miércoles

LA PATRIA Y LA TUMBA (1) - RICARDO AROCENA


(Crónica ficcionada del golpe de estado y de la Huelga General)

A la memoria de María Cristina Díaz Marrero

PRIMERA ENTREGA

26 DE JUNIO DE 1973. Un denso entramado de nubes acosa al sol desde hace días. Solamente por momentos el astro logra escapar al húmedo acecho para iluminar con tenues rayos a la llovizna que cae, sobre campos, rutas, plantíos y montes y en las ciudades, sobre las calles y los techos de las casas. El temporal, pegajoso, provoca el rezongo de los que trabajan, del que pierde el jornal, del que asoma a la inclemencia y hace gritar a las madres, que apuran a sus hijos camino a la escuela. El visitante desprevenido, que asiste a la cadenciosa procesión de impermeables y paraguas, tal vez no pueda ver otra cosa que la eterna rutina de cada año una vez llegado el invierno, pero todo es diferente este 26 de junio de 1973. En avenidas y calles, en hogares y talleres, en comercios y hospitales, en cines y facultades, el mal tiempo ha dejado de ser el tema del momento. Es que los rumores, como la lluvia, también anegan campos y ciudades, igualmente ahogan, igualmente asfixian. Rumores de jóvenes muertos, de gente encarcelada, de ruido de sables, de generales en vigilia… Los rumores acechan en las calles salpicadas, se escurren por las paredes, suben desde las baldosas humedecidas por el invierno hacia los pies helados, para acabar como un hilo frío reptando por la espalda, hasta alojarse en el alma. Son serpientes inapresables y sigilosas que anuncian un nuevo tiempo de muerte. Tambores de guerra resuenan en el aire y nadie podrá ser neutral, por acción o por omisión, cada habitante del Uruguay será un protagonista. Así como nadie puede escapar al clima, tampoco podrá esquivar los cambios que se avecinan. Puede encerrarse en su casa, procurar abrigos, pero en algún momento tendrá que enfrentar al mal tiempo, que acecha implacable. De la misma forma podrá escapar a las noticias, esconderse en trivialidades, pero la otra intemperie, también le será inevitable. Lo será para la joven morocha de amplia sonrisa que acaba de consagrarse Miss Uruguay en el Victoria Plaza Hotel y que saluda desde la cúspide de la gloria, pero también, en el otro extremo de la emoción humana, para los familiares del joven atropellado por un ómnibus en la ciudad de Pando, aunque el atroz dolor los aparte circunstancialmente de lo que está ocurriendo. Y lo será aún para los que están sumergidos en submundos de marginación y violencia, aunque no les importe lo que ocurre en su entorno.

***

Los cuatro actuaron como marionetas humanas dirigidas por los hilos invisibles de la pasión y por las limitaciones de su condición social, como si el destino de sus vidas estuviera prefijado. Desde la más tierna infancia sufren el cotidiano infierno de la miseria y la falta de perspectivas, y seguramente nunca se preguntaron el porqué de sus desgracias. El magistrado Conrado Vázquez intenta establecer la lógica de los hechos, adivinar causas, arrancar confesiones, descubrir pruebas o testigos. Casos como este, sórdidos, espesos, sombríos, que revelan embrutecimientos y desdichas, lo mortifican tanto como la jornada agotadora que está teniendo. Lo malhumoran, al igual que el agua que empapa, que moja los pies, que humedece el cuello de la camisa. Las víctimas son dos soldados hermanos. Uno murió de una cuchillada y el otro yace internado en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, también herido por arma blanca. Según los testimonios, las víctimas bebieron hasta la madrugada del domingo en una lóbrega cantina de Ibirocay y Francisco Pla, en los entornos del Cementerio del Norte y luego salieron juntos hasta Estanislao Vega y Ortiz de Zárate, adonde ocurrió la tragedia. Un tercer soldado puede ser el victimario y la mujer que lo acompañaba pudo ser la detonante. Los dos están detenidos. Ni bien la ve, el juez siente pena por aquella mujer joven pero gastada, degradada, sin perspectivas, a la que su menuda belleza tempranamente la condenó a lo peor… Por algún motivo su testimonio en nada coincide con el de su acompañante y principal sospechoso. ¿La protegió y lo está defendiendo? ¿Era ese hombre su hombre, su salvación, su esperanza de amor? ¿O por el contrario es él quien la está resguardando de lo que realmente ocurrió? Aunque está concentrado en el expediente, no puede evitar que le lleguen las tensiones de la calle, los comentarios, las preocupaciones, el respirar agitado de los que lo rodean y que lo interrogan con la mirada sobre información de la que en realidad carece. Mejor escapar de aquel encierro de preguntas sin respuesta y hundirse en la rutina, aunque sea la peor rutina. Por eso decide ir hasta el Hospital Militar para que el soldado sobreviviente le aclare las dudas. En la sala lo espera un hombre tosco, limitado, embrutecido por las privaciones, una víctima en suma, igual que el resto. No le cuesta adivinar que su ingreso al Ejército fue una opción laboral para escapar de la miseria y que el beberaje en la cantina es el escape habitual en un día franco. Uno de los pocos escapes a la pesada rutina militar. Por un momento se estremece al pensar que estas víctimas sociales en determinadas circunstancias, en situaciones como la que avecina, pueden transformarse en sádicos verdugos, pero aleja tal pensamiento de su cabeza… Muchas son las preguntas que tiene para hacerle: ¿Adónde se encontraron los cuatro, en la cantina o en la esquina del drama? ¿Se conocían de antes?  ¿Quién fue el agresor? La experiencia le indica que no tardará en develar los hechos y que el de la muchacha y los tres soldados será un caso más. Pero lamentablemente siempre habrá otros similares, mientras no cambien las cosas. Y según los rumores todo va a empeorar.

***

Fin de mes. Escasean los recursos en los hogares de los trabajadores, que cuentan los días para el cobro mirando el almanaque, mientras a la alta sociedad la consterna la noticia del fallecimiento en un accidente aéreo de un joven matrimonio. Todos la recuerdan a ella, como una joven dama de delicada belleza y extraordinarias condiciones espirituales, formada en un colegio de EEUU, país en el que conoció a su esposo, con el que construyó una perfecta pareja, con una identidad de sentimientos, que los indujo a hacer una “obra social intensa”. Es el comentario que durante el correr del día, junto con los sucesos del momento, excita a las damas por teléfono, produce consternación entre los que aunque sea de nombre los conocieron y convoca a la oración de los creyentes, pero María Micaela Rovira no está dispuesta a que nada opaque su fiesta. Es el día de su boda con Roberto Luzardo y todo su ser está pendiente del momento. Para la celebración ha engalanado con sutileza y muy buen gusto su residencia en Pocitos; en el salón principal colocó el altar, que tiene como motivo religioso una valiosa talla antigua de marfil, con la virgen y el niño arrinconados por ramos y crisantemos blancos y hiedra, que son completados por candelabros de plata y velas del mismo color que las flores. Excitada, Silvia Praderi, su madre, no para de dar órdenes a la servidumbre y de correr por los pasillos rezongando, es que para ella también es un día especial, no solamente por las nupcias de su hija, sino porque la bendecirá nada menos que el padre Ramiro, a expreso pedido de su futuro yerno. Llegada la hora los invitados, entre los que está lo mejor de la sociedad, se agrupan en torno a la escalera por la que baja la novia, que luego de hacerse esperar para generar suspenso, se presenta ante los demás, provocando una asombrada exclamación. Es que María Micaela está fantástica con su modelo de ceremonia línea che mise, de organza azul noche con diseño laminado y un conjunto de alhajas de perlas.

-Es una pareja muy estimada en nuestros círculos sociales. Y hoy está recogiendo la simpatía de que disfruta -le comenta a la madre Esther Linares, una de las invitadas, una vez culminada la ceremonia.

-Gracias a Dios ha salido todo bien -responde Silvia, mientras controla que a ningún invitado le falte nada.

La veterana mujer mira al techo y hace la señal de la cruz.

-A propósito. Me imagino que a pesar de que te ha absorbido por completo el casamiento de María, estás enterada que el Consejo Federal de Acción Católica, con la participación de más de 150 parroquias, convocó a una marcha de silencio por 18 de julio, en defensa de los auténticos principios cristianos y en protesta por las persecuciones del Arzobispo Partelli -comenta exultante la invitada.

-Estoy al tanto. Y me alegro de que protestaran en contra de ese defensor de subversivos. Pero no quiero que nada me distraiga del disfrute del casamiento -retruca Silvia Praderi.

***

No lejos de adonde intercambian las dos veteranas, conversa animadamente un grupo de hombres, cada uno con un whisky en la mano. Son empresarios. Como no podía ser de otra manera los ocupa la situación del país y la marcha de sus emprendimientos. Quien lleva la voz cantante se llama Daniel Mezzera y es un individuo más bien bajo, calvo, de lentes dorados. Con lujo de detalles les comenta a los otros que en los últimos días una delegación de inversores extranjeros mantuvo importantes encuentros con el Ministro de Economía, el Cr. Moisés Cohen, el Presidente del Banco Central Cr. Ricca, el Secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Gregorio Álvarez y otros mandos militares, ante quienes protestaron por las intensas movilizaciones gremiales y promovieron la necesidad de implantar la “reglamentación sindical”.

-Demás está decir que los mandos castrenses apoyaron sin dudar las propuestas. Es que las organizaciones sindicales, la enseñanza en general y hasta los poderes del estado, padecen de penetración y sufren la conspiración de la subversión y el comunismo, por eso no queda otra alternativa que disolver las Cámaras. Brindemos por que así sea -concluye amenazante el empresario, mientras acerca la copa a sus labios.

Y los demás lo imitan.

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