miércoles

MARINA GARCÉS “FILOSOFAR SIEMPRE HA SIDO UN ACTO SUBVERSIVO”




por Irene Hernández Velasco

Filosofía es una palabra de origen griego que, literalmente, significa "amor por la sabiduría".

Desde hace al menos 2.600 años, los seres humanos se interrogan sobre sí mismos y sobre el universo, reflexionan sobre las cuestiones existenciales, sobre los problemas que nos atañen.

Sin embargo en los últimos tiempos la filosofía está de capa caída, arrinconada cada vez más en los planes de estudios, tachada injustamente de inservible e improductiva.

Marina Garcés (Barcelona, 1973) es filósofa y, entre otras cosas, defiende que pensar siempre ha sido un acto subversivo, que la filosofía cambia el mundo y que no sólo no es inútil sino algo vital y necesario.

Esas son algunas de las cosas que les dice a sus alumnos en la Universidad de Zaragoza, donde imparte clases de Filosofía.

Garcés habló con BBC Mundo en el marco del Hay Festival Cartagena, que se celebra en Colombia esta semana.

¿Es la filosofía necesaria? ¿Ahora más que nunca?

La filosofía siempre ha sido igualmente necesaria, pero cada contexto histórico y social percibe esta necesidad de formas distintas.

Estamos en un momento de crisis, no sólo económica sino política y civilizatoria, y frente a los abismos que se abren, reaparecen las preguntas radicales.

¿Por qué la filosofía cada vez se ve más relegada en la inmensa mayoría de los planes de estudio?

El poder se protege de la radicalidad del pensamiento como una potencia compartida. Lo convierte en una exquisitez para unas élites pensantes bien integradas en el sistema académico competitivo y expulsa a los demás.

Para el resto, ofrece una educación cada vez más basada en entrenar la adaptabilidad.

¿Filosofar, pensar, es hoy en día un acto subversivo? ¿Puede ese ser el motivo por el que esa disciplina se vea cada vez más arrinconada, más relegada?

Siempre lo ha sido. En occidente partimos de la figura de Sócrates, que murió condenado por las leyes de la ciudad. Y en oriente hay otras figuras, como la de los sabios taoístas, que siempre estuvieron en conflicto con las figuras del poder.

Pensar por uno mismo es poder preguntar acerca de lo que la realidad establecida da por obvio. Tan sencillo y tan peligroso como esto.

La filosofía es concebida por muchos como algo inútil, como un puro ejercicio mental sin capacidad de tener efectos en la realidad o en la propia existencia. ¿Es así?

El utilitarismo ha colonizado la idea de lo útil. La filosofía no sólo es útil sino que es vital y necesaria, si entendemos que la vida en común tiene como condición poder ser transformada colectivamente.

Obviamente, no me estoy refiriendo a determinadas maneras de enseñar filosofía, convertida en una colección de obras y autores muertos. Me refiero a la capacidad de problematizar, argumentar y conceptualizar de forma autónoma.

La filosofía se hace preguntas, pero con frecuencia no ofrece respuestas…

Hacer buenas preguntas es más importante que tener respuestas para todo. Actualmente, la esfera pública está dominada por la opinión rápida (tertulias, columnistas, redes sociales, etc.) y por el solucionismo, esa ideología según la cual sólo se valoran las soluciones rápidas a problemas muy concretos.

Si se pierde la capacidad de elaborar los problemas verdaderos, caemos en manos de los falsos problemas y de los vendedores de recetas.

¿La filosofía puede ser una forma de vida, como usted sostiene?

La filosofía es una forma de vida. No lo tiene que ser para todo el mundo, pero la filosofía sólo está activa bajo la condición de asumir que el pensamiento transforma la vida.

Por eso no hay filosofía sin enseñanza, que no quiere decir dar clases en una escuela o en una universidad, sino la posibilidad de transmitir a otros posibilidades de vida y maneras de estar en el mundo.

¿Puede la filosofía cambiar el mundo? ¿Cómo?

La filosofía cambia el mundo, otra cosa es que esté en sus manos hacer sociedades más justas. La batalla es dura y las fuerzas desproporcionadas.

La filosofía no es la solución, pero creo que sí es parte de la condición para encontrar soluciones políticas, culturales, económicas, ambientales, etc.

Usted afirma que la filosofía nace en la calle. ¿Significa eso que todos somos —o podemos ser— filósofos?

Todos podemos tener relación con la filosofía, lo que no significa que todos deseemos ser filósofos. Igual que todos podemos tener relación con la música y eso no quiere decir que todos nos dediquemos profesionalmente o de manera muy central a ella.

Cuando digo que la filosofía nace en la calle, lo que quiero decir es que las academias y las instituciones del saber, que son imprescindibles, lo son en la medida que recogen el impulso de lo que en la vida que compartimos necesitamos pensar y conocer. No es al revés.

¿Cómo definiría, en términos filosóficos, al individuo moderno, al ser humano del siglo XXI? ¿Cuáles son sus principales virtudes, sus grandes defectos, sus mayores miedos?

Somos individuos precarizados. El individuo es una figura del siglo XVIII que se conceptualiza para imaginar la emancipación respecto a órdenes sociales de tipo estamental y comunitario (en torno a la familia, la religión, el vasallaje, etc.).

Su potencialidad liberadora (igualdad, libertad, autonomía…) se convierte también en una potencialidad productiva y consumidora.

Es decir, en la pieza clave del capitalismo. Actualmente, este individuo se ve expuesto a multitud de violencias, entre ellas la propia violencia monetaria que lo obliga a ser deudor o emprendedor, o las dos cosas a la vez.

¿Cuáles son en su opinión los grandes temas de los que se debería de ocupar en estos momentos la filosofía?

Los temas son muchos, porque vivimos en sociedades muy complejas. Pero si tuviera que situar unos ejes, diría que la primera gran cuestión de nuestro tiempo es el paso de la globalización económica a la planetarización de la vida y de los problemas comunes (medio ambiente, recursos, vida en el planeta, etc.).

En segundo lugar, la feminización de las relaciones (más allá del feminismo de la reivindicación de la igualdad, estamos hoy en un conflicto abierto entre visiones del mundo).

Y un tercer gran asunto es la relación de los saberes con la emancipación (sabemos muchas cosas pero podemos hacer muy poco con ellas, hay que repensar este vínculo transformador entre el conocimiento y sus consecuencias liberadoras).

¿Las redes sociales son un medio de distracción o de intercambio intelectual? ¿Se puede hacer filosofía a través de ellas?

Las redes sociales en sí mismas no son nada. Es muy obvio decir que las tecnologías son el uso que hagamos de ellas.

Sin embargo, hay que ir con cuidado porque ninguna tecnología es neutra. En este caso, hablamos de redes construidas por grandes corporaciones y según unos determinados parámetros de espacio/tiempo.

Son rápidas, premian la visibilidad en términos cuantitativos, se basan en relaciones construidas desde la autoafirmación… Pueden servir para entrar en contacto con formas de pensar, pero no sé si como herramientas de pensamiento.

Usted, que es catalana, ¿cree que la filosofía puede ayudar por ejemplo a resolver el conflicto de soberanía entre Cataluña y España?

Lo que está ocurriendo en Cataluña pone sobre la mesa la dificultad para pensar más allá de lo que somos, o de lo que creemos que somos.

Las colectividades son conjuntos vivos de relaciones, que temporalmente se han dado la forma de estados-nación y se han conquistado y colonizado bajo esa forma.

El drama es convertir esta contingencia histórica en esencialidades eternas. No creo en ellas, ni en una esencialidad catalana ni en una española, como en ninguna otra.

La libertad de pensamiento que nos da la filosofía es la de poder preguntarnos sin miedo: cómo hemos llegado hasta aquí y cómo podríamos ser de otra manera.

En un mundo globalizado e hiperconectado, ¿cuál es su concepto de identidad?

Siguiendo con la respuesta anterior, las identidades son elementos y rasgos singulares que nos sirven para reconocer la proximidad con otras personas o colectividades. Son entidades abiertas y vivas, expuestas a su continua recomposición.

Eso no quiere decir que no existan, sino que debemos plantearnos cómo poder hacer una experiencia libre y abierta de las identidades que nos componen y nos atraviesan.

Esto implica desbordar la lógica monolítica y monogámica de la identidad, que nos condena a ser una sola cosa por encima de todas las demás

Hace unos años usted hizo un llamamiento a sus estudiantes a rebelarse, a no asistir a sus propias clases. ¿Contra qué nos deberíamos de rebelar en estos momentos? ¿ Y por qué no lo hacemos?

(Se ríe). No les invitaba a no venir a mis clases, sino a venir solo si verdaderamente lo necesitaban o deseaban. Era una carta en la que les pedía que pensaran qué hacíamos allí, por qué nos convocábamos cada semana para aprender filosofía y si eso se podía convertir en una rutina o en un trámite. Incluso peor: en una obligación.

Rebelarse no es romper con todo porque sí: es interrogarnos acerca del sentido de lo que hacemos y asumir las consecuencias de esa reflexión.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 25 y el 28 de enero.

(BBC MUNDO / 23-1-2018)

DAVID HUERTA “NO LEER POESÍA ES VIVIR UNA VIDA POBRE, GRIS Y DESABRIDA”


por Alejandro Jiménez

Considerado como una de las voces fundamentales de la poesía actual mexicana, David Huerta es poeta, narrador, ensayista y traductor y ha desempeñado su labor profesional siempre alrededor de los libros; ha reconocido que la poesía le llega “por la vía genética” y que su padre, el también poeta Efraín Huerta, tuvo un peso específico en sus inicios literarios.

Autor de una vasta obra poética, su libro Incurable (1987), es considerado uno de los mejores de la poesía en lengua española.

Merecedor de infinidad de premios y reconocimientos, el próximo 30 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, por el "ímpetu, la pasión y la fraterna inteligencia" de su obra.

Existe la hipótesis de que la poesía en México se encuentra muy débil, que fuera del circuito intelectual poco es lo que permea hacia la sociedad en general, que ni en las escuelas se lee… ¿Es correcta esta visión de que la poesía en México está muy olvidada?

No estoy de acuerdo con esa visión por razones que trataré de exponer tan claramente como pueda. Antes debo hacer una serie de precisiones sobre la palabra “poesía”, según el contexto en el que aparece. Cuando la utilizamos como en estas preguntas, debemos entender “poesía culta”, es decir, la de los autores que están consagrados canónicamente en los libros de historia literaria, comenzando con los poetas anteriores a la Conquista en el siglo XVI, que el llorado maestro Miguel León-Portilla compiló en antologías beneméritas publicadas en los años sesenta del siglo pasado. Luego vienen los poetas de los tres largos siglos del México virreinal, con la figura de sor Juana Inés de la Cruz, en la segunda mitad del siglo XVII, en el centro; una manera muy injusta de ver ese periodo de nuestra historia y de nuestra cultura, injusticia que le debemos a la generación liberal, tan admirable, pero con opiniones muy discutibles en el terreno de la cultura y de la poesía en particular.

Más tarde vienen los poetas neoclásicos y románticos de los siglos XVIII y XIX; para terminar con las generaciones modernas, a partir de López Velarde y los discípulos y seguidores de Rubén Darío en México. Eso no es ni siquiera un apunte histórico de la “poesía culta” en México sino una serie de toscos brochazos para que tengamos una idea general. Pero esa es solamente la poesía culta, de los autores consagrados; no considero aquí la poesía popular que Gabriel Zaid tuvo el acierto de compilar, selectivamente, en un libro muy valioso que se llama Ómnibus de poesía mexicana, en el que caben desde los letreros en los baños públicos hasta el monumental poema Muerte sin fin de José Gorostiza, pasando por canciones, albures, dichos, canciones infantiles, proverbios, es decir, toda una serie de expresiones en las que el lenguaje intencionado tiene un papel cardinal: no el lenguaje instrumental (“pásame el salero”, “dígame cuánto cuesta el boleto del Metro”…), sino una forma de organizar, de disponer las palabras con una intención, una voluntad específicamente expresiva. Es un arco muy amplio. Se ha dicho que los mexicanos hacemos juegos de palabras hasta en la sopa, literalmente, cuando nos sirven precisamente sopa de letras. Es verdad. El ingenio verbal del mexicano está documentado en ese libro de Armando Jiménez que se llama Picardía mexicana, un clásico en el que pueden leer muchísimos versos que son expresión popular de ese lenguaje intencionado que por muchos lados colinda con la poesía.

¿Las editoriales la promueven?

No, por las peores razones. Razones enteramente mercantiles: la profunda estupidez que relaciona el dinero con el valor de las cosas. Pero eso puede decirse de la mayoría de las editoriales comerciales, no del puñado de magníficas editoriales de nuestro país que publican poesía y lo hacen del modo más digno imaginable, como Era y hasta hace un par de años el Fondo de Cultura Económica.

Es un círculo vicioso: las editoriales comerciales dicen que la poesía no se vende, pero si uno observa la situación con cuidado, verá que no se vende porque no la mueven o no la promueven: ellos mismos han creado ese mito y lo repiten y lo obedecen ciegamente. Han vendido una cantidad enorme de libros que no valen nada y tan campantes; pero eso sí, “la poesía no se vende”: ellos, esos editores, son en buena parte responsables del estado desastroso en que se encuentra la lectura en México.

¿Dejan dinero a editores y poetas las ediciones de libros del género?

No sé ni le he prestado atención a ese fenómeno comercial, si así se le puede llamar; en realidad es la consecuencia de un descuido descomunal alimentado por la ignorancia de todos esos empresarios y gerentes, metidos en ese círculo vicioso del que acabo de hablar. A propósito del premio de la FIL, me ofrecieron publicar un libro de poemas míos, una antología en una de esas editoriales trasnacionales, hacerlo muy rápido, y me negué en redondo: me pareció oportunista, poco profesional y muy desagradable; en cambio, cuando en Era me pidieron un libro de poemas, inmediatamente (o casi) se los entregué con gran gusto. Lo mismo con mis ensayos, que van a aparecer en la extraordinaria editorial, más o menos nueva, dirigida por Tomás Granados Salinas: las ediciones de Grano de Sal. Lo mismo debo decir de otra editorial llamada Cataria, cuyo segundo título será un libro mío de ensayos cuyo subtítulo es sencillamente Sobre poesía. En la FIL van a publicar en un buen tiraje (10,000 ejemplares) una pequeña selección de mi poesía que se va a distribuir gratuitamente, lo cual me llena de alegría. Una observación que me importa hacer: la poesía no es un “género literario”. Es la literatura misma, su sangre y su sentido.

¿Qué hacer para incrementar su consumo? ¿Se puede “poetizar” al país por decreto?

Desde luego que no, esos decretos nunca funcionan. La sola idea de “poetizar al país” me parece extraña. No somos Rusia, donde la lectura de poesía forma parte de los hábitos nacionales; somos un país muy atrasado en muchos terrenos, incluido éste, sin la menor duda. Alguna vez en México la poesía estuvo en auge, pero ya no: uno de los efectos devastadores y estupidizadores del capitalismo rampante. ¿Qué puede hacer un librito de poemas, tan desarmado él, tan poco “espectacular”, junto a la televisión comercial o las tabletas electrónicas o los teléfonos celulares? Pero se sigue pensando que la culpa es de los poetas y de los poemas. Todo mundo piensa así, pero en realidad es una exageración decir que “piensan”; en realidad responden, reproduciéndolos, a una serie de prejuicios y tonterías que circulan incesantemente. En México se sigue leyendo poesía como se ha hecho durante generaciones. Pero seguimos pensando que si no se venden libros de poesía eso significa que no se leen poemas. Me consta que en multitud de familias mexicanas hay libros de poesía que se han conservado en las casas durante varias generaciones y que se leen aún. Por eso digo que se sigue leyendo poesía; decir que no se hace es una opinión indocumentada que nada más le ha prestado atención a lo que se vende ahora, o no se vende: una visión estrecha, enfocada en el dinero, en el comercio.

Algo me llamó la atención en torno al centenario de la muerte de Amado Nervo. En las conmemoraciones por ese aniversario, el presidente López Obrador dijo que Carlos Pellicer, tabasqueño como él, quiso enseñarle el valor de Nervo pero que él prefiere poetas “comprometidos con las causas populares” (creo que fueron sus palabras; sin duda era la idea), dejando ver que consideraba a Nervo un poeta aristocratizante o, como le gusta decir, fifí; ignora o hace como que ignora (no sé qué es peor) que Amado Nervo es el poeta más popular de nuestro país: pertenece al pueblo hace ya muchos años, y hace más de un siglo, tuvo una celebridad inmensa, una popularidad extraordinaria y el pueblo lo ha hecho suyo. Quién sabe la razón de que López Obrador renunciara a aprender de Pellicer algo tan sustancioso, tan valioso, tan importante.

¿Los medios de comunicación influyen en esta falta de difusión?

Los medios de comunicación no tienen el menor interés en la inteligencia: están concentrados en el rating. He oído decir que no hay nada más viejo que el periódico de ayer y yo suelo complementar esta afirmación con otra: no hay noticias más frescas que las que nos dan los buenos poemas.

¿Es el gobierno quien debe promover su consumo vía campañas oficiales de propaganda y difusión de libros?

Evidentemente, sí. Pero los gobiernos mexicanos no tienen un especial interés en que la población entienda, piense, analice, discierna, sea capaz de criticar, es decir: todas esas recompensas de orden intelectual que da la lectura. No: mejor que los votantes vivan atarantados por el discurso oficial, por la publicidad, por la estridencia del comercialismo, antes de que se enfrenten, ¡Dios no lo quiera, ni el señor presidente!, a un libro bien pensado y bien escrito, como hay tantos, por fortuna, en nuestra literatura.

¿Qué ha dicho la 4T (el gobierno de AMLO) al respecto? ¿Promoverán la cultura?

Lo que hay que decir es desolador y está a la vista de quien quiera verlo; parte del final de mi respuesta anterior tiene relación con el gobierno actual. La Secretaría de Cultura sobrevive de milagro y hay que defenderla con todos los medios legales y legítimos a nuestro alcance; por otra parte, la Secretaría de Cultura del gobierno de nuestra capital (CdMx) ha tenido grandes problemas para cumplir con sus compromisos: la prueba está a la mano con la parálisis del apoyo económico a centros culturales como la Casa Elena Poniatowska y la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

Los funcionarios altos y medios dicen o sugieren “acudan a la iniciativa privada”; pero eso no es fácil. Un panorama muy desolador en el que parece valorarse algo tan extraño como el “rap en otomí” pero se deja morir o agonizar centros culturales como los que he mencionado. Nunca he escuchado un rap en otomí y quizá sea interesantísimo; pero es tan extraño como un artículo sobre física cuántica redactado en falisco. Vaya, hay mucha demagogia. Me gustaría saber si los jilgueros y aduladores del gobierno actual, y los propios altos funcionarios, pueden recitar medio poema de Netzahualcóyotl o un tocotín de sor Juana en lengua mexicana; si no saben, entonces su defensa de las “culturas originarias” es pura demagogia, politiquería barata, hipocresía pura y dura. Ah, y además conservadurismo paternalista disfrazado de un progresismo chirle.

Además de tu caso, ¿quiénes son los poetas mexicanos más destacados de la actualidad?

Hay poetas extraordinarios en México. Coral Bracho y Elsa Cross son nombres que me vienen de inmediato a la mente. Pero hay otros, muchos otros, desde luego: Francisco Segovia, Antonio Deltoro, Javier Sicilia, José Luis Rivas, Luis Cortés Bargalló, Luis Vicente de Aguinaga, Víctor Cabrera, Paula Abramo, Maricela Guerrero, Elisa Díaz Castelo, Pedro Martín Aguilar, Lázaro Tello, Jorge Ortega, Óscar de Pablo, Emiliano Álvarez, Sara Uribe, entre otros. Javier Sicilia vivió una tragedia familiar y personal realmente espantosa y para mí representa una porción importante de lo que mi amigo y camarada Federico Campbell llamaba “la reserva moral de la sociedad”, además de que es un poeta muy bueno, muy profundo, que como protesta por la violencia en que los gobiernos sucesivos (incluido el actual, en 2019) han permitido que se hunda el país, abandonó la poesía; sus amigos le hemos pedido que vuelva y ojala escriba más poemas, que mucha falta nos hacen.

En el mundo, ¿cuáles autores están marcando la pauta en este género?

Pienso en el chileno Raúl Zurita, en el norteamericano Mark Doty. Ya murieron tres de los más grandes: el irlandés Seamus Heaney, el santalucí Derek Walcott, el ruso Joseph Brodsky. Dejaron un legado formidable. En México, sus traductores son ilustres: de Walcott, José Luis Rivas; de Heaney, Pura López Colomé.

Dos palabras sobre Raúl Zurita. Es un poeta visionario y político: su política es visionaria y sus visiones tienen un trasfondo histórico de enorme valor. El primer poema que de él conocí se titula El desierto de Atacama y es un canto trágico a la naturaleza y a los heroicos chilenos que se opusieron a la dictadura que atormentó su país desde 1973. Zurita nunca ha abandonado su forma de pensar y de hacer poesía; para mí es un ejemplo de cómo debe comportarse un poeta: sin compromisos sino radicalmente, sin concesiones, con una atención suprema al mundo, a la realidad, a los sueños, a todo. Lo admiro enormemente y ha sido un maestro a la vez distante y cercano, pues atesoro sus libros con mucho amor.

¿Qué les diría a los jóvenes interesados en hacer y difundir poesía, para animarlos a seguir... o a lo mejor para desanimarlos?

Les diría, primero que nada, que lean poesía. Si no lo hacen, no pasa nada, desde luego; pero inevitablemente vivirán una vida pobre, limitada, gris, desabrida. La verdad, los grandes lectores son grandes vivientes, como diría Nieztsche. No leer, pudiendo hacerlo, es como aceptar mansamente la ceguera, pues quienes no leen están como ciegos.

¿QUIÉN ES?

Nació en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1949, estudió en la Preparatoria Nacional y Filosofía y Letras Inglesas y Españolas en la UNAM.

Ha sido coordinador de talleres literarios en la Casa del Lago de la UNAM, en el INBAL y en el ISSSTE, y ha impartido cursos de literatura en las fundaciones Octavio Paz y para las Letras Mexicanas. Desde 2005 es maestro en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la UNAM mantiene la cátedra Poesía en lengua española.

Se ha desempeñado como secretario de redacción de La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, director del Periódico de Poesía de la UNAM, coordinador del suplemento cultural de Cisa (hoy Agencia Proceso) y miembro del consejo editorial de Letras Libres y es colaborador frecuente en muy diversos medios de comunicación.

Ha dictado conferencias y lecturas en todo el país y en el extranjero. Incluyendo las universidades de Princeton, Harvard, Oxford y Cambridge.

Es maestro universitario desde 2005 en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la UNAM mantiene la cátedra Poesía en lengua española.

Ha sido ganador de los premios de poesía Carlos Pellicer (1990) y Xavier Villaurrutia (2005). En diciembre de 2015 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura y en 2016 fue nombrado Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte, y en 2018 el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco.

OBRAS
El jardín de la luz (1972)
Versión (1978)
Incurable (1987), considerado uno de los mejores de la poesía en lengua española.
Los objetos están más cerca de lo que aparentan (1990)
El azul en la flama (2002)
La calle blanca (2006)
La mancha en el espejo. Recopilación de su obra poética, 2 vols (2013)
El ovillo y la brisa (2018)


(El Sol de México / 1-11-2019)

WILLIAM BURROUGHS - EL GRAN GURÚ DE LA GENERACIÓN BEAT


por Joaquín León

William Seward Burroughs II, antes de ser escritor, artista, drogadicto o prófugo de la justicia, era el hijo de una familia adinerada de St. Louis Missouri. Su abuelo, quien llevaba el mismo nombre, había inventado la calculadora en 1882 y desde entonces, con la patente de su invento, había provisto a su familia con estabilidad económica. El estilo de vida llevado por su familia, y el lujo que acompañó a William Burroughs durante su infancia representó para él, como para muchos otros de su generación, una herencia a la cual era necesario oponerse.

Educado en escuelas privadas de St. Louis, donde conoció a Lucien Carr, y enlistado más tarde en la Universidad de Harvard, Burroughs pasó su adolescencia atosigado por el fantasma del deber familiar. Sin embargo, como estudiante de literatura y más tarde como doctor en antropología, estos primeros años también estuvieron acompañados por la presencia de obras de autores como Shakespeare, Coleridge y DeQuincy; lecturas que abastecieron su escepticismo ante el mundo, y que también le inspiraron, en su etapa como escritor, una rebeldía en torno a las formas y a las herencias literarias. 

Estos supuestos, serían los que en 1944 en la Universidad de Columbia lo acercarían de forma irremediable a los anhelos y las inquietudes de personajes como Allen Ginsberg y Jack Kerouac. Estos personajes, habitantes de un mundo provisto de experimentación, irreverencia y drogas, se volvieron parte fundamental del anhelo de Burroughs por matar a los padres –literarios, biográficos, históricos– y encontrar un cauce a una pulsión de vida, la cual, muchas veces, se tornó destructiva.

Durante estos años y tras el supuesto asesinato de David Kammerer en manos de Lucien Carr, la vida de Burroughs y del resto de los integrantes de la naciente Generación Beat, empezó a cobrar un ritmo frenético, y accidentado. Sin embargo, al mismo tiempo y quizás como un gesto de supervivencia, la escritura de Burroughs comenzó a entretejerse con su vida, volviéndose vital, plagando su obra de alusiones autobiográficas, como lo fue con sus primeras novelas, Queer (1952, publicada hasta 1985) y Junkie (1953). Estas obras, que giraban en torno a temas como las drogas, el deseo y la homosexualidad, marcarían el inicio de la que sería su etapa artística más productiva y se volverían un espacio desde el cual acompañar la exploración de su sexualidad y la superación del que sería quizás el evento más traumático de su vida, el asesinato accidental de su esposa Joan Vollmer.

Esta etapa, alternada entre la Ciudad de México, París y Tánger, sumió a Burroughs en una grave adicción y lo condujo al clímax de su carrera literaria. En 1959, tras conocer en un hotel de París al pintor y poeta Brion Gysin, Burroughs se sumió en la escritura de Naked Lunch, una novela que, inspirada en la técnica del cut-up utilizada por Gysin, retó los límites de las formas narrativas tradicionales y logró expandir, a partir de mecanismos como el corte, el collage y la apropiación, las posibilidades narrativas de la literatura. Naked Lunch, al igual que Howl de Ginsberg y On the road de Kerouac, fue el punto fulminante de la búsqueda por una forma propicia para expresar la experiencia fragmentada y el ritmo afiebrado del hombre post-moderno.

Finalmente, a sus sesenta y siete años, y tras vivir una vida dividida entre Nueva York, Londres, París, México y Tánger, William Burroughs regresó, aconsejado por Ginsberg, a Estados Unidos, e impartió durante ocho años clases de escritura creativa en City College New York.

Después, en 1981, tomó distancia del mundo y se entregó de lleno a la vida provinciana de la ciudad de Lawrence, Kansas. Ahí, en una casa de madera, acompañado por sus tres gatos y visitado por sus amigos, el poeta que alguna vez se había internado en el Amazonas para ir en búsqueda de ayahuasca, abandonó aquel camino, dejó la pluma y se entregó, aunque con reticencia, a la pintura y el coleccionismo de armas.

Esta etapa en el campo, marcada por largas horas de pesca y caza, significaría para el poeta el culmen de un arduo proceso de desintoxicación de las drogas que, diez años antes había cobrado dimensiones insostenibles, y le otorgaría la mesura, antes buscada, para esbozar entre 1996 y 1997 su obra más íntima y su despedida definitiva del mundo de las letras: Last Words, un diario que de forma póstuma fue editado por su fiel asistente James Grauerholz y en el cual, en la última entrada, Burroughs apunta:

“There is no final enough of wisdom, experience – any fucking thing. No Holy Grail, No Final Satori, no solution. Just conflict. / Only thing that can resolve conflict is love, like I felt for Fletch and Ruski, Spooner, and Calico. Pure love. What I feel for my cats past and present. / Love? What is it? / Most natural painkiller that there is”.

Las páginas en este diario, alimentadas por las horas sedentarias, reúnen entre las entradas y los días personajes y fantasmas que recorrieron su vida; una generación entera de artistas y poetas que, en ese entonces, ya había sido consumida, casi en su totalidad, por el Sida, por la sobredosis o por la locura. Burroughs, quien desde el principio fue el más viejo de todos, se convirtió desde las planicies de Lawrence, Kansas en algo así como el gurú de un sentimiento, el cual ante el anhelo de construir expresiones sinceras dio voz a una comunidad y encendió desde su obra un dominio heredado de libertad.

(GATOPARDO / 1-3-2019)

WALT WHITMAN - YO CANTO AL CUERPO ELÉCTRICO


En Leaves of Grass (1855, 1891-2), Walt Whitman celebró la democracia, la naturaleza, el amor y la amistad.

Esta monumental obra cantó tanto al cuerpo como al alma, y encontró belleza y tranquilidad incluso en la muerte.

Junto con Emily Dickinson, Whitman es considerado como uno de los poetas más 
importantes de los Estados Unidos del siglo XIX.

Jorge Luis Borges, traductor argentino de Walt Whitman, comentaba al respecto al respecto de su traducción: “El idioma de Whitman es un idioma contemporáneo; centenares de años pasarán antes de que sea una lengua muerta. Entonces podremos traducirlo y recrearlo con plena libertad, como Jáuregui lo hizo con la Farsalia, o Chapman, Pop y Lawrence con la Odisea. Mientras tanto, no entreveo otra posibilidad que la de una versión como la mía, que oscila entre la interpretación personal y el rigor resignado”. 

Yo canto al cuerpo eléctrico

1

Yo canto al cuerpo eléctrico,

Me abrazan los ejércitos de quienes amo y yo los abrazo,
No han de soltarme hasta que yo vaya con ellos, hasta que les responda,
Hasta que yo los purifique y los colme con la carga de mi alma.

¿No es sabido que quienes corrompen su cuerpo están ocultándose?

¿Y quienes profanan a los vivos son tan viles como quienes profanan a los muertos?
¿Y que el cuerpo no vale menos que el alma?
¿Y si el cuerpo no fuese alma, qué es el alma?

2

El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,

El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,

Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas,
Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la lustrina,
Verlo pasar expresa tanto como el mejor poema, y acaso más,
Os detenéis para mirar su espalda y su nuca y sus hombros.
La negligencia y la redondez de los niños, los senos y las cabezas de las mujeres, los pliegues de sus vestidos, su andar al cruzarse en la calle con nosotros, el contorno de sus caderas,

El nadador desnudo en la pileta atravesando el transparente resplandor verde y tendido de espaldas y silenciosamente flotando sobre las agitadas aguas,
El rítmico balanceo de los remeros en los botes de remo, el jinete en su silla
Muchachas, madres, amas de llaves en todas sus tareas,
El grupo de trabajadores sentados al mediodía ante la comida y sus mujeres que les sirven,
La mujer que sosiega al niño, la hija del granjero en el huerto o en el establo,
el peón que está carpiendo el maizal, el conductor del trineo que guía entre la turba a sus seis caballos,
El forcejear de los que luchan, dos aprendices ya crecidos, animosos, afables, americanos, en el baldío al atardecer después del trabajo,
Los sacos y las gorras tiradas, el abrazo del amor y de la resistencia,
El abrazo de arriba y el de abajo, el pelo revuelto que les encegué los ojos;
La marcha de los bomberos uniformados, el juego de los músculos varoniles a través de los pantalones ceñidos y de los cintos,
El cansado regreso desde el incendio, la pausa cuando la campana vuelve a sonar y su llamado los detiene,
Las diversas actitudes, espontáneas, perfectas, la cabeza inclinada, los cuellos encorvados y el contar;
A ellos los quiero, me suelto, paso sin traba y estoy en el regazo de la madre con el pequeño,
Nado con los que nadan, lucho con los que luchan, marcho con los bomberos y me detengo, escucho, cuento.

3

Conocí a un hombre, un sencillo granjero padre de cinco hijos,

Y éstos los padres de otros, y éstos los padres de otros hijos.
Este hombre era de una fuerza maravillosa, sereno, hermoso,

La forma de su cabeza, el amarillo claro y la blancura y la blancura de su pelo y su barba, la insondable profundidad de sus ojos negros,la plenitud y la riqueza de sus modales;
Para ver esas cosas yo solía ir a visitarlo, era sabio también,
Tenía seis pies de estatura y ya había cumplido ochenta años; sus hijos fornidos, puros, barbados, de piel curtida, hermosos;
Ellos y sus hijas lo querían, todos quienes lo vieron lo querían,
No lo querían por costumbre, lo querían con amor personal,
No bebía más que agua, la roja sangre se traslucía en su piel morena,
Le gustaba cazar y pescar, dirigía él mismo su bote, era dueño de un fuerte bote que un armador le había regalado, tenía escopetas que hombres que lo querían le habían regalado;
Cuando salía con sus cinco hijos y con sus muchos nietos a cazar o a pescar, lo hubiera señalado como el más hermoso y el más fuerte de todos,
Habrías deseado quedarte con él mucho tiempo, habrías deseado estar en el bote para poder tocarlo.

4

Me he dado cuenta de que basta estar con los que uno quiere,

Me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero,
Me basta sentir cerca la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama.
¿Pasar entre la gente y tocar alguno, o rozar con el brazo el cuello de un hombre o de una mujer, no es esto mucho?
No pido otra alegría, nado en ella como en el mar.
Hay algo en estar cerca del hombre y de mujeres y de mirarlos, y en su contacto y en su olor, que es grato al alma,
Todas las cosas son gratas al alma, pero esta es la más grata.

5

Esta es la forma femenina
Exhala de pies a cabeza una divina aureola,

Atrae con irresistible atracción,
Me atrae su aliento como si yo no fuera otra cosa que un indefenso vaho, todo desparece salvo ese aliento y yo,
Los libros, el arte, la religión, el tiempo, la visible y sólida tierra, y lo que del cielo esperábamos y lo que del infierno temíamos, todo se ha consumido,
Mis frenéticos filamentos, indómitos, brotan de él, a reacción también es indómita,
El pelo, el pecho, las caderas, la curva de las piernas, las negligentes manos que sueltan, las mías que se sueltan,
La marea aguijoneada por el reflujo, el reflujo por la marea, carne de amor henchida y deliciosamente doliendo,
Límpidos, ilimitados chorros de amor, calientes y enormes, trémula jalea de amor, zumo espumoso y delirante,
Noche nupcial de amor que se abre camino con delicadeza y demora en el alba yacente,
Penetrando en el día dócil que cede,
Perdida en el abrazo de la profunda y dulce carne del día.
Este es el núcleo – primero el niño nace de la mujer, el hombre nace de la mujer,
Este es el baño del sexo, ésta la fusión de lo grande y de lo pequeño, y otra vez la salida.

No sintáis vergüenza, mujeres, vuestro privilegio incluye a los otros y es el manantial de los otros,

Sois las puertas del cuerpo y también las puertas del alma.

La mujer encierra todas las cualidades y las afina,

Está en su lugar y avanza con equilibrio perfecto,
En todas las cosas debidamente veladas, es a la vez pasiva y activa,
Su destino es concebir hijas e hijos, y asimismo hijos e hijas.

Veo mi alma que se refleja en la Naturaleza,

Veo a través de una neblina a la Única, de inexpresable plenitud, cordura y belleza,
Veo la cabeza inclinada y los brazos cruzados sobre el pecho, veo a la Mujer.

6

El varón también es el alma, él también está en su lugar.

El también es todas las cualidades, es acción y poder,
La plenitud del hombre visible está en él,
El desdén le sienta, el deseo y el desafío le sientan,
Las pasiones más impetuosas y más vastas, el ápice del gozo, el mayor pesar le conviene, para él se ha hecho el orgullo.
El infinito orgullo del hombre sosiega el alma y la enaltece,
El conocimiento le sienta, siempre le agrada, todas las cosas las somete a su propia prueba,
Sea lo que fuere el examen, sean lo que fueren el mar y la nave, sólo arrojará la sonda en sí mismo. (¿Dónde, sino en sí mismo, podrá arrojar la sonda?)

Sagrado es el cuerpo del hombre y sagrado es el cuerpo de la mujer,

No importa de quién sea, es sagrado -¿es el del peón más despreciable de la cuadrilla?
¿Es el de uno de los inmigrantes más torpes que acaban de desembarcar en el muelle?
Todos, aquí o allá, tienen su lugar, no menos que el más rico, no menos que tú,
Todos, hombre o mujer, tienen su lugar en la procesión.

(Todo es una procesión,

El Universo es una procesión de paso medido y perfecto.)

¿Tan grande es tu saber que puedes llamar ignorante al más bajo?

¿Te crees acaso con derecho a mirar un bello espectáculo, negado a él o a ella?
¿Piensas que la materia se ha congregado desde su vaga nube y que la tierra ocupa la superficie y que el agua corre y brotan las planteas,
Para ti sólo, y no para él o para ella?

7

Un cuerpo de hombre en el mercado,

(Porque antes de la guerra yo solía concurrir al mercado y mirar la venta),
Ayudo al rematador; el holgazán no sabe su oficio.

Caballeros, atención a esta maravilla,
Por más que pujen los compradores, no ofrecerán bastante,
Sin un animal ni una planta la tierra tardó quintillones de años en engendrarlo,
Para él giraron pacientes e incesantes los ciclos.
Dentro de esta cabeza, el inescrutable cerebro,
En él y abajo, la creación de los héroes.
Ved estos miembros, colorados, negros o blancos, sus tendones y nervios son intricados,
Los desnudarán para que estén bien a la vista.
Sentidos exquisitos, ojos que la vida ilumina, coraje, voluntad,
Láminas de los músculos del pecho, espinazo y cuello flexible, carne tensa, fuertes brazos y piernas,
Y dentro, aún más prodigios.
Adentro la sangre que corre,
¡La misma antigua sangre! ¡La misma sangre roja que corre!
Ahí se dilata y fluye un corazón, ahí están todas las pasiones, deseos, anhelos, aspiraciones.
(¿Crees que no están ahí porque no se expresan en salones o en las aulas?)
Este no es sólo un hombre, es el padre de otros, que serán padres a su vez,
En él está el origen de populosos estados y de ricas repúblicas,
En él, innumerables vidas inmortales, innumerables encarnaciones y dichas.
¿Cómo saber quiénes nacerán de su prole a través de los siglos?
(¿De quién supones que has nacido tú mismo si pudieras exhumar los siglos que fueron?)

8

Un cuerpo de mujer en el mercado,
Ella tampoco es sólo ella misma, es la fecunda madre de madres,
Es la que lleva a aquellos que crecerán y serán compañeros de las madres.
¿Amaste alguna vez el cuerpo de una mujer?
¿Amaste alguna vez el cuerpo de un hombre?
¿No ves que son los mismos para todos en todas las naciones y en todas las épocas de la tierra?
Si algo hay sagrado, el cuerpo humano lo es,
Y el esplendor y la dulzura de un hombre son el sello de su hombría sin mancha,
Y en el hombre o en la mujer, un cuerpo limpio, fuerte, de fibra firme, es más bello que la cara más bella.
¿Has visto al insensato que profanó su propio cuerpo vivo?
No se ocultan, no pueden ocultarse.

9

¡Oh, cuerpo mío!, no me atrevo a abandonar a tus semejantes en otros hombres y otras mujeres, ni a los semejantes de las partes que te componen;
Creo que tus semejantes perdurarán o morirán con los semejantes del alma (y que son el alma),
Creo que tus semejantes perdurarán o morirán con mis poemas, y que son mis poemas,
Poemas del hombre, de la mujer, del niño, del muchacho, de la esposa, del esposo, de la madre, del padre, del joven y de la joven,
Cabeza, cuello, pelo, orejas, lóbulo y tímpano de la oreja,
Ojos, pestañas, iris del ojo, cejas y la vigilia o sueño de los párpados,
Boca, lengua, labios, dientes, paladar, mandíbulas y articulaciones de las mandíbulas,
Nariz, aletas de la nariz y tabique,
Mejillas, sienes, frente, mentón, garganta, nuca, forma del cuello,
fuertes hombros, barba viril, omóplatos, espalda, y el ámbito del pecho,
Brazo, axila, junta del codo, antebrazo, músculos del brazo, huesos del brazo,
Muñeca y coyunturas de la muñeca, mano, palma, nudillos, pulgar, índice, articulaciones de los dedos, uñas,
Amplio pecho, rizado vello del pecho, esternón, costados,
Costillas, vientre, espinazo, vértebras,
Caderas, articulaciones de las caderas, fuerzas de las caderas, redondez cóncava y convexa, testículos, raíz del hombre,
Muslos, que son la firme base del tronco, Músculos de la pierna, rodilla, rótula, piernas,
Tobillos, empeine, planta del pie, dedos del pie, talón,
Todas las actitudes, todas las bellezas, todos los bienes de mi cuerpo o el tuyo,o del cuerpo de cualquier otro, varón o mujer,
Las celdillas de los pulmones, el estómago, las entrañas dulces y limpias,
El cerebro y sus pliegues dentro del cráneo,
Simpatías, válvulas del corazón, válvulas del paladar, sexo, maternidad,
Lo femenino y todo lo que pertenece a la mujer, y al hombre que nace de la mujer,
El seno, los pechos, los pezones, la leche del pezón, las lágrimas, la risa, el llanto, las miradas de amor, la amorosa inquietud, las erecciones,
La voz, la articulación, el lenguaje, el susurro, el grito,
El alimento, la bebida, el pulso, la digestión, el sudor, el sueño, caminar, nadar,
Porte de las caderas, saltar, recostarse, abrazarse, brazos que se curvan y aprietan,
El continuo movimiento de las comisuras de los labios y de los ojos,
La piel, la mejilla tostada, las pecas, el pelo,
La sensación curiosa de la mano al rozar la desnuda carne del cuerpo,
Los ríos incesantes del aliento, de la inspiración y la exhalación,
La belleza del talle y de las caderas, y más abajo, hasta las rodillas,
Las mínimas partículas rojas que llevo y que tú llevas, los huesos y la médula de los huesos,
La sensación deliciosa de la salud;
Afirmo que estas cosas no sólo son los poemas del cuerpo, sino también del alma,
Afirmo que son el alma.

En Hojas de hierba
Traducción: Jorge Luis Borges, 1972

(BUENOS AIRES POETRY / 7-5-2019)


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+