-Ángel radioso, ven a mí; te
pasearás por el prado de la mañana a la noche, no trabajarás. Mi magnifico
palacio está construido con muros de plata, columnas de oro y puertas de
diamantes. Irás a dormir cuando quieras, al son de una música celestial, sin rezar
tus plegarias. Por la mañana, cuando el sol muestre sus rayos resplandecientes
y la alondra contenta arrastre consigo su grito por los aires hasta perderse de
vista, tú podrás seguir en cama mientras no te aburras. Caminarás sobre los más
preciosos tapices, y te sentirás constantemente envuelto por una atmósfera
compuesta de esencias perfumadas de las más aromáticas flores.
-Es hora de descansar el
cuerpo y el espíritu. Levántate, madre de familia, sobre tus musculosos
tobillos. Es justo que tus dedos tiesos abandonen la aguja del trabajo
excesivo. Todos los extremos son malos.
-¡Oh qué existencia apacible
tendrás! Te daré un anillo encantado; cuando des vuelta al rubí, te volverás
invisible como los príncipes en los cuentos de hadas.
-Guarda tus armas cotidianas
en el armario protector, mientras yo pongo en orden mis asuntos.
-Cuando lo vuelvas a la
posición normal, reaparecerás tal como te ha hecho la naturaleza ¡oh joven
mago! Todo esto porque te quiero y aspiro a hacer tu felicidad.
-Vete, quienquiera que seas;
no me tomes de los hombros.
-Hijo mío, no te duermas
mecido por los ensueños de la infancia: la plegaria en común no ha comenzado
aun, y tampoco has colocado ordenadamente tus ropas sobre la silla… ¡De
rodillas! Eterno creador del universo, muestras tu inagotable bondad hasta en
las cosas mínimas.
-¿No te agradan, pues, los
arroyos límpidos, donde se deslizan millares de pececillos rojos, azules y
plateados? Los atraparás con una red tan bella, que atraerá por sí sola a los
peces, hasta que esté repleta. A través de la superficie verás guijarros brillantes,
más pulidos que el mármol.
-Madre, mira esas garras;
desconfío de él; pero mi conciencia está tranquila porque no tengo nada que
reprocharme.
-Nos ves postrados a tus
pies, abrumados por el sentimiento de tu grandeza. Si algún pensamiento arrogante
se insinúa en nuestra imaginación, lo arrojamos en el acto con la saliva del
desdén, y te lo ofrecemos en sacrificio irremisible.
-Te bañarás con chiquillas
que te enlazarán con sus brazos. Y una vez fuera del baño, te tejerán coronas
de rosas y claveles. Tendrán transparentes alas de mariposas y largos cabellos
ondulados que se agitarán alrededor de la delicadeza de sus frentes.
-Aunque tu palacio fuera más
hermoso que el cristal, no abandonaría yo esta casa para seguirte. No me
pareces más que un impostor, ya que me hablas tan quedo por temor d que te
oigan. Dejar a sus padres es una mala acción. Yo no seré un hijo ingrato. En
cuanto a tus chiquillas, no son tan hermosas como los ojos de mi madre.
-Nuestra vida toda se ha
consumido en cantar tu gloria. Tal como hemos sido hasta ahora, seguiremos
siendo hasta el momento en que recibamos de ti la orden de abandonar la tierra.
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