras / doncella desmembrada / los transeúntes semimuertos no le miran el alma cuando avanzan / pero nuestra mujer de cera se estremece un segundo / desde el piso caliente de la plaza de arena / cuando el paseante ciego se detiene y se calla / ante el rumor rosado de su canto de amor
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