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ENTREVISTA CAPOTIANA A JORGE BOCCANERA


por Toni Montesinos

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló “Atorretrato” (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente “entrevista capotiana”, con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jorge Boccanera.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Elegiría vivir encerrado en el viaje, que también es un lugar. O en su defecto, en un puerto junto al Atlántico parecido al de Ingeniero White –antes llamado “De la Esperanza”, con calles atestadas de marineros, peones de estiba, bailarinas, pescadores, acordeonistas y forasteros.    

¿Prefiere los animales a la gente?

Diría que por ratos me entiendo mejor con los animales.  

¿Es usted cruel?

No siento ningún tipo de placer en causar humillación o dolor al otro.

¿Tiene muchos amigos?

Los necesarios. Hermanos de la vida, de muchas experiencias compartidas; compañeros; me gusta esa palabra que, según algunos, su etimología tiene que ver el “compartir el mismo pan”.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Aquellas que se han forjado a sí mismo para ser quienes son en la vida. Lealtad, humor, conciencia crítica, humor, afecto y humor, solidaridad, humor.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Para nada. 

¿Es usted una persona sincera? 

La sinceridad entre las personas conlleva una instancia muy importante para cualquier tipo de vínculo, la confianza. Nunca me ha gustado la mentira; escapo de aquellos que tienen la lengua dividida y dicen una cosa por otra. 

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

En aquellas actividades que permitan no sentir el paso del tiempo. Eso que magistralmente el poeta mexicano Renato Leduc llamó, en uno de sus sonetos: “la dicha inicua de perder el tiempo”.

¿Qué le da más miedo?

El avance del fascismo en todas sus formas, bélicas, económicas, mediáticas, jurídicas, que siempre llegan combinadas. Como decía mi abuela italiana, respecto de la guerra, “es una desgracia”; un retroceso humano descomunal.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

La palabra “escandaliza” se enlaza, creo yo, al gesto del indignado; esa ofuscación pasajera que experimentan aquellos que ven por primera vez las penurias que padecemos hace siglos. Diría que me espanta lo poco que vale hoy la dignidad frente a la idolatría del dinero y la idea obscena de que puede comprarlo todo.   

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Algo relativo a la música. Pertenezco a una familia de cantantes y las letras de canciones fueron mi primera biblioteca. Además, me hubiera gustado dedicarme al cine, a la historieta o ser payaso de circo, ¿qué personaje ha escarbado más profundo en el alma humana que Charles Chaplin? 

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Ahora ando en bicicleta por el barrio y camino bastante. Hasta los cincuenta años jugué fútbol.  

¿Sabe cocinar?

Sí. Disfruto comprar los alimentos, lavar las verduras y hacer mis guisos especiales que bautizo con nombres extraños. En uno de mis poemas, escribí: “Los hombres que cocinan/ encontraron el modo de evitar el suicidio”.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Seguro que justamente a una revista como esa no le interesaría el perfil de quienes considero personajes inolvidables. En mis libros de crónicas y entrevistas, reuní algunos diálogos mantenidos con personajes como Gregorio Fuentes, capitán del barco de Hemingway, entre otros. Hay otros personajes de novela que me interesan, como el escritor que entre otros seudónimos utilizó el de B. Traven, y del que nunca se supo a ciencia cierta su verdadera identidad. Un anarquista que llegó a vender millones de ejemplares de sus novelas; una de ellas, El tesoro de la Sierra Madre, fue llevada el cine por John Houston y ganó tres Oscars. Escribí una crónica sobre Traven que llamé “La popularidad de un fantasma”.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Sin duda “libertad”. Pero también “solidaridad, que encierra lo fraterno, la capacidad de soñar, los afectos, la reciprocidad, el futuro, el trabajo y lo creativo.

¿Y la más peligrosa?

Odio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

No. (Otra respuesta podría servir para incriminarme en algún hecho desgraciado que ocurra de aquí en adelante, ¿no?) 

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

De izquierda.      

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Los zapatos que pintó Van Gogh, que seguro tienen mucho que contar.

¿Cuáles son sus vicios principales?

¿Vicios o defectos? Vicios, los dulces (y las dulces) y el trabajo (asumo más que los que puedo realizar); defectos: tengo el sí fácil, soy ansioso, me acusan de ser hipercrítico.  

¿Y sus virtudes?

Mantener mis ideas, compartir y ayudar; tratar de ser honesto, armar ruedas de diálogos con amigos; el humor, en fin, sobre mis virtudes y defectos deberían hablar quienes me conocen. 

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Después de que me ahogue, se lo cuento.


(ALMA EN LAS PALABRAS / 8-1-2018)

KEN LOACH “EL CAPITALISMO HA CONVERTIDO EN NORMAL LO INACEPTABLE”



por Luis Martínez

A sus 83 años, el siempre combativo Ken Loach se niega a bajar la guardia. Tras presentar en Cannes 'Sorry, we missed you', ahora acude al Atlántida Film Fest.para recoger un premio de honor a toda su carrera y celebrar el 50 aniversario de 'Kes', su más temprana obra maestra

Pese a la firmeza de sus convicciones y la rotundidad de cada declaración, Ken Loach (Nuneaton, 1936) sabe renunciar a según qué cosas. Por ejemplo, pese a confesarse republicano y declaradamente antimonárquico, dice que vestirá corbata en la inauguración (ayer por la noche) del Atlántida Film Fest. Todo sea por la reina Letizia ahí presente. Y hasta ahí. Ni un paso más. Tras presentar en la pasada edición de Cannes Sorry, we missed you, película en la que diseccionaba la autoexplotación en el mundo de la mensajería, ahora acude a Mallorca para recoger el Premio Masters of Cinema y a celebrar el 50 aniversario de Kes, una película fundacional que desarma los inconvenientes de la realidad desde la mirada transparente y por fuerza revolucionaria de un niño. Aquella fue su más temprana obra maestra. Y su primera pedrada. Vendrían más que harían más daño. Medio centenar de películas y dos palmas de oro contemplan una de las más coherentes e hirientes filmografías del cine contemporáneo. Siempre en lucha y, de vez en cuando, con corbata.

¿Cómo fue volver a reencontrarse con Kes (el lunes hubo una proyección)?

Si soy sincero, sólo vi los cinco primeros minutos. Pero me gustó lo que vi.

¿Sigue en contacto con el chaval (David Bradley)?

El chaval tiene ahora 65 años (se ríe). Fue su primera película con 14 años y Kes hizo que se convirtiera en actor. Nos mandamos una tarjeta navideña cada año.

Pocos directores pueden presentar una filmografía tan política, tan comprometida con la denuncia de la injustica, tan larga... Y ahí sigue.

Lo que sucede es que las cosas han empeorado. El capitalismo ahora es mucho peor. Es desalentador comprobar que no aprendemos.

¿En qué sentido han empeorado?

Lo más relevante es que la solidaridad ha muerto. Ya no existe como fundamento de la sociedad. Por supuesto que a un nivel muy local, sí que se da, pero el Estado es cruel y muy agresivo. Todas las instituciones que deberían velar por la justicia social se han convertido en herramientas para castigar a los pobres. Si no puedes mantenerte a ti y a tu familia, eres responsabilizado por ello y, en consecuencia, eres castigado.

¿Cuándo cree que cambiaron las cosas?

Justo después de la guerra, en los años 50, había una sensación colectiva de responsabilidad. Y eso incluía tanto a los empleadores como a los trabajadores. Hablo del derecho a un salario justo, de unas vacaciones por el trabajo, del servicio de salud... Desde la energía a los medios de transporte eran bienes comunes, de la sociedad. No digo que fuera el paraíso, pero detrás de ello había un concepto y un consenso sobre lo que debía ser una sociedad. Eso, obviamente, fue desmantelado por Thatcher.

Pero Thatcher fue elegida por los británicos...

Hitler también. Por los alemanes en este caso. A lo que iba es que si la única regla para medir las relaciones humanas es la reducción de costes para hacer más competitivo un producto eso deriva necesariamente en reducción de derechos. Se ahorra siempre por los gastos y considerar un simple gasto al salario hace que ya nadie hable de lo justo. Esa es la lógica del sistema.

En su última película, Sorry, we missed you, se aborda el asunto de los contratos a tiempo cero, el de los repartidores convertidos en falsos autónomos...

Ese quizá sea el punto límite. Es el sistema de explotación perfecto: el obrero es obligado a explotarse a sí mismo. No necesitas a un jefe enfadado que te diga cuánto tienes que trabajar, ya te encargas tú mismo.

En varias ocasiones ha dicho que lo que se ha roto es el propio concepto de normalidad...

Sí, hemos normalizado lo inaceptable. Los bancos de alimentos forman parte de la asistencia social. La injusticia se acepta como parte del sistema. Hemos llegado a un punto en el que se habla de generosidad o de caridad en lugar de simple justicia. Y es responsabilidad de todos rechazar eso. No estamos condenados a vivir así, porque no es justo. No es normal. Lo curioso es el lenguaje que emplea un sector de la misma izquierda socialdemócrata que, después de reconocer que lo que ocurre es injusto, advierte sobre el peligro de los extremistas. Reconocen la injusticia, pero hacen lo posible para evitar cambiar las cosas.

Y, pese a todo, no hay entrevista en la que no se declare optimista... Lo confieso, no lo entiendo.

(Se ríe) Sí, es cierto que todo induce al pesimismo. La ultraderecha está creciendo por todos los lados. Incluida España. Vivimos un tiempo complejo y la extrema derecha ofrece respuestas sencillas. Pero, y esto es lo importante, falsas. Los nacionalistas populistas de ahora son los nacional socialistas de antes. Responsabilizar a la inmigración no arregla nada, pero marca un objetivo sobre el que desfogarse. La izquierda tiene que pensar en cómo cambiar el sistema. Y eso da más trabajo, exige más esfuerzo y, sobre todo, cuenta con enemigos mucho más poderosos.

Por lo que dice, todo es peor. ¿De dónde se saca ese optimismo?

Bueno, tengo esperanzas en que en las próximas elecciones británicas algo cambie. Es una muy buena oportunidad para el Partido Laborista con Jeremy Corbyn al frente. Espero que no hagan mella la campaña brutal que arrecia en los medios contra él, al que acusan de racista.

¿Tiene su cine alguna opción de cambiar la realidad que denuncia?

Sin duda. Cathy come home (1966) provocó un gran debate y en cierto modo hizo cambiar las cosas. Con Yo, Daniel Blake (2016) ha pasado algo parecido. La polémica ha llegado al Parlamento. Se han hecho hasta 600 proyecciones fuera de los cines comerciales en iglesias, locales de asociaciones, sindicatos... Muchos de los espectadores se veían identificados hasta el punto de salir llorando de la sala.

Lleva toda la vida en pie de guerra, ¿se ha sentido amenazado?

Si tuviera miedo a las consecuencias no haría lo que hago. Sin embargo, es ahora cuando veo concretarse las amenazas. Una de las excusas para atacar a la izquierda ahora es acusarla de racista y antisemita por la defensa de la causa palestina. Han llegado incluso a insultar a mis nietos diciendo que su abuelo niega el Holocausto. Es una auténtica locura.

¿Le pregunto por la retirada?

Puede hacerlo, pero ahora mismo estoy trabajando (se ríe).



NUESTRA CRISIS EN 10 PELÍCULAS


CATHY COME HOME

(1966) La historia de una familia de repente sin trabajo ni casa pasa por ser el telefilme más visto de la televisión británica. Su emisión provocó un debate nacional.

KES

(1969) Hace 50 años, el director que antes quiso ser actor debutaba en el cine con la adaptación de una novela Barry Hines. El declive minero de Yorkshire es contemplado desde la mirada de un crío, convertido en la única metáfora posible de la revuelta. Una obra maestra.

FAMILY LIFE

(1971) Lejos de su vocación más evidentemente política, Loach denuncia esta vez a la la psiquiatría como herramienta para la normalización social y a la mismísima familia como fuente de opresión.

AGENDA OCULTA

(1990) La guerra sucia contra el IRA adquiere en manos de Loach la consistencia de un 'thriller' irrespirable y brutal. Por supuesto, los sectores más conservadores no tardaron en acusar al director de apología del terrorismo.

LLOVIENDO PIEDRAS

(1993) Un simple traje de comunión (las dificultades para comprarlo) es la improbable excusa para un melodrama tan descarnado como voraz. Y hasta divertido. El mejor Loach.

LADYBIRD, LADYBIRD

(1994) La burocracia asistencial vive en este derroche de visceralidad su primera y perfecta disección. Inmisericorde.

TIERRA Y LIBERTAD

(1995) Con 'Homenaje a Cataluña' como inspiración, Loach y su guionista hasta entonces Jim Allen componen una de las más bellas y dolorosas aproximaciones a la Guerra Civil española.

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA

(2006) 'La canción de Carla', 'Mi nombre es Joe' o 'Felices dieciséis' son algunos de los títulos resultado de la colaboración de Loach y el guionista hasta ahora mismo Paul Laverty que precedieron a ésta, la primera Palma de Oro. En el fondo, la lucha revolucionaria irlandesa y sus fracasos. Muy sentida. Muy bella.

YO, DANIEL BLAKE

(2016) La segunda Palma de Oro llegaría con este relato desangelado y voraz sobre la ruina de una sociedad entera. La nuestra. Una cinta transparente, limpia y sin más lecturas que la simple pedrada.

SORRY, WE MISSED YOU

(2019) Su último trabajo toma el nombre del mensaje que dejan los repartidores de paquetes cuando no nos localizan en casa. Lo que sigue es un condensado perfecto del cine de Loach. Tan evidente como efectivo. Y siempre demoledor.


(EL MUNDO / 3-7-2019)

CARLOS RAÚL VILLANUEVA, UN RENACENTISTA QUE VENCIÓ LAS SOMBRAS


por Faitha Nahmes

Visionario como pocos, le imprimió a Caracas la identidad urbana de todo un siglo, el XX que le tocó vivir y formatear. Sus trazos, ideas y construcciones definieron la estética urbana de la capital, que aún se erige con sus monumentos de concretos siempre completados por los elementos naturales, las luces, los vientos y las gentes. Renegado al caer la dictadura, Carlos Raúl Villanueva, nacido el 30 de mayo de 1900 y fallecido el 16 de agosto de 1975, alcanzó el olimpo de la arquitecturaAlos médicos y a los arquitectos se les compara con Dios. Unos salvan humanos, ojalá, los otros, lo urbano, si construyen como dios manda: organizando la vida y la felicidad del individuo y la sociedad; visualizando su obra como parte del contexto al que pertenecerán y en el que influirán; mejor si es a favor. Dios, que es el arquitecto del universo, seguro sintió complacencia cuando con el barro divino modeló a imagen y semejanza, una de sus creaturas, ese genio venezolano de buen ver llamado Carlos Raúl Villanueva, perfeccionista y hombre de vuelo, considerado el dios de la arquitectura moderna –colega suyo, pues- y quien por cierto, amén de trabajar durante y entre gobiernos de aquel par de diablos, léase Gómez y Pérez Jiménez, fue bautizado por el artista Alexander Calder así, Diablo. “Quien se atreva a hacer este proyecto que te estás planteando, eso de colgar las nubes como imaginas en el techo del Aula Magna, o tiene un pacto con el diablo o ¡es el diablo!”, le dijo, y Villanueva lo logró. Colgadas con su peso específico están esas piezas de madera y metal no solo haciendo ornato sino produciendo el milagro acústico que tiene lugar allí. Hombre de conquistas infinitas gracias a su irreductible alma libre y, como dice el arquitecto Luis Polito, “a su coraje”, Carlitos -como también le decía Calder- no vivió tiempos fáciles, pero supo torcer las circunstancias. Dueño de las formas fue.

Cuando el arquitecto no era considerado como autor de nada porque los proyectos eran asuntos secundarios, y había un manual de obras y un tipo de construcción más o menos establecida, y tampoco había facultad de arquitectura, Carlos Raúl Villanueva -que nació en Londres, donde su padre, el diplomático Carlos Antonio Villanueva, estaba destacado-, se preparaba en el París donde estudió para venir a Caracas en rol de pionero a remover cielo y tierra, a hacer obras por donde pasarían la luz y los vientos, a producir construcciones vivas y dinámicas, a medio camino entre el afuera y el adentro. Engolosinado con el trópico y devoto del clima, del color y de la temperatura, su obra dilecta, el campus de la Universidad Central de Venezuela, sería inspirada en esa maravilla de techo sin fachadas, en esa audacia de cobijo y albedrío y libertad que es el caney, y que es la plaza cubierta, como consigna el profesor Luis Polito: “podía beber en la arquitectura tradicional, y revitalizarla, así como imaginar lo imposible y nunca visto”. Fue su obra una revolución, y que no se tome el término en su acepción desprestigiada. Modificó, experimentó, hizo foco en lo que nadie y sería la calidad la estrategia, el plan y su único óbice; para soñar no tuvo límites. Quien reurbanizó El Silencio (un importante desarrollo habitacional ubicado en el centro de Caracas, que incluye casi ocho mil apartamentos y más de 200 locales comerciales) y diseñó el Museo de Bellas Artes, entre otras obras insignes, un creador que de quererlo, y así casi lo hizo, hubiera hecho holanes con hormigón -¿y qué si no es el techo del pasillo cubierto de la entrada o el pasillo de humanidades que tiene una sola columna lateral que permite equilibrio con una zapata colosal, que parece un hombro a cargo?-, Carlos Raúl Villanueva es el autor de la Ciudad Universitaria de Caracas, a la que se le toma como una obra maestra de la planificación urbana moderna, en arquitectura y arte. De hecho, el campus fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000.

“Mi mayor satisfacción, cuando voy a la Ciudad Universitaria, es ver a los estudiantes caminando, estudiando en algún pasillo, los edificios me interesan menos. Cuando la ciudad está sola, se dice que está ‎muerta. Yo no quiero que ocurra esto en mis obras”, dijo en una ocasión este promotor cultural y promotor de lo vital, valga la redundancia. Y no lo están. Sus obras no están solas. La casa que vence las sombras a fuerza de luz propia y el tesón de su comunidad invicta, es de todos, de la ciudad y del mundo. Y en ella todos tienen puestos los ojos, por la belleza que alberga, por lo que produce esa belleza en cada quien. “Uno baja por las rampas y tienen esa pendiente perfecta y lúdica que te invitan a danzar”, añade Polito. “Caminas y los ladrillos perforados te convierten a ti en objeto cinético, ese ha de ser el sueño del artista, ver que la obra muta y avanza según a quien roza”, dirá Inés Espinal, quien fuera creadora de Hatillarte.

Hombre que deja una huella inmensa, dice la leyenda que no guardó los bocetos que concienzudamente precedieron a cada obra y que solo conservó aquel que se ajusta a la realidad final, el que se asemeja a la obra terminada, se dice que delineaba el plano correspondiente con la mayor precisión y fidelidad, de manera que hacía la obra y luego el espejo, ambos con maestría. “No sé si hacía uno o más bocetos, pero sus planos, eso sí puedo decirlo, eran impecables”, acota Luis Polito, autor de La arquitectura en Venezuela. Hombre adelantado a su tiempo o acaso uno que tomó los días y sus circunstancias a su aire y los atrajo con la polea de su voluntad y vuelo hacia sí, hacia su momento para transformarlo y adecuarlo a sus medidas y a su presente, Carlos Raúl Villanueva –eterno que es, inmortal, dios- sería amigo de los grandes artistas del mundo –en la Universidad Central están conmovedoramente representados y, como dice la arquitecto Mitchele Vidal, “lo mejor es que no hay que elegir entre Manaure, Vasarely, Narváez o Leger, por nombrar apenas algunos de tus compañeros de pasillo”-, sería un caballero con ellos  y con ellos se cartearía.

No pasó nada cuando los también colosales y tan humanos Jesús Soto y Carlos Cruz Diez, que también fueron cercanos y entrañables –Villanueva tenía en su colección personal sus obras, y fue quien diseñó el Museo Jesús Soto de Ciudad Bolívar- prefirieron pasar de largo cuando este curador del arte abstracto llamado Villanueva –“por ritmo, por vibración, por proporción, por volumen el que mejor maridaje hace con las líneas de la arquitectura”, arriesga Luis Rafael Bergolla, comunicador estudioso de Villanueva- los convocó a participar con sus obras en el proyecto universitario.

Tiempos de dictadura, Villanueva era de la idea no acomodaticia, no cómplice, no ambigua, de que los gobiernos pasan, las obras quedan. Pero hubo quien pensó en que resultaría comprometedor vincularse a ese sueño fantástico y eterno financiado por el estado venezolano, entonces en manos de un no demócrata de botas. Sí, por eso no hay nada de Cruz Diez y de Soto, acaso un bosquejo, en aquellos parajes. Pero aunque tal negativa no significó un rompimiento, queda para la historia el asombro de aquel debate como una demostración de las consecuencias que producen los dogmas, algo que para nada fue asunto de Villanueva. “Ni dogmático ni encorsetado, su obra habla por él”, diría Luis Polito. Él, a los dogmas, los toreó.

Amigo de los rojos, cercano, causó roncha cuando tapizó de ese color la Facultad de Arquitectura. Y produjo pasmos entre los financistas cuando decidió pues que fueran abstractas obras que convertirían en museo la universidad. “Entonces se pensaba que la decisión de colocar solo obras de arte abstracto era sospechoso, esas rayas seguro contenían mensajes clave que solo los comunistas entendían”, sonríe Luis Bergolla, quien organiza cada mes, gratuita y fantásticamente, las visitas guiadas basándose en los 364 puntos caraqueños imprescindibles del libro biblia CCS del valle al mar. LuisRa es su alter ego.

“Pero es que debe ser difícil para un escritor sortear la censura, no decir diciendo, o escabullir las cortapisas de un gobierno totalitario así como resguardar sus contenidos, no venderse, o abstraerse, no definirse o comprometerse con tal o cual… un arquitecto también es un narrador, pero no puedes trabajar solo jamás, nosotros no tenemos las herramientas, el equipo descomunal necesario, a juro requerimos de patrocinio, ya sea del Estado con sus complicados gobiernos o de la empresa privada; estamos sujetos a que nos financie el poder económico o el poder político, la arquitectura depende del poder”, explica el también arquitecto Oscar Tenreiro.

“Villanueva trabaja y hace maravillas en el siglo XX que es el suyo y le tocará trabajar en ese tremedal que es el discurrir de tiranías, apariciones de espasmódicos caudillos, revoluciones, contrarrevoluciones y gobiernos pintorescos, como el de Cipriano Castro, y menos mal que lo hizo”, dice quien ha sido un acérrimo crítico de las actuales circunstancias políticas, ay, quién no. “Pero hay que decir que eso tuvo consecuencias, y que después de los sesentas fue olímpicamente puesto en pausa, como muchas de sus obras. Así como no se le solicitó para seguir diseñando, obras suyas sin terminar quedaron por buen tiempo inconclusas, como la Facultad de Economía, por ejemplo, varado por diez años, o esa torre que nunca llegó al cielo, la que sería el edificio más alto de América Latina en su tiempo, 50 pisos en la zona rental de la Plaza  Venezuela, siguen, desde 1957, los escasos tres pisos iniciales que se separan del piso, y sus cabillas”, agrega Tenreiro.

Hubo un festín del hormigón que no echó raíces pero alzó vuelo. Hubo petróleo y con su brote gozón, la consigna de modernidad: función y resultado. Hubo un país que se ubicó por los palos en el primer mundo por un ratico hasta que la arquitectura cambió de lema y también de carril, virando al extremo del sacrificio, de la no negociación, desdeñando la continuidad: debía ser social y para todos y no hermosa y portentosa. Hubo un arquitecto genial que apareció en la escena para transformarla, que encontró igual el cemento, la argamasa y la plastilina y modeló vida, arquitectura institucional o multifamiliar, la casa de Uslar Pietri o la de Alejandro Otero y pensó en que el discurrir sería infinito como, desde muchos ángulos, es la UCV, y que tomo la ciudad tradicional para transformarla sin límites –“la sustentabilidad y la ecología no serían problemas entonces, como tampoco el carro, al contrario, las ciudades le rendían pleitesía”, como dice el arquitecto y profesor Tomás Pérez- y en ella está, por siempre. Hoy celebramos el nacimiento de Carlos Raúl Villanueva, un guiño de los dioses su apellido, que es siempre la obra majestuosa por empezar. Manos a la obra.


(CLÍMAX / 31/05/2019 )

LA PROPORCIÓN ÁUREA DE LAS ESTRELLAS Y LA UNIDAD ARMÓNICA DEL COSMOS


por Alejandro Martínez Gallardo


ASTROFÍSICOS OBSERVAN LA PROPORCIÓN ÁUREA EN LOS RITMOS LUMÍNICOS DE LAS ESTRELLAS; ¿PODRÍA EL COSMOS ESTAR SONANDO Y BRILLANDO EN UNA MISMA PARTITURA?


Cuando el físico John Learned primero observó los patrones de los pulsos de la estrella KIC 5520878 creyó que se podría tratar de una inteligencia extraterrestre. Esta estrella "variable" lleva ciclos de intensificación lumínica y opacidad cada 6 horas; a este ciclo se le superpone otro ciclo más sutil, creando una proporción armónica.

Según cuenta la revista Quanta, cuando Learned le mostró su hallazgo a su colega de la Universidad de Hawái, William Ditto, este encontró que la razón (ratio) entre las dos frecuencias de las pulsaciones de esta estrella conformaba una proporción áurea, la también llamada 'divina proporción' que ha mistificado a músicos, arquitectos, matemáticos y científicos desde la Antigua Grecia. Este número áureo, que inicia con 1.618, ha sido encontrado en la naturaleza, bajo la forma arquetípica de la espiral y también en los llamados triángulos áureos.

Según Ditto, estos datos muestran que existe en la naturaleza un objeto matemático conocido como "un extraño atractor no caótico". Se ha observado que algunos sistemas dinámicos tienden a oscilar dentro de un rango general de posibilidades: la forma que se genera de las oscilaciones dentro de este rango circunscrito es lo que se conoce como "atractor". Las variaciones infinitamente detalladas y autorreferentes que la mayoría de los sistemas caóticos marcan a través de sus "atractores" pueden ser definidas como fractales; atractores con estructuras fractales, son llamados "extraños atractores".

El trabajo de los matemáticos Celso Grebogi, Edward Ott y James Yorke ha demostrado la existencia de extraños atractores que no son moldeados por el caos sino por un aspecto matemático irracional. Esto es: formas que se derivan de las trayectorias de un sistema de dos frecuencias cuya razón es la de un número irracional, como el número áureo. Estos extraños atractores no caóticos evolucionan de manera relativamente estable y predecible. Se cree que el cerebro humano podría exhibir propiedades de un extraño atractor no caótico, según observacionesde las "ecuaciones de membranas neuronales". Así, tal vez, las estrellas y el cerebro humano trabajan a razón de la misma frecuencia, cumpliendo un antiguo principio pitagórico y platónico de correspondencia.  

Según detalla Quanta, estos pulsos de luz estelar exhiben sobre todo dos frecuencias: una más rápida como la de una percusión redoblante y una más lenta como la de un gong. Los datos de los científicos de la Universidad de Hawái muestran que más de 100 de estas estrellas variables exhiben razones (ratios) que definen la duración de una frecuencia en relación a otra dentro de un rango de 1.58 y 1.64, una ventana de posibilidad en la que entra la proporción áurea.

La luz de una estrella es como una marea que sube y baja cíclicamente y conforma una trayectoria fractal, de manera similar a la estructura fractal que se forma en las costas marinas, en la cual se inspiró el matemático Benoit Mandelbrot para desarrollar su teoría. Si se hace un zoom a estas formas se mostrará un mismo patrón de oscilación a todas las escalas de la resolución.

Ditto se pregunta: "¿qué es lo que está ocurriendo con estas estrellas que al final de cuentas terminan en una razón cercana a la proporción áurea?". Es posible que estrellas inestables evolucionen hacia esta proporción. "Es el número más robusto en contra de las perturbaciones, lo que significa que las estrellas podrían seleccionarlo".


PITÁGORAS Y LA MÚSICA DE LAS ESFERAS

Lo anterior nos remite de manera intrigante a la cosmovisión desarrollada por Pitágoras, el famoso filósofo y místico griego, iniciado en Egipto, el cual, según cuenta la tradición, penetró los misterios del cosmos y escuchó "la música de las esferas" (¿el gong y el tambor al que pulsan las estrellas variables, extraños atractores del alma humana?). A Pitágoras, además de su famoso teorema, le debemos la percepción de que existe una relación matemática fundamental entre la vibración de las cuerdas de un instrumento musical. Pitágoras concluyó que todas las notas eran producidas conforme a un mismo patrón armónico, el cual es expresado en la fórmula musical 12 : 9 : 8 : 6 que define las consonancias primarias. Pitágoras no solo observó esta relación matemática en el sonido sino también en el movimiento de los astros y en todas las cosas. Si bien solo nos han llegado fragmentos de sus ideas, sabemos que Pitágoras entendió que las estrellas formaban relaciones de armonía matemática. Se le atribuye la frase: "Hay geometría en el zumbido de las cuerdas, hay música en el espaciado de las esferas”. Lo anterior nos muestra una muy sutil comprensión de la relación entre microcosmos y macrocosmos. Algunas personas ingenuamente han querido comprobar que Pitágoras se equivocaba en esto solo porque no existe sonido en el espacio, pero claramente lo que sugiere Pitágoras es que existe una misma ley matemática que une y subordina a todas las cosas, tal que se podría decir que son parte de un coro o de una sinfonía. Nos dice Manly P. Hall:

Pitágoras concebía el universo como un inmenso monocordio, con su única cuerda conectada en su extremo superior con el espíritu absoluto y en su extremo inferior con la materia absoluta --en otras palabras, una cuerda extendida entre el cielo y la tierra.

Macrobio escribe:

La afirmación de que los planetas en sus revoluciones producían diferentes sonidos, conforme a su respectiva 'mangitud, celeridad y distancia local' era comúnmente sostenida por los griegos. Así Saturno, el planeta más lejano, se decía generaba la nota más grave, mientras que la luna, la más cercana, daba la más aguda. Estos sonidos de los siete planetas, y la esfera de las estrellas fijas, junto con aquella que yace sobre nosotros [Antichtono] son las nueve musas, y su sinfonía es llamada Mnemósine.

Este es el coro celestial de Pitágoras que debe entenderse como una armonía matemática, una proporción divina. Tal vez, lanzando una especulación poética, las estrellas que evolucionan al rango de la proporción áurea, según nos dicen los científicos de la Universidad de Hawái, son como las estrellas fijas en el esquema del cosmos antiguo, la esfera de la más alta evolución, fijas en la última octava en la escala de la divinidad.

Años después Kepler daría crédito a los pitagóricos por su descubrimiento de la "armonía de los mundos", las órbitas elípticas de los planetas, las cuales encontró basándose en los supuestos de "la música de las esferas". Kepler también probó que la proporción áurea es el límite de la razón (ratio) de números Fibonacci consecutivos. Kepler escribió: "la geometría tiene dos tesoros: uno es el teorema de Pitágoras y el otro es la división de una línea a razón de su extremo y medio". La combinación de estos dos forma el triángulo de Kepler. Curiosamente, las observaciones de las estrellas variables han sido realizadas con el telescopio Kepler.

El hallazgo de esta proporción áurea en las frecuencias lumínicas de las estrellas parecería ir en dirección de afirmar la creencia de Pitágoras y toda su escuela, la cual incluye a Platón. Recordemos que en el Timeo se señala que la creación es "una imagen en movimiento de la eternidad", la cual se mueve conforme al "número". De esta relación, se puede concebir el tiempo como una proyección de un arquetipo numérico que es una imagen de la unidad, puesto que "la eternidad en sí misma yace en la unidad". Timeo, el filósofo pitagórico de este diálogo, explica que el tiempo, el número y el cosmos fueron creados conjuntamente y por lo tanto guardan una relación de simetría y simpatía. Tal vez el número áureo y su desdoblamiento como fractales y formas geométricas resonantes --como las espirales que pueden observarse en las flores y en las galaxias o los mismos sólidos platónicos-- es la forma en la que se imprime el Logos o la razón divina en el cosmos. Un sello de unidad, como uno de esos sellos de calidad, a través del cual se puede ver al creador, que es conocido por sus creaciones. 


(pijamaSURF / 16-7-2015)

LA RUTA MUSICAL DE LOS ESCLAVOS EN LATINOAMÉRICA


 por Jordi Savall *
¿Cómo es posible que las personas esclavizadas aún quisieran cantar y bailar? La respuesta es muy sencilla: el canto y el baile al ritmo de la música abrían un espacio para la expresión y la libertad. A pesar de que durante cerca de cuatro siglos, desde 1492 hasta 1888 (año en el que se abolió la esclavitud en Brasil), los países europeos deportaron más de 25 millones de africanos hacia la esclavitud, el público general no tiene lo suficientemente presente este período —uno de los más dolorosos y reprochables de la historia de la humanidad—. Aquellos hombres, mujeres y niños que fueron sacados brutalmente de sus pueblos en el continente africano y en Madagascar hacia las colonias europeas sólo llevaron consigo su cultura de origen: sus creencias religiosas, su medicina tradicional, sus costumbres culinarias y las canciones y bailes que se preservaron en los nuevos destinos llamados asentamientos o plantaciones. Intentaremos evocar algunos de esos momentos nefastos a través de las emociones y la energía vital de la música.
Pero ¿cómo es posible que las personas esclavizadas aún quisieran cantar y bailar? La respuesta es muy sencilla: el canto y el baile al ritmo de la música abrían un espacio para la expresión y la libertad. Eran una manera de manifestar sus dichas e infortunios, su sufrimiento y esperanza. Para todas estas gentes con orígenes e idiomas diametralmente opuestos, el canto y el baile proporcionaban un universo compartido y una forma de resistirse a la negación de su humanidad.
En este concierto, la música viva, heredera de las antiguas tradiciones de los descendientes de esos esclavos que dejaron huellas profundas en la memoria de los pueblos afectados, desde las costas de África occidental, hasta Brasil, México y las islas del Caribe, entablará un diálogo con formas musicales hispánicas y europeas inspiradas en los cantos y bailes de los esclavos, indígenas y pueblos de todo tipo de mezcla racial. La herencia africana y americana se combina así con elementos importados y tomados de la época renacentista y barroca de Europa.
Gracias a la sorprendente fuerza vital y la profunda emotividad de su música, logramos evocar la historia de la segunda etapa del “comercio triangular” y el tráfico de esclavos que aún perdura en la memoria de los descendientes de las víctimas en Brasil (jongos, caboclinhos paraibanos, ciranda, maracatu y samba), Malí (cantos de griot), Colombia, México y Bolivia (tradicionales cantos y bailes africanos). El testimonio de la colaboración más o menos forzada de los esclavos en la liturgia de las iglesias del Nuevo Mundo se ve representado en villancicos de negros, villancicos de indios y negrillas, canciones cristianas compuestas por Mateo Flecha el Viejo (La negrina), Juan Gutiérrez de Padilla (manuscritos de Puebla), Juan de Araújo, Roque Jacinto de Chavarría y fray Filipe da Madre de Deus, entre otros, que surgen de una cultura de conquista y evangelización forzosa.
En este programa, nuestro objetivo es mantener viva la memoria de esta tragedia humana y rendir homenaje a las víctimas de la terrible trata de millones de hombres, mujeres y niños africanos que fueron deportados sistemáticamente durante siglos. No debemos olvidar que el “comercio triangular” que unió a Europa, África y el Nuevo Mundo y que apuntaló el crecimiento económico de las principales naciones de Europa y sus colonias en América no se abolió hasta finales del siglo XIX. Posiblemente las potencias de hoy —que tanto se beneficiaron del trabajo gratuito de los esclavos en tiempos coloniales— deberían reflexionar acerca de su responsabilidad en la difícil situación actual de los pueblos africanos y proponer soluciones más eficientes y humanas ante los problemas de inmigración clandestina hacia el sur de Europa.
Escuchemos los ritmos y las canciones que nos traen a la memoria aquella historia forjada en el sufrimiento, cuando la música llegó a ser un medio de supervivencia y, por fortuna para todos nosotros, el único remanso de paz, consuelo y esperanza.
(NODAL Temas / 31-8-2018)
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