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lunes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (99) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


24

Quizás puedas decir: “Quietud? ¿De qué está hablando? Todo lo que siento es zozobra y dolor, no descanso. Cuando intento seguir este consejo, el sufrimiento y la lucha me salen al encuentro por todos lados. Por un lado, mis facultades me azuzan a dejar esta obra, y yo no quiero; por otro, anhelo perder la experiencia de mí mismo y experimentar sólo a Dios, y no puedo. La lucha y el dolor me asaltan por todas partes. ¿Cómo puede hablar de descanso? Si esto es descanso, rato descanso es”.

Mi respuesta es sencilla. Encuentras esta actividad difícil porque no estás acostumbrado a ella. Si estuvieras acostumbrado y comprendieras su valor, no la abandonarías por todos los goces materiales del mundo. Sí, lo es, es difícil y trabajosa. Pero a pesar de ello, la llamo descanso porque tu espíritu descansa en una libertad alejada de toda duda y ansiedad acerca de lo que ha de hacer, y porque durante el tiempo real de la oración está seguro en el conocimiento de que no errará mayormente.

Así, pues, persevera en ella con humildad y gran deseo, ya que es una obra que comienza, aquí en la tierra y seguirá en la eternidad sin fin. Pido que Jesús todopoderoso te lleve a ti y a todos los que ha redimido con su preciosa sangre a su gloria. Amén.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (98) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


23

En la vida de Cristo tenemos una poderosa ilustración de todo cuanto he intentado decir. Aunque no hubiera habido mayor perfección en esta vida que verle y amarle en su humanidad, no creo que hubiera ascendido a los cielos mientras perdurase este siglo, ni que retirara su presencia física de sus amigos de la tierra que tanto le amaban. Pero una más alta perfección era posible al hombre en esta vida: la experiencia puramente espiritual de amarle en su Divinidad. Por esta razón dijo a sus discípulos que estaban poco dispuestos a dejar su presencia física (lo mismo que tú estás poco dispuesto a dejar las reflexiones especulativas de tus sutiles y sabias facultades), que para su propio bien debía apartar su presencia física de ellos. Les dijo: “Es necesario que yo me vaya”, dando a entender: “Es necesario para vosotros que yo me separe físicamente de vosotros”. El santo doctor de la Iglesia, san Agustín, comentando estas palabras dice: “Si la forma de su humanidad no se hubiera quitado de sus ojos, el amor hacia Él en su Divinidad nunca hubiera penetrado en sus ojos espirituales”. Y por eso te digo que en cierto momento es necesario abandonar la meditación discursiva y aprender a gustar algo de esa profunda y espiritual experiencia del amor de Dios.

Abandonado a la gracia de Dios que te conducirá y te guiará, podrás llegar a esta honda experiencia de su amor siguiendo la senda que he trazado ante ti en estas páginas. Ello exige que tú te esfuerces siempre más y más por llegar a la conciencia desnuda de tu yo, ofreciendo constantemente tu ser a Dios como tu más preciado don. Pero te recuerdo una vez más: fíjate en que esté desnudo, no sea que caigas en el error. Cuanto más desnuda sea esta conciencia, más terriblemente doloroso te será al principio permanecer en ella cualquier duración de tiempo, ya que, como he explicado, tus facultades no encontrarán en ella alimento para sí mismas. Pero no hay daño en esto; de hecho, estoy complacido realmente. Sigue adelante. Déjalas que ayunen un poco de su natural deleite en conocer. Con razón se ha dicho que el hombre, por naturaleza, desea conocer. Pero, al mismo tiempo, es también verdad que ningún conocimiento natural o adquirido le llevará a gustar la experiencia espiritual de Dios, pues es un puro don de la gracia. Por eso te insto, en pos de la experiencia más que del conocimiento. Con respecto al orgullo, el conocimiento puede engañarte con frecuencia, pero este afecto delicado y dulce no te engañará. El conocimiento tiende a fomentar el engreimiento, pero el amor construye. El conocimiento está lleno de trabajo, pero el amor es quietud.

jueves

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (97) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


22

¡Mira, pues! Aquí están las señales que pedías. Si tienes alguna experiencia de ellas, podrás discernir (parcialmente al menos) la naturaleza y el significado de la intimación y del despertar de la gracia que sientes que te toca interiormente durante tus devociones espirituales, y exteriormente siempre que lees u oyes acerca de la contemplación. Como regla, pocas personas se ven tocadas tan singularmente y confirmadas en la gracia de la contemplación de tal manera que pasen a una experiencia inmediata y auténtica de todos estos dones juntos en el mismo comienzo. Si crees, no obstante, que has experimentado realmente uno o dos de ellos, contrástalos tú mismo con los rigurosos criterios de la Escritura, de tu padre espiritual y de tu propia conciencia. Si crees que todos ellos lo aprueban con unanimidad, es hora de dar de mano a todo razonamiento especulativo así como a toda reflexión imaginativa profunda sobre las sutilezas de tu ser o del de Dios, de tus actividades o de las suyas. Al principio alimentaron tu entendimiento y te llevaron más allá de una existencia mundana y material al umbral de la contemplación. Pero la imaginación y la razón te han enseñado todo lo que podían, y ahora debes aprender a entregarte totalmente al simple y espiritual conocimiento de tu yo y de tu Dios.

martes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (96) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV

    
21

Aunque puedas llamar a las delicias del fervor sensible la llegada del Señor, estrictamente hablando no es así. Nuestro Señor alimenta y fortalece tu espíritu por la excelencia, la frecuencia y la hondura de estos favores, que a veces acompañan a la gracia a fin de que puedas vivir perseverantemente en su amor y servicio. Pero Él obra en dos sentidos. Por un lado aprendes la paciencia en su ausencia, y por otro te robusteces con el alimento generoso y vivificador que te proporcionan con su venida. Nuestro Señor te modela así por medio de ambos, hasta hacerte gozosamente dócil y tan suavemente plegable que pueda conducirte finalmente a la perfección espiritual y a la unión con su voluntad, que es el amor perfecto. Entonces estarás tan dispuesto y a punto para abandonar todo sentimiento de consuelo cuando Él lo considere mejor, como a gozarlos sin cesar.

En este tiempo de sufrimiento, además, tu amor se hace casto y perfecto. Entonces podrás ver a tu Señor y su amor, y te convertirás en una sola cosa con Él por su amor, experimentándole desnudamente en el ápice soberano de tu espíritu. Aquí, totalmente despojado del yo y vestido de nada más que de Él, le experimentarás tal cual es, desnudo de todos los adornos de los deleites sensibles, aunque sean los placeres más suaves y sublimes de la tierra. Esta experiencia será ciega, como ha de ser en esta vida; sin embargo, con la pureza de un corazón indiviso, totalmente alejado de la ilusión y del error propio del hombre mortal, percibirás y sentirás que es Él realmente y sin lugar a engaño.

La mente, finalmente, que ve y experimenta a Dios tal cual es en su desnuda realidad, no está más separada de Él de lo que está de su propio ser, que, como sabemos, es uno en esencia y naturaleza. Pues así como Dios es uno con su ser, pues son una y la misma cosa por naturaleza, de la misma manera, el espíritu que ve y experimenta a Dios es uno con aquel a quien ve y experimenta, porque se han convertido los dos en uno por gracia.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (95) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


20

Aprenderás a darte cuenta de que todo lo que he escrito sobre estas dos señales y sus maravillosos efectos es cierto. Y sin embargo, después de que hayas experimentado alguno de ellos, o quizás todos, llegará un día en que desparezcan, dejándote, como si dijéramos, árido, o, en tu opinión, peor que árido. Habrá desaparecido tu nuevo fervor pero también tu habilidad para meditar como habías hecho durante tanto tiempo anteriormente. ¿Qué hacer entonces? Sentirás como si hubieras caído en alguna parte entre dos caminos sin tener ninguno, pero intentando agarrarte a los dos. Y así  será, pero no te desanimes demasiado. Súfrelo humildemente y espera con paciencia para que nuestro Señor obre como quiera. Pues ahora te encuentras en lo que yo llamaría una especie de océano espiritual, en viaje desde la vida de la carne hasta la vida en el espíritu.

Durante este viaje surgirán sin duda grandes tempestades y tentaciones, dejándote aturdido y sin saber a qué camino volverte para encontrar ayuda, pues tu afecto se sentirá privado tanto de tu gracia ordinaria como de tu gracia especial. Te repito: no temas. Aun cuando pienses que tienes grandes motivos para temer, no te angusties. Por el contrario, mantén en tu corazón una cordial confianza en nuestro Señor, o, en todo caso, haz lo que puedas según las circunstancias. Ciertamente, Él no está y quizá en cualquier momento se volverá hacia ti tocándote más intensamente que en el pasado con una reavivación de la gracia contemplativa. Entonces, mientras dura, sentirás que estás curado y que todo va bien. Pero, cuando menos lo esperes, se irá de nuevo, y otra vez te sentirás abandonado en tu barco, de acá para allá, sin saber dónde. Vendrá a su propia hora. Con fuerza y más maravillosamente que antes vendrá en tu ayuda y aliviará tu angustia. Volverá tantas veces como se vaya.

Y si aguantas virilmente todo esto con amor dócil, cada venida será más maravillosa y más gozosa que la última. Recuerda que todo lo que hace, lo hace con una intención sabia; quiere que llegues a ser tan dúctil espiritualmente y tan moldeado a su voluntad como un fino guante de cabritilla a tu mano.

Y así, unas veces irá y otras vendrá, de manera que tanto con su presencia como con su ausencia pueda prepararte, educarte e introducirte en las profundidades secretas de tu espíritu para esta obra. En la ausencia de todo entusiasmo te enseñará el significado real de la paciencia. Desaparecido tu entusiasmo, podrás pensar que le has perdido también a Él, pero no es así; sólo quiere enseñarte la paciencia. Mas no te equivoques sobre esto; Dios puede a veces retirar las suaves emociones, el entusiasmo gozoso y los ardientes deseos, pero nunca retira su gracia de los que ha elegido, excepto en caso de pecado mortal. Estoy seguro de ello. Por lo demás, las emociones, el entusiasmo y los deseos no son en sí mismos gracia, sino regalos de la gracia. Y estos los puede retirar con frecuencia, unas veces para fortalecer nuestra paciencia; otras, por otras razones, pero siempre para nuestro bien espiritual, aunque quizá nunca lo entendamos.

Debemos recordar que la gracia, en sí misma, es tan alta, tan pura y tan espiritual que nuestros sentidos y emociones son de hechos incapaces de experimentarla. El fervor sensible que experimentan son los regalos de la gracia, no la gracia misma.

Estos los retirará el Señor de vez en cuando para ahondar y madurar nuestra paciencia. También lo hace por otras razones, pero no entraré ahora en ellas. Sigamos más bien con nuestro tema.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (94) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


19

Pero si el gozoso entusiasmo que se apodera de ti cuando lees u oyes sobre la contemplación es realmente el toque de Dios que te llama a una vida más alta de gracia, notarás efectos muy diferentes. Será tan abundante que te acompañará al lecho por la noche y se levantará contigo por la mañana. Te seguirá a través del día en todo lo que hagas, penetrando en tus devociones diarias como una barrera entre ellas y tú.

Parecerá además que se presenta simultáneamente con ese ciego deseo que, mientras tanto, sigue creciendo silenciosamente en intensidad. El entusiasmo y el deseo pueden parecer ser parte uno de otro. Tanto es así, que llegarás a pensar que es solamente un deseo lo que tú sientes, aunque dudarás en decir que es precisamente lo que estás deseando.

Tu personalidad quedará totalmente transformada, tu porte irradiará una belleza interior, y mientras lo sientas nada te entristecerá. Correrías mil kilómetros para hablar con otro del que supieras que efectivamente también lo siente, y, sin embargo, al llegar allí, te encontrarías sin palabras. Que otros digan lo que quieran, tu única alegría sería hablar de ello. Tus palabras serán pocas, pero tan fructuosas y tan llenas de fuego que lo poco que dices llenará el mundo de sabiduría (aunque parezca tontería a los que todavía son incapaces de trascender los límites de la razón). Tu silencio será pacífico, tu conversación provechosa y tu oración secreta en las profundidades de tu ser. Tu autoestima será natural y no estará estropeada por el engaño, tu comportamiento con los demás será cortés y tu risa alegre, como quien goza de todo con la alegría de un niño. Con qué ansia amarás el sentarte aparte, sabedor de que otros, que no comparten tu deseo y atracción, sólo te molestarían. Habrá desaparecido todo deseo de leer y escuchar libros, pues tu único deseo será oír hablar de la contemplación.

Así el deseo creciente de contemplación y el gozoso entusiasmo que te embarga cuando oyes o lees sobre ella se dan la mano y se hacen uno. Cuando estas dos señales (una interior y otra exterior) están de acuerdo, puedes confiar en ellas como prueba de que Dios te llama a entrar dentro y a comenzar una vida más intensa de gracia.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (93) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


18

Después de todo lo que he dicho sobre las dos vocaciones a la vida de gracia, veo que surge una pregunta en tu mente. Quizás estés pensando algo parecido a esto:

“Dime, por favor, ¿hay uno o más signos que me ayuden a discernir este crecente deseo que siento por la oración contemplativa, y este embriagador entusiasmo que se apodera de mi siempre que oigo hablar o leo sobre él? ¿Es Dios realmente el que me llama a través de ellos a una vida más intensa de gracia tal como la has descrito en este libro, o es que los da como un simple alimento y fuerza para mi espíritu, de forma que pueda esperar sosegadamente y trabajar en esa gracia ordinaria que tú llamas la puerta y la entrada común para todas los cristianos?”.

Contestaré lo mejor que pueda.

Ante todo, advertirás que te he dado las clases de pruebas para discernir si Dios te llama o no espiritualmente a la contemplación. Una era interior y la otra exterior. Mi convicción es que para discernir un llamamiento a la contemplación, ninguna de las dos, por sí sola, es prueba suficiente. Han de ir juntas, indicando las dos la misma cosa, antes de que puedas confiar en ellas sin miedo de equivocarte.

La señal interior es ese deseo creciente por la contemplación que se mete constantemente en tus devociones diarias. Y puedo decirte además lo siguiente sobre este deseo. Es un ciego anhelo del espíritu y, sin embargo, viene acompañado de una especie de visión espiritual que persiste después de él, y que renueva el deseo y lo acrecienta. (Llamo ciego a este deseo, porque semeja la facultad de moción del cuerpo -como en el tacto  o al andar, que como tú sabes no se dirige directamente a sí mismo y es, por tanto, en cierto sentido, ciego). Así, pues, observa cuidadosamente tus devociones diarias y fíjate en lo que sucede. Si están llenas del recuerdo de tus propios pecados, de consideraciones de la Pasión de Cristo o de otra cosa cualquiera perteneciente a la forma ordinaria de oración cristiana que he descrito anteriormente, has de saber que la intuición espiritual que acompaña y sigue a este ciego deseo es fruto de la gracia ordinaria. Y esta es una señal segura de que Dios todavía no te mueve ni te llama a una vida más intensa de gracia. Te da, más bien, este deseo como aliento y fuerza para seguir esperando tranquilamente y actuando con la gracia ordinaria.

La segunda señal es exterior y se manifiesta como el entusiasmo gozoso que mana desde tu interior, siempre que oyes o lees sobre la contemplación. La llamo exterior, porque se origina fuera de ti y entra en tu mente a través de las ventanas de tus sentidos corporales (tus ojos y tus oídos), cuando lees. Por lo que respecta al discernimiento de esta señal, fíjate e si persiste este gozoso entusiasmo, quedando contigo cuando has dejado la lectura. Si desaparece inmediatamente o poco después y no te persigue en todo lo que haces, sábete que no es un toque especial de la gracia. Si no está contigo cuando vas a dormir y al levantarte, y si no va delante de ti, introduciéndose en todo lo que haces, encendiendo y robando tu deseo, no es la llamada de Dios a una vida más intensa de gracia, más allá de lo que llamo la puerta común y la entrada para todos los cristianos. En mi opinión, su misma transitoriedad demuestra que es simplemente la alegría natural que todo cristiano siente cuando lee u oye sobre la verdad y más especialmente una verdad como esta, que tan profunda y sutilmente habla de Dios y de la perfección del espíritu humano.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (92) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV



17

Consagro este capítulo a refutar la ignorante presunción de ciertas personas que insisten en que el hombre es el agente principal en todo, incluso en la contemplación. Confiando demasiado en su natural sabiduría y en la teología especulativa, afirman que Dios es el que consiente pasivamente, incluso en esta actividad. Pero quiero que entiendas que en lo que respecta a la contemplación, ocurre todo lo contrario. Dios solo es el agente principal aquí, y no quiere actuar en nadie que no haya dado de mano todo ejercicio de su entendimiento natural entretenido en una especulación inteligente.

No obstante, en toda obra buena, el hombre actúa en colaboración con Dios, sirviéndose de su natural ingenio y conocimiento para su mayor bien. Dios es también aquí totalmente activo, pero aplicando, por decirlo así, una medida diferente. Aquí permite la acción del hombre y la asiste a través de los medios secundarios: la luz de la Escritura, la orientación fiable y los dictados del sentido común que incluyen las exigencias del propio estado, de la edad y las circunstancias de la vida. De hecho, en todas las actividades ordinarias el hombre nunca debe seguir una inspiración -aunque sea piadosa o atractiva- hasta no haberla examinado racionalmente a la luz de estos tres testigos.

Es razonable, ciertamente, esperar a que un hombre sea capaz de actuar responsablemente. La santa iglesia así lo hace, y por derecho y decreto no permite que uno llegue a obispo (el grado más alto de la vida activa) hasta que tras riguroso examen no haya determinado que es capaz de realizar este oficio.

Así, en todas las actividades ordinarias el ingenio natural y los conocimientos del hombre (dirigidos por la Escritura, el buen consejo y el sentido común) toman iniciativas responsables, mientras Dios con su gracia permite y asiste en todos los asuntos pertenecientes al ámbito de la sabiduría humana. Pues aquí Dios solo es el agente principal y Él solo toma la iniciativa, mientras que el hombre consiente y sufre su acción divina.

Esta es, pues, mi manera de entender las palabras del Evangelio: “Sin mí, no podéis hacer nada”. Significan una cosa en todas las actividades ordinarias y otra completamente diferente en la contemplación. Todas las obras activas (agraden a Dios o no) están hechas con Dios, pero su parte consiste, como si dijéramos, en consentirlas y permitirlas. En la obra contemplativa, sin embargo, la iniciativa le pertenece a Él solo, y sólo pide que el hombre consienta y sufra su acción. Puedes tomar esto como un principio general: “No podemos hacer nada sin Él; nada bueno ni nada malo; nada activo ni nada contemplativo”.

Antes de dejar este punto, añadiré que Dios está con nosotros también en el pecado, no porque coopere en nuestro pecado, pues no coopera, sino porque nos permite pecar si es que optamos por ello. Sí, nos deja tan libres que podemos ir a la condenación si, al final, optamos por esto en vez de por un sincero arrepentimiento.

En nuestras buenas acciones hace algo más que simplemente permitir nuestra acción. Nos asiste realmente; para gran mérito nuestro si avanzamos, si bien para vergüenza nuestra si retrocedemos. Y por lo que se refiera a la contemplación, Él toma la iniciativa completa, primero para despertarnos, y después, como maestro artesano, para trabajar en nosotros conduciéndonos a la más alta perfección, uniéndonos espiritualmente a Él en un amor consumado.

Y así, cuando nuestro Señor dice: “Sin mí, no podéis hacer nada”, habla a todos, ya que todos en la tierra caen en uno de estos tres grupos: pecadores, activos o contemplativos. En los pecadores está activamente presente, permitiéndoles obrar como quieren; en los activos está presente, permitiendo y asistiendo, y en los contemplativos, como único dueño, despertándolos y conduciéndolos en esta obra divina.

¡Ay! He empleado muchas palabras y he dicho muy poco. Pero quería que entendieras cuándo has de usar tus facultades y cuándo no. Quería que vieras cómo actúa Dios en ti cuando usa tus facultades y cuando no. Creí que esto era importante porque este conocimiento podría prevenirte de caer en ciertas decepciones que de otra manera podrían enredarte. Y ya que está escrito, dejémoslo así, aun cuando no tiene mayor importancia para nuestro tema. Pero volvamos a él ahora.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (91) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


Pero volvamos a nuestro tema, que te concierne a ti personalmente y a cuantos compartan tus disposiciones.

Dime ahora, si Cristo es la puerta, ¿qué deberá hacer el hombre una vez que la ha encontrado? ¿Deberá permanecer allí a la espera sin entrar? Contestando en tu lugar, te digo: sí, esto es exactamente lo que debe hacer. Hace bien en seguir estando a la puerta, pues hasta ahora ha vivido una existencia ruda según la carne, y su espíritu se halla corroído por una gran herrumbre. Es justo que espere a la puerta hasta que su conciencia y su padre espiritual estén de acuerdo en que este orín ha sido totalmente quitado. Pero, sobre todo, ha de aprender a ser sensible al Espíritu que le guía secretamente en lo profundo de su corazón y esperar hasta que el Espíritu mismo le mueva y lo llame desde dentro. Esta secreta invitación del Espíritu de Dios es el signo más inmediato y cierto de que Dios llama y mueve a una persona a una vida más alta de gracia en la contemplación.

Pues puede suceder que un hombre lea u oiga sobre la contemplación y sienta incesantemente en sus devociones ordinarias un suave deseo de unirse más íntimamente a Dios, incluso en esta vida, a través de la obra espiritual sobre la que ha leído u oído. Esto indica, ciertamente, que la gracia le está tocando, pues otros oirán o leerán la misma cosa, permaneciendo totalmente inmóviles, sin experimentar deseo especial alguno por ella en sus devociones ordinarias. Estas personas hacen bien en seguir pacientemente a la puerta, como llamados a la salvación pero no aun a su perfección.

Permítaseme a estas alturas una leve digresión para advertirle (y a cualquiera que pueda leer esto) una cosa en particular. Es algo aplicable en todo caso, pero especialmente aquí, donde hago una distinción entre los llamados a la salvación y los llamados a la perfección. Que te sientas llamado a una u otra carece de importancia. Lo que es importante es que atiendas a tu propia llamada y no discutas o juzgues los designios de Dios en la vida de los otros. No te mezcles en sus asuntos de a quién mueve y llama, y a quién no; de cuándo llama, si pronto o tarde; o de por qué llama a uno y no a otro. Créeme, si te metes a juzgar todo esto que atañe a otras personas, pronto caerás en el error. Presta atención a lo que digo y trata de captar su importancia. Si te llama, alábale y pídele que puedas responder perfectamente a su gracia. Si no te ha llamado todavía, pídele humildemente que lo haga a su debido tiempo. Pero no te atrevas a decirle lo que ha de hacer. Déjale solo. Es poderoso, sabio y lleno de deseo de hacer lo mejor para ti y para todos los que le aman.

Vive en paz en tu propia vocación. Sea que estés esperando fuera en la meditación o entres dentro por la contemplación, no tienes motivo para quejarte; las dos vocaciones son preciosas. La primera es buena y necesaria para todos, aunque la segunda es mejor. Agárrate a ella, pues, si puedes, o mejor dicho, si la gracia te agarra y escuchas la llamada del Señor. Si, te hablo con toda verdad al decirte esto. Pues abandonados a nosotros mismos podemos caer en forzar orgullosamente la contemplación, lo cual sólo nos lleva a tropezar al final. Sin Él, además, es demasiado esfuerzo perdido. Recuerda lo que dice: “Sin mí no podéis hacer nada”. Es como si dijera: “Si no os muevo y atraigo yo primero y vosotros no respondéis consintiendo y sufriendo mi acción, nada de lo que hagáis me agradará por completo”. Y ya sabes desde ahora que la obra contemplativa que he descrito, por su misma naturaleza, ha de agradar enteramente a Dios.

lunes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (90) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


15

¡Y qué delicioso lugar es esta morada del espíritu! Aquí el mismo Señor no sólo es portero sino también la puerta. Como Dios, es el portero; como hombre, es la puerta. Por eso dice en el Evangelio:

Yo soy la puerta de las ovejas, si uno entra en mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El que no entra en la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otro lado, es un ladrón y un salteador.

En el contexto de todo lo que venimos diciendo sobre la contemplación puedes entender las palabras de nuestro Señor como sigue: “En cuanto Dios, yo soy el portero todopoderoso y por lo mismo, a mí me pertenece determinar quién puede entrar y cómo. Pero preferí prepararle un camino claro y común al rebaño, abierto a todo aquel que quiera venir. Por eso me revestí de una naturaleza humana ordinaria, poniéndome totalmente a disposición de todos, de manera que nadie pueda excusarse de venir porque no conociera el camino. En mi humanidad, yo soy la puerta, y quien entra por medio de mí será salvo.

Los que deseen entrar por la puerta comenzarán meditando la Pasión de Cristo y aprenderán a llorar sus pecados personales, que motivaron esa Pasión. Que se reprueben a sí mismos arrepintiéndose sinceramente y se muevan a compasión y piedad por su buen maestro, pues habiéndolo merecido ellos, no han sufrido, mientras que Él, no mereciéndolo, sufrió tan lastimosamente. Y que levanten sus corazones a recibir el amor y la bondad de su Dios, que prefirió descender tan bajo como para hacerse hombre mortal. Todo el que hace esto entra por la puerta y será salvo. Sea que entre, contemplando el amor y la bondad de la Divinidad, o que salga, meditando los sufrimientos de su humanidad, encontraré pastos espirituales de devoción en abundancia. Si, y aunque no avance más en esta vida, tendrá mucha devoción, muchísima para fomentar la salud de su espíritu y llevarle a la salvación.

Algunos, no obstante, rehusarán entrar por esta puerta, pensando llegar a la perfección por otros medios. Tratarán de atravesar la puerta con toda suerte de sabias especulaciones, entregando sus no refrenadas e indisciplinadas facultades a extrañas y exóticas fantasías, con desprecio de la entrada común abierta a todos, de la que hablé más arriba, así como de la guía segura de un padre espiritual. Tal persona (y no me importa quién sea) no sólo es un ladrón nocturno sino un vagabundo de día. Es un ladrón nocturno, porque opera en la oscuridad del pecado. Lleno de presunción, confía en sus ideas y antojos personales más que en el consejo seguro o en la seguridad de esa senda clara y común que he descrito. Es un vagabundo de día, porque disfrazado de una auténtica vida espiritual roba secretamente y se arroga los signos externos y las expresiones de un verdadero contemplativo, mientras que en su vida interior no produce ninguno de sus frutos. También, ocasionalmente, este joven puede sentir una ligera inclinación hacia la unión con Dios, y, cegado por eso, lo toma como una aprobación de lo que hace. En realidad, cediendo a sus deseos incontrolados y rehusando el consejo, se encuentra con una pendiente peligrosísima. Su peligro es todavía mayor al ambicionar cosas que están muy por encima de Él y fuera de la senda ordinaria y clara de la vida cristiana. Ya expliqué esta senda a la luz de las palabras de Cristo, al mostrar el lugar y la necesidad de la meditación. La llamé la puerta de la devoción, y te aseguro que es la entrada más segura para la contemplación en esta vida.

martes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (89) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


14

Dime ahora, ¿sigues todavía esperando que tus facultades te ayuden a alcanzar la contemplación? Créeme, ciertamente no ocurrirá así. Las meditaciones imaginativas y especulativas, por sí mismas, nunca te llevarán al amor contemplativo. Por muy extraordinarias, sutiles, hermosas o profundas que sean, y aunque se centren en tus pecados, en la Pasión de Cristo, los gozos de nuestra Señora o de los santos y ángeles del cielo, o en las cualidades, sutilezas y estados de tu ser o del de Dios, son inútiles en la oración contemplativa. Por mi parte prefiero no tener nada más que esa pura y oscura percepción de mi yo de que te hablé más arriba.

Fíjate en que he dicho de mi yo y no de mis actividades. Muchas personas confunden sus actividades con ellos mismos, creyendo que son lo mismo. Pero no es así. El agente es una cosa y sus obras son otra. De la misma manera, Dios, tal como es en sí mismo, es totalmente diferente de sus obras, que son también algo distinto.

Pero, volviendo a mi punto, llegar a la simple conciencia de mi ser es todo lo que deseo, aun cuando ello suponga el peso doloroso del yo y rompa mi corazón con lágrimas, porque sólo experimento mi yo y no a Dios. Prefiero esto con su consiguiente dolor a todos esos sutiles y raros pensamientos e ideas de que el hombre puede hablar o que puede encontrar en los libros, por muy sutiles y agradables que puedan parecer a tu aguda y sofisticada mente. Porque este sufrimiento me inflamará con el deseo amoroso de experimentar a Dios tal cual es.

A pesar de todo, estas meditaciones tienen su lugar y su valor. Un pecador recién convertido y que acaba de comenzar a orar, encontrará en ellas el camino más seguro para el conocimiento espiritual de sí mismo y de Dios. Creo, además, aparte la especial intervención de Dios, que es humanamente imposible para un pecador llegar al reposo pacífico en la experiencia espiritual de sí mismo, hasta no haber ejercitado primero su imaginación y razón en el aprecio de su propio potencial humano, así como en las multiformes obras de Dios, y hasta que no haya aprendido a llorar su pecado y a encontrar su gozo en el bien obrar. Créeme, quien no siga este camino se extraviará. En este caso uno ha de permanecer fuera de la contemplación, ocupado en la meditación discursiva, aun cuando preferiría estar en el reposo contemplativo que está por encima de ella. Muchos creen erróneamente que han penetrado por la puerta espiritual, cuando, en realidad, siguen todavía fuera. Y lo que es más, permanecerán fuera hasta que no aprendan a buscar la puerta con un amor humilde. Algunos encuentran la puerta y entran antes que otros, no porque posean una entrada especial o un mérito extraordinario, sino simplemente porque el portero les deja entrar.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (88) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


13
  
Y así, cuando en esta obra empieces a darte cuenta de que percibes y experimentas tu yo y no a Dios, llénate de sincera tristeza y anhela con todo tu corazón ser absorbido totalmente en la experiencia de Dios. No ceses de desear la pérdida de ese despreciable conocimiento y conciencia corrupta de tu ciego ser. Ansía huir de ti mismo como de un veneno. Olvida y desprecia tu yo tan despiadadamente como manda el Señor.
  
No entiendas mal mis palabras. No dije que debas desear no-ser, pues eso sería locura y blasfemia contra Dios. Dije que debes desear perder el conocimiento y la experiencia del yo. Esto es esencial, si quieres llegar a experimentar el amor de Dios tanto como es posible en esta vida. Has de comprender y experimentar por ti mismo que si no pierdes tu yo, no alcanzarás nunca tu meta.
  
Pues dondequiera que estés, en cualquier cosa que hagas, o de cualquier modo que lo intentes, esa elemental sensación de tu propio ser ciego quedará entre ti y tu Dios. Es posible, por supuesto, que Dios pueda intervenir a veces, llenándote con una experiencia pasajera de Él mismo. Pero fuera de estos momentos esta desnuda conciencia de tu ciego ser te pesará y será como una barrera entre ti y tu Dios, lo mismo que al principio de esta obra los variados detalles de tu ser fueron como una barrera para la conciencia directa de tu yo. Entonces te darás cuenta de lo pesado y doloroso que es el peso del yo. Que Jesús te ayude en esa hora, pues tendrás gran necesidad de Él.
  
Toda la miseria del mundo junta te parecerá como nada al lado de esta, pues entonces serás una cruz para ti mismo. Este es, sin embargo, el camino para nuestro Señor y el significado real de las palabras: “Que el hombre tome su cruz” (la dolorosa cruz del yo), para que después pueda seguirme a la gloria”, o, como si dijéramos, “al monte de la perfección”. Pero escucha su promesa:
  
“Le hará saborear la delicia de mi amor en la inefable experiencia de mi divina persona”. Fíjate en lo necesario que es llevar este peso doloroso, la cruz del yo. Sólo así estarás preparado para la experiencia trascendente de Dios tal como es y para la unión con Él en la consumación del amor.
  
Y ahora, a medida que esta gracia te toca y te llama, podrás ver y apreciar más y más el valor altísimo de la obra contemplativa.


miércoles

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (87) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV



12

Quiero que entiendas ahora que, aunque al principio te dije que te olvidaras de todo, a excepción de la ciega conciencia de tu desnudo ser, quería llevarte incluso hasta el punto en que te olvidaras también de esto, experimentando así solamente el ser de Dios. Con un ojo fijo en esta última experiencia pude decirte al principio: Dios es tu ser. En aquel momento creí que era prematuro esperar que pudieras levantarte de repente a tan alta conciencia espiritual del ser de Dios. Por eso dejé que subieras hacia Él por grados, enseñándote primero a roer la desnuda y ciega conciencia de ti mismo hasta adquirir por la perseverancia espiritual una facilidad en esta obra interior. Sabía que ello te prepararía a experimentar el sublime conocimiento del ser de Dios. Es cierto que al principio te dije que cubrieras y vistieras la conciencia de tu Dios con la conciencia de tu propio yo, pero sólo porque eras todavía espiritualmente desmañado y sin desbastar. Con perseverancia en esta práctica, esperaba que crecieras incesantemente en la soledad del corazón hasta que estuvieras dispuesto a despojar, destruir y desnudar totalmente la conciencia personal de todas las cosas, incluso la conciencia elemental de tu propio ser, a fin de que puedas vestirte nuevamente con la graciosa y radiante experiencia de Dios tal como es en sí mismo.

Tal es el proceder de todo verdadero amor. El amante se despojará plenamente de todo, aun de su mismo ser, por aquel a quien ama. No puede consentir vestirse con algo si no es del pensamiento de su amado. Y no es un capricho pasajero. No, desea siempre y para siempre permanecer desnudo en un olvido total y definitivo de sí mismo. Esta es la tarea del amor, si bien sólo el que lo experimente lo podrá entender realmente. Tal es el significado de las palabras de nuestro Señor: “El que quiera amarme, niéguese a sí mismo”. Es como si dijera: “El hombre ha de despojarse de su mismo yo, si es que quiere sinceramente ser vestido de mi, pues yo soy el vestido que fluye del amor eterno y sin fin”.

lunes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (86) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV



11

Ahora, para satisfacer tu orgulloso intelecto, cantaré las alabanzas de esta actividad. Créeme, sin un contemplativo tuviera lengua y palabras para expresar su experiencia, todos los sabios de la cristiandad quedarían mudos ante su sabiduría. Sí, porque en comparación, todo el conocimiento humano junto aparecería como simple ignorancia. No te sorprendas, pues, si mi desmañada y humana lengua no acierta a explicar su valor de una manera adecuada. Y no quiera Dios que la experiencia misma degenere tanto que tenga que adaptarse a los estrechos límites del lenguaje humano. ¡No, no es posible y nunca lo será; y no quiera Dios que yo lo desee alguna vez! Lo que podemos decir de ella no es ella, sino sólo sobre ella. No obstante, puesto que no podemos decir lo que es, tratemos de describirla, para confusión de todos los intelectos soberbios, especialmente del tuyo, que es la razón verdadera por la que escribo esto ahora.

Comenzaré haciéndote una pregunta. Dime, ¿cuál es la sustancia de la perfección íntima del hombre y cuáles son los frutos de esa perfección? Contestaré por ti. La más alta perfección del hombre es la unión con Dios en la consumación del amor, un destino tan alto, tan puro en sí mismo y tan por encima del pensamiento humano que no puede ser conocido o imaginado tal como es. Siempre que encontramos sus frutos, sin embargo, podemos suponer que se da con abundancia. Al declarar, por tanto, la dignidad de la obra contemplativa sobre las demás, debemos primero distinguir los frutos de la perfección última del hombre.

Estos frutos son las virtudes que deben abundar en todo hombre perfecto. Ahora bien, si estudias cuidadosamente la naturaleza de la obra contemplativa y consideras después la esencia y la manifestación de cada virtud por separado, descubrirás que todas las virtudes se encuentran clara y distintamente contenidas en la contemplación misma, no deterioradas por una voluntad retorcida o egoísta.

No mencionaré aquí ninguna virtud particular, ya que no es necesario y, has leído sobre ellas en mis otros libros. Bastará con decir que la obra contemplativa, cuando es auténtica, es ese amor reverente, ese fruto sazonado y cosechado del corazón de un hombre del que te hablé en mi pequeña Carta sobre la Oración. Es la nube del no-saber, el amor secreto plantado hondamente en un corazón indiviso, el Arca de la Alianza. Es la teología mística de Dionisio, lo que él llama su sabiduría y su tesoro, su luminosa oscuridad y su entender no entendiendo. Es lo que te lleva al silencio por encima del pensamiento y de las palabras y lo que hace tu oración sencilla y breve. Y es lo que te enseña a olvidar y repudiar todo lo que es falso en el mundo.

Hay más todavía. Es lo que te enseña a olvidar y repudiar tu mismo yo, según la exigencia del Evangelio: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. En el contexto de todo lo que hemos venido diciendo sobre la contemplación, es como si Cristo dijera: “El que quiera venir humildemente en pos de mí -a la alegría de la eternidad o al monte de la perfección-…”. Cristo fue delante de nosotros porque este era su destino por naturaleza; nosotros vamos en pos de Él por gracia. Su naturaleza divina tiene una categoría superior en dignidad que la gracia, y la gracia la tiene más alta que nuestra naturaleza humana. En estas palabras nos enseña que podemos seguirle al monte de la perfección tal como se experimenta en la contemplación, sólo a condición de que Él nos llame primero y nos conduzca allí por gracia.

Esta es la verdad absoluta. Y quiero que entiendas (y otros como tú que puedan leer esto) una cosa muy claramente. Aunque yo te he animado a seguir el camino de la contemplación con simplicidad y rectitud, estoy seguro, no obstante, sin duda o miedo a equivocarme, de que Dios todopoderoso, independientemente de todas las técnicas, ha de ser siempre el agente principal de toda contemplación. Es Él quien ha de despertar en ti este don por la gracia. Y lo que tú y otros como tú habéis de procurar es haceros completamente receptivos, consintiendo y sufriendo su divina acción en las profundidades de vuestro espíritu. El consentimiento pasivo y la perseverancia que aportáis a la obra es, sin embargo, una actitud específicamente activa. Pues por la unicidad de tu deseo, dirigido en anhelo constante hacia tu Señor, te abres continuamente a la acción. Todo ello, sin embargo, lo aprenderás por ti mismo a través de la experiencia y de la comprensión de la sabiduría espiritual.

Pero puesto que Dios en su bondad mueve y toca a diferentes personas de diferentes maneras (a algunas a través de causas segundas y a otras directamente), ¿quién se atreve a decir que no puede tocarte a ti, y a otros como tú, a través y por medio de este libro? Yo no merezco ser su servidor, mas en sus designios misteriosos puede operar a través de mí, si así lo quiere, pues es libre de obrar como le plazca. Pero supongo que, después de todo, no entenderás realmente esto hasta que no te lo confirme tu propia experiencia contemplativa. Digo simplemente esto: prepárate a recibir el don del Señor escuchando sus palabras y dándote cuenta de su pleno significado. “Quien quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo”. Y dime, ¿de qué mejor manera puede uno abandonarse y despreciarse a sí mismo y al mundo que negándose a volver su mente hacia lo uno o lo otro ni hacia nada relacionado con ellos?

jueves

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (85) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


10

Pero quizás tus insaciables facultades han estado ya ocupadas examinando lo que he dicho sobre la obra contemplativa. Están inquietas porque está por encima de su habilidad y te han dejado perplejo y dubitativo sobre este camino a Dios. En realidad, no ha de sorprender. Porque, en el pasado, dependiste tanto de ellas que ahora no puedes darles de mano fácilmente, aun cuando la obra contemplativa exige que lo hagas. .Al presente, sin embargo, veo que tu corazón está turbado e inquieto por todo esto. ¿Es realmente tan grato a Dios como te digo? Y si lo es, ¿por qué? Quiero contestar a todo esto, pero quiero que comprendas que precisamente estas cuestiones de una mente tan inquisitiva que de ningún modo te dejarán en paz para asentir a esta actividad, hasta que su curiosidad no haya sido apaciguada en cierta medida por una explicación racional. Y puesto que este es el caso, no me puedo negar a ello. Complaceré a tu soberbio intelecto, descendiendo al nivel de tu presente comprensión, a fin de que después tú puedas remontarte al mío, confiando en mi orientación y no poniendo trabas a tu docilidad. Apelo a la sabiduría de san Bernardo, quien afirma que la perfecta docilidad no pone trabas.

Pones trabas a tu docilidad cuando vacilas en seguir la orientación de tu padre antes de que tu propio juicio la haya ratificado. ¡Mira cómo deseo ganar tu confianza! Sí, yo realmente lo quiero y lo conseguiré. Ahora bien, es el amor lo que me mueve, más que cualquier otra habilidad personal, grado de conocimiento, profundidad de comprensión o adelanto en la misma contemplación. De todos modos, espero y pido a Dios que supla mis deficiencias, pues mi conocimiento es sólo parcial mientras que el suyo es completo.

lunes

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR (84) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


9

En la primitiva Iglesia, cuando la persecución era común, toda clase de personas (sin preparación especial de prácticas piadosas y devocionales) estaban tan maravillosa y espontáneamente tocadas por la gracia, que sin otro recurso ulterior a la razón corrían a la muerte con los mártires. Leemos de artesanos que arrojaron sus herramientas y de niños de escuelas que abandonaron sus libros, tan grande era su ansia de martirio. En nuestro tiempo, la Iglesia está en paz, pero ¿es tan difícil creer que Dios puede y quiere tocar los corazones de toda clase de gente con la gracia de la oración contemplativa en el mismo sentido maravilloso e imprevisto? No, y yo estoy convencido de que Dios en su gran bondad continúa actuando como quiere en los que elige, y de que finalmente podrá verse su bondad en toda su dimensión para asombro de todo el mundo. Y todo el que esté gozosamente determinado a reducir su yo a nada y ansiosamente anhele que Dios sea todo, se verá protegido de la embestida de sus enemigos internos y externos, por la bondad gratuita de Dios mismo. No necesita ordenar sus defensas, pues con una gran fidelidad propia de su bondad, Dios protegerá infaliblemente a aquellos que, absortos en su amor, se han olvidado de sí mismos. ¿Puede sorprendernos, por tanto, que estén tan maravillosamente seguros? No, porque la verdad y la docilidad les han hecho perder el miedo y estar fuertes en amor.

Pero quien no se atreve a abandonarse a Dios y critica a otros que lo hacen, manifiesta un vacío interior. Porque, o el enemigo ha robado de su corazón la confianza amorosa que debe a su Dios y el espíritu de buena voluntad que debe a sus hermanos cristianos, o de lo contrario no está todavía lo suficientemente anclado en la docilidad y en la verdad para ser un verdadero contemplativo. Tú, sin embargo, no debes temer entregarte a una radical dependencia de Dios ni abandonarte al sueño de la contemplación ciega u oscura de Dios tal cual es, lejos del tumulto del mundo corrompido, del enemigo engañoso y de la carne débil. Nuestro Señor está a tu lado dispuesto a socorrerte, guardará tus pasos para que no caigas.

No sin razón vinculo esta actividad al sueño. Pues en el sueño las facultades naturales cesan de su trabajo y todo el cuerpo permanece en pleno reposo, reponiéndose y renovándose. De una manera semejante, en este sueño espiritual, esas facultades espirituales siempre en movimiento, la imaginación y la razón, quedan completamente recogidas y vacías del todo. Feliz el espíritu, entonces, pues queda libre para dormir un sueño saludable y descansar en quietud contemplando amorosamente a Dios tal cual es, mientras que todo el hombre interior se repone y renueva maravillosamente.

¿Ves ahora por qué te dije que recogieras tus facultades negándote a trabajar con ellas y, en cambio ofrecieras a Dios la desnuda y ciega conciencia de tu propio ser? Pero ahora te repito: asegúrate de que esté desnuda y no vestida con cualquier idea sobre los atributos de tu ser. Podrías estar inclinado a vestirla con ideas sobre la dignidad y bondad de tu ser o con interminables detalles relativos a la naturaleza del hombre o a la naturaleza de las demás criaturas. Pero, tan pronto como hagas esto, habrás dado pábulo a tus facultades y tendrán la fuerza y oportunidad de conducirte a toda suerte de cosas. Te aviso, antes de que lo experimentes; tu atención quedará dispersa y te encontrarás a ti mismo distraído y abrumado. Guárdate de esta trampa, te lo suplico.

martes

ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 78


SEXTA PARTE: DESCUBRIENDO A EN EL CAMINO: EL LADO OSCURO DE LA RELIGIÓN Y LA ESPIRITUALIDAD


20: LA SOMBRA DEL GURÚ ILUMINADO (3)


George Feuerstein


Hay quienes han intentado resolver este problema admitiendo que, aun después de que el individuo despierte a la Realidad universal, existe una especie de ego fantasmal, un vestigio central de la personalidad. Pero si aceptamos este supuesto quizás deberíamos admitir la existencia de una sombra fantasma, un vestigio de sombra, que permite al iluminado funcionar en la dimensión condicionada de la realidad. Si en el individuo no iluminado, ego y sombra van juntos podemos postular que tras la iluminación también tiene lugar una polarización análoga entre el ego fantasmal y su correspondiente sombra.

Pero aun en el caso de que aceptáramos que la iluminación disipa todo tipo de sombras, deberíamos preguntarnos seriamente si este concepto de iluminación se corresponde con el de integración, el fundamento de una transformación de orden superior. Esto supondría la existencia de un cambio intencional hacia la totalidad psicológica fácilmente observable por los demás. Sin embargo, en la biografía de algunos adeptos contemporáneos que pretenden estar iluminados no vemos evidencias claras de que esa integración haya tenido lugar. Uno de los principales indicadores al respecto sería la manifiesta disposición no sólo a servir como espejo para sus discípulos sino también para que estos les sirvan de espejo para su propio crecimiento. No obstante, este tipo de actitud requiere una apertura normalmente incompatible con el autoritarismo tan frecuentemente adoptado por la mayor parte de los gurús.

Los caminos espirituales tradicionales suelen basarse en el ideal vertical de la liberación de los condicionamientos del cuerpo y de la mente y, por consiguiente, se orientan hacia el supuesto bien último, el Ser trascendente. Sin embargo, esta orientación unidireccional desequilibra al psiquismo humano minimizando sus asuntos personales y considerando que sus estructuras, en lugar de ser transformadas, deben ser trascendidas lo más rápido posible. Obviamente, toda autotrascendencia implica un cierto grado de autotransformación, lo cual no suele implicar lamentablemente el esfuerzo sostenido y armónico de trabajar con la sombra y lograr la integración psíquica. Esto podría explicar por qué existen tantos adeptos excéntricos y autoritarios con una personalidad tan poco ajustada a la sociedad.

La integración, a diferencia de la trascendencia, tiene lugar en el plano horizontal, extendiendo el ideal de totalidad a los condicionamientos de la personalidad y a sus vínculos sociales. Sin embargo, la integración sólo tiene sentido cuando consideramos que la personalidad y el mundo condicionado son manifestaciones de la Realidad última y no su opuesto irreductible.

Después de haber descubierto a la Divinidad en las profundidades de su propia alma, la principal obligación y responsabilidad del adepto es descubrirla en todas las manifestaciones de la vida. Dicho de otro modo, después de beber en el manantial de la vida el adepto debe completar su obra espiritual y practicar la compasión sobre la base del reconocimiento de que todo participa de lo Divino.

LIBRO DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV

Franciscus hanc editionem fecit
OCTAGESIMOTERCERA  ENTREGA

8

Pero ¿dónde encontrar una persona tan enteramente comprometida y tan firmemente anclada en la fe, tan sinceramente transparente y verdadera que ha reducido su yo a nada, por así decir, y tan exquisitamente alimentada y guiada por el amor de Dios? ¿Dónde encontraremos una persona amante rica en experiencia trascendente que tiene conocimiento vivo de la omnipotencia del Señor, de su inefable sabiduría y bondad radiante? ¿Alguien que perciba la unidad de su presencia esencial en todas las cosas y la unicidad de todas ellas en Él, tan bien que someta todo su ser a Él, en Él, y convencida por su gracia de que si no lo hace nunca será totalmente transparente y sincera en su esfuerzo por reducir a nada su propio yo? ¿Dónde está ese hombre sincero que, llevado de su noble resolución de reducir a nada su propio yo y con el alto deseo de que Dios sea todo en la perfección del amor, merezca experimentar la vigorosa sabiduría y bondad de Dios que le socorre, le ampara y le guarda de sus enemigos de dentro y de fuera? Ese amor estará ciertamente henchido de amor de Dios y en la plena y final pérdida del yo hasta llegar a nada o menos que nada, si esto fuera posible; y así permanecerá firme y sin que le puedan perturbar una actividad febril, ni el trabajo, ni la preocupación por su propio bienestar.

¡Quedaos con vuestras objeciones humanas, hombres de corazón dividido! Aquí tenéis una persona tan tocada por la gracia que puede entregarse a sí misma en un sincero y total olvido de sí. No me digáis que está tentado a Dios por alguna elucubración racional. Decís esto, porque vosotros mismos no os atrevéis a hacerlo. No, contentaos con vuestra vocación a la vida activa; ella os llevará a la salvación. Pero dejad en paz a estas otras personas. Lo que hacen está por encima de la comprensión de vuestra razón, y por lo mismo, no os debéis extrañar o sorprender por sus palabras y obras.

¡Oh, qué vergüenza! ¿Hasta cuándo seguiréis oyendo o leyendo esto sin creerlo y aceptarlo? Me refiero a todo lo que nuestros padres escribieron y hablaron en los tiempos pasados, a lo que es la flor y nata de las Escrituras. O estáis tan ciegos que la luz de la fe ya no puede ayudaros a entender lo que leéis, o estáis tan envenenados por una secreta envidia, que sois incapaces de creer que un bien tan grande podrá llegar a vuestros hermanos y no a vosotros. Creedme, si sois sensatos, estaréis vigilando a vuestro enemigo y sus insidias; pues lo que quiere es que confiéis más en vuestra propia razón que en la antigua sabiduría de nuestros padres verdaderos, el poder de la gracia y los designios de nuestro Señor.

Cuántas veces no habéis leído o escuchado en los santos, sabios y seguros escritos de los padres, que tan pronto como nació Benjamín, su madre, Raquel, murió. Aquí Benjamín representa la contemplación, y Raquel la razón. Cuando uno está tocado por la gracia de la auténtica contemplación (como lo está él en su noble resolución de reducir su yo a nada, y en su alto deseo de que Dios lo sea todo), en cierto sentido podemos decir que la razón muere. ¿Y no habéis leído y oído esto con frecuencia en las obras de varios autores santos y sabios? ¿Qué es es lo que os detiene para creerlo? Y si lo creéis, ¿cómo os atrevéis a dejar que vuestro curioso intelecto divague entre las palabras y obras de Benjamín? Porque Benjamín es figura de todos los que han sido arrebatados por encima de sus sentidos en un éxtasis de amor, y de ellos dice el profeta: “Allí Benjamín, el pequeño, abriendo marcha”. Os lo advierto: vigilad para que no lleguéis a imitar a esas madres desgraciadas que mataron a sus hijos apenas nacieron. Velad, no sea que os ocurra que acometáis a toda fuerza con vuestro venablo atrevido contra el poder, sabiduría y designios del Señor. Yo sé que sólo queréis realizar sus planes; pero, si no tenéis cuidado, podéis erróneamente destruirlos en la ceguera de vuestra inexperiencia.

lunes

LA NUBE DEL NO-SABER (82) - ANÓNIMO INGLÉS DEL SIGLO XIV


7

Entonces caminarás seguro y tu pie no tropezará. Esto significa que cuando, con la experiencia, esta obra interior se hace un hábito espiritual, no serás fácilmente seducido o apartado de ella por las dudas impertinentes de tus facultades naturales, aunque al principio te sea difícil resistirlas. Podríamos expresar esto mismo de la siguiente manera: “Entonces caminarás seguro y tu pie no tropezará ni caerás en ningún clase de ilusión que surja de la insaciable búsqueda de tus facultades”. Y ello porque, como te dije más arriba, en la obra de contemplación toda su búsqueda inquisitiva queda totalmente rechazada y olvidada, a menos que la inclinación humana a la falsía contaminen la conciencia desnuda de tu ciego ser y te aparte de la dignidad de esta obra.

Cualquier pensamiento particular de las criaturas que penetre en tu mente, además o en vez de esa simple conciencia de tu desnudo ser (que es tu Dios y tu deseo de Él), te arrastra a la actividad de tus sutiles e inquisitivas facultades. Entonces ya no estás totalmente presente a ti mismo ni a tu Dios, y esto aumenta la fragmentación y dispersión de toda concentración en su ser y en el tuyo. Por eso, con la ayuda de su gracia y a la luz de la sabiduría que nace de la perseverancia en esta obra, mantente recogido y abismado en las profundidades de tu ser cuantas veces puedas.

Como ya te he explicado, esta simple obra no es contraria a tus actividades diarias. Con tu atención centrada en la ciega conciencia de tu puro ser unido al de Dios, podrás realizar tus faenas diarias, comer y beber, dormir y pescar, ir y venir, hablar y escuchar, acostarte y levantarte, estar de pie o de rodillas, correr o montar a caballo, trabajar o descansar. En medio de todo esto puedes ofrecer a Dios cada día el más preciado don que puedes hacerle. Esta obra estará en el centro de todo lo que haces, sea activo o contemplativo.

Dice también Salomón en este pasaje que, si te duermes en esta oscura contemplación, lejos del ruido y de la agitación del maligno, del mundo engañador y de la carne frágil, no temerás ningún peligro ni ningún engaño del enemigo. Pues, sin duda, cuando el enemigo te descubra en esta obra, quedará totalmente aturdido, y cegado por una ignorancia de muerte antes lo que haces, se verá arrastrado por una loca curiosidad de averiguarlo. Pero no te preocupes, pues reposarás en la amorosa unión de tu espíritu con el de Dios. Y tu sueño te será bueno; sí, porque te reportará una profunda fortaleza espiritual y un aliento que renovará tanto tu cuerpo como tu espíritu. Salomón confirma esto cuando dice a continuación: es la salud completa para la carne. Quiere decir simplemente que dará la salud a la fragilidad y enfermedad de la carne. Y así será, pues toda enfermedad y corrupción vino sobre la carne cuando el hombre abandonó esta obra. Pero, cuando con la gracia de Jesús (que siempre es el principal agente de la contemplación), el espíritu vuelva a ella, la carne quedará completamente curada. Y debo recordarte que sólo por la misericordia de Jesús y tu amoroso consentimiento podrás esperar conseguirlo. Por eso uno mi voz a la de Salomón cuando habla en este pasaje, y te animo a permanecer firme en esta obra, ofreciendo continuamente a Dios tu pleno consentimiento en la alegría del amor.

No temerás el espanto repentino, ni la agresión de algún malvado… El sabio dice lo siguiente: “No te dejes vencer por el miedo angustioso si el enemigo viene (como vendrá) con repentina saña, golpeando y martilleando en las paredes de tu casa; o si mueve alguno de sus poderosos agentes a que se levanten repentinamente y te ataquen sin previo aviso”. Seamos claros en esto: el enemigo se ha de tomar en serio. Todo el que comienza esta obra (no importa quién sea) está expuesto a sentir, oler, gustar u oír algunos efectos sorprendentes amañados por este enemigo en uno u otro de sus sentidos. No te extrañes, por tanto, si llega a suceder. No hay nada que no quiera intentar a fin de echarte debajo de las alturas de una obra tan valiosa. Y por eso te digo que vigiles tu corazón en el día del sufrimiento, esperando con gozosa confianza en el amor de tu Señor. Pues el Señor está a tu lado y tu pie no tropezará. Sí, estará muy cerca de ti, pronto a ayudarte.

Tu pie no tropezará… El pie de que habla aquí es el amor por el cual asciendes a Dios. Y prometes que Dios te protegerá a fin de que no seas vencido por los ardides y engaños de tus enemigos. Estos, naturalmente, son el diablo y toda su corte, el mundo engañoso y la carne.

Amigo mío, ¡fíjate! Nuestro poderoso Señor, Él que es amor, Él que está lleno de sabiduría y de poder, Él mismo guardará, defenderá y socorrerá a todos los que se olvidan totalmente de sí mismos y ponen su amor y confianza en Él. 
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