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jueves

ÁLVARO MOURE CLOUZET Y LA HISTORIA SECRETA DE “JESÚS DE PUNTA DEL ESTE”



UNA ENTREVISTA DE HUGO GIOVANETTI VIOLA

En estos días de pandemia reflotaste públicamente un making-off de Jesús de Punta del Este que fue estrenado el sábado 21 de julio de 2007 en el hotel Conrad, en el marco del Primer Encuentro de Cine Nacional que organizaron El Archivo Nacional de la Imagen y el SODRE. Es curioso comprobar, por la reacción que despertó en las redes, cómo este relato-collage de 12 minutos ha adquirido, después de tantos años, la fuerza de un símbolo mítico casi autosuficiente, y creo que vale la pena historiar las fases del trabajo multimediático que venimos desarrollando desde 2005. ¿Podés contar lo que pasó en tu interior la noche que un amigo común nos presentó en un boliche de la calle Bacacay y se produjo una especie de química meteórica cuando yo me puse a rapear en joda una décima de la Tertulia lunática y vos terminaste proponiéndome filmarme un documental en paralelo con la realización de Catacumbas en el cielo, un cortometraje que rodamos en la mismísima Torre de los panoramas? ¿No te parece que lo que generó el nacimiento de elMontevideano Laboratorio de Artes fue un verdadero empuje místico cultural denunciatorio propulsado por los fantasmas de Isidore Ducasse y el Imperator Julio Herrera y Reissig, dos genios fundacionales que siguen siendo olímpicamente ninguneados por la endémica mediocridad tontovideana? ¿Cuándo se había despertado tu vocación de eternidad dispuesta a atacar la cerrazón de nuestra culturosis con la irreversible determinación de un barco rompehielos?

Son muchas preguntas juntas, así que tratemos de contestar por partes. En primer lugar: cuando nuestro amigo común Hugo Rocca nos presentó en el bar de la calle Bacacay yo venía trabajando en el desarrollo de contenidos multimedia para los estudiantes, y el desafío clave, en el agujero cultural en que nos encontrábamos, radicaba en realizar un diagnóstico que los capacitara para incidir en la batalla que se estaba dando en dos frentes. Porque se trataba, ya en aquel momento, de prepararlos no sólo como docentes sino para que pudieran competir con los medios masivos donde reinaba (tal como sigue sucediendo hoy en día) el poder hegemónico de la televisión.

Bueno, y unos días antes una amiga me había contado que su profesor de literatura les mostró cómo la poesía de Herrera y Reissig podía sincronizarse perfectamente con un rock and roll y después que te lo comenté y te pusiste a rapear de golpe aquella décima de la Tertulia Lunática sentí que se me desataba una especie de furia creativa y a la semana te propuse filmar una performance en la Torre del Imperator.

Quiero destacar, además, para complementar mi primera respuesta, que la complejidad del panorama denunciado por el diagnóstico cultural que hicimos en aquel momento permanece totalmente vigente. Porque no se comprende, todavía, que si no logramos adaptar los contenidos a las nuevas formas desarrolladas por la tecnología, la batalla está perdida de antemano. Las nuevas generaciones -que no “leen menos que antes”, como suele decirse- se deben adaptar al inevitable cambio de los “soportes” mediáticos. Y no estoy hablando necesariamente del “fin del libro” ni del “fin de las salas de cine”, porque no me considero un prestidigitador. Hablo de la transformación que nos proponen las herramientas y los instrumentos del mundo digital. Los viejos 0 y 1.

¿Y cómo era el panorama tecnológico en la década de los 80, cuando empezaste a enfilar hacia la creación multimediática?

A mis primeras obras, que concebí todavía en tiempos de la resistencia, se las podría considerar apenas “pre-multimediáticas”. En Industria y Frecuencia Nietzsche, por ejemplo, intenté amalgamar diferentes lenguajes, pero recién pude hacerlo en el 85, cuando conocí las computadoras personales. Yo venía trabajando con sistemas 34 y 36 de IBM, que eran computadoras corporativas cuyo manejo te exigía una preparación previa. En esos cursos tuve que aprender a programar en un lenguaje de muy bajo nivel y además formalmente lógico, lo que me hizo desembocar en la composición de una especie de “poesía lógica” que hizo que terminara siendo eliminado de los cursos. Una situación cómica.

Pero lo interesante fue que durante aquella preparación aparecieron unos muchachos a presentarle a la empresa una notebook y eso realmente me cambió la vida. Porque finalmente me había encontrado con una herramienta que me permitiría sintetizar y ensamblar todo lo que hacía en el campo de las letras, de la escena y de la música. Ahora podía enfrentarme realmente al “establishment” desde mi trinchera artística.

Y ya que hablamos de trincheras, ¿por qué no contás lo que vivimos la tarde que filmamos en el minúsculo altillo donde Julio Herrera y Reissig instaló su legendario foco de resistencia al “tontovideanismo”, con sesiones mediúmnicas y todo?

Cuando fuimos a la Torre de los Panoramas se produjeron algunos de esos acontecimientos que la gente suele llamar “paranormales”. Y vos sabés muy bien que a lo largo de mi vida ese tipo de sucesos son los que me han ido confirmando el camino a seguir. Serían algo así como “señales sincrónicas” (para expresarlo en términos junguianos), y en este caso sucedió que en aquella calma tarde de sol los postigones del altillo se abrieron y se cerraron dos veces sin la menor explicación “lógica” posible, además de que en la escalerita que desciende hacia la actual Academia de Letras se escuchaban los ecos fantasmales de diálogos y taconeos femeninos. Aquello fue, para mí, una señal clarísima de que debíamos seguir trabajando juntos como lo hemos venido haciendo en los últimos quince años. Y hoy podemos decir que la estrategia que nos planteamos investigando sobre la interacción icónica que tan bien llevó Windows adelante y apuntando siempre a lo digital, se cumplió en todos sus términos y nos hizo crecer en la construcción de una eficiencia comunicacional que en estos días de cuarentena se ha multiplicado extraordinariamente. Es la mismísima realidad mutante la que cada día confirma ineludiblemente que la apuesta a los modelos de distribución de contenidos que propusimos con elMontevideano no era ninguna locura. A mí me había marcado mucho aquello de recurrir a la “information at your fingers” y no me equivoqué al plantearle a los alumnos de la Escuela de Cineastas que fundamos en 2010, por ejemplo, que debían generar obras trabajando con cualquier producto comprado en el supermercado, sin que el espectador pudiera distinguir que la calidad técnica que se le ofrecía no venía de Hollywood sino de Montevideo, Lagomar o La Paloma. Porque no se trataba de apoyar la gestión en ninguna esposonría exorbitante sino confiar en la humildísima pero todopoderosa clarividencia que sólo te da la fe.

Algo que no se logra sin el empuje místico que te aportan los arquetipos de heroicidad universal que subyacen específicamente en tu comunidad, y que también a la hora de plantarle bandera a los mandatos “estéticamente correctos” que te impone el establishment hace que te importe un pito la búsqueda de cualquier aplauso fácil y glamoroso. ¿Te acordás que la primera vez que fuimos a Punta del Este a explorar el campo de batalla vos pusiste en la radio “Cuando juega la celeste” de Jaime Roos y la cantábamos a los gritos?

Es que hay momentos en los que nadie puede dejar de sentir la fuerza subterránea que te aportan los grandes arquetipos que influyen en la memoria colectiva y la voluntad de cohesión de tu pueblo. Y conste que en aquel momento la “celeste” andaba de capa muy caída y todavía faltaban seis años para que reapareciera la “garra artiguista” en el Mundial de Sudáfrica. Pero tanto a mí como a vos esa especie de “soplo místico” nos acompañó toda la vida, a la hora agujerear el “cielorraso racional” y soñar con lo eterno. Para Artigas, nuestra máximo referente cultural, la Liga Federal nunca fue una utopía. Y él fue el que nos enseñó que no debemos esperar nada que no venga de nosotros mismos. Y además hay unos cuantos Capitanes del Vuelo, como les llamás vos, apuntalándonos con una fe irrajable en el Gran Arte: Lautréamont, el divino Julio, Torres García, Olga Pierri o Espínola Gómez. Para ellos no había “misiones imposibles”.

Bueno, el Negro Jefe lo intuyó “claritamente” aquella tarde del 16 de julio de 1950. Y a nosotros no nos pareció ninguna “casualidad” que esa fuese la misma fecha de comienzo del Primer Encuentro de Cine Nacional donde nos invitaron a participar porque en la Intendencia de Maldonado alguien se enteró de que teníamos entre manos este proyecto.

Sí, y además ellos pensaban que ya habíamos terminado de rodar el largometraje y fue al revés: a mí me obligaron a armar el making-off en dos o tres días y cuando viajamos a presentarlo aprovechamos para completar los exteriores que faltaban en la península, nada menos que con Gastón Ciarlo, “Dino”, cantando Tablas en la plaza de la Torre del Vigía. Con lo que se cumplió lo que yo siempre planteaba en los cursos: tarde o temprano van a ser los grandes medios los que van a venir a buscarnos. Pero mientras tanto hay que ir desarrollando los contenidos con la tecnología que tengamos a mano. Y eso lleva tiempo. Mucho tiempo.

Lo que no quiere decir necesariamente mucho presupuesto, como piensan la mayoría de los aspirantes a ser “cineastas con éxito”. Porque nosotros llevábamos meses rodando interiores en locaciones prestadas y antes de que surgiera el viaje a Punta del Este el poeta Gerardo Pérez Céspedes nos puso tres días a disposición el espectacular hotel “Rivendel” de Piriápolis (que ese mismo año fue alquilado por la producción de XXY, el filme de Lucía Puenzo donde actuó Darín) y en la península nos arreglamos alojando a todo el equipo en dos apartamentos prestados por la familia Wood.

Y el catering más costoso fue una tallarinada regada con Coca Cola y té de postre. ¿Qué me venís con Hollywood?

Y sin embargo fue una tallarinada celebratoria de la presentación del making-off en el Conrad (precedido por el de Polvo nuestro que estás en los cielos) donde “modestamente”, al decir de Vittorio Gassman, rompimos todo. Me acuerdo que tanto Juan José Mugni como el buen Jorge Jellinek nos felicitaron con un fervor insólito.

Y tres años después Fernando Goldsman nos invitó a participar en el Festival de Cine del mar donde estrenamos el mediometraje Esto lo aprendí de Onetti. Y también rompimos todo.

Vamos a aclarar que Esto lo aprendí de Onetti fue reestrenado en la Fundación Espínola Gómez y después ni siquiera lo has querido colgar en elMontevideano, porque pertenece a una saga de cortos que interaccionan con Jesús de Punta del Este.

Y que van a ser dados a conocer recién cuando lo digital termine siendo la autopista general y única, como parte de un proceso que a la larga va a terminar en la expresión holográfica.

Lo asombroso es que a principios de 2007, cuando fuiste por primera vez a París a filmar un documental sobre la vida de Olver Gilberto De León, un factótum uruguayo de toda la cultura latinoamericana desde los tiempos de la dictadura, los franceses se asombraran con tu nuevo “modo de producción”, al punto de proponerte que siguieras trabajando allá.

Sí, y yo muy agradecido, pero vos sabés perfectamente lo que es vivir en lo que llamamos (y no es en joda) “la ciudad de las miradas muertas”. Incluso me contrataron para volver ese mismo año a presentar la “remake” cinematográfica del unipersonal teatral La Negra Jrefa, además de filmar la “Semana por Uruguay” que se realizó en La Sorbonne pocos meses después de que el documental sobre Olver fuera estrenado en pleno Quartier Latin y distribuido por la Mediathèque de Trois Mondes. Todo precioso. Pero yo pertenezco a la tribu Oriental.

No tendríamos que cerrar esta nota sin que los lectores supieran que en 1998, cuando fracasó el primer proyecto de llevar al cine Jesús de Punta del Este y fui horripilantemente estafado en mi ridículo rol de “novelista-productor”, Olver (que se vino unos días en calidad de co-productor francés) me dijo durante la última borrachera que nos agarramos en Mendizábal: “Mirá, yo nunca te lo quise decir pero ese guión que hizo el director que al final te traicionó era malo. Porque jamás se levantan así como así los diálogos de una novela. Y yo te aseguro que algún día la vas a filmar. Pero hacé el guión vos sin copiar a tu propio libro, boludo. Y conseguí un director como la gente”.

Pero la primera vez que fui a tu casa y vi un tremendo reportaje que te hicieron a doble página en “El País” cuando ya estaban a punto de rodar, te negaste rotundamente. Y demoré tres meses en convencerte. Porque vos decías que era imposible conseguir la guita y yo te porfiaba que con el cine digital casi no se gastaba nada.

Además a mí lo que me motivó realmente a filmar Jesús de Punta del Este fue una visión que tuve en Punta del Diablo en 2002. Yo estaba veraneando con mi hijo Federico y un día me sentí englobado, junto con todos los que estábamos allí, por una especie de burbuja de tiempo. Y ahora que se llenan tanto la boca con los “futuros distópicos”, puedo decir que en aquel momento sentí que tenía que filmar algo que testimoniara ese mañana inminente que nos estaba uniendo a todos, tan cerca del océano. Fue algo así. ¿Una certeza “paranormal”? Yo qué sé. Que lo llamen como quieran.

Y el disparador fue ver el título de la película fallida en el reportaje que les hicieron a vos y a Olver en “El País”: Jesús de Punta del Este. Eso fue lo que me noqueó y me hizo sentir fulminantemente invadido por aquellas imágenes misteriosas que se me habían aparecido en Punta del Diablo tres años atrás. Yo ni siquiera había leído tu novela pero aquel título me hizo saber que ahí estaba la cosa.

Vos estabas muy disgustado por el fracaso del proyecto anterior pero Olver tuvo razón, al final. Aquello se tenía que filmar, y cuando te pude convencer y me presentaron un libreto hecho junto con Willy Wood (a quien yo ya había elegido como protagonista) les contestamos junto con Martín Ferreyra, mi asistente, que a nosotros aquel texto estructurado en base al formato tradicional -donde a cada página se le calcula determinada cantidad de tiempo- no nos daba para hacer más que diez o veinte minutos de cine.

Y ahí comenzó la obra. La escritura de un libreto adaptado a un nuevo tipo de producción 100% digital se transformó en un work in progress que fue mutando constantemente, hasta que arrancamos con los que terminaron siendo siete meses de un rodaje donde se mezclaron actores profesionales con gente que nunca había soñado con hacer cine, en escenas que se ensayaron y se ensayaron y se ensayaron hasta que apareció la magia. O sea, el punto exacto donde la ficción se convierte en realidad.

Y otro aspecto muy importante para mí fue lograr que en algunas escenas muy importantes que rodamos en exteriores, los extras fueran gente del lugar que no tenían la menor idea de lo que iba a pasar, como pasó en la escena de la “crucifixión” de Leonardo Regusci, montada en el “Rivendel”. Además el libreto me había dado una libertad absoluta de improvisar y filmar en lugares donde ni siquiera se había ensayado, aunque había actores-samurais que estaban preparados como jugadores del Barcelona para jugar una final por la Eurocopa. Y se fue generando una alquimia que nos hizo sentir, a todos los que participamos, que el rodaje de Jesús de Punta del Este ya era una obra en sí misma. Yo le agradezco a la teorización de Kevin Kelly, por otra parte, el haber podido animarnos a ser alternativos de verdad, prescindiendo de las cadenas clásicas de exhibición como son los cines (un modelo que es tremendamente excluyente) para poder llegarle a más espectadores construyendo nuestro propio modelo de producción y distribución.

Posteriormente rodamos una saga de tres mediometrajes -entre los que figura Esto lo aprendí de Onetti- que completan al material del largometraje ofreciendo una extensa obra interactiva, con un módulo principal y tres laterales. De esa manera el internauta, como sucede con la doble lectura de Rayuela, podrá optar por hacer sus propias combinatorias de la obra. Y todo eso lo hicimos sin depender nada más que de nosotros mismos, según se nos instruyó en Purificación.

Y pensar que después que me convenciste y ya estábamos por empezar a rodar con cero peso de costo le rechazaste 140 mil dólares a Ibermedia porque nos exigían que incluyéramos a dos actores argentinos (y nos daban a elegir entre terribles nombretes) porque pensabas que eso iba a romper el espíritu del grupo. Y yo tuve que hacerte caso.

No. Me tuviste fe.

martes

JESÚS DE PUNTA DEL ESTE (5) - HUGO GIOVANETTI VIOLA

(primera edición: Grupo Lector Universo 1995 / primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes 2015)


17 / LA PALOMA

-Qué vista -dijo el Nengo, sentado en el balcón del apartamento de Federica Finkbein.

Y revoloteo y lo miro fijo pero no me presta atención.

-¿Dónde podré encontrar a Leonardo a esta hora? -preguntó Federica desde el dormitorio.

-En la casa. Porque las clases del club ya las debe haber dado.

-A la casa no voy ni muerta.

-¿Para qué lo querés?

El tercer ojo del Nengo está hecho un fuego verde.

-Pobre Leo -demoró en chistar la mujer. -La última vez que lo vi fue en el entierro de Zitarrosa. Todo el mundo aplaudía y de repente se acerca y me dice: ¿Te das cuenta qué horror? La mayoría de los que lo aplauden creen que Alfredo está muerto.

El muchacho se saca un momento los lentes negros y se friega los ojos hasta recuperar una mirada oceánica: pero sigue sin verme.

-¿Sabés que antes de cumplir los 40 me tenía que tapar con una sábana? -hilvanó impasiblemente la mujer. -No importaba que me hubiese acostado con un Redford o con un sapo. ¿Vos también sos cristiano?

-Católico -vuelve a ponerse los lentes el Nengo. -Desde chico.

-¿Pero cómo pueden creer que Cristo resucitó?

-Para eso hay que ir a misa.

La Paloma voló silenciosamente hasta adentro del dormitorio y observó a Federica. Se acaba de tapar la cabeza y tiene los huesos dorados.

-Puede ser que Leonardo esté en la iglesia -dijo el Nengo de golpe.

-¿En la iglesia a esta hora?

-Sí. Ayer me comentó que quería reconciliarse. Es la época del Adviento.

-FUERA, BICHO!!!! -da un salto Federica apenas me descubre parada en la piesera.

La paloma volvió al balcón y el muchacho explicó:

-Mirá que puede ser un bolazo: se me ocurrió al tuntún, nomás.

-No parece un bolazo. ¿Cómo podríamos averiguar si está allí?

-Yo qué sé. El marido de mi prima trabaja en el bar de la esquina. Aunque sería loquísimo llamarlo para-

-Llamalo ya.

-¿Tanto apuro tenés?

-Contratos son contratos, amoroso. Tomá.

Y el muchacho se saca los lentes para agarrar el digital que le extiende Federica y ahora tiene los tres ojos incendiados por pedazos de calavera verde.



18 / MARIANA

Los integrantes de la Banda del Pez (con excepción de Yoselem y el Nengo) tomaban mate ruidosamente en la casa de Mariana. Hay que agarrar al Nengo y colgarlo de los huevos en lugar de hablar tanto: no entiendo cómo el Maestro le bancó tantos meses esa grande que tiene.

-Y ahora qué hacemos con el cassette -murmuró el gordo Mario, tirándole un piñazo simbólico al suplemento de La Farándula. -¿Grabamos o no grabamos?

-Ahora se hace de cuenta que el Nengo quiso suicidarse -dice el Maestro. -Y lo sustituimos y grabamos el cassette, pase lo que pase con cualquiera de nosotros.

-En lo de Mimí no hay problema -chistó Lourdes. -Ahí no lo precisamos demasiado al jetón. El problema es conseguir un violero que encare en el estudio.

Y recoge el suplemento y no puede aguantar un ataque de risa y yo también me tiento.

-¿De cuándo es esa foto, Maestro? ¿De cuando juraste la bandera? No te podés quejar, mismo: fíjate con qué look te fue a llegar la gloria.

-Es una foto de archivo del 80 -hizo una reverencia Leonardo. -Cuando la dictadura me levantó la prohibición y canté en un festival maratónico de los que se organizaban en el Palacio Peñarol. A la larga nadie puede prohibir la existencia de nadie: no se preocupen. Y a la Banda del Pez tampoco van a borrarla. Falte quien falte.

Me asusta que diga eso.

-¿Cuánto le habrán pagado al jetón? -preguntó de repente el otro Mario, acodándose con el mate a la sombra del jazmín.

-Se vendió por cualquier cosa -pone cara de cura el Maestro. -Le prometieron algo, nomás: un curro, una grabación. No deben haber precisado pagarle ni medio dólar. Lo que importa es que el Nengo nos vendió porque dejó de ser un pobre de espíritu. Eso es lo que importa entender.

A mí se me fruncen las hemorroides y el estómago juntos, pero cierro los ojos y me la banco callada.

-Y los pobres de espíritu somos los que no nos conformamos con menos de Dios -sentenció Leonardo. -Pueden llamarle Dios o como se les cante. Es esa fuerza de oro que nos junta a nosotros todos los días. ¿La sienten o no la sienten?

-La siento -escupo el humo asqueada. -Pero no entiendo qué tiene que ver con Dios.

-Tiene que ver con Dios porque Dios es lo eterno. Y el que cree en el amor eterno no cree en la nada. Y el alma no se le pudre por nada. Y es superior al mal.

El hombre flaco vestido con un short blanco y una camisa rojiverde se metió casi corriendo en la cocina y demoro muy poco en volver trayendo al chiquilín de ojos fosforecentes.

-Gente de poca fe -dice. -Aquí está el guitarrista. Ya sabe casi todo lo que toca el Nengo. Me rompe los cocos todas las tardes para que lo acompañe y lo corrija. Yo no podría grabar ni la mitad de esos arreglos porque estoy herrumbrado. Pero él los va a tocar.

Y Pablo los encandiló levantando en pleno patio la guitarra estrellada.



19 / FEDERICA

Federica Finkbein estacionó su Porsche color geranio frente a la iglesia y el Nengo se bajó a esperar a Leonardo Regusci en la puerta de la sacristía. No sé cómo hizo para adivinar dónde estaba el Maestro pero es un diablo, el Elvisito: y no serrucha mal. Los integrantes de la Banda del Pez se saludaban siempre con un beso, a toda hora del día. Ahí salió Leo: está un poco barrigón, el divino.

-¿Hoy también me das un beso, mijo? -casi sonrió Leonardo, clavando la mirada en el Porsche ensangrentado por el atardecer.

-Está todo bien, Maestro. Me parece que conseguí un contrato impresionante.

-¿Y por qué no le dijiste a Federica que me fuera a buscar al quilombo? ¿No estoy todas las noches allí?

-Es que quiere planteártelo en privado.

-Mejor. Borrate, entonces.

El Maestro se deja llevar sin el menor problema hacia un barcito precioso de la Punta donde puedo quemarme porque parece un merza, aunque más bien me luzco: Leo va a morir divino, con caries panza o SIDA.

-¿Rompemos el silencio? -retorizó sedosamente la mujer, doblando hacia la rambla. -Me parece que jamás nos dio para pelearnos, aunque vos te hayas caído del mapa.

-Tu mapa no es el mío.

-Pero eso no te da derecho a insultar en público a los que te ayudamos.

-No me hubieran buscado la lengua.

-Sé que precisás guita.

-Yo no preciso guita-

-Es lo mismo: la precisa la yirita-con-un-hijito que te da de vivir.

-Esa yirita por lo menos cobra por acostarse. Vos en cambio siempre pagaste acostándote, como hiciste con el Nengo. Además Mariana es una artista de verdad.

-Pero mirá qué bien.

-No te rías. Vos podrías aprender mucho escuchando las canciones que escribe: tiene la técnica femenina más perfecta que conocí para golpear directamente al mentón del corazón.

-Nunca escuché a la Banda del Pez. Pero me gustaría escucharla en Casamar. Cuando quieran. ¿Qué opinás, maître?

Leonardo no volvió a hablar hasta que se sentaron en el bar y pidieron cognac. Ya picó.

-¿Y? -sonrió la mujer estudiando los ojos tristes que espejaban el reflujo ya plateado del puerto. -¿Cuándo podría valer una actuación exclusiva de la Banda del Pez? O tuya, como quieras. Pero en una fiesta nudista. Eso es lo que le dijiste al Chancho, ¿verdad?

-Yo no mencioné en ningún momento la posibilidad de actuar en una fiesta nudista.

-Ta. Vendría a ser lo mismo.

-No es lo mismo. Pero no importa.

Dios: es mirarlo fijo y mojarme, qué desgracia.

-Les va a salir muy caro -mostró los dientes Leonardo Regusci.

-No hay problema. Fijá el día y organizamos todo.

-Que sea lo antes posible.

-¿Podría ser hoy?

-Dije lo antes posible.

-Entonces tendríamos que tirarnos un momento hasta Casamar para arreglar los detalles con el Rey.

-No quiero ver al Rey. Ustedes redactan el contrato y yo lo firmo cuando llego. Dos canciones por 20 mil dólares: hagan un cheque a nombre de Mariana Ventura.

Mama mía.

-Ta bien. Te los pagamos -se crispó la mujer, y el espejismo de la belleza adolescente que jamás existió se transformó en un gélido barquito de botella. -¿Pero quién te creés que sos? ¿El Rey de la península?

-Bueno, en el caso de que a ese personaje no le alcanzara ni para pagar la luz yo podría ser el rey de la península -contestó el hombre alto.



20 / MIGUEL


-¿Cuándo conociste a Mariana? -preguntó Miguel, aspirando el cognac. -Qué bebida más noble. En un tiempo tuve copas panzonas y todo.

Leonardo vuelve a sorber y contesta disimulando un levísimo empuje de embriaguez:

-Mi mujer me abandonó en el 91 y mandé todo al diablo y volví a San Carlos, a tratar de ganarme la vida dando clases de guitarra. El primer alumno que tuve aquí en Maldonado fue el hijo de Mariana.

-El que traés a la misa.

-Sí. Es nacido en el prostíbulo: tiene 9 años y ya toca como un profesional. Le conseguí prestada la guitarra estrellera que perteneció a mi hermano Pablo a mi tía-abuela Natacha y a Sabino Regusci, el fundador de la estirpe. ¿No conoce la historia de esa guitarra?

-Muy fragmentariamente.

-No importa. Alguien se la contará completa y a lo mejor hasta por escrito. Voy a servirme otro.

-Estás en tu casa.

-Gracias. Entonces fui consiguiendo más alumnos y empezamos a juntarnos y a componer con los muchachos, hasta que se formó naturalmente una especie de banda-taller. Y como conozco a Mimí desde chico logré que nos contratara para tocar en el prostíbulo. Entonces llego una tarde a darle la clase a Pablo y Mariana me muestra un papelito con unos versos imponentes y me dice: Esto lo escribí yo¿Podría ser una canción? Y se la musicalicé, y después pulimos juntos el texto y ella siguió escribiendo y terminó por integrarse al taller.

-Y se enamoraron.

Leonardo vació la copa y sacó cigarrillos.

-Sí -dice, y es como si viera filtrarse una humareda de Rembrandt en el escritorio. -Ella se enamoró de mi alma. Y yo de su desgracia.

-Pero viven juntos.

-Sí. Pagamos todo a medias y dormimos juntos, además. Y cada madrugada yo la acaricio de punta a punta, hasta que ella deja de odiar a Dios y se duerme tranquila. Pero nunca hubo sexo.

El cura tomó un gran trago. ¿Cuánta gente le creería?

-No es que yo sea impotente -aclaró el hombre flaco. -A veces siento mucha necesidad de tener sexo con ella. Y al principio llegué a desesperarme. Pero sería fornicación y se pudriría todo.

-Lo cierto es que ni siquiera pudiste convencerla de que deje el prostíbulo.

-No. Sin cierta seguridad no lo va a dejar nunca.

-¿Y qué vendría a significar cierta seguridad?

-Poder comprar la casa, por ejemplo. Es un rancho de bloques sin terreno. Con 20 mil dólares en la mano se lo tiran por la cabeza.

-Y qué pensás hacer.

-Morir en la demanda.

Los hombres se rieron con amarga amistad, y Leonardo volvió a destapar la botella aunque el cura no aceptó.

-Ella tampoco es frígida -se sigue confesando, ya plenamente entonado. -No es frígida conmigo, quiero decir. Mire: la segunda vez que trabajamos un texto paso algo que me hizo entender con total felicidad cómo iban a ser las cosas. Hacía un calor tremendo y Pablito no estaba y de golpe ella fue al baño y salió desnuda y se metió abajo de la sábana. ¿Querés seguir? me dice: ¿O querés seguir? Yo prendí un cigarrillo como si nada y seguimos trabajando. Y cuando terminamos la canción ella se puso un viso y me acompaño hasta la puerta y nos despedimos con el abrazo más hermoso que le di a un sr humano en toda mi vida. Me parece que usted puede entenderlo, padre.

-Sí, pero todavía no alcanza para que yo te absuelva -cabeceó el hombre calvo, reclamando otra copa por señas.

sábado

JESÚS DE PUNTA DEL ESTE (4) - HUGO GIOVANETTI VIOLA

(primera edición: Grupo Lector Universo 1995 / primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes 2015)


CUARTA ENTREGA


13 / TIAGO

-Escuchame -repitió Tiago. -No te creas que estoy tan mamado como parece. -Oíme, por favor.

-Te escucho.

-Yo fui un monstruo, de chico. Desde que mi viejo se fue de casa y mi madre empezó a andar con cualquiera me transformé en un monstruo peor que Hulk.

La muchacha se rio fuerte.

-Pasame la cerveza -dice desabrochándose la blusa, ya con el cuerpo flojo.

-Las mujeres no pueden imaginarse lo que somos los machos, sobre todo de chicos.

-¿De chicos?

-Sí De grande de la podés bancar solo. O juntarte con quien quieras. Te puedo asegurar que cuando el Maestro le mira el cuerpo a una mujer jamás se la imagina desnuda. O acostada con él.

-Cómo sabés.

-Porque yo soy igual. Hay un límite. Del límite para acá tenés el alma limpia. Pero del límite para allá es mejor que te arrepientas o te podés pudrir para siempre.

Lourdes largó una carcajadita feliz.

-Vos también creés en Dios -preguntó sin burlarse.

-Sí. El que no cree es el monstruo.

-¿Hulk?

-No te mames vos, ahora. Yo llevo un monstruo muerto adentro. Desde chico.

-Uh -entristeció de golpe la muchacha. -Eso nos pasa a todos, cordero.

-No creo. Mirá, en primer lugar: por más relajada que pueda volverse una mujer, es absolutamente incapaz de imaginarse el grado de asquerosidad que existe en na barra normal de chiquilines. El Maestro jode mucho con la legitimidad del lenguaje de los ángeles de Dios pero a mí no me queda muy clara esa generalización. Segundo: yo fui un monstruo aparte. Yo fui el Rey de los Asquerosos, loca.

Hoy me animo.

-Pero no hay necesidad de que me cuentes nada.

-Sí. Hoy hay necesidad. ¿Te acordás de las columnas que aparecieron pintadas alrededor de la escuela que decían Lourdes puta?

La muchacha cerró los ojos.

-¿Y te acordás de las llamadas a las cuatro de la mañana, cuando ya estabas en el liceo?

Pobrecita.

-Basta, Tiago.

-No. Esperá.

-Basta, dije. Ya alcanzó.

-Ya me odiás.

-No, mijo -Lourdes le acarició los rulos al semihombre derrumbado. -Vos creés que sabés todo y vivís en la luna todavía, corazón.

-No me digas corazón porque soy capaz de pedirte que te cases conmigo mañana mismo.

-Ta. Cortala: para mí  sería casi imposible enamorarme de vos. Pero el problema es que me está resultando imposible enamorarme de cualquiera. No late. ¿La cazás?

-Porque estás enamorada del mundo.

-¿Y qué vendría a ser el mundo?

-Este basurero lleno de lujos donde te tenés que emborrachar para animarte a decir la verdad.

-¿Y qué onda con la verdad si ni siquiera podés saber si existe?

-Ta. Ahora me borro en serio. Porque si cantás el Adagio todas las noches y decís esos bolazos es porque estás jodida de veras.

-LLEVATE LA BOTELLA POR LO MENOS, ENFERMO!!!!



14 / PABLO

Pablo  salió corriendo del prostíbulo sin que nadie lo viera y cuando llegó a la ex-Plaza del Recreo encontró a Leonardo sacudiendo los brazos como para volar, bajo la sombra ya semidiluida de la torre. Empezó a amanecer. El chiquilín se acercó al hombre flaco y lo escuchó ronquear:

-SALUD SALUD SALUD ESTIRPE METAFÓRICA!!!! QUE LA PAZ ACOMPAÑE PARA SIEMPRE A LAS SANTAS MILICIAS DE LA REDENCIÓN!!!!

Cuando me animo a tocarle la espalda pega un saltito, pro después dice lo más tranquilo:

-Qué hacés, Pato.

-No me podía dormir. Vos qué hacías.

-Estaba despidiendo a mi tío-bisabuelo.

-¿Viste a Sabino? ¿En serio?

-Sí. Estuvimos allá arriba -Leonardo señaló la azotea. -Es un jefe impresionante. Tenemos suerte, Pato. ¿Qué te pasa?

-No sé.

-Sentate. Hoy podemos ver ponerse la luna y salir el sol casi al mismo tiempo.

-Pero no tenemos suerte con mamá.

Nos sentamos en el pasto y el Maestro me masajea la espalda como si me estuviera secando.

-Mucha gente no se quiere a sí misma -demoró en explicar el hombre de dientes tristes. -Es así.

-Pero yo no la banco más.

-¿Sabés lo que hay que hacer con la gente que no se quiere a sí misma? Quererla.

-¿Pero por qué no cambia de laburo de una vez? ¿No se podrá incendiar ese quilombo conchudo?

-Mirá que si un qulombo no es conchudo no funciona, botija.

-Ta. Sos un vivo bárbaro, Maestro.

-No cambia de laburo porque no tiene fuerza para quererse a sí misma. ¿La cazás o estás sordo?

-¿Y cuándo va a tener fuerza?

-No podemos saber. Hay que seguir peleando. Y rezar.

-Yo casi nunca rezo. No entiendo para qué sirve.

-Sirve para no matar, entre otras cosas. Mientras estás rezando no podés atacar a nadie.

Entonces le cuento lo que le escuché decir al Nengo en lo de Mimí.

-Mirá vos -sacó los cigarrillos Leonardo. -¿Así que la mano viene de escaparte a farrear a las tres de la mañana?

No le cuento lo del gato de la Nuri.

-No sabía que era tan basura el Nengo -se apuró a cambiar de tema el chiquilín de ojos envejecidos. -¿Vámonos a dormir?

-Esperá. Esperá que fume.

-¿Es tan malo que salga ese reportaje en el diario?

-A lo mejor es lo que se precisa.

-Para qué.

-Para zafar.

-De qué.

El Maestro tira el pucho sin apagar y se queda mirando el puntito anaranjado.

-Para zafar de este asco -dijo el hombre parándose. -Vamos a dormir, Pato. Y rezate un Padrenuestro que no le cuento nada a tu vieja que anduviste de farra.

-Chantajista,

-Y buchón. Si no preguntale al Chancho, que hoy se hizo la panzada.

Y me sube a gaúcha para llevarme a casa y de golpe veo un sol rojo como una rosa.


15 / YOSELEM

El Canijo Linares tenía 44 años y Yoselem 19. Está esperándome en la puerta del negocio y trata de saludarme con un beso en la boca como si ya nos acostáramos.

-¿Leíste La Farándula? -desvió el rostro la muchacha hacia la vereda recién baldeada.

-No me importa La Farándula. Me importás vos.

-Dejame quieta un poco.

Me hace una guiñada y señala la vidriera.

-La Intendencia fernandina dio orden de desalojar a todo best-seller sospechoso de impureza y poner nada más que cassettes y libros de genios uruguayos. Tu Maestro mueve montañas, rubia.

-Imbécil. Lo que salió en el diario no es un reportaje: lo grabaron a escondidas.

-Es lo normal. El Chancho ya se aburrió de escrachar gente amiga en La Farándula. A esta altura se siente más impune que cualquier torturador: las vueltas que da el mundo.

La muchacha acurrucó su belleza botticelliana detrás del mostrador y miró hacia Gorlero con ingravidez de ángel. Ya me excité.

-Hoy voy a desayunar con la esencia de la revolución más gloriosa de América -anunció el hombrecito impecablemente vestido, cruzando hacia la cocina. -Quiero la hierbabuena / y el azúcar y el ron / sólo en tu corazón. ¿Conocés ese tema de Silvio?

-No. Está bueno.

-TRIUNFO!!!! -grita el maldito. -Lo acabo de inventar, Yoko mia. ¿Vos te creés que el Maestro es el único payador mesiánico en la península?

Una mujer ya vieja y no exactamente hermosa entró a la librería / disquería / bazar y se quedó mirando el suelo, sentada en una banqueta.

-¿Señora? -digo al ratito.

La mujer alzó la prolijidad chillona de sus labios y contestó:

-¿Sería mucha molestia si me quedo cinco minutos aquí? No voy a comprar a nada.

-No es molestia ninguna.

Siento que el Canijo sale gateando de la cocina y me pongo nerviosa.

-Sí, yo sé que es molestia -insistió la mujer, sonriendo hacia la moquette. -Trabajamos treinta veranos con mi marido en este local. Ya ni los pisos están como antes. Pero algo siempre queda.

El olor a ron del Canijo llega hasta abajo mío.

-Yo empecé a trabajar este verano -murmuró la muchacha.

-Te queda la vida entera.

Entonces siento dos dedos que me empiezan a caminar por la pierna y repito:

-La vida entera.

-Se puede pasar bien. Tené fe.

La muchacha espantó los dedos del Canijo con una cachetada muy suave y sonrió:

-Está bravísimo.

-Uh -dijo la mujer, volviendo a iluminar la moquette con los dientes. -Los judíos sabemos más de la fe que cualquiera. De la fe y de los hornos.

Y de golpe el Canijo me calza igual que un violador y me saca la bombacha y tengo que escaparme de atrás del mostrador lo más disimuladamente posible.

-Pero no tengas miedo-se paró la mujer, sin prestarle atención a los ruiditos ocultos. -Bueno, ya me voy. Muchas gracias.

-¿Quiere que la acompañe a algún lado?

-No Muchísimas gracias. Y acordate de mí: los negocios que duran no se hacen nada más que con fe.

Y se da vuelta para agregar:

-Fueron treinta veranos.


16 / EL GATO

Mimi apareció en la cantina con el gato en los brazos y encontró al Nengo releyendo el suplemento de La Farándula. Pero primero camina hasta donde está la limpiadora y le dice desde atrás:

-Pensé que hoy no venías.

La limpiadora se dio vuelta sonriendo mínimamente y contestó:

-Aquí estoy.

-¿Ayer fuiste al cementerio?

-Sí. Pero ya estoy bien.

Y les veo las cabezas estrelladas hasta que el Nengo viene a acariciarme y me pregunta:

-¿Qué hacés, bicho? ¿Resucitaste?

-A ver, mostrame La Farándula -ordenó Mimí, dejando al gato en el suelo.

-Pa. Usted no se imagina lo que es el reportaje que le hicieron anoche al Maestro. Ahora va a tener gente famosa de veras tocando en el boliche, doña Mimí.

-Parece que el reportaje te lo hubieran hecho a vos -retruca la limpiadora, pero el Nengo ni la oye y pide permiso para hablar por teléfono.

El gato siguió al muchacho todavía legañoso hasta el escritorio.

-¿Hola? -dice acomodándose el pelo, y le veo la cabeza completamente hueca. -Quisiera hablar con Federica Finkbein, por favor.

-Habla ella.

El Nengo volvió a peinarse. Y una especie de cangrejo con alas empieza a metérsele por la oreja.

-El Chancho me dio tu teléfono -explicó el muchacho. -Yo soy el que lo ayudó a grabar la nota.

-¿Estás en Maldonado?

-Estoy en lo de Mimí.

-Esperame a las tres frente a la iglesia, que te paso a buscar. ¿Te gustan los mariscos?

-Ya se me hizo agua la boca.

-Tengo un Porsche rosado.

El cangrejo con alas va atravesando la cabeza del Nengo hasta que se le sale por la otra oreja y cae en la alfombra y corro a matarlo con las uñas, porque da miedo morderlo.

-Chau, gurisas -sonrió el muchacho al salir casi corriendo por la cantina. -Voy a pegarme un baño y a empezar a volar en jet.

Pero la limpiadora y Mimí no lo escuchan: las estrellas forman un puente entre las dos cabezas.

-Lo que te chifló en el cementerio fue una musiquita de Mozart -dijo Mimí.

-Yo no se quién es Mozart.

-No importa.
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