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viernes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI / investigaciones criminales en Santa María

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(ÚLTIMA ENTREGA)

40 LOS IMPALAS / LA BODA

Isabelino Pena se acercó a Rufianeli taconeando como un macaquito de comic y sonrió fluvialmente:
-La paz con usted, jefe. ¿Me deja darle media vuelta de tuerca a este lío?
-La única forma de hacerlo callar sería matarlo y todavía no me ascendieron a dictador -se le rinde la soberbia sebosa al hombre-aperiá y nos reímos un poco.
-Acabamos de recuperar el tesoro de un pueblo por pura fe -le habló directamente el detective a la primera dama, que parecía flotar entre los medallones broncíneos filtrados por los palteros sobre el amontonamiento de la tribu: -Y lo único que nunca se podrá saber con certeza positivista es si Lux es Jerónimo resucitado y desenterrado por el Huguito o es un chivo cualquiera. Lo demás queda claro: el domingo comprobamos que el pozo estaba vacío y Jorge lo volvió a ver tapado al otro día. Quiere decir que el animal y el vestido fueron robados y enterrados esa madrugada. Pero el pozo ya había sido tapado por Mingo y Marcos Bergner, que aprovechó para no emborracharse solo y además se liberó de la supernecesidad física de matarse o matar. ¿O no?
-Es correcto -se le hinchan casi con dulzura las córneas al grandote: -Aunque después ya ni me acuerdo ni a quién me llevé al Puente.
-Pero Mingo se acuerda que perdió la linterna del patrón en un Impala Mariposa. Y la linterna apareció ayer en el jeep de Blue Eyes.
Brigitte Bardot Perotti se tapó la blusa que usaba sin sutien con su ya remoto y almidonadísimo uniforme de pureza y le sonrió a su hermano.
-Pero los únicos que pudieron robar el traje y el chivo y degollar al Hugo fueron los bolches -empieza a devorar un chorizo helado Tito y Lázaro se acomoda las barrigas con mansedumbre de mártir.
-A los pacifistas del Partido les enseñan a masturbarse con símbolos religiosos y masónicos en escuelas nocturnas que dan diplomas y premios de emulación y todo -se le aperversó un sarro infantiloide al detective: -Para manosearnos mejor. Y terminan atornillándose a los escaños del cirquete burgués y hasta lustrándole las botas a las mediocres democracias laicas. Pero ellos jamás hubieran sepultado a Lux como Jorge Malabia sepultó a Jerónimo porque no creen que es santo. Y vos sí, Tito.
Entonces el gordo con facciones de B.B. hinchada y afeitada termina de tragar un bolo color pus y carcajea:
-Es verdad. Yo nunca pude dejar de creerle al rengo. Pero hablá en serio, Rooney.
-Los bufones como Rooney jamás hablan en serio, pero yo quiero agradecerte que hayas tenido fe. Porque después que el Hugo no te dejó robar el trajecito sagrado y tuviste que matarlo enterraste vivo a Lux pero le fabricaste un repollo respiratorio a ver si alguien lo salvaba. Y Dios quiso que la linterna de Mingo quedara en tu Impala y tu hermana la encontrara allí y la dejara en el jeep y colorín colorado. Todo suyo, sub-comisario.
El arresto y la disolución de la tribu fueron tranquilos, y Jorge se llevó a Anita y Díaz Grey se ofreció a alcanzar al detective. Y cuando reverencio por última vez a la personificación de mi muerte que llaman Nuestra Señora ella relojea a la infanta y a la B.B. y me roza apenas con un beso mudo, aunque es como si sentenciara:
-La más linda siempre voy a ser yo.
Isabelino Pena le pidió al doctor que lo dejara en el Montserrat y encontró a Onetti entrajetado en la cama, completamente sobrio.
-Te felicito, elfo -chista después de escuchar the heart of the matter con rumiante fruición: -¿Por qué no te dedicás nada más que a los crímenes y te dejás de escribir chanchadas y de meterte en purgatorios ajenos? ¿Sabés que hace veinticuatro horas que estoy esperando a la Inmaculada sin dormir ni chupar? Y el jazmín no se pudrió.
-Qué hermoso.
-Pero en la resurrección de Jerónimo no creo ni engualichado. Así que no vayas a inventar teorías de conversión como la hermana de Rimbaud. Esa chica era incestuosa.
-Ahora el que te ponés junguiano sos vos.
-Mirá, dejame en paz de una vez. Yo te perdono todo.
Y en ese momento oyeron abrirse la puerta del living mientras Jorge Malabia gritaba:
-Vuelvo a buscarla más tarde.
Y entonces aparece Ana María alquimizada por los tules barrosos que todavía huelen a chivo y se tira en la cama y anuncia dándole la mano al maestro de los tristes:
-Ahora puedo casarme contigo, Linacero.
Isabelino Pena y Onetti se miraron.

2007

martes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI / investigaciones criminales en Santa María

(DECIMONOVENA ENTREGA)

38 EL PERFUME / MEDALLAS Y COBARDES

Isabelino Pena se despertó chorreando un sudor verdoso y enseguida empezaron a sonar las campanas de las doce. Acabo de soñar con truenos que caían desde los ojos de un chivo mientras una mujer que a veces era mi madre y otras veces mi esposa enterraba un traje de comunión antes de suicidarse.
-Servicio de chofer -golpeó Jorge Malabia y el detective se agarró la cabecita costrosa y carraspeó cloacalmente.
-¿No podrías esperarme en el jeep? -siento que ahora me falta el jazmín de la Virgen y me sobra el perfume de Brigitte Bardot Perotti.
Isabelino Pena demoró diez minutos en bajar a la plaza con un paraguas minusválido y empezó a tomar mate en el jeep, hasta que una salva de estornudos lo hizo tirarse yerba en la bragueta.
-Eso huele a mujer -descubro una linterna que conozco demasiado bien en la guantera.
-Pero es mía. Mi novia la encontró al otro día del papelón. A ella le gusta despertarme como si cazara liebres a la encandilada. Despertarme y otras cosas. Y recién acaba de aparecer en el yate con el traje de comunión que tenía guardado junto con el de quince: se lo quiere regalar a Anita.
-Una madrina misericordiosa -sonrió el detective.
Ahora llueve que da miedo y el amontonamiento de corolas podridas es más asqueante que el de los pescados en Enduro y escarbo:
-¿De quién es el Impala? ¿De Tito o de tu novia?
-Ella lo usa mucho.
-Perdón: ¿no me podrías cruzar hasta el consultorio de Díaz Grey? No aguanto más sin música.
-Debe estar por venir a almorzar al Berna.
El jeep estacionó frente al caserón crema justo cuando el médico abría el paraguas en el zaguán y el detective tuvo que rechazar dos veces la invitación para comer lasaña hasta que confesó:
-Los casos se resuelven esperando que se abra el cielo, doctor. Lo que precisaría es escuchar los cuartetos del Sordo.
-¿Y cómo le cae la trucha en lugar de la lasaña?
-Uh: ¿la Trout también?
Jorge arranca despidiéndose apenas con un bocinazo y el hombre bueno por nada me lleva hasta su paradisíaca celda de insomne y señala la lluvia:
-Abajo hay un almacén que tiene de todo. Puede pedir fiado a mi nombre. Yo tengo que visitar a unos pacientes en la Coloniza Suiza y vuelvo después de tomar el five o’clock tea en Puerto Astillero.
-Gracias. ¿Sabe que en este momento necesito la misma fe que tuvo usted para curar al turco que destrozó Jacob Van Oppen? Dicen que fue un milagro.
-Hay que hacer lo que hay que hacer. Y dejar que la desgracia se entere de que es inútil, se desprenda y caiga. Bueno, siéntase en su casa. Y le recomiendo especialmente la humildísima 29 de Wolfgang Amadeus. Allí aparece equilibrada la tensión entre lo posible y lo imposible que la mayoría de los intelectuales con medallas ni siquiera concibe y los cobardes odian por unanimidad.
Isabelino Pena escuchó el Razumosvky y el 127 y bajó a comprar una morcilla salada, un tomate y un morrón rojo.
Y después de euforizarme las entretelas con cada colorcito pongo la Trout y empiezo a sacar apuntes, igual que cuando diseño el mapa de un capítulo.
-Tenés trabajo, Watson -llamó por teléfono el detective a Jorge Malabia después que terminó Schubert: -Hay que organizar una especie de festejo patriótico para que tu novia le entregue el vestido de comunión a Anita en tu casa, mañana a mediodía. Una chorizada de reconciliación. Invitá a todo el que se te ocurra menos a Linacero y a doña Glyde, que es capaz hasta de armar timba: policías y sindicalistas, familiares y vecinos piamonteses y pitucada etílica y gobernador y señora y prensa oral y escrita. Yo le aviso a Díaz Grey. Ahora tengo que escuchar la 29 de Mozart.
-¿Caso resuelto?
-Al cielo hay que esperarlo. Y no te olvides que las milicias de la evolución pueden rendirse pero no darse por vencidas, botija. Hasta Rimbaud terminó por entender que la vida está bien hecha.
Y cuando bajo a comprar un helado y un quilo de uvas moscatel la plaza me recibe con un bruto arcoiris.

39 NUESTRA SEÑORA / LA SAL

Isabelino Pena le pidió a Jorge Malabia que lo dejara preparar los chorizos y armó el tocadiscos de Díaz Grey en la mesada del parrillero. No hay nada como un asado tempranero entre palomas, y sobre todo contemplando la llama de la unidad con el segundo concierto para violín de Bach: No fim tudo dá certo.
-Faulkner acaba de confirmarme que la loca no viene -empezó a rellenar los panes y a ponerlos en bandejas Blue Eyes: -Al pastor no pude ni localizarlo y Favieri inventó un resfrío.
Mingo todavía barre el pasto que cortó toda la mañana mientras la policía y los sindicalistas y la pitucada se ignoran sonrientemente en mesas-caballetes colocadas abajo de los palteros, hasta que la B.B. llega anunciando al gobernador y a la primera dama de Santa María.
-Pero qué edad tiene -frunció la miopía el detective hacia la mujer-muchacha que traía a Anita de la mano.
-Ya pasó los treinta y cinco. Aunque está igual que cuando desfilaba con la Acción Cooperadora del colegio para echar a Larsen.
La que llaman Nuestra Señora es apenas una cabeza más alta que la infanta del chivo, y la leucemia le acentúa el hervor botticelliano de la melena combada en alones: casi no tiene cuerpo, pero el cuarzo que reina sobre las perfectas facciones despintadas es más hondo que el sol.
-Postergá un momento los discursos y la entrega del vestido -se lavó las manos en la pileta del parrillero y se rearmó el jopo Isabelino Pena: -Tengo que hablar con ella.
Y antes de que se siente en la mesa del Rufián me hinco reverenciándola y no hay una sola burla que me ensucie la súplica:
-Soy un pobre forastero, señora. Pero propongo que cavemos una fosa para enterrar simbólicamente nuestra miseria de amor. Allí: donde ni siquiera pudieron descansar los huesos de un cabrón.
Entonces la primera dama levantó una sonrisa violeta y nublada hacia su esposo y murmuró:
-No está mal.
Durante unos segundos se escucha nada más que el pajarerío y después que Tito va a buscar el pico y la pala a la perrera de Mingo y vuelve remangándose siento moverse hasta las muletas del sub-comisario y contemplo a Ana María como si le dijera:
-Vos también vení, mijita. Aunque no tengas odio.
El rectángulo de tierra arenosa y todavía muy húmeda fue abierto por turno y con un falso entusiasmo ceremonial, y hasta el gobernador y Díaz Grey clavaron su fierrazo. Lázaro y los maricas lorquianos se pasan el pico chorreando una babosidad negociadora, y Tito y Marcos palean cada vez más hundidos hasta que el grandote me gargajea en los pies:
-¿Ya está, jefe?
-La tumba que hizo Jorge era el doble de honda -señaló el viejo a Blue Eyes, que fumaba con cara de no entender a nadie en el planeta.
Ahora las mujeres y los notables nos junan incrustados en el nácar rabioso del mediodía con viento norte, y siento que los pezones de B.B. son dos corazones negros.
-Coño -jadeó Lázaro frente a un rebrillo que asomó de golpe entre el jugo terrestre, y el detective frenó a los excavadores con un alarido y saltó a limpiar el lomo del traje de comunión de Ana María Malabia.
-Hola, Lux -palpo la respiración del chivo confirmando que no se animaron a degollarlo y que por un misterio más inexplicable que la vida misma le armaron una especie de escafandra con los tules.
Después Isabelino Pena le abrió la mirada sobrehumana al animalito y los hombres enchastrados ayudaron a subirlo hacia el griterío de la tribu que ahora incluía a Mingo.
-Está intacto -lo revisa Díaz Grey: -Aunque hay que hidratarlo rápido.
-Te dije que tenía puesto mi vestido -le soltó la mano la chiquilina a la primera dama y corrió a buscar sal.
-¿Lo sabías desde anoche? -me lleva aparte Jorge pero yo ni le contesto porque acabo de entender que la colegiala eterna y cancerosa que llaman Nuestra Señora es la personificación de mi muerte y que algo bueno habré hecho para que me la muestren resplandeciendo tanto.
-Bueno, mejor que recalienten los chorizos -le gritó Marcos a Tito: -Porque de aquí no se va nadie hasta que no sepamos quién mató al rengo. ¿Verdad, sub-comisario?


(continúa próximo viernes)

viernes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI (10) / investigaciones criminales en Santa María - Hugo Giovanetti Viola


36 EL VELORIO / EL BESO

Isabelino Pena, Onetti y Ana María Malabia llegaron a Enduro a las once de la noche. El boliche queda en la esquina de la fábrica, y Díaz Grey se compromete a volver mañana para llevarnos al entierro.
-¿Perotti o Bergner? -señaló un Impala Mariposa que estaba estacionado al lado de una jardinera que jedía a vulva el detective, con cara de apostador.
-El único que sabe manejar borracho es Superman -no duda un segundo el médico, y al entrar encontramos a Marcos timbeando con doña Glyde.
-Es la primera vez en mi vida que me dan asco los jazmines -pidió una caña doble on the rocks el hombre-caballo y pareció contar las mesas que rodeaban el cajoncito lleno de floreros y velas donde resplandecía la soledad de Higinia: -Esto es la indignidad organizada.
Algún paisano come cazuela de pescado pero yo prefiero ayunar a mate, y justo cuando estoy pensando la falta que me hace la pistola que me robó el Rufián entra un guitarrista estilo Chalchaleros y Marcos y Barreiro aplauden pero Juan bufa:
-No.
-Es un primo del Hugo que siempre canta en la doma -chupa la moña del costurero la niña-mujer: -Grabó discos y todo.
-Pero aquí no hay doma, nena -se paró Onetti y avanzó torcidamente hacia la mesa donde el trovero engolillado y embombachado ya empezaba a afinar y brindaba por la muerta.
Entonces no tengo más remedio que adelantarme por el otro lado del cajón que ya huele a gato aplastado en la ruta y le hago una seña a Marcos:
-Ahora no, por favor.
-¿Ahora no qué? -le fluorecieron las rajas de azufre a doña Glyde.
-Es un velorio, hermano -ignoro a la mujer-acordeón y el grandote recién me reconoce y me ofrece un colmillo de pituco.
-Acá no canta nadie -ladró Onetti entreparándose para hacer viborear el encendedor en pose jolivudense.
Al cantor le faltan dientes y deja de afinar con una risa helada que obliga a Superman Bergner a pararse encinchándose la barriga de whisky:
-¿Quién dice que no se canta?
-Lo dice el que te puede romper la cara igual que Firpo a Dempsey, animal. Aunque volar por la ventana te va a costar un poco.
Y antes de que el dueño del boliche llegara a separarlos apareció Ana María con un jazmín recién sacado de un florero y ordenó:
-Esta ramita te sirve, uruguayo.
Pero Juan no lo agarra y de golpe se encorva sobre las facciones moradas y ni siquiera entuladas de Higinia y le clava la trompa en la frente hasta que la ondulación de las velas hace rebrillar a la cadáver como si estuviera vestida de novia.
-Ahora vos -rizó apenas el labio la infanta en dirección a Isabelino Pena: -Hablá ahora.
Y me viene un bruto vértigo y no tengo otra manera de hacer tiempo que relojear a los cincuenta o sesenta sanmarianos que están parados reverenciando a la piedad desnuda hasta que toso:
-Está escrito: Un segundo de puro amor te vuelve todo amor. No hay nadie que no se busque un segundo de puro amor en el fondo del alma y no encuentre la verdad verdadera. Nadie. Y la verdad verdadera es que estamos bien hechos. Y los gusanos también: no saben comer almas.
Entonces Marcos Bergner se puso a llorar y le pagó al cantor y chuequeó hacia el viento azul perforado por los perros y el colachata desapareció corcoveando. Y cuando me siento frente al costurero de Ana María Malabia doy vuelta el mate y pienso:
-Hay que acordarse de que Mingo perdió una linterna adentro de una mariposa y tratar de entender, carajo.
-Mirá -le acarició una mano al hombre-caballo la niña-mujer ya dulcemente triste. -Hola, Félix.
Juan demora en observar a la cría sobreviviente porque le está pidiendo a Barreiro que le sirva otra copa y yo sonrío:
-Hola, gato.
Félix terminó de abrir su honda mirada persa hacia Isabelino Pena. Y siento que me ordena:
-Ahora hay que desenterrar al Espíritu Santo.

37 B.B. / MARLOWE

Isabelino Pena y Díaz Grey volvieron del cementerio a las nueve de la mañana y encontraron un Impala Mariposa estacionado frente al Berna.
-¿Perotti o Bergner? -finge divertirse el doctor pero yo me bajo del Fregate sin arriesgar y me vuelve a hacer falta el revólver robado por el aprendiz de mujeriego.
El detective subió a la pensión bostezando descuajeringadamente y apenas entró a su cuarto quedó cegado por un linternazo que venía desde su cama:
-Buenos días, peluche. ¿Te lavaste la camisa?
La B.B. de Villa Petrus.
-¿Cómo entraste?
-Yo entro donde quiero, papito.
-Y yo nunca te pedí que me tutearas.
-Pero me diste un beso en la mano con más hambre que cualquiera.
-Perdón, tengo que ir al baño.
-Quieto. Te estoy cazando como una liebre a la encandilada. Tito siempre lleva la chumbera en el auto.
-Entonces voy a sentarme porque si no me caigo de cansado.
-Bueno, pero no te hagas arriba -carcajeó la rubia: -¿Vos sabías que me llamo Brigitte Bardot Perotti?
No se puede creer.
-¿Puedo tomar un mate, aunque sea?
-Noooo. Vamos a jugar a la linterna mágica -bajó la luz y se arrancó la sábana que la ceñía hasta los sobacos la muchacha muy perfumada. -Esto lo enloquece a Jorge: buscar aujeritos. Aunque es mejor con copas. ¿Te gusto así?
-En la Colonia Piamontesa me gustaste más que la Brigitte.
-Baboso y mentiroso. ¿Y si te dieran a elegir entre mi ahijada y yo?
-En qué sentido.
-En todos. ¿Soy más linda que ella o no?
Ahora empiezo a distinguirla mejor y siento que los que me miran el corazón son los pezones increíblemente indefensos:
-No jodas más, mijita. ¿Qué querés?
-Que no sigas jodiendo con el chivo y el vestido de comunión de la guacha. Déjenla en paz, babosos.
-Me contrató tu novio.
-Ahora yo te contrato pagándote en especie. Y sé bien que se te para. Los que largan la copa viven en carpa, pibe.
-Es verdad -mostró un orgullo de dientes el viejo: -Pero a mí ya no se me para por cualquier cosa.
-¿Ah no? Abrí bien las piernas -me enfoca la bragueta y empieza a masturbarse igual que cualquier best-seller mimado por el establishment: con puro in-genio.
-Te dije que ya se calmó, mijita. Tengo paz.
-No me digas mijita. Entonces vení a tocarme. Toda. Ahora me mojé.
-Ni muerto, rubia.
-Entonces te mato, puto.
-Acá la única puta sos vos. Y matame tranquila, porque ya estoy enamorado de todos los dolores del mundo. Forever.
-¿Por qué les gusta tanto decir bobadas? -se sentó en la cama para apuntar a Isabelino Pena con la linterna y la chumbera la Miss Calienta Hombres de Villa Petrus: -Chau, boludo. Nunca van a entendernos.
Y lo único que puedo hacer es taparme la cara acordándome de Only you y después que suenan los gatillazos y sigo respirando ella chilla con una histeria peor que la de su hermano:
-Bingo. ¿Viste qué lindos que son tus chistes, payaso? Y vos todavía te pusiste más pálido que los pobres bolches.
-Bárbaro. Ahora andate rápido porque me quedan menos de tres horas para dormir.
-Mirá: ahora gritás y todo.
-Y soy capaz de agarrarte a patadas en el pandeiro, también. Porque santo es nada más que el Señor.
Y después que B.B. Perotti se puso el bikini y salió corriendo descalza el detective destendió la cama a manotazo limpio y cuando volvió a alisar la blancura murmuró:
-Viejo Marlowe.

38 EL PERFUME / MEDALLAS Y COBARDES

Isabelino Pena se despertó chorreando un sudor verdoso y enseguida empezaron a sonar las campanas de las doce. Acabo de soñar con truenos que caían desde los ojos de un chivo mientras una mujer que a veces era mi madre y otras veces mi esposa enterraba un traje de comunión antes de suicidarse.
-Servicio de chofer -golpeó Jorge Malabia y el detective se agarró la cabecita costrosa y carraspeó cloacalmente.
-¿No podrías esperarme en el jeep? -siento que ahora me falta el jazmín de la Virgen y me sobra el perfume de Brigitte Bardot Perotti.
Isabelino Pena demoró diez minutos en bajar a la plaza con un paraguas minusválido y empezó a tomar mate en el jeep, hasta que una salva de estornudos lo hizo tirarse yerba en la bragueta.
-Eso huele a mujer -descubro una linterna que conozco demasiado bien en la guantera.
-Pero es mía. Mi novia la encontró al otro día del papelón. A ella le gusta despertarme como si cazara liebres a la encandilada. Despertarme y otras cosas. Y recién acaba de aparecer en el yate con el traje de comunión que tenía guardado junto con el de quince: se lo quiere regalar a Anita.
-Una madrina misericordiosa -sonrió el detective.
Ahora llueve que da miedo y el amontonamiento de corolas podridas es más asqueante que el de los pescados en Enduro y escarbo:
-¿De quién es el Impala? ¿De Tito o de tu novia?
-Ella lo usa mucho.
-Perdón: ¿no me podrías cruzar hasta el consultorio de Díaz Grey? No aguanto más sin música.
-Debe estar por venir a almorzar al Berna.
El jeep estacionó frente al caserón crema justo cuando el médico abría el paraguas en el zaguán y el detective tuvo que rechazar dos veces la invitación para comer lasaña hasta que confesó:
-Los casos se resuelven esperando que se abra el cielo, doctor. Lo que precisaría es escuchar los cuartetos del Sordo.
-¿Y cómo le cae la trucha en lugar de la lasaña?
-Uh: ¿la Trout también?
Jorge arranca despidiéndose apenas con un bocinazo y el hombre bueno por nada me lleva hasta su paradisíaca celda de insomne y señala la lluvia:
-Abajo hay un almacén que tiene de todo. Puede pedir fiado a mi nombre. Yo tengo que visitar a unos pacientes en la Coloniza Suiza y vuelvo después de tomar el five o’clock tea en Puerto Astillero.
-Gracias. ¿Sabe que en este momento necesito la misma fe que tuvo usted para curar al turco que destrozó Jacob Van Oppen? Dicen que fue un milagro.
-Hay que hacer lo que hay que hacer. Y dejar que la desgracia se entere de que es inútil, se desprenda y caiga. Bueno, siéntase en su casa. Y le recomiendo especialmente la humildísima 29 de Wolfgang Amadeus. Allí aparece equilibrada la tensión entre lo posible y lo imposible que la mayoría de los intelectuales con medallas ni siquiera concibe y los cobardes odian por unanimidad.
Isabelino Pena escuchó el Razumosvky y el 127 y bajó a comprar una morcilla salada, un tomate y un morrón rojo.
Y después de euforizarme las entretelas con cada colorcito pongo la Trout y empiezo a sacar apuntes, igual que cuando diseño el mapa de un capítulo.
-Tenés trabajo, Watson -llamó por teléfono el detective a Jorge Malabia después que terminó Schubert: -Hay que organizar una especie de festejo patriótico para que tu novia le entregue el vestido de comunión a Anita en tu casa, mañana a mediodía. Una chorizada de reconciliación. Invitá a todo el que se te ocurra menos a Linacero y a doña Glyde, que es capaz hasta de armar timba: policías y sindicalistas, familiares y vecinos piamonteses y pitucada etílica y gobernador y señora y prensa oral y escrita. Yo le aviso a Díaz Grey. Ahora tengo que escuchar la 29 de Mozart.
-¿Caso resuelto?
-Al cielo hay que esperarlo. Y no te olvides que las milicias de la evolución pueden rendirse pero no darse por vencidas, botija. Hasta Rimbaud terminó por entender que la vida está bien hecha.
Y cuando bajo a comprar un helado y un quilo de uvas moscatel la plaza me recibe con un bruto arcoiris.

39 NUESTRA SEÑORA / LA SAL

Isabelino Pena le pidió a Jorge Malabia que lo dejara preparar los chorizos y armó el tocadiscos de Díaz Grey en la mesada del parrillero. No hay nada como un asado tempranero entre palomas, y sobre todo contemplando la llama de la unidad con el segundo concierto para violín de Bach: No fim tudo dá certo.
-Faulkner acaba de confirmarme que la loca no viene -empezó a rellenar los panes y a ponerlos en bandejas Blue Eyes: -Al pastor no pude ni localizarlo y Favieri inventó un resfrío.
Mingo todavía barre el pasto que cortó toda la mañana mientras la policía y los sindicalistas y la pitucada se ignoran sonrientemente en mesas-caballetes colocadas abajo de los palteros, hasta que la B.B. llega anunciando al gobernador y a la primera dama de Santa María.
-Pero qué edad tiene -frunció la miopía el detective hacia la mujer-muchacha que traía a Anita de la mano.
-Ya pasó los treinta y cinco. Aunque está igual que cuando desfilaba con la Acción Cooperadora del colegio para echar a Larsen.
La que llaman Nuestra Señora es apenas una cabeza más alta que la infanta del chivo, y la leucemia le acentúa el hervor botticelliano de la melena combada en alones: casi no tiene cuerpo, pero el cuarzo que reina sobre las perfectas facciones despintadas es más hondo que el sol.
-Postergá un momento los discursos y la entrega del vestido -se lavó las manos en la pileta del parrillero y se rearmó el jopo Isabelino Pena: -Tengo que hablar con ella.
Y antes de que se siente en la mesa del Rufián me hinco reverenciándola y no hay una sola burla que me ensucie la súplica:
-Soy un pobre forastero, señora. Pero propongo que cavemos una fosa para enterrar simbólicamente nuestra miseria de amor. Allí: donde ni siquiera pudieron descansar los huesos de un cabrón.
Entonces la primera dama levantó una sonrisa violeta y nublada hacia su esposo y murmuró:
-No está mal.
Durante unos segundos se escucha nada más que el pajarerío y después que Tito va a buscar el pico y la pala a la perrera de Mingo y vuelve remangándose siento moverse hasta las muletas del sub-comisario y contemplo a Ana María como si le dijera:
-Vos también vení, mijita. Aunque no tengas odio.
El rectángulo de tierra arenosa y todavía muy húmeda fue abierto por turno y con un falso entusiasmo ceremonial, y hasta el gobernador y Díaz Grey clavaron su fierrazo. Lázaro y los maricas lorquianos se pasan el pico chorreando una babosidad negociadora, y Tito y Marcos palean cada vez más hundidos hasta que el grandote me gargajea en los pies:
-¿Ya está, jefe?
-La tumba que hizo Jorge era el doble de honda -señaló el viejo a Blue Eyes, que fumaba con cara de no entender a nadie en el planeta.
Ahora las mujeres y los notables nos junan incrustados en el nácar rabioso del mediodía con viento norte, y siento que los pezones de B.B. son dos corazones negros.
-Coño -jadeó Lázaro frente a un rebrillo que asomó de golpe entre el jugo terrestre, y el detective frenó a los excavadores con un alarido y saltó a limpiar el lomo del traje de comunión de Ana María Malabia.
-Hola, Lux -palpo la respiración del chivo confirmando que no se animaron a degollarlo y que por un misterio más inexplicable que la vida misma le armaron una especie de escafandra con los tules.
Después Isabelino Pena le abrió la mirada sobrehumana al animalito y los hombres enchastrados ayudaron a subirlo hacia el griterío de la tribu que ahora incluía a Mingo.
-Está intacto -lo revisa Díaz Grey: -Aunque hay que hidratarlo rápido.
-Te dije que tenía puesto mi vestido -le soltó la mano la chiquilina a la primera dama y corrió a buscar sal.
-¿Lo sabías desde anoche? -me lleva aparte Jorge pero yo ni le contesto porque acabo de entender que la colegiala eterna y cancerosa que llaman Nuestra Señora es la personificación de mi muerte y que algo bueno habré hecho para que me la muestren resplandeciendo tanto.
-Bueno, mejor que recalienten los chorizos -le gritó Marcos a Tito: -Porque de aquí no se va nadie hasta que no sepamos quién mató al rengo. ¿Verdad, sub-comisario?

40 LOS IMPALAS / LA BODA

Isabelino Pena se acercó a Rufianeli taconeando como un macaquito de comic y sonrió fluvialmente:
-La paz con usted, jefe. ¿Me deja darle media vuelta de tuerca a este lío?
-La única forma de hacerlo callar sería matarlo y todavía no me ascendieron a dictador -se le rinde la soberbia sebosa al hombre-aperiá y nos reímos un poco.
-Acabamos de recuperar el tesoro de un pueblo por pura fe -le habló directamente el detective a la primera dama, que parecía flotar entre los medallones broncíneos filtrados por los palteros sobre el amontonamiento de la tribu: -Y lo único que nunca se podrá saber con certeza positivista es si Lux es Jerónimo resucitado y desenterrado por el Huguito o es un chivo cualquiera. Lo demás queda claro: el domingo comprobamos que el pozo estaba vacío y Jorge lo volvió a ver tapado al otro día. Quiere decir que el animal y el vestido fueron robados y enterrados esa madrugada. Pero el pozo ya había sido tapado por Mingo y Marcos Bergner, que aprovechó para no emborracharse solo y además se liberó de la supernecesidad física de matarse o matar. ¿O no?
-Es correcto -se le hinchan casi con dulzura las córneas al grandote: -Aunque después ya ni me acuerdo ni a quién me llevé al Puente.
-Pero Mingo se acuerda que perdió la linterna del patrón en un Impala Mariposa. Y la linterna apareció ayer en el jeep de Blue Eyes.
Brigitte Bardot Perotti se tapó la blusa que usaba sin sutien con su ya remoto y almidonadísimo uniforme de pureza y le sonrió a su hermano.
-Pero los únicos que pudieron robar el traje y el chivo y degollar al Hugo fueron los bolches -empieza a devorar un chorizo helado Tito y Lázaro se acomoda las barrigas con mansedumbre de mártir.
-A los pacifistas del Partido les enseñan a masturbarse con símbolos religiosos y masónicos en escuelas nocturnas que dan diplomas y premios de emulación y todo -se le aperversó un sarro infantiloide al detective: -Para manosearnos mejor. Y terminan atornillándose a los escaños del cirquete burgués y hasta lustrándole las botas a las mediocres democracias laicas. Pero ellos jamás hubieran sepultado a Lux como Jorge Malabia sepultó a Jerónimo porque no creen que es santo. Y vos sí, Tito.
Entonces el gordo con facciones de B.B. hinchada y afeitada termina de tragar un bolo color pus y carcajea:
-Es verdad. Yo nunca pude dejar de creerle al rengo. Pero hablá en serio, Rooney.
-Los bufones como Rooney jamás hablan en serio, pero yo quiero agradecerte que hayas tenido fe. Porque después que el Hugo no te dejó robar el trajecito sagrado y tuviste que matarlo enterraste vivo a Lux pero le fabricaste un repollo respiratorio a ver si alguien lo salvaba. Y Dios quiso que la linterna de Mingo quedara en tu Impala y tu hermana la encontrara allí y la dejara en el jeep y colorín colorado. Todo suyo, sub-comisario.
El arresto y la disolución de la tribu fueron tranquilos, y Jorge se llevó a Anita y Díaz Grey se ofreció a alcanzar al detective. Y cuando reverencio por última vez a la personificación de mi muerte que llaman Nuestra Señora ella relojea a la infanta y a la B.B. y me roza apenas con un beso mudo, aunque es como si sentenciara:
-La más linda siempre voy a ser yo.
Isabelino Pena le pidió al doctor que lo dejara en el Montserrat y encontró a Onetti entrajetado en la cama, completamente sobrio.
-Te felicito, elfo -chista después de escuchar the heart of the matter con rumiante fruición: -¿Por qué no te dedicás nada más que a los crímenes y te dejás de escribir chanchadas y de meterte en purgatorios ajenos? ¿Sabés que hace veinticuatro horas que estoy esperando a la Inmaculada sin dormir ni chupar? Y el jazmín no se pudrió.
-Qué hermoso.
-Pero en la resurrección de Jerónimo no creo ni engualichado. Así que no vayas a inventar teorías de conversión como la hermana de Rimbaud. Esa chica era incestuosa.
-Ahora el que te ponés junguiano sos vos.
-Mirá, dejame en paz de una vez. Yo te perdono todo.
Y en ese momento oyeron abrirse la puerta del living mientras Jorge Malabia gritaba:
-Vuelvo a buscarla más tarde.
Y entonces aparece Ana María alquimizada por los tules barrosos que todavía huelen a chivo y se tira en la cama y anuncia dándole la mano al maestro de los tristes:
-Ahora puedo casarme contigo, Linacero.
Isabelino Pena y Onetti se miraron.

2007

martes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI / investigaciones criminales en Santa María

(DECIMOCTAVA ENTREGA)

34 EL ASTILLERO / EL PIÑAZO

Isabelino Pena corrió agachado por atrás de un maizal siguiendo al chiquilín y encontró a Jorge Malabia esperándolo en el sucucho del cobertizo que usaba Kunz para diseñar las perforadoras. Y en ese momento empiezan a oírse tiros y cuando nos asomamos a la huerta vemos a Superman Bergner y al gordo Perotti espantando a los sindicalistas como si fueran gallinas.
-Están dispagando al aige -se ajustó el barbijo eufóricamente Tato.
-La estupidez sanmariana no tiene perdón. Chau asado -se sacude un rulo rubio igual que si cabeceara una pelota en el área Blue Eyes.
-El asado es allá -le señaló la humareda que derramaba desde el primer piso del astillero hacia el río purpúreo el detective: -Vos nos guiás, Kemo Sabay.
El chiquilín nos hace ganar tiempo eludiendo la casilla por un trillo lleno de cangrejos y al llegar a la gigantesca ruina ya transparente distinguimos la luz de un patrullero guiñando en la entrada y carajeo:
-El Rufián ya sabía todo.
-Es en la oficina de Petgus -los hizo zigzaguear Tato por una escalera de incendios tan musgosa que parecía alfombrada.
Entonces nos escondemos tapándonos las toses en lo que debe haber sido el cubículo de las telefonistas mientras la walkiria menea un traje escotadísimo y avanza como un Titanic de nácar frente a la fogata.
-Pero dejame de joder, che: Kafka es un poroto al lado de esto -se le aporteñó despectivamente el acento a Jorge Malabia.
-Llegó el invitado, Jose -estornuda aplaudiendo Angélica Inés y se pone a empujar brasas hacia la parrilla de obra vacía y rodeada de candelabros.
-Esta mujeg es más tgiste que Makda -se le incendió de golpe la piedad a la criatura que Larsen no llegó a ver nacer.
-El enano debe andar con muletas -acierta Blue Eyes justo cuando el héroe que no entiende los símbolos entra flanqueado por los guardaespaldas que le arrancaron al perrazo del rabo.
-Lástima que no puede frotarse las manos para festejar -se acarició el jazmín de la solapa Isabelino Pena.
-¿Sabe que yo recé para que adivinara dónde iba a ser la parrillada? -parece seguir buscando la mariposa amarilla la novia de Díaz Grey: -Y papito me oyó. Espero que le gusten los niños envueltos.
-De usted me gusta todo, mein fraülein. Y de eso quería hablarle. Yo sabía que en el asado de la casilla no iba a haber ningún chivo.
-Jose -aulló la mujer: -Vino a hablarme de la sucia. Yo preparo delicias y me hablan de la sucia.
-Tranquila, mein fraülein.
-Y no me siga llamando así porque lo único que usted quiere es cojerme, animal. Todos quieren cojerme.
-Kesús también se fue tgiste -siento que no es el humo lo que le empaña la sobrehumanidad al no-hijo de Kunz: -Hay que gesucitag.
-No se enoje, señora. Todavía no le dije que tengo el cuadro que le pintó Medina para regalarle. Enmarcado. Y dígale a Josefina que no precisa traer a Lux para asarlo porque a mí no me gustan los chivos. Me gustan las walkirias.
-¿Y por qué viene a hablarme del bicho de la putita?
-Porque usted lo mandó matar. Y la chinonga tuvo que degollar al rengo y robar el vestido de comunión para que les echáramos la culpa a los bolches. Me di cuenta enseguida. Pero yo soy de la misma escuela que Medina: primero la belleza y después el deber.
Entonces Josefina entró con la canasta y sacó un gatito despanzurrado y cosido igual que una pamplona para refregárselo en la nariz al sub-comisario:
-Estos eran los niños envueltos, inspector de zócalos. Y chinonga será la perra que te trajo a este infierno.
-Carajo -se ríe Jorge: -Y allá viene subiendo Díaz Grey. ¿Usted cree que Dios castiga sin piedra y sin palo? Bueno, capaz que si nuestro Faulkner escribe esta historieta termina de candidato al Nobel y todo.
-Dios hace hacer, botija -machacó el viejo después que Angélica Inés Petrus derrumbó a Rufianeli con un directo a la mandíbula digno de Archie Moore.
-Mejog que en las películas -se pone a aplaudir Tato.

35 EL TERCER OJO / LA RAMITA

Isabelino Pena esperó que los guardaespaldas se llevaran al sub-comisario despatarrado y cuando se acercó a ofrecerle una mano a Díaz Grey se enteró que Linacero lo precisaba con urgencia.
-Pensé que ya había vuelto al centro, Monsieur Chandler. Lo busqué por todos lados y al final hasta tuve la suerte de ver boxear a mi prometida -fuma con resignación el doctor y le hace señas al quintero de los Petrus para que apague bien la fogata mientras las mujeres bajan festejando el knock-out como hienas: -Hoy pasé por el Montserrat y encontré a Anita Malabia, que había venido caminando desde Enduro. Higinia murió esta mañana.
Entonces el detective le regaló el jazmín de la Virgen a Tato y lo llevó aparte para besarle el tercer ojo:
-Esta flog no se pudge. Gegalásela a tu madge y decile que alcanza con cgeer y que con no cgreeg no alcanza. Kesús es todo o nada.
-Gjacias, Togo -se inunda de PAX-LUX el niño envejecido y le pido a Jorge Malabia que lo acompañe y me pase a buscar a la pensión mañana a mediodía.
Cuando llegaron al Montserrat Díaz Grey prefirió quedarse en el auto y el detective entró sin golpear y encontró a Juan y a Anita sentados en el living: el hombre-caballo se había puesto traje y corbata y fumaba estirando una mano sobre el cráneo decaído de la criatura.
-Levantemos el corazón -murmuro comprendiendo que ella ni siquiera se da cuenta que no llevo el jazmín.
-Cuidado la leche -avisó Ana María torciendo el perfil de camafeo hacia el sonido de un primus.
Entonces Juan suelta el cigarrillo y va casi corriendo a la cocina para volver con una mamadera y ojos de novio dócil.
-Tiens -sonrió Isabelino Pena cuando ella sacó a un gatito dormido de un costurero con moña roja: -El amigo Félix.
-Vamos a tener que llevarlo al velorio -se enronquece autoritariamente la infanta de pezones adultos mientras se moja la mano para probar la temperatura de la leche: -Pero preferiría no tener que darle otra hasta mañana. Ese bar da asco. ¿No podrías aplastar el pucho, uruguayo? Prendé otro si querés, pero el del suelo nos va a hacer atorar a todos. Félix está resfriado.
El hombre-caballo obedeció con una velocidad jadeante y mientras se colgaba otro Benson le explicó al detective:
-A Higinia la están velando en el boliche de Barreiro. Me imagino que te acordás de Barreiro.
-Cómo no.
-El problema es que a la madre del Hugo y a doña Glyde se les ocurrió velarla con el boliche abierto para financiar los gastos del entierro.
-Como a Van Gogh.
-Aguantate. El hermano de Van Gogh le hizo una capilla ardiente con cuadros. Y en esta ciudad maldita ya se corrió el boca a boca y la gente va a caer a timbear como si fuera una kermesse.
-Pero Díaz Grey me dijo que vos me habías mandado llamar con urgencia. Para qué me precisás a mí.
-La que lo precisa es ella, padre Isabelino.
Entonces Ana María le termina de dar la mamadera a Félix y cuando la expectativa ya es insoportable se lo apoya en el hombro y puntualiza:
-Vos te acordás que Eladio le va a sacudir una rama en la frente para que las gotas le formen cristales.
-Sí, mija.
-¿Qué le pasa a este gato que no eructa?
-Golpeale más la espalda -empezó a jugar con la tapa del encendedor sin animarse a prenderlo el hombre alto.
Pero a mí me clava un desconcierto oscuro que parece recordarme:
-Se vuelven personas a los tres años. Hace cinco que ella sabe calcular las maniobras que se necesitan para enamorar y esclavizar a cualquier mono sapiens.
-Ya eructó. A dormir, Félix -cerró el costurero y enfocó su floralidad castaña en el jopo del viejo Ana María Malabia, sin llegar a sonreír: -Lo que quiero es que vos despidas a Higinia igual que al Hugo. Porque en el cementerio hablaste divino.


(continúa próximo viernes)

viernes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI (9) / investigaciones criminales en Santa María


Hugo Giovanetti Viola

31 EL CHAMAMÉ / LA GLORIETA

Isabelino Pena y Jorge Malabia llegaron a Puerto Astillero después del mediodía y encontraron los dos Impala Mariposa frente al Chamamé, un bar-pulpería desbordado por los militantes de la CST. Tito Perotti y Marcos Bergner timbean en el fondo fumando habanos con revólveres en la cintura, aunque los dos únicos que les dan pelota son el patrón y un indio lambeculos.
-El acto es a la cinco, frente al Belgrano -informó el padrino de Ana María Malabia: -Y parece que de noche hay festejo en la casilla del fantasma.
-Ojo: un asado exclusivo para el Comité Central -pone cara de tira el grandote que cree más en los chivos que en los hombres: -Los dos fotógrafos hembras de El socialista y Nikita. Porque el alemán ya no sale de la cama.
-Perdón. ¿Cómo se llama el alemán? -se remangó la camisa chorreada el detective.
-Kunz. Vive en las ruinas del astillero desde las épocas de Larsen.
-Quisiera conocer la casa de los catorce pilares -le hago una seña a Jorge dándole a entender que aquí la gresca puede reventar en cuestión de segundos.
-Le aviso que el sub-comisario está almorzando en la glorieta con la yegua madrina -escupió en el piso de tierra el gordo con facciones idénticas a la Miss Calienta Hombres de Villa Petrus.
-Con la yegua madrina y la cobra de compañía que ahora ya no le lustra más las botas con la lengua a nuestro pioneer -vacía una petaca Marcos y me acuerdo del arsénico que mi madre espolvoreaba con cierta gracia a espaldas del prójimo.
La única calle alquitranada de Puerto Astillero medía muy pocas cuadras, y al pasar frente al hotelucho donde se hospedaba Larsen vieron a Lázaro dirigiendo la construcción de una tarima hecha con cajones de naranjas salteñas.
-Voilà la trinchera para tomar el Palacio del Infierno. Y atrás de aquellas casuarinas donde está estacionado el auto del Rufián ya podés ver las famosas estatuas -señala Blue Eyes el caserón casi tan alto como el cubo del astillero que transparenta el hervor pantanoso del río succionado por la seca.
-Y pensar que Larsen confundió a Jeremías Petrus con Dios -se tanteó el jopo todavía rielante el detective.
-No entiendo.
-Los que no encuentran a Dios en el verdadero templo sienten que está escondido en una altura triste.
-Eso querría decir que las iglesias son alegres.
-El verdadero templo es la barriga del infinito, pibe. Aunque al principio te pueda hacer cagar de horror.
-¿Le parece que en el asado de la casilla se van a comer al chivo?
-Puede ser. Pero el traje de comunión no le cabe ni a Juancho Castillo ni a la Tota Barthé. Y el que robó una cosa robó la otra. Aparte de que si degollaron al Huguito tienen un odio tan grande que son capaces de enterrar todo junto.
-¿Dónde estudiaste esto?
-¿Lo qué? ¿Cómo se hace para entender las verdades verdaderas? En la cama. Hay que tirarse en la oscuridad y juntar bien las manos para agarrarte el ánima y pedir. Y esperar. Eso nunca te falla.
-Eso es una opinión.
-No. Una ley. Si le pedís bien al universo la verdad verdadera Dios no te falla, pibe. Palabra de hombre blindadamente feliz.
-Y qué es pedirle bien.
-Reclamar el amor. Nada más que el amor.
Jorge Malabia hizo girar el jeep frente al jardín-yuyal espectralizado por la glorieta y las estatuas color cadáver en el momento que Rufianeli abría el portón donde se enlazaban la J y la P del pioneer y un alarido de pajarraco le recordaba:
-Hoy está invitado a la parrillada que más le gustaba a papito, herr Giorgio. Pero tiene que adivinar dónde hacemos el fuego.
Y cuando el sub-comisario se abanica la calva y le devuelve a la walkiria un resplandor libidinoso la Jose grita horrorizada y un perrazo se le prende del culo al homúnculo y los milicos del patrullero tienen que descuajarlo a palazos mientras nosotros rajamos en el jeep riéndonos como en el cine-baby.
-Al mejor cura que conocí en mi vida le pasó lo mismo predicando en un rancherío -se secó la diversión más infantil que rencorosa Isabelino Pena: -Pero el pobre carmelita no se lo merecía.

32 SANTIAGO / MAGDA

Isabelino Pena le pidió a Jorge Malabia para bajarse en el cañaveral que separaba al Belgrano de un cobertizo lleno de chatarra despedazada y apenas desembocó en el baldío costero vio a un niño que hablaba solo:
-Mi padre quiere irse con vos. Yo sé que no está enfermo, Gott.
Habla como un monje pero no puede tener más de ocho o nueve años: los ojos densos y planos se comunican esmeriladamente con alguien fantasmal y no avanzo ni me escapo hasta que me ve la sombra y se pone en guardia.
-Hola -hizo equilibrio el detective sobre los piedrones de un arroyito-basural: -¿Vivís aquí?
Y de golpe le resplandece una floralidad profundísima y me doy cuenta que me perdona la interrupción y el descubrimiento del amigo al que él llama casi Kott.
-Vivo en una casa igual a la de un perro.
-¿Sos el hijo de Kunz?
El chiquilín se paró acomodándose el gorro de cow-boy que le refrescaba el sudor hasta las tetillas y se puso soberbio:
-Hijo no. Mi padre se tiró al río antes que yo naciera.
-Sos el primer pibe que conozco que vive en una casa de perro -le toco el alma apuntándolo con un índice-revólver y enseguida le ofrezco una mano adecuada a su adultez: -Mucho gusto: Isabelino Pena, detective privado.
-Mucho kusto, Santiako -caricaturizó un acento alemán el no-hijo de Kunz alargando una mano del mismo tamaño que la del viejo: -Y si sos detective me imagino que también sabgás cómo se llama mi madge.
-No.
-Mi madge se llama Makda.
-¿Podgías llevagme a conocer a Makda, Santiago?
-Ella es tgiste -me traspasa con una soledad muy sedosa: -Cgee que Kott no la ayuda.
-Tené fe. Las mujeges demogan más en cgeeg pego son más valientes. Eso no te lo enseñan en la escuela pego es la puga vegdad, Santiago.
-Me podés decig Tato. Y la escuela es una mieggggda del culo. Kunz no quiege veg a nadie, señog. Y Makda está gregando la huegta y llogando. Es hogible vivig cuando ella no se quiege.
-Tené fe, Tato.
-Sí.
El cobertizo lleno de hierros podridos ya no tenía ni techo, y el detective-elfo y el chiquilín altísimo desembocaron en una huerta donde resplandecía la cal de una casilla enguirnaldada exuberantemente por un parral con glicinas.
-Ahoga espegá -empieza a correr cacheteándose una pierna como si latigueara a un caballo Tato, y la mujer todavía cuarentona se empapa la cabeza antes de tirar la manguera y me sondea con odio.
-Buenas tardes -firuleteó entre los tomates y las zinnias Isabelino Pena mientras ella prendía una targanina: -Mucho gusto, señora.
-El asado es de noche -bufa el humo jediondo por la nariz más preciosa que los pechos y ahora parece llorarle toda la solera blanca y la ropa interior rosada: -Y si es médico váyase, porque él ya se rindió.
Entonces el viejito enfocó la curva costera desfigurada por las moles del astillero y el caserón de los catorce pilares y sonrió:
-Usted puede quererlo a Dios o maldecirlo, un ejemplo. Pero la voluntad de Dios se cumple y usted mira de qué manera: se va a enterar por lo que le pase de cuál era la voluntad de Dios.
-Él me oyó hablar con Gott, mamá.
-Qué quiere -se le derrama un esplendor de orgasmo más poderoso que todo el horror del mundo a la mujer loba.
-Ver a Kunz.
-¿Lo conoce?
-¿No se dio cuenta que también la conozco a usted, señora?
-Pero no entiendo.
-No importa. Lo que le pido es que cuando lleguen las bestias del asado no les comente que estoy aquí. Yo me quedo tomando mate adentro.
-¿Quiere factura?
-Bueno, estoy muerto de hambre.

33 KUNZ / EL ASADO

Isabelino Pena devoró seis medialunas antes que la mujer lo hiciera pasar al cuarto donde agonizaba el ingeniero alemán que trabajó quince años para Jeremías Petrus sin cobrar un solo peso. Y en lugar de encontrar al viejo-tarántula que imaginé al leer El astillero tengo la sensación de estar contemplando una superadultez montañosa.
-Tardes -saludó el hombre de melena y barba blancas que escuchaba un concierto para clarinete en una Philco con forma de parroquia.
-¿Stamitz? -me arriesgo.
-¿Jan, Karel o Antonin?
-A los dos últimos no los conozco.
-Karel y Antonin son los hijos de Jan Stamic, checo congénito. Este es Karel, el mayor. Y acá no hay ningún crescendo desequilibrante made in Mannheim. Es como tener cáncer a la vejiga y sentirse curado en vez de enfermo. ¿Qué más quiere saber?
-Nada -sigo buceando en las pupilas más doradas que negras que clava en la ventana.
-Pero Magda me explicó que es un detective con ternura de picaflor.
-Favor que ella me hace.
-Mire: si el marido de Magda no se hubiera suicidado yo no tendría esta mujer ni este hijo ni esta casilla ni esta huerta-paraíso ni le diseñaría perforadoras a los criollos y a los gringos de las dos costas. Tato puede seguir en el negocio, porque ya aprendió todo: es un Wolfgang Amadeus de la ingeniería. Y si los criminales de la Convención Sanmariana de Trabajadores no se hubieran emperrado en joderme y amenazarme y chantajearme para que representara a los fantasmas estafados por Petrus no tendría este tumor. Era la única manera de vivir en paz, y además cuando esté muerto ya no van a poder manosearme. Y gracias al tumor ahora estoy enamorado de todo por primera vez en la vida. Pero de todo: puede poner a Hitler, a Stalin y a las bombas de Mister Truman. ¿No es hermoso?
-Hermosísimo.
-Bueno, ya me está haciendo efecto la morfina. ¿Necesita quedarse en el cuarto?
-Preferiría. Tengo que vigilar el asado de los hombrecitos nuevos.
-¿Podría apagar la radio si aparecen Paganini o Berlioz? Me traen sueños espantosos.
-¿Quiere apagar ahora?
-No. Así puedo empezar a dormir con Stamic. Falta el último Allegro.
El detective vació el termo escuchando roncar al hombre rocoso que no debería pesar más de cincuenta quilos y ya casi no tenía el acento teutón que le caricaturizaba el hijo de Gálvez. Y después que los alaridos del circo revolucionario dejan de irritar al pajarerío entra Magda a cambiar el urinal y mientras le acomoda las almohadas a Kunz murmura:
-Quiere algo más.
-Hablar con Tato. Por favor. Y agua caliente.
El chiquilín entró con el sombrero colgando en la espalda y entregó el termo poniendo cara de cow-boy de historieta:
-A las ógdenes, Togo.
-Una pgegunta, Kemo Sabay: ¿en Puegto Astillego comen chivos asados?
-No. Los chivitos son hijos de Gott.
-¿Te animás a localizag a un caga pálida de ojos azules que anda en un jeep? Se llama Jorge Malabia. Pedile que venga a vegme a escondidas.
-¿Te gusta Schubert?
-Me gusta más la Trout que este quinteto. Pog lo menos paga dogmig.
-A mí también. Kunz no sabe ni gezag.
-No impogta. Tené fe.
-Sí. Este domingo tomo la comunión en La Tablada.
Y como sale rajando puedo dejar chorrear tranquilo las lágrimas por la bombilla y sentir que son los pezones de mi felicidad.
-Me parece que no hay asado -entró de golpe Magda con la solera y la rabia enrojecidas por el último sol: -Llegaron dos matones pitucos en colachatas y se pusieron a limpiar los revólveres frente al parrillero. ¿Dónde se metió la policía?
Y atrás entra Santiago con dientes de haber hecho un golazo y me informa:
-Cgeo que en el astillego también hay asado, Togo. Se pgendió un fuego bágbago. Jogje Malabia te espega en el talleg.
-No hables así, tarado -preparó un cachetazo chaplinesco la mujer-loba.
-Tagada tu madgina -se escapa el chiquilín rebenqueándose el culo.

34 EL ASTILLERO / EL PIÑAZO

Isabelino Pena corrió agachado por atrás de un maizal siguiendo al chiquilín y encontró a Jorge Malabia esperándolo en el sucucho del cobertizo que usaba Kunz para diseñar las perforadoras. Y en ese momento empiezan a oírse tiros y cuando nos asomamos a la huerta vemos a Superman Bergner y al gordo Perotti espantando a los sindicalistas como si fueran gallinas.
-Están dispagando al aige -se ajustó el barbijo eufóricamente Tato.
-La estupidez sanmariana no tiene perdón. Chau asado -se sacude un rulo rubio igual que si cabeceara una pelota en el área Blue Eyes.
-El asado es allá -le señaló la humareda que derramaba desde el primer piso del astillero hacia el río purpúreo el detective: -Vos nos guiás, Kemo Sabay.
El chiquilín nos hace ganar tiempo eludiendo la casilla por un trillo lleno de cangrejos y al llegar a la gigantesca ruina ya transparente distinguimos la luz de un patrullero guiñando en la entrada y carajeo:
-El Rufián ya sabía todo.
-Es en la oficina de Petgus -los hizo zigzaguear Tato por una escalera de incendios tan musgosa que parecía alfombrada.
Entonces nos escondemos tapándonos las toses en lo que debe haber sido el cubículo de las telefonistas mientras la walkiria menea un traje escotadísimo y avanza como un Titanic de nácar frente a la fogata.
-Pero dejame de joder, che: Kafka es un poroto al lado de esto -se le aporteñó despectivamente el acento a Jorge Malabia.
-Llegó el invitado, Jose -estornuda aplaudiendo Angélica Inés y se pone a empujar brasas hacia la parrilla de obra vacía y rodeada de candelabros.
-Esta mujeg es más tgiste que Makda -se le incendió de golpe la piedad a la criatura que Larsen no llegó a ver nacer.
-El enano debe andar con muletas -acierta Blue Eyes justo cuando el héroe que no entiende los símbolos entra flanqueado por los guardaespaldas que le arrancaron al perrazo del rabo.
-Lástima que no puede frotarse las manos para festejar -se acarició el jazmín de la solapa Isabelino Pena.
-¿Sabe que yo recé para que adivinara dónde iba a ser la parrillada? -parece seguir buscando la mariposa amarilla la novia de Díaz Grey: -Y papito me oyó. Espero que le gusten los niños envueltos.
-De usted me gusta todo, mein fraülein. Y de eso quería hablarle. Yo sabía que en el asado de la casilla no iba a haber ningún chivo.
-Jose -aulló la mujer: -Vino a hablarme de la sucia. Yo preparo delicias y me hablan de la sucia.
-Tranquila, mein fraülein.
-Y no me siga llamando así porque lo único que usted quiere es cojerme, animal. Todos quieren cojerme.
-Kesús también se fue tgiste -siento que no es el humo lo que le empaña la sobrehumanidad al no-hijo de Kunz: -Hay que gesucitag.
-No se enoje, señora. Todavía no le dije que tengo el cuadro que le pintó Medina para regalarle. Enmarcado. Y dígale a Josefina que no precisa traer a Lux para asarlo porque a mí no me gustan los chivos. Me gustan las walkirias.
-¿Y por qué viene a hablarme del bicho de la putita?
-Porque usted lo mandó matar. Y la chinonga tuvo que degollar al rengo y robar el vestido de comunión para que les echáramos la culpa a los bolches. Me di cuenta enseguida. Pero yo soy de la misma escuela que Medina: primero la belleza y después el deber.
Entonces Josefina entró con la canasta y sacó un gatito despanzurrado y cosido igual que una pamplona para refregárselo en la nariz al sub-comisario:
-Estos eran los niños envueltos, inspector de zócalos. Y chinonga será la perra que te trajo a este infierno.
-Carajo -se ríe Jorge: -Y allá viene subiendo Díaz Grey. ¿Usted cree que Dios castiga sin piedra y sin palo? Bueno, capaz que si nuestro Faulkner escribe esta historieta termina de candidato al Nobel y todo.
-Dios hace hacer, botija -machacó el viejo después que Angélica Inés Petrus derrumbó a Rufianeli con un directo a la mandíbula digno de Archie Moore.
-Mejog que en las películas -se pone a aplaudir Tato.

35 EL TERCER OJO / LA RAMITA

Isabelino Pena esperó que los guardaespaldas se llevaran al sub-comisario despatarrado y cuando se acercó a ofrecerle una mano a Díaz Grey se enteró que Linacero lo precisaba con urgencia.
-Pensé que ya había vuelto al centro, Monsieur Chandler. Lo busqué por todos lados y al final hasta tuve la suerte de ver boxear a mi prometida -fuma con resignación el doctor y le hace señas al quintero de los Petrus para que apague bien la fogata mientras las mujeres bajan festejando el knock-out como hienas: -Hoy pasé por el Montserrat y encontré a Anita Malabia, que había venido caminando desde Enduro. Higinia murió esta mañana.
Entonces el detective le regaló el jazmín de la Virgen a Tato y lo llevó aparte para besarle el tercer ojo:
-Esta flog no se pudge. Gegalásela a tu madge y decile que alcanza con cgeer y que con no cgreeg no alcanza. Kesús es todo o nada.
-Gjacias, Togo -se inunda de PAX-LUX el niño envejecido y le pido a Jorge Malabia que lo acompañe y me pase a buscar a la pensión mañana a mediodía.
Cuando llegaron al Montserrat Díaz Grey prefirió quedarse en el auto y el detective entró sin golpear y encontró a Juan y a Anita sentados en el living: el hombre-caballo se había puesto traje y corbata y fumaba estirando una mano sobre el cráneo decaído de la criatura.
-Levantemos el corazón -murmuro comprendiendo que ella ni siquiera se da cuenta que no llevo el jazmín.
-Cuidado la leche -avisó Ana María torciendo el perfil de camafeo hacia el sonido de un primus.
Entonces Juan suelta el cigarrillo y va casi corriendo a la cocina para volver con una mamadera y ojos de novio dócil.
-Tiens -sonrió Isabelino Pena cuando ella sacó a un gatito dormido de un costurero con moña roja: -El amigo Félix.
-Vamos a tener que llevarlo al velorio -se enronquece autoritariamente la infanta de pezones adultos mientras se moja la mano para probar la temperatura de la leche: -Pero preferiría no tener que darle otra hasta mañana. Ese bar da asco. ¿No podrías aplastar el pucho, uruguayo? Prendé otro si querés, pero el del suelo nos va a hacer atorar a todos. Félix está resfriado.
El hombre-caballo obedeció con una velocidad jadeante y mientras se colgaba otro Benson le explicó al detective:
-A Higinia la están velando en el boliche de Barreiro. Me imagino que te acordás de Barreiro.
-Cómo no.
-El problema es que a la madre del Hugo y a doña Glyde se les ocurrió velarla con el boliche abierto para financiar los gastos del entierro.
-Como a Van Gogh.
-Aguantate. El hermano de Van Gogh le hizo una capilla ardiente con cuadros. Y en esta ciudad maldita ya se corrió el boca a boca y la gente va a caer a timbear como si fuera una kermesse.
-Pero Díaz Grey me dijo que vos me habías mandado llamar con urgencia. Para qué me precisás a mí.
-La que lo precisa es ella, padre Isabelino.
Entonces Ana María le termina de dar la mamadera a Félix y cuando la expectativa ya es insoportable se lo apoya en el hombro y puntualiza:
-Vos te acordás que Eladio le va a sacudir una rama en la frente para que las gotas le formen cristales.
-Sí, mija.
-¿Qué le pasa a este gato que no eructa?
-Golpeale más la espalda -empezó a jugar con la tapa del encendedor sin animarse a prenderlo el hombre alto.
Pero a mí me clava un desconcierto oscuro que parece recordarme:
-Se vuelven personas a los tres años. Hace cinco que ella sabe calcular las maniobras que se necesitan para enamorar y esclavizar a cualquier mono sapiens.
-Ya eructó. A dormir, Félix -cerró el costurero y enfocó su floralidad castaña en el jopo del viejo Ana María Malabia, sin llegar a sonreír: -Lo que quiero es que vos despidas a Higinia igual que al Hugo. Porque en el cementerio hablaste divino.



martes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI / investigaciones criminales en Santa María

(DECIMOSEXTA ENTREGA)

30 LA GARZA / EL UROBORO DE LA ÚLTIMA ERECCIÓN


Isabelino Pena durmió sentado afuera hasta el amanecer. Ahora Santa María parece la ciudad de los gallos y Juan ronca con la trompa clavada en el jazmín: voy al baño retorciéndome como si tuviera un cuerno de rinoceronte en la bragueta y demoro una eternidad en embocar la orina en el water.
-Merde merde merde merde -empezó a murmurar el detective mientras volvía a encincharse el pináculo monstruoso y tambaleaba simiescamente hasta la cocina para prepararse el mate.
-¿Y qué le diríamos a Díaz Grey si pudiera venir y tuviéramos la poquísima vergüenza de llamarlo? -me arrastro de costado por la escalerita que va a la azotea y me acuerdo de las cucarachas con una sola pata que mendigaban en Jerusalén esperando la PAX-LUX. -¿Qué poción se precisa para renunciar a todo y romperle la tela a La Cosa cantando Only you?
Isabelino Pena se despatarró muy perniabierto y le ofreció un alivio color río al declive de la ciudad todavía enjoyada por las luciérnagas de las calles y las barcazas. Entonces las chimeneas de Enduro me hacen pensar en Higinia y siento que si pudiera verle las facciones transfiguradas por la última estrella entendería dónde están el vestido de comunión y el chivo.
-Tiens -se sacó el gacho el viejo al ver posarse una garcita blanca en la mocheta de la azotea.
Y ni siquiera me enfoca con las lentejuelas plateadas pero enseguida de despulgarse un ala parece sentenciar:
-Sin el trago triste no hay vestido de comunión ni chivo.
-Pero el trago es al final.
-No. Para resucitar hay que transfigurarse. Y no veo a Nuestra Señora en tus costillas, hermano.
-Perdón -se aflojó el cinturón para poder abrirse la bragueta y dejar emerger al pináculo color víscera el viejo: -Pero no puedo más.
-No podés qué.
-Perder todas las ganas de quedarme en la tierra. Fijate en Juan: es un héroe de la belleza mundial y siente que la muerte es indigna.
-Pero él es digno de una buena muerte.
-¿Y yo qué puedo hacer para que la carnosa se rinda, carajo?
-Saber eso es tan difícil como escribir muy bien. ¿No viviste lamiendo los pisos de tu palacio para escribir muy bien?
-Lo único que supe hacer en la vida fue humillarme para ser un artista digno de Dios, hermana.
Y de golpe veo gotear mi glande casi azul y confieso:
-Es hermoso.
-Es hermoso como Dios. Y ahora lo estás odiando.
-No. No. No lo odio. No lo odio -aulló echando un penacho de aliento bronquítico el detective.
Y entonces me desnudo como frente al primer cuerpo de muchacha que adoré más que a las estrellas y después de achucharme moribundamente y estornudar dieciséis veces la carnosa me emboca una escupida asqueante en el paladar y la trago sonriendo.
-Ahora vas a poder entender lo demás, si Dios quiere.
-Va a querer.
Después la garza se alza con un ruido de sábanas sacudiéndose al sol y zigzaguea hacia la costa todavía oscura de Salto y grito:
-¿La viste a Nuestra Señora en mis costillas o no la viste?
Isabelino Pena se vistió con la entrepierna en paz y mateó frente al lucero adiamantado hasta que los ocho repiques de la plaza parecieron reverberar sobre la chatura color de león que espejaba a las lanchas.
-Ahora nos vamos a ver vos y yo, Satanás -señalo la lejanía encrespada por las chacras y las islas boscosas y de golpe me acuerdo que lo mejor de los cuartetos que le consiguió Lanza a Díaz Grey son el Menuetto Grazioso del Razumovsky y el Scherzando Vivace del 127 y lamento no haberle reclamado al Rufián el révolver que me robó.
-Bueno, por lo menos tenés cien años de perdón -escupió las tejuelas antes de bajar a la cueva de Onetti el detective.
Y me cuelgo la matera oyendo roncar a Juan y bajo a la calle chiflando Canchero.

31 EL CHAMAMÉ / LA GLORIETA

Isabelino Pena y Jorge Malabia llegaron a Puerto Astillero después del mediodía y encontraron los dos Impala Mariposa frente al Chamamé, un bar-pulpería desbordado por los militantes de la CST. Tito Perotti y Marcos Bergner timbean en el fondo fumando habanos con revólveres en la cintura, aunque los dos únicos que les dan pelota son el patrón y un indio lambeculos.
-El acto es a la cinco, frente al Belgrano -informó el padrino de Ana María Malabia: -Y parece que de noche hay festejo en la casilla del fantasma.
-Ojo: un asado exclusivo para el Comité Central -pone cara de tira el grandote que cree más en los chivos que en los hombres: -Los dos fotógrafos hembras de El socialista y Nikita. Porque el alemán ya no sale de la cama.
-Perdón. ¿Cómo se llama el alemán? -se remangó la camisa chorreada el detective.
-Kunz. Vive en las ruinas del astillero desde las épocas de Larsen.
-Quisiera conocer la casa de los catorce pilares -le hago una seña a Jorge dándole a entender que aquí la gresca puede reventar en cuestión de segundos.
-Le aviso que el sub-comisario está almorzando en la glorieta con la yegua madrina -escupió en el piso de tierra el gordo con facciones idénticas a la Miss Calienta Hombres de Villa Petrus.
-Con la yegua madrina y la cobra de compañía que ahora ya no le lustra más las botas con la lengua a nuestro pioneer -vacía una petaca Marcos y me acuerdo del arsénico que mi madre espolvoreaba con cierta gracia a espaldas del prójimo.
La única calle alquitranada de Puerto Astillero medía muy pocas cuadras, y al pasar frente al hotelucho donde se hospedaba Larsen vieron a Lázaro dirigiendo la construcción de una tarima hecha con cajones de naranjas salteñas.
-Voilà la trinchera para tomar el Palacio del Infierno. Y atrás de aquellas casuarinas donde está estacionado el auto del Rufián ya podés ver las famosas estatuas -señala Blue Eyes el caserón casi tan alto como el cubo del astillero que transparenta el hervor pantanoso del río succionado por la seca.
-Y pensar que Larsen confundió a Jeremías Petrus con Dios -se tanteó el jopo todavía rielante el detective.
-No entiendo.
-Los que no encuentran a Dios en el verdadero templo sienten que está escondido en una altura triste.
-Eso querría decir que las iglesias son alegres.
-El verdadero templo es la barriga del infinito, pibe. Aunque al principio te pueda hacer cagar de horror.
-¿Le parece que en el asado de la casilla se van a comer al chivo?
-Puede ser. Pero el traje de comunión no le cabe ni a Juancho Castillo ni a la Tota Barthé. Y el que robó una cosa robó la otra. Aparte de que si degollaron al Huguito tienen un odio tan grande que son capaces de enterrar todo junto.
-¿Dónde estudiaste esto?
-¿Lo qué? ¿Cómo se hace para entender las verdades verdaderas? En la cama. Hay que tirarse en la oscuridad y juntar bien las manos para agarrarte el ánima y pedir. Y esperar. Eso nunca te falla.
-Eso es una opinión.
-No. Una ley. Si le pedís bien al universo la verdad verdadera Dios no te falla, pibe. Palabra de hombre blindadamente feliz.
-Y qué es pedirle bien.
-Reclamar el amor. Nada más que el amor.
Jorge Malabia hizo girar el jeep frente al jardín-yuyal espectralizado por la glorieta y las estatuas color cadáver en el momento que Rufianeli abría el portón donde se enlazaban la J y la P del pioneer y un alarido de pajarraco le recordaba:
-Hoy está invitado a la parrillada que más le gustaba a papito, herr Giorgio. Pero tiene que adivinar dónde hacemos el fuego.
Y cuando el sub-comisario se abanica la calva y le devuelve a la walkiria un resplandor libidinoso la Jose grita horrorizada y un perrazo se le prende del culo al homúnculo y los milicos del patrullero tienen que descuajarlo a palazos mientras nosotros rajamos en el jeep riéndonos como en el cine-baby.
-Al mejor cura que conocí en mi vida le pasó lo mismo predicando en un rancherío -se secó la diversión más infantil que rencorosa Isabelino Pena: -Pero el pobre carmelita no se lo merecía.



(continúa próximo viernes)

viernes

LA ÚLTIMA CURDA DE JUAN CARLOS ONETTI (8)/ investigaciones criminales en Santa María

(QUINCEAVA ENTREGA)

28 ENFERMOS / MINGO

Isabelino Pena agarró el termo con la mano derecha para volver a cebar y de golpe el otro brazo fue catapultado por un sacudón-tic tan fuerte que el mate hizo llover yerba todavía seca sobre el escritorio del sub-comisario.
-Es una reacción alérgica -explico: -No puedo aguantar que los ateos o los agnósticos o los indiferentes no entiendan que no tener una fe vertical es una elección neurótica. Aunque por lo menos a los personajes de Una tumba sin nombre los desespera haber enterrado la fe. Están muy cerca de la esperanza.
Rufianeli rebañó la yerba con un secante hasta hacerla caer en la papelera y chistó divertido:
-Entonces los que elegimos creer en la nada estamos enfermos.
-Sí, y además el evangelio dice que los que no están con nosotros están contra nosotros. El liberalismo ideológico es un invento del diablo. Y la nada es un absurdo nivelador soñado por los esclavos o por los cobardes.
-¿Sabe que Tito Perotti declaró que el rengo era la mejor persona que conoció en Santa María y que Lux y el vestido de comunión lo hacían sentirse bueno?
-Hay degenerados muy sentimentales. ¿Y los bolches qué inventaron?
-Juancho Castillo y el novio del boticario me pidieron autorización para publicar un artículo sobre el vestido de Ana María en El socialista. Parecen modistos.
-Pero son maricas de García Lorca. Trepadores capaces de comerse chiquilines asados mientras hablan del Hombre Nuevo.
-¿Usted no discrimina demasiado?
-Mi problema no son las discriminaciones sino las erecciones locas, jefe. Hacerle el amor al mundo es ejercer un erotismo cósmico sano, pero querérselo cojer a cada rato como si uno fuera un cachorro tratándose de montar a todo lo que se le pone adelante es lamentable.
Ahora se escandaliza en serio y murmura apagando el ventilador:
-Mire que este divague no me sirve para el caso.
-Entonces escuche bien: la religiosidad de Una tumba sin nombre no hay que buscarla en la adoración al chivo. Lo que importa es que la novela investiga el casamiento interior de un hombre consigo mismo como pasaje al reino de la paz. Y esa es una ceremonia universal parecida a la eucaristía. Lamento que no me entienda.
-Yo también.
En ese momento el sargento cordobés golpeó la puerta anunciando que acababan de traer el cuadro y Rufianeli ordenó que pasaran a colgarlo con una mezcla verdosa de humillación y orgullo.
-Mandé enmarcar un retrato que dejó arrumbado Medina en la morgue. A ver si la reconoce.
Y enseguida me doy cuenta que lo que desenvuelve el tartamudo es una Angélica Inés Petrus posando como la bañista rolliza de Manet, aunque la mirada destripadora pertenece a la Jose.
-Voilà le ménage à trois -compadreó el detective: -La blancura del desnudo parece una pared de Utrillo. Espátula y pernod. ¿Y ahora tampoco entiende lo que le dije sobre la taquicardia de las braguetas? Le aseguro que el amor con la muerte se hace cantando Only you y no Esta noche me emborracho.
Pero el sargento le hace señas nerviosas desde la puerta y el enano tiene que salir a calmarle la bronca a Jorge Malabia y yo aprovecho para meterme en el celdario donde Mingo chilla peor que un perro.
-Lo único que se le entiende es que perdió una linterna adentro de una mariposa -le explicó el cabo de guardia a Isabelino Pena: -Ya no se aguanta más.
Pero por qué la desgracia tendrá que ser tan poética -pienso agachándome frente al quintero que ya vomitó toda la celda y sigue eructando gelatina, hasta que de golpe escarbo:
-¿Cuál mariposa, Mingo?
-E-che-o-tro-San-ta-Ma-ría-li-bre-pa-trón-Mar-cos -se le entreabrió un milímetro de lucidez al indio arrodillado: -Y le destapo el pozo.
Después entra Jorge a sacarme del brazo y a esta altura el Rufián se deja empujar igual que un juez de fútbol en un borbollón.
-Yo precisaría un préstamo para morfar debute -señaló una parrillada el viejo de gacho muy aporreado antes de subir al jeep: -Dos chorizos al pan y un hermoso heladito.
Y me doy cuenta que Blue Eyes empezó a quererme en serio.

29 EL HELADO / LARSEN

Isabelino Pena y Jorge Malabia encontraron a Onetti y a Díaz Grey escuchando el segundo concierto para violín de Bach. Nadie tiene ganas de hablar, y yo pongo la barrita de crema y chocolate en la cubetera y me siento en el balcón a devorar los chorizos regados con Coca Cola.
-Y el caballo -preguntó el hombre alto cuando se acabó el disco.
-Tranquilo -toma vino Blue Eyes tirado en el parqué: -A esta altura del campeonato debe ser el único que está tranquilo.
-¿Usted sabe que cuando Dante conoció a Beatrice ella tenía un año más que su sobrina?
-Casi seguro que lo di en el liceo.
-¿Y a alguien le pareció repugnante?
-No creo. Aunque yo siempre pensé que Dante era idiota.
Isabelino Pena entró a buscar el helado a la cocina y después que se le cayeron dos cubetas Onetti cabeceó:
-Idiota.
Entonces vuelvo lamiendo la belleza achocolatada y le pregunto al doctor qué se comenta en Puerto Astillero sobre el acto de la convención pero no me da bola y Juan se pone increíblemente hiperlábico:
-Algunos corren atrás de una pelota y otros atrás de los desenterramientos de los chivos. Yo lo que quería decirle es que usted fue muy valiente, señor Malabia. Aunque da pena que no haya terminado de entender la relación que tuvo con su ánima en esta historia recopilada tan doradamente por mi amigo. Y dicho sea de paso: cuando mandé llamar esta tarde a Díaz Grey estaba a punto de sufrir una explosión de ojos de mosca facetados con tristísimos rostros de Ana María y ese concierto transformó al Montserrat en una catedral inundada por un rosetón que derrama la fe de la infanta en donde veo el bordecito de plata del amore que nos mueve en esta maldita comedia.
-Y usted piensa que yo enterré mi pureza cuando enterré a la Rita.
-No. Pienso que cuando la veló se casó para siempre con ella, Jorge. Y ella se llamaba Rita pero era la forma femenina de su alma. Y usted fue capaz de hacer bailar el cajón más acá o más allá de la muerte. Su pureza no está enterrada, por más que odie al chivo-Dios.
El doctor y Blue Eyes se miraron hipnotizados y Onetti agregó:
-Merde. Lo que me identificó hasta la locura con mi gran amigo Larsen fue que los dos vivimos explotando y sufriendo mujeres. Claro que lo que yo necesitaba no era dinero sucio: pero nunca pude vivir sin comérmelas igual que a esa crema mágica que se compró el elfo. Es triste.
-¿Más Bach? -se le activa una dulzura profesional a Díaz Grey, que ahora ya está asustado.
-Preferiría a Gardel.
-Lo que no le conviene es mezclar el JB con el tinto.
-Vas a ver que un día de estos / te voy a poner de almohada / y tirado en la catrera / me voy a dejar morir.Isabelino Pena volvió a escaparse al balcón y ronqueó el manifiesto-epitafio de Dino con cavernosidad nasal:
-Morir sobre un escenario / estando rodeado de amigos / lograr que lleves en los labios / el último de mis suspiros / mi vida / mi alma.
Pero la desesperante verdad es que me atacó la peor erección de mi vida y siento que si no resuelvo el caso no soy digno de despedirme con la costilla inmaculada que nos hace sonreír por puro amor al Gólgota.
-¿Te llevo a la pensión o te vas con el doctor? -se acercó al balcón bostezando con ostensible alivio Jorge Malabia.
-No. Mejor lo lleva usted porque yo esta noche tengo guardia en Puerto Astillero -ensobra el disco Díaz Grey y se anima a insistirle a Juan: -Trate de no mezclar, Linacero. Por favor. Rimbaud perdió la apuesta.
-Pero no creo que haya terminado rezando.
-Prefiero que me pases a buscar a la pensión mañana a mediodía y nos vamos a infiltrar el acto de los bolches -se tapó la entrepierna con el gacho Isabelino Pena y aprovechó para gritar: -Rimbaud terminó rezando y corran perros, viejo. ¿O te creés que la hermana era idiota?
-Idiota -retruca Juan. -Y viejos son los trapos.


30 LA GARZA / EL UROBORO DE LA ÚLTIMA ERECCIÓN

Isabelino Pena durmió sentado afuera hasta el amanecer. Ahora Santa María parece la ciudad de los gallos y Juan ronca con la trompa clavada en el jazmín: voy al baño retorciéndome como si tuviera un cuerno de rinoceronte en la bragueta y demoro una eternidad en embocar la orina en el water.
-Merde merde merde merde -empezó a murmurar el detective mientras volvía a encincharse el pináculo monstruoso y tambaleaba simiescamente hasta la cocina para prepararse el mate.
-¿Y qué le diríamos a Díaz Grey si pudiera venir y tuviéramos la poquísima vergüenza de llamarlo? -me arrastro de costado por la escalerita que va a la azotea y me acuerdo de las cucarachas con una sola pata que mendigaban en Jerusalén esperando la PAX-LUX. -¿Qué poción se precisa para renunciar a todo y romperle la tela a La Cosa cantando Only you?
Isabelino Pena se despatarró muy perniabierto y le ofreció un alivio color río al declive de la ciudad todavía enjoyada por las luciérnagas de las calles y las barcazas. Entonces las chimeneas de Enduro me hacen pensar en Higinia y siento que si pudiera verle las facciones transfiguradas por la última estrella entendería dónde están el vestido de comunión y el chivo.
-Tiens -se sacó el gacho el viejo al ver posarse una garcita blanca en la mocheta de la azotea.
Y ni siquiera me enfoca con las lentejuelas plateadas pero enseguida de despulgarse un ala parece sentenciar:
-Sin el trago triste no hay vestido de comunión ni chivo.
-Pero el trago es al final.
-No. Para resucitar hay que transfigurarse. Y no veo a Nuestra Señora en tus costillas, hermano.-Perdón -se aflojó el cinturón para poder abrirse la bragueta y dejar emerger al pináculo color víscera el viejo: -Pero no puedo más.
-No podés qué.
-Perder todas las ganas de quedarme en la tierra. Fijate en Juan: es un héroe de la belleza mundial y siente que la muerte es indigna.
-Pero él es digno de una buena muerte.
-¿Y yo qué puedo hacer para que la carnosa se rinda, carajo?
-Saber eso es tan difícil como escribir muy bien. ¿No viviste lamiendo los pisos de tu palacio para escribir muy bien?-Lo único que supe hacer en la vida fue humillarme para ser un artista digno de Dios, hermana.
Y de golpe veo gotear mi glande casi azul y confieso:
-Es hermoso.
-Es hermoso como Dios. Y ahora lo estás odiando.-No. No. No lo odio. No lo odio -aulló echando un penacho de aliento bronquítico el detective.
Y entonces me desnudo como frente al primer cuerpo de muchacha que adoré más que a las estrellas y después de achucharme moribundamente y estornudar dieciséis veces la carnosa me emboca una escupida asqueante en el paladar y la trago sonriendo.
-Ahora vas a poder entender lo demás, si Dios quiere.
-Va a querer.
Después la garza se alza con un ruido de sábanas sacudiéndose al sol y zigzaguea hacia la costa todavía oscura de Salto y grito:
-¿La viste a Nuestra Señora en mis costillas o no la viste?
Isabelino Pena se vistió con la entrepierna en paz y mateó frente al lucero adiamantado hasta que los ocho repiques de la plaza parecieron reverberar sobre la chatura color de león que espejaba a las lanchas.
-Ahora nos vamos a ver vos y yo, Satanás -señalo la lejanía encrespada por las chacras y las islas boscosas y de golpe me acuerdo que lo mejor de los cuartetos que le consiguió Lanza a Díaz Grey son el Menuetto Grazioso del Razumovsky y el Scherzando Vivace del 127 y lamento no haberle reclamado al Rufián el révolver que me robó.
-Bueno, por lo menos tenés cien años de perdón -escupió las tejuelas antes de bajar a la cueva de Onetti el detective.
Y me cuelgo la matera oyendo roncar a Juan y bajo a la calle chiflando Canchero.

31 EL CHAMAMÉ / LA GLORIETA

Isabelino Pena y Jorge Malabia llegaron a Puerto Astillero después del mediodía y encontraron los dos Impala Mariposa frente al Chamamé, un bar-pulpería desbordado por los militantes de la CST. Tito Perotti y Marcos Bergner timbean en el fondo fumando habanos con revólveres en la cintura, aunque los dos únicos que les dan pelota son el patrón y un indio lambeculos.
-El acto es a la cinco, frente al Belgrano -informó el padrino de Ana María Malabia: -Y parece que de noche hay festejo en la casilla del fantasma.
-Ojo: un asado exclusivo para el Comité Central -pone cara de tira el grandote que cree más en los chivos que en los hombres: -Los dos fotógrafos hembras de El socialista y Nikita. Porque el alemán ya no sale de la cama.
-Perdón. ¿Cómo se llama el alemán? -se remangó la camisa chorreada el detective.
-Kunz. Vive en las ruinas del astillero desde las épocas de Larsen.
-Quisiera conocer la casa de los catorce pilares -le hago una seña a Jorge dándole a entender que aquí la gresca puede reventar en cuestión de segundos.
-Le aviso que el sub-comisario está almorzando en la glorieta con la yegua madrina -escupió en el piso de tierra el gordo con facciones idénticas a la Miss Calienta Hombres de Villa Petrus.
-Con la yegua madrina y la cobra de compañía que ahora ya no le lustra más las botas con la lengua a nuestro pioneer -vacía una petaca Marcos y me acuerdo del arsénico que mi madre espolvoreaba con cierta gracia a espaldas del prójimo.
La única calle alquitranada de Puerto Astillero medía muy pocas cuadras, y al pasar frente al hotelucho donde se hospedaba Larsen vieron a Lázaro dirigiendo la construcción de una tarima hecha con cajones de naranjas salteñas.
-Voilà la trinchera para tomar el Palacio del Infierno. Y atrás de aquellas casuarinas donde está estacionado el auto del Rufián ya podés ver las famosas estatuas -señala Blue Eyes el caserón casi tan alto como el cubo del astillero que transparenta el hervor pantanoso del río succionado por la seca.
-Y pensar que Larsen confundió a Jeremías Petrus con Dios -se tanteó el jopo todavía rielante el detective.
-No entiendo.
-Los que no encuentran a Dios en el verdadero templo sienten que está escondido en una altura triste.
-Eso querría decir que las iglesias son alegres.
-El verdadero templo es la barriga del infinito, pibe. Aunque al principio te pueda hacer cagar de horror.
-¿Le parece que en el asado de la casilla se van a comer al chivo?
-Puede ser. Pero el traje de comunión no le cabe ni a Juancho Castillo ni a la Tota Barthé. Y el que robó una cosa robó la otra. Aparte de que si degollaron al Huguito tienen un odio tan grande que son capaces de enterrar todo junto.
-¿Dónde estudiaste esto?
-¿Lo qué? ¿Cómo se hace para entender las verdades verdaderas? En la cama. Hay que tirarse en la oscuridad y juntar bien las manos para agarrarte el ánima y pedir. Y esperar. Eso nunca te falla.
-Eso es una opinión.
-No. Una ley. Si le pedís bien al universo la verdad verdadera Dios no te falla, pibe. Palabra de hombre blindadamente feliz.
-Y qué es pedirle bien.
-Reclamar el amor. Nada más que el amor.
Jorge Malabia hizo girar el jeep frente al jardín-yuyal espectralizado por la glorieta y las estatuas color cadáver en el momento que Rufianeli abría el portón donde se enlazaban la J y la P del pioneer y un alarido de pajarraco le recordaba:
-Hoy está invitado a la parrillada que más le gustaba a papito, herr Giorgio. Pero tiene que adivinar dónde hacemos el fuego.
Y cuando el sub-comisario se abanica la calva y le devuelve a la walkiria un resplandor libidinoso la Jose grita horrorizada y un perrazo se le prende del culo al homúnculo y los milicos del patrullero tienen que descuajarlo a palazos mientras nosotros rajamos en el jeep riéndonos como en el cine-baby.
-Al mejor cura que conocí en mi vida le pasó lo mismo predicando en un rancherío -se secó la diversión más infantil que rencorosa Isabelino Pena: -Pero el pobre carmelita no se lo merecía.



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