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sábado

35/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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60 / Temani, el misterioso personaje que se viste con pieles blancas, los visita con frecuencia y tiene interesantes conversaciones con los aldeanos.
Nunca les reveló de dónde venía.
-¿Por qué fuiste enviado para prevenirnos cuando la primera invasión?
-Los dioses evitan, siempre que se puede y el destino es favorable, las maldades y los crímenes, Larne; hay muchos heraldos en el mundo.
-¿Y por qué nos abandonaste la segunda vez?
-Debían probar que sus nuevos aprendizajes les serían útiles para salir victoriosos... ¿Hay un reproche en tu hablar? Estuve ahí para soltar tus ligaduras...
Los hijos de Laal y los de Druss encuentran una camada de lobeznos gimiendo junto a la loba muerta.
Se disponen a criarlos como Nahala había criado al Señor Blatt.
Ella les dice:
-Cuando somos niños, hay un instante divino en el que se hermanan cachorros de hombres y cachorros de lobos porque entre ellos no existe el temor y el odio ni las diferencias. La inocencia es la virtud que reina en sus espíritus. Cuídenlos con amor.
Sólo le falta resolver lo del caldero para sentirse satisfecha; Vlassa y Druss no le trajeron el secreto al llegar.
Mussi no le permite olvidarlo.
Una madrugada despierta sin que nada la haya perturbado.
Se levanta y vigila el sueño de su familia.
Todo está en calma.
Blatt duerme echado en la puerta de la cabaña que permanece abierta.
Se asoma al caluroso verano, mira los astros y aspira la brisa salobre.
El Ruido de la Noche, ese otro dios que no conoce demasiado, deja oír sus cantares sedantes de bajo acento.
-Gracias. Sé que eres tú.
Regresa a la cama.
Cierra los párpados para dormir y allí está: el animal fabuloso que amasaba lodo con las patas en la orilla de un río.
Ese es el punto de partida.
Al día siguiente y después de muchos intentos, logra la consistencia exacta para poder trabajar el barro y darle forma.
El aire y el sol lo secan pero al ponerle agua se deshace.
-Veamos... -razona. -Tengo la tierra, el agua, el aire y el sol... No es suficiente porque... ¡¡¡ME FALTA BAJAR EL FUEGO DEL PADRE SOL!!! ¡Está claro! ¡Ahora sí! ¡No sé cómo no me di cuenta antes!!! ¡¡¡LA BODA DE LOS CUATRO ELEMENTOS!!!
Prepara una hoguera.
Pone el caldero en las llamas.
Lo ve cambiar del ocre al rojo vivo.
Al rojo blanco.
Cuando no quedan brasas, se vuelve opaco y marrón.
Espera a que se enfríe.
Lo toma en las manos.
Lo golpea con una piedrecita.
Hace un sonido metálico.
Lo llena de agua y la retiene.
Parece entonar un himno a la vida como la Madre Tierra al ser regada por la lluvia después de la sed.
¡¡¡HE AQUÍ SU CREACIÓN!!!
Lo pasea entre su gente triunfante y con los brazos en alto para entregarlo, radiante de dicha, a la comunidad.


viernes

34/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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59 / Construyeron la aldea en un altozano desde donde se domina el paisaje marino, y el bosque la resguarda de los temporales.
No añoran demasiado el territorio donde nacieron porque han recuperado lo que habían perdido.
Laal y Nahala, por fin, se unen en un festival de la Madre Luna y después de un tiempo y con poca diferencia entre los nacimientos, reciben gozosos a Kerry y Donnell, dos niños traviesos y revoltosos.
La familia del juglar ha aumentado: luego de los mellizos vienen Woffaly y Alara, varón y mujer.
Las costumbres y los rituales perduran.
Experimentan interesantes aventuras traspasando las puertas selladas.
Una mañana neblinosa Nahala y Annikka, la madre de Kem, salen de la gruta del país de los gnomos a la hondura, rumbo a la casa de los magos.
Annikka es una señora más que alta, de cuerpo macizo e imponente presencia.
Sus trenzas sedosas y rubias le llegan a las rodillas.
Aun es joven y en esta ocasión quiso acompañar a la hechicera.
A medida que el sol se despereza, la neblina se disipa y el día se vuelve celeste.
Cantan en tanto caminan.
Un hombre que sale de atrás de un montículo rocoso las toma desprevenidas.
Va armado como para la guerra.
Los recuerdos las hacen retroceder al pasado del fuego y humo, de atropellos de la canalla, de huidas desesperadas.
Quedan inmóviles.
Annikka, con toda su voluminosa figura, se para delante del merodeador:
-Déjanos pasar, ¿quieres? -murmura con su voz profunda y autoritaria. -No deseamos querellas contigo, ni tú las provocarás con nosotras.
-No tenemos nada que puedas robarnos; somos humildes campesinas.
-Salierron de aquellas cuevas y sí, quierro saberr qué cosas hay allá; acaso, riquezas fabulosas...
-No -asegura la muchacha. -Allí recogemos hierbas curativas que no crecen en la luz.
Él duda y lleva su mano a la espada.
Nahala piensa rápido porque ve en su aura oscura la intención maligna de ese ademán.
-Mira: tengo algo que puede interesarte.
Crea un poco de suspenso al remangarse lentamente para buscar la pulsera que conserva el último dije.
La llavecilla brilla deslumbrante.
-Déjanos continuar y será tuya.
-Quierro además, la cadena de orro -dice codicioso.
-Toma. Eres un ladrón miserable; espero que tengas un resto de vergüenza y nos permitas pasar -le arroja la pulsera con bastante enojo.
-¿De dónde sacaste esta joya? Es muy valiosa. Quierro saber porque ambiciono más, muchas más.
-Me la regaló un pirata tan rapaz como tú y para obtenerlas deberás navegar por el océano. Enfrentarte a las tormentas, pelear con monstruos marinos, arribar a las costas habitadas por gigantes de un solo ojo, combatir y, con buena fortuna, vencerlos para apoderarte del tesoro incalculable que custodian.
-¿Hacia dónde navegarr?
-Hacia el sur.
Dudoso, las ve marchar.
-Apúrate antes de que se arrepienta...
-¿De dónde sacaste esas historias? -pregunta Annika a punto de reír.
-Son leyendas que aprendió Druss en sus eternos andares, pero Mortry afirma que en toda leyenda hay algo de verdad.
-¡Buena faena le espera al descarado si lo intenta!
-Creo que sí -Nahala sonríe maliciosa.
El bandolero se arrepiente porque piensa que lo engañaron y tienen más objetos valiosos de lo que dijeron.
Se larga a correr, gritando para amedrentarlas.
Pero las damas entran en la morada de piedra y desaparecen ante su aturdimiento.
Sale disparando en sentido contrario, empujado por el susto.
Ellas lo miran desde una ventana, riéndose de su expresión.
-Cuando volvamos a casa recuperaré mi pulsera. El cretino la dejó caer en sus prisas... Nunca se sabe si no he de necesitarla para salvarme de otra amenaza.
Mientras Nahala recibe su instrucción Annikka permanece aparte, más interesada en recetas de cocina que en la magia, porque está contenta así, en ser como es.

jueves

33/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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58 / Los que ignoraban la existencia de los gnomos lo miran incrédulos.
El maese de los metales les habla en el gran salón:
-Nosotros tenemos una vereda secreta por la que podemos conducirlos a una región aislada del resto del mundo donde los invasores no los encontrarían jamás. Para ir, deberán renunciar a volver acá por la seguridad de los seres que la habitan, la nuestra y la vuestra. Y este secreto no puede ser revelado nunca. Decidan ahora si irán o no.
-Es lo mejor que podemos hacer, hermanos. Lo que poseíamos está destruido y día a día temeríamos el regreso de aquellos bárbaros -dice Larne.
Salma continúa:
-Piénsenlo y dígannos sus opiniones.
Tabeth responde por los demás:
-¡Acá no hay nada que pensar! Si algún tonto cree que puede quedarse, que se quede, pero me parece que nadie será tan torpe...
-Mortry, ¿esto nos separaría de ustedes?
-No, Nahala, porque los pasos subterráneos nos comunicarán hasta el fin del tiempo.
Así, en la alborada, el pueblo que parte quiere decir adiós al terruño, mirando por última vez el mar, los acantilados y la playa.
El bosque está cubierto por un manto negro.
Renacerá cuando la Madre Naturaleza perdone.
Siempre lo hace.
Saludan a los magos, se encaminan a las montañas y entran en las grutas, recorriendo las mismas sendas que han recorrido Salma y Nahala.
Las cavernas sobrecogen a los aldeanos pero los hombrecitos los reciben con cordialidad.
Nahala no tiene palabras para agradecerles tantas bondades.
Elmo, Nepo y el resto de los duendes están esperándolos.
-¿Vendrán con nosotros? -les pregunta Laal.
-¡Por supuesto, caballero! -contestan risueños. -¡También perdimos nuestros hogares!
Descansan una noche y parten temprano por un pasadizo.
Caminan una jornada y, abruptamente, el túnel termina en una planicie abrillantada por los rayos de un sol poniente que la pinta de bermellón.
Nahala conoce ese lugar.
Palmotea, baila, canta.
Se siente feliz, feliz.
A su llamada, acuden sus amados amigos de nieve.
Están en el valle de los unicornios.

miércoles

32/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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56 / Los magos los reciben con infinita bondad.
Ven desaparecer su amado bosque, que demorará centurias en retoñar, arrasado por el fuego.
Mortry les habla:
-Vuestro país ya no es tal y sería imposible reconstruirlo. Sé que ansían un lugar donde vivir, tierras para sembrar y animales que criar. Mañana vendrá alguien muy apreciado por quienes lo conocen, que solucionará vuestros problemas. Vayan a descansar que la jornada fue azarosa.
Los hombres máscara rodean la casa: luego de seguir las huellas de los fugitivos las perdieron allí mismo, en el pastizal.
Los aldeanos tiemblan de terror.
-Calma -dice Salma. -Recuerden que no pueden vernos
-Así incendiaran la pradera, estaríamos fuera del alcance de las llamas.
-¿Cómo puede ser, Nahala? -Tabeth está intrigadísima.
-¡Son los grandes poderes, amiga! -termina Laal.
Los invasores se marchan.
Los esclavos que pretendían tener han desaparecido.
Dwaak, el brujo, mira la escena en su esfera de ónix rechinando los dientes: el pueblo que quería oprimir se esfumó en la nada.
Profiere maldiciones espantosas y jura que no descansará hasta aniquilarlos, pero nunca podrá cumplirlo.
Porque hay leyes que desconocen que están reservadas a las fuerzas del bien y de la luz.
Mientras tanto, los campesinos miran la quema desde las terrazas.
Se despiden llorando de lo que nunca volverá.

57 / Al otro día Vlassa le pregunta a Nahala:
-¿Otra vez quedará aplazada tu unión con Laal? ¡Qué destino cruel! -dramatiza cómicamente. -¡Si esperan más serán viejos para engendrar bebés!
-¿Quién piensa en enlaces y en bebés después de lo que nos ha pasado? ¡Claro! ¡La señora está colmada y quiere que las demás la imitemos!
-¡Es lo más sensato! ¡Fíjate bien: antes de ser madre, serás gran mamá!
-¿Gran mamá de quién?
-¡De mis hijos, hermanita! ¡De mis hijos!
-¡Deja de burlarte, Vlassa! ¡Vete y déjame en paz!
Vlassa la conoce demasiado y sabe que cuando frunce el ceño no está para bromas y estallará furiosa.
Pero también sabe que cuando a pesar de su ceño fruncido levanta la comisura de los labios en una semi sonrisa, finge un enojo que no siente.
Las carcajadas de ambas ponen una nota festiva dentro de la tristeza.
-¿Ya podemos reír? Es buena señal... -Mortry se aleja complacido.
Por la noche, una luna plena y colosal alumbra los caminos de la llanura.
La quietud del paisaje reconforta sus espíritus.
-¿Por qué tendremos que seguir esperando para unirnos? Lo planeamos y algo se interpone. ¿Es capricho de los dioses, Nahala?
-No. Nada es capricho de las divinidades y todo tiene un motivo para ser o no. Verás que lo sabremos aunque la respuesta demore en llegar.
-¿Tú me amas?
-Sí. Perdona que no te lo he dicho con frecuencia, Laal, pero los hechos me desbordaron... Salir de aquel infierno con Baneth... -se estremece.
-Comprendo -le pasa el brazo por la cintura con cariño.
Ella se recuesta en su hombro y su perfume viril la seduce; desea estar con él eternamente.
Laal percibe el aroma a lavanda de su pelo y lo besa.
-¡Vaya! ¡Vaya! ¿Qué tenemos acá? ¿Un par de tontos jóvenes enamorados?
-¡Uno de estos días te estrangularé amistosamente, Druss!
-¡Te arrepentirías, Laal! ¡Mi castigo sería atroz! ¿Qué haríamos mis niños y yo sin este adorable juglar?
El rumor de unos cascos que trotan por el pedregal los hace asomarse al pretil.
El lomo de Kuyuk se platea con la radiación lunar.
Gnesen lo monta y los saluda levantando una mano.
En la otra tiene un objeto brillante y dorado que se empeña en mostrarles.
Es la campana.
-¡En mis apresuramientos me olvidé de ella! ¡Perdóname!
-La rescaté de abajo de un montón de troncos quemados. ¡Tú no estabas como para pensar en campanas!


martes

31/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de mágia y hechicería para niños

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55 / ¿Cómo, pues, podían estar preparados para lo que sucedió en cuanto amaneció?
Las primeras esferas de fuego los inmovilizan.
Nahala tañe fuertemente la campana.
Se reúne con sus seres queridos para escapar juntos y ayudar a sus vecinos.
Vlassa y Druss auxilian a todos y protegen a sus hijos.
Oyen los gritos de guerra de los hombres que ya han desembarcado.
La confusión es aterradora.
Cabras y ovejas huyen pisoteando a la gente.
Nahala llama a Laal y no lo encuentra.
Kem y Tabeth disparan con su numerosa familia, pero Beneth vuelve atrás por la muñeca olvidada.
La madre se desgañita llamándola y Nahala vocifera:
-¡Vayan a la casa de los magos! ¡Guíen a los demás a la casa de piedra! ¡Yo traeré a esa jovencita!
La alcanza y la toma con fuerza de la mano:
-¿Te volviste loca? ¿Dónde crees que vas? ¿No ves el peligro?
-Mi muñeca...
-¡Déjala! ¡Laal te hará muchas! ¡Corre! ¡Corre conmigo!
Ya es tarde.
Un guerrero les cierra el camino.
Lleva una máscara con los rasgos de la mano del mortero.
Le gruñe, más que le habla:
-¡Brruja! ¡Te quemarremos porr brruja! ¡A ti y a tu crría!
Antes que las ate a un pino que comenzó a arder, recuerda al hada hermana del viento del Este y abre la cajita de plata que lleva colgando del cuello.
El hombre las amarra.
Beneth cierra los ojos y llora, abrazada a su cintura.
Pero Nahala sonríe.
Confía.
Un hada jamás abandona ni engaña a sus protegidos ni a nadie.
El humo las hace toser y el calor las sofoca y las aturde.
Por esa magia especial que une y comunica a los seres, el aviso es atendido.
Una espada está cortando las ataduras.
La hechicera gira la cabeza para mirar quién es.
Se distingue de los otros porque no lleva máscara y se viste con pieles blancas.
Reconoce a Temani:
-¡Eres tú! ¡El Heraldo de la Bruma!
-Lo soy y esto me pertenece. Es el precio por tu libertad.
De un tirón le arranca una de las llavecitas que penden de la pulsera que le había regalado Gmelina, la reina de los gnomos.
La que más quiere: la adornada don diamantes y aguamarinas.
-Gracias, Temani. No he olvidado tu nombre.
-¡¡VETE!! ¡¡VETE CON LA NIÑA!! ¡¡CORRE COMO SI TUVIERAS ALAS EN LOS PIES!!
No puede ver por dónde van: la humareda las ciega, pero a pesar de eso las oculta de los hombres máscara.
Teme haberse perdido con Baneth, pero Mussi y el Señor Blatt acuden a ayudarlas.
-Todos están a salvo y se dirigen a la morada de piedra.
-¿Podrán verla? ¿Se hará visible para ellos?
-La verán. Laal te busca como un loco; piensa que estás muerta. Puedo volar y decirle que te encuentras acá.
-Sí, Mussi, por favor...
Se sientan para recobrar el aliento.
Baneth solloza blandamente.
Blatt, a modo de consuelo, les lame las caras tiznadas moviendo la cola.
Una sombra aparece desde atrás de un árbol.
Nahala recupera su bravura.
Se pone de pie de un salto con el rostro transfigurado por el furor y toma una rama para defenderse:
-¡¡¡LÁRGATE!!! ¡¡¡LÁRGATE!!! ¡¡¡LÁRGATE!!! ¡¡¡QUÉ MÁS QUIERES!!! ¿¿¿NO TE ALCANZA CON LO QUE NOS HICIERON??? ¡¡¡JURO QUE TE MATARÉ!!! -grita.
Pero el enemigo es gigantesco y la niña depende de ella.
Lo piensa mejor.
Astuta, tienta su codicia con un ardid: sacándose otra de las llaves, la pone delante de los ojos del guerrero, haciéndola brillar.
Él no titubea: se la saca de un manotón y se va.
-¡Vámonos! -dice a la pequeña.
Laal viene para guiar sus pasos.

lunes

30/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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54 / Transcurrieron dos inviernos.
Los magos los hospedaron hasta que entre todos hicieron renacer la aldea de las cenizas, recuperaron los campos de labranza y los animales que se habían vuelto montaraces.
Olvidaron el miedo y la vida continuó.
Y esta primavera Laal determina que aunque tenga que maniatar y raptar a Nahala, no esperará más para unirse a ella.
La hechicera lo considera justo y prepara la celebración tal cual la veía en su mente cuando su madre le relataba la boda de Kristalia y Koennell.
Tendrá que redactar de nuevo las preciosas leyendas y la historia real, perdidas en el incendio.
Ahora cuelga guirnaldas de los pinos porque mañana coincidirán la festividad de la Madre Luna y su enlace con Laal.
Ve venir por el camino a dos pequeñitos que caminan delante de un hombre y una mujer.
No puede creer que sean ellos.
Grita.
Corre.
-¡Oh! ¡Qué alegría inmensa e inesperada! ¡Después de tantas zozobras, tenerlos acá! ¡Vlassa! ¡Druss!
Se abrazan con emoción.
El niño y la niña los miran con sus ojos grises llenos de extrañeza.
Vlassa los presenta:
-Él es Ifri. Ella es Igri.
-¡Eres un hombretote guapísimo! ¡Ven acá! ¡Dame tu mano! ¡Y tú, princesa, déjame que te aúpe!
Rememora la aurora brumosa cuando Vlassa decidió partir detrás de Druss y lo que sucedió después.
Nahala es fuerte.
Nada aficionada a las lágrimas.
Pero ahora llora de felicidad...
-¡¡¡Vlassa!!! ¿¿¿Estás esperando otro bebé??? -la palpa con sumo afecto. -¡Mmmmmm! Es otro varón. Llámalo Woffally.
-Bien. Déjanos descansar y te lo contaré todo...
-Mañana, Laal y yo nos uniremos...
-¡Fantástico! -exclama Druss que permanecía mudo ante al parloteo ininterrumpido de las dos. -¿Dónde está mi amigo?
-Con la majada. Vendrá en el ocaso. ¡Qué sorpresa tendrá al verlos!
Más que sorprendido, Laal queda perplejo y cuando reacciona invita al juglar a bajar a la playa para poder conversar a sus anchas.
Mientras tanto, las damas se congregan alrededor del fuego para escuchar a Vlassa:
-Al avistar la aldea de pescadores nos quedamos para que nuestro hijo naciera allí, cerca del mar, a plena luz, rodeado de viento y entre gentes sencillas y bondadosas. No sospechábamos que eran dos. Por las noches comencé a oír tu voz en mis pensamientos, hermana; resolvimos regresar al estar seguros de que las criaturas eran fuertes y sanas como para hacer el viaje.
Nahala no puede dejar de mirarlos.
Acaso está soñando con sus propios hijos.
No se parecen demasiado pero tienen una marcada afinidad entre sí.
Sus juegos son tranquilos y se comunican en silencio ya que no hablan mucho todavía.
Vlassa narra las cosas extrañas que conoció y cómo la ayudó en el alumbramiento la esposa de un pescador que le recordaba a Salma y que de seguro poseía sus mismas artes.
En cuanto nacieron los llevaron a la orilla del océano para que conocieran las olas verdes y el cielo azul.
Mojaron sus labios con espuma salada y les mostraron el sol.
El aire limpio secó sus llantos y la tierra tibia acunó sus ensueños.
Fue el bautismo de los cuatro elementos.
Laal y Druss se sientan con las señoras para intercambiar recuerdos.
-Veo que el pueblo no es el mismo...
-¡Ah, sí! -contesta el señor de las cucharas. -Ya sabrás lo de la invasión...
Y siguieron hablando el resto de la noche.

domingo

29/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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53 / Anochece.
Los magos que los esperaban los instalan y los consuelan.
No hay lugar para tender mesas formales y les sirven la cena en recipientes que traen de la cocina.
Un aprendiz anuncia:
-Salgan a las terrazas; afuera se ve un espectáculo increíble.
Desde los parapetos, apenas se esboza el mar en la oscuridad, pero centellas ígneas surcan el espacio hacia la aldea.
Un fuego inicial, pequeño como la lumbre de un fogón, crece, se extiende por el bosque como un infierno que lo devora.
Lloran en silencio la pérdida de tantas vidas.
Animales y árboles.
¡Los árboles!
¡Ellos que los respetaban tanto y sólo usaban la madera seca y las ramas caídas!
-Mortry, ¿qué son esas esferas incandescentes que salen disparadas con tremenda fuerza de los barcos?
-Eso mismo: esferas incandescentes. Las arrojan con una máquina de guerra; la catapulta.
-¿Creés que los invasores vendrán acá?
-Si eso ocurriera, no encontrarían otra cosa que una pradera desierta.
-¿Cómo es eso?
-Poseemos el secreto de la invisibilidad...
-¡Más los conozco, más los admiro!
-Somos invisibles a sus ojos porque dentro de estos muros estamos en otra dimensión y muy pocos tienen permiso para acceder y pasar sus puertas.
-¡Pero la casa es muy sólida! ¡Se ve desde lejos! ¡Siempre está acá cuando vengo con madre!
-Únicamente los buenos de corazón pueden...
Mussi viene rauda como una saeta y los interrumpe.
Se para en el hombro de Nahala:
-¡No puedo describirles la furia y la violencia de esos salvajes al hallar la aldea vacía! ¡La destruyen con saña!
-¿Estuviste allí?
-Sí. Nada puede sucederme y quise ser, por unos instantes, testigo de tamaña barbarie. ¿Quién mejor que yo?
-¡Vanidosa! Vayamos a descansar; no hay por qué continuar viendo esto...
Mussi flota agitando sus alas sedosas que tienen esos incorpóreos átomos brillantes que las rodean y hacen del hada una joya reluciente en la negrura nocturna.
-¡Chist!
Nahala se da vuelta para mirarla.
-¿¿¿Y acerca del caldero, qué???
-¡Supongo que estarás de bromas! ¡Como para calderos estoy ahora!
-No te puedo permitir que lo olvides.
Antes de dormirse, se comunica con Vlassa:
-Hermana, por el momento eludimos el peligro. Regresen.
El pensamiento es instantáneo.
Más que el rayo en una tormenta.
Recorre tiempo y distancia sin barreras que lo detengan.
La respuesta de Vlassa es inmediata:
-¡Alabados sean los dioses! ¡Estamos en camino!
La hechicera ríe en la oscuridad.
Una copiosa, bendita lluvia, va apagando los incendios...

sábado

28/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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52 / Sin hablar, le extiende la mano y le entrega un pergamino.
Nahala lo desenrolla.
Tiene una escena de guerra dibujada con tinta.
Son soldados armados que amenazan con espadas a un grupo de gente; en el suelo, hay una persona atravesada por una lanza.
Y al pie, la firma: la cara tan temida de la mano del mortero del señor de las cucharas.
¡Es como si Laal la hubiera presentido!
La joven llora y el hombre parece compadecerla:
-Soy Temani. He cumplido. No te demores demasiado.
Vuelve a la barca y se aleja.
Se da cuenta de que no puede odiarlo y recuerda a Mortry.
Reacciona y dispara rápida como una centella a la aldea.
No tiene voz para gritar y toca la campana con furia.
Sus sentimientos tan dispares la desconciertan.
Pasó de la parálisis del miedo al movimiento y del movimiento a la ira.
Los aldeanos se alistan en pocos minutos como si hubieran ensayado la huida.
Tabeth piensa en lo que dijera Salma: “Nadie estará en el campo ese día”.
-¡Kem! -llama a su marido que permanece aturdido en el centro de la cabaña. -¡Ocúpate de las criaturas! ¡No se te ocurra llevar nada! ¡Abriré la puerta del pesebre! ¡Acaso alguna oveja pueda salvarse! ¡Son tan tontas las pobrecillas!
Sale y manda a sus vecinas a que hagan lo mismo.
La mujercita temerosa se ha convertido en líder y sonríe de sí misma con asombro.
Salma y Larne encienden los cirios santificados que les había dado el enviado de la divinidad suprema.
Uno lo lleva Tabeth, otro Okila, otro Annikka, la madre de Kem, y el cuarto el propio Larne.
Sus llamas los guían en la niebla.
Laal recoge las herramientas y Nahala la reluciente campana.
Entran en los hogares para recomendar:
-No carguen con nada que tenemos mucho que caminar.
-Ocúpense de los ancianos, los niños y los débiles.
Gracias a la meditación diaria, los ancianos no se ven demasiado viejos, ni los débiles lo son tanto.
Los fugitivos desaparecen en el bosque.
Sus amados pinos los ocultan.
Salma habla de continuo:
-¡Silencio! ¡Marchen en silencio!
-Me pregunto si estaremos lo bastante lejos y a salvo en la casa de los magos.
-Estaremos a salvo, hija.
Los pequeños intuyen el mal y van junto a sus madres con la boca cerrada.
Uno de los campesinos porta en sus brazos a su bebé muy rubio y de ojos celestísimos.
El niño levanta la cabeza para mirar un pajarillo que canta en una rama; lo señala con su dedo sonrosado:
-¿Ah?

viernes

27/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de mágia y hechicería para niños

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51 / Una lluvia tenaz ha caído durante la noche.
Sigue enturbiando el paisaje y nadie ha podido salir al campo.
Sobre el mediodía el diluvio cesa pero el calor es sofocante: la atmósfera saturada de humedad crea un celaje bajo y espeso que no permite ver más allá de unos pocos pasos.
Nahala sabe que será hoy.
Que vendrá.
Baja a la playa con desgano sin decírselo a nadie.
El Señor Blatt camina a su lado perezosamente, la lengua afuera y el rabo entre las patas.
La muchacha se sienta en la orilla donde viene a morir la espuma y aguarda.
El lobo, con las orejas erguidas, permanece estático parado junto a ella, acechando.
La niebla ha borrado el resto del mundo.
Blatt gruñe...
-Shhhhhhhh...
Se escucha un suave chapaleo; el rumor de un par de remos entrando y saliendo del agua.
Aun no puede distinguir nada.
Entorna los párpados y fija la vista con intensidad en lo que parece algo que avanza.
La cerrazón juega remolinos delante de sus ojos, creando figuras engañosas y espectrales que distorsionan su visión, alargando y acortando lejanías.
Pero tiene la seguridad de que se aproxima.
Blatt está cada vez más excitado, furioso, y lo toma por el pelaje del pescuezo para sujetarlo.
De pronto, allí está la silueta de la barca y del hombre que rema.
Se para de un salto.
Las aletas de su nariz y las del hocico de Blatt se aflojan y se contraen.
Ambos husmean el aire.
Por el olor, conocerán las intenciones del que llega.
La barca encalla a pocos metros.
El hombre que baja tiene vestidos de colas de zorro blanco, un gorro puntiagudo con bordes de piel de oso polar y porta un escudo y un largo venablo.
Sus hombros son anchos y luce la ropa con arrogancia.
Con la dignidad de un guerrero.
Tal vez, un guerrero de las entidades de la luz.
Es tan alto como Laal.
Aun no distingue su cara y, a pesar de los consejos de Mortry, no puede dominar el terror que le aprieta la garganta.
Jadeando, espera que se acerque.
Ahogándose casi.
Su cuerpo tiembla de pies a cabeza y no sabe cuánto más la sostendrán las piernas.
La angustia y las pesadillas acumuladas surgen juntas; la conmocionan.
La aplastan.
Siente que la derrumbarán en ese breve lapso de distancia que los separa y que se acorta.
No puede controlar más al lobo que saltará al cuello del desconocido.
Él levanta la mano en señal de paz.
Inesperadamente, Blatt se calma.
Y ella, al fin, consigue mirarlo.
Es un ser de exótica belleza.
Contempla su aura: es purísima y dorada.
Tenerlo enfrente y mirar a sus ojos...
Recupera la serenidad que había perdido hacía mucho.
Es el Heraldo de la Bruma.

jueves

26/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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50 / La primavera le da paso al verano.
Parecería que ninguna sombra amenazara la aldea, pero los habitantes están muy tristes y perturbados.
Laal intenta animar a sus amigos reviviendo antiguos juegos e idea una liza entre los fuertes campesinos.
Como los días se alargan, permiten los ejercicios después del trabajo y entrenan en la playa.
Allí cargan redondas y pesadas piedras y las arrojan lo más lejos posible de una línea trazada en la arena.
Lanzan largos troncos robustos, tratando de superar las marcas de sus oponentes.
Al concluir las prácticas están tan agotados que se duermen sin mucho cavilar.
Pero las mujeres no se dedican a estos deportes y se sienten preocupadas e insomnes a medida que el tiempo pasa.
Se reúnen alrededor de las fogatas, alejadas de las cabañas y piden a las hechiceras embrujos con los que poder recuperar el ánimo.
Saben que así no detendrán la invasión, pero se consuelan reforzando la esperanza de que nadie morirá.
-¡Oh, divinos seres que moran en los cuatro elementos! -convoca Salma. -¡Necesitamos las energías del universo para rechazar el mal! ¡El poderío del fuego inextinguible! ¡La tumultuosa firmeza de las olas! ¡La violenta impetuosidad del sismo! ¡La turbulencia del huracán!
-¡Oh, genios de la Madre Naturaleza! -prosigue Nahala. -¡Rogamos vuestra amable protección! ¡Porque somos débiles en nuestros cuerpos físicos! ¡Pequeños como una gota en el océano! ¡Como el terrón que levanta la cuchilla del arado! ¡Como un mínimo suspiro del viento! ¡Y como un rescoldo que se apaga!
Las demás repiten las sencillas plegarias.
A su conjuro aparecen las hadas menores, los duendes, las sílfides, las ninfas y los elfos.
Es un rutilante séquito de personajes extraños y bellos que se amparan y protegen la creación.
Las aldeanas no dan crédito a lo que pueden mirar y en esta ocasión tan peculiar ocurren hechos milagrosos.
Ya en sí, la noche es toda un milagro.
El dios Humo del incienso aroma el lugar y las voces se aquietan.
Entonces se oye claramente esa otra voz diferente, inconfundible, profunda:
-Uuuuuuuuuuuuuuu...
Nahala les enseña a distinguirla:
-¡Silencio! -susurra. -Esa es la divinidad nocturna: el Ruido de la Noche. Nos protege de manera permanente, sólo que no solemos escucharlo. ¡Para eso hay que adiestrar muy bien las orejas!
Las mujeres están maravilladas de lo que aprenden cuando la magia y los ensalmos rondan.
Las llamas colorean sus caras, sus ropas y sus cabellos.
La humareda las rodea.
Siguiendo un impulso, bailan alrededor del fuego.
Un hombre alto, de insólita hermosura, vestido con pieles blancas, las observa escondido en el follaje.
Murmura entre dientes, sonriendo con ironía:
-¡Hato de brujas!

miércoles

25/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de mágia y hechicería para niños

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48 / Nahala ha hablado.
Su madre, su padre y el señor de las cucharas la ayudan a explicar lo que sucederá.
Las expresiones de angustia de la gente los conmueven.
No pueden persuadirlos de que escaparán ilesos y las mujeres tiemblan por sus seres queridos.
La joven está a punto de perder la paciencia.
Parada en el centro del tocón, casi grita:
-¡Nos mantendremos alerta! ¡Yo recibiré al Heraldo de la Bruma y daré la alarma tocando la campana! ¡Confíen en nosotros!
Laal la secunda:
-Mañana, cuando brille el Padre Sol, las cosas no parecerán tan terribles y recuperarán la fe.
Larne continúa:
-Nos reuniremos noche a noche después de las labores para practicar meditación y eso nos hará fuertes en esa hora. Lograremos no darle paso al miedo que paraliza y no permite actuar ni pensar con claridad.
-Comencemos con el festival de la Madre Luna; pidámosle protección -sugiere Salma.
-Vayamos al trabajo con el espíritu elevado, orando a los dioses bienhechores para... Una muchacha la interrumpe:
-¡Nahala! ¡No es fácil ir a trabajar orando! ¡Nosotros estamos llenos de duda y de miedo!
Tabeth se levanta y pregunta llorando:
-¿Qué pasará con los que estemos en el campo cuando vengan los hombres altos? ¿Quién nos avisará? ¿Cómo podremos, Kem y yo, salvar a nuestros muchos hijos?
Salma eleva su mano derecha:
-¡Cálmense! Las cosas se ordenarán para que ese día ninguno esté arando o apacentando la majada. ¡Mortry nos aseguró que no sufriríamos daño!
Nahala continúa:
-Cuando sea el momento nos evadiremos rápidamente; me pregunto por qué sigo viendo desconfianza en sus rostros.
Okila, la madre de Laal, se pone de pie:
-¡Tontos! ¿Por qué vacilan? ¿Olvidaron cómo Salma y Nahala curan nuestras enfermedades? ¿Por qué habrían de mentirnos ahora? ¡Todo será como ellas afirman!
Pero la fiesta no es ni la sombra de lo que suele ser.

49 / Antes de acostarse, Nahala prueba a comunicarse con Vlassa.
La muchacha despierta agitada y sudorosa.
Nunca antes había recibido en el centro de su mente palabras de su amiga con tanta claridad.
Sacude a Druss con brío:
-¡Despiértate!
-¿Ya viene nuestro niño, Vlassa?
-No todavía. Perdona el sobresalto, Druss; pero en cuanto nazca tendremos que regresar a la aldea.
-¿Qué pasa? ¡Nunca te importó volver con tal de permanecer con tu adorado juglar! -se hinca y lleva las manos al pecho con una sonrisa cautivadora.
La luna se asoma por el ventanuco de la choza de los pescadores e ilumina su ademán:
-¡Sin bromas, trovador! En cuanto tenga a mi bebé, iremos allá.
-¡Está bien, mujer! Después que te deje en casa, aprovecharé para fugarme y seguir recorriendo el mundo.
Sus diálogos son jocosos, rebosan cariño y, juntos, son en extremo felices.
Vlassa responde riendo:
-No te atreverías a abandonar el tesoro que he de regalarte. Es tan hermoso como el Padre Sol naciente.
-Si tú lo dices, amadísima...
Druss, melancólico, comprende que sus días de vagabundo terminaron y que echará raíces donde sea que ella esté.
-¿Puedo preguntarte por qué lo decidiste?
-Escuché con certeza el llamado de Nahala.
-¿Será que anda por este lado de la tierra? ¡Abrámosle la puerta para que entre a saludarnos! ¡Convidémosla con los deliciosos frutos del océano! ¡Nunca los ha probado! -prosigue en son de jarana.
Vlassa se pone seria:
-Druss... es que... no está aquí... sino en casa...
-¿Ah, sí? ¿Cómo puede hablarte desde tan lejos? -se enoja. -¿Estás jugando conmigo?
-No juego contigo, amor; esto es muy importante. Sé que me necesita. Lo oigo acá -se toca la frente.
-Duérmete, ¿quieres? -suspira, dudando de su compañera.
Pero los mellizos tienen alguna querella dentro de Vlassa que los hace moverse, empujarse, acomodarse...
Y el sueño no viene a sus ojos.
Druss le toma la mano y ella lleva la de él a su vientre. Sonríen dichosos al sentir tanta vida agitándose, latiendo en el adentro, sin sospechar que serán dos los tesoros que han de regalarse.
Se adormecen arrullados por la interminable canción de cuna del mar.

martes

24/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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46 / Ya con Mortry, es tanto lo que tienen que decir y preguntar que no saben por dónde comenzar:
-¿Cuándo podremos repetirlo?
-¿Cómo sabremos qué cosa trajimos?
-¡Fue prodigioso!
-¿Volveremos con el mensajero?
-Calma -contesta Mortry. -Pueden volver cuando lo deseen y necesiten más consejos sobre el bien y no sólo ir allí, sino a nuevos sitios y nuevos aprendizajes. En cuanto a lo que se les dio, irán descubriéndolo poco a poco. Recuerden que lo esencial es que puedan aplicarlo y aprovecharlo.
-¡¡¡MORTRY!!! ¡¡¡VEO COLORES ALREDEDOR DE TU CABEZA!!! -exclama Nahala.
-Esa es el aura: poder verla es uno de los regalos. Todos la tenemos: los animales, las plantas y las piedras. Es energía pura y más adelante sabrán para qué les servirá poder mirarla; me atrevo a asegurarles que también se comunicarán con el pensamiento y adivinarán el futuro.
-Ya nos comunicamos cuando caímos en la nada. ¿Sabré entonces cuándo vendrán los guerreros?
-No, Nahala. La clarividencia es una facultad que se desarrolla con la práctica. Dejarás eso al Heraldo de la Bruma.
-Siento que lo detesto.
-Hija -reprueba Salma. -Eso no es lo que nos dijo el anciano del otro lado de la puerta.
-¡Lo sé, madre! Pero no es fácil amar a un enemigo...
-¡Mmmm! Nunca se sabe, jovencita -vaticina Mortry.
-¡Señor Blatt! ¡Mussi! ¡Terminen con sus payasadas! -intenta disimular ante su familia porque desoyó los consejos del anciano.
-No te abrumes, muchacha -la consuela el mago. -Recuerda: poco a poco.
-Dime entonces por qué, si del mundo espiritual no se puede traer nada, esta vez volvimos con los cirios.
-Es porque hoy estuvieron en una dimensión real, fuera de nuestro tiempo.
-Los enigmas me superarán.
-Ya aprenderás. No seas impaciente.
-Sí, Mortry.

47 / Desde que tenía uso de razón, la hechicera recordaba recibir lo que denominaba “Las Flores del Futuro”, porque tenían tenues aromas y las atesoraba como lo mejor, en su mente y en su corazón.
Estaba segura que eran bellísimos mensajes del porvenir que venían por derroteros que aun desconocía.
Ese conjunto de visiones extrañas le mostraba un país de clima caluroso y un mar lapislázuli.
Edificios que no se atrevía a vislumbrar ni en sus más disparatadas fantasías, la colmaban de asombro.
Escuchaba frases, risas, llantos.
Rumores confusos en idiomas ignorados.
Tal vez podría haber otras existencias, más allá.
Se veía niña, joven y vieja, con otras ropas y en otros tiempos.
Entonces se quedaba pensativa largas horas, tratando de descubrir el significado de estas cosas.
Solamente las comprendió en parte cuando miró desde la altura la ciudad del mañana.
Su veneración por la Madre Luna la hacía preferir unas sencillas rimas que aleteaban en su intimidad, pronunciadas por una dulce voz que también llegaba desde el mañana. Los versos se presentaban de improviso, repetidamente, y ahora que podía escribirlos deseaba que fuera Laal el que los dijera para ella en otro momento, en otra vida:

Quiero caminar contigo,
en el cielo de la luna,
una noche por la rambla.
En el cielo de la luna,
que se esfuma en las veredas
y que riela en el agua.
Andar a la luna luna,
descalzos sobre la arena,
chapoteándola en la espuma.
¡Ay de mi luna lucera!
¡Ay de mi lucera luna!
¡Quién pudiera! ¡Quién pudiera!


De modo que no importaba lo que habría de sobrevenir y la atemorizaba.
Porque el nexo que la unía al señor de las cucharas era inmortal, perdurable.
Indisoluble.
Así se sucederían las eras y ellos estarían juntos, renaciendo en cada alborada secular.

lunes

23/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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44 / El tercer crepúsculo.
La tercera puerta.
Pasan como las veces anteriores para hallar la luz violeta más intensa y diáfana que jamás han contemplado.
Lo abarca todo: el arriba, el abajo, la izquierda, la derecha y el suelo donde pisan.
Los deslumbra.
Incrementa sus percepciones preparándolos para la experiencia.
Hay un camino amplio bosquejado por menudas llamas que brotan adentro de las corolas de unas flores lila de perfume delicado.
Los rodea el bienestar.
Sus almas reciben placidez como adelanto de un paraíso vislumbrado en sueños.
-Nunca imaginé un lugar de tan alta espiritualidad... -pronuncia Nahala en voz baja para no perturbar el silencio.
-Se agudizan los cinco sentidos... -comenta Salma.
-Más otros de los que no teníamos noción... -contesta Larne.
Y Laal finaliza:
-Sabiendo muy poco, siento que todo lo sé...
Un cendal se descorre.
Entran en un jardín donde abunda el verde nuevo y claro de las plantas en plena floración.
El piso es de baldosas blancas y negras ordenadas en damero.
Un anciano de ropas púrpuras los aguarda sentado en una silla tallada de granates.
Podría tener la edad de la creación.
Sobre una mesa de amatistas relucientes hay cuatro cirios encendidos.
Con la impaciencia que la caracteriza, Nahala le pregunta:
-¿Acaso eres un dios, señor?
Él sonríe y les responde con pensamientos:
“Soy un enviado de la divinidad suprema. Tomen un cirio cada uno y síganme”.
Los lleva a una zona lóbrega en la que la única claridad es la de las llamas y de las chispas que se desprenden y caen describiendo airosas elipses de rastros dorados.
Temen separarse y repiten el gesto de asirse de las manos.
El ser, espíritu, aparición, les habla sin palabras:
“Este es el perfil oscuro de sus mentes, en el que hay que luchar durante cada existencia, instante por instante, para vencer sentimientos negativos.
“Así es vuestro lugar interno; observen cómo la luz ilumina un pequeño espacio.
“Procuren agrandarlo cada día y colmarlo de fulgor.
“Es el Padre quien les ruega”.
Su mano dibuja un círculo en la superficie.
Se abre una boca y al mirar abajo descubren un territorio desolado donde las almas esperan ser redimidas.
“No atrasen vuestra evolución porque retroceder no es la mejor opción.
“Los que conocemos el destino de los seres, humanos o no, sabemos que cumplirán, porque si no, no serían dignos de estar acá ni de los privilegios que se llevarán de este reino.
“Difundan las buenas nuevas entre sus hermanos para que transiten por el sendero de la iluminación.
“Conserven los cirios y enciéndalos en el tiempo de la penumbra.
“Están santificados y los guiarán hasta el nido seguro.
“Pueden marcharse”.

45 / Regresan al patio blanquinegro.
Los visillos se corren separándolos de aquel edén.
Mientras caminan se van apagando una a una las llamas que nacían dentro de los cálices.
Pero la luz violeta, espléndida, no desaparece y gozan de esa paz inigualable.
Luego, lo de siempre.
Los escalofríos en la espalda.
Las vibraciones de sus cuerpos y de las piedras de la pared, la puerta sellada que les da paso, los cantos de los magos...

domingo

22/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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42 / Allí sólo hay una nebulosa blancuzca que los envuelve.
Ni arriba, ni abajo, ni izquierda, ni derecha.
Ni suelo donde pisar.
Asustados, quieren volver, pero la pared se ha hecho sólida de nuevo.
Avanzan como ciegos.
Desorientados.
El ámbito se aclara y los circunda un contorno azul.
Es el equilibrio.
La calma total.
El sentimiento de lo perfecto es tan potente que invade su intimidad.
Aparecen criaturas aladas de indescriptible hermosura.
Les entregan mensajes de paz, amor y luz.
Los ángeles los invitan a formar una ronda y a bailar en el aire.
Nahala comprende que tendrá que reunir al clan y explicar lo que vendrá para que se alisten a superar la prueba.
Todo se esfuma.
Se escucha el canto unísono de los magos y el repicar de las maderas.
Las vibraciones aumentan.
Son proyectados al otro lado del muro.
Abren los ojos y ven a Mortry que los espera.
Están cansados.
El sabio impone sus manos en sus cabezas y el agotamiento se va.
Lo que acaban de vivir fue maravilloso.
Se retiran a sus celdas para reponerse.
Dentro de aquella dimensión el tiempo transcurre de muy distinta forma.
Pocos minutos ahí fueron horas acá.
Es que está amaneciendo.

43 / Al atardecer del segundo día Mortry los instala delante de la segunda puerta.
Les dice:
-Permanezcan serenos. No le den lugar al miedo y nada malo podrá sucederles.
El ceremonial se repite y los atrapa un túnel de líneas lumínicas.
No desean avanzar y no obstante son empujados con velocidad tal, que temen perder el sentido.
Se toman de las manos.
Por efecto de tal vertiginosidad, las rayas parecen juntarse adelante, achicando más y más el sitio y negándoles en apariencia la posibilidad de acceder al lugar donde sea que van.
A sus costados, pasan los astros en rápida sucesión.
Nacen nuevas galaxias de las explosiones del universo, tan cercanas que los amedrentan: seguramente, arderán junto a los elementos en combustión.
Hay colores que no saben definir porque nunca los han visto.
Súbitamente caen.
En el vacío, sus gritos de pánico no se oyen pero sus mentes reciben la voz amiga de Mortry:
“¡Recuerden! ¡Recuerden! ¡No darle paso al miedo!”.
Al sosegarse pueden respirar la energía del cosmos en el no aire.
La caída cesa.
Se posan con suavidad en un suelo verdinegro y blanco.
Es un terreno arado en el que han brotado las primeras simientes.
Un estruendo desconocido los hace dar vuelta y ven un monstruo que repta como una lombriz.
Se les viene encima y no tienen tiempo de apartarse.
La mole pasa a través de ellos con un frío de acero sin causarles daño.
¡¡¡HAY UN HOMBRE ADENTRO COMO SI EL ANIMAL LO HUBIERA DEVORADO!!!
Pero va sonriendo y cantando...
Un leve viento los eleva y la sensación de volar es deliciosa.
Ven un poblado de casas extrañas de bonitos tejados rojos.
Niños que juegan con perros semejantes al Señor Blatt.
Una linda muchacha los llama para que entren a comer.
Prosiguen planeando y dejan el campo soleado.
Arriban a una ciudad extensa que se extiende en el horizonte; los edificios son tan altos que parecen arañar el cielo.
Las gentes les recuerdan a los diligentes gnomos.
Caminan apuradas por vías de tonos ceniza, y vehículos parecidos al monstruo circulan por veredas compactas como las rocas.
El anochecer les muestra los luminosos de una capital del futuro.
Sienten escalofríos en la espalda y el túnel los transporta.
Lamentan abandonar la ilusión de liviandad y ese firmamento glauco donde comienzan a asomarse las estrellas.
Se alejan tanto, tanto, que no saben si podrán retornar.
Aterrizan en el mundo del pasado.
Admiran las bestias ya extinguidas y sus luchas por sobrevivir, agradeciendo que ya no existan, porque, ¿cómo defenderse de eso?
La vegetación es exuberante.
Los emociona; en su realidad, poseen las mismas especies pero mucho más pequeñas.
En la orilla cenagosa de un río recogen guijarros blancos que conservan la fuerza primitiva de los cataclismos que los tallaron.
Al palparlos, es como si esa energía pudiera hacerlos invulnerables.
El túnel regresa para llevárselos.
Lo último que mira Nahala es un hermoso bruto corpulento y alto, de colmillos y trompa muy largos.
Amasa barro con sus patas poderosas disfrutando la frescura; con la trompa se echa potentes chorros de agua sobre el lomo gris y después entra en la corriente para continuar su deleite.
La idea del lodo amasado se fija en sus recuerdos.
Todos extraen enseñanzas de este viaje porque de lo contrario no se justificaría el haberlo hecho.
Son devueltos instantáneamente a la morada de los magos.
Buscan los guijarros blancos para mostrárselos y han desaparecido.
Se miran incrédulos.
-Deben aprender que del mundo del pasado y del espiritual no se puede traer nada, como tampoco llevar nada.
Mortry los consuela con una sonrisa reparadora.

sábado

21/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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40 / -¿Y los seres ígneos que viven en el fuego? Esos pequeñísimos duendes hechos con llamas que se agitan y danzan en ellas, ¿qué pasa con ellos cuando se apaga la hoguera?
Eran las preguntas que hacía Nahala entrecerrando los ojos cargados de sueño, en tanto miraba la lumbre.
-Ah -contestaba Salma: -Se esconden en las cenizas y permanecen ahí, hasta que alguien reaviva los rescoldos.
La madre sabía que luego de la explicación venía el pedido de su mujercita:
-Cuéntame lo de aquella...
-Sí.

Había una vez una diminuta flama que deseaba convertirse en una enorme pira, o ser parte del Padre Sol. Cuando brillaba encendida, saltaba en chispas centelleantes, se deshacía en mil destellos y se volvía a formar. Era para decir: “¡Aquí estoy!”, pretendiendo ser notada. Las hadas conocían sus afanes y una buena noche le hablaron: “Antes de ser parte del Padre Sol, tendrás que ser parte de una pira y antes, parte de un hornillo y antes, parte de una humilde lámpara de aceite”. “¡Bien!” exclamó feliz. Así, le ordenaron que alumbrara las horas oscuras en una cabaña donde vivían muchos niños. Los padres trabajaban haciendo sus tareas y ella se esmeraba para que la iluminación fuera más que suficiente: se empinaba, crecía elevándose ufana y los artesanos se maravillaban al terminar mucho antes por causa de la mucha luz que los beneficiaba. Al tiempo se marcharon y se llevaron la lámpara consigo por sus hechicerescas virtudes. En la nueva casa, sus dueños, en un acto genial, la dividieron para que fuera parte no sólo de la lámpara, sino del hornillo y de la pira exterior con la que ahuyentaban a los lobos de pasos furtivos. Al obedecer el mandato de las hadas tan prontamente, pensó que ya estaba lista para volver hasta el Padre Sol para que le concedieran su más grande deseo. Es que había servido muy bien a sus amos. Pero la alegría reinaba en aquel hogar... Se sentía útil y amada. Entonces ya no quiso ser parte del sol y decidió quedarse junto a los hombres.

-¿Esa fue la primera llama que existió en el mundo?
-No.
-¿Cuál fue la primera?
-No se sabe bien. Los dioses fueron dándolas a los pueblos según como se portaban, como premio por ser cada vez mejores. Así que aparecieron en la tierra en distintos lugares y en épocas no demasiado distantes entre sí.
-Mmmmmmmm... -bostezaba la niña: -Las divinidades sabían muy bien lo que hacían cuando mandaron a un rayo para que incendiara algún tronco seco en alguna remota tormenta del pasado...
Y lo último que veía, antes de quedarse dormida, era la mínima flama del fogón que bailaba entre sus ojos y sus pestañas.

41 / Nahala está ocupadísima preparando velas.
Ya no son una novedad y en los hogares su amable claridad aleja las tinieblas nocturnas.
-Hija, termina la tarea y guarda tus útiles; la casa tiene que quedar ordenada para cuando regresemos.
-¿Kem y Tabeth cuidarán bien a los animales durante nuestra ausencia?
-Despreocúpate, lo harán.
Larne, Salma, Laal y Nahala se encaminan a la casa de piedra ignorando que les aguarda una de las experiencias más fascinantes de sus vidas.
El hada hermana del viento del Sur les había sugerido que debían traspasar las puertas selladas.
Los magos mayores los reciben sabiendo de su llegada porque en el plano espiritual todos los seres están unidos por sus auras y por los invisibles lazos del pensamiento.
Larne y Laal recorren los aposentos admirando los misteriosos ornamentos.
Las puertas selladas se insinúan en la pared nada más que con marcos blancos de mármol de sobrio diseño lineal.
Son tres.
Un escudo corona sus dinteles.
Mortry, el de la barba blanca y la mucha sabiduría les habla:
-Cenaremos y después irán a descansar. Mañana la jornada será interesante y algo fatigosa.
Al levantar el día toman un frugal desayuno de legumbres y verduras, y beben té.
Luego Mortry los guía al salón de las ventanas con vitrales y practican meditación varias horas.
En el ocaso los ubica frente a la primera puerta y los hace sentar en el piso.
Los magos comienzan a cantar desde sus celdas con tonos tan bajos que sus voces no parecen pertenecer a hombres. Son monótonas sílabas de significado desconocido, acompañadas por breves toques de maderas bien templadas.
Las notas se esparcen y las ondas sonoras giran rodeándolos con un fragor retumbante que se puede percibir extendiendo los dedos, abriendo los brazos.
La fuerza aumenta.
Es tan potente que hace vibrar las piedras y uno a uno se ponen de pie, vibrando también.
Tienen la necesidad de asirse de las manos ante lo desconocido porque sienten que sus cuerpos se desmaterializan. Así, atraviesan la puerta sellada.

viernes

20/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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39 / Para Nahala no hay nada tan placentero como dedicarse a organizar el alfabeto y escribir.
Muestra una exagerada predilección por cuidar la majada y trabaja en las cimas, rodeada de viento y cielo.
Lo primero que redacta es una preciosa leyenda que le contaba Salma cuando era niña para que se durmiera.

En el bosque hay un huerto por el que fluye un río de aguas limpísimas.
Una noche de luna, las sílfides bailaban en la orilla de arena plateada aguardando a la princesa Kristalia que iba a casarse con el príncipe Koonell.
La boda estaba dispuesta.
Los árboles estaban ornados y enlazados con guirnaldas porque, de cierta manera, también se casaban.
Sonaba la música extraña y hermosa que tocaban los elfos tocando en tallos huecos.
La princesa aparecía esplendente con sus adornos de esmeraldas y perlas.
El príncipe caminaba detrás, luciendo cientos de diamantes.
Tanta alegría y felicidad despertaron a Evilius, el hada maléfica, que dormía en su gruta.
Colérica y envidiosa, montó en una bestia voladora de zarpas afiladas y cabalgó por el espacio.
Con su capa creó la Gran Sombra que envolvió a Koonell en oscuridad.
Lo apartó de Kristalia y lo alzó tan alto y tan lejos, que desapareció.
Ahora, cuando silba la brisa entre las ramas, los espíritus de la naturaleza dicen que es la música de los elfos.
Cuando se escucha un suspiro, que es como un lamento, son los sollozos de ambos jóvenes aleteando en el aire.
Si llueve, es porque caen las lágrimas de Kristalia y las sílfides.
Y aquel río que era cristalino se tornó dorado, porque arrastra partículas de oro que son el llanto de Koonell.
Los gnomos aseguran que en el instante en que los novios estén juntos, el río se volverá translúcido y serán felices por la eternidad.


En este punto, invariablemente, Nahala preguntaba:
-¿Acaso, madre, ese río es el que cae en cascada, allá en aquel lejano rincón umbroso del bosque de robles?
-Así es.
-¡Pero sus aguas son purísimas y no doradas!
-Justamente...
-Entonces Kristalia y Koonell ya están juntos...
-Siempre hay que dejar una puerta entornada para que pueda entrar la esperanza...
Y esta leyenda se la contaba el sabio Gmund a la hora de dormir, cuando iba de visita:

Había una vez un gnomo que corría por el boscaje.
Un alarido, que se escuchaba cercano, le erizaba la piel y el pobre pensaba: “Tengo que hallar un lugar donde esconderme o el espíritu maligno me destruirá”.
Las matas se sacudían de una en una cuando se ocultaba entre el follaje.
¿Y todo por qué? ¿Por qué salir de mi hermoso país protegido de los maleficios de la superficie? ¡Por socorrer a un pequeño unicornio que había errado el rumbo a su hogar!

Gmund se detenía unos instantes para recuperar el aliento.

Y no traje conmigo... mi elixir de la invisibilidad... ni el impalpable polvo de alas de mariposa... para... poder volar... Mi magia no alcanza para salvarme... es tan cortita como mis piernas... es que... soy muy joven... aun... y tengo mucho que... aprender...
Ese chillido que le helaba la sangre era la maldad que serpenteaba pegada a la tierra en forma de sombra.
Zigzagueaba rápida, buscando víctimas.
A su paso, todos los seres de la floresta huían temerosos.
Entonces el gnomo oró con fervor al Padre Sol:
“¡-Oh, Señor de los Cielos! ¡Padre de la Aurora! ¡Dígnate mirarme y sálvame! ¡Ayúdame, Resplandeciente Astro que derramas tantísimo amor en el mundo!”
El arco sabio del sol disparó un rayo áureo fino como una saeta y le señaló la entrada de una cueva, antes de fundirse en ascuas cárdenas en el horizonte.
El gnomo entró y continuó corriendo.
Lo abrazó una densa oscuridad y cayó rendido por la fatiga, sabiendo que su enemigo lo esperaría hasta el otro día porque lo amedrentó con un espantoso gruñido para que recordara que la cacería no había finalizado.
Pero otros peligros lo acechaban.
Las voces del viento le hablaban silbando con confusos ecos y cantos delicados:
“¡Ven! ¡Soy tu protector! ¡Ven que te conduciré a casa!”.
Había turbias luces verdosas que lo tentaban a marchar por falsos senderos que daban a precipicios sin fondo.
Cerró los ojos y se tapó las orejas para no ver ni oír.
Se acostó hecho un ovillo y el sueño vino para salvarlo.
Cuando se despertó, supo que había dormido toda aquella noche y durante el día siguiente, de modo que estuvo seguro que afuera era de noche nuevamente.
Volvió a rezar:
“¡Oh, Madre Luna! ¡Sé de tu brillo en pleno! ¡Guía a éste tu humildísimo servidor y no permitas que me atormenten ni la engañosa música del aire ni las luces traicioneras! ¡Ayúdame a retornar a casa!”.
Una suavidad plateada entró en la gruta.
Era la luna que se asomaba a la entrada de piedra.
Bella como una novia con su traje de boda.
Aromada por los mil perfumes del bosque.
El hombrecito caminó hacia la libertad, se libró del maligno y pudo volver a su comarca.


Nahala, sin olvidarse, le preguntaba a Gmund:
-¿Acaso, amigo, no eras tú ese personaje que se salvó de aquel malévolo?
-Puede ser... es que era tan joven que no lo recuerdo muy bien... -le respondía guiñándole los ojos llenos de bondad.
Nahala adora esta saga, parte de la tradición de su raza.
Jamás se cansaba de oírla cuando una abuela la narraba.
En las largas noches de invierno, ella y los demás niños se reunían en torno a la lumbre y escuchaban leyendas que los hacían soñar, divertirse o asustarse.
En estas leyendas moraban toda clase de protagonistas: buenos, malos, graciosos y tontos.
Afuera, el viento soplaba fuerte y la nevisca remolineaba en el bosque, pero en el calor del hogar estaban presentes la alegría y la animación.
Las sombras que se acrecentaban en las paredes de paja formaban infinidad de fantasmas que bailaban.

Hace miles de años, el caudaloso río que tienen que vadear para ir a la casa de los magos, no tenía el puente de rocas enormes que todos conocen.
Nadie habitaba en esa región, poblada por los elementos de la naturaleza.
Los humanos no habían llegado a estas playas y la aldea no existía.
Así, el lugar era un paraíso en el que reinaba la armonía.
Un gigante que poseía gran sabiduría, se alojaba en las cumbres.
Él podía ver a los seres del mundo inmaterial hablarles, recibir su amistad y brindarles amor.
Cuando bajaba al valle en busca de alimentos, los animales no le temían ya que sólo comía frutos que cargaba en sacos sobre sus hombros.
Nunca sentía frío y las huellas que dejaba en la nieve se veían desde lejos.
¡Tan grandes como eran!

Acá los niños pronunciaban un ¡OH! Y se conmovían.

Al caminar por las laderas, la tierra temblaba con sus pasos; como esto causaba derrumbes que dañaban los árboles, aprendió a andar despacio para evitarlos.
Su voz era un caudal de notas potentes y al cantar provocaba oleadas de vibraciones que sacudían la hondonada.
Entonces aprendió también a susurrar...
Cierta vez encontró una ninfa que lloraba a la orilla del río.
“¿Por qué gimes?” le preguntó.
“¡He perdido mi magia! ¡No puedo volar! ¡Los dioses me han castigado por ser tan vanidosa! ¿Pero qué culpa tengo de ser tan bella?”.
“¡Con seguridad que lo eres!” rió él.
Y su risa fue tan fuerte como un trueno.
“¡Debo cruzar el cauce y no puedo volar!”.
“¿Para qué tienes que pasar al otro lado?”.
“¡Mis hermanas me esperan para que asista a la fiesta en la que coronarán a la reina de la hermosura y seré yo!”.
“Puedo ayudarte, pero quiero que sepas que LO QUE ES HERMOSO EN TI, ES LA ESENCIA GENEROSA Y NOBLE QUE BRILLA EN TU INTERIOR”.
“¡Cómo puedo cruzar el río?”.
“¡Ah! Haremos un puente tan sólido que permanecerá milenios para que cuando lo mires, no olvides lo que termino de revelarte; me recordarás y recordarás lo que te he enseñado”.
“Bien. Comencemos. Te alcanzaré las piedras pequeñas y tú pondrás las más pesadas”.
Estuvieron días y días colocándolas y mirando cómo quedaban mejor para que el conjunto resultara espléndido y fuera agradable de ver, integrándose al paisaje.
Lo observaban desde lejos en la altura de la montaña, haciendo visera con las manos sobre los ojos.
Los últimos peñascos, macizos y voluminosos, los puso el hombretote:
“Hemos terminado. Ya puedes cruzar, amiga mía”.
“¿Sabes? ¡Es demasiado tarde! ¡La fiesta habrá terminado! ¡He perdido mi corona!”.
“Pero te quedaste para ayudarme y no te importó halagar tu vanidad. Aprendiste una valiosa lección”.
Para premiarla, los dioses le devolvieron la magia.


jueves

19/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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38 / El norte lejano.
El reino de los hielos eternos y las auroras boreales.
Allí viven los hombres altos.
Son los descendientes de los colonizadores de las costas donde habitan los pastores; son de su misma raza.
Pero son temibles guerreros.
Usan corazas y cascos astados.
Hace mucho que no van de pillaje.
Les falta la chispa que encienda su belicosa condición.
Y esa chispa regresa de un viaje al mundo tenebroso: Dwaak.
El brujo de la magia negra.
Su cara está surcada de arrugas profundas.
Los párpados son dos rayas donde apenas se ven los ojos, encendidos como fuegos malévolos.
Los cabellos blancos y ralos le llegan a los hombros.
Posee una esfera de ónix en la que puede mirar lo que pasa en la comarca.
Acecha a los pacíficos habitantes de la aldea y al saberlos tan buenos, dedicados al trabajo en paz, rabia iracundo.
Sus manos, como garras de piel escamosa, se cierran sobre la esfera y sus uñas curvadas la arañan.
Jadea furioso profiriendo maldiciones terribles:
-¡Vengan a mí, oh, poderes de la oscuridad! ¡Demonios del abismo! ¡Engendros del mal! ¡Juntos derrotaremos a ese pueblo! ¡Nuestra será la victoria! ¡Aniquilarlos es la consigna! ¡Arrasar es mi lema! ¡Oh, demonios! ¡Acudan al llamado de éste vuestro amo y señor!
Luego ríe de los embrujos de Nahala para detenerlos, pero sabe que son efectivos.
No ha podido convencer a los suyos, que están ociosos.
Poco les puede robar a los aldeanos ya que su única riqueza está en sus manos.
Vayamos pues, por esclavos.
Fuertes.
Sanos.
Y por esas insignificantes hechiceras y sus secretos.
Dwaak incita a los hombres día a día.
Los convence para que aparejen las naves impulsadas por remos y velas.
En las proas tienen mascarones tallados con efigies de divinidades sanguinarias.
Los marineros izan las velas y reman por los fiordos hasta encontrarse con el mar.
Los tambores marcan el ritmo de las remadas y los corazones de los remeros laten acelerados porque se inflaman con ilusiones de gloria.
La invasión está en marcha.

miércoles

18/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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37 / Y ese “algo” la mantiene desvelada noches enteras.
Examina la lista de Gnesen, el maese de los metales.
Es una lámina finísima en la que se puede escribir.
No sabe cómo.
¿Que es una especie de tinta?
Lo es.
¿Con qué está aplicada?
¡Vaya uno a saber!
No tiene permiso para ir a cada rato al país de los gnomos para saber cosas y, ¡sería tan bueno poder escribir!
Ella y Salma están cansadas de retener en la memoria las fórmulas y las recetas.
La tradición oral quedaría registrada no sólo en las mentes y dejaría de ser hablada.
No desaparecería el encanto de una rueda en torno al fuego y alguien que narrara una leyenda, porque hay abuelos y abuelas que gustan de ser escuchados.
Los niños aprenderían a leer y conocerían la historia desde que los hombres altos habían colonizado esas costas.
Poder llevar a cabo todo esto, es otra de sus metas.
PORQUE NO PUEDE NI QUIERE seguir dejando cosas inconclusas en su camino.
Bastante tiene con no haber resuelto lo del caldero; lo ha intentado con diferentes materiales sin éxito.
Como primero es lo primero, decide completar los caracteres y recurre a la sapiencia de su madre, su padre y Laal.
Reúne a los aldeanos y les pide sus opiniones.
Aportan buenas ideas, corrigiendo y simplificando los trazos.
Transcurre bastante tiempo y puede decirse que lo han logrado.
Pero la pregunta de Laal -¿qué harás cuando no haya nieve?- sigue palpitando adentro de sus oídos.
Se esmeran en no olvidar el alfabeto.
Los pequeños lo aprenden con errores tan graciosos al escribir lo que no quieren, que ríen junto a los duendes, haciendo del invierno una fiesta.
El Señor Blatt cree que es una diversión más y salta en medio del blando pizarrón y escarba con las patas borrando los garabatos.
Esto provoca nuevas carcajadas, vueltas carnero y una que otra bola de nieve golpea leve en el hocico del lobo.
Esa área blanca tenía como decorado, apenas ayer, el verde de las hojas, el marrón de los troncos y los grises y negros de sus vestidos.
Ahora la adornan incontables colores.
Resaltan de modo sobresaliente donde se repliegan las sombras y donde estalla la luz, sobre el escenario inmaculado.
-¡Tonta! ¡Tonta! -despierta Nahala con una exclamación que asusta a sus padres. -¿Cómo no lo pensé antes? ¡Las tintas que usamos con las fibras! Pero... ¿dónde aplicarlas y con qué?
Un abanico de incógnitas se abre ante ella.
Ensaya como con la olla y fracasa.
Carece de una superficie para practicar las letras.
Para que nadie las olvide, inventa un juego: cuando van a patinar al arroyo, hace que todos las dibujen con los zuecos en la pizarra del hielo.
Las huellas zafiro se imprimen en sus memorias.
Después de la fiesta lunar, va con Salma a un escondido rincón de la floresta para hacer el rito anual en el que invocan y honran a los poderes de la naturaleza.
A los genios, duendes, ninfas, elfos y a los cuatro elementos: Fuego, Agua, Tierra, Aire.
La pira está preparada desde la mañana y al encenderla las llamaradas se elevan pintando de escarlata el reino de lo invisible.
Al convocarlas, las divinidades menores se presentan y bailan con las hechiceras alrededor de la fogata, orando con ellas:

¡Oh, Fuego! ¡Ilumínanos! ¡Danos tu sabiduría eterna!
¡Oh, Agua! ¡Límpianos! ¡Haznos puros de corazón!
¡Oh, Tierra! ¡Recibe nuestras plegarias en tu seno!
¡Oh, Aire! ¡Lleva por el mundo nuestros deseos de paz!


El humo de las hierbas embalsama el éter.
Mussi esparce sus fulgores en la claridad de la luna, que en esta noche singular se ve increíblemente grande.
Los duendes hacen música con tamborcillos, flautines y acordeones.
Un delicado son de caracolas anuncia la llegada de las hadas, hermanas de los cuatro vientos: Norte, Sur, Este, Oeste.
La multitud les abre camino.
Son altas y esbeltas.
Sus cabellos recuerdan el brillo del sol.
Tienen alas de seda y ropas de gasa bordadas con hilos de oro. Detienen sus acompasados pasos y cada una renueva las virtudes de Salma y Nahala.
-Niña -dice la del viento Norte: -Un gnomo te traerá algunas respuestas, pero no lo esperes todo de nosotros; busca las soluciones porque te sobra inteligencia.
-Salma -dice la del viento Sur: -Consulta con los magos mayores la próxima vez; es preciso que tú, Larne, Nahala y Laal, traspasen las puertas selladas.
-Nahala -continúa la del viento Oeste: -Toma esta cajita de plata, llévala contigo y ábrela sólo cuando estés cercada por el fuego y no antes. No la pierdas.
Y el hada del viento Oeste pone sus manos en las cabezas de ambas, extendiendo la esplendidez de un crepúsculo rosado.
-Pueden irse. Volveremos a encontrarnos donde quiera que sea, después que suceda lo que tiene que suceder. Sean con ustedes los poderes del bien y de la luz.
Y así, tan pronto como aparecieron, desaparecen.
El portento se diluye como el humo de las últimas brasas.
-Extrañas palabras, madre... ¿Qué es esto de la cajita de plata?
-¿Y qué es aquello de las puertas selladas?
-Esperemos los hechos que nos revelarán los misterios.
-Sí, hija mía. Es hora de regresar a casa.
Amanece.
El deshielo de primavera apresura el andar del río y del arroyo.
Las corrientes que bajan por las laderas de las montañas, arrastran témpanos navegantes.
Se deshacen lentos estrellándose contra las rocas de las márgenes en miles de trozos cristalinos.
Es la época de arar y llevar de pastoreo a los animales.
Los telares enmudecen.
Las labores del campo acaparan todas las manos.
Nahala recibe una visita inesperada.
Una madrugada, oye que rozan la puerta.
Al abrirla ve a Gnesen, el maese de los metales, que no vino solo.
Un unicornio lo acompaña.
El gnomo silencia con una seña su grito de asombro.
Entonces, se retiran al bosque para poder hablar.
-¿Cómo pudiste llegar hasta acá, Kuyuk?
-¡Pregúntamelo a mí, hechicera!
-¡Pero Druss y yo destruimos el puente! -de inmediato, recuerda las palabras del juglar sobre otros atajos.
-Tenemos un pasadizo secreto y subterráneo por el que nos comunicamos. Le pedí a Kuyuk que me trajera porque iba a demorar demasiado con estas mis piernas tan cortas. Estos paseos hay que hacerlos rápidamente sin que nadie nos vea.
-Pero... ¿Los unicornios están seguros? ¿Alguien podría descubrirlos?
-¡De ninguna manera! ¡Te digo para tu tranquilidad que es imposible!
-¡Qué alegría volver a verlos! ¿A qué vinieron?
-A traerte lo que tanto te desvela. Mira.
Le da una bolsa llena de hojas desconocidas.
Tersas.
Al tocarlas, no precisa preguntarle nada.
-¡Gnesen! ¡Mi amado amigo! ¡Sirven para escribir!
-Esto es papel y es difícil hacerlo. Kuyuk y yo vendremos a traértelo por la noche. Toma esto también.
-¡Son plumas!
-Sí; tienen las puntas cortadas de manera especial. Se mojan en la tinta y se puede escribir y hasta dibujar al que se le antoja.
-¡Ustedes son tan laboriosos! ¿Cómo agradecerles este regalo?
-Regresa a nuestro pueblo con más zuequitos... Han nacido muchos pequeñines últimamente...
La carcajada de Nahala se eleva y se confunde con el Ruido de la Noche, ese otro dios misterioso al que ora cuando no puede dormir.
-¡Kuyuk, vámonos! -Gnesen lo monta con un ágil salto.
-¡Tengan cuidado! ¡Por favor, que nadie los vea!
-¡Así será! ¡Y tú, ponte a escribir en cuanto amanezca y enseña a los demás! ¡Adiós!
El galope de los cascos se aleja.
Ella se queda mirándolos hasta que no puede distinguirlos. Piensa en el hada del viento Norte que le había anunciado la visita y luego corre a meterse en la cama.
La primavera tiene una muy baja temperatura todavía.

martes

17/ El Caldero de la Bruja [Anna Rhogio] - La novela WEB de magia y hechicería para niños

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36 / En esta ocasión, Laal no puede acompañar a Nahala al país de los gnomos: Okila está enferma y se queda para cuidarla. Va con Salma y Larne, dudando de si su padre será admitido en la comunidad.
Y bien que viene su fuerza para transportar el gran caldero que les obsequian.
De hierro fundido.
Negro como un tizón apagado.
En él se pueden hervir las lanas y los hilos en los tintes el tiempo necesario sin que se deterioren.
Los secretos de las tintas están en posesión de Salma y Nahala y los comparten con las damas de la aldea.
La hechicera recuerda los potes alineados en los anaqueles del laboratorio de maese Gmund; ahí guarda sus esencias y mixturas, ungüentos y pomadas.
Son panzudos, con tapas y asas como la olla de hierro y, aunque no sean de barro cocido, tienen su color.
Pero no asocia la acción de mezclar tierra y agua para amasar el lodo.
Mussi continúa ocultándoselo.
-No te lo diré porque sé que estás ideando otro pasatiempo.
-¿Pasatiempo, dices? ¿Te parecen pasatiempos las cosas buenas que hemos conseguido, Mussi?
-Y los admiro por eso. Y ahora, confiésame el resto.
-No, porque con tus ardides mágicos ya lo has adivinado, bonita. Antes de que yo lo piense, siquiera; mucho antes, tú ya lo sabes.
-Es que puedo estar de vuelta cuando tú recién te encaminas.
-Ven acá.
Le hace un mimo tocándole apenas el dorso de la mano. Sólo ella puede notar su ingrávido ser.
Es como sentir un sedoso hálito sobre la piel.
El hada se posa en su cabeza y columpiándose en un rizo, baja hasta la oreja.
Le da ideas.
La inspira.
La muchacha sale.
Se hinca y murmura como cuando hace sus encantamientos:
-Tú eres el viento. Tú eres el Padre Sol. Tú eres la Madre Luna. Tú, la ola. Tú la estrella. Tú el cielo. Tú el árbol. Tú la gaviota. Tú la flor. Tú la mariposa...
Va dibujando en la nieve los rasgos primordiales de las cosas.
La luz de las teas derrama en los rebordes de los trazos, el color del polen, el color del azafrán.
Laal está en el mejor de los sueños.
Pero un zarandeo impetuoso lo despierta y pregunta asustado:
-¿Qué pasa?
-Ven conmigo.
-¿Estás loca? ¿Adónde?
-Sígueme, por favor.
Le muestra los símbolos del rústico abecedario.
-Si los gnomos lo tienen, nosotros también.
Laal se rasca la cabeza y se frota los ojos con el gesto de un niño dormido:
-Muy interesante. Me pregunto qué harás cuando no haya nieve.
Nahala abre la boca para responderle y la vuelve a cerrar. Laal se aleja bostezando largamente:
-¡Ah... jum! Me voy a dormir...
Permanece allí, mirando sus diseños con aspecto de bobera total.
No había pensado en eso.
Laal ya está entrando en su casa.
Le grita de lejos:
-¡No te preocupes! ¡Ya se me ocurrirá algo!

viernes

El Caldero de la bruja - La novela WEB de mágia y hechicería para niños - Introducción [ALBERTO ROCA]


Los cuentos denominados “de hadas” han tenido a lo largo de los tiempos una función muy especial de representaciones intuitivas de los misterios de la naturaleza: entidades y poderes que parecen gobernar los procesos de todas las cosas que dependen de factores más allá de las capacidades humanas.

También los relatos hádicos han constituido formas de expresión de deseos, pulsiones, tensiones muy profundas de la psique humana, que de alguna manera le han permitido a ésta canalizar reacciones que resultaban de difícil comunicación.

Además, las aventuras y acontecimientos del mundo “de los elementales”, como se denominan la esencia de las hadas, permite que los espíritus de los niños vivan, creativamente, aquellos procesos que no pueden entender, en principio, racionalmente.

Este relato que hoy nos ofrece la fértil e iluminada imaginación de Anna Rhoggio, tiene la virtud adicional de reunir en su trama espiritual y creativa, las condiciones esenciales de la narración feérica además de traernos otra vez y felizmente, la gran tradición del mundo sobrenatural que se emparenta en este caso, con los misterios de la cultura celta relativos a los calderos mágicos, portentosos recipientes que otorgaban poder y facultades a aquellos que sabían utilizarlos y conocían los secretos de sus cocciones y las sustancias que las componían.

Por todo ello, esta pequeña joya de la creatividad talentosa de la autora, nos comunica con los enigmas y tradiciones más profundos de la Humanidad y nos acerca brillantemente a las más hondas de sus vertientes espirituales.


Alberto Roca
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