(Crónica ficcionada del golpe de estado y
de la Huelga General)
A
la memoria de María Cristina Díaz Marrero
PRIMERA ENTREGA
26
DE JUNIO DE 1973. Un denso entramado de nubes acosa
al sol desde hace días. Solamente por momentos el astro logra escapar al húmedo
acecho para iluminar con tenues rayos a la llovizna que cae, sobre campos,
rutas, plantíos y montes y en las ciudades, sobre las calles y los techos de
las casas. El temporal, pegajoso, provoca el rezongo de los que trabajan, del
que pierde el jornal, del que asoma a la inclemencia y hace gritar a las
madres, que apuran a sus hijos camino a la escuela. El visitante desprevenido,
que asiste a la cadenciosa procesión de impermeables y paraguas, tal vez no
pueda ver otra cosa que la eterna rutina de cada año una vez llegado el
invierno, pero todo es diferente este 26 de junio de 1973. En avenidas y
calles, en hogares y talleres, en comercios y hospitales, en cines y
facultades, el mal tiempo ha dejado de ser el tema del momento. Es que los
rumores, como la lluvia, también anegan campos y ciudades, igualmente ahogan,
igualmente asfixian. Rumores de jóvenes muertos, de gente encarcelada, de ruido
de sables, de generales en vigilia… Los rumores acechan en las calles
salpicadas, se escurren por las paredes, suben desde las baldosas humedecidas
por el invierno hacia los pies helados, para acabar como un hilo frío reptando
por la espalda, hasta alojarse en el alma. Son serpientes inapresables y
sigilosas que anuncian un nuevo tiempo de muerte. Tambores de guerra resuenan
en el aire y nadie podrá ser neutral, por acción o por omisión, cada habitante
del Uruguay será un protagonista. Así como nadie puede escapar al clima,
tampoco podrá esquivar los cambios que se avecinan. Puede encerrarse en su
casa, procurar abrigos, pero en algún momento tendrá que enfrentar al mal
tiempo, que acecha implacable. De la misma forma podrá escapar a las noticias,
esconderse en trivialidades, pero la otra intemperie, también le será
inevitable. Lo será para la joven morocha de amplia sonrisa que acaba de
consagrarse Miss Uruguay en el Victoria Plaza Hotel y que saluda desde la
cúspide de la gloria, pero también, en el otro extremo de la emoción humana,
para los familiares del joven atropellado por un ómnibus en la ciudad de Pando,
aunque el atroz dolor los aparte circunstancialmente de lo que está ocurriendo.
Y lo será aún para los que están sumergidos en submundos de marginación y
violencia, aunque no les importe lo que ocurre en su entorno.
***
Los cuatro actuaron como marionetas
humanas dirigidas por los hilos invisibles de la pasión y por las limitaciones
de su condición social, como si el destino de sus vidas estuviera prefijado.
Desde la más tierna infancia sufren el cotidiano infierno de la miseria y la
falta de perspectivas, y seguramente nunca se preguntaron el porqué de sus
desgracias. El magistrado Conrado Vázquez intenta establecer la lógica de los
hechos, adivinar causas, arrancar confesiones, descubrir pruebas o testigos.
Casos como este, sórdidos, espesos, sombríos, que revelan embrutecimientos y
desdichas, lo mortifican tanto como la jornada agotadora que está teniendo. Lo
malhumoran, al igual que el agua que empapa, que moja los pies, que humedece el
cuello de la camisa. Las víctimas son dos soldados hermanos. Uno murió de una
cuchillada y el otro yace internado en el Hospital Central de las Fuerzas
Armadas, también herido por arma blanca. Según los testimonios, las víctimas
bebieron hasta la madrugada del domingo en una lóbrega cantina de Ibirocay y
Francisco Pla, en los entornos del Cementerio del Norte y luego salieron juntos
hasta Estanislao Vega y Ortiz de Zárate, adonde ocurrió la tragedia. Un tercer
soldado puede ser el victimario y la mujer que lo acompañaba pudo ser la
detonante. Los dos están detenidos. Ni bien la ve, el juez siente pena por
aquella mujer joven pero gastada, degradada, sin perspectivas, a la que su
menuda belleza tempranamente la condenó a lo peor… Por algún motivo su
testimonio en nada coincide con el de su acompañante y principal sospechoso.
¿La protegió y lo está defendiendo? ¿Era ese hombre su hombre, su salvación, su
esperanza de amor? ¿O por el contrario es él quien la está resguardando de lo
que realmente ocurrió? Aunque está concentrado en el expediente, no puede
evitar que le lleguen las tensiones de la calle, los comentarios, las
preocupaciones, el respirar agitado de los que lo rodean y que lo interrogan
con la mirada sobre información de la que en realidad carece. Mejor escapar de
aquel encierro de preguntas sin respuesta y hundirse en la rutina, aunque sea
la peor rutina. Por eso decide ir hasta el Hospital Militar para que el soldado
sobreviviente le aclare las dudas. En la sala lo espera un hombre tosco,
limitado, embrutecido por las privaciones, una víctima en suma, igual que el
resto. No le cuesta adivinar que su ingreso al Ejército fue una opción laboral
para escapar de la miseria y que el beberaje en la cantina es el escape habitual
en un día franco. Uno de los pocos escapes a la pesada rutina militar. Por un
momento se estremece al pensar que estas víctimas sociales en determinadas
circunstancias, en situaciones como la que avecina, pueden transformarse en
sádicos verdugos, pero aleja tal pensamiento de su cabeza… Muchas son las
preguntas que tiene para hacerle: ¿Adónde se encontraron los cuatro, en la
cantina o en la esquina del drama? ¿Se conocían de antes? ¿Quién fue el agresor? La experiencia le
indica que no tardará en develar los hechos y que el de la muchacha y los tres
soldados será un caso más. Pero lamentablemente siempre habrá otros similares,
mientras no cambien las cosas. Y según los rumores todo va a empeorar.
***
Fin de mes. Escasean los recursos en los
hogares de los trabajadores, que cuentan los días para el cobro mirando el
almanaque, mientras a la alta sociedad la consterna la noticia del
fallecimiento en un accidente aéreo de un joven matrimonio. Todos la recuerdan
a ella, como una joven dama de delicada belleza y extraordinarias condiciones
espirituales, formada en un colegio de EEUU, país en el que conoció a su
esposo, con el que construyó una perfecta pareja, con una identidad de
sentimientos, que los indujo a hacer una “obra social intensa”. Es el
comentario que durante el correr del día, junto con los sucesos del momento,
excita a las damas por teléfono, produce consternación entre los que aunque sea
de nombre los conocieron y convoca a la oración de los creyentes, pero María
Micaela Rovira no está dispuesta a que nada opaque su fiesta. Es el día de su
boda con Roberto Luzardo y todo su ser está pendiente del momento. Para la
celebración ha engalanado con sutileza y muy buen gusto su residencia en
Pocitos; en el salón principal colocó el altar, que tiene como motivo religioso
una valiosa talla antigua de marfil, con la virgen y el niño arrinconados por
ramos y crisantemos blancos y hiedra, que son completados por candelabros de
plata y velas del mismo color que las flores. Excitada, Silvia Praderi, su
madre, no para de dar órdenes a la servidumbre y de correr por los pasillos
rezongando, es que para ella también es un día especial, no solamente por las
nupcias de su hija, sino porque la bendecirá nada menos que el padre Ramiro, a
expreso pedido de su futuro yerno. Llegada la hora los invitados, entre los que
está lo mejor de la sociedad, se agrupan en torno a la escalera por la que baja
la novia, que luego de hacerse esperar para generar suspenso, se presenta ante
los demás, provocando una asombrada exclamación. Es que María Micaela está
fantástica con su modelo de ceremonia línea che mise, de organza azul noche con
diseño laminado y un conjunto de alhajas de perlas.
-Es una pareja muy estimada en nuestros
círculos sociales. Y hoy está recogiendo la simpatía de que disfruta -le
comenta a la madre Esther Linares, una de las invitadas, una vez culminada la
ceremonia.
-Gracias a Dios ha salido todo bien
-responde Silvia, mientras controla que a ningún invitado le falte nada.
La veterana mujer mira al techo y hace la
señal de la cruz.
-A propósito. Me imagino que a pesar de
que te ha absorbido por completo el casamiento de María, estás enterada que el
Consejo Federal de Acción Católica, con la participación de más de 150
parroquias, convocó a una marcha de silencio por 18 de julio, en defensa de los
auténticos principios cristianos y en protesta por las persecuciones del
Arzobispo Partelli -comenta exultante la invitada.
-Estoy al tanto. Y me alegro de que
protestaran en contra de ese defensor de subversivos. Pero no quiero que nada
me distraiga del disfrute del casamiento -retruca Silvia Praderi.
***
No lejos de adonde intercambian las dos
veteranas, conversa animadamente un grupo de hombres, cada uno con un whisky en
la mano. Son empresarios. Como no podía ser de otra manera los ocupa la
situación del país y la marcha de sus emprendimientos. Quien lleva la voz
cantante se llama Daniel Mezzera y es un individuo más bien bajo, calvo, de
lentes dorados. Con lujo de detalles les comenta a los otros que en los últimos
días una delegación de inversores extranjeros mantuvo importantes encuentros
con el Ministro de Economía, el Cr. Moisés Cohen, el Presidente del Banco
Central Cr. Ricca, el Secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Gregorio
Álvarez y otros mandos militares, ante quienes protestaron por las intensas
movilizaciones gremiales y promovieron la necesidad de implantar la
“reglamentación sindical”.
-Demás está decir que los mandos
castrenses apoyaron sin dudar las propuestas. Es que las organizaciones
sindicales, la enseñanza en general y hasta los poderes del estado, padecen de
penetración y sufren la conspiración de la subversión y el comunismo, por eso
no queda otra alternativa que disolver las Cámaras. Brindemos por que así sea
-concluye amenazante el empresario, mientras acerca la copa a sus labios.
Y los demás lo imitan.























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