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PETER BROOK - EL ESPACIO VACÍO (58) Arte y técnica escénica


EL TEATRO INMEDIATO (9)

A manera de ejemplo he mencionado dos nombres famosos, pero el fenómeno se da una y otra vez en los ensayos y plantea continuamente el problema de la inocencia y de la experiencia, de la espontaneidad y del conocimiento. También hay cosas que los actores jóvenes y desconocidos son capaces de hacer y que quedan fuera del alcance de buenos intérpretes, experimentados y diestros. Ha habido épocas en la historia del teatro en que la labor del actor se ha basado en ciertos gestos y expresiones aceptados: congelados sistemas de actitudes que hoy día rechazamos. Quizá sea menos claro que el polo opuesto -la libertad del método del actor en elegir lo que sea de los gestos de la vida cotidiana- resulta también restringido, ya que al basar sus gestos en su observación o en su propia espontaneidad el actor no realiza una profunda creatividad. Busca en su interior un alfabeto que también está fosilizado, puesto que el lenguaje de signos de la vida cotidiana no es el de la invención, sino el que corresponde al condicionamiento del actor. Sus observaciones sobre el comportamiento humano son a menudo observaciones de proyecciones suyas. Lo que cree espontáneo está filtrado y comprobado muchas veces. Si el perro de Pavlov improvisara, seguiría salivando al tocar la campana, convencido de que obraba por su propia cuenta, orgulloso de su atrevimiento. Quienes realizan trabajos de improvisación tiene la oportunidad de comprobar con asombrosa evidencia con qué rapidez se alcanzan las fronteras de la llamada libertad.

Nuestros públicos ejercicios con el teatro de la Crueldad llevaron rápidamente a los actores a variaciones de sus propios clisés, como el personaje de Marcel Marceau que escapa de una cárcel para caer en otra. Uno de nuestros experimentos consistía en que un actor abriera una puerta y encontrara algo inesperado. Tenía que reaccionar con gestos, sonidos o usando pintura. Se le alentaba a expresar el primer gesto, grito o embadurnamiento que se le ocurriese. Al principio, lo único que esto mostraba era el repertorio de similitudes que tenía el actor. La boca abierta de sorpresa, el paso atrás con horror: ¿de dónde procedían esas llamadas espontaneidades? Resultaba claro que la auténtica e instantánea reacción interior era comprobada y, como en un relámpago, la memoria ponía en su lugar alguna imitación de una forma vista anteriormente. El embadurnamiento aun era más revelador: la proximidad del terror ante la superficie vacía y luego la idea tranquilizadora y ya hecha de que llegaba al rescate. Este teatro mortal acecha en el interior de todos nosotros.

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