martes

EL EVANGELIO SEGÚN EL TRAIDOR (LA MALDITA COMEDIA) - HUGO GIOVANETTI VIOLA


CUARTA ENTREGA

4

Isbaelino Pena vio desaparecer a Almá de de Corozin y suspiró:
-Qué lástima que la gente sea tan pobre, Ojos de Plata.
Al rato Publio se levanta sin la menor pesadez y paga recuperando la bestialidad de los mandamases:
-Caifás no va a precisar degollar a la plebe en el hipódromo para que haya llorones el día que reviente: nosotros mismos le podemos carnear a los aduladores que se disfrazan de justos. Y si Barrabás y Esteban el Valiente se ponen a jugar a los Mesías les vamos a asar los huevos con las brasas del Templo.
El romano se calzó el casco, saludó al detective flamígeramente y se metió en el vaho lunar esquivando mendigos.
-Y qué puede importarle a un pueblo bastardo que un loco resucite -demora en filosofar el carancho, con una astucia digna de un consejero imperial. -¿Quién va a creer en un reino de otro mundo?
-Nunca se sabe -destapó una vasija reservada y metió un jarro para hacer fondo blanco el gordo. -Aunque es mucho mejor que les sigan prometiendo un Mesías de este mundo que nunca va a llegar.
-El problema es si el resucitado trajo la luz del eón futuro -aplasta otro tábano Elkder como para hacerle vomitar el vino que robó. -Este no es cualquier Lázaro.
-Tiens -se persignó sonriendo el detective.
Ahora es Sara de Corozain la que me talara el alma desde el callejón.

ALMÁ 2: Se instalaron en Jerusalén el 7 de Elul y el primer día que fueron a la cisterna alguien nombró a Simón de Cirene y supieron que era el padre Rufo y tu madre suspiró como un jazminero y enseguida empezaste a jugar a las bodas y a los entierros con los chiquilines de Siloé y Juan Marcos comentó que Jesús iba a venir a la fiesta de los Tabernáculos y después de la primera orgía que Amós armó en Betania se hinchó bárbaramente y aullaba que era por la impureza de Sara que viajó a prometerse en la Ciudad Santa sin cumplir la penitencia de la niddah y que por eso naciste ciega y ahora el Iscariote los había endemoniado a todos: los rabinos le trajeron a los mismísimos médicos de Anás y el hombre cincuentón y de barba lechosa y pinchuda deliraba inventándole a tu madre episodios de una vida de puta barata que repugnaban a algunos fariseos y excitaban a otros hasta que un atardecer rosado escuchaste que Rufo le daba la paz a Juan Marcos en el barrial del acueducto y supiste que Dios te estaba ayudando mucho: el carpintero nunca te explicó por qué había vuelto a vivir en la casa de sus padres pero al otro día te llevó al huerto del Getsemaní donde Elías Marcos acababa de prestarle una cabaña-taller para que fabricara mosaicos taraceados que se podían vender muy bien en Israel y en la diáspora y en un mes aprendiste a pulir y encolar los pedacitos de colores fragantes y empezaste a soñar con hacer una figura del Hijo del Hombre y Rufo te domesticó un perro-lobo del Cedrón que te servía hasta de caballo y Amós agonizaba aunque Sara iba a buscarte todas las dulces tardes sin saber que los jefes de los espías ya estaban vigilándola.

Isabelino se hincó como un templario sobre el aserrín y oró un collage pastoso y patinado:
-Y tú oh extremo del valor que puede desearse y término de la humana gentileza no dejes de mirarme blanda y amorosamente ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos.
Entonces la Virgen disfrazada de adolescente viuda se mete en la taberna y trato de atajarla pero ahora es ella la que se hinca agarrándome la túnica casi a la altura del taparrabos:
-No estoy sucia.
-Estás borracha, cosita. Pero mejor nos vamos.
-Querés que cante un himno.
-Más tarde. Por favor.
-El dolor de tu esclava te glorifica porque tronaste contra el corazón de los perros y amaneciste con la estirpe de Abraham.
-Vámonos, cosita.
Las sobras de los espías y del gordo culebrearon agigantadas sobre las vasijas y Elkder hipó:
-Es la puta de Amós de Tarso.
-¿Cambiaste de Mesías o preferís que te ordeñe un enano? -se euforiza el carancho levantando una piedra sillar.

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