SUCEDIÓ EN SAN FRUCTUOSO
Varias lecturas y
varios artículos fueron postergando, desde principios del mes pasado, que me
metiera con el libro que aquí se reseñará: “Los límites de lo imposible (cuentos
gardelianos)”*, del riograndense Aldyr García Schlee (Yaguarón, 1934 –
Pelotas, 2018).
Cinco aclaraciones
previas:
1) Sí, es el mismo
García Schlee homenajeado hace unos meses en los partidos de fútbol de Brasil,
porque con apenas diecinueve años ganó el concurso para diseñar un nuevo
uniforme –el hoy día vigente– para la selección brasileña, tras el desastre de
Maracaná.
2) Es un autor
brasileño de lo más uruguayo, y para muestra de ello, aparte de este libro, se
recomienda leer lo cuentos de “El día que el Papa fue a Melo”.
3) Gardel, en este
libro, apenas aparece de bebé, como el hijo natural, tal vez incestuoso, tal
vez fruto de una violación, que el Coronel Carlos Escayola engendrara en María
Lelia, la tercera de las hermanas Oliva, por entonces su cuñada y luego su
esposa, cuando apenas tenía trece años.
4) El autor de esta
nota es apenas gardeliano, que no gardelólogo, por lo que no se pronunciará
sobre las afirmaciones de Gracía Schlee sobre la identidad y nacionalidad del
que cada día canta mejor.
5) Este libro puede
leerse como una colección de cuentos vinculados por su tema (el entorno humano
del nacimiento tacuaremboense de Gardel) y un personaje (el Coronel Carlos
Escayola, estanciero fuerte y Jefe Político de Tacuarembó en tiempos de Latorre
y Santos) o también como una novela en la que sucesivas miradas femeninas van
mostrando al protagonista, es decir, al Coronel Escayola.
Este es el primer
mérito de esta novela: la construcción coral, polifónica y contradictoria del protagonista.
El Escayola de este libro tiene facetas encantadoras y brutales, es bárbaro en
algunos aspectos y muy civilizado –incluso refinado– en otros. Es capaz de
fundar en Tacuarembó un teatro a la altura de los mejores del mundo (el “Teatro
Escayola”) pero también un cabaret a todo lujo (“La rosada”, a pocas cuadras de
su casa de familia). En lo que no hay dos opiniones es en que la avidez de
Escayola por las mujeres es descomunal.
Pero hay más.
Mostrar que el norte uruguayo y el sur del Brasil son paisajes humanos
continuos de tan contiguos, con un abigarrado mestizaje en el que se acriollan
no sólo lo hispano y lo lusitano, sino también con fuertes aportes charrúas,
minuanes, guaraníes, africanos y también, en menor medida, de diferentes
pueblos de Europa. Mostrar que el proceso de civilización y disciplinamiento
–usado sea el término en el sentido que le diera el Prof. José Pedro Barrán– de
nuestra campaña lo llevaron adelante hombres que todavía eran, por lo menos en
buena medida, bárbaros. Y que emplearon para la tarea métodos bárbaros, como
puede verse en el capítulo o cuento “Mulata Flor”, en el que una diligencia que
se acerca a San Fructuoso se topa con varios degollados, sin que un sargento de
policía que viaja en ella se inmute.
En el terreno de lo
estilístico, la construcción de cada personaje femenino que muestra un aspecto
de Escayola es un hallazgo, desde Juana, la suegra y amante de Escayola, hasta
Constantina, la partera que ayuda en el alumbramiento del hijo de María Lelia,
negándose a matar a la parturienta y al niño, porque ella es “despenadora” –la
que ayuda a morir rápido al que agoniza– pero no asesina. El ritmo obsesivo,
repetitivo, de la mayoría de los textos, lejos de aburrir, le da a la prosa de
García Schlee una cualidad musical y casi hipnótica, que la traducción de
Rosario Peyrou reproduce muy bien (aunque hay que reprocharle a esta edición
cuatro o cinco erratas menores).
Acaso el aspecto más
interesante y valiente del libro sea mostrar a varios personajes femeninos que
se apasionan por Escayola. Aunque no sea políticamente correcto en un tiempo de
justas reivindicaciones feministas, debe comprenderse que la mujer –y más la
mujer de alrededores de San Fructuoso de Tacuarembó en la segunda mitad del
siglo XIX– muchas veces no tiene modelos de masculinidad respetuosa que elegir
como objeto de su deseo y/o afecto, por lo cual puede terminar “enamorándose”
de verdaderos monstruos. Y este asunto no es menor, pues el problema no se ha
quedado ni allá lejos ni hace tiempo.
* LOS LÍMITES DE LO IMPOSIBLE (CUENTOS GARDELIANOS), de Aldyr García
Schlee. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2018. 144 págs.






















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