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martes

INDIO SOLARI - EXTRACTOS DE LA PRIMERA Y ÚLTIMA CONFERENCIA DE PRENSA TELEVISIVA DADA POR LOS REDONDOS EN OLAVARRÍA, DONDE FUERON PROHIBIDOS EN AGOSTO DE 1997


Antes que nada, me gustaría arrancar pidiéndoles disculpas a los chicos que están afuera. Hasta el momento no se nos ha ocurrido una manera mejor de acercarle nuestro cariño que esta. Estuvimos hasta este momento a la espera de alguna circunstancia que desanudara este lío, con la tranquilidad de haber venido acá, a este pueblo, a hacer un show, haciendo cumplido a través de Pablo (Baldini, el coproductor) con todos los requisitos en tiempo y forma para que este recital fuese una fiesta que es lo que acostumbra ser.

Por algún motivo, que yo me atreveré a decir de índole puramente burocrática, y desconociendo la realidad, decidió el señor intendente con un decreto la prohibición del espectáculo que íbamos a hacer. Yo supongo que el intendente no se autorrepresenta, quiero creer que hay alguna parte de la población de Olavarría que está en coincidencia con él. Lo que hemos recogido en estos días son muestras de solidaridad tan grandes que no me atrevería a decir que las estadísticas que se mostraron anoche en un canal de televisión fueron acertadas, pero de cualquier manera quiero creer que el intendente ha escuchado de movida algunos pedidos, entre ellos… Algunos de los periodistas que son de acá de Olavarría deben haber tenido acceso a la intimidad de esto, quizás mucho más que los que han llegado de otros lugares.

Este racconto lo que nos dice es que aparentemente, en primera instancia, la cámara de comerciantes o de empresarios le había manifestado su inquietud por nuestra llegada. Después la misma cámara dijo lo contrario. Otro de los discursos que le deben haber acercado al señor intendente es el discurso policial, que hablaba de una carpeta de inteligencia donde estaba referida la trayectoria vandálica de los seguidores de este grupo. Yo mismo escuché la voz del responsable policial decir ante las preguntas del periodista que esa carpeta, ese dossier de inteligencia, estaba referido a los sueltos periodísticos de UN diario.

Los Redonditos nunca fueron prohibidos en ningún lugar. También se deslizó que nos habían echado de Chile. Yo no conozco Chile, nunca fuimos a tocar a Chile. Se eligió este lugar porque tenemos seguidores de todo el país, esta es una producción independiente a la que le cuesta mucho organizar estos espectáculos y es un lugar equidistante de otros muchos. Ustedes saben que vienen gentes de todas partes a ver este espectáculo, que no es un espectáculo únicamente para la gente de Olavarría.

Hemos cumplido con todos los requisitos, hemos tenido una paciencia infinita tratando de no dar esta conferencia o explicaciones anteriores para no enturbiar algo que siempre fue la mejor buena voluntad nuestra de que transcurriera de las mejores maneras como siempre acontece. Al mismo intendente y después a los señores jueces Pablo les acercó recortes de los diarios de las distintas provincias, de Villa María, de Concordia, de San Carlos, donde hemos actuado en circunstancias de aparentemente mucho más riesgo, como San Carlos donde hemos tocado… ¿cuántas veces? Nueve veces, la población de San Carlos son 9000 habitantes y entraban en un fin de semana 10.000 seguidores de esta banda. Para que ese supuesto dossier donde figuran actos de vandalismo… Los vándalos son estos chicos que están ahí, de 12, 13 y 14 años, que ya no están en estado de inocencia, ¿verdad?

Acá ha pasado algo. Hay un acto de burocracia que no sólo nos atinge a nosotros. Cuando se prohíbe una manifestación de este tipo, no sólo se me está prohibiendo a mí cantar o a los chicos tocar. Se le está prohibiendo a aquellos que, por algún motivo que les es propio, quieren escuchar esto, quieren conmoverse con esto, quieren estar vinculados a esto, a esta banda de música.

Yo digo que el intendente no ha estado en esta decisión. Yo no soy quien ni somos quienes para venir a darles lecciones de vida a la gente de Olavarría. Lo único que quiero es mencionar a una de las personas de aquí de Olavarría, una persona de 80 años pasados, que tiene una vitalidad estupenda, que el presidente del Club Estudiantes. Y digo esto porque con mucha facilidad y antes de conocerlo yo he leído el discurso que dijo para el cumpleaños y tiene una actitud de vida que yo respeto muchísimo y que de alguna manera tiene que ver con alguno de los slogans de Los Redonditos, que es pensar que vivir cuesta vida, que no se puede vivir dentro de una sandwichera de vidrio, que la vida protegida entre algodones y no expuesta a ninguna experiencia no es rica. Y yo supongo que una persona de esa edad merece mi respeto por esta actitud.

Estamos simplemente acá para avisarles a los chicos de la manera que hemos encontrado en este momento, que hemos hecho todo lo posible para que nuestra fiesta estuviera en común. Más de eso es imposible que hagamos porque hemos dicho más de una vez que esta banda les pertenece a ellos.

Yo no sé si ustedes saben que no somos de dar reportajes, únicamente cuando sacamos algún álbum, cada año y medio, para agregar a la estética y el concepto del álbum algún detalle más. No hace mucho me preguntaban por qué no dábamos reportajes. Yo les decía que lo que sucedía era que ya teníamos la suficiente edad para, en vez de bajarles línea a los chicos, escucharlos, porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que tipos de nuestra edad pueden tener para aconsejarlos. Esto es de ellos y yo supongo que lo que suceda de aquí en más no es responsabilidad de ellos sino de aquellos que tendrán que correr con la tribulación de decisiones férreas, firmes que han tomado supongo con algún tipo de convicción. Y que a partir de ahí ya no depende de nosotros tener ninguna otra actitud, porque cada uno es dueño de reclamar por lo que le ha sido escatimado.

Yo estoy en este momento contándoles la decepción y la amargura que tenemos. Pero hace un rato les estaba diciendo casualmente que no sólo nos han arrebatado esta fiesta a la banda, sino a ellos. Yo no tengo palabras para decirles a ellos ninguna otra cosa. No tenemos a partir de este momento ninguna posibilidad de hacer otra cosa que venir a exponer la amargura y el dolor que nos da por no tener una de las fiestas que nos vinculan con estos jóvenes.

…………………..

No va a ser la última vez que vengamos a Olavarría. Quizás hay que esperar un tiempo.

Los corazones jóvenes se lastiman y quizás no tienen la posibilidad de cicatrizar durante un tiempo esas cosas. Yo creo que no sería bueno que vengamos rápidamente. Pero quiero creer que así como ha habido gente que cree que esta banda tiene mensajes demoníacos que se leen… Yo no sé cómo hacen para leer un mensaje subliminal dando vuelta un CD, porque ya no existen más los discos de pasta. ¿Quién se atrevería a decir que no vamos a volver a Olavarría?

Hemos tenido una actitud de reclusión prácticamente acá porque no queríamos agregarle ningún condimento a esto que no tuviese las características propias de la mesura. Nosotros suponemos que hay un montón de chicos que ya deben estar informados de que el recital se suspendió, pero también supongo que ya hay muchos aquí y hay gente que viene de lugares lejanos que no salieron hace media hora para llegar acá. Yo no sé la actitud que va a tener la policía, ni sabemos ni podemos preverlo. Yo supongo que el señor intendente, al tomar la decisión, debe haber tenido todo en cuenta y él sabrá tener la misma determinación para resolver esta circunstancia que depende de su decisión primera.

………………….

Nosotros tenemos por costumbre cumplir con las formas de tiempo y hora en que hemos citado a la gente. Nosotros somos los convocantes, a partir de ahí lo único que faltaba que nos pidieran era que cambiásemos el nombre de la banda. Sobre todo cuando no hay razones. Si uno hubiese cometido no sólo de mala voluntad sino algún error, de no haber pagado una tasa a tiempo, esas ofertas (de tocar en un sitio de Olavarría al aire libre) podrían haber sido hechas, pero nunca aceptadas. Acá lo que la gente se olvida es que aparte de un evento de tipo jurídico o económico hay un evento de tipo artístico, con lo cual es margen de concesión es muy poco.

Una de las pocas cosas que estamos tratando de ver, por eso empecé hablando pidiendo disculpas a los chicos, es cómo hacer una cosa que nos está provocando mucha amargura, no tener la posibilidad de tener un acercamiento con ellos.

Cuando lindás con miles de personas, adjudicarles globalmente actos de delincuencia y de vandalismo es una locura. Quiero creer que acá la histeria ha descripto esto como 12.000, 15.000 chicos que iban a venir todos en actitud de destrozar… Ustedes los están viendo. Son chicos que vienen de familias, que tienen padres… Sinceramente no hemos tenido nunca inconvenientes de la naturaleza que se describen. Como en cualquier lugar donde reunís muchos miles de personas, puede haber un grupo que haga algún desmán, pero eso ocurre en cualquier reunión de mucha gente.

Cuando hay algún tipo de briga, de pelea en público, los mismos chicos no quieren que eso suceda. Estos chicos lo que quieren es venir a estar abrazados con sus novias, a bailar, a ver un espectáculo de rock y a escuchar las cosas que a ellos les conmueven. Y eso es un derecho que creo que ha sido avasallado este fin de semana.

Yo no creo en la malevolencia de esos corazones de 12 años, de 13, 14 años. No creo que esos chicos sean malos, que sean vándalos, que sean todas esas cosas que se dicen. Esos son los fantasmas de la gente que cree que un concepto estético es adoración del demonio, que cree que una chica que masca chicle mientras habla está cometiendo un pecado. En nuestra sociedad anida todo ese tipo de cosas.


https://www.youtube.com/watch?v=vFoDNvROUgE

lunes

INDIO SOLARI - EL ÚLTIMO MALAYO



(Cerdos y Peces / abril de 1967)

Finalizaba el año 1982 cuando abracé por última vez a Bruno Beonnelheim, más conocido en la periferia del underground como “El último malayo”. Un joven alemán, cantante de rock y periodista free-lance transumante que, para los memoriosos que recuerdan su accidentado paso por nuestro país, generó junto a otros alemanes pertenecientes a su banda llamada “Los de carne” (así en castellano en Alemania) más un par de amigos porteños que los secundaron musicalmente, una de las muestras más conmovedoras, espontánea y efímera (por la irrupción de un grupo que dijo pertenecer a Coordinación Federal) para esos años.

A través de una carta que me enviara su compañera Märit, acabo de enterarme de su muerte a manos a una comisión policial que lo detuvo en plena Josefstrasse a la salida de un local nocturno donde presentaba su número de “conversaciones y baladas lunares” y que oficialmente fue descripta como ocasionada por un disparo proveniente del interior del propio club adjudicado a un desconocido que logró escapar.

Algunos años antes de ese diciembre de la despedida, tuve ocasión de compartir con él una habitación en la que fuera la mítica casa de salud que funcionó en el abandonado balneario de Dr. Belmes, unos doce quilómetros al sur de Villa Gesel, donde un grupo de personajes significativos de lo que dio en llamarse la nueva izquierda sobrenadante de la cultura rock, estaban internados (por decirlo así) para recuperarse de los estragos psicofísicos que la lucha contra el modelo sistémico había provocado en ellos. En este accionar, “el último malayo” había jugado un papel escénico de incauto drogado que bailaba un boogie de tres mil dólares mensuales, procesado por el movimiento de psicodelia negra que rodeaba en ese entonces a los desposeídos que habían perdido sus defensas sociales en su experiencia con drogas.

En unos apuntes que aun conservo de aquellos meses en la Casa de Salud del Dr. Semasendhi han quedado registradas algunas anécdotas y visiones anticipadas que Bruno me proyectara, caracterizadas por su oposición a mi lectura un tanto posmodernista del estado de cosas en el imperio que él calificara de antigua ya por ese entonces.

De ajustarse la muerte de Bruno a la descripción de los testigos, el verdugo de turno abrió en mí una herida dichosa que no cerrará jamás. Todavía lo recuerdo esa última vez, con sus botas radicales, su camisa de raso negro y ese pelo corto que él llamaba “la moda fenómeno para enfermar apenas”. Lo recuerdo, decía, como un tipo claro, austero, y sin el temor por lo intelectual que ya por entonces preocupaba a los jóvenes. Con sus enunciados musicales que no permitían comprenderle si uno no tenía acceso a la intimidad del método poético que descubre los significantes a medida que el discurso corre. También puedo dejar de imaginarle como lo describe Märit, mientras es examinado boca abajo con los brazos estirados sobre la cabeza, convertido en terreno de técnicas policiales. Con una perforación poco llamativa debajo de la axila, en la tenue fetidez de la carne apenas corrompida. Y luego tapado con una lona y etiquetado. Un cadáver que parece decir ¡esto lo hemos hecho nosotros! Un solo disparo. Chup! Veo también lo que atrae la memoria doliente de Märit en otra parte de su carta. Veo cuando Bruno la despierta por la mañana… Levántate dulce amor mío ¡ya es mediodía! debemos echar todo a perder!

Según su compañera Bruno sabía que la poli le iba a echar el guante ni bien se descuidara. Dormía cada noche en una iglesia distinta. Algo que puede sonar aquí muy extraño pero que para los conocedores de la realidad social en la Alemania de hoy es un detalle claro.

Bruno se había convertido en el último tiempo en un fantasma social que fascinaba a los jóvenes con su recorrida infernal de recitales para la rebeldía juvenil alemana. Ese latido desconocido en nuestro medio, que él abarcaba con sus baladas lunares y la presión de su rock extremo. Se autodescribía como un producto de la cultura rock y como tal luchaba en favor de las pulsiones que intentaban romper la convención vigente. Esperaba impaciente una nueva expansión del campo de lo posible que vela en forma de una cultura libidinal no represiva, gobernada por el principio ordenador del placer en contra de un sistema que había suprimido (represión mediante) el elemento lúdico no-funcional de la actividad social y eliminado el juego como fundamental vocación humana. Porfiaba contra ese sistema que intenta desterrar el placer como práctica existencial efectiva.

De sus labios escuché por primera vez el término posmodernidad. Le molestaba la actualidad que se adjudicaban sus suscriptores. Decía que para desnudar la visión posmoderna no había que hilar muy fino. Que bastaba con observar qué cosas se inscribían con comodidad y complacencia en la resignación posmoderna.

Su mirada de rocker se ajustaba al lugar donde estaba parado y desde allí contestaba independientemente del código propuesto por el modelo sistémico para su propia descripción. Afirmaba que la lectura posmodernista era puramente descriptiva, rara vez explicativa y sin ninguna propuesta de dinámica social que salta por sobre los decorados anestésicos propuestos por los grupos del poder. Acusaba de esta moda los pensadores de la nueva derecha que en su afán por desnudar a la izquierda la estereotipaban en la vetusta figura del PC francés y que, según sus propias palabras, “usaban el liberalismo burgués para defender un anarquismo de juguete, frívolo y órfico”. Sospechaba de la ceguera que les hacía confundir todas las izquierdas con el PC sovietizante de la partidocracia gerontocrática y dogmática, desconociendo la nueva izquierda internacional producto de la cultura rock y la variopinta y diversa franja que esta abarcaba. Veía al posmodernismo como un movimiento confuso, que si bien describe una situación confusa, lo hace con un discurso escaso y débil. Y tenía la sensación de que de todo eso sólo quedarían unos cuantos fragmentos esparcidos, aislados los unos de los otros, que llevarían una existencia fantasmagórica donde la pasión habría desaparecido. Además no le adjudicaba a la posmodernidad un lugar fuera de la edad moderna de la cual aquella pretendía excluirse. Acusaba a los posmodernos de haberse vuelto antiguos, de haberse convertido en perdedores reciclados que buscaban refugio en la moda sin más ambición que sobrevivirse a sí mismos durante algunos años más, enamorados de su propio espíritu generador de un arte rococó muy similar al del siglo XVIII. Un arte de chucherías basado en seducir, vestirse bien, peinarse, ir de copas, tener video y mantener un departamento elegante y futurista desde donde sustentar un determinismo individual que no es más que una trampa tendida por los grupos de poder para mutilar el estado de ánimo libertario que late en las diversas luchas del planeta. Una celada que obliga a soñar un futuro pasatista, una arcadia feliz de idilios bucólicos, sin tomar en cuenta que la oda a la libertad burguesa yace ahogada en su propia baba. Por el contrario, concluía, la cultura rock intenta proteger el estado de ánimo tratando de vencer al miedo a la opresión sistémica, oponiendo a la sociedad ligera, cool, autogestionaria, una acción “psi” con porno, libido y esquizo incorporada. A Bruno le era imposible dejar de conmoverse ante la nueva miseria en las sociedades desarrolladas, ante el racismo y el uso del patrimonio vital de las especies por parte de las corporaciones mafiosas. Partícipe vital de esa cultura, reclamó a los pensadores posmodernistas el abuso de teorías socioeconómicas de un neoliberalismo salvaje. Los señalaba como generadores de una estética de la frivolidad que intentaría aprovecharse de la decepción de los héroes-poster jubilados de la cultura rock y de forzar hacia el individualismo el espíritu proletario obediente a las informaciones impuestas a través de los medios de comunicación. Se quejaba de esa descripción que si bien se extinguía, lo hacía dejando un vacío en el corazón y la atmósfera impregnada de un cierto olor a pólvora.

A pesar de todos esos juicios, curiosamente escuché de Bruno algo que años después leería en Braudillard en referencia a su pasión principal. Decía que la música, tal como la conocemos, podría desaparecer, pero no por falta de música sino por la perfección de la materialidad, de la tecnología y de los efectos especiales. Por eso su música probaba gritos vitricidas y cuando cantaba sus mandíbulas hacían añicos todo lo que fuera un negocio seguro de baja emoción. (“¡’Alto! en nombre de mi metralleta en Beirut!”, por ejemplo) hablaba de los modernosos “héroes cocidos con aspiraciones de play boy / mosquitos simuladores que apestan hasta el cielo / que llegan planeando a pinchar los corazones que han perdido la memoria / Esos chorretes humeantes que dicen ser los dueños de la bienamada modernidad / los pegajosos dulces sin celofán que abjuran del amor”. Así también recuerdo especialmente una balada lunar que cantó una noche en la playa –“Esto que ves, este muerto incapaz de provocar una lágrima / está arrancando la suerte de tu corazón y agrieta tu piel y llena tus pensamientos de sospecha / y te presenta un hombrón diminuto, ni un hombre / que para ganarse tu confianza / está haciendo lo imposible por pintarle los ojos a la muerte.”

Las aguas están muy quietas. El último malayo saca sus redes del mar como quien quita telarañas de un espejo… Gracias Bruno.

INDIO SOLARI - ¿CUÁNTO TE PAGAN POR IZAR LA BANDERA?


(Este texto forma parte del denominado “Delito americano”, una serie de escritos que Carlos Solari está redactando hace décadas.)

Somos el miedo de los gobiernos que mienten en nombre de la verdad. El miedo del poder militar, económico y jurídico que impide la comunicación humana de pueblo a pueblo.

Somos el miedo de la soberanía de los piratas del mundo que mutilan el estado de ánimo e impiden las emociones reveladoras.

Somos el miedo del poder de los déspotas que reside en mecanismos impersonales. El miedo de las estructuras burocráticas que desalientan las conductas exploratorias. El miedo de las grandes fortunas que se robaron de los derechos naturales. El miedo de los centros de poder que amenazan con la destrucción total. El de esos varones sensatos y «prácticos» que desean dejar su huella en la historia y creen solamente en lo que pueden forzar y controlar.

Somos el miedo de quienes nos adiestran a ser corteses cuando alguna institución nos pisotea. El miedo de quienes temen a los cambios pues su status depende de la rutina y del tiempo de otras personas. El miedo de las tecnologías caprichosas que nos obligan a valorarlas adoptando siempre sus supuestos básicos.

Somos el viejísimo miedo agazapado en todos los rincones del Imperio y estamos encantados ¡encantados!

domingo

INDIO SOLARI (La carta completa del Indio Solari a los pibes torturados de La Garganta)


                                

No puedo imaginarme cómo debe ser tener 15 años y vivir durante horas toda esa humillación dolorosa y espantosa. Cuidado. Hay que tener mucho cuidado, cuando estas cosas empiezan a reflotar. Yo sé muy bien, porque los conozco, que ustedes atraviesan con frecuencia situaciones similares y también sé que no debe ser nada fácil tomar la decisión de contarlo públicamente, como lo hizo Iván. Hacen falta unos cojoncitos bien grandes, para decir eso ahí, donde aún habita la Prefectura, porque probablemente los trasladen a estos pelotudos, hijos de puta. Y aun así, vengan otros en su reemplazo.

No es fácil, no es sopa, porque estás controlado por la misma gente que te verduguea, pero tuvieron esa valentía y por eso decidí comunicarme con ustedes para decirles que los admiro, los admiro por esta lucha y por esa revista estupenda que publicandonde salió la mejor nota que me hicieron en la vida, porque fue profundamente genuina.

Seguramente por eso, me sentí tan cómodo como nunca antes en un reportaje. Y desde ese día, me siento vinculado con ustedes y el compromiso que significa representar las problemáticas del barrio. Ustedes hablan de todo eso que no se habla.

Va mi apoyo y mi afecto sincero, para toda La Poderosa, para Ezequiel y para Iván, que me conmovió por su coraje, tanto como me conmovió su padre que respondió con la palabra exacta, cuando le preguntaron qué sentía: impotencia. Sí, impotencia, porque te cuesta la vida defender a tu hijo. Y la impotencia, para un padre, es algo muy jodido.

Desde acá, quiero mandarles un gran abrazo y hacerles saber que no puedo ir, porque lamentablemente no estoy en mi mejor versión de salud, pero estoy con ustedes, apoyando a la distancia el acto en el barrio. Ojalá muchos otros chicos se atrevan a denunciar estas prácticas hasta que se visibilicen las cosas como son: esto pasa y pasa cotidianamente, aunque la gente lo vea presentado en la televisión como si fuera un caso aislado. Cuando un gobierno da piedra libre a la Policía para que haga lo que quiera, se pone difícil la vida, pero especialmente la vida de ustedes. No dejo de pensar en la tremenda injusticia que padecieron los pibes, cuando ese uniformado les cuestionaba si ellos podían o no podían tener una campera así… ¿Qué carajo les importa? ¿Cómo pueden inquirir a un chico de esa manera?

Siempre hubo torturas, en algunas épocas menos y en otras más. He vivido en carne propia cómo se siente estar en ese lugar, porque me dieron picana dos veces en la misma noche, mientras los presos pasaban a ver quién era yo, que estaba ahí por averiguación de antecedentes. Me salvó uno de ellos, cuando me dijo que no tomara agua porque me provocaba una electrólisis. Y por eso digo que sé cómo se siente la humillación de ver cómo hacen con vos lo que quieren. Porque sí, visité presos políticos muchas veces, pero también presos comunes, para poder entender que todo preso es político.

Ahora, que la ministra de Seguridad y el secretario de Derechos Humanos no hayan dicho nada todavía en relación a Iván y Ezequiel, se explica únicamente por el gobierno que hay. Cambió la mano, pero no es una mano que esté pendiente de la gente con más complicaciones. 

Es un gobierno de CEOs, de empresarios, que ven absolutamente todo de otro modo: ven estadísticas y cifras, aunque tampoco en eso les está yendo bien. Pero olvídense, esa gente no va a pensar nunca en ustedes, de manera generosa o respetuosa, porque creen que ustedes, los villeros, son un peligro. Y el peligro lo generan ellos, sometiéndolos a circunstancias sociales tan difíciles de sobrellevar, mientras vemos la tele gratis, porque les sirve para vender cosas.

En síntesis, transmitirles la envidia que siento por todos los que hoy responderán a esta convocatoria, lo suficientemente sanos como para trasladarse hasta ahí y poder vociferar junto a ustedes. A mí, la vida me está cobrando los excesos y hay que pagar la cuenta en algún momento, cuando uno ha disfrutado tanto. A diferencia de los escritores o artistas que siempre acusan algún trauma de la niñez, a mí me tocó crecer feliz desde mi infancia hasta mi alocada adolescencia. Y también en las vivencias extraordinarias que tuve después, pero ahora esta enfermedad de mierda me está jodiendo la vida…

Bienvenido este acto por los chicos, que puedo imaginar multitudinario, porque si no fuera así, sería una vergüenza.

A ustedes, todo mi cariño.



Indio.

sábado

Indio Solari "La Película" (completa)




(si tenes problemas para visualizar el video, recortá y pegà en el navegador el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=ScFmtF8jqho )

Dirigida por el propio Carlos “Indio” Solari, se filmó durante el cierre de la Gira Porco Rex de 2008, en el Estadio Ciudad de la Plata ante más de 90.000 espectadores.


El filme refleja la comunión de Indio y su público, espectáculo único, un homenaje a tanta emoción.
Para ello se utilizaron 12 cámaras HD, un condor-cam y helicópteros para tomas aéreas. Para la primera etapa, la banda de sonido se editó y pre mezcló en los estudio Luzbola de Parque Leloir. En tanto que la mezcla final y masterización se realizó en los estudios Abbey Road de Londres bajo las normas estéreo y 5.1.



El proceso de imágenes se realizó enteramente en Buenos Aires en los estudios Alta Definición Argentina.


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