6 / LA GRACIA ÚLTIMA (2)
Este grupo de imágenes
puede ser interpretado fácilmente como psicológico en su forma primaria, pero
tal vez no en su forma última; ya que es posible observar en las primeras
frases del desarrollo del niño los síntomas de una incipiente “mitología” de un
estado por encima de las vicisitudes del tiempo. Esto aparece como reacciones a
las fantasías destructoras del cuerpo que asaltan al niño cuando se le ha
separado del pecho materno y como espontáneas defensas contra ellas. (137) “El
niño reacciona con una explosión de temperamento y la fantasía que acompaña a
dicha explosión lo arranca todo el cuerpo de la madre… Entonces el niño teme
que se le castigue por dichos impulsos, esto es, que todo se extraerá de su
propio interior.” (138) Angustias por la integridad de su cuerpo, fantasías de
restitución y un silencioso y hondo deseo de indestructibilidad y protección
contra las fuerzas “malas” interiores y exteriores, comienzan a dirigir su
psique en formación; y todos ellos permanecen como factores determinantes en
las posteriores actividades de la vida, neuróticas o incluso normales, en sus
esfuerzos espirituales, en sus creencias religiosas y en las prácticas rituales
del adulto.
Por ejemplo, la profesión
del hechicero, que es el núcleo de las sociedades primitivas, “se origina… en
la base de las fantasías infantiles de la destrucción del cuerpo, por medio de
una serie de mecanismos de defensa”. (139) En Austria un concepto básico es que
los espíritus le han quitado los intestinos al hechicero y han puesto en su
lugar piedras, cristales de cuarzo, un trozo de cordel, y a veces hasta una
pequeña serpiente dotada de poder. (140) “La primera fórmula es una reacción
directa en la fantasía (mis entrañas han sido destruidas), seguida por una
formación reactiva (mis entrañas no son corruptibles no están llenas de heces,
sino incorruptibles, llenas de cristales de cuarzo). La segunda fórmula es de
proyección: ‘No soy yo quien trata de penetrar en el cuerpo, sino hechiceros
extraños a mí que derraman dentro de la gente sustancias de la enfermedad’. La
tercera fórmula es de restitución: ‘No trato de destruir las entrañas de la
gente, trato de curarlas.’ Al mismo tiempo, sin embargo, el elemento de la
fantasía original según el cual los valiosos contenidos del cuerpo han sido
arrancados de la madre, retorna en la técnica de curación: sacar algo del
cuerpo del paciente chupando, tirando o frotando.” (141)
Otra imagen de
indestructibilidad está representada en la idea popular del “doble” espiritual
-un alma externa no afectada por las pérdidas y heridas del cuerpo presente,
sino que existe a salvo en algún lugar apartado. (142) “Mi muerte -dijo cierto
brujo- está lejos de aquí y es difícil de encontrar en el ancho océano. En este
mar hay una isla y en la isla crece un roble verde y bajo el roble hay un cofre
de hierro, y dentro del cofre hay una cestita, y en la cestita una liebre, y en
la liebre hay un pato y el pato tiene un huevo; el que encuentre el huevo y lo
rompa, me matará al mismo tiempo.” (143) Comparemos esto con el sueño de una
triunfante mujer de negocios modernos. “Había llegado a una isla desierta. Allí
había también un sacerdote católico. Se había ocupado en poder puentes de una
isla a la otra para que la gente pudiera pasar. Pasamos a otra isla y allí le
pregunté a una mujer adónde había ido yo. Ella contestó que yo estaba buceando
con otros buzos. Me dirigí al interior de la isla donde había un hermoso
estanque lleno de gemas y de joyas y donde el otro ‘Yo’ estaba esperándome con
un traje de buzo. Me quedé allí mirando y observándome a mí mismo.” (144)
Existe un encantador cuento hindú de la hija de un rey que sólo habría de
casarse con el hombre que encontrara y despertara a su doble, en la Tierra del
loto del Sol, en el fondo del mar. (145) El australiano iniciado, después de su
matrimonio, es conducido por su abuelo a una cueva sagrada y allí se le enseña
una pequeña tabla de madera inscrita con dibujos alegóricos. “Esto -se le dice-
es tu cuerpo; esto y tú sois lo mismo. No lo lleves a otro lugar o has de
sentir dolor.” (146) Los maniqueos y los gnósticos cristianos de los primeros
siglos de nuestra era enseñaban que cuando el alma de los benditos llega al
cielo es recibida por ángeles y santos que le llevan su “vestidura de luz”, que
ha sido reservada para ellos.
Notas
(137) Ver Melanie Klein, The Psychoanalysis of
Children, The Internal Psucho-Analytical Library, Nº 27 (1937)
(138) Róheim, War, Crime and the Covenant, pp.
137-138.
(139) Róheim, The Origin and Function of Culture, p.
50.
(140) Ibid., pp. 48-50.
(141) Ibid., p 50.
Compárese con la indestructibilidad de los shamanes siberianos (supra, pp.
95-96), que sacan carbones encendidos del fuego con sus manos desnudas y se
golpean las piernas con un hacha.
(142) Véase el estudio de
Frazer sobre el alma externa, op. cit. Pp. 749-775.
(143) Ibid., p.
754.
(144) Pîerce, Dreams and Personality (D.Appleton
and Co.), p. 298.
(145) “The Descent of the Sun”, en F. W. Bain, A
digit of the Moon (Nueva York, G. P. Putnam’s Sons, 1910), pp. 213-325.
(146) Róheim, The Eternal Ones of the Dream, p.
237. Este
talisman es el llamado tjurunga (o churinga) del antecesor
totémico del joven. El joven recibió otra tjurunga en el momento de su
circuncisión, que representa a su antecesor totémico materno. Todavía antes, el
día de su nacimiento, otra tjurunga protectora fue colocada en su cuna.
El bramador de una especie de tjurunga. “La tjurunga -escribe el
Dr. Róheim- es un doble material y ciertos seres sobrenaturales muy íntimamente
conectados con la tjurunga en Australia Central, se creen dobles
invisibles de los nativos… Como la tjurunga, estos seres sobrenaturales son
llamados loa arpuna mborka (otro cuerpo) de los verdaderos humanos a quienes
ellos protegen” (ibid., p. 98).























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