(Crónica ficcionada del golpe de estado y
de la Huelga General)
A la memoria de María Cristina Díaz Marrero
Pero no todos los invitados se han puesto
trascendentes. En el otro extremo de la sala, un grupo de productores rurales,
amigos del novio, está eufórico porque la subasta de Aberdeen Angus de esa
misma tarde tuvo total éxito y los precios de la lana han estado subiendo en el
mercado internacional, pero además y por sobre todo, por la alegría de Roberto,
con quien prácticamente se han criado. Por eso bromean y brindan a su salud, a
la vez que le gritan alguna cosa cada vez que lo ven pasar cerca…, pero cuando
por un momento gana el silencio, Miguel Muñoz, el más extrovertido del grupo,
bajando la voz y en tono serio, comenta que el senador y líder nacionalista
Wilson Ferreira Aldunate quiere denunciar los ataques armados ocurridos hace
unos pocos días, durante un acto del Partido Nacional, adonde fue agraviado con
unos volantes realizados en la Imprenta de la Fuerza Aérea.
-Yo estaba y no hablo por boca de ganso,
cuando terminaba el acto, estallaron petardos y armas de fuego entre la gente.
Y cuando fuimos a detener a los provocadores, la policía impidió que lo
hiciéramos -agrega punzante.
Se apresta a seguir hablando, es
consciente de que ha ganado la atención de sus amigos, pero uno de ellos le
hace un guiño y guarda silencio. Hasta el grupo llega Daniel Mezzera, del que
bien conocen su forma de pensar y sus vínculos con el gobierno.
***
En un bar a una cuadra de la Facultad de
Arquitectura, Cristina Correa y Juan José Pereira hacen planes. Desde hace años
viven juntos en una pensión estudiantil cercana, adonde los condujo los
contados recursos de que disponen y por sobre todo una fuerte pasión. Ella es
una popular militante universitaria, llegada del interior y él un técnico
electricista recién egresado de la Universidad del Trabajo, adonde también
militó activamente. En realidad, si se les preguntara, tanto el uno como el
otro se definirían a sí mismos antes que nada como militantes revolucionarios:
tienen claro que ese es el centro de sus vidas, lo que los une, más allá de
cualquier otra opción personal. Están sentados en el fondo del Bar y Juan José
intenta convencer a Cristina de que lo acompañe a la única función del Teatro
Gómez de la Matriz, que pondrá en escena una obra del dramaturgo Peter Hanke. Y
para lograrlo lee un artículo publicado en un diario de la mañana:
-“Es una serie de cuadros cuyo alineado
desarrollo muestra las sucesivas etapas de una relación condicionada por lazos
de sometimiento y jerarquía social”.
No es que quiera escapar al momento
histórico que el país está viviendo, todo lo contrario, pero Hanke lo
entusiasma por su compromiso con la verdad y además presiente que en el futuro
no serán muchas las oportunidades de compartir con su pareja. Pero ella
prefiere conversar y lo interrumpe con temas del momento que a los dos
involucran:
-Creo que la ola de rumores de estos
últimos días intenta enturbiar el clima en la enseñanza.
Juan José se da cuenta que no hay ambiente
como para insistir y luego de unos segundos, responde:
-Me dejé engañar… Fui hasta el diario El
Popular convencido de que estaban velando a uno de los estudiantes que hirieron
la semana pasada en el Liceo Rodó y resultó ser mentira. No dudo de que otros
en la UTU creyeran lo mismo.
-Por fortuna no murió nadie del Liceo
Rodó. Pero ayer, en el Paraninfo de la Universidad, el Encuentro Nacional de
Estudiantes exigió la libertad de los compañeros detenidos y amenazó con que no
estaba dispuesto a aceptar ningún tipo de sanción, como pretende el Consejo
Nacional de Educación –agrega Cristina.
Hacía una semana el Liceo Rodó había sido
tiroteado por el Movimiento Nacionalista Renovador, un movimiento de
ultraderecha, pero en lugar de procesarse a los que atentaron el edificio,
entre ellos un policía que disparó al montón en el patio del recreo, fueron
inculpados una decena de estudiantes, integrantes del gremio.
-Los fachos están con viento en la
camiseta. Estuve en el Miranda, adonde pegaron afiches con provocaciones y me
contaron que antes del acto del ENE, algunos estudiantes fueron amenazados con armas
de fuego. Pero además dijeron que si eran denunciados pondrían una bomba en los
domicilios de la familia de cada compañero –señala Juan José.
Jóvenes, aunque a esa altura veteranos
militantes, no les extraña la escalada, pero presienten que lo que está por
acaecer no es la mera continuación de lo que desde hace años vienen viviendo.
En los barrios, en las facultades y en las fábricas, corre el rumor de la
inminencia del golpe. Pero Juan José y Cristina están juntos, se sienten
fuertes y nada los arredra. Al contrario, los rumores les hace bullir la sangre
y los incentiva. En los últimos días han escuchado la palabra “resistir” en
boca de gente con más experiencia y hasta la han visto pintada en alguna pared.
Repentinamente un grupo de hombres vestidos con gabardinas irrumpe en el bar y
ni bien advierten la presencia en el fondo de la pareja, no dudan en dirigirse
a ella. El más alto, ordena a otro que tiene al lado:
-Pídales documentos… Y que digan quiénes
son y qué están haciendo acá.























No hay comentarios:
Publicar un comentario