domingo

LOS VALORES DE JOSÉ ARTIGAS (5) - PEDRO GAUDIANO


FICHA Nº 2

Artigas y su ambiente cultural

José Gervasio Artigas nació el 19 de junio de 1964 en Montevideo. Por entonces el cura y vicario de Montevideo era el Presbítero Dr. José Nicolás de Barrales, que ejercía dicho cargo desde 1730. Barrales fue el primer cura del clero secular -es decir que no pertenecía a una congregación religiosa- de la ciudad y su distrito. Desde fines de 1763 se había retirado de su actividad debido a una enfermedad de la que nunca se repuso totalmente. El curado de Montevideo quedó huérfano por un tiempo, hasta que a comienzos de 1764 fue nombrado como reemplazante interino de Barrales el Presbítero Dr. Pedro García de Zúñiga, quien desempeñó ese cargo desde febrero de 1764 hasta agosto de 1766.

Se ha afirmado que Artigas nació en otro año (1758) y en otros lugares (Las Piedras, Pando, Sauce), versiones estas que han sido consideradas erróneas por el destacado historiador uruguayo Juan Pivel Devoto.

Hay que recordar que en 1764 se vivía en la época colonial. Una austera sencillez persistió hasta los últimos años de dicha época, tanto en la vida privada como en la vida pública. Pablo Blanco Acevedo explicó: “La sociedad colonial de Montevideo, como las de otras ciudades de América, fue profundamente religiosa. Las autoridades civiles y militares daban, en todo momento, el ejemplo de la observancia a los preceptos de la Iglesia Católica.

(…) La increencia, las costumbres disolutas, eran penadas con severidad y manteníase una estrecha unión entre las autoridades eclesiásticas, las civiles y militares”.

En ese mismo sentido, Zorrilla de San Martín, afirma: “Carlyle juzga que la religión es el hecho más importante para juzgar de un héroe (…) y convendremos con él en que tiene razón al reclamar, como dato esencial en el estudio de un carácter heroico, el relativo a su sentir religioso”. Artigas, en efecto, tenía arraigada en su espíritu la religión católica. “Ella era la base de la sociedad y de la familia hispanoamericanas, modelaba las costumbres y la educación y la instrucción que entonces recibía; lo contrario, si se veía alguna vez, era excepcional y exótico. Y era naturalmente enemigo de Artigas. Las invasiones inglesas fueron heroicamente rechazadas por eso, sobre todo; no en defensa de España, sino de la religión”.

Alberto Zum Felde, por su parte, sostiene que en Montevideo “la gente se levantaba siempre al amanecer y se acostaba al toque de ánimas. Las campanas de la Iglesia Matriz regulaban la vida de los moradores, devotos católicos, pero sin misticismo”.

Especial interés tienen las observaciones realizadas por un viajero que estuvo en Montevideo en 1763 y 1764. Su nombre era Antoine J. Pernetty. Después de realizar un extenso viaje, publicó un libro en el que relató aquellas cosas que más le habían llamado la atención de los distintos lugares que recorrió. Acerca de su pasaje por Montevideo, escribió:

“Las ceremonias de la religión son, más o menos, las mismas que en Madrid. Durante todo el tiempo de la misa y a falta de órgano, un individuo, desde una tribuna, toca el arpa. No he visto demostraciones especiales de devoción, sino la de golpearse el pecho hasta cinco y seis veces desde el comienzo del canon, hasta la comunión. El rosario, está allí muy en boga, y casi es la única plegaria que se acostumbra en Montevideo. Los portugueses de Santa Catalina, blancos, negros y mulatos, hacen todos gala de tenerlo. También tienen devoción al escapulario del Monte Carmelo, hombres y mujeres lo llevan”.

Se trata de una valiosa descripción de las costumbres del Montevideo colonial, realizada por un testigo que estuvo en Montevideo el mismo año del nacimiento de Artigas. La Misa, el rezo del Rosario y la devoción a la Virgen del Carmen caracterizaban el ambiente cultural en que nació el Prócer. Él interiorizó esas tres realidades y las asimiló, a tal punto que pasaron a ser parte de su propia identidad y marcaron su ideario. Fueron tres valores que recibió de su ambiente cultural y que él mantuvo a lo largo de toda su vida, hasta su exilio y muerte en el Paraguay.

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