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DYLAN HABLA SOBRE LA SALUD, EL MAR, LA MÚSICA, LA IMPERMANENCIA


Bob Dylan no había hecho una entrevista desde que ganó el premio Nobel en 2016 (sin contar lo que produjo para su propio sitio de Internet), hasta ayer. El New York Times publica una larga entrevista realizada por Douglas Brinkley en la que Dylan habla de su música más reciente, de sus músicos favoritos y de la actualidad del mundo. Desde su casa en Malibu, Dylan contesta las preguntas, habla de la muerte, del blues y del gospel y de su último éxito: Murder Must Foul, una canción de 17 minutos sobre la muerte de JFK (y todo lo demás) que ha alcanzado el primer lugar de varias listas de popularidad musical del momento.

Dylan en su última producción ha he hecho una especie de popurrí o un viaje extático a la calle de las memorias en el que aparecen todos los fantasmas de la cultura pop estadounidense. En I Contain Multitudes, su evocación de Walt Whitman, Dylan dice "I sleep with life and death in the same bed." Y en la entrevista comenta. "Pienso en la muerte de la raza humana. El largo y extraño viaje del mono desnudo. No por tomarlo a la ligera, pero la vida es algo transitorio. Todo ser humano, no importa cuán fuerte o poderoso, es frágil con respecto a la muerte. Lo pienso en términos generales no de una forma personal."

Sobre la situación actual en su país, Dylan dispara una flecha a los medios: "Todo lo que vemos es noticias buenas-para-nada. Y debemos de agradecer a la industria de los medios por eso. [Estas noticias] agitan a las personas. Chismes y ropa sucia. Noticias oscuras que te deprimen y horrorizan".

Ante esto Dylan opone las noticias de la música gospel, es decir del Evangelio, literalmente "las buenas noticias." Pero la gente no escucha esto. "Sus vidas son vividas demasiado aprisa. Demasiadas malas influencias. Sexo, política y asesinato son el camino si quieres llamar la atención de las personas. Nos excita, eso es el problema".

Dylan Habla de su telepatía musical de Indiana Jones y extraños juegos de asociación. Las canciones que le gustan más de los Rolling Stones son Angie, Ventilator Blues y Wild Horses. La gran influencia que fue particularmente Little Richard y menciona otros artistas como Ella Fitzgerald y Oscar Peterson. Habla de su método de composición, el cual compara con un estado de trance, en el que las letras "son cosas reales, tangibles, no son metáforas. Las canciones parecen conocerse a sí mismas y saben que yo puedo cantarles, vocal y rítmicamente. Es como si se escribieran solas y me llaman para que las cante."

Dylan ha pasado la cuarentena viendo el Océano Pacífico en Malibu y dice que existe algo curativo en el mar. Sus canciones "Cool Water,” “Many Rivers to Cross,” “How Deep Is the Ocean son curativas. El mar y (estas canciones de agua ) son medicinas: "No sé para qué, una cura para algo que no sé que tengo. Un fix de algún tipo. Es como una cosa espiritual. El agua es una cosa espiritual."

Ante la pregunta de si la pandemia es algo así como una plaga en términos bíblicos, Dylan responde:

Creo que es un precedente para algo que está por venir.  Es como una invasión, y está totalmente esparcida, ¿pero bíblica.? ¿Te refiere a algún tipo de señal de advertencia para que las personas se arrepientan de sus malos actos? Eso implicaría que el mundo está enfilado hacia un tipo de castigo divino. La arrogancia extrema puede tener formas desastrosas de penalización. Tal vez estamos en la antesala de nuestra destrucción. Hay muchas formas de pensar sobre este virus. Creo que lo mejor es dejar que cumpla su curso.

Luego Brinkley le preguntó a Dylan sobre su salud y sobre por qué parece estar en armonía su mente y su cuerpo. "Esa es la cuestión, o no? ¿Cómo lo hace cualquier persona? Tu cuerpo y tu mente van de la mano. Tiene que haber algún tipo de arreglo. Me gusta pensar en la mente cómo espíritu y en el cuerpo como sustancia. ¿Cómo integras estas dos cosas? No tengo idea. Sólo intento ir en línea recta y mantenerme ahí, quedarme en el nivel".


(PIJAMASURF / 13-6-2020)

IVONNE PARODI - LA DEPURACIÓN POÉTICA COMO BÚSQUEDA DEL “CLIC” HIPNÓTICO


IVONNE PARODI nació en Montevideo, y conjuga el pensamiento abstracto con su vocación artística.

En 2008 obtuvo una mención especial en el certamen “Juan Zorrilla de San Martín” por su poema “TANKAS MARINAS”.

En 2009 y 2011, respectivamente, publicó “POESÍA VA, CUENTO VIENE” y “LETRA + LETRA PALABRA PERFECTA” (Ediciones A.U.L.I., Montevideo)

A partir de 2018 viene elaborando un extenso poemario titulado “CORAZÓN CON RIENDAS”, del que se desprendió en forma unitaria “YUPANA DE SENTIRES / 40 TANKAS”, que será editado en tres entregas por elMontevideano Laboratorio de Artes.


Tu llegada a la poesía fue precedida por la incursión en la plástica. ¿Podés contarnos cómo y por qué se produjo el desplazamiento hacia la búsqueda de otro tipo de lenguaje simbólico?

Siempre me gustó mucho entre otras cosas dibujar, por lo cual durante unos años tomé clases de pintura (en casa tengo colgados varios óleos que me rodean como si fueran una especie de galería pequeñita). Más adelante, estudiando guitarra con Isabel Yanieri, se me despertó inesperadamente la necesidad de internarme en el camino de las letras, concurriendo a talleres dirigidos por Sylvia Puentes de Oyenard y Hugo Giovanetti Viola.

En estos últimos tres años tu actividad poética ha sido sorprendentemente regular, si revisamos el fechado de los textos. ¿Tenés algún método para motivarte y lograr que permanentemente emerjan de tu inconsciente nuevas imágenes a las cuales me consta que te da mucho trabajo entramar y depurar hasta que aparece el “clic hipnótico”?

Sí, mi método de motivación es leer todo tipo de material cultural, hasta que en determinado momento surge una palabra, un tema o una imagen que me sumergen en minuciosas y motivantes investigaciones. Y así va llegando hacia mí la poesía, en el marco de una tenaz lucha diaria por obtener una depuración formal y arquetípica, para que se produzca ese “clic hipnótico” capaz de conectar a los lectores con la incanjeable “plantita” (diría Felisberto Hernández) que fluye desde mi interior.

El poemario Yupana de sentires es un desprendimiento de un extenso poemario inconcluso -Corazón con riendas- y se produjo cuando volviste a escribir tankas, un formato que ya habías trabajado en tus inicios líricos. ¿A qué necesidad espiritual atribuís el religamiento con la regularidad minimalista que nos aporta ese ya milenario formato medieval japonés?

Las tankas surgieron hace más de 1400 años y frecuentemente se utilizaban para transmitir mensajes secretos entre enamorados. En mi caso esos textos breves se transforman en algo así como fotos o visiones sintéticas de lo que voy sintiendo y necesito transmitir al prójimo y al Creador Lo que importa es que el cuerpo, el alma y el espíritu aparezcan unidos en la entrega.

La segunda parte de Yupana de sentires está integrada por quince tankas que surgieron después de un reciente viaje de práctica meditativa y contemplativa a Egipto. ¿Cómo viviste esa peregrinación hacia uno de los enclaves sagrados más influyentes en el espiralamiento místico de la humanidad?

Fue una peregrinación donde me consustancié plenamente con una energía arcana y misteriosa capaz de enlazar la existencia terrenal con lo divino que nos unifica desde los albores de la humanidad. Creo que en la segunda parte de Yuipana de sentires, conformada por las quince Tankas Egipcias, mis sentimientos y mi ser aparecen impregnados por una especial tonalidad que surge de la comunión con aquella gran cultura.

LA AJENIDAD TAN BUSCADA - JORGE LIBERATI para elMontevideano Laboratorio de Artes


Podría haber algo mental en el problema

Del siglo XIX nos viene la famosa creencia de que el mal social se origina en los muy desiguales lazos que las personas guardan con la producción, la propiedad privada y los bienes de consumo. Produjo, y todavía produce, una conmoción teórica que atribuye al capitalismo la causa de la desigualdad y la explotación y apela a la revolución como vía salvadora. En el siglo XX se advierte que el capitalismo da lugar a una estructura que determina las condiciones de vida, la mentalidad y la convivencia, y que poco o nada puede hacer la voluntad para modificarla. El modelo revolucionario como garantía de cambio empieza a debilitarse. Podría haber algo mental en el problema.

Si suena el despertador y el obrero decide no ir a trabajar, decían algunos, no por eso deja de ser un obrero, porque sigue siéndolo, aunque en paro. Los críticos de la sociedad actual piensan que hay una “estructura universal de opresión” que explica la “condición posmoderna”. Es claro que tal estructura y esa condición existen, indudablemente; pero no explican todo. La sociedad posmoderna responde a la ideología del capitalismo, en efecto, y al sistema económico que la origina o la acompaña en Occidente desde fines de la Edad Media. Pero, la ideología y la economía capitalista dependen también de aquello que ellas mismas han creado, es decir, de las mayorías desvinculadas de los medios de producción, de la sociedad desposeída y de las masas empobrecidas. El capitalismo no es sólo esperanza garantizada, progreso material, dinero, confort, alimento, no es sólo el dios de la humanidad, también es el dios de la huerfanidad.

¿Qué se puede hacer con la estructura?

Hay una interdependencia estricta entre ricos y pobres, es decir, una unidad conformada por el capitalismo. Capitalismo es el sistema de la sociedad entera, no sólo el de ricos y poderosos; lo es también el sistema de pobres y desamparados. Para ver con claridad las particularidades de este asunto es necesario dejar de lado por un momento la pregunta ¿quién tiene la culpa? El supuesto de que la tiene los capitalistas es desplazado por el que incrimina a la estructura, el total del cuadro en el que entran todos, los que la crearon y los que quedaron en desventaja en ella. Porque, una estructura es una estructura.

La masa social que el capitalismo deja medio al margen o al margen total de sus beneficios intrínsecos, la mayoría con ingresos fijos y sin ahorros, y la que no cuenta con ingresos fijos o es jornalera, entra también dentro del cuadro. Quiso sacudir a esa masa del ensimismamiento y de la inmovilidad que la convierte en su presa. Y en buena medida lo ha logrado, porque, ¿qué se puede hacer contra la estructura? No se modifica por el voto democrático ni por ninguna otra vía, por revolucionaria que fuere. Se modifican las ideas, la política, se afecta la educación y sufre serias consecuencias la cultura del orden social, pero no la económica (como lo demuestra la historia). Y subsiste por debajo un problema no estrictamente económico, un problema de orden subjetivo.

¿Pensamos y sentimos de acuerdo al capitalismo?

La estructura atrapa la actividad mental con facilidad, pero sin dejarla completamente en blanco. Ésta es capaz de defenderse aun cuando no haya voluntad expresa en contra o la estructura le resulte irreconocible. Aunque la gravitación de lo económico sea muy grande y actúe en estrecha asociación con lo político y en forma paralela a la lucha por el dominio subjetivo del mundo, hay algo que no se puede soslayar. Se dice que el capitalismo está aquí, entre nosotros, en la vida de cada uno, en casa, en el trabajo, en la calle que cada uno y a diario transita. Pero, ¿es determinante en cada una de las personas? ¿Pensamos y sentimos de acuerdo al capitalismo? ¿Nos concierne en todo?

Si hay un mal, un enemigo ecuménico que se ha ensañado con los más débiles y ha castigado a los más humildes, también existe un mal que se descubre si se mira hacia adentro, hacia el plano personal en cuerpo y espíritu. Es el lugar físico y también un lugar mental, es decir, todo lo que tenemos, la parte del mundo social que constituimos. Si se quiere, podemos despertar en esa parte en donde estamos y somos, sin importar el lugar que nos ha reservado el capitalismo y en el que también estamos (y en el que puede dominarnos la resignación). Podemos despertar en el mismo lugar que se nos reserva malhadadamente y enfrentar las poderosas e insidiosas imposiciones del sistema.

El objetivo de escapar físicamente de la estructura imperante ha demostrado desembocar en alguna de estas alternativas históricas: aceptar y adoptar su ideología, ateniéndose a ella en cuerpo y alma, o contraer una familiar clase de estrés que conduce a la enfermedad crónica o a la derrota material y moral, después o antes de librar la batalla. Pero hay también otra alternativa, aunque no sea fácil percibirlo, una tercera posibilidad libre y soberana que es la que nos permite pensar y comunicarnos a diario. Aunque su valor no sea un valor de cambio, un medio para imponernos en la sociedad como nos permite el dinero, es posible volverlo real. No es sólo un estado de conciencia, el sentir interior y solitario de carácter místico o espiritual, el conformismo que es justamente aquello que se desea imponer y que deja huellas en el espíritu, porque por fuera todos parecemos estar bien.

¿Cómo verlo? ¿Cómo descubrir que se es dueño de esa posibilidad interna y soberana? Es una manera de poner en suspenso psicológico la realidad física adversa, de agrandar el nicho del mundo que corresponde a la criatura humana y que permite vislumbrar lo que se debe pensar y hacer y por dónde hay que encaminarse. Empezamos a comprender cuando nos damos cuenta de la relatividad que esconden las más conspicuas explicaciones que conocemos al respecto. Casi todas descuidan el aspecto subjetivo, lo que cada uno puede hacer para liberarse.

Lo que opina la posmodernidad

En el pensamiento crítico posmoderno, es decir, en la filosofía y en la sociología actuales, predomina la creencia de que vivimos bajo las condiciones de opresión y represión del sistema, y que, si bien no se trata de una cárcel con barrotes y candados de acero, ni de una represión a golpes de palo, se trata de opresiones y represiones muy refinadas que tienen idénticos efectos. Entre ellos hay una, la más común y sufrida casi sin darnos cuenta, porque el mismo sistema nos enseña a soportarla sin quejas: la enajenación, la alienación, el estado mental en el que nos gana una aletargada despreocupación por todo lo importante para la vida y la realización que es imprescindible para cada persona. No es difícil estar de acuerdo con este diagnóstico.

Se trata de un estado de ataraxia o tranquilidad espiritual artificial e imperceptiblemente inducido por la misma estructura reinante y ajeno a la conciencia individual. La palabra ajenidad es más apropiada que “enajenación”, que tiene connotaciones diversas. El consumo, el mercado, la propaganda y sus formas ocultas de llegar a las mentes, la inducción de necesidades artificiales, todo eso no es lo único que constituye el sistema opresor, la enajenación que nos hace interesar por lo fácil, entretenido y aparentemente despreocupante. Porque la relación sería diferente si la persona despertase del lado que verdaderamente le corresponde en el mundo, del lado que en última instancia representa todo lo que es. Pues es ella quien en última instancia determina la enajenación, la servidumbre imperceptible, la degradación de toda autonomía personal, la destrucción del proyecto que en todos representa un destino determinado y posible.

Si decide despertar y escapar de sus incorpóreas cadenas, no hay inducción ni tránsito liminal ni subliminal ni estructura que pueda vencerla, fuera el que fuere el sistema vigente, económico, político, social, psicosocial. Pero, si decide despertar o seguir despierta en ese mundo artificial y engañoso en el que una persona es la que cumple con reglas incompatibles con lo que cada uno desearía para sí, entonces, las reglas le obligarán a ser un sujeto más y perderá la oportunidad de llegar a ser la persona que puede llegar a ser como por sí misma desearía (si es que todavía reconoce que sería una auténtica posibilidad).

La persona puede neutralizar el llamado opresivo del sistema, o de no responderlo, pero también puede condescender y asimilarlo. No interviene sólo el juego del sistema que la llama para oprimirla, pues hay dos fuerzas. Y gana la de afuera si no cobra conciencia de cómo libra su batalla la de afuera. El capitalismo pone sus estrategias, las formas ocultas de la propaganda, los contenidos subliminales de los medios de comunicación, y los supraliminales que muchos buscan para satisfacer deseos superficiales y vacíos (los mismos que el sistema necesita que todos busquen). Pero, la persona no es del todo inocente en este asunto, pues suele ofrecer su complicidad, sin la cual no hay resultados. Ella también es responsable de poner en marcha el motor de la opresión encendiéndolo en sí misma. Su protesta, su reclamo militante, su clamor porque le devuelvan lo que le han quitado o lo que le han prohibido, tiene que incluir y asumir la responsabilidad que le corresponde.

Sin embargo

Es verdad que el mismo mercado se ocupa de disuadir o de desarraigar cualquier propósito en contra de su marcha arrolladora. Prepara a quien en definitiva es el sostenedor de su propia existencia. Pero no es imposible crear una imagen propia y contraria capaz de producir la reacción, y sin hacer daño a nadie. Especialmente, sin recurrir a los mismos medios de que se vale el capitalismo inveterado para ganarse la voluntad y extraer lo que desea de las personas. Es posible activar la relación fenoménica entre la conciencia y el estado de cosas cuyos efectos nocivos la invaden. Las categorías que definen las relaciones entre clases, del individuo con el poder, del trabajador con la producción, del consumidor con el mercado, etcétera, se disponen según cierto orden en el espacio y el tiempo.

Sin embargo, en el círculo de funciones por las que el individuo entra en relación espaciotemporal con su entorno, tales descripciones no alcanzan para definir otras categorías que son las que se corresponden con el auténtico vivir del ser humano. No interviene tanto la economía cuando el pensamiento está en actividad o cuando los sentimientos controlan los estados de ánimo y los vínculos con los seres queridos. Buena o mala, la economía no modifica el cuadro, aunque genere estrategias y medios para colonizarlo y perpetuarse en él. Sea cual fuere el lazo con la realidad física, la persona goza de su estado de libertad mental que la guiará al proyectarse hacia la acción, una acción que tiene que iniciarse en su propio círculo de tiza caucasiano. Que resulte exitoso depende de ella, y no hay estructura que valga.

Esencialmente, no modifica el estado interno correspondiente a la actividad de todos los días, dormir, ducharse, alimentarse, vestirse, ir a trabajar, tomar el ómnibus, y quien viva sin hacer nada de esto con menor razón será modificado. La larga cadena de intenciones, preocupaciones y ocupaciones sufre sus propias transformaciones, ya no impresas por la estructura y aunque ésta tenga “horror al vacío” y quiera infiltrarse subrepticiamente. El individuo ya dispone por su cuenta de ese querer, un querer algo, querer ir hacia algo que le mueve siempre, inexorablemente, y que no es un lugar ni un momento sino un propósito que no necesita finalidad definida ni objeto concreto a perseguir. No lo necesita para generarse, porque su querer es un ir hacia lo que fuere. Es aquello que intercepta el mercado para convertirlo en consumo, actividad que, por otra parte, nadie niega que es del todo disfrutable.

De esta manera se revela un orden de relaciones que no sólo se define por la proximidad o la lejanía respecto a las fuentes generadoras de riqueza y cuya estructura se esfuerza por decidir la suerte de todos. Se define un orden de relaciones singular al descubrirse otra estructura, no fija como la que se corresponde con el sistema del capitalismo o del sistema que fuere. Una red de relaciones de la persona con el mundo tejida por las funciones que la vinculan con los demás seres, objetos y hechos, que cambian y se modifican sin cesar. Esa es la estructura que se debe modificar, rehacer, reacondicionar para efectivamente ganarle la pulseada al sistema. Quizá demande una reforma con mayor urgencia que la descubierta por la teoría posmoderna.

ALBERT HOFMANN LSD: CÓMO DESCUBRÍ EL ÁCIDO Y QUÉ PASÓ DESPUÉS EN EL MUNDO (1)


PRÓLOGO

Hay experiencias sobre las que la mayoría de las personas no se atreve a hablar, porque no caben en la realidad cotidiana y se sustraen a una explicación racional. No nos estamos refiriendo a acontecimientos especiales del mundo exterior, sino a procesos de nuestro interior, que en general se menosprecian como meras ilusiones y se desplazan de la memoria. La imagen familiar del entorno sufre una súbita transformación extraña, feliz o aterradora, aparece bajo una luz diferente, adquiere un significado especial. Una experiencia de esa índole puede rozarnos apenas, como una brisa, o grabársenos profundamente.

De mi niñez conservo en la memoria con especial vivacidad uno de estos encantamientos. Era una mañana de mayo. Ya no recuerdo el año, pero puedo indicar exactamente en qué sitio del camino del bosque del monte Martín al norte de Baden (Suiza) se produjo. Paseaba yo por el bosque reverdecido, y el sol de la mañana se filtraba por entre las copas de los árboles. Los pájaros llenaban el aire con sus cantos. De pronto, todo se apareció en una luz desacostumbradamente clara. ¿Era que jamás había mirado bien, y estaba viendo sólo ahora el bosque primaveral tal como era en realidad? El paisaje resplandecía con una belleza que llegaba al alma de un modo muy particular, elocuente, como si quisiera incluirme en su hermosura. Atravesome una indescriptible sensación de felicidad, pertenencia y dichosa seguridad.

No sé cuánto tiempo duró el hechizo, pero recuerdo los pensamientos que me ocuparon cuando el estado de transfiguración fue cediendo lentamente y continué caminando. ¿Por qué no se prolongaba el instante de la dicha, si había revelado una realidad convincente a través de una experiencia inmediata y profunda? Mi alegría desbordante me impulsaba a comunicarle a alguien mi experiencia, pero ¿cómo podría hacerlo, si sentí de inmediato que no hallaba palabras para lo que había observado? Me parecía rato que, siendo niño, hubiera visto algo tan maravilloso que los mayores evidentemente no percibían, pues jamás se los había oído mencionar.

En mi niñez tuve posteriormente algunas más de tales experiencias felices durante mis caminatas por bosques y praderas. Ellas fueron las que determinaron mi concepto del mundo en sus rasgos fundamentales, al darme la certeza de que existe una realidad oculta a la mirada cotidiana, insondable y llena de vida. En aquel tiempo me preguntaba a menudo si tal vez más adelante, cuando fuera un adulto, sería capaz de transmitirles a otras personas, y si podría representar lo observado como poeta o como pintor. Pero no sentía vocación por la poesía o la pintura, y por tanto me parecía que acabaría guardando aquellas experiencias que tanto habían significado para mí.

De modo inesperado, pero seguramente no casual, sólo en la mitad de mi vida se dio una conexión entre mi actividad profesional y la observación visionaria de mi niñez.

Quería obtener una comprensión de la estructura y la naturaleza de la materia: por eso estudié química. Dado que ya desde mi niñez me había sentido estrechamente vinculado al mundo de las plantas, elegí como campo de actividad la investigación de las sustancias contenidas en las plantas medicinales. Allí me encontré con sustancias psicoactivas, generadoras de alucinaciones, y que en determinadas condiciones pueden provocar estados visionarios parecidos a las experiencias espontáneas antes descritas. La más importante de estas sustancias alucinógenas se ha hecho famosa con el nombre de LSD. Algunos alucinógenos ingresaron, como sustancias activas de interés científico, a la investigación médica, la biología y la psiquiatría, y alcanzaron también una amplia difusión en la escena de las drogas, sobre todo el LSD.

Al estudiar la bibliografía conectada con estos trabajos, llegué a conocer la gran importancia general de la contemplación visionaria. Ocupa un lugar importante, no sólo en la historia de las religiones y en la mística, sino también en el proceso creador del arte, la literatura y la ciencia. Investigaciones recientes han demostrado que muchas personas suelen tener experiencias visionarias en la vida cotidiana, pero que generalmente no reconocen su sentido ni valor. Experiencias místicas como las que tuve en mi infancia no parecen ser nada extrañas.

El conocimiento visionario de una realidad más profunda y abarcadora que la que corresponde a nuestra conciencia racional cotidiana hoy día se persigue por diversas vías, y no sólo por parte de adherentes a corrientes religiosas orientales, sino también por representantes de la psiquiatría tradicional, que incluyen este tipo de experiencia totalizadora como elemento curativo fundamental en su terapia.

Comparto la opinión de muchos contemporáneos de que la crisis espiritual en todos los ámbitos de vida de nuestro mundo industrial occidental sólo podrá superarse si sustituimos el concepto materialista en el que están divorciados el hombre y su medio, por la conciencia de una realidad totalizadora que incluya también el yo que la percibe, y en la que el hombre reconozca que él, la naturaleza viva y toda la creación forman una unidad.

Por consiguiente, todos los medios y vías que puedan contribuir a una modificación tan fundamental de la experiencia de la realidad merecen una consideración seria. A estas vías pertenecen, en primer lugar, los diversos métodos de la meditación en el marco religioso o secular cuyo objetivo sea inducir una experiencia mística totalizadora y generar así una conciencia profundizada de la realidad. Otro camino importante, aunque todavía discutido, es la utilización de los psicofármacos alucinógenos que modifican la conciencia. El LSD, por ejemplo, puede servir de recurso psicoanalítico y psicoterapéutico para que el paciente adquiera conciencia de sus problemas en su verdadera significación.

A diferencia de las experiencias visionarias espontáneas, al provocar planificadamente experiencias místicas totalizadoras, sobre todo mediante LSD y otros alucinógenos derivados, conlleva peligros que no debemos subestimar, si no se tiene en cuenta el efecto específico que producen estas sustancias que pueden influir en la esencia más íntima del ser humano. La historia del LSD hasta nuestros días muestra de sobra qué consecuencias catastróficas puede tener su uso cuando se menosprecia sus efectos profundos y se confunde esta sustancia activa con un estimulante. Es necesaria una preparación especial, interior y exterior, para que un ensayo con LSD se convierta en una experiencia razonable. La aplicación equivocada y abusiva han convertido para mí, el LSD en el hijo de mis desvelos.

En este libro quiero dar un cuadro detallado del LSD, de su origen, sus efectos y posibilidades de aplicación, y alertar sobre los peligros que entraña un empleo que no tome en cuenta los efectos tan singulares de esta sustancia. Creo que si se lograra aprovechar mejor, en la práctica médica y en conexión con la meditación, la capacidad del LSD para provocar, en condiciones adecuadas, experiencias visionarias, podría transformare de niño terrible en niño prodigioso.



Título original: LSD – Mein Sorgenkind
Ernst Klett, Stuttgart, 1979

Traducido por Roberto Bein

Editorial Gedisa, Barcelona, 1980 / Segunda edición, 1991

HANNAH ARENDT - ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?


Las fuertes tendencias antipolíticas de la temprana cristiandad son tan familiares que la idea de que un pensador cristiano haya sido el primero en formular las implicaciones políticas de la antigua noción política de la libertad, nos parece casi paradójica.

La única explicación que viene a la mente, es que Agustín era romano tanto como cristiano, y que en esta parte de su trabajo formuló la experiencia política central de la Antigüedad romana, que era que, la libertad como comienzo deviene manifiesta en el acto de fundación. Pero estoy convencida de que esta impresión se modificaría considerablemente si lo dicho por Jesús de Nazareth fuera tomado más seriamente en sus implicaciones filosóficas. Encontramos en estas partes del Nuevo Testamento una extraordinaria comprensión de la libertad, y particularmente del poder inherente a la libertad humana; pero la capacidad humana que corresponde a este poder, que —en palabras del Evangelio— es capaz de remover montañas, no es la voluntad sino la fe. El ejercicio de la fe, en realidad su producto, es lo que el Evangelio llama "milagros", una palabra con diversos significados en el Nuevo Testamento, y por lo tanto difícil de comprender. Podemos soslayar aquí las dificultades y referimos únicamente a aquellos pasajes donde los milagros son claramente, no eventos sobrenaturales, sino sólo lo que todos los milagros, aquellos protagonizados ya sea por hombres o por agentes divinos, deben ser siempre interrupciones de alguna serie natural de eventos, o de algún proceso automático, en cuyo contexto se constituyen como lo totalmente inesperado.


No hay duda de que la vida humana, situada en la Tierra, está rodeada de procesos automáticos —por los procesos naturales de la Tierra, que a su vez, están rodeados de procesos cósmicos, y hasta nosotros mismos somos conducidos por fuerzas similares en tanto somos también parte de la naturaleza orgánica. Más aún, nuestra vida política, a pesar de ser el reino de la acción, también se ubica en el seno de procesos que llamamos históricos y que tienden a convertirse en procesos tan automáticos o naturales como los procesos cósmicos, a pesar de haber sido iniciados por los hombres.

La verdad es que el automatismo es inherente a todos los procesos, más allá de su origen; esta es la razón por la cual ningún acto singular, ningún evento singular, puede en algún momento y de una vez para siempre, liberar y salvar al hombre, o a una nación, o a la humanidad. Está en la naturaleza de los procesos automáticos a los que está sujeto el hombre, pero en y contra los cuales puede afirmarse a través de la acción, el que estos procesos sólo pueden significar la ruina para la vida humana. Una vez que los procesos producidos por el hombre, los procesos históricos, se han tornado automáticos, se vuelven no menos fatales que el proceso de la vida natural que conduce a nuestro organismo y que, en sus propios términos, esto es, biológicamente, va del ser al no- ser, desde el nacimiento a la muerte. Las ciencias históricas conocen muy bien esos casos de civilizaciones petrificadas y desesperanzadamente en declinación, donde la perdición parece predestinada como una necesidad biológica; y puesto que tales procesos históricos de estancamiento pueden perdurar y arrastrarse por siglos, estos llegan incluso a ocupar lejos el espacio más amplio en la historia documentada; los períodos de libertad han sido siempre relativamente cortos en la historia de la humanidad.

Lo que usualmente permanece intacto en las épocas de petrificación y ruina predestinada es la facultad de la libertad en sí misma, la pura capacidad de comenzar, que anima a inspira todas las actividades humanas y constituye la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandes y bellas.

Pero mientras este origen, permanece oculto, la libertad no es una realidad terrenalmente tangible, esto es, no es política. Es porque el origen de la libertad permanece presente aun cuando la vida política se ha petrificado y la acción política se ha hecho impotente para interrumpir estos procesos automáticos, que la libertad puede ser tan fácilmente confundida con un fenómeno esencialmente no político; en dichas circunstancias, la libertad no es experimentada como un modo de ser con su propia virtud y virtuosidad, sino como un don supremo que sólo el hombre, entre todas las criaturas de la Tierra, parece haber recibido, del cual podemos encontrar rastros y señales en casi todas sus actividades, pero que, sin embargo, se desarrolla plenamente sólo cuando la acción ha creado su propio espacio mundano, donde puede por así decir, salir de su escondite y hacer su aparición.

Cada acto, visto no desde la perspectiva del agente sino del proceso en cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un "milagro", esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas. Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una "infinita improbabilidad", pero es precisamente esto "infinitamente improbable" lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real. Después de todo, nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir de la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales.

Desde el punto de vista de los procesos en el Universo y en la Naturaleza, y sus probabilidades estadísticamente abrumadoras, la aparición de la existencia de la Tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de la vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos, la evolución del hombre, finalmente, a partir de los procesos de la vida orgánica, son todas "infinitas improbabilidades", son "milagros" en el lenguaje cotidiano. Es debido a este componente milagroso presente en la realidad que los eventos, sin importar cuan anticipados estén en el miedo o la esperanza, nos impactan con un shock de sorpresa una vez que han sucedido.

El impacto de un acontecimiento no es nunca completamente explicable, su facultad trasciende en principio toda anticipación. La experiencia que nos dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada es, por el contrario, de lo más natural, en realidad, en la vida cotidiana, es casi un lugar común. Sin esta experiencia corriente, la parte asignada por la religión a los milagros sobrenaturales sería poco menos que incomprensible.


He elegido el ejemplo de los procesos naturales que son interrumpidos por el advenimiento de una "infinita improbabilidad" con el propósito de ilustrar que lo que llamamos real en la experiencia ordinaria ha en general adquirido su existencia a través de coincidencias más extrañas que la ficción. Por supuesto que este ejemplo tiene sus limitaciones y no puede ser aplicado sin más al dominio de los asuntos humanos. Sería pura superstición esperar milagros, "infinitas improbabilidades", en el contexto de procesos automáticos ya sean históricos o políticos, aunque tampoco esto puede ser nunca completamente excluido. La historia, en oposición a la naturaleza, está llena de acontecimientos; aquí el milagro del accidente y de la "infinita improbabilidad" ocurre tan frecuentemente que incluso parece completamente extraño el hecho de hablar de milagros. Pero la razón de esta frecuencia es meramente que los procesos históricos son creados y constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el hombre es, en tanto es un ser que actúa. De aquí que no sea en lo más mínimo supersticioso, es más bien un precepto del realismo buscar lo imprevisible y lo impredecible, el estar preparado para el esperar "milagros" en la esfera política. Y cuanto más esté desequilibrada la balanza en favor del desastre, tanto más milagroso aparecerá el acto realizado en libertad; porque es el desastre y no su salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y que por lo tanto siempre debe aparecer como irresistible.

Objetivamente, esto es, visto desde afuera y sin tener en cuenta que el hombre es un inicio y un iniciador, la posibilidad de que el futuro sea igual al pasado es siempre abrumadora. No tan abrumadora, por cierto, pero casi, como lo era la posibilidad de que ninguna tierra surgiera nunca de los sucesos cósmicos, de que ninguna vida se desarrollara a partir de los procesos inorgánicos y de que ningún hombre emergiera a partir de la evolución de la vida animal. La diferencia decisiva entre las "infinitas improbabilidades", sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida en la Tierra, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica es que, en el dominio de los asuntos humanos, conocemos al autor de los "milagros". Son los hombres quienes los protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.



(Bloghemia / 11-3-2019)
Traducción: Mara Kolesas, Revisión: Claudia Hilb 
Publicado en la revista: Zona Erógena. Nº 8. 1991. 

MARGARET BURBIDGE: LA MUJER QUE ENCONTRÓ NUESTRO ORÍGENES


por Pablo G. Pérez y Patricia Sánchez Blázquez

Margaret Burbidge, recientemente fallecida, publicó en 1957 el artículo de referencia sobre cuál es el origen de los elementos que componen nuestro cuerpo y el universo

“Las estrellas rigen nuestra condición”. Con esa cita de El rey Lear de Shakespeare la astrónoma británica Margaret Burbidge, fallecida la semana pasada a la edad de 100 años, comenzaba uno de los artículos científicos más relevantes del siglo pasado, en el que dio una respuesta astrofísica a la eterna pregunta filosófica: ¿de dónde venimos?

Si le preguntamos a un médico o a un biólogo, nos dirán que el cuerpo humano está compuesto por agua, proteínas, lípidos, ADN, ARN... Para una física como Eleanor Margaret Burbidge es más interesante hablar de entidades más básicas y preguntarse por los átomos que componen el cuerpo humano y el universo. Los pulmones, el corazón, los músculos, los huesos... Todo es básicamente combinación de 4 elementos, aunque no precisamente los de la filosofía griega. Lo que domina es el oxígeno, que da cuenta del 65% de nuestra masa, seguido del carbono, que contribuye con un 18%, hidrógeno 10%, nitrógeno 3%, y luego hasta casi otra veintena de elementos que se consideran esenciales para nuestra vida, aparte de muchos más que en principio no necesitamos. Si estos elementos se reorganizaran en distintas partes de nuestro cuerpo, cabeza y el tronco serían oxígeno, las piernas serían de carbono, los brazos de hidrógeno, y todos los demás elementos tendrían una masa algo mayor que las manos y los pies. Curiosamente, si nos fijamos no en masa sino en número de átomos, lo que domina es el hidrógeno, igual que en el universo en general, que da cuenta de casi 2 de cada 3 átomos en nuestro cuerpo (en el universo, el 90% de los átomos son hidrógeno).

Es realmente fascinante pensar que más del 60% de los átomos que forman nuestro cuerpo se crearon en los primeros minutos después del Big Bang

¿De dónde vienen todos esos elementos?, ¿de dónde venimos nosotros? Esta pregunta nos la hemos hecho durante milenios, y hace ya más de 70 años hubo un gran debate científico sobre el asunto, en paralelo al desarrollo de la Teoría del Big Bang y a los grandes avances en física atómica y nuclear, tristemente ligados al desarrollo bélico. La publicación que lideró Margaret Burbidge, conocido como el artículo B2FH por lasiniciales de sus autores, presentó, ¡en 108 páginas!, una compilación de avances en el estudio de los más de 1000 núcleos de los 102 elementos conocidos hasta ese momento (hoy tenemos 118 elementos y más de 3300 “nucleidos”). Sumando lo poco que se sabía sobre cómo se forman supernovas hasta lo mucho que se había avanzado en la determinación de las abundancias de isótopos como los del uranio (empleado en bombas; en el artículo se mencionan, por ejemplo, resultados de las pruebas de armas nucleares en las Islas Bikini, en esta ocasión usados con propósitos pacíficos), Margaret Burbidge y sus colaboradores presentaron las bases de la teoría del origen de los elementos y la historia de la materia que actualmente es las más aceptada.

Volviendo a la composición del cuerpo humano, hoy sabemos que nuestro origen es doble. La mayor parte de nuestros átomos, que son hidrógeno, se formaron al principio de los tiempos, poco después del Big Bang, en lo que se llamaba nucleosíntesis primordial, estudiada en detalle por otros 2 autores del artículo B2FH, William Fowler (que ganó un premio Nobel por su trabajo sobre reacciones nucleares en estrellas) y Fred Hoyle (famoso por crear el nombre de Big Bang, aunque lo hizo de manera despectiva). Algunos de esos átomos de hidrógeno pudieron formar parte de estrellas, pero es muy poco probable, así que es realmente fascinante pensar que más del 60% de los átomos que forman nuestro cuerpo se crearon en los primeros minutos después del Big Bang. No es menos impresionante saber, gracias a Margaret Burbidge, dónde, a qué velocidad y cuándo se formaron los elementos e isótopos que componen todo lo que vemos alrededor. El origen es la fusión en el interior de estrellas y procesos mucho más energéticos y rápidos en las explosiones de supernova o incluso en el espacio casi vacío entre estrellas y galaxias.

Todavía hoy el estudio de la formación de elementos es uno de los principales temas en astrofísica. Por ejemplo, muy recientemente hemos detectado con el radiotelescopioALMA los primeros átomos de oxígeno formados en el universo, que ya existían hace 13.3 miles de millones de años. Es decir, una fracción no despreciable del agua que compone nuestros cuerpos pudo formarse a partir de hidrógeno primordial y oxígeno creado en el primer 5% de la vida del universo.

Margaret Burbidge ha sido una de las figuras más prominentes de la astrofísica, por el artículo mencionado y también por medir cómo se mueven lasestrellas dentro de las galaxias (lo que prueba la existencia de materia oscura) o por el estudio de cuásares, además de construir un instrumento para el telescopio espacial Hubble. Para todo ello tuvo que luchar contra normativas machistas como la que le impedía obtener tiempo de observación en telescopios profesionales, a los que tenía que acceder con solicitudes firmadas por su marido, también físico. En una ocasión, en los años 1970, devolvió un premio creado específicamente para mujeres por considerarlo discriminatorio, y preguntó “cuántas veces las mujeres habían sido descartadas para plazas de profesora”. Su vocación y su legado para todos se resume en lo que dijo cuando recibió la Medalla Nacional de la Ciencia de Estados Unidos: “el universo siempre nos deparará sorpresas”, “soy consciente de que hay que esperar lo inesperado”.

Pablo G. Pérez González es investigador del Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA).

Patricia Sánchez Blázquez es profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Vacío Cósmico es una sección en la que se presenta nuestro conocimiento sobre el universo de una forma cualitativa y cuantitativa. Se pretende explicar la importancia de entender el cosmos no solo desde el punto de vista científico sino también filosófico, social y económico. El nombre "vacío cósmico" hace referencia al hecho de que el universo es y está, en su mayor parte, vacío, con menos de 1 átomo por metro cúbico, a pesar de que en nuestro entorno, paradójicamente, hay quintillones de átomos por metro cúbico, lo que invita a una reflexión sobre nuestra existencia y la presencia de vida en el universo.


(EL PAÍS  España/ 17-4-2020)

HIPATIA DE ALEJANDRÍA: CIENCIA Y RELIGIÓN


Asesinada de manera cruel, Hipatia fue una mujer de razón, una profesora en lugares donde las mujeres ni siquiera entraban, una revolucionaria que creyó, sobre todo, en la ciencia...

Hipatia de Alejandría fue la primera filósofa, matemática y física de cuya existencia se tienen pruebas fidedignas. Nació en Egipto a finales del S.IV d.C. Fue maestra y cabeza de la escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del S.V. Cultivaba saberes como la geometría y la lógica, llevando una vida ascética tal y como establecían los preceptos neoplatónicos.

Fue maestra y educadora de una selecta escuela de aristócratas, cristianos y paganos, que terminaron ocupando altos cargos en la sociedad alejandrina. Así es como se convirtió en una figura con una gran influencia social, diana de las envidias de muchos.

Entre sus logros científicos están mejorar aquellos primitivos astrolabios que servían para determinar la situación de las estrellas en la bóveda celeste. Además, inventó un densímetro, instrumento que sirve para determinar la densidad relativa de los líquidos sin necesidad de complejos cálculos matemáticos.

Alejandría era la sede nuclear de una cruenta guerra civil entre cristianos y paganos. El máximo representante del cristianismo, el patriarca Teófilo, pretendía dar fin a cualquier culto religioso no cristiano (al paganismo en cualquiera de sus formas). Por otro lado, la élite intelectual apoyaba a los defensores del templo pagano; todos los filósofos defensores del paganismo dejaron Alejandría para poder salvar la vida.

Sin embargo, Hipatia, que consideraba que filosofía, ciencia y matemáticas están muy alejadas de las disputas político religiosas, prosiguió dando clases como si toda aquella guerra intestina no fuera con ella. De hecho, hasta entonces, nadie la había molestado, quizá gracias a su posición neutral en el tema.

Pero cuando al patriarca Teófilo le sucede Cirilo, mucho más implacable, el nivel de persecución contra todo aquello que no sea cristiano aumenta. Esta vez, Hipatia no puede mantenerse al margen de las disputas y se coloca del lado de Orestes, delegado imperial cuya función era la firmeza y el orden estatal. Al fin y al cabo, Hipatia se siente representada con todo lo tradicional, con la polis griega aristotélica donde la religión no es más que una parte de la política y no al contrario. Su idea era que la autoridad religiosa debía subordinarse a la política y al bienestar ciudadano y no al revés.

Hasta entonces Hipatia -dando clases a la élite alejandrina en la que se juntaban “paganos” y cristianos-, había sido la prueba viva de que el cristianismo era compatible con el resto de ideas filosóficas y religiosas. Hay fuentes que hablan de que personas de todos los sectores y clases la admiraban. Bueno, de casi todos, ya que hay una irreductible secta de cristianos fanáticos que no la quieren en su ciudad; por otro lado, a los estratos más bajos su influencia llega, pero de manera mucho más atenuada que la religión.

Hipatia era conocida por los cristianos como “la pagana”. No fue difícil hacer correr rumores sobre la condición brujeril de esta científica. A los analfabetos, los signos matemáticos les parecían invocaciones al diablo y la astronomía era fácil de confundir con la astrología. De repente, Hipatia de Alejandría se había convertido en una bruja de malas artes.

Un día de marzo del año 415, durante la cuaresma, Hipatia regresa a casa en su carruaje. De repente, una multitud la ataca, la saca del coche y la lleva a la iglesia de Cesarión. Es allí donde Hipatia es desollada viva con pedazos de cerámica que en pleno fervor arrancan de las paredes. Después de esto, queman los restos en una hoguera.

Este asesinato es claramente religioso, político y filosófico: filosófico porque Hipatia defiende el diálogo y la razón contra la fe fanática. Político porque cree que la religión debe de estar sublevada a la política y religioso porque Hipatia de Alejandría es quizás la representación más dolorosa de la batalla cultural entre el paganismo y el cristianismo.



(La mente es maravillosa / 14-6-2020)
Este artículo ha sido escrito y verificado por la filósofa Laura Llorente

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