jueves

INVITACIÓN - La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)


Queremos invitarte a compartir con nosotros a la primer presentación  y filmación de nuestra obra “La galante Calavera (a propósito del entierro de Julio Herrera y Reissig)”, basado en el discurso pronunciado por Alberto Zum Felde el día del funeral de nuestro máximo poeta que se realizará este sábado 31/1/2015 a las 19 Hs. en el Cementerio Central, frente al Panteón Nacional.

Protagonizado por María José Pedraja, acompañada por Nestro RizzoHéctor Moure y la dirección de Alvaro Moure Clouzet.

Por favor confirmar asistencia a elmontevideanolabs@gmail.com o por mensaje de texto dejando tu nombre y el de las personas que desees que te acompañen al 092 020 839.

Te esperamos.

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS - CLARISSA PINKOLA ESTÉS




CENTESIMOSEXTA ENTREGA
CAPÍTULO 11


El calor: la recuperación de la sexualidad sagrada

Las diosas obscenas (3)

Baubo: La diosa del vientre (2)

La pequeña Baubo siempre me ha gustado mil veces más que cualquier otra diosa de la mitología griega, quizá más que ninguna otra figura. Procede sin duda de las diosas del vientre neolíticas, unas misteriosas figuras sin cabeza y, a veces, sin brazos ni piernas. Nos quedamos cortos diciendo que son "figuras de la fertilidad", pues está claro que son mucho más que eso. Son los talismanes de las conversaciones femeninas, es decir, de la clase de conversación que las mujeres jamás mantendrían en presencia de un hombre como no fuera en circunstancias extraordinarias.

Estas figurillas representan unas sensibilidades y unas expresiones únicas en todo el mundo; los pechos y lo que se siente en el interior de esas sensibles criaturas, los labios de la vulva, en los que una mujer experimenta unas sensaciones que los demás pueden imaginar, pero que sólo ella conoce. Y la risa del vientre, que es una de las mejores medicinas que pueda tener una mujer.

Siempre he pensado que el Kaffeklatsch* era un vestigio del antiguo ritual femenino del estar juntas, un ritual que, como el antiguo, se centra en conversaciones del vientre y en el que las mujeres hablan desde sus entrañas, dicen la verdad, se ríen como locas, se sienten más reconfortadas y, cuando vuelven a casa, todo marcha mejor.

A veces cuesta conseguir que los hombres se retiren para que las mujeres puedan permanecer a solas entre sí. Sé que en tiempos antiguos las mujeres animaban a los hombres a que se fueran a "pescar". Se trata de una estratagema utilizada por las mujeres desde tiempos inmemoriales para que los hombres se alejen y la mujer pueda quedarse sola o en compañía de otras mujeres. Las mujeres necesitan vivir de vez en cuando en una atmósfera exclusivamente femenina, ellas solas o con otras mujeres.

Es un ciclo femenino natural. La energía masculina está muy bien. Más que bien; es suntuosa e impresionante. Pero a veces es algo así como darse un atracón bombones. Nos apetece tomar durante unos cuantos días un poco de arroz frío y un caldo calentito para purificar el paladar. Tenernos que hacerlo de vez en cuando.

Además, la pequeña diosa del vientre Baubo nos recuerda la interesante idea de que un poco de obscenidad puede ayudar a superar una depresión. Y es verdad que ciertas clases de risa, la que procede de todos esos relatos que las mujeres se cuentan, esos relatos tan subidos de tono que rayan con el mal gusto, sirven para despertar la libido. Vuelven a encender el fuego del interés de una mujer por la vida. La diosa del vientre y la risa del vientre es lo que nosotras buscamos.

Por consiguiente, te aconsejo que incluyas en tu colección unos cuantos "cuentecitos guarros" como el de Baubo. Esta forma reducida de cuento es una poderosa medicina. El divertido cuento "guarro" no sólo puede disipar una depresión sino también arrancar la negra furia que oprime el corazón, consiguiendo que la mujer sea más feliz que antes. Pruébalo y verás.

Y ahora confieso que no puedo decir gran cosa acerca de los dos siguientes aspectos del cuento de Baubo, pues están destinados a ser comentados en pequeños grupos integrados exclusivamente por mujeres, pero sí puedo decir lo siguiente: Baubo posee otra característica; ve a través de los pezones. Para los hombres es un misterio, pero cuando se lo comento a las mujeres, estas asienten enérgicamente con la cabeza y dicen "¡Ya sé lo que quieres decir!".

El hecho de ver a través de los pezones es ciertamente un atributo sensorial. Los pezones son unos órganos psíquicos que reaccionan a la temperatura, el temor, la cólera, el ruido. Son un órgano sensorial como lo son los ojos de la cabeza.

En cuanto a lo de "hablar por la vulva", se trata, desde un punto de vista simbólico, de hablar desde la prima materia, el más básico y más sincero nivel de verdad: el os** vital. ¿Qué otra cosa se puede decir sino que Baubo habla desde el barro madre, la profunda mina, literalmente desde las profundidades? En el relato de Deméter que busca a su hija nadie sabe qué palabras le dirigió exactamente Baubo a Deméter. Pero ya tenemos cierta idea.


* En alemán, tertulia de mujeres. (N. de la T)

* * En latín, hueso. (N. de la T.)

EL PODER Y LA GLORIA - GRAHAM GREENE


SEXAGESIMOPRIMERA ENTREGA
                       
TERCERA PARTE


IV (2)


El teniente abrió la puerta de la celda; dentro estaba muy oscuro. Cerró la puerta tras de  sí con cuidado y echó la llave, conservando una mano sobre el revólver. Anunció:

-No vendrá.

El cura era una figurita acurrucada en la oscuridad. Estaba en cuclillas en el suelo como un niño jugando. Exclamó:

-¿Quiere usted decir... que no vendrá esta noche?

-Quiero decir que no vendrá, en absoluto.

Hubo un rato de silencio, si puede hablarse de silencio donde se oía de continuo el zumbido de los mosquitos y el crujido de los escarabajos reventando contra la pared. Al fin observó el cura:

-Tuvo miedo, supongo.

-Pobre hombre.

Procuró reír; pero ningún sonido resultaría más lamentable que el de su mezquino intento. La cabeza se le cayó entre las rodillas; parecía abandonarlo todo y sentirse completamente abandonado. El teniente dijo:

-Será mejor que lo sepa usted todo. Ha sido usted juzgado y condenado.

-¿No hubiera podido presenciar mi proceso?

-Hubiera sido exactamente igual.

-No. -Se calló preparando una actitud. Después preguntó con falsa desenvoltura-: ¿Y cuándo, si puedo preguntarlo...?

-Mañana.

La brevedad y presteza de la réplica disolvieron su fanfarronería. Abatió de nuevo la cabeza y pareció que se mordía las uñas, según lo poco que la oscuridad consentía ver. El teniente dijo:

-Es malo pasar solo una noche como ésta. Si quiere usted que le traslademos a la celda común...

-No, no. Prefiero estar solo. Tengo mucho quehacer. -Le falló la voz como si tuviera un fuerte resfriado. Jadeó-: Mucho en que pensar.

-Me gustaría hacer algo por usted -manifestó el teniente-. ¿Le traigo un poco de aguardiente?

-¿A pesar de la ley?

-Sí.

-Es usted muy bondadoso. -Tomó el pequeño frasco-. Acaso usted no lo necesitaría en mi lugar. Pero yo siempre tuve miedo al dolor.

-Alguna vez hemos de morir -dijo el teniente-. El cuándo no parece de gran importancia.

-Es usted un buen hombre. No tiene usted nada que temer.

-Tiene usted unas ideas tan raras -se quejó el teniente-. A veces me doy cuenta de que trata usted de tentarme.

-¿Para qué?

-¡Oh, para que le deje escapar, quizás...! o para que crea en la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos... ¿cómo sigue la monserga esa?

-El perdón de los pecados...

-Usted no cree mucho en eso, ¿eh?

-¡Oh, sí que creo! -afirmó prestamente el hombrecillo.

-Entonces, ¿por qué se aflige usted?

-Ya ve usted que no soy un ignorante. Siempre supe lo que hacía. Y no puedo absolverme a mí mismo.

-¿Si el Padre José hubiera venido, sería la cosa tan diferente?

Tuvo que aguardar un largo rato la respuesta y al fin no comprendió lo que dijo:

-Con otro hombre... sería más fácil...

-¿No puedo hacer nada más por usted?

-No. Nada.

El teniente volvió a abrir la puerta llevándose maquinalmente la mano al revólver. Sentíase taciturno, como si al tener al cura bajo llaves y cerrojos no quedara nada en que pensar. Los resortes de su actividad parecían haberse roto. Recordaba las semanas del acoso como un tiempo feliz terminado para siempre. Sentíase sin objeto como si la vida se hubiese agotado en el mundo. Dijo con amarga bondad:

-Procure dormir.

Ya estaba cerrando la puerta cuando una voz temblorosa le habló:

-Teniente.

-¿Qué?

-Usted ha visto fusilar gente. Gente como yo.

-Sí.

-¿El dolor dura... mucho tiempo?

-No, no. Un segundo -contestó con aspereza, y cerró la puerta, marchándose a través del patio encalado.
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