lunes

FEDERICO LEMOS “PONGAMOS UNA PANTALLA EN LA PLAZA, MÚSICA Y A DISFRUTAR”



por Dolores Arteaga


Una invitación para todos y cada uno de los uruguayos. Donde la democracia se vive y se palpita de verdad. Así me lo hace sentir Federico Lemos, uno de los creadores de Ecocinema, con sus cálidas palabras: “Es poder llevar una pantalla de cine a un pueblo de 14 personas, donde seguramente 13 no hayan visto cine nunca”

El bosque de Punta Ballena era el escenario perfecto. Todos estábamos al abrigo de los árboles que, en parte, nos abanicaban con sus largas ramas. Era una de esas típicas noches de otoño, donde el fresco empieza a sentirse. De pronto, el día se hizo noche, saciando la ansiedad de todos los presentes. Estábamos todos prontos para empezar a ver el work in progress (trabajo en proceso) de un documental, que pronto se verá en nuestro país.
Federico Lemos tiene 43 años y es la cabeza creativa de Medio & Medio Films y Ecocinema, junto a su socio Gonzalo Lamela. Emprendimientos que ya tienen nueve años en su haber, y cuyo objetivo es democratizar el acceso de la cultura a través del cine, así como también difundir y potenciar el cine nacional. Desde hace dos años la productora cuenta con dos nuevos socios, Álvaro Recoba e Iván Alonso. La historia laboral de Fede, como se lo conoce en el medio, es un ejemplo de que sí se puede. Como prueba, solo basta mencionar aquél día que tomó una película de producción nacional bajo el brazo, e hizo una gira durante 18 meses recorriendo distintas ciudades del mundo donde, uruguayos “nostalgiados”, tocarían un pedazo de su querido país al verla. Ese fue el grandioso augurio al comienzo de su carrera.

Contame sobre tus inicios en un mundo al que no pertenecías.

Cuando terminé el Liceo no sabía hacia dónde iba. Nunca me gustó estudiar. Me había hecho un test vocacional y me había dado Veterinaria y Música como las áreas más marcadas; los animales me encantaron siempre y la música también. En una época trabajé como disc jockey, siempre tuve buen oído para la música; cuando escuchaba un tema en la radio sabía si iba a ser un hit. Finalmente me decidí por Marketing y Administración, pero no la llegué a terminar. Desde niño y de joven siempre me gustó el relacionamiento con la gente, la organización de eventos. Fui cadete en un diario donde trabajaba mi padre como periodista de investigación, y ahí empecé a generar mis propios vínculos, con periodistas de primer nivel que hoy en día están en los medios de comunicación y televisivos. Hasta el día de hoy se acuerdan de mí, de todo lo que hacía para acercarme a ellos. Mi horario era de 10 a 18 horas, pero eran las 22 y yo seguía en el diario. Yo quería saber cómo se cerraba, seguía la cobertura de las notas paso a paso. A los 27 años me casé y me fui a vivir a Toronto, Canadá.

¿Y a qué te dedicabas en Toronto?
Tuve que volver a empezar, trabajé en una fábrica de vidrios. No tenía papeles, ni amigos. En Uruguay estaba haciendo las cosas bien y ya tenía cierta posición. Si bien Canadá es un país que te brinda muchas posibilidades, es difícil, extrañás mucho. Yo me dediqué exclusivamente a trabajar, como Charles Chaplin en Tiempos Modernos, lo único que me importaba era que pasaran los días, cobrar y guardar el dinero; nunca tomé a Canadá como país final de mi destino. Lo tomé como un momento de transición de mi vida. Después me separé, y decidí quedarme a pesar de estar mucho tiempo solo. Eso me ayudó a crecer mucho. Ahí definí lo que iba a hacer con mi vida. Así que el cine nunca estuvo siquiera en el primer horizonte. Se dio muchos años después.

La separación fue como un punto de inflexión.

Sí. Y en ese ínterin empiezo a viajar al Uruguay los fines de semanas largos, durante las vacaciones. En uno de esos viajes, me encuentro con un ex compañero de Liceo que estaba filmando una película, que me cuenta que no la podía terminar porque no tenía plata. Se llamaba La Matinée y trata de dos viejos murgueros que se juntan después de muchos años y vuelven a salir en el Carnaval, una suerte de Buena Vista Social Club uruguaya, con murga. Cuando me cuenta la historia, yo quedo fascinado. Vuelvo a Canadá, le escribo un mail y le digo que lo voy a ayudar a terminarla. Durante seis meses, haciendo horas extras, junté el dinero. Mi amigo no lo podía creer. Le dije que me gustaría ser socio productor del proyecto; o sea, no se la presté ni se la regalé, sino que me asocié. Me convierto, sin saber lo que estaba haciendo, en productor de una película. Y ahí empecé a trabajar arduamente en el estreno (2007) que fue en el Teatro de Verano para 5 mil personas. Organicé su estreno y una gira que se hizo por muchos lados del mundo.

Y ahí empezó tu nueva vida.

Sí. Me independicé y decidí poner una productora, Medio & Medio, con mi socio Gonzalo Lamela, que el año que viene va a cumplir diez años. Nuestro principal objetivo no era hacer cine, sino distribuirlo.

¿Viste una oportunidad? 
Sí, vi una oportunidad de desarrollar un sistema de distribución alternativa del cine. Porque La Matinée tenía un problema que lo siguen teniendo las películas en el Uruguay, y es la pantalla. Las salas de cine no le dan espacio al cine nacional, porque tienen todas las salas ocupadas para los estrenos de Hollywood, que son su negocio. Porque venden entradas, y las películas nacionales no. Entonces, ¿qué hacer con una película si la tenés pronta, la estrenás en salas y no vende entradas?

En su momento, pensé en hacer una gira con la película por todas las ciudades del mundo, donde existan uruguayos radicados y exiliados. Y el uruguayo tiene eso, extraña, y todo lo que venga de Uruguay va desesperado a verlo. Eso significó agarrar la película, ponerla debajo del brazo y hacer una gira durante 18 meses, recorriendo varias ciudades del mundo, entre ellas Sidney, Toronto, Montreal, México, Estocolmo, Gotemburgo, Copenhague, Madrid, Barcelona, Lisboa… Todos los lugares del mundo donde había un club de uruguayos, yo me contactaba para ver si les interesaban verla y se hacía una función para los socios. Se necesitaba vender 200 entradas, y con eso financiábamos el costo de la producción, el club ganaba un evento social, juntaba a su comunidad, y vendía con la cantina, rifas, etcétera. La idea cerraba por todos lados.
¿Y cuáles fueron los resultados?

La Matinée es una película que no fue estrenada en el cine, ya que no íbamos a vender entradas. Hicimos una Avant Premiere en el mundo. ¿El resultado? En 18 meses se vendieron casi 18 mil entradas en todo el mundo. ¡Una bestialidad! Y eso significó que la película no sólo pudo recabar lo invertido, sino también dejar ganancias.

Te arriesgaste porque estabas convencido que iba a funcionar.
Bueno, mi primera experiencia fue en Toronto, ya que yo todavía vivía allí y rápidamente pude activar los canales de difusión, convocando a mucha gente. La primera función fue en el Club Uruguay de esa ciudad, un éxito total, con 500 personas enloquecidas, aplaudiendo de pie y llorando rabiosos. Fue en ese momento cuando le dije a mi socio que ahí había una oportunidad. Renuncié a mi trabajo en Canadá y coordiné, a través de todos los cónsules honorarios del mundo, una función similar a la primera. Armé mi valija y empecé a viajar. Los uruguayos me recibían y me alojaban en sus casas. A través de mi presencia se generaba un evento y la película se proyectaba. Ese fue el puntapié inicial para que el cine uruguayo tuviera la oportunidad de ser exhibido.

¿Cuántos uruguayos hay desperdigados por el mundo?

Casi 1 millón. Hay muchos viviendo en Canadá, España, Estados Unidos, Australia, México, Portugal y Argentina.

La gira por el exterior disparó la idea de replicar el esquema en Uruguay.

Sí, dije: “Esto mismo lo tengo que hacer en nuestro país.” Y ahí es donde yo vengo a Uruguay, montamos Medio & Medio junto a mi socio Gonzalo, y comenzamos a pasar películas en el interior del país, ya que tienen una carencia cultural horrible, la diversión es sentarse a ver los autos en la ruta o dar una vuelta en la moto. Lamentablemente, la movida cultural en nuestro país está centrada en la capital. Lo primero que vimos es que había que comprar una pantalla, alquilamos una camioneta y salimos a hacer esto mismo que hice en el exterior. Así surgió Ecocinema. Con el objetivo de enseñar a ver cine nacional, cine que habitualmente no se consume.

¿Con qué objetivo comenzó la productora Medio & Medio

En sus orígenes su foco de trabajo era la distribución itinerante del cine. Nuestras frases de cabecera son: “Democratizar el acceso de la cultura a través del cine” y “Difundir y potenciar el cine nacional.” ¿De qué manera? Salir a buscar productores uruguayos que tengan su película y no saben qué hacer con ella, porque los cines no se la quieren estrenar. Yo te pago un fee por cada producción, y gano al venderla a empresas privadas, públicas o estatales que me compran publicidad, porque entienden que estamos haciendo algo para la comunidad, y eso se relaciona con sus áreas de responsabilidad social.

Así es como Medio & Medio empezó a trabajar, compramos películas y salimos a exhibirlas, nos transformamos en “exhibidores itinerantes”. Después de pasar tres años intensos, recorriendo el Uruguay de punta a punta varias veces, en el 2011 decidimos generar nuestro propio contenido. Me dije: “Si soy el dueño del circo, en vez de alquilar animales, vamos a comprarlos.” Así fue que Medio & Medio se convirtió en una productora de desarrollo.

¿Y cuál fue la película inaugural de este nuevo período?
El último Carnaval, en el 2011. Es una película documental sobre el fenómeno social del carnaval de La Pedrera, mi ópera prima. Cuando le dije a mi socio que me tenía fe para dirigirla, abrió los ojos y me dijo: “¡¿Lo qué?!”, pero me apoyó. Es que era algo que yo no había hecho nunca. Con esa película hicimos la primera gira de nuestra plataforma itinerante de cine, durante tres meses, por todo el país.

Luego de ser productor, ¿cómo te sentiste en ese nuevo papel de “director”?

Me fasciné y aprendí de gente que sabe mucho, como Pablo Banchero, Santiago Carámbula, gente del palo audiovisual. Yo soy mucho de prueba, error y corrección, me gusta el campo de batalla, así es como aprendo y estoy abierto a las críticas para crecer.

Fede, ¿vos ibas a las giras?

A todas las funciones, durante los tres primeros años no me perdí una sola de ellas. Me recorrí todo el país, desde Bella Unión hasta Carmelo, pasando por Aiguá, con mi equipo, la camioneta y la pantalla. Armando la pantalla, presentando mi película y charlando con la gente, que es lo más maravilloso que tiene mi trabajo… Y es lo intangible. Es poder estar en un pueblo de catorce personas, literalmente, y llevarles una pantalla de cine donde seguramente trece de ellas no hayan visto cine nunca. Me pasó que vienen abuelos, padres, que me abrazan al final de la función y me dicen que sus hijos nunca habían visto cine o que hacía 30 años que no lo hacían. Por eso me costó tanto dejar de hacer giras, no solamente por conocer mi país, sino por llevar a la gente un pedazo de lo que nosotros consideramos  tan cotidiano.

¿Cuánto dura cada gira por el interior?

Sería como “la permanencia dentro de la itinerancia”. Porque si fuiste una vez y no volviste más… Tenés que volver para ver en qué impactaste. Y si bien no lo podemos hacer tantas veces como quisiéramos, sí es una obligación repetir pueblos y lugares. Hay que volver a la gente.

Contás todo lo que hiciste como algo súper natural, cuando mucha gente, en tu lugar, se hubiese paralizado del miedo. Es un valor agregado que tenés, ¿sos consciente de ello?

Me pasaba de que a veces me tomaba un avión sin saber a ciencia cierta qué me iba a deparar el destino; otras veces, de llegar a algún aeropuerto y que nadie me estuviera esperando, o que la institución de ese país no era tan seria como lo esperaba, entonces dormía en un lugar más o menos. Pero miedo… Nunca.

El año que viene Medio & Medio cumpliría diez años. Mucho agua bajo el puente. 

Medio& amp; Medio estará arrancando el décimo año de giras consecutivas ininterrumpidas por todo el país, con más de 3 mil funciones en forma gratuita. Estamos trabajando simultáneamente con siete películas documentales que serán estrenadas entre el 2017 y el 2018. Todas esas películas van a pasar todas por el circuito itinerante de Ecocinema.

Hoy Medio & Medio cuenta con cuatro unidades móviles que trabajan en paralelo. También, hemos aplicado nueva tecnología; las unidades de Ecocinema hoy funcionan con energía solar. Además, agregamos los talleres educativos, llegamos a los pueblos con nuestras camionetas que son laboratorios móviles; hablamos sobre el cuidado del medioambiente, la renovación de la matriz energética (eólica y solar), que entiendan el país que se viene. Son funciones nocturnas, pero durante el día estamos en las escuelas. Y funciona todo el año, invierno y verano; no discontinuamos nuestro trabajo por factores climáticos. Como base utilizamos teatros abandonados o centros culturales. Cuando baja el sol, la gente empieza a juntarse alrededor del cine. Las funciones son siempre gratuitas y los talleres de las escuelas también.
Tengo entendido que ampliaron horizontes.

Sí. Hoy con Ecocinema estamos ampliando nuestra área de trabajo en todo América Latina. Estamos operando en seis países de nuestro continente con la misma filosofía y espíritu de trabajo. Una vez al año hacemos intercambio y circulación de contenidos.

El concepto de Ecocinema, ¿ya existía en otras partes del mundo?

Sí, nosotros no inventamos nada. Detectamos una problemática que se estaba dando de la mano a los cambios de la industria cinematográfica en el mundo, y también con la forma que tiene la gente de ver y consumir el cine. Las salas de cine se están concentrando en espacios (centros comerciales), o sea, el esquema del cine de barrio desapareció, y las entradas de cine encarecieron. Hay estudios que dicen que cada diez personas en el Uruguay, sólo tres tienen la posibilidad de ir al cine; por eso entendimos que en esas siete personas restantes había un problema al cual atacar. Así fue que desarrollamos este sistema de distribución, que no lo inventamos, lo que hicimos fue trabajarlo y profesionalizarlo; incorporamos pantallas inflables, tecnología de punta para darle a la gente la calidad similar a la que reciben en una sala de cine comercial. No perder la magia que tiene el cine por más que esté al aire libre. Hubo una apuesta de generar este proyecto de manera permanente.

Hoy la gente ya no va a la sala de cine, se queda en su casa viendo Netflix, entonces llevemos el cine a la gente. Invitemos a salir a ese público que antes tenía esas instancias de convivencia social y que las ha perdido por la tecnología, por la inseguridad, por los costos. Pongamos una pantalla en la plaza, pongamos música y a disfrutar. En cuanto a costos, no pagan la entrada; en cuanto a inseguridad, estás invitando a que la gente se reúna y se aleje de la delincuencia; y en cuanto a la tecnología, le estamos llevando el cine a su casa.

Con todas las películas que tienen en proceso, ¿te contactás con el miedo al éxito o al fracaso?

Mi mayor miedo es quedarme en un lugar donde sienta que no intenté lo que vine a hacer. Después, si funciona o no, el fracaso es doloroso, pero también te genera una enseñanza para toda la vida. Nunca le tuve miedo al éxito o al fracaso; aprendí más de los fracasos que del éxito.

¿Qué es lo que más te motiva laboralmente?

Los desafíos.

¿Qué te deja todo esto?

Ver la realidad de mi país. Trabajar en la descentralización de la cultura, que tu trabajo sea visto por la mayor cantidad de gente, quedar conforme con tu trabajo. Y si una película que tú hacés genera un mínimo cambio, ya vale la pena; como me pasó con el documental 12 horas 2 minutos, cuyo tema es el trasplante de órganos, que la gente me enviaba mensajes llorando, y decía que no creía en la donación hasta que lo vio. O gente que vio Gonchi: la película, que no lo conocía hasta que vio el documental, y sus valores sirvieron de inspiración. Esos son los motivos que me llevan a esforzarme cada vez más e intentar sacar lo mejor de la historia. Para mí es todo una responsabilidad. Ecocinema es el proyecto que más cariño le tengo, es como el hijo predilecto, más allá de que cada película tiene un lugar en mi corazón.

(La Citadina)

CHRISTINE MACEL “EL ARTE NO CAMBIA EL MUNDO, PERO SÍ PUEDE REINVENTARLO”


por Álex Vicente

Conservadora jefa del Centro Pompidou, donde lleva casi dos décadas a cargo de localizar a los talentos del futuro, Christine Macel (París, 1969) se estrena el 13 de mayo como comisaria de la 57ª Bienal de Venecia, principal cita del arte contemporáneo en territorio europeo. A diferencia de sus predecesores, Macel no ha escogido un hilo conductor preciso, más allá de celebrar al artista y reivindicar su papel en el debate social. “Los he colocado en el centro de la Bienal para restablecer una jerarquía importante. Son ellos quienes deben situarse por encima de todo acercamiento temático o reflexión de un comisario. No quería que mi discurso dominara sobre el suyo”, afirma. Su objetivo es dar a conocer mejor las circunstancias en las que nace la obra de arte.

¿Considera que el artista es un incomprendido?

No diría que es un incomprendido, pero sí que existe un desconocimiento respecto a ciertos aspectos de su día a día. Los medios suelen prestar atención a los nombres más
célebres, siguiendo criterios basados en su valor en el mercado del arte. Pero existe una gran mayoría de artistas que, siendo igual de interesantes, no tienen la misma visibilidad. El criterio para hablar de un artista no debería ser solo su éxito o su valor mercantil.

Los viernes y los sábados piensa organizar comidas públicas con los artistas. ¿Con qué objetivo?

Me parece importante que su palabra sea audible y que se establezca una proximidad. Es una cercanía que tengo la suerte de vivir, a causa de mi trabajo, y que quiero compartir con el público. Será la ocasión de establecer un diálogo menos formal que en una conferencia y hablar con ellos de cuestiones tal vez no más íntimas, pero sí más cotidianas.

En su texto para la Bienal reivindica “el papel, la voz y la responsabilidad del artista” en los debates de hoy. ¿Cómo puede contrarrestar un artista el actual clima político?

Cuando uno se acerca a la cultura o ejerce un oficio artístico, se opone necesariamente al repliegue sobre sí mismo y al odio respecto al otro. El arte se inscribe en una lógica de apertura, porque siempre implica una relación con ese otro. Deleuze, cuyo pensamiento aprecio, solía decir que ser artista es un acto de resistencia en sí. La actualidad estará presente en la Bienal, pero no en el sentido habitual. Para mí, es noción también pasa por nociones profundas ligadas al ser humano: el sujeto, la articulación de la razón y las emociones, el espacio común, la cuestión ecológica…                                                      
Se dice que el arte imita a la vida. Usted va más allá: jura que es capaz de transformarla.

No confundo arte y vida, como sí hacía el inventor del happening, Allan Kaprow. Lo que digo es que el arte no es capaz de cambiar el mundo, pero sí de reinventarlo. El arte no es la solución a nuestros problemas, pero no por eso deja de ser una actividad indispensable, que nos permite ver el mundo bajo otra luz, gracias a las experiencias y utopías que nos propone.

También defiende la emergencia de un “neohumanismo”. ¿En qué consistiría?

Para mí, el humanismo es una manera de confiar en lo humano, de dar valor al arte y la cultura. La Bienal lo reivindica precisamente ahora, cuando todo el mundo dice que llega a su fin. En mi opinión, no se ha entendido la naturaleza del mal y la violencia, que son constantes en la vida humana. Que no desaparezcan no significa que el humanismo ya no nos sirva. Solo hay que reconstruirlo.

Frente a los tradicionales pabellones nacionales de la Bienal, usted propone la creación de “transpabellones”. ¿Para superar una separación geográfica algo trasnochada?

Sí, exacto. Venecia es un lugar donde se encuentran artistas de todos los orígenes, que se inscribe en una superación de los nacionalismos. A la vez, la historia de la Bienal está ligada a esos pabellones, a la construcción europea y la evolución del mundo globalizado. No quiero borrar esa historia. Al revés, me parece interesante ver todos esos estratos, pero ha llegado la hora de superar esas cuestiones. Hace cuatro años, propuse intercambiar el pabellón alemán con el francés durante la duración de la Bienal. Era una manera de decir que ya no trabajamos desde una óptica nacionalista.

También ha escogido a numerosos artistas que proponen prácticas colectivas, participativas o que tienen lugar en el espacio público. ¿Propone regresar al arte utopista de los sesenta y setenta?

No es mi propósito. He querido presentar obras de ese periodo que tienen una pertinencia en lo contemporáneo. Para mí, lo contemporáneo es lo que tiene sentido en el mundo de hoy, y no lo que sigue la última moda. Por ejemplo, he recuperado el trabajo de Antoni Miralda, Joan Rabascall et Jaume Xifré en los años setenta, porque sigue teniendo sentido en el mundo actual.

Concederá el León de Oro a la estadounidense Carolee Schneemann, de 77 años. Además, ha seleccionado la obra de otras mujeres que no fueron reconocidas en su momento, como Sheila Hicks, de 83 años, o Anna Halprin, de 96 años. ¿Quiere reparar una injusticia?

No me lo planteé así, aunque sí ha habido una injusticia respecto a la falta de reconocimiento de las artistas de esa generación. Por suerte, las cosas están cambiando. No las escogí por eso, sino porque tengo aprecio por su trabajo. Pero si sirve para reparar un agravio, ya es más que hora.

La escritora Siri Hustvedt dice que las mujeres artistas son ignoradas hasta que envejecen. “Cuando ya no cuentan con una sexualidad deseable, puede llegar el reconocimiento”, sostiene.

Siento estar en desacuerdo con una escritora que me gusta. Ese fue un problema de los años sesenta o setenta. Desde los ochenta, se ha producido un cambio notable. En mi exposición en la Bienal habrá muchas mujeres jóvenes, como Rachel Rose, Dawn Kasper, Katherine Nuñez o Issay Rodríguez. Dicho esto, no las escogí por ser mujeres. No soy alguien que meta a hombres y mujeres en categorías distintas. No presté atención ni al género, ni a la edad, ni a la nacionalidad.

Lleva 17 años buscando talentos de futuro para el Centro Pompidou. ¿Qué aspecto cree que tendrá el arte a diez años vista?

No soy vidente, así que no tengo una idea precisa. Pero si he incluido a artistas jóvenes en la muestra –los más jóvenes tienen 25 años– es para ver qué brotes echan. Algunos de ellos tienen una relación con el saber o el conocimiento que resulta sorprendente, teniendo en cuenta que forman parte de la generación que creció con Internet. Forman parte de un mundo virtual y tecnológico, pero a veces también miran al pasado. Es una generación que me devuelve la esperanza, a diferencia de otras que ven el futuro de manera excesivamente desesperada.

(París / 4-5-2017)

PIONERAS DE LA CIENCIA (1)


Según datos de la Unesco, sólo el 28% de las personas que se dedican a la investigación científica en todo el mundo son mujeres. Incluso en un campo profesional como la ciencia, que lleva el progreso en su propia naturaleza, aun persiste un profundo abismo de género, y ni siquiera los estados con un mayor desarrollo social se libran de él: por ejemplo, en Suecia las mujeres son mayoría en las aulas de la Universidad, con un 61%, pero la proporción decae al 49% en los estudios de doctorado y al 37% en la investigación. Las regiones de mayor peso científico, como Norteamérica y Europa Occidental (32% de investigadoras), no salen mejor paradas que otras emergentes, como Latinoamérica y Caribe (44%).

Tampoco tiene nada de raro que los nombres de las científicas sean más desconocidos para el público, teniendo en cuenta, como dato ilustrativo, que sólo 17 mujeres han recibido premios Nobel de ciencia desde 1901 hasta 2015. Una de ellas está entre las cuatro personas distinguidas con dos galardones, y es probablemente la científica más popular, la franco-polaca Marie Curie. Pero más allá de la célebre descubridora del polonio y el radio, hay todo un elenco de pioneras de la ciencia que lograron abrir brecha en el conocimiento y en un mundo dominado por los hombres. En el Día Internacional de la Mujer, recordamos unos brillantes ejemplos.

Merit Ptah (c. 2700 a. C.)

Varias referencias citan a la médica egipcia Merit Ptah como la primera mujer científica de cuyo nombre existe registro. Habría vivido en torno al año 2.700 a. C., lo que la situaría en la Dinastía II, en el Período Arcaico del Antiguo Egipto. Sin embargo, las referencias son confusas: algunas hablan de una presunta inscripción en una tumba del Valle de los Reyes, lo cual es un anacronismo, ya que este lugar no comenzó a utilizarse como necrópolis hasta el siglo XVI a. C., unos 1.200 años después. Es más plausible otra versión que la sitúa en la necrópolis de Saqqara, cercana a la antigua Menfis y que sí sirvió como lugar de enterramiento desde la Dinastía I.

Merit Ptah no era una excepción en su época; las mujeres practicaban la medicina en el antiguo Egipto, muchas de ellas en la especialidad de obstetricia. Tal vez el nombre de Merit Ptah se conservó porque su hijo fue sumo sacerdote y dejó referencia escrita a ella como “jefa de médicos”. Por las fechas, Merit Ptah rivaliza en antigüedad con Imhotep, el polímata que diseñó la pirámide escalonada de Saqqara y al que a menudo se considera el primer científico con nombre conocido. Este título símbólico podría reclamarse para Merit Ptah, cuyo nombre hoy designa un cráter de impacto en Venus.

Émilie du Châtelet (1706-1749)

La marquesa de Châtelet, nacida Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, estaba predestinada a una vida cortesana por la posición de su padre, jefe de protocolo del Rey Sol, Luis XIV de Francia. Dentro de ese destino entraba el matrimonio de conveniencia con un militar, que le consiguió el título de marquesa. Pero desde pequeña ya había mostrado sus cartas: cuentan que a sus tres años un criado le hizo una muñeca vistiendo un gran compás de madera. Émilie aceptó el regalo, pero desnudó el compás y comenzó a trazar círculos con él.

Du Châtelet cumplió con su rol como esposa dando a luz a tres hijos, pero a partir de entonces se entregó a la ciencia en cuerpo y alma. En cuerpo, porque en ese empeño tuvo un peso relevante su relación amorosa con Voltaire, quien se instaló en su casa con el consentimiento de su marido, que solía estar siempre en campaña. Los dos amantes cultivaron juntos su pasión por el conocimiento, e incluso compitieron un premio de la Academia de París con sendos ensayos sobre la naturaleza del fuego. El trabajo de Du Châtelet fue el primero de una mujer publicado por la Academia francesa.

Las contribuciones de Du Châtelet fueron numerosas, pero sobre todo se la recuerda por su traducción al francés de los Principia Mathematica de Isaac Newton, a los que añadió comentarios como un concepto innovador de la conservación de la energía. De ella escribió Voltaire que fue “un gran hombre cuya única culpa fue ser una mujer”. Y por culpa de esta condición murió, a causa de las complicaciones tras el parto de su cuarto embarazo.

Caroline Herschel (1750-1848)

El de Herschel es un apellido históricamente ligado a la astronomía. William Herschel es mundialmente conocido como el científico que descubrió el planeta Urano. Su hijo John continuó su trabajo astronómico y cultivó otras ciencias. Pero hubo un tercer miembro de la familia, a menudo injustamente olvidado: Caroline, hermana de William.

Como otras mujeres científicas, Caroline Herschel tuvo que hacer frente a circunstancias muy adversas y a un destino ya escrito. En su caso, el de Cenicienta: debido a una enfermedad que sufrió de niña, su estatura se quedó en un metro treinta. Asumiendo que nunca se casaría, sus padres la criaron para el servicio doméstico. Cuando su padre murió, su hermano William, emigrado desde su Alemania natal a Inglaterra, la invitó a instalarse con él para ocuparse de su casa. Así lo hizo, y de paso aprendió la profesión de su hermano, que por entonces no era la astronomía, sino el canto.

William dedicaba su tiempo libre a fabricar telescopios y observar el firmamento, y con el tiempo Caroline se sumó. Fue la primera mujer en recibir una pensión de la Corona británica como científica, la primera en ver su trabajo publicado por la Royal Society y en descubrir un cometa, además de numerosos grupos de estrellas y nebulosas. Nunca aprendió a multiplicar: llevaba siempre en el bolsillo una chuleta con las tablas.


Mary Somerville (1780-1872)

La historia de la escocesa Mary Fairfax comienza como la de tantas otras mujeres de la sociedad acomodada de su tiempo: bailes y reuniones sociales, un padre que se oponía a sus estudios y un matrimonio con un primo lejano, Samuel Greig, que también se oponía a sus estudios. Pero fue clave en su vida que su marido solo viviera tres años más, lo que le permitió por fin dedicarse a sus estudios.

Mary Somerville, apellido tomado de su segundo marido, fue polímatacultivó las matemáticas, la física y la astronomía. Tradujo al inglés la mecánica celeste de Laplace, quien en una ocasión le dijo que sólo había tres mujeres que entendieran su trabajo: ella, Caroline Herschel y una tal señora Greig; el francés ignoraba que la tercera también era ella. Somerville se relacionó con algunos de los principales científicos de su tiempo. Influyó en James Clerk Maxwell y sugirió la existencia de Neptuno, que después John Couch Adams demostraría matemáticamente. Fue tutora de Ada Lovelace, la hija de Lord Byron que trabajó con Charles Babbage en sus primeras máquinas de computación.

Somerville fue una de las dos primeras mujeres, junto con Caroline Herschel, en ser admitida en la Royal Astronomical Society. Hoy se la recuerda como una de las científicas más grandes de la historia; tal vez la más importante, ya que su trabajo además motivó el término por el que todos sus colegas han sido conocidos desde entonces: fue en una revisión de su obra On the Connexion of the Physical Sciences donde en 1834 William Whewell acuñó el término scientist, científico, para referirse a los que hasta entonces eran “hombres de ciencia” o “filósofos naturales”.

(7 / 3 / 2016)

FRANCISCO BILBAO: ENTRE EL PROYECTO LATINOAMERICANO Y EL GRAN MOLUSCO (*)


por Alvaro García San Martín (**)

PRIMERA ENTREGA

En este artículo se sostiene la tesis de una singularidad de sentido en el empleo del nombre América Latina por parte de Francisco Bilbao. Se discuten las tesis al respecto de J. Phelan, A. Ardao, M. Rojas Mix, P. Estrade, M. Quijada, V. Romero y W. Mignolo sobre la base de documentación inédita y se muestra la difícil posición del nombre en el contexto geopolítico de los imperialismos rivales del siglo XIX por parte de Francisco Bilbao, entre su primera ocurrencia de empleo en 1856 hasta su denegación en 1862.

Palabras clave: América Latina, Latinoamérica, Iberoamérica, Hispanoamérica, Francisco Bilbao.

Se conoce desde hace algún tiempo la importancia de una carta de Lamennais sobre el pensamiento y la obra de Francisco Bilbao, carta fechada en París el 5 de diciembre de 1853. Ella puede servir de hito para distinguir dos grandes épocas en la carrera intelectual de Bilbao (1823-1865). La primera comprendería el periodo desde su regreso a Santiago desde Lima a comienzos de 1839 hasta su partida de Lima hacia París en mayo de 1855. La segunda comprendería el periodo entre su llegada a París en julio de 1855 y el último periodo de su producción en Buenos Aires a fines de 1864. La carta sería un hito para esta diferenciación si en ella apareciera la idea de una América latina, y si esa proposición diera lugar a la instancia de empleo del nombre "la América latina" acontecida en la Iniciativa de la América, conferencia leída por Bilbao en París el 22 de junio de 1856, publicada dos días después, y que es, hasta donde se sabe, el documento de la primera ocurrencia de su utilización. El propósito de este artículo es volver a este aserto y discutir la cuestión del empleo de la expresión en Bilbao desde nueva documentación a la vista.

Edmundo O'Gorman propuso en 1958, en lugar de la idea del descubrimiento de América, la idea de una invención de América por Europa.2 En 1968, John Phelan tomó la hebra de la distinción entre las dos Américas, la latina y la sajona, y siguiendo la pista a la idea de América Latina, concluye que se trata también de una invención europea. América Latina, dice, "fue concebida en Francia durante la década de 1860, como un programa de acción para incorporar el papel y las aspiraciones de Francia hacia la población hispánica del nuevo mundo".3 Concretamente, habría aparecido por primera vez en un artículo de L. M. Tisserand titulado "Situation de la latinité", fechado el 1° de junio de 1861, publicado en la Revue des Races Latines. Sólo con posterioridad, añade Phelan, habría sido implementada por "dos autores hispanoamericanos que residían desde hacía mucho tiempo en Francia".4 Esos dos hispanoamericanos aludidos por Phelan son, seguramente, el colombiano José María Torres Caicedo y el argentino Carlos Calvo. Ninguna alusión existe en el artículo de Phelan, hasta donde advertimos, al papel desempeñado por Bilbao en el mencionado bautismo.

En 1965, sin embargo, Arturo Ardao indicaba fechas anteriores y empleos más complejos del nombre. Este trabajo inicial de Ardao fue el comienzo de una investigación mayor sobre el origen del nombre "América Latina" publicado en 1980, investigación en la que concluye que l'Amerique latine es una idea francesa en cierto sentido, pero que el empleo francés del nombre es posterior a la instancia de la primera ocurrencia de utilización. El nombre es "obra de hispanoamericanos, no de europeos", dice Ardao en contra de Phelan.5 De inspiración francesa, el nombre "la América latina" sería anterior a su uso francés y sería, concretamente, localizable en el poema Las dos Américas de Torres Caicedo, poema fechado en Venecia el 26 de septiembre de 1856 y publicado en El Correo de Ultramar el 15 de febrero de 1857. Ardao advierte el empleo de la expresión en la conferencia de Bilbao, pero no le asigna a esa ocasión de empleo más relevancia que la de "un paso", que califica de "vacilante", "ocasional" y "esporádico". No insistiría Bilbao en ella con posterioridad y no daría lugar, entonces, esa instancia de empleo, a su uso y consolidación posterior,6 cuyo uso pertenecería a Torres Caicedo, quien habría, frente a la amenaza de la presencia yanqui en Centroamérica en ese mismo momento, creído encontrar "en las tradiciones de la latinidad un nuevo horizonte histórico de inspiración y de cohesión para nuestra América".7

El libro de William Crawford publicado en 1944,8 traducido en 1966,9 y las obras de Leopoldo Zea de 194910 y de 1965,11 aunque de muy distinto carácter y alcance, suscitaron primero un artículo de Oscar Kubitz en 1960,12después un ensayo de Salomon Lipp en 1975,13 y, finalmente, otro artículo de Frank Spindler en 1980.14 Este último tiene la particular relevancia de haber seguido de cerca la relación de Bilbao y Lamennais y, pese a que en ocasiones desacierta, llamó la atención sobre una carta de Lamennais dirigida a Bilbao y su respuesta, acerca de la referencia en ellas al manifiesto del Comité Latino de París y sobre la proposición de unificación de las naciones latinas. Las contribuciones de Louis Miard en 1982 respecto a las influencias de Lamennais, Quinet y Michelet a mediados del siglo XIX en América Latina a través de Bilbao15 permitieron abrir, sin embargo, un capítulo distinto a la cuestión del nombre.

Estas relaciones discipulares de Bilbao las tiene en cuenta Miguel Rojas Mix en un trabajo suyo de 1986: "¿Quién fue el primero en hablar de América latina? ¿Bilbao o Torres Caicedo? ¿Quién lo escuchó de quién? o ¿A quién se lo escucharon ambos?".16 A esas influencias no les asigna empero una relevancia gravitacional. En medio del tráfico de las significaciones de la latinidad de entonces, según otro trabajo suyo de 1991,17 la expresión "la América latina" encontraría en Bilbao un alcance de sentido singular, y significativamente se hallaría en él tanto su primer empleo como su abandono posterior. Bilbao instala el nombre con motivo de la Intervención norteamericana en Nicaragua en 1856 y, después, deja de emplearlo con motivo de la Intervención francesa en México en 1862. Rojas Mix sugiere en ello una influencia de La expedición de México (1862) de Edgar Quinet. Pero entonces su uso, para Rojas Mix, en contra de la tesis de Ardao, no es un uso simplemente esporádico o meramente ocasional. El desembarco de las tropas francesas en México y la crítica al panlatinismo por Quinet opera, sin duda alguna, un efecto en esa decisión: "Cuando lo abandona es porque ve que sirve para legitimar el colonialismo francés", dice Rojas Mix. En Bilbao, el nombre tendría una significación propia, y sería la misma que perduraría hasta hoy, a saber, una significación decisivamente antiimperialista, y por eso a Bilbao se debería "el hallazgo de América Latina" y "la fundación del término en que hoy reconocemos nuestra identidad".18 El Post-Dictum de la Iniciativa de la América aparece fechado el 24 de junio. La conferencia había sido leída "el día 22 de junio de 1856, en París, en presencia de treinta y tantos ciudadanos pertenecientes a casi todas las Repúblicas del Sur", en el contexto de una reunión en protesta por la Intervención norteamericana.19 Rojas Mix especula sobre la asistencia, ciertamente probable, de Torres Caicedo a la conferencia de Bilbao, y sobre una posible influencia ejercida por Bilbao sobre el poema de Torres Caicedo que es tres meses posterior. "Hasta donde he podido seguir su pista, el primero en emplear el apelativo fue el chileno Bilbao", concluye Rojas Mix y "le siguió el colombiano Torres Caicedo".20

Frente a la recomendación de la Real Academia Española en 1992 en el sentido de "la reinstalación en la nomenclatura oficial de los términos Hispanoamérica e hispanoamericano", "o los de Iberoamérica e iberoamericanos, siempre que se quiera aludir también a los hermanos brasileños", y "se abandonen las voces ajenas y equívocas de Latinoamérica y latinoamericano", Paul Estrade identifica en 1994 el motivo de la recomendación académica en la tesis de Phelan y convoca en su favor las investigaciones de Ardao y de Rojas Mix:

Hasta donde está averiguado, la expresión 'América Latina" se inventó en 1856 para ser lanzada en son de reivindicación identitaria y de manifiesto político. Surgió con motivo de la invasión de Nicaragua por los mercenarios de William Walker, y como protesta contra la misma y también contra la potencia que, bajo ese disfraz, trataba de llevar a cabo su gran designio expansionista a expensas del Sur, después de haberlo logrado hacia el Oeste a expensas de México. En París fue —eso sí, y no es casual— donde brotó el término de "América Latina" del cerebro de unos latinoamericanos conscientes del peligro del Norte, conscientes de la urgencia de la unión del Sur, conscientes de la necesidad de un concepto definidor y unificador después de decenios de indecisión en la América, antes española y aún sin nombre genuino. El 22 de junio de 1856, en París, delante de más de treinta ciudadanos de casi todas las repúblicas del Sur, en un acto de repudio a la agresión a Nicaragua, el chileno Francisco Bilbao calificó de 'latina' a la América que defendía y promovía y evocó 'la raza latino-americana', oponiéndolas clara y únicamente a los Estados Unidos de América y al 'yankee'. Fechado en 26 de septiembre de 1856 y motivado por la misma y prolongada agresión, el poema Las Dos Américas del colombiano, exiliado también en París, José María Torres Caicedo, las enfrenta del todo: "La raza de la América latina / Al frente tiene la sajona raza. / Enemiga mortal que ya amenaza / Su libertad destruir y su pendón". Por aquellas fechas, nadie en el mundo usaba tal denominación, ni siquiera en Francia entre los adeptos de la "latinidad" incipiente.21

Estrade volvió al asunto en 1998. Esta vez para inclinarse, pensando en la consolidación del nombre, por la figuración de Torres Caicedo: "el más consecuente promotor de la nomenclatura América Latina", dice.22

También en 1998, Mónica Quijada abordó la cuestión por el lado del éxito y de la difusión del nombre América Latina", con el propósito, dice, de "devolver el papel protagónico a los principales actores de ese proceso", oponiéndose así a la tesis que ella misma llama imperialista de Phelan.23 Desde esta perspectiva, la instalación y la consolidación del nombre respondería, en parte, al interés de esos actores por inscribirse en el proceso de modernización occidental decimonónico, y respondería, en parte, pero sobre todo, al interés de constituirse como un conglomerado geopolítico suficiente para hacer frente a los expansionismos norteamericano y europeo sobre América del Sur. Con esta clave de lectura, Quijada resitúa la figuración de Torres Caicedo en la línea de Ardao y pasa casi por alto el rol de Bilbao que había destacado antes Rojas Mix.

Desde otra perspectiva, tendiente a debilitar las tesis de Ardao y de Rojas Mix, ese mismo año de 1998, Vicente Romero reconsideró la influencia sobre Bilbao de Lamennais e hizo gravitar sobre él el sentido suyo de la latinidad. Ese sentido sería el que pone en circulación el Comité Latino de París, que había fundado y lideraba el propio Lamennais, y el que se encontraría además en dos cartas de Lamennais, una de las cuales es la carta que dirige a Bilbao el 5 de diciembre de 1853. En esta carta y en el Manifiesto del Comité aparecería un sentido espiritual de la latinidad, en oposición al materialismo del mundo anglosajón, y sería éste el sentido que actuaría en la obra de Bilbao.

Es en ese molde latino de Lamennais que el chileno Francisco Bilbao formulará, rápidamente, "la 'latinidad' de su continente", dice Romero. Frente a la tesis de fondo que compartirían Ardao y Rojas Mix, para Romero resultaba "demasiado optimista, pues ella afirma la existencia de una 'identidad' y de una 'conciencia' latinoamericanas", "nos situamos", dice Romero, "como franco tiradores escépticos".24

Esta tesis optimista, sin embargo, refleja, según nosotros, información insuficiente. Dice Romero:

Es Lamennais el que pretende hacer de esta oposición [latino/sajón] el principio que oriente la obra y la acción de Bilbao en América, como también es él quien, por intermedio de una carta fechada en los primeros días de diciembre de 1853, propondrá a su discípulo, junto al "catolicismo social", su nueva visión, y le insta a actuar para levantar "un contrapeso" latino en ese continente: "Tenga por seguro que no hay nada que esperar de la América española mientras esta siga sometida a un clero imbuido de las más detestables doctrinas, de una ignorancia sin límites, corrompido y corruptor. La Providencia la ha destinado a formar el contrapeso de la raza anglosajona, que representa y representará siempre a las fuerzas ciegas de la materia en el Nuevo Mundo. Esta bella misión, sólo la podrá cumplir desprendiéndose de los lazos de la teocracia, uniéndose y confundiéndose con las otras dos naciones latinas, la nación italiana y la nación francesa. [...] Usted puede apreciar, en el pequeño folleto que acompaña a esta carta, como ha comenzado a realizarse esta unión. Ella responde a la naturaleza, a la necesidad, por ello se realizará. Trabaje en esta obra, y que Dios bendiga vuestros esfuerzos". Antes de la recepción de esta carta, no se encuentra en Bilbao la oposición sajón/latino como principio de acción. Era "igualitario", espiritualista y un puente lo unía a la civilización sajona: su espíritu casi puritano de libertad. Es después de la recepción de esta carta que encontramos en sus escritos algunas referencias al problema de las diferencias y oposiciones entre las civilizaciones sajona y latina. En especial en su Mensaje del proscrito a la nación chilena (1854). Dos años más tarde, Bilbao vuelve sobre este problema en su conferencia en París Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas empleando entonces las fórmulas hoy día consagradas.25

La aparente evidencia que propone esta lectura puede disolverse si la confrontamos con la siguiente observación. Romero consulta las Obras Completas de Francisco Bilbao en la edición de Manuel Bilbao, un volumen de 300 páginas que reúne los escritos de Bilbao entre mediados de 1851 y fines de 1853, y que no incluye La revolución en Chile y los mensajes del proscrito (Lima, 1853). Esta ausencia es decisiva, puesto que Romero no puede advertir que la oposición latino/sajón en Bilbao es algo anterior. Ella remonta, mirando ese volumen, al primero de sus artículos tras su huída de Chile en julio de 1851, titulado La definición, originalmente publicado en el diario El Comercio de Lima el 17 de septiembre de 1851, y se encuentra con posterioridad en Necesidad de una nación, originalmente publicado en la Revista Independiente de Lima a fines de diciembre de 1853. Es seguro que a estos escritos a los que se refiere el propio Bilbao en su carta de respuesta a Lamennais cuando dice: "El pensamiento de vuestra carta ha venido a imprimir la autoridad de vuestra palabra a la obra que he ejecutado en este país. Sucedía que yo había escrito en el mismo sentido." 26 Antes de la carta, pues, Bilbao había escrito en la misma dirección, "en el mismo sentido", dice. Lo que hay todavía que comprender es justo en ese sentido, anterior a la carta y el mismo de la carta. También para nosotros la carta de Lamennais es gravitante, le otorgamos el carácter de hito en su virtud, pero es insegura, para nosotros, la tesis de un rol funcionario en el empleo de la expresión.

Para Walter Mignolo, en años recientes, "América" es la invención europea de la primera modernidad, como "América Latina" lo es la de la segunda modernidad. La primera corresponde a la etapa colonial, como la segunda a una segunda forma de colonialidad. Dice Mignolo: "La 'idea' de América Latina es la triste celebración por parte de las élites criollas de su inclusión en la modernidad, cuando en realidad se hundieron cada vez más en la lógica de la colonialidad".27 En el nuevo escenario global, después del declive de España como potencia imperial, determinado por el conflicto entre Inglaterra y Francia como imperialismos rivales, y Rusia insinuándose en esa rivalidad, la intelectualidad criolla hispanoamericana emancipada habría buscado un amparo ante la avanzada de Estados Unidos sobre América del Sur y la habría encontrado, creído encontrarla, en la ideología francesa de la latinidad. Para Mignolo, entonces, América Latina no es sólo un nombre que designe una entidad ni expresa la conciencia de una identidad. Para Mignolo, América Latina constituye un "proyecto político". Y es, en relación a ese proyecto que resulta interesante, a diferencia de Torres Caicedo, la posición de Bilbao. Tomando una hebra del texto de Rojas Mix, dice Mignolo:

Ubicado en la encrucijada de una nueva subjetividad disidente y una reconfiguración del orden mundial, Bilbao fue crítico de las ambiciones imperiales de Europa, Estados Unidos y Rusia, y en especial de las de Francia, que incursionaba en territorio mexicano y pretendía controlar a 'América Latina' luego de la salida de España y la focalización de Inglaterra en Asia y África. [...] Así, la discontinuidad de Bilbao inaugura una perspectiva crítica que tiene el potencial de dejar al descubierto la omnipresente rearticulación de la colonialidad del poder durante el siglo XIX por medio del concepto de latinidad.28

Notas

1 Buenos Aires, Imp. y Lit. de J. A. Bernheim, 1857. La revista fue fundada, dirigida y en gran parte redactada por Francisco Bilbao. La imagen reproducida figura en la portada.
2 Edmundo O'Gorman, La invención de América, 3ª ed., México, FCE, 2006.         
3 John Leddy Phelan, "Pan-Latinism, french Intervention in Mexico (1861-1867) and the genesis of the Idea of Latin America", en Conciencia y autenticidad históricas. Escritos en homenaje a Edmundo O'Gorman, México, UNAM, 1968, pp. 279-298.         
4 Ibid., p. 473.
5 Arturo Ardao, El origen de la idea y el nombre de Améica Latina, Caracas, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 1980, p. 60.         
6 Ibid., pp. 81-82.
7 Arturo Ardao, "Panamericanismo y latinoamericanismo", en Leopoldo Zea [coord.], América Latiría en sus ideas,México, Buenos Aires, Madrid, UNESCO/Siglo XXI, 1986, p. 159.         
8 A Century of Latin-American Thought, Harvard, Harvard University Press, 1944.         
9 El pensamiento latinoamericano de un siglo, trad. de María Teresa Chávez, México, Limusa-Wiley, 1966.         
10 Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica, México, El Colegio de México, 1949.         
11 El pensamiento latinoamericano, 3ª ed., México, Pormaca, 1965, Barcelona, Ariel, 1976.         
12 "Francisco Bilbao's Ley de Historia in Relation to the Doctrines of Sarmiento and Lamennais", Philosophy and Phenomenological Research, vol. 20, núm. 4, junio de 1960, pp. 487-502. Véase traducción de Rodrigo Naranjo en Archivos de Filosofía, núms. 6-7, 2011-2012.         
13 Three Chilean Thinkers: Bilbao, Letelier, Molina, Waterloo, Ontario, McGill University Press, 1975.         
14 "Francisco Bilbao, Chilean Disciple of Lamennais", en Journal of the History of Ideas, vol. 41, núm. 3, julio-septiembre de 1980, pp. 487-496. Véase traducción de Rodrigo Naranjo en La Cañada, núm. 3, 2012. En www.revistalacañada.cl.        
15 "Francisco Bilbao: un disciple de Lamennais, Michelet et Quinet en Amerique du Sud", en número especial deCahiers Mennaisiens, núms. 14-15, Brest, Société des Amis de Lamennais, 1982.         
16 "Bilbao y el hallazgo de América Latina: unión continental, socialista y libertaria...", en Caravelle, Cahiers du Monde Hispanique et Luso-Brésilien, núm. 46, Université de Toulouse-Le Mirail, 1986.
17 "Francisco Bilbao y el hallazgo de América Latina", en Los cien nombres de América, Barcelona, Lumen, 1991, pp. 343-356.         
18 Ibid., p. 346.
19 Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas, París, Imprenta de D'Aubusson y Kugelmann, 1856, p. 3.         
20 Rojas Mix, op. cit., pp. 343 y 344.
21 "Observaciones a Don Manuel Alvar y demás académicos sobre el uso legítimo del concepto de América Latina", en Rabada, núm. 13, Huelva, 1994, pp. 79 y 80.         
22 "Del invento de 'América Latina' en París por latinoamericanos (1856-1889)", en Jacques Maurice y Marie-Claire Zimmermann [comp.], París y el mundo ibérico e iberoamericano, Actas del XXVIII Congreso de la Sociedad de Hispanistas Franceses (S.H.F.) (París, 21, 22 y 23 de marzo, 1997), Nanterre, Université París X, 1998, pp. 179-188.         
23 "Sobre el origen y la difusión del nombre 'América latina' (o una variación heterodoxa en torno al tema de la construcción social de la verdad)", en Revista de Indias, vol. LVIII, núm. 214, 1998, pp. 595-616.         
24 Vicente Romero, "Du nominal 'latin' pour l'Autre Amérique. Notes sur le naissance et le sens du nom 'L'Amerique latine' autour des années 1850", en HSAL, núm. 7, primer semestre, 1998, pp. 57-86. Hay traducción de Alejandro Madrid Zan, en Archivos de Filosofía, núms. 1-5, 2009-2010, pp. 393-422.         
25 Vicente Romero, "Del nominal 'latino' para la Otra América. Notas sobre el nacimiento y el sentido del nombre 'la América latina' en torno a los años 1850", pp. 412-413.         
26 Carta de Bilbao a Lamennais, 30 de abril, 1854.         
27 Walter Mignolo, La idea de América Latina, Barcelona, Gedisa, 2005, p. 81.         
28 Ibid., p. 93.


Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos
versión On-line ISSN 2448-6914versión impresa ISSN 1665-8574 / nº 56 México ene./jun. 2013

* Este artículo es parte del Proyecto de Investigación FONDECYT núm. 1111041: "Francisco Bilbao y el proyecto latinoamericano".


** Universidad Metropolitana, Santiago de Chile (agarciasnm@gmail.com).
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+