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EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (71) - JOSEPH CAMPBELL


6 / LA GRACIA ÚLTIMA (2)


Este grupo de imágenes puede ser interpretado fácilmente como psicológico en su forma primaria, pero tal vez no en su forma última; ya que es posible observar en las primeras frases del desarrollo del niño los síntomas de una incipiente “mitología” de un estado por encima de las vicisitudes del tiempo. Esto aparece como reacciones a las fantasías destructoras del cuerpo que asaltan al niño cuando se le ha separado del pecho materno y como espontáneas defensas contra ellas. (137) “El niño reacciona con una explosión de temperamento y la fantasía que acompaña a dicha explosión lo arranca todo el cuerpo de la madre… Entonces el niño teme que se le castigue por dichos impulsos, esto es, que todo se extraerá de su propio interior.” (138) Angustias por la integridad de su cuerpo, fantasías de restitución y un silencioso y hondo deseo de indestructibilidad y protección contra las fuerzas “malas” interiores y exteriores, comienzan a dirigir su psique en formación; y todos ellos permanecen como factores determinantes en las posteriores actividades de la vida, neuróticas o incluso normales, en sus esfuerzos espirituales, en sus creencias religiosas y en las prácticas rituales del adulto.

Por ejemplo, la profesión del hechicero, que es el núcleo de las sociedades primitivas, “se origina… en la base de las fantasías infantiles de la destrucción del cuerpo, por medio de una serie de mecanismos de defensa”. (139) En Austria un concepto básico es que los espíritus le han quitado los intestinos al hechicero y han puesto en su lugar piedras, cristales de cuarzo, un trozo de cordel, y a veces hasta una pequeña serpiente dotada de poder. (140) “La primera fórmula es una reacción directa en la fantasía (mis entrañas han sido destruidas), seguida por una formación reactiva (mis entrañas no son corruptibles no están llenas de heces, sino incorruptibles, llenas de cristales de cuarzo). La segunda fórmula es de proyección: ‘No soy yo quien trata de penetrar en el cuerpo, sino hechiceros extraños a mí que derraman dentro de la gente sustancias de la enfermedad’. La tercera fórmula es de restitución: ‘No trato de destruir las entrañas de la gente, trato de curarlas.’ Al mismo tiempo, sin embargo, el elemento de la fantasía original según el cual los valiosos contenidos del cuerpo han sido arrancados de la madre, retorna en la técnica de curación: sacar algo del cuerpo del paciente chupando, tirando o frotando.” (141)

Otra imagen de indestructibilidad está representada en la idea popular del “doble” espiritual -un alma externa no afectada por las pérdidas y heridas del cuerpo presente, sino que existe a salvo en algún lugar apartado. (142) “Mi muerte -dijo cierto brujo- está lejos de aquí y es difícil de encontrar en el ancho océano. En este mar hay una isla y en la isla crece un roble verde y bajo el roble hay un cofre de hierro, y dentro del cofre hay una cestita, y en la cestita una liebre, y en la liebre hay un pato y el pato tiene un huevo; el que encuentre el huevo y lo rompa, me matará al mismo tiempo.” (143) Comparemos esto con el sueño de una triunfante mujer de negocios modernos. “Había llegado a una isla desierta. Allí había también un sacerdote católico. Se había ocupado en poder puentes de una isla a la otra para que la gente pudiera pasar. Pasamos a otra isla y allí le pregunté a una mujer adónde había ido yo. Ella contestó que yo estaba buceando con otros buzos. Me dirigí al interior de la isla donde había un hermoso estanque lleno de gemas y de joyas y donde el otro ‘Yo’ estaba esperándome con un traje de buzo. Me quedé allí mirando y observándome a mí mismo.” (144) Existe un encantador cuento hindú de la hija de un rey que sólo habría de casarse con el hombre que encontrara y despertara a su doble, en la Tierra del loto del Sol, en el fondo del mar. (145) El australiano iniciado, después de su matrimonio, es conducido por su abuelo a una cueva sagrada y allí se le enseña una pequeña tabla de madera inscrita con dibujos alegóricos. “Esto -se le dice- es tu cuerpo; esto y tú sois lo mismo. No lo lleves a otro lugar o has de sentir dolor.” (146) Los maniqueos y los gnósticos cristianos de los primeros siglos de nuestra era enseñaban que cuando el alma de los benditos llega al cielo es recibida por ángeles y santos que le llevan su “vestidura de luz”, que ha sido reservada para ellos.


Notas

(137) Ver Melanie Klein, The Psychoanalysis of Children, The Internal Psucho-Analytical Library, Nº 27 (1937)
(138) Róheim, War, Crime and the Covenant, pp. 137-138.
(139) Róheim, The Origin and Function of Culture, p. 50.
(140) Ibid., pp. 48-50.
(141) Ibid., p 50. Compárese con la indestructibilidad de los shamanes siberianos (supra, pp. 95-96), que sacan carbones encendidos del fuego con sus manos desnudas y se golpean las piernas con un hacha.
(142) Véase el estudio de Frazer sobre el alma externa, op. cit. Pp. 749-775.
(143) Ibid., p. 754.
(144) Pîerce, Dreams and Personality (D.Appleton and Co.), p. 298.
(145) “The Descent of the Sun”, en F. W. Bain, A digit of the Moon (Nueva York, G. P. Putnam’s Sons, 1910), pp. 213-325.
(146) Róheim, The Eternal Ones of the Dream, p. 237. Este talisman es el llamado tjurunga (o churinga) del antecesor totémico del joven. El joven recibió otra tjurunga en el momento de su circuncisión, que representa a su antecesor totémico materno. Todavía antes, el día de su nacimiento, otra tjurunga protectora fue colocada en su cuna. El bramador de una especie de tjurunga. “La tjurunga -escribe el Dr. Róheim- es un doble material y ciertos seres sobrenaturales muy íntimamente conectados con la tjurunga en Australia Central, se creen dobles invisibles de los nativos… Como la tjurunga, estos seres sobrenaturales son llamados loa arpuna mborka (otro cuerpo) de los verdaderos humanos a quienes ellos protegen” (ibid., p. 98).

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