miércoles

SANDINO NÚÑEZ (2): HUMANIDAD 2.0: EL CAPITALISMO ALCANZA SU CONCEPTO


I (2)

No hay, obviamente, entre la positividad o la solidez del modo de producción capitalista (la máquina técnica de producir valor de cambio) y la nube neutra de la ontología del capital (la circulación como el funcionamiento perpetuo de esa máquina), una relación del tipo base (técnica, económica, productiva)/superestructura (cultural, ideológica, teórica), como dos positividades que deben ser articuladas. Tarde o temprano, aunque esa articulación se diga o se quiera dialéctica, siempre habrá una instancia positiva (la base, para el diamat) que va a aparecer como la verdad de la otra. Debemos pensar esta “articulación” más bien como un continuo neutro-positivo o positivo-neutro, como ya hemos dicho: una neutralidad que es siempre ya positiva y una positividad que es siempre ya neutra, enlazadas en una fuerza de resistencia que siempre impide, retarda o arruina la potencia negativa del pensamiento. Si algún interés hubiera aún en cierta disputa por las palabras y los ismos, diría que hay que situar en este punto el verdadero materialismo: no en la creencia en cosas, objetos o relaciones independientes del pensamiento y las prácticas (la creencia ingenua —y para mí, profundamente idealista— en un ser sin modos, sin lenguaje y sin historia, o su contrapartida, que sostiene que solamente hay modos históricos de decir), sino en la aceptación de un real irrepresentable (neutro, enactivo, técnico) que es condición de posibilidad de toda actividad de representación y que al mismo tiempo es lo que la impide y la arruina.

Voy a repetir que el entendimiento realiza su operación de abstracción formal (la potencia absoluta, dice Hegel) sobre una abstracción real (Sohn-Rethel) que ya había ocurrido. Lo expreso de otro modo: la objetivación de algo como la realidad y su separación del lenguaje instrumental que la dice, la denota o la significa, inscribe siempre ya un saber enactivo de prácticas o actividades o técnicas sociales y socializantes. Esa inscripción de la actividad subjetiva en el centro mismo de la objetalidad del objeto no puede ser representada sin que todo el sistema de la realidad y de los objetos se arruine. Para poner las cosas en una secuencia un poco artificiosa, podría decirse que vamos del saber enactivo, de una especie de memoria corporal o de memoria técnica de las prácticas que nos socializan, a la objetalidad y objetividad de un ser y un mundo que pueden ser conocidos o dichos en el lenguaje. Y esa memoria corporal o técnica, zócalo de la representación, queda inscripta en toda la estructura como un remanente sin representar. Es una neutralidad práctica que “vive” en la positividad formal de ese mundo objetivo que el entendimiento conoce y mide. Cada vez que el entendimiento sintetiza un enunciado de conocimiento objetivo, en realidad conoce sus propias operaciones, sus propias técnicas y sus propias prácticas, que se confirman permanentemente y se incrustan cada vez más profundamente en la objetividad misma de la verdad, como una especie de fuga maníaca, impidiendo la aparición de Das Negative.

Con esta perspectiva podemos observar que en la modernidad no se construye un mundo objetivo (que el entendimiento “ve”) sino más bien una máquina o un sistema tecno-económico global de conexiones, prótesis, herramientas, instrumentos e interfaces sujeto-objeto —con la máscara de un mundo objetivo—. Pero esta máscara de objetividad no es una “operación ideológica” que se agrega luego, sino que es constitutiva, es necesaria (“la ilusión objetivamente necesaria” de la que habla Marx en el capítulo sobre el fetichismo de la mercancía). La objetividad misma (el concepto de objeto o de leyes objetivas) es parte de la interfaz histórica sujeto-objeto. El sujeto ha quedado siempre ya inscripto en la objetividad. O quizás: la negatividad (del sujeto) ha quedado sepultada, como neutralidad (enactiva, funcional, técnica), en la positividad (del objeto). La negación no ha tenido la fuerza o la paciencia suficientes para traer a la neutralidad al campo de las prácticas del sujeto. Así, esta condición de positividad, este modo en el que el mundo se nos aparecía como objetalidad inmediata, en la modernidad clásica (digamos), todavía parecía empujar a una intervención negativa directa, siempre excesiva o insuficiente o prematura —y quizás eso ha sido una parte decisiva del problema de la tradición crítica al modo de producción: la invisibilidad de la neutralidad real de la tecnología. Todavía era posible interponer un recurso interpretativo ante un mundo que estaba ahí, como un deslumbrante paisaje objetivo: idola, “visión del mundo”, representación o discurso, proyección de un sujeto, ideología o síntoma legible sin residuos, una especie de hermenéutica o semiótica o psicoanálisis social. Se buscaban sentidos profundos y secretos, reprimidos, ocultos y velados por la superficie de las conductas, los discursos o los propios objetos. Entonces la dimensión técnica, la interfaz como punto indeleble y fundante de toda representación, la relación funcional entre el cuerpo y la máquina, esa neutralidad ergonómica y enactiva envolvente en la que la máquina es cuerpo y el cuerpo es máquina, se perdía, suspendida en un cortocircuito entre la objetalidad natural, helada y asignificante (el paisaje de los objetos, la distancia entre el ojo y el funcionamiento objetivo del mundo), y la representación como proyección de un sujeto sobrenatural cargado de sentido, intenciones e intereses. Como vimos en “El autómata & los enanos”, en una primera instancia la máquina técnica es o bien vivida simplemente como una realidad natural que siempre ha estado ahí, o bien interpretada como la escena de un otro (clases dominantes, ideas hegemónicas) que se impone o nos engaña. Hemos llamado a esta instancia interpretativa “simbolización prematura”: nuestra crítica cultural clásica al capitalismo parecería haber cometido el “error” de historizar antes de tiempo, parecería haber reaccionado en una especie de exceso hermenéutico, en una especie de derroche de sentido ante el mundo glacial y asignificante del objeto.

Pero hoy, entiendo, estamos en una instancia ulterior: ya no estamos parados ante el paisaje de la objetividad natural y eterna del mundo y la realidad, sino, otra vez, sumergidos en el ambiente o respirando el aire de la neutralidad natural y eterna del saber-funcionar, de lo enactivo y de nuestras propias prácticas técnicas y tecnológicas. Ya no “vemos” el mundo sino que funcionamos en el mundo de acuerdo a los principios económicos básicos incuestionables que rigen a todos los sistemas o a todos los juegos (pericia, desempeño, rendimiento, resultados) y de acuerdo a los modos y a las lógicas técnicas más apropiadas (táctica, estrategia, previsiones, cálculos). La realidad no es ya el distante paisaje de los objetos o la enorme máquina del universo, sino el funcionamiento mismo del todo, y específicamente, nuestra propia interfaz con ese funcionamiento global: la adaptación, la evolución técnica, la resonancia de lo real del cuerpo con el todo. Si en la era tecnológica temprana de la modernidad (siglos XVI y XVII) habíamos ido, en la abstracción real, desde las prácticas y el funcionamiento al paisaje visual de la objetividad, ahora, en el ambiente capitalista tardío, parece desandarse ese camino: volvemos una vez más a las prácticas, al funcionamiento y al saber-funcionar. La gran diferencia es que ahora esa enactividad y ese saber-funcionar crea un nuevo campo de objetividad, una “objetividad de segundo grado” que desplaza al anterior del centro de interés, y que al mismo tiempo lo presupone y lo realiza como una nueva neutralidad. Ya no contemplar y describir la objetividad del funcionamiento de la máquina del universo o desnudar y revelar su esencia o su verdad, sino modelizar operativamente nuestra propia participación en ese funcionamiento, dar una entidad sustancial al saber-funcionar para operar directamente sobre él con el propósito de completarlo, mejorarlo y perfeccionarlo. Estamos en una pragmática extrema que incorpora al lenguaje como fenómeno de código y a la teoría como una consola de control, en una posición de instrumentalidad radical: todo lenguaje y toda teoría obedece inmediatamente a una lógica de gestión, ajuste, corrección y  perfeccionamiento de la interfaz, de la acomodación y del saber hacer.

martes

OPINIONES: 12 años de elMontevideano Laboratorio de Artes.



https://www.youtube.com/watch?v=ju3VoNSN51s&spfreload=5


Mariluz Suarez, traductora, dramaturga Mexicana nos brinda su opinión con motivo de los 12 años de elMontevideano Laboratorio de Artes.

Recordarte también que el 15 de setiembre festejamos nuestros 12 años y queremos compartir contigo en el Paseo de la Matriz,  Juan Carlos Gomez 1420 entre Rincón y 25 de mayo, siendo la entrada libre y gratuita, encontrarnos, brindar y soñar nuevos caminos posibles, juntos.


ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 183


DÉCIMA PARTE

RECUPERAR NUESTRO LADO OSCURO MEDIANTE LA INTUICIÓN, EL ARTE Y EL RITUAL

41: ASUMIR LA RESPONSABILIDAD DE NUESTRA PROPIA SOMBRA

Ken Wilber (4)

Así pues, si queremos -a modo de experimento personal- saber cómo ve el mundo nuestra sombra, ni tenemos más que asumir exactamente lo opuesto de lo que conscientemente deseemos, queramos, sintamos, necesitemos, intentemos o creamos. De ese modo, podremos establecer contacto consciente con nuestros opuestos, expresarlos, representarlos y, por último, recuperarlos. Después de todo, la sombra siempre tiene algo que decir y o bien nos apropiamos de ella o ella se apropia de nosotros. Si algo hemos aprendido en cada uno de los ejemplos que hemos ofrecido en este capítulo es que o bien tratamos sensatamente de ser conscientes de nuestros opuestos o nos veremos obligados a tomar conciencia de ellos.

Ahora bien, utilizar los opuestos, ser consciente y, finalmente, re-apropiarnos de ellos no significa necesariamente actuar según sus dictados. Casi todo el mundo teme enfrentarse a sus opuestos por miedo a que le dominen y, sin embargo, lo que ocurre es exactamente lo contrario: sólo cuando la sombra permanece inconsciente terminamos sometidos a sus dictados  aunque estos vayan en contra de nuestra voluntad.

Para tomar cualquier decisión o elección válida debemos ser plenamente conscientes de ambos aspectos, de ambos opuestos, porque si una de las dos alternativas permanece inconsciente nuestra decisión será necesariamente inadecuada. Como lo demuestra claramente este ejemplo y el resto de los presentados en este capítulo, en cualquier área de la vida psíquica debemos afrontar nuestros opuestos y re-apropiarnos de ellos, lo cual no significa necesariamente actuar según sus dictados sino simplemente ser consciente de ellos.

A medida que vamos afrontando nuestros propios opuestos cada vez resulta más evidente -y esto es algo que no nos cansaremos de repetir- que, dado que la sombra es una faceta realmente integrante del ego, todos los “síntomas” y molestias que esta parece infligirnos son, en realidad, síntomas y molestias que nos estamos infligiendo a nosotros mismos por más que protestemos conscientemente de lo contrario. Todo sucede como si de un modo deliberado nos estuviéramos pellizcando dolorosamente a nosotros mismos y pretendiéramos, al mismo tiempo, que no es así. En este nivel, cualquier síntoma -culpa, miedo, ansiedad, depresión- es la consecuencia directa de los pellizcos “mentales” que, de un modo u otro, nos estamos dando, lo cual significa ineludiblemente -por más increíble que pueda parecernos- que ¡deseamos que el doloroso síntoma en cuestión desaparezca y permanezca al mismo tiempo!

EL JARDÍN PERFUMADO: EL ANTIGUO KAMA SUTRA ÁRABE


Este libro escrito en la Edad Media, aborda de forma muy directa el arte de la cópula, diferenciándose del Kama Sutra por profundizar a través de parábolas muy vividas, alternativas que abarcan desde el alargamiento del pene hasta posiciones sexuales; un manual que ruborizaría hasta al mismísimo Vatsiaiana (escritor del Kama Sutra) .

Hablar de libros eróticos antiguos, el más famoso y conocido es el Kama Sutra, escrito por Mal-la Naga Vatsiaiana; una obra que rinde tributo acerca de las artes amatorias desde la perspectiva religiosa hindú, que se ha abierto camino a través de los siglos gracias a sus técnicas y posiciones. No podemos dejar de nombrar al el Ananga ranga, manual sexual indio, escrito en el siglo XVI por Kaliana Mal·la.

Muchos pueden pensar que el Kama Sutra de Vatsiaiana es el único libro en su estilo, pero en el medio oriente nació otro libro muy parecido. De origen musulmán, escrito en el año 1535 por el autor Cheik Al-Nafzawi, El jardín perfumado aborda el arte del amor y el sexo con un estilo poético a través de relatos y parábolas. 

Aunque Las mil y una noches aún mantiene su lugar como el libro árabe más conocido, El jardín perfumado podría ocupar el segundo lugar. En este sentido, los ingleses se beneficiaron de sus páginas, al ser ambos libros traducidos a esa lengua por el venturero, sexólogo y orientalista Richard Burton, destacando por ser un libro medieval (de principios del siglo XV) cargada de mucho erotismo.

Así como otras obras de tinte erótico, está prohibido por muchas escuelas legales del islam y la sharia, siendo una pieza clave que demuestra que el mundo islámico albergó muchísimos textos y poemas acerca del erotismo y el sexo; que incluían hasta la homosexualidad (tan condenada en esa región) si nombramos el trabajo del poeta Abu Nuwás. Es decir el Islam (que hoy ofrece su cara más bronca) conoció amplios períodos de tolerancia y liberalidad moral. 

Al-Nafzawi era fiel creyente de Alá, en este sentido, en su libro inicia agradeciendo:

“Gracias por darnos la bendición de la sexualidad con una buena verga y una hermosa vagina, el azote del macho y la convulsión de la hembra”.

Siendo él mismo un ulema (erudito del islam) escribió El jardín perfumado para exponer con historias el arte de la cópula a través de un lenguaje, directo pero al mismo tiempo elegante con metáforas de fácil reconocimiento como “jardín perfumado” al referirse a la vagina. Aquí expone cómo el hombre y la mujer disfrutan del sexo, refiriéndose a los gustos de la mujer por la eyaculación masculina; y a las preferencias de los hombres por vaginas sin malos olores; por ejemplo. Asimismo, aconseja la cópula al estar ligero del estómago; e igualmente expone la psiquis femenina desde la sexualidad con interrogantes: hechas a una anciana como:

¿Dónde reside el entendimiento en las mujeres? Entre sus muslos…

¿Anomalía del mundo árabe?

Es sabido que en el mundo árabe es complejo el tema de la sexualidad, ya que hoy es asumido desde el tabú; en este sentido El jardín perfumado podría ser una curiosa anomalía del mundo árabe. La especialista Sarah Irving explica, cómo esta obra fue creada desde las bendiciones divinas lejos de ser una vulgar pieza de pornografía árabe clandestina:

“Estos textos fueron aprobados religiosamente. Sus consejos fueron vistos como parte de los regalos de Dios a la humanidad".

En el otro extremo de las percepciones equivocadas sobre esta región, está la representación hecha por los orientalistas, quienes la muestran como un "patio de recreo" para la sexualidad, donde las fantasías de Occidente corren libremente.
En su hipersexualizado mundo árabe, Flaubert se jacta de haber dormido con la bailarina egipcia Kuchuk Hanem, y al "turco lujurioso" le cortaron su apéndice (pene), el cual era preservado celosamente por su esclavo, de una manera que incluso Sada Abe habría aprobado.

Las dos ideas del mundo árabe -hipersexual y estéril- son, obviamente, sesgadas.

Este libro es un clásico de la literatura erótica, funcional para ser una guía de posiciones eróticas o una herramienta para desarrollar una forma más profunda de las relaciones de pareja, con la estética de los textos orientales; siendo una joya medieval que no ha perdido vigencia. Incluso, presenta opiniones sobre qué cualidades tienen los hombres y las mujeres para ser atractivo, advertencias sobre la salud sexual, recetas para remediar enfermedades sexuales, sexo entre los animales hasta una lista de nombres para el pene y la vagina y una sección sobre la interpretación de los sueños, todo abordado con un tono muy pintoresco e ilustrativo.

domingo

EVA ILLOUZ - “EL SEXO, EL ROMANCE Y EL MATRIMONIO FORMAN PARTA DEL MERCADO DE CONSUMO”


por Agustina Larrea
De visita en la Argentina, la prestigiosa socióloga marroquí, experta en analizar el rol de las mujeres y las distintas concepciones del amor a lo largo de la historia, aseguró: “La familia para los varones se tornó un asunto estrictamente emocional y no económico, mientras que para las mujeres, curiosamente, se convirtió en una opción más racional”.

Necesitamos encontrar relatos de vidas fructíferas y valiosas fuera del concepto del amor romántico". Así se refiere la socióloga marroquí Eva Illouz a lo que ella detalla como "nuevos relatos", que deberían ubicar al amor lejos de los conceptos tradicionales de familia, pareja y sexualidad ya que, según la autora, acentúan las asimetrías entre hombres y mujeres dentro del sistema capitalista. Experta en historia y sociología de las emociones, los trabajos de Illouz, reconocidos internacionalmente y traducidos a varios idiomas, intentan explicar los modos en los que el capitalismo logra calar hasta en el plano de las emociones.
De paso por la Argentina, adonde llegó invitada para participar de las jornadas del ciclo de conferencias "Santa Fe debate ideas" en Buenos Aires y Santa Fe, la autora de, entre otros libros, El consumo de la utopía romántica, Intimidades congeladasLa salvación del alma moderna y ¿Por qué duele el amor? (editados por el sello local Katz Editores), dialogó con Infobae.
¿Podría explicar cómo funciona esa asimetría que usted define entre varones y mujeres en el sistema capitalista?
Tenemos que pensar primero en el matrimonio en una era precapitalista, donde jugaba un rol económico muy importante para hombres y mujeres. El hombre necesitaba del matrimonio tanto como la mujer e incluso todavía más porque es a través del matrimonio que ellos van a adquirir y ampliar su capital o porque vía el matrimonio ellos van a tener otra persona para trabajar la tierra. Es a través de la familia que el hombre puede reclamar su dominio masculino sobre los niños, sobre quienes trabajan para él y sobre su esposa. Entonces, la familia es absolutamente central para esa economía simbólica y material en la que el hombre dominaba a la mujer a través del matrimonio. Cuando el capitalismo empieza a expandirse en la sociedad, a mediados del siglo XIX, se establece un esquema de dominación dentro de la sociedad. Se puede ver lentamente un proceso por el cual la familia se convierte en algo menos importante para la supervivencia económica. ¿Quién se adapta primero a la economía capitalista? El hombre. Entonces, para los hombres la familia se convierte en algo opcional, en algo que no es absolutamente necesario.
¿Y las mujeres?
Para las mujeres no es tan así. Hasta que las mujeres entran en el sistema capitalista y su fuerza laboral, algo que no se da completamente hasta la década de 1970, la familia se mantiene como un medio muy poderoso para ellas, que les permite sobrevivir económica y socialmente. Esto significa que el capitalismo no integró inicialmente a las mujeres sino que tomó a los varones mucho antes. Esto muestra también que la idea de familia fue algo más superfluo para los varones que para las mujeres. La familia, para los varones, se tornó en un asunto estrictamente emocional y no económico, mientras que para las mujeres, curiosamente, se convirtió en una opción más racional. La mujer quiere la familia porque entre otras cosas es la posibilidad de tener un ingreso seguro. Así se adaptan a establecerse en ese esquema mucho antes que los hombres y más si la mujer quiere ser madre y si quiere cumplir el rol social de ser madre. Entonces, es así que el capitalismo introdujo esa asimetría entre varones y mujeres sobre los roles de la familia para cada uno de ellos.
¿Cómo analiza el rol que se le asigna a la maternidad en ese contexto?
Hay aquí un cambio porque para el varón ser padre de hijos varones que llevaran su apellido era muy importante. Con el cambio de lo que llamamos "patriarcado" –porque ahora el patriarcado está expresado centralmente por la capacidad del varón de controlar a otros varones y mujeres más que nada en sus lugares de trabajo– y la capacidad del varón de acumular riqueza y de acumular compañeros sexuales, la paternidad se convirtió en algo mucho menos importante para la definición de la masculinidad. El hombre puede o no puede ser padre y eso puede no contribuir a su sensación de masculinidad. Ahora querer y tener hijos es una obligación cultural que se impone a las mujeres. Si no tenemos hijos, la sociedad muere. Entonces esa función biológica es absolutamente crucial y se ha hecho exclusivamente a las mujeres responsables de eso. A la vez, cuando ellas conocen a un hombre y quieren un hijo porque culturalmente tienen esa presión, los hombres no están ahí. Esta tarea impuesta a las mujeres de querer tener hijos se convirtió en una fuente de gran ansiedad. Por eso, entre otras cosas, se habla por ejemplo del famoso reloj biológico, que es algo novedoso, una construcción actual porque las mujeres han tenido siempre el mismo cuerpo, pero nunca se preocuparon en el pasado porque socialmente había dos pensando en tener hijos. Yo diría, antes que nada, que las mujeres deberían analizar si realmente quieren o no quieren tener hijos, y que socialmente, colectivamente, esa tarea debería ser de varones y mujeres. Si las mujeres deciden que es importante tener hijos para ellas y no encuentran un hombre, no deberían esperarlo. Deberían constituir lo que yo llamo "comunidades afectivas" entre otras mujeres y hombres que quieren tener hijos, donde se logra un marco estable de personas que se ponen de acuerdo para educar en conjunto a esos hijos. Pienso dos cosas: no hay razón por la cual las mujeres sean las únicas que se deban preocupar por la maternidad, en todo caso es un problema de la sociedad en su conjunto. Segundo, si la mujer quiere un hijo y no encuentra a alguien, no debería esperar. Los hombres deberían entender que la mujer no los está esperando más.
Entre otras presiones sociales, está muy extendida la idea del amor romántico un tanto idealizado. ¿Cómo hacen las mujeres para enfrentar esa idealización muchas veces reproducida en series de televisión, películas y demás?
Primero que nada, habría que analizar por qué el amor, en esos términos, es tan importante para las mujeres. La razón, creo yo, es porque las mujeres no tienen establecido un rol social con una posición de poder. Por eso es que las mujeres encuentran en el amor esa posición, ese lugar social que les permite ser alguien. Por otra parte, las mujeres son quienes ejercen el rol social de cuidar de otros, sea hijos, padres, ancianos, enfermos; toda tarea de "cuidar", que implica una cantidad de trabajo enorme, le queda a las mujeres. Por eso es más fácil ejercer ese rol de cuidado dentro del marco del amor. Entonces, es en el amor donde encuentran el reconocimiento social que buscan tan desesperadamente y del que carecen en otros ámbitos. Es en la relación amorosa donde se les dirá "vos sos la única, vos sos la mejor, te amo, te acompaño". Cuando no tiene esto, la mujer se percibe a ella misma como alguien socialmente débil.
¿Hay otras formas de representación posibles?
Sí, yo creo que necesitamos antes que nada encontrar relatos de vidas fructíferas y valiosas fuera de este concepto del amor romántico vinculado a la relación sexual. En eso yo creo que el cristianismo tuvo una idea extraordinaria, que creo que necesitamos resucitar, de un modo secular. Es esa idea cristiana del amor como algo no destinado solamente a una única persona sino como algo que se puede distribuir a otros por fuera del marco de la familia. Es la idea del amor fraterno donde se le puede dar un verdadero significado a otro tipo de relaciones. Es una idea en la que hay que trabajar colectivamente. Lo que pasa hoy es que las mujeres solteras que no encontraron una pareja, que tienen, por ejemplo, 50 años y no están en pareja ni tienen hijos, experimentan sus vidas como un gran fracaso. Y creo que eso es muy serio y que tendría que modificarse. Esa idea de no haber encontrado "la" pareja, el amor especial y único no debería ser considerado un fracaso. Es muy importante combatir contra ese modo de construir relatos sobre nuestras vidas y buscar relatos alternativos de vidas significativas por fuera del sendero de la familia.
¿Esto es posible esto en un mundo de redes sociales, Tinder, Match.com, y otro tipo de lugares donde se promueve que hay que encontrar siempre a alguien porque quien no lo hace de alguna manera está incompleto?
Primero que nada, es importante aclarar que todos estos lugares lo que promueven en general es que uno tiene que dormir con alguien. Las nociones de valor hoy muchas veces están vinculadas a la idea del atractivo sexual y de la performance sexual. Eso es una cosa que deberíamos pensar y combatir. Segundo, para aquellos a los que les funcione Match.com, ¡genial! ¡Felicitaciones! Pero para muchos eso no funciona. Sabemos que hay una creciente cantidad de personas que están solas, de acuerdo a datos estadísticos de Japón, Europa, Estados Unidos. Para esta gente, que en números está aumentando, es importante encontrar relatos alternativos que no muestren sus vidas como fracasos, como versiones fallidas una especie de contraparte que serían aquellos que están casados. La razón por la que no hacemos esto tan fácilmente es porque el sexo, el romance y el matrimonio forman parte del mercado de consumo. A través del sexo, el romance y el matrimonio la gente consume infinitamente y sin cesar. Se consume ropa linda para sentirse atractivo, se consumen películas o viajes para tener una salida romántica con la pareja, se consume una heladera gigante para llenarla de comida para los hijos. Si uno se pone a pensar detenidamente, el mercado está impulsado principalmente por aquellos que están en pareja o por aquellos que tienen sexo en todo tipo de formas. Quizá, la razón por la que sea tan difícil hallar esos relatos alternativos sea porque los relatos alternativos no juegan ningún rol fuerte en el mercado de consumo.
Como contrapartida, se observan los casos de quienes están en pareja y son víctimas de violencia doméstica, entre otras cosas. ¿Pudo analizar los movimientos como "Ni una menos" de Argentina y otros que ponen a la luz los femicidios y la violencia ejercida contra las mujeres en nuestra región?
No, lamentablemente no. No me puse a pensar en esa violencia aun. Lo que me interesa ahora es pensar en algo vinculado con esto que es la "devaluación de la mujer", el hecho de que la mujer es percibida en el ámbito sexual pero también en el trabajo como alguien que vale menos. Se le otorga un menor valor. Entonces, la pregunta para mí es cómo ocurrió esto. ¿Cómo pasó? Por un lado, se supone que ganamos legalmente y económicamente –aunque poco– algún espacio o posiciones de más poder. Pero, por el otro, en el campo sexual, la mujer todavía es considerada como algo de menos valor.

(Infobae / 4-9-2017)

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN (35) - CARLOS CASTANEDA


PRIMERA PARTE  “LAS ENSEÑANZAS”
(Una forma yaqui de conocimiento)

IV (2)

Martes, 30 de enero, 1962

-¿Qué ve usted cuando Mescalito lo lleva consigo, don Juan?

-De esas cosas no se platica. No puedo decirte eso.

-¿Le pasaría algo malo si me dijera?

-Mescalito es un protector, un protector manso y bueno, pero eso no quiere decir que pueda uno burlarse de él. Por ser un protector bueno también puede ser el horror mismo para los que no le gustan.

-No quiero burlarme de él. Sólo quiero saber qué hace hacer o ver a otras personas. Yo le describí a usted todo cuanto Mescalito me hizo ver, don Juan.

-Contigo es diferente, a lo mejor porque no conoces sus modos. Hay que enseñarte sus modos como se enseña a caminar a un niño.

-¿Cuánto tiempo más hay que enseñarme?

-Hasta que él mismo empiece a tener sentido para ti.

-¿Y entonces?

-Entonces comprenderás solo. Ya no tendrás que decirme nada.

-¿Puede usted decirme solamente a dónde lo lleva Mescalito?

-No puedo hablar de eso.

-Nada más quiero saber si hay otro mundo al cual lleva a la gente.

-Hay.

-¿Es el cielo?

-Te lleva a través del cielo.

-Quiero decir, ¿es el cielo donde está Dios?

-Ya te estás haciendo el pendejo. No sé dónde está Dios.

-¿Es, Mescalito, Dios el único Dios? ¿O es uno de los dioses?

-Es sólo un protector y un maestro. Es un poder.

-¿Es un poder dentro de nosotros mismos?

-No. Mescalito no tiene nada que ver con nosotros mismos. Está fuera de nosotros.

-Entonces todo el que ve a Mescalito debe verlo en la misma forma.

-No, de ninguna manera. No es el mismo para todos

LECTURAS, GÉNESIS, CREACIÓN Y TEXTOLOGÍA EN EL PRIMER MEDIO SIGLO DE PEDRO PÁRAMO


por Samuel Gordon

La novela más importante, para algunos la más mexicana, para otros, la más universal y más discutida de nuestras letras, Pedro Páramo, cumplió ―entre el 19 y el 21 de marzo, aunque no falta quien dé como fecha exacta el 27 de ese mes, quizá jamás lo sepamos con precisión― medio siglo. Cabría recordar que, en vísperas de la Navidad de 1999, el 24 de diciembre, el suplemento Babelia del diario El País, encuestó a diecisiete críticos literarios acerca de los diez mejores libros escritos en español a lo largo del siglo xx y, de las ochenta y tres obras enlistadas, las más reiteradas correspondieron a Ficciones y El Aleph de Borges y Pedro Páramo de Juan Rulfo. Muy poco después, a la vuelta del milenio, habría de ser seleccionada por la UNESCO ―es decir, por lectores del mundo entero― entre las cien mejores escritas en todos los tiempos.
Este es el libro que nos convoca y sobre cuyas fuentes y proceso de gestación dilataremos nuestra pupila para contemplar con cierto detenimiento, la obra en marcha —work in progress— a lo largo de sus primeras etapas.
Algunas fuentes y lecturas
Pero ¿de dónde emergió y cómo se formó un escritor mexicano de esta envergadura? Empleado en la Secretaría de Gobernación, en el área de Migración, a instancias de un tío suyo, Rulfo trabajó en los archivos de la antigua locación en las calles de Juárez, ahí ―en 1938― trabó amistad con otro autor mexicano singularísimo, Efrén Hernández, quien lo impulsó a publicar sus primeros cuentos.
Ambos escritores permanecían mucho tiempo después del horario de oficina leyendo textos de creación y, también, ampliando sus horizontes literarios, recomendándose mutuamente lecturas muy diversas.
Para aproximarnos a la amplitud y profundidad de aquellas lecturas de Rulfo, nada mejor que repasar la casi olvidada y magistral conferencia que dio el 21 de agosto de 1965 en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, que consideró, apenas, “una parte muy breve de la actual situación de la novela contemporánea”. Después de excluir —por razones diversas— el quehacer novelístico de América Latina, decidió concentrarse en la novela europea y norteamericana.[1]
A modo de rápida glosa, reubiquemos la mayor parte de sus conceptos para, luego, indagar la teoría subyacente. Rulfo trata de dibujar las principales líneas y corrientes de influencia de la literatura del momento. Sitúa en los Estados Unidos de los veintes, el mayor peso novelístico mundial de la preguerra. En William Faulkner y John Steinbeck cree ver la más importante contribución narrativa sobre Europa. Algún tiempo después —seguramente en la posguerra— “los europeos les devolvieron esa influencia con obras creativas que pesaron sobre la literatura norteamericana hasta tal grado que casi desapareció dicha literatura, imponiéndose nuevamente la latinoeuropea”.[2]
Rulfo considera que Italia fue la nación que más aceptó el estilo “tipo Faulkner, tipo Thomas Wolfe y otros”, y en Italia se formó un interesante núcleo de escritores a partir de Alberto Moravia. Entre Moravia y Winsburg se estableció un eje en torno al cual giraron y se estructuraron Vasco Pratolini, Elio Vittorino, Italo Calvino, Cesare Pavese, Carlo Cassola, Raffaello Laccatria y Pier Paolo Pasolini, a quienes considera “un grupo realmente valioso”. Éstos influyeron de una u otra manera en los escritores norteamericanos más jóvenes y sobre algunos alemanes como Uwe Johnson y Günter Grass. En tal contexto deja caer una afirmación cardinal. Se refiere a la manera como Alberto Moravia inauguró una nueva corriente literaria con La Romana y, después, con sus cuentos, pero “acabó aburrido”. Precisamente, su última novela se llama La Noia, es decir, el aburrimiento: “Nadie se explica por qué los escritores italianos, y más los romanos, viven aburridos; escriben demasiado, publican constantemente y acaban por aburrirse y aburrir a sus lectores”.[3]
Respecto de Francia, menciona el peso enorme del academismo en Proust, Balzac y Stendhal. Considera que el francés es un gran conservador de formas y sistemas académicos por tanto el autor que se rebele contra la Academia es desconocido y se le hace una política de silencio. Así sucedió con Jean Giono “un escritor que sigue siendo válido, pero que durante muchos años estuvo proscrito” y le pasó a Charles Ferdinand Ramuz, de la Suiza de habla francesa; ambos, “son escritores que rompen todos los moldes”. Señala su desagrado por la antinovela y estima que escribirla es evitar toda acción del pensamiento. Sobre El mirón o La celosía, según se conozca la traducción de Robbe-Grillet dice que se trata de la historia de un “señor que mira, que se dedica a ver y simplemente describe lo que ve”. Hace referencia también a la obra de Nathalie Sarraute y Michel Butor.[4]
Comenta la obra de dos suizo-alemanes: Max Frisch y Friedrich Dürrenmatt, para regresar al panorama inmediato de los Estados Unidos. Nueva York y Chicago, que habían sido grandes capitales intelectuales, dejaron de producir escritores. Chicago fue durante algún tiempo albergue de Sherwood Anderson, Theodore Dreiser y, más recientemente, Nelson Alwyn. De Nueva York rescata a J. D. Salinger y William Styron. Norman Mailer y Truman Capote conducen sus reflexiones hacia los beatniks. Se detiene en la obra de Jack Kerouac, John Updike y, fundamentalmente en Joseph Heller. De los beatniks norteamericanos pasa a los “jóvenes iracundos” ingleses: Edmond y Angus Wilson, John Braide y otros. Su vieja e insoslayable pasión, la literatura nórdica, se hace presente con Laxness y Hamsun. Recala en Yugoslavia en la obra de Andrič y Bulatovič. El estilo de este último lo sitúa dentro del realismo mágico. De regreso, otra vez a los Estados Unidos, la ciencia ficción y Ray Bradbury. Al final:
La novela actual, en cualquier parte del mundo, camina con la bandera del realismo mágico; es una puerta difícil… No sabemos hasta qué punto llegue la literatura contemporánea a ser válida, pero sí sabemos que el escritor no confía ya en la palabra porque no sabe hacia adónde lo llevará, hacia qué obscuridades de la mente va a conducirlo el seguir la corriente del pensamiento porque, desgraciadamente, el ambiente, la técnica, la ciencia, el mundo actual influyen para que el hombre actúe adaptándose a esa situación. Quizás dentro de poco, en la literatura contemporánea, en el cuento, en la novela y hasta en la poesía veamos la faz obscura de la luna y quizás nos hundamos en su obscuridad. El realismo podemos asirlo; la magia, no: está en cada uno de nosotros.[5]
Ésta era entonces, apenas, una guía básica en las lecturas de Rulfo —que al igual que Faulkner se repartió entre guionismo cinematográfico y otras formas de la producción literaria— a quien Otto Raúl González aconsejó leer muchas novelas. Un autor que se interesaba por la diversidad dialectal en la literatura italiana frente al toscano considerado clásico. Un autor que conocía la obra de Ramuz mejor que muchos suizos y que leía y releía los cuentos y la novelística —fundamentalmente Trampa 22— de Joseph Heller, cuando pocos norteamericanos sabían aún quién era.
Emanado de todas estas lecturas atípicas en el medio literario mexicano, Rulfo terminó por concebir y estructurar la novela a la que hoy nos referimos: Pedro Páramo.
Algunos comentarios genéticos y textuales
Muchos “amigos” cercanos (desde Arreola hasta Antonio Alatorre, sus viejos compañeros de Guadalajara) se arrogan el haber “contribuido a fijar el armazón definitivo” de la novela. Todos estos comentarios sobre la versión final de la obra, la mayoría destinados a minimizar el papel y la lucidez narrativa en la concepción y ordenamiento finales de la misma por parte del propio Rulfo, invitan a reconstruir, aunque sea parcialmente, el proceso escritural mediante el cual se conformó.
Por eso, vayamos al principio. La redacción de Pedro Páramo, parece haber comenzado en mayo de 1954 cuando merced al usufructo de una beca Rockefeller durante el bienio 1953-54 Rulfo inició su escritura, en un flamante cuaderno escolar, redondeando el primer capítulo de una novela que, durante muchos años, había ido tomando forma en el silencio de su discurrir interior. Aquel manuscrito se llamó sucesivamente Los murmullosUna estrella junto a la luna y, por último, Pedro Páramo. Una vez más, era la prosecución del proyecto que tempranamente intentó desde 1939 y cuyo fallido anticipo de novela entonces urbana, de haber nacido, se hubiera llamado quizá Un pedazo de noche. Aquel original primigenio, según relata el propio Rulfo, fue destruido en diferentes y progresivas etapas a medida que el autor iba transcribiendo mecanográficamente sus manuscritos.
La segunda promoción de becarios del Centro Mexicano de Escritores integrada, entre otros, por Juan José Arreola, Alí Chumacero, Ricardo Garibay, Miguel Guardia y Luisa Josefina Hernández, leyó y releyó la obra de Rulfo que hoy nos convoca, en el marco del taller literario que los congregaba todos los miércoles por la tarde en una casa de la calle Yucatán. Aquella desconcertada recepción temprana de Pedro Páramo prefiguraba, en sus divergencias, la incomprensión que signaría el tránsito inicial de la novela. En tanto Arreola, Chumacero, Shedd y Xirau consideraban que la novela iba bien, Miguel Guardia sentía que el manuscrito era apenas un montón de escenas deshilvanadas. Ricardo Garibay y otros escritores más jóvenes insistían en que el libro era una porquería. El poeta guatemalteco Otto Raúl González aconsejó a Rulfo que antes de sentarse a escribir una novela, leyera muchas. “Leer novelas —comentó Rulfo— es lo que [he] hecho toda mi vida”:
Era difícil aceptar una novela que se presentaba con apariencia realista, como la historia de un cacique y en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta, en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio.[6]
Al margen de los alegatos de Arreola, Alatorre, y tantos otros, quisiera detenerme y focalizarme en agosto de 2001, cuando presentamos en el Instituto de Investigaciones Filológicas los mecanuscritos originales de Pedro Páramo, recién restituidos al acervo familiar de los Rulfo por el Fondo de Cultura Económica, que tuve la oportunidad de estudiar y algunos detalles me resultan ineludibles de comentar brevemente.[7]
Detengámonos entonces en los textos primigenios propiamente dichos que, en su etapa pre-textual última, así como proto-textual —aunque faltarían aquí las galeradas que parecen estar perdidas— se hallan ahora, en su totalidad, al cuidado de la Fundación Juan Rulfo.
Tratemos de dar, aunque sea muy de soslayo, un breve atisbo a los mecanuscritos de la más famosa novela mexicana del siglo XX, que servirán de base, sin duda, para grandes estudios textológicos y parcialmente genéticos, en los años por venir.
El mecanuscrito resultante, depositado en el Centro Mexicano de Escritores para amparar la beca concedida, llevaba —lleva— por título Los murmullos. El entregado al Fondo de Cultura Económica está títulado Pedro Páramo y, además del marcaje tipográfico anotado a mano en la portadilla, agrega: “Letras Mexicanas” y en el siguiente renglón, “19”.
Infortunadamente, las copias de ambos mecanuscritos, generosamente facilitadas en aquella ocasión por la Fundación Rulfo eran muy deficientes e impidieron todo trabajo científico sobre los mismos, por lo que me limitaré a algunas consideraciones de carácter general.
Entre los asuntos inverificables se cuentan todos los vinculados con esa rama derivada de la crítica genética y textual que es la manuscriptología, que analiza la estratigrafía del complejo conjunto de materiales originales sometidos a clasificación, examinando papeles, tintas, implementos de escritura, manuscripciones y todos los restantes elementos coadyuvantes en la reconstrucción cronológica y el estudio de variantes para tratar de establecer un usus scribendi.
No cabe duda de que, cuartilla a cuartilla, ambos coinciden y ello nos permite inferir que los dos ejemplares salieron del carro y rodillo de la misma máquina a un tiempo, pero, al no poder contar con los originales, me resulta imposible establecer cual de los dos juegos es copia al carbón del primero y, sobre todo, asignarles las mayúsculas A y B según lo establecen la tradición filológica y el orden del caso, lo que simplificaría nomenclaturas, evitando verborrea y confusiones. Pido disculpas por ello.
Pero ¿cuáles son las preguntas más pertinentes al iniciar el cotejo o la compulsa? Naturalmente, innúmeras, según lo que cada investigador esté buscando verificar. En el caso de Rulfo, inmejorable poeta de la prosa narrativa, el rastreo de sus preferencias estilísticas, las dudas o alternancias entre vocablos específicos y la capacidad de condensación metafórica a partir del lenguaje popular, constituyen la base de una indagación estilométrica nada despreciable.
En el mecanuscrito entregado al Fondo existen numerosas marcas tipográficas de separar y crear espacios precisamente para distinguir las secuencias así como, a veces, para unir pasajes. ¿Pertenecen a Rulfo o a manos ajenas? La letra es más fácilmente reconocible que una marca que sólo implica una línea recta y dos curvas.
Las primeras ochenta y cinco cuartillas se hallan paginadas, mediante máquina de escribir, al centro del margen superior. De la 86 a la 111, la paginación se marca del lado superior izquierdo por el mismo medio. A partir de la 112, en ambos mecanuscritos, aparece otra numeración: sobre el margen superior izquierdo, a máquina, se inicia con el uno, sin marcar, y termina hasta el número 7, que coincide con la página 118 de la secuencia del mecanuscrito, existe además otro foliado por sello automático con numeración coincidente a la general acumulativa, seguramente debido al Fondo de Cultura Económica, por lo que se está duplicando la paginación y triplicando la foliación entre las hojas 112 y 118. Por otro lado, a partir de la 119, se agregan 9 cuartillas, también bajo un doble sistema de paginación que superpone dos series, una numerada a mano sobre el margen superior derecho del 1 al 9 y otra que, después de tachar el 119 a máquina en el centro, continúa desde la 120 para un total de 127 cuartillas mecanografiadas a doble espacio en el ejemplar entregado al Fondo para su procesamiento editorial, las mismas que, sin tantos avatares, exhibe el mecanuscrito del Centro Mexicano de Escritores.
Podemos inferir, por lo tanto, que existieron, en el mecanuscrito del Fondo entre tres y cinco intentos de reorganización macroestructural, seguramente no debidos a Rulfo, según la lección que arroja el homólogo del Centro Mexicano de Escritores. Al preguntar sobre el ordenamiento secuencial —asunto que se ha prestado a tantas polémicas y debates que no son del caso aquí— podríamos, al margen de las marcas en el mecanuscrito del Fondo, recordar que por las mismas fechas en que Rulfo está trabajando en Pedro Páramo, Josefina Vicens, otra notable escritora mexicana estrechamente vinculada al guionismo y al cine al igual que nuestro autor, está enfrascada en la escritura de El libro vacío, otra novela estructurada mediante secuencias o fragmentos a la manera cinematográfica, ¿se trata de una coincidencia o era ya la poderosa influencia del nuevo lenguaje que Faulkner había instaurado?
Sin duda, para todo trabajo científico en torno al asunto que nos ocupa, debe tomarse como codex optimus el mecanuscrito del Centro Mexicano de Escritores porque, excepto los posibles comentarios del taller literario donde se leía y analizaba con los demás becarios, las interferencias con la voluntad autoral deben considerarse como mínimas o, incluso, inexistentes y, además, las manuscripciones se deben todas a Juan Rulfo.
Otros elementos que entrañarán grandes dificultades para los investigadores residen en el marcaje tipográfico y las anotaciones del mecanuscrito del Fondo, los cuales sólo quiero ejemplificar mediante la hoja 119 que constituye todo un repositorio capaz de despertar las conjeturas más dispares.
Un simple examen topográfico de dicha cuartilla arroja lo siguiente: encabezado a mano y centrado, en mayúsculas “PEDRO PÁRAMO” a mano también, una línea más abajo, ligeramente a la derecha del título simulando versales y versalitas “Por Juan Rulfo”, ligeramente arriba a la derecha, en el ángulo superior, a mano y encerrado en un círculo un número 1. Al margen superior izquierdo, y a mano los datos tipográficos, luego, en la línea inicial, una flecha que indica la supresión de la sangría, llevando la línea “a caja” y subrayando las dos palabras iniciales “Pedro Páramo”. Como bien sabe todo conocedor de la tradición tipográfica española ello significa inicial de capítulo o, para remontarnos algo más lejos en el tiempo, sustitución de capitulares.
Se trata del fragmento que inicia: “Pedro Páramo estaba sentado en un viejo equipal, junto a la puerta grande […]” y finaliza “Pedro Páramo siguió moviendo los labios, susurrando palabras. Después cerró la boca y entreabrió los ojos en los que se reflejó la débil claridad del amanecer. / Amanecía.”
Las conjeturas pueden ir desde la posibilidad de publicaciones parciales promocionando a la novela en La Gaceta del Fondo y otras revistas, hasta un probable cambio en el ordenamiento secuencial debido a criterios ajenos a Rulfo.
Por añadidura, el margen izquierdo enseña, entre el segundo y tercer tercio de la cuartilla, una ilustración “a línea” de factura nada desdeñable a un posible Pedro Páramo sentado en un equipal. ¿A quién se debe este dibujo?
En fin, hay mucha tarea por hacer. Aún sin la existencia de los manuscritos destruidos por el propio Rulfo, emprender una edición crítica o, tan siquiera, de variantes a partir de los mecanuscritos y las sucesivas ediciones constituirá, para muchos de los críticos formados —o que habrán de formarse— en la Facultad de Filosofía y Letras, un trabajo de gran envergadura.
“Rulfo y los volcanes”. Fernando Lezama
Samuel Gordon es dramaturgo, ensayista, narrador, poeta, traductor y antólogo. Estudió en la facultad de humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalén en donde fue alumno de Rosario Castellanos. Ha publicado un centenar de artículos en revistas de literatura en diversos países como Israel, Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Venezuela y México. Ha impartido clases en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, entre otras.
*
Notas
[1] Juan Rulfo, “Situación actual de la novela contemporánea” en icach, N° 15 (1965), Tuxtla Gutiérrez, julio-diciembre, 111-122. En adelante Conferencia.
[2] Conferencia, 113.
[3] Conferencia, 114. Las cursivas son mías.
[4] Conferencia, 116.
[5] Conferencia, 121-122.
[6] Juan Rulfo, “Pedro Páramo, treinta años después”. Cuadernos Hispanoamericanos 431-432 (1985): p. 6.

[7] Quien realizó un primer estudio comparativo entre el mecanuscrito original depositado en el Centro Mexicano de Escritores y el libro publicado por el Fondo de Cultura Económica fue Juan Manuel Galaviz, publicando los resultados en la revista veracruzana Texto Crítico en 1980 y, a dicho estudio, remito a los interesados.

(Máquina / 31-8-2017)
 
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