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martes

QUE NOCHE! - 13 edición de Museos en la Noche


Este viernes se va a poder disfrutar la 13 edición de Museos en la Noche, cada año la propuesta es mas atractiva y para todos, una noche que podemos disfrutar de aquellos lugares que guardan parte de nuestra memoria colectiva, en horario mas que especial, para recibirnos de una manera diferente y con entrada totalmente sin cargo, detalle no menor...

Repito, todos los museos, los espacios propuestos, con una programación muy buena, y en este caso, queremos recomendarte el ESPACIO MATRIZ que a las 21 Hs., se estará presentando el monólogo "La Galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)" con la actuación de la actriz María José Pedraja Colman y dirección de Alvaro Moure Clouzet, pero antes a las 20 Hs, podés hacer una visita guiada por la casa de nuestro máximo poeta Julio Herrera y Reissig, y por si fuera poco, después de "La Galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)" a las 22 Hs. te podés quedar y disfrutar de Artes Plásticas y Música junto al Tunda Prada, como la realización mural a cargo de Gabriel De León Latorre "La Cumparsita".

A disfrutar entonces!!

domingo

La Galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig) en la Noche de los Museos


La Galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig) se presenta como invitada en el marco de la Noche de los Museos en el magnífico Espacio Matriz, que justamemente fuera casa de nuestro máximo poeta.

Esta obra, un monólogo que forma parte del film del mismo nombre rodado en enero de 2015 dirigido por Alvaro Moure Clouzet, no ha dejado de ser representado performáticamente en el Uruguay y en el extranjero, debido al impacto logrado por la interpretación de la actriz María José Pedraja Colman de las palabras que Alberto Zum Felde esputó, literalmente, en el entierro de Julio Herrera y Reissig.

Nosotros creemos que este discurso fúnebre que hace 107 años tomó por asalto e hizo tambalear relampagueantemente a nuestra mediocridad provinciana, fue el primer acto revolucionario cultural que se produjo en el Uruguay y lo recreamos en el presente porque su inexorable vigencia merece ser rescatada como una ineludible interpelación capaz de combatir al silencioso olvido que nos sigue imponiendo la hipocresía reinante.

La Galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig) se propone resignificar la heroicidad espiritual fundada en el 900 por nuestra primera generación de Artistas, y esta puesta integrada a la programación de la Noche de los Museos en un espacio tan lleno de memoria imprescindible se suma a un ciclo ininterrumpido de representaciones que culminará, el año entrante, con el estreno del film en el Brasil. 

Juan Carlos Gomez 1420 esq. Rincón

8 de diciembre
21 Hs.

LA ENTREVISTA A JULIO HERRERA Y REISSIG QUE PUBLICÓ CARAS Y CARETAS EN 1907



LOS MARTIRIOS DE UN POETA ARISTÓCRATA


por Juan José Soiza Reilly

La famosa entrevista publicada en Caras y Caretas en enero de 1907, y que aquí transcribimos textualmente, había sido preparada por una carta que el poeta enviara meses antes al periodista -de donde éste toma fragmentos literales escritos por el poeta- y por una visita en persona que ocurrió en la primavera de 1906, cuando José Adami tomó las famosas fotografías. El poeta sugirió que se tomase la foto en la que supuestamente se inyecta morfina -hábito que realmente tenía-, aunque en ella no se está inyectando realmente morfina. (Tomado de www.herrerayreissig,org)

(Publicado en el Boletín Nº 62 de la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay / agosto 2010)


Venga usted á verme. Estoy siempre en la torre. Ya nadie me visita. Venga…


* * *

Fui… Verdad. Ya nadie lo visita. ¡Ese abandono será un presagio de laureles futuros! ¡Quién sabe! Tal vez, sí. Quizá, no, Sin embargo, Verlaine nunca tuvo, en América, un hermano mejor, Baudelaire no ha podido dejar hijo más semejante. El diablo, -pero el Satanás artístico de Bols,- tiene en Herrera un devoto sincero. El niño Jesús, puede hallar en él a un rey mago ferviente. Ya véis… Entre tanto, el poeta más raro, el lirico más triste, el pecador más esteta, el jilguero de sangre más azul, el loco más radiante, más fogoso, más bueno y más encantador que haya tenido el Plata, vive, solo, en su torre, allá, en Montevideo… Después de tanto ruido, vive solo. Muy solo. Más solo todavía que los muertos. Por eso, sobre la tumba, -petrificada de silencio y de olvido, -sobre la tumba donde su nombre duerme, ya cadáver, -vibra, -hermosamente porque suena á responso, -el amable latín de los elogios fraternales. Elogios que serán solitarios y que harán reír, con lástimas inútiles, á los calvos sacerdotes de la literatura alcanforada… Es criminalmente alevoso que los perros de la envidia profanen con sus dientes el dulce corazón de este pobre corderito ciego que se muere por exceso de vida, y que vive, en perpetuo pecado, por desprecio a la muerte… ¿Queréis verlo? ¿Queréis oír su voz? Queréis saber lo que dice, lo que piensa, lo que sufre, lo que goza? Bueno. Es fácil. Subid conmigo. Trepemos por la vieja escalera del antiguo palacio. Subid, sin descansar. Por estas escaleras pasaron, hace tiempo, muchas rojas aristocracias fallecidas; muchas razas neuróticas ya extintas. De ellas proviene el extraño poeta que vais a conocer. Subid. Ya llegamos. Es aquí. Es esta la famosa Torre de los Panoramas. Entremos. Ved, ahora cómo el poeta, en una ingenua explosión de bondad, nos recibe. Parece un niño enfermo. Al vernos, vibra todo entero cual una campana que tuviera nervios. Está en la cama. Pocas veces se levanta. Así vive feliz, aunque sufre. Nos habla… Habla de sus versos, de su prosa, de su vida. Y, por fin, nos habla de lo que deseamos que nos hable; del opio, del éter, de la morfina, de sus paraísos artificiales…

-“Yo no soy un vicioso. Cuando tengo que escribir algún poema en el que necesito volcar todo mi ser, toda mi sangre, toda mi alma, fumo opio, bebo éter y me doy inyecciones de morfina. Pero eso lo hago cuando tengo que trabajar. Nada más… Se ha formado entorno mío una leyenda bárbara. No. Yo no soy un vicioso. No soy un fanático. Los paraísos artificiales son para mí un oasis. Una fuente de inspiración… Además, la morfina y el opio me producen un sueño tan encantador, tan plácido, tan celestial y tan divino, que bien vale ese sueño un trozo de mi carne; de mi carne burguesa que conserva aún el asqueroso vicio de comer!... Me dirán que las agonías de Quincy, de Baudelaire y de tantos otros maestros, son buenos ejemplos para no abusar de los placeres del nirvana; pero á mí ¡qué pueden importarme los consejos de la gente normal que pesa las palabras, que mide las virtudes y que metodiza los espasmos de la médula!”.

Y yo creo que Herrera y Reissig tiene razón. ¡Qué puede importarle al artista la vida geométrica del que no es artista! He dicho artista. Y, en verdad, os repito, que lo es. Sus poesías, -misteriosas como fantasmas, -sus poesías, obscuras como tormentas, se iluminan de repente por resplandores de relámpago y por luces de rayos. Sus elogios son joyas. Su primera composición fue publicada en “La Razón”, de Montevideo, por Carlos María Ramírez. Escuchad:

-“Por esa poesía cordilleresca, titulada Miraje”, se me llamó “genio”. “imaginación hugoniana” y otros desatinos igualmente agradables. ¡Qué infamia! Eso me dio fama de gran poeta. En 1890 fundé esta Torre de los Panoramas, émula de las torres de Babel, de Alejandría, de Piza, de Babilonia, de Eiffel. Por aquí pasaron todas las personalidades del país y muchas del extranjero. Yo era el Bautista. Mi gloria mayor consiste en haber revelado á Montevideo los refinamientos literarios de París. Tuve popularidad de poeta exquisito. Fui un poeta de la aristocracia encajado en pleno campamento charrúa. ¡Esto no dejaba de ser un hermoso espectáculo!... “Revue des revues”, ha publicado varios trabajos míos. Aún no soy diputado. Ni siquiera cónsul… Vivo en plena lujosa miseria, comiéndome mis títulos aristocráticos. El progreso no existe para los artistas en esta ciudad colonial, jesuítica, mongólica por excelencia. Así, ¡para qué escribir! El país, literalmente, es sordo-mudo. ¡Oh, paradoja de la literatura, en un cementerio de almas!...”

Y la voz del poeta, suave, melodiosa como la de un niño ó como el rugido de un león que está muy viejo, prosigue destrozando ídolos, estatuas, fetiches… Es un aristócrata. Sangre de reyes españoles circula por sus venas. Adivinase que también los moros tuvieron algo que ver con su abolengo. Pero él dice:

-“Soy un bohemio. Por eso, todos los días, converso un cuarto de hora con la muerte…”.

Después, enmudece. No dice nada más, porque es innecesario.

sábado

NELSON CAULA entrevista a ALVARO MOURE CLOUZET y a HUGO GIOVANETTI VIOLA en El Tungue Lé - Radio Uruguay el Viernes 6 de marzo de 2015


Sobre el nuevo film "La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)"

Viernes 6 de marzo de 2015

  Escuchar la entrevista click aquí

El escritor Hugo Giovanetti Viola y el cineasta Álvaro Moure Clouzet explicaron este viernes en El Tungue Lé el contenido el filme que se está rodando de nombre La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)

La realización está basada en el discurso pronunciado por Alberto Zum Felde el día del funeral.

Según explicaron Giovanetti Viola y Moure Clouzet, mucha gente fue al velorio de Julio Herrera y Reissig a “chupar y a reírse del muerto”. 

Añadieron que un grupo de anarquistas le pidió a Zum Felde, que tenía 21 años, que diera un discurso en el que pudiera revelar parte de la personalidad del difunto. Para Moure Clouzet, lo hecho por Zum Felde fue “el mayor acto revolucionario cultural” porque implicó irrumpir en un acto oficial. En tanto, para Giovanetti Viola, Zum Felde “no estaba adelantado un siglo, estaba adelantado dos siglos”.

jueves

Moure Clouzet y Giovanetti Viola en Radio Maldonado el 3/3/2015



(si tiene problemas para escuchar el audio, recorte y pegue en el navegador el siguiente enlace: https://soundcloud.com/elmontevideano-laboratorio-de-artes/moure-clouzet-giovanetti-viola-radio-maldonado-03-mar-2015 )

Agradecemos a Selva Lena, Adela Torres y a Adriana de Radio Maldonado por habernos invitado a participar del programa Ampliando la visión.

lunes

Entrevista a la actriz María José Pedraja Colman y al director Alvaro Moure Clouzet, en el programa La máquina de Pensar




(si tiene problemas para escuchar la entrevista, recorte y pegue en el navegador el siguiente enlace: https://soundcloud.com/elmontevideano-laboratorio-de-artes/moure-clouzet-pedraja-colman-cx26-2015-02-04 )

Entrevista a la actriz María José Pedraja Colman y al director Alvaro Moure Clouzet, en el programa La máquina de Pensar que conduce Pablo Silva Olazábal  en CX26 el 4/2/2015 a propósito de la presentación el 30/1 de la obra La galante calavera (a propósito del entierro de Julio Herrara y Reissig) frente al Panteón Nacional en el Cementerio Central.

jueves

(A PROPÓSITO DE JULIO sobre el rodaje de LA GALANTE CALAVERA) - Lo que se escribe con el corazón, no lo borra el codo.



María José Pedraja Colman

 A PROPÓSITO DE JULIO


Nombre que también  llevaba un ser inmortal en mí,   mi padre.

Este relato, surge y es necesario por la dura y fascinante tarea de sacar adelante un monologo  que  sintetice, visualice y vivifique la  realidad de lo que fue  ese gran ser del 900.  

En los comienzos de mis ensayos/creación Julio no se había impregnado aun en mi ser, en mi totalidad.

Apenas si había acariciado mi piel en un intento de estremecimiento al solo nombrarlo, pero sin saber siquiera porqué motivo me causaba eso.

Todo vendría después.

En mi búsqueda  de algo, y motivada por la insistencia pasionaria , viseral y emotiva del director que fue haciéndome subir peldaños de su mano, sin soltarme, descubro y  dejo asomar tímidamente, con miedo, pánico, pero sin vacilar ante la ansiedad que me producía lo apasionantemente desconocido,  lo que será el   Julio Herrera y Reissig que revivirá en  el  2015, y en esta Sociedad.

En esa búsqueda y descubrimiento comienza entonces a gestarse en mis entrañas  un  ser inmortal, superior, un monstruo,  casi inhumano, que aún hoy sobrevive en el entorno al mencionarlo tan solo, tanta magia, tanto secreto diabólico se diría, una mixtura calaberisticamente  de un  ser, un alma contradictoriamente   rebelde e intelectualmente satírico, y en esa mezcla, y para ser aun mas contradictorio con todo eso,  una burguesía que lo rodea a tal punto,  de que él mismo sobrevive y se asoma, desde la oscuridad del entorno, asoma su mano, y luego su brazo y todo  su ser al fin,  con una luz de luna opaca, pero triunfante al final del camino.

Y me pregunto entonces,  con todo esto que es tan solo el comienzo de lo que  seguiré relatando mas adelante, a quien se le ocurre pensar,  que un ser como yo  puedo percibir de entrada sin preámbulos y a la ligera,  en lo  mas profundo de mi ser sencillo y rutinario a tal grandeza monstruosa y superior, es obvio que para revivir a este ser era necesario revivirse a uno mismo, destruirse y revivirse a uno mismo, era necesario escavar en el interior para encontrar algo que se asemeje por lo menos a lo que se representara. 

 Julio, entonces comenzaría a  entrar en mí a través de  esa sensación de caricia en la piel que apenas estremece, porque todo lo demás se produjo a medida que todo eso iba impregnando no solo en mi memoria sino también en mi ser, en mis huesos, en mis sentidos y en mis raíces.


Para ello por supuesto,  llevó algún tiempo. 

domingo

(A PROPÓSITO DEL RODAJE DE LA GALANTE CALAVERA)


¿CÓMO PIENSA EL CIELO?

Hugo Giovanetti Viola

Cuando a Álvaro Moure Clouzet se le ocurrió filmar un short-cut transcreando el discurso que les escupió en la cara el jovencísimo Alberto Zum Felde a la comparsa directriz de la hipocresía tontovideana en pleno entierro de Julio Herrera y Reissig hace 105 años, concibió como posible locación un teatro iluminado cenitalmente.

Pero ayer asistimos a un rodaje realizado exactamente en el lugar donde fue despedido el ataúd del imperator, y daba la sensación de que todo el Cementerio Central estaba transfigurado por la PAX-LUX de una mortaja mansa.

El aire es de terciopelo. / Por el camino violeta, / cual a través de una grieta / se ve cómo piensa el cielo.

Y daba la sensación de que la abismalidad desprendida por el relanzamiento de esta literal bomba de tiempo que se activó ayer frente a un Panteón Nacional donde ni siquiera hay lugar para Leandro Gómez (que cabalga estatuizado a la entrada del cementerio) está tan soberanamente sintetizada por la estrofa más perfecta de La muerte del pastor, que lo que va a quedar filmado en La galante calavera es la visión de un pensamiento capaz de abrigarnos y crucificarnos al mismo tiempo.

¿Les molesta este amor?

Moure Clouzet logró que la poética actoral que nos encandila oscurísimamente desde el monólogo de María José Pedraja Colman se constituya en una implosión interpelatoria que sólo podemos comparar con la hipnosis fundacional de El pozo, la Tertulia lunática Les Chants de Maldoror.

Y que ladren los que ladran.

En 1934, dos años antes de ser fusilado, Federico García Lorca visitó Montevideo y le pidió a Enrique Amorin que lo llevara hasta la tumba de uno de los máximos maestros tanto de la generación del 27 como de César Vallejo, para leerle un soneto que acababa de dedicarle.

Y lo que debe haber sido una avergonzadísima respuesta fue que jamás sabremos con exactitud dónde está enterrado Julio.

Entonces el andaluz no se dio por vencido y pidió para pronunciar su ofrenda en el mismo ámbito donde Zum Felde había denunciado la maniobra más asquerosa organizada jamás por los cuervos culturales de nuestra toldería.

No duerme nadie por el cielo, había escrito cinco años antes en Nueva York el poeta mártir que también trastornó a la perrada del oro: Nadie, nadie. / No duerme nadie. /  Pero si alguien cierra los ojos, / ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! / Haya un panorama de ojos abiertos / y amargas llagas encendidas. / No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. / Ya lo he dicho. / No duerme nadie. /  Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, / abrid los escotillones para que vea bajo la luna / las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Julio sigue despierto.

La galante calavera les va a seguir mordiendo las entrañan a los que piensan que el arquetipo de la Purificación no es una verdad del cielo.

sábado

INVITACIÓN - La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)


Queremos invitarte a compartir con nosotros a la primer presentación  y filmación de nuestra obra “La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)”, basado en el discurso pronunciado por Alberto Zum Felde el día del funeral de nuestro máximo poeta que se realizará este sábado 31/1/2015 a las 19 Hs. en el Cementerio Central, frente al Panteón Nacional.

Protagonizado por María José Pedraja, acompañada por Nestro RizzoHéctor Moure y la dirección de Alvaro Moure Clouzet.

Por favor confirmar asistencia a elmontevideanolabs@gmail.com o por mensaje de texto dejando tu nombre y el de las personas que desees que te acompañen al 092 020 839.

Te esperamos.

domingo

Entrevista al escritor Hugo Giovanetti Viola realizada por Patricia Silva para el programa "La montaña mágica"



(si tiene problemas para ver o escuchar el reproductor, recorte y pegue en el navegador el siguiente enlace: https://soundcloud.com/elmontevideano-laboratorio-de-artes/entrevista-al-escritor-hugo-giovanetti-viola-por-patricia-silva-para-el-programa-la-montana-magica  )

Entrevista al escritor Hugo Giovanetti Viola  realizada por Patricia Silva para el programa "La montaña mágica" donde se anuncia el lanzamiento del nuevo film de Alvaro Moure Clouzet protagonizado por la actriz María José Pedraja Colman


"La galante calavera" 

(a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)

viernes

140 ANIVERSARIO de Julio Herrera y Reissig (1)



El 1 de setiembre de 1939, en el Nro 11 de Marcha, el joven narrador Juan Carlos Onetti, bajo el seudónimo de Periquito el Aguador, se decidió a estrellar este cascotazo en un país ya turbiamente encharcado:

Hay que insistir sobre esto. ¿Quién hace literatura entre nosotros? Todo el mundo, pero no gente conformada psíquicamente para eso. (…) El artista tiene por cosas tangibles lo que no existe para los demás y viceversa. En ese sentido -y en tantos otros que poco nos importan- vivimos la más pavorosa de las decadencias, la más disgustante de las confusiones. Hace años, tuvimos a un Roberto de las Carreras, un Herrera y Reissig, un Florencio Sánchez. Aparte de sus obras, las formas de vida de aquella gente, eran artísticas. Eran diferentes, no eran burguesas. Estamos en pleno reino de la mediocridad. Entre plumíferos sin fantasía, graves, frondosos, pontificadores con la audacia paralizada.

Y el desencanto de Eladio Linacero, el personaje de El pozo -la ninguneadísima nouvelle que fue publicada ese mismo año y rediseñó abruptamente el modelo de la narrativa contemporánea iberoamericana- llegó mucho más lejos:

Si uno fuera un voluntarioso imbécil se dejaría ganar sin esfuerzos por la nueva mística germana. ¿Pero aquí? Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos.

En los primeros meses del siglo XX, al cumplir los veinticinco años, Julio Herrera y Reissig, un señorito superdotado y autodidacta y todavía pre-modernista confirmó su encepamiento en una cardiopatía terminal, se morfimanizó a la fuerza y en 1902 fundó La Torre de las Panoramas, un cenáculo de altillo donde siempre se proclamó como un divino imperator destinado a machihembrarse con la pez-espejo de Lautréamont y de la aldea sin vuelo que él llamaba Tontovideo, una tiburona asesina, una matria ibargoyiana, hasta dejarnos por lo menos una inmaculada y galante calavera fundacional clavada en las entrañas.

Esa pureza compulsiva fue derrotada por una incomprensión casi total -o sea: la cruz del justo- y se retiró a ordenar sus obras antes que lo estatuizara el último vesubiazo de su ventrículo izquierdo. Entonces dio a conocer un Decreto que podría definirse como un eructo todavía más alquitranado que el aliento del Conde de Lautréamont:

Abomino la promiscuidad de catálogo. ¡Solo y conmigo mismo! Proclamo la inmunidad de mi persona. Ego sum imperator. Me incomoda que ciertos peluqueros de la crítica me hagan la barba… ¡Dejad en paz a los Dioses!
Yo. 

Julio. 
Torre de los Panoramas.

Era el mismo poeta que en la Balada Eglógica La muerte del pastor había abierto una catacumba en el poniente para incorporarle a la sequedad uruguaya esta saliva del paraíso:

El aire es de terciopelo… / Por el camino violeta, / Cual a través de una grieta, / Se ve cómo piensa el cielo.

El mismo poeta que en 1935 García Lorca no tuvo tiempo de homenajear públicamente -por motivos de crucifixión propia- y al que Vicente Aleixandre le dedicó Las Barandas, un homenaje que termina así:

Duramente vestido el hombre mira / por las barandas una lluvia mágica. / Suena una selva, un huracán, un cosmos. / Pálido lleva su mano hasta el pecho.

Porque Julio Herrera y Reissig fue el primer genio rampante que duró duramente, para hablarlo en Eluard, después que Acevedo Díaz o Quiroga o Rodó o Florencio Sánchez o hasta el propio Zorrilla de San Martín agujerearan la luz de la piñata.

Y ahora nos reenganchamos con la insuperable definición de durar que Periquito el Aguador esculpía el 28 de junio, en el Nro 6 de Marcha:

Durar frente a un tema, al fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo, hasta extraer, de él o de nosotros, la esencia única y exacta. 
Durar frente a la vida, sosteniendo un estado de espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de mesa de café.
Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino.

A lo que habría que agregar que el dandy de corazón alquitranado también llegó a sentir nada menos que la responsabilidad de recuperar la completud espiritual perdida en el in illo tempore artiguista y escribió en 1899:

Todo nos enseña a esperar cuando la desesperación nos asfixia; y en estos días brumosos de desencanto llega hasta nosotros el arquetipo soñado.




(click en la imagen para continuar leyendo)

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Homenaje de elMontevideano - Laboratorio de Artes al máximo poeta Julio Herrera y Reissig en su 140 aniversario , tomando como base el trabajo de Hugo Giovanetti Viola "Los capitanes del vuelo" y complementando con un artículo de Eduardo Roland, como de Santiago Rocaglio entre otros, los invitamos a un paseo interactivo donde intentamos destacar algunos aspectos de la vida de este artista notable.

jueves

140 ANIVERSARIO de Julio Herrera y Reissig (3)



En ENSUEÑO Y DELIRIO / Vida y obra de Julio Herrera y Reissig de Mario Álvarez, un concienzudo ensayo editado por la Academia Nacional de Letras en 1995, cuando ya funcionaba en la casona donde se sigue deteriorando criminalmente el altillo de La Torre de los Panoramas, se analiza a Oblación abracadabra -uno de los sonetos más profundamente perfectos que se puedan haber construido acerca del vaciamiento del mito del eterno retorno- como un paradigma del puro juego esteticista en el que solía caer el cromatismo exótico del imperator después de inyectarse demasiado sosiego delirante.

Acomparsándose con Zum Felde y Roberto Ibáñez -podría haber incluido hasta a Idea Vilariño, que rechaza casi con tanto horror al malabarismo poético / sinfónico como a los supuestos ojos estrellados que pudiera tener un dios más real que el cielorraso- Álvarez se decide a embanderillar respetuosamente al divino Julio citando a Magda Olivieri: En las Clepsidras y en los Sonetos de Asia encontramos pues un mundo que por distintas vías ha elegido alejarse de la realidad objetiva para estructurarse y sostenerse por el poder mágico de la palabra misma. Es una obra a la que cabe aplicar lo que decía Flaubert: “Lo que me parecería hermoso, lo que más querría es escribir un libro sobre nada; un libro sin ligadura exterior, que se mantuviera sólo por la fuerza interna del estilo, como se mantiene en el aire la tierra sin estar sostenida”.

Los exégetas, Viejo Juan, los exégetas.

En las dos primeras estrofas de Oblación abracadabra Herrera y Reissig hace relampaguear el tristísimo cuarzo de los ritos paganos que siguen emborrachando con sangre inocente al miedo o a la desgracia cuando lo único que nos puede abrigar el desamparo como una paz de oro es la invencibilidad del Espíritu Santo.

Y el final del soneto reza:

Sonó un trueno. A los últimos reflejos / De fuego y sangre, en místicos sigilos, / Se aplacaron los ídolos perplejos… / Picó la lluvia en crepitantes hilos, / Y largamente suspiró a lo lejos / El miserere de los cocodrilos.

Más claro es imposible.

¿Qué consuelo encontraríamos en saber que los sufrimientos de millones de hombres han permitido la revelación de una situación límite de la condición humana, si más allá de dicha situación límite sólo estuviera la nada?, pregunta Mircea Eliade en El mito del eterno retorno, cuando ya mediando el siglo XX lo que soñó proféticamente Spinoza como remedio para la imaginación loca era peor que la enfermedad.

Y enseguida sentencia inapelablemente, y sobre todo si valoramos el diagnóstico en pleno 2008: En realidad el horizonte de los arquetipos y de la repetición sólo puede ser superado impunemente mediante una filosofía de la libertad que no excluya a Dios. Tal cosa fue, por lo demás, lo que aconteció cuando el horizonte de los arquetipos y de la repetición fue por primera vez superado por el judeocristianismo, que introdujo en la experiencia religiosa una nueva categoría: la fe.

Y sin embargo 84 páginas antes Álvarez ya había reconocido, a propósito del último tramo del espiralamiento místico del imperator:

En el Discurso en elogio de Alcides de María (1909) hallan su más concentrada expresión estas ideas idealistas-ocultistas, en alianza con un subyacente y, en este período final, renaciente cristianismo.
Y cita la increíble prosa donde Herrera y Reissig clarina otro trueno capaz de hacerle suspirar el Salmo 50 a cualquier cocodrilo:

Ley suprema, señores, de solidaridad incontrastable, corolario armónico de sana filosofía, evangelio divino de altruismo y de amor cristiano, por la que en virtud de póstumas transmigraciones y ensambladuras íntimas los seres y los espíritus, las vibraciones y los perfumes y las cosas y los fluidos -se unen, se compenetran y precisan- a través de la Vida y la Muerte (…) Ley de correspondencia y de mutua eufonía, de espiritualización pitagórica y de gravitación molecular. Platón completado por Newton. El Evangelio y la Astronomía. El corazón y la Ciencia. Los números y las lágrimas. Las Matemáticas y los versos. El alma y la fuerza. La moral y la física. El amor y la Inmortalidad. Y Dios en el Centro de todo.

Y el embanderillador-barbero miope comenta: Todo esto, por supuesto, carece de precisión y originalidad, pero a pesar de su pordioserismo filosófico, interesa porque está conectado con su quehacer poético…

Y Joaquín Sabina escupe como una roncadera que no se resigna a reventar en la orilla del cielo: Lágrimas de plástico azul / sabios que no saben nada / náufragos en la catedral / telarañas amotinadas.


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Nota: Retrato realizado por Carlos Federico Sáez (1878-1901).



(click en la imagen para continuar)

lunes

SONETO DEDICADO POR FEDERICO GARCÍA LORCA A LA "FOSFORECENTE VOZ" DE HERRERA Y REISSIG



De cómo la generación del 27 leyó al poeta uruguayo
Por Eduardo Roland (Brecha)
“Este es el final; qué malo es morir así, sin haber hecho nada.” Palabras textuales de una desgarrada confesión que Julio Herrera y Reissig hace a sus hermanos Carlos y Teodoro el día anterior al 18 de marzo de 1910, fecha en que “uno de los más altos poetas de la lengua castellana” -Zum Felde dixit- perdiera la vida a los 35 años, como consecuencia de una afección cardíaca congénita.

Ese hombre que cerraba sus grandes ojos celestes definitivamente había tenido un lugar donde caerse muerto gracias a la familia de su esposa, Julieta de la Fuente, que facilitó una casa de altos en la calle Buenos Aires, donde residió la pareja durante su breve vida de casados. El muchacho de encumbrada prosapia, el sobrino del presidente de la República, el otrora adolescente talentoso, el sumo pontífice de La Torre de los Panoramas, moría sin haber hecho carrera profesional ni política, habiéndose ganado su subsistencia con empleos mediocres, sin conocer París y con escaso reconocimiento en su calidad de poeta excepcional. Entre sus compatriotas, José Enrique Rodó, por entonces el hombre de letras uruguayo de mayor prestigio internacional, lo ignoró olímpicamente. En la madre patria, una autoridad como don Miguel de Unamuno de-sestimó su valor literario.

Todo induce a pensar que Julio murió frustrado por la escasa aceptación que tuvo su arte literario. Y posiblemente sin esperanzas de que algún día pudiese ser comprendido y defendido con pasión, como lo hicieron varios poetas que años más tarde llegaron a gozar en vida de una enorme popularidad, lectores privilegiados que poco a poco fueron difundiendo una obra difícil que el poeta trabajó con pasión de artista y dedicación de orfebre.

Justamente, a cien años de la muerte del autor de “Los éxtasis de la montaña”, la intención de este artículo es dar testimonio -parcial pero significativo- del entusiasmo que suscitó la extravagante poética herreriana en varios jóvenes escritores extranjeros que por los años veinte del siglo pasado sintieron el gozo de “descubrirlo” y la complicidad de reivindicarlo frente al olvido general en que se encontraba su reciente legado poético.

Siguiendo el ejemplo pionero de Rubén Darío -primer poeta hispanoamericano que influyó en España y primero en predicar a favor de Julio-, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Guillermo de Torre, Ramón Gómez de la Serna y Miguel Hernández, entre otros, tuvieron ojos para escuchar la “fosforescente voz” del vate montevideano, en medio de la oscuridad proyectada por sus rocambolescos artificios verbales. Como el lector habrá advertido, la mayoría de estos nombres conforman la flor y nata de la generación del 27, hoy unánimemente considerada -junto a la del Siglo de Oro barroco- como la más importante en la historia literaria de España.
En el libro de memorias “La arboleda perdida”, que Rafael Alberti (1902-1999) comenzó a escribir en su largo exilio argentino, el poeta gaditano recordaba que en las épocas de la Residencia de Estudiantes de Madrid, Herrera y Reissig era “el nombre de un gran poeta desconocido” que atraía por su fama de renovador del discurso modernista y por el inusual misterio que produce su poesía singular. En ocasión de un homenaje celebrado en Montevideo, el autor de “Marinero en tierra” consignaba: “¡Quién iba a decirme a mí, allá, a mis 20 años, cuando por primera vez, acompañado de algún imberbe poeta amigo, repetía fragmentos -una cuarteta averiada, un tercero rozado, una décima con lagunas- de Julio Herrera y Reissig, por aquellos verdes declives de la Moncloa madrileña, ante el azul del Guadarrama en lejanía, quién había de decirme a mí, digo, que veinte años más tarde iba a verme en la patria del poeta, en estos días suyos, rodeado de su pueblo y traído por mis nobles amigos!”

También Guillermo de Torre (1900-1971) recuerda, en el prólogo a la edición de las “Poesías completas” de Herrera y Reissig (1942) que preparó para Losada, los tiempos en que descubrió al cuasi mitológico poeta: “Venturosamente acerté a leerlo por vez primera en plena mocedad, en la época de máximos fervores (…). Vino entonces a mis manos un tomo de sus “Poesías escogidas” que acababa de editar en Barcelona Ventura García Calderón. Lo leí y releí apasionadamente, contribuyendo a tornarme más simpática la figura del poeta el prólogo ardoroso y reivindicador de Juan Más y Pi. (…) Cansinos-Assens, que en distintas ocasiones (…) debió de haberme oído ponderar admirativamente la poesía de Herrera y Reissig (…) publicó un largo artículo sobre el nuevo poeta” (“Herrera y Reissig”, 1917).
Unos años después, Herrera fue motivo de una recordada polémica desatada por De Torre, cuando en un artículo de la revista Alfar (setiembre de 1923) que el uruguayo Julio J Casal editaba en La Coruña, De Torre acusa –injustamente- al poeta chileno Vicente Huidobro de haber copiado la estética de “su” creacionismo a Julio Herrera y Reissig. Es decir que a algo más de una década de la muerte de Julio, mientras en Uruguay -al cual había denostado en sus prosas- su obra caía en el olvido, en España su poesía era foco de discusión y de vivo interés por parte de un número importante de jóvenes escritores, entre los cuales se encontraban algunos que serían figuras literarias de primera magnitud a nivel mundial. De esta pléyade de celebridades, elegiré a Federico García Lorca (1898-1936) y Pablo Neruda (1903-1973), no sólo por su indiscutible valor y popularidad, sino también porque de manera conjunta emprendieron el rescate de “Julio del Uruguay”, cuando ambos poetas se conocieron en Buenos Aires, por octubre de 1933.

LORCA Y NERUDA REIVINDICAN A HERRERA.

En 1982 Miguel García-Posada fue el primer investigador en revelar que “en los archivos familiares (de Lorca) hay un soneto, aún inédito, que deja constancia duradera del recuerdo al poeta uruguayo: ‘Epitafio en la tumba sin nombre de Herrera (y) Reissig en el cementerio de Montevideo’”. Cuatro años más tarde de ser descubierto por García-Posada, el soneto fue incluido por Arturo del Hoyo en la última edición aumentada que la editorial Aguilar publicó de las Obras completas de Lorca.

En la tumba sin nombre de Herrera y Reissig en el cementerio de Montevideo

“Túmulo de esmeraldas y epentismo
como errante pagoda submarina,
ramos de muerte y alba de sentina
ponen loco el ciprés de tu lirismo,
anémonas con fósforo de abismo
cubren tu calavera marfilina,
y el aire teje una guirnalda fina
sobre la calva azul de tu bautismo.
No llega Salambó de miel helada
ni póstumo carbunclo de oro yerto
que salitró de lis tu voz pasada.
Sólo un rumor de hipnótico concierto,
una laguna turbia disipada,
soplan entre tus sábanas de muerto”.

Considerando el título y en vistas de que el original no está fechado, tiene cierta lógica suponer que este notable soneto -escrito con maestría “a la manera de”- fue compuesto durante la breve estadía del poeta español en Montevideo (verano de 1934), como pensó García-Posada en su momento. Aunque tampoco nada impediría pensar que hubiera sido escrito a finales de los años veinte, cuando Lorca y sus congéneres lo leían con fervor. (Ya en 1929 el crítico Rufino Blanco-Fombona anota en su libro “El modernismo y los poetas modernistas” el gusto de Federico por Herrera y Reissig: “El poeta andaluz Lorca lo ha leído tanto como a Quevedo y a Góngora: los tres se transparentan en sus romances”.)

Sin embargo, el minucioso conocimiento del profesor Andrew Anderson sobre la trayectoria lorquiana nos lleva a repetir la hipótesis que nos manifestara en ocasión de un simposio realizado en Sevilla, en 1998, con motivo del centenario lorquiano. En una charla informal con quien escribe estas líneas, Anderson sostuvo que el soneto en cuestión no fue escrito en Uruguay sino en España -entre 1935 y 1936-, con motivo de un número especial de la revista “Caballo Verde” para la Poesía que Neruda había ideado para homenajear al poeta uruguayo.
Por eso no es casual que justamente en el discurso en el cual Lorca presenta a Pablo Neruda ante la intelectualidad española -Universidad Complutense de Madrid, 6 de diciembre de 1934-, haga referencia a la alta estima que tiene por Herrera y Reissig: “Al lado de la prodigiosa voz del siempre maestro Rubén Darío y de la extravagante, adorable, arrebatadoramente cursi y fosforescente voz de Herrera y Reissig y del gemido del uruguayo y nunca francés conde de Lautréamont, cuyo canto llena de horror la madrugada del adolescente, la poesía de Pablo Neruda se levanta con un tono nunca igualado en América, de pasión, de ternura, de sinceridad”.
Más de tres décadas después de que Lorca hablara de la “fosforescente voz” del poeta uruguayo, Neruda escribirá que entre los modernistas, Herrera y Reissig tiene “fosforescencia propia”. La rara coincidencia en el uso de un adjetivo poco frecuente se vuelve más significativa si señalamos que la afirmación del poeta chileno se encuentra en un artículo titulado “Se ha perdido un Caballo Verde”, en el cual relata cómo el proyectado número monográfico en homenaje a Herrera y Reissig no llegó a distribuirse debido al estallido de la guerra civil. Con seductora prosa Neruda se atribuye el hecho de haber llevado “la pasión herrerayrreissigniana a Madrid”, a la vez de brindar muchos detalles poco conocidos respecto del frustrado número monográfico: “Quise honrar preferencialmente a Herrera y Reissig, porque entre los modernistas tiene fosforescencia propia, de luciérnaga. Si Rubén Darío es el rey indudable de la marmolería modernista, Julio del Uruguay arde en fuego subterráneo y submarino y su locura verbal no tiene parangón en nuestro idioma. (...) Decidí entonces publicar un doble número -5 y 6- de mi revista “Caballo Verde” y dedicarlo íntegramente a Herrera y Reissig. Recuerdo que Ramón Gómez de la Serna escribió, con su estilo egregio, página y media en la que destacaba la silueta del grandioso poeta. Vicente Aleixandre me entregó su homenaje: un poema de larga cabellera. Miguel Hernández y otros escribieron ditirambos magníficos. Federico lo hizo con más conocimiento que nadie, puesto que, ya en Buenos Aires, habíamos cotejado nuestras predilecciones y habíamos decidido ir juntos a la tumba uruguaya del poeta llevando una corona”.

En la última oración aparecen dos elementos clave. Primero, Neruda confirma lo dicho por Blanco-Fombona, en el sentido de que Lorca ya conocía y tenía predilección por Herrera mucho antes de su viaje al Río de la Plata. Segundo, el título del soneto lorquiano está directamente relacionado con aquel compromiso poético -no realizado- que los dos creadores contrajeron en Buenos Aires, a pocos días de haberse reconocido como amigos de toda la vida.

Pero hay una omisión que parece hecha a propósito: en ningún momento del artículo Neruda explicita cuál fue la colaboración de Federico para ese número especial de “Caballo Verde” que estaba ya impreso y desapareció entre los escombros dejados por los bombardeos franquistas en Madrid. Todo indica entonces -como sostenía Anderson- que el poema “En la tumba sin nombre de Herrera y Reissig en el cementerio de Montevideo” fue escrito especialmente para publicar en aquel Caballo definitivamente perdido. De ahí que este soneto tenga un inapreciable valor para quienes hoy continúan admirando a estos dos grandes poetas que la muerte se llevó de manera prematura.

La piadosa condena de Luis Cernuda

Para tensionar la armonía de este artículo que entra en sus últimos compases, vale la pena introducir los acordes disonantes ejecutados por Luis Cernuda (1904-1963), tal vez el más profundo y refinado de los poetas del 27. A contracorriente de sus congéneres, el autor de “La realidad y el deseo” juzgó negativamente la poesía de Herrera y Reissig, como lo hizo con respecto a todo el modernismo americano (al cual consideraba “una lamentable desviación de la tradición lírica española”, en palabras del crítico James Valender).

No es de extrañar entonces que en una conferencia de 1945 dedicada al poeta uruguayo, Cernuda afirmara que gran parte de la poesía herreriana es “una especie de baratillo literario”. Como contrapartida de este juicio lapidario apoyado con varios ejemplos concretos, y a medida que avanza su estudio, el conferencista rescata aspectos de signo positivo en la poética de Herrera, como por ejemplo la “manera particular de asociar las palabras, que resulta más evidente a medida que se desarrolla la obra”. Así, sobre el final del texto, la cortante crítica del escritor sevillano deja lugar a una reflexión no por piadosa menos verdadera: “Y si recordamos las circunstancias poco afortunadas que acompañaron su vida, y cómo las conllevó, un sentimiento de simpatía y de estimación pueden despertarse ante su persona y su obra. Buscó lo mejor, lo que él creía era lo mejor; amó su trabajo, y tuvo conciencia de lo que el trabajo artístico significaba en un mundo donde el arte perdía alcance social, al mismo tiempo que su significación se hacía más grave para quien a tal trabajo y disciplina quería someterse”.

Y a modo de breve y honesto homenaje al malogrado Julio, Cernuda cierra su conferencia citando íntegramente el soneto “Color de sueño”, “no sin cierta emoción ante las palabras sencillas con que expresa lo frustrado de su vida”.
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