por Pablo Retamal N.
Entre 1929 y 1930, el poeta granadino vivió en la Gran Manzana escapando de unas heridas del corazón. Ese período será convertido en una serie por la productora española Buendía Estudios. En rigor, una miniserie de seis horas basada en una idea original del guionista y productor granadino Eduardo Galdo.
La decisión fue algo forzada, pero no tanto. En su cabeza necesitaba hacer un cambio de aires. Algo así como comenzar de cero, que es un cliché tan manoseado en cualquier relato, pero en esta ocasión no es repetitivo, sino ilustrativo.
Como lo hizo María Luisa Bombal, en 1933, cuando partió a Buenos Aires
aprovechando una invitación que le hizo su amigo Pablo Neruda, porque
necesitaba sacarse de la cabeza la accidentada y frustrada relación con Eulogio
Sánchez, el poeta español Federico García Lorca hizo lo mismo, pocos años
antes, en 1929.
Huir del Romancero
Lorca, estaba dolido como solo se puede estarlo con el corazón roto. Había terminado una relación con el escultor Emilio Aladren, pero ese músculo que bombea sangre y amores venía acumulando heridas desde hace un tiempo. Había intentado tener un romance con su amigo, el pintor Salvador Dalí, incluso, le dedicó un libro, en 1926 titulado Oda a Salvador Dalí, pero el hombre de La persistencia de la memoria no le correspondió.
La década del ’20 había sido especialmente fructífera para Lorca, sobre
todo porque venía de publicar acaso una de sus obras mayores, el poemario Romancero
gitano (1928).
Pero estos años, no fueron fáciles para el oriundo de Granada. “Es en
esta época cuando Federico García Lorca vive, según sus palabras, ‘una de las
crisis más hondas de mi vida’, a pesar de que sus obras Canciones y Primer
romancero gitano, publicados en 1927 y 1928 respectivamente, están
gozando de gran éxito crítico y popular”, señala August Nemo en su libro Maestros
de la Poesía - Federico García Lorca (2020).
El problema es que con Romancero gitano, Lorca comenzó a ser
encasillado en algo que no compartía: el costumbrismo, siendo que él se identificaba
con la corriente en boga, el surrealismo. “Me va molestando un poco mi mito de
gitanería. Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podía ser lo mismo poeta de
agujas de coser o de paisajes hidráulicos. Además, el gitanismo me da un tono
de incultura, de falta de educación y de poeta salvaje que tú sabes bien no
soy. No quiero que me encasillen. Siento que me va echando cadenas”, se refiere
el mismo autor en carta a Jorge Guillén, citada en el mencionado libro de Nemo.
Pero lo que más le dolió, fueron las críticas al libro que llegaron de
una trinchera inesperada: Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel.
Literalmente, le pusieron el pasaje en la mano. En la primavera boreal
de 1929, fue un amigo, Fernando de los Ríos, quien le propuso a Lorca que le
acompañase a la helada ciudad de Nueva York. Este aceptó. Necesitaba dejar
atrás tanto dolor. Se embarcaron en el trasatlántico Olympic -un buque similar
al Titanic-, y el 26 de junio llegaron a la “Gran manzana”.
Su impresión fue que Estados Unidos era “una civilización sin raíces.
[Los ingleses] han levantado casas y casas, pero no han ahondado en la tierra”.
Y describió a la ciudad como “de alambre y muerte” y se vio sorprendido por la
economía capitalista y el que trato se le daba trato a los afroamericanos.
Pero Lorca, decidido, no perdió el tiempo, y decidió estudiar inglés en
la Universidad de Columbia. Ahí, en las residencias de los estudiantes,
escribió Poeta en Nueva York, uno de los fundamentales en su obra.
Ese período en Nueva York será convertido en una serie. La productora
española Buendía Estudios, que elaboró Veneno, el éxito de HBO Max,
está desarrollando ahora un trabajo audiovisual sobre estos años.
Lorca en Nueva York, una miniserie de
seis horas, está basada en una idea original del guionista y productor
granadino Eduardo Galdo. Creada y desarrollada por Buendía Estudios y Galdo
Media.
“Ahora contamos con amplios argumentos que nos permitirán sacar el proyecto al mercado”, dijo Sonia Martínez, directora editorial de Buendía Estudios, en declaraciones recogidas por el sitio Variety.“Es bastante especial dados los importantes componentes visuales y musicales de la serie”, agrega.
La serie, actualmente en desarrollo, abordará los años entre 1929 y
1930, es decir, el período previo y el de la llegada a Nueva York del poeta.
Como suele ocurrir en la ficción, entrelazará dos historias, la del escritor y
una ficticia, la de Elena, una joven estudiante de doctorado de la Granada
española, quien viaja por primera vez a Nueva York para terminar un doctorado
justamente centrado en el vate.
“Contar la historia de Lorca desde el punto de vista de una mujer trae
otro tipo de visión. La investigación de Elena nos permite mostrar lo que
realmente le sucedió a Lorca y sugerir cómo, para los recién llegados, no
importa cuánto tiempo pase, la ciudad de Nueva York mantiene algunas de las
mismas constantes. También hay paralelismos entre lo que sienten Elena y Lorca.
Elena dejó el mundo de la música por inseguridad sobre su talento. Descubre
cosas sobre su propia sexualidad que no había explorado. Aprende, a través de
Lorca, a enfrentarse a la vida”, asegura Sonia Martínez en declaraciones a
Variety.
Martínez asegura que el tema de la homosexualidad de Lorca también será
retratado: “Por supuesto. Su sexualidad es un tema importante. Una de las
razones fundamentales por las que Lorca se fue de España fue que lo abandonó su
amante escultor, Emilio Aladren. Pero allí descubre otros tipos de sexo, razas,
música, gente del mundo del teatro. Lee a Walt Whitman y de repente experimenta
una forma de sentir que no había tenido antes. España en ese momento estaba muy
aislada del mundo”.
Los años siguientes
Un alma inquieta, como la de García Lorca, no duraba mucho tiempo en
algún lugar. Quizás siguiendo el patrón de quienes homenajeó en su Romancero.
En marzo de 1930 dejó Nueva York para viajar a La Habana, Cuba, donde exploró
la cultura y la música de ese país. En junio de 1930, ya estaba en Madrid. La
nostalgia por la tierra tiraba, pero además, esos años eran convulsos en la
madre patria. Poco después, en 1931, se instauró la Segunda República Española,
con Manuel Azaña a la cabeza, el líder natural de la izquierda española de esos
tiempos.
Lorca volvió a viajar, ahora a Sudamérica, en 1933, para presentar su
afamada obra teatral Bodas de Sangre, en Buenos Aires. Ahí conoció
a Pablo Neruda y -como una ironía de destino- a María Luisa Bombal, de hecho
Lorca sería quien le presentaría a su primer marido, Jorge Larco, de quien la
autora de La última niebla se separaría poco después.
Al año siguiente volvió a España, donde mantuvo un alto ritmo creativo.
“Terminó obras como Yerma, Doña Rosita la soltera, La casa de Bernarda Alba y
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías; revisó obras como Poeta en Nueva York, Diván
del Tamarit y Suites; hizo un viaje a Barcelona para dirigir algunas de sus
obras, recitar sus poemas y dar conferencias, visitó Valencia y siguió
representando obras con La Barraca; organizó clubes de teatro; etc. También
tuvo una gran estadía en Montevideo (Uruguay), donde terminó de escribir un par
de obras (posiblemente Yerma) y tuvo contacto con los artistas locales, tales
como Juana de Ibarbourou”, apunta en su libro August Nemo.
Todo cambió con el estallido de la guerra civil, en julio de 1936, con
el levantamiento conservador ante el gobierno del Frente Popular, liderado por
Azaña. La situación se tornaría difícil para Lorca, homosexual e izquierdista.
De hecho, las embajadas de Colombia y México le ofrecieron asilo, y él se negó.
En marzo de 1936 le había escrito una carta -citada en el mencionado libro de
Nemo- al joven Gabriel Zelaya:
“Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites
geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy
hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista,
abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos.
El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la
siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de
todos. Desde luego no creo en la frontera política”.
Su decisión fue inquebrantable y terminó pagándolo con su vida. A las 4.45 de la madrugada del 18 de agosto de 1936, fue fusilado por las fuerzas sublevadas en el camino que va de Víznar a Alfacar, pueblos cercanos a su natal Granada. ¿Qué habrá pensado en su momento final? No lo sabemos, quizás se acordó de ese amigo que años antes lo llevó a Nueva York a conocer el hielo.
(LA TERCERA / 16-6-2021)
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