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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LECOR / UNA HISTORIA DE ADORACIÓN


por HUGO GIOVANETTI VIOLA

un webguión seccionado en 40 episodios y escrito como base para una miniserie televisiva que producirá elMontevideano / Laboratorio de Artes

DECIMONOVENA ENTREGA

EPISODIO XIX

Edward Harley dialoga en su librería con su amigo Francisco Acuña de Figueroa, un poeta recién llegado de la Corte de Río de Janeiro. Esa misma mañana Magdalena y Abreu concurren a la Casa de Ejercicios Espirituales y le aportan seis onzas a la Madre Jorgelina, directora de penitencias, para poder encerrarse en la celda del suplicio.

PRIMERA HISTORIA 1 / INT. DÍA

Francisco Acuña de Figueroa, un poeta de 27 años recién regresado de un exilio de 4 años en la Corte del Brasil por sus convicciones antiartiguistas, entra de mañana en la librería de Edward Harley.

Acuña de Figueroa: ¿Qué tábano te había picado anoche cuando nos despedimos y me pediste para hablar sobre algo grave esta mañana, hombre? Fue una velada mágica. Y te aseguro que la guitarrista que se llevó tu rosa ya está completamente flechada.

Harley: Es la mujer de mi vida. Pero el tábano que me acababa de picar era Donatien Alphonse François de Sade, por boca del benemérito mariscal Abreu.

Acuña de Figueroa: Abreu nació maluco, Edward. Aunque es un gran guerrero y hasta tiene medallas por su afición al tiro. ¿Te injurió?

Harley: Ni adrede ni a sabiendas. Pero lo escuché mofarse a carcajadas de las fernandinas ultrajadas por las hordas británicas en la invasión del 6.

Acuña de Figueroa: Tate. Ese mariscal le fue impuesto al Barón de la Laguna por el propio don Joao VI. En el Brasil nadie lo soportaba. Y aquí es la vergoña pública del ejército pacificador que nos ha hecho volver a soñar.

Harley: ¿Soñar con qué?

Acuña de Figueroa: Con la restauración del sacrosanto cetro del Deseado, por quien supo pelear hasta Artigas. Antes de anarquizarse.

Harley: El salvajismo que hizo terminar reinando a la guillotina fue el de las guerras fanáticas entre los propios cristianos, Francisco. Eso sí fue anarquía.

SEGUNDA HISTORIA 1 / INT. DÍA

Magdalena entra en la Casa de Ejercicios Espirituales que dirige el presbítero don Manuel Barreiro y se hinca frente a la Madre Jorgelina, la directora de las penitencias.

Magdalena: Os necesito como nunca, lanceadora de mis males.

Jorgelina: Abreviad, porque en cualquier momento me veréis salir corriendo hacia el embarcadero para sacudirme el polvo de las sandalias igual que aquella pobre madre cordobesa que les vaticinó un relajamiento funesto a los puertos del Plata.

Magdalena: Lo que vengo a pediros es que me concedáis la utilización de la celda del suplicio para exorcizar al mariscal portugo a quien le prometimos nuestra hija.

Jorgelina: No creo que ese endriago se preste a protagonizar las purgaciones previas al uso de la celda.

Magdalena: Tenga fe, madrecita. Y no olvidéis que sin la invasión lusitana no se hubiera reabierto esta santa casa.

Jorgelina: Os recuerdo que las obras fueron financiadas con limosnas de los vecinos.

Magdalena: Pero el General Lecor le placen los suplicios a los que nos sometemos para pagar la sangre que derramó el Señor. Y el mariscal Abreu está esperando en este momento en el portal del Fuerte para cruzar a redimirse y merecer la bendición y el perdón de la Muy Fiel y Reconquistadora ciudad donde las tentaciones lo han estragado tanto.

Jorgelina: Será bien recibido. Sobre todo si adereza el fervor con cinco onzas de oro que nos hacen tantísima falta.

PRIMERA HISTORIA 2 / INT. DÍA

Acuña de Figueroa: ¿Y te consta que el mariscal Abreu profesa el credo del desenfreno satánico propuesto por el marqués de Sade?

Harley: Yo preferiría llamarle ateísmo libertino. El que se impondrá después que el deísmo iluminista devenga en ateísmo mesiánico y se hunda para siempre.

Acuña de Figueroa: ¿Así véis el futuro?

Harley: El futuro ya está aquí, y prefería quedarme ciego y no seguir asqueándome frente a la duplicidad que chisporrotea en los ojos del fariseísmo afrancesado. Esa gente utiliza la terminología cristiana para medrar mejor pero no se conoce ni a sí misma, Francisco. Sade era más sincero.

Acuña de Figueroa: Me imagino que ya te contrabandearon La filosofía en el tocador.

Harley: Traducida y todo, tío. Abreu se la regaló encuadernada como Pablo y Virginia a su prometida en el baile de esponsales.

Acuña de Figueroa: ¿Recuerdas cuando me conseguías La vida privada de los Doce Césares, Los Placeres de Julia y El Aretino?

Harley: Y creo que te conseguí hasta La nueva Justina.

Acuña de Figueroa: ¿Te sientes malo, Edward? Parece que estuvieras sudando sebo.

Harley (empezando a caminar a las zancadas mientras se va arrancando la ropa): Es que no puedo respirar, carajo. Me muero. Me muero. Me muero. Me muero.

SEGUNDA HISTORIA 2 / INT. DÍA

Magdalena y Abreu recorren de rodillas un corredor abovedado y lóbrego que desemboca en la talla del Señor de Humildad y Paciencia.

Abreu (murmura como si rezara): Ni en Lisboa ni en Río de Janeiro vide casas tan cheias de hipócritas como esta. Y qué aristocratismo.

Magdalena: Acá no hay ni aristócratas.

Abreu: Ta bon. Pura boiada de fazendeiros filhos da puta merda.

Magdalena: Nos llaman los patricios.

Abreu: Y Artigas entuavía les manduca la tierra.

Magdalena: Pero ya está derrotado.

Abreu: ¿Y alguein téin fe en el Cristo?

Magdalena: El pueblo que ni siquiera sueña en folgarse con el progreso. Yo necesitaría purificarme, pero es muy aburrido.

Abreu: ¿Y los cabildantes?

Magdalena: Ellos dicen que creen.

Abreu: Ya aprendieron a mentir con risiñas de reyes.

PRIMERA HISTORIA 3 / INT. DÍA

Harley
se despatarra despechugado en una silla y se empieza a empujar compulsivamente el abdomen con las dos manos, debajo del corazón.

Acuña de Figueroa: ¿No tendrás un entripado gaseoso?

Harley: Sí. Los pedos me ahogan. Y es por comer muy rápido.

Acuña de Figueroa: ¿Hace mucho que no jodés?

Harley: Desde que mi propia tropa invadió Maldonado y tuvimos que sacarlos a espada de arriba de la Virgen del Cuartel de Dragones.

Acuña de Figueroa: ¿Y antes fuiste libertino?

Harley: Sí. En Escocia era capaz de joder contra los árboles.

Acuña de Figueroa (sacando una hoja): A ver qué te parecen estos nuevos versos de la Nomenclatura y Apología del Carajo que estoy componiendo para afilar la pluma. Diré que esa alimaña, o quisicosa / No es el Papa, ni el Rey sino…el Carajo! / Miembro Viril, o miembro solamente / Le llama el diccionario…¡Qué mezquino! / Sus nombres en el uso más frecuente / Son el nabo, el zurriago, y el pepino.

Harley (carcajeando): Tú no tienes compostura, Francisco. Bueno, ahora me alivié del todo y te lo agradezco mucho.

Acuña de Figueroa: Y yo te puedo asegurar que moriré pecador pero no ateísta, coño. ¿De que tenías que hablarme?

SEGUNDA HISTORIA 3 / INT. DÍA

Magdalena y Abreu se encasquetan coronas de espinas para hincarse frente al Señor de Humildad y Paciencia.

Abreu (ya perlado de sangre): Sofrer al lado suyo es un dulzor, señora.

Magdalena: No se ponga zalamero.

Abreu (leyendo la inscripción que hay junto a la talla): ¿Pagarle sangre a Cristo? Qué vergoña mais grande. ¿Cómo podemos creer en un filho de Deus que pide que le contemos las llagas?

Magdalena: Todo tiene su premio.

Abreu: Iso pensaba Sade. ¿Y en la celda del suplicio podemos usar el látigo?

Magdalena: Es la celda del látigo.

Abreu: Ya me puse cachondo.

Magdalena: Y a mi el coño se me volvió una fuente, mariscal.

Abreu: La fonte do prazer.

Magdalena: Y todo por seis onzas.

Abreu: Sade hubiese gostado muito de este teatro, señora.

PRIMERA HISTORIA 4 / INT. DÍA

Harley: Necesito batirme con Abreu y te quería pedir que fueses mi padrino.

Acuña de Figueroa (desorbitado): ¿Estás loco?

Harley: Estoy bastante loco. Recién pudiste verme a punto de reventar de horror.

Acuña de Figueroa (parándose y empezando a fregarse la cabeza): ¿Pero ahora que encontraste a la mujer de tu vida qué te importa la satisfacción del honor? Eso es una antigualla.

Harley: Es que yo no hago esto para satisfacer el honor.

Acuña de Figueroa: ¿Qué? ¿Pensás batirte a muerte?

Harley: Defender la pureza es cosa de vida o muerte, Francisco. No aguanto más la pudrición barbárica.

Acuña de Figueroa: ¿Y no pensás ponerlo a consideración ni siquiera con Julia?

Harley: Abreu acaba de entrar en guerra conmigo y no con Julia. ¿Aceptás o no aceptás ser mi padrino?

Acuña de Figueroa: Para mí es una honra.

Harley: Entonces hablá con Juan Mendoza y con algún cabildante. Quiero que sea a pistola: mañana mismo, y si es posible en la quinta del Paso Molino.

SEGUNDA HISTORIA 4 / INT. DÍA

Magdalena y Abreu llegan de rodillas y con las cabezas ensangrentadas a un pequeño santuario que les abre la madre Jorgelina. Adentro hay solamente una Virgen rodeada de velas.

Jorgelina: Ahora descalzaos para poder humillaros como en la noche del perdón y os serán concedidas las indulgencias del suplicio.

Magdalena: Siempre soñé con exorcizarme frente a la Inmaculada.

Abreu: Yo quisiera recibir el castigo con la espalda desnuda.

Jorgelina: Y yo debo retirarme a vigilar la puerta. Apuraos que hay un tiempo para el dolor y otro para folgarse con el maná de la reconciliación.

Abreu: Nunca pensé que me darían as forzas pra reconciliarme.

Magdalena: No hay nada que el maná no le alivie a la alma.

Jorgelina cierra la puerta y Abreu se desbragueta sentado en el suelo.

Magdalena (murmura gateando hasta la entrepierna del mariscal, que empieza a latiguearse la espalda): Hoy no necesitáis la faca para que os ordeñen, gorrino.

Abreu (aullando su orgasmo): Qué bendición es entregarse al martirio, señora.

Jorgelina (afuera): Lo que cuesta conseguir seis onzas para los huérfanos.

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