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MARGARET ATWOOD “Estados Unidos fue fundado por puritanos del siglo XVII, que eran claramente misóginos”


por Pedro B. Rey

Tal vez no sea casualidad que Margaret Atwood haya escrito El cuento de la criada en 1984, el mismo año que George Orwell eligió para su clásico antitotalitario. Lo borroneó en Berlín occidental, como recuerda Atwood en un prefacio a la novela, mientras escuchaba los jets de Alemania del Este pavoneándose por el cielo, en sus intentos de romper la barrera del sonido. Berlín le legó ecos orwellianos, aunque la fantasía de la autora canadiense estaba situada lejos, en Nueva Inglaterra, Estados Unidos.

El cuento de la criada (la reeditó hace poco Salamandra) imagina una república, Gilead, en que el poder fue tomado por una teocracia enraizada en los viejos valores puritanos. La peor parte, en esa sociedad brutalmente codificada, se la llevan las mujeres. Algunas, como Offred, la narradora, una joven fértil adjudicada a la familia de un "comandante", son usadas con simples fines reproductivos. El libro, que se publicó en 1985, fue un inmediato clásico feminista, pero el atavío obligatorio de las "criadas" -vestido rojo, cofia blanca- empieza a formar ahora parte de la cultura popular. La novela dio pie a una reciente serie, protagonizada por Elisabeth Moss, que le atrajo más lectores y arrasó en la última entrega de los premios Emmy.

Atwood -que escribió otras obras formidables, como Ojo de gato (1988) o Alias Grace (1996)- visitará Buenos Aires en diciembre para participar de charlas en la Biblioteca Nacional (con su amigo Alberto Manguel), aunque ya conoce el país. "Estuve hace unos años en un congreso de Birdlife International [ONG de la que es miembro, al igual que de Amnesty International]. En Buenos Aires, y también en el campo, viendo pájaros".

¿Fue difícil iniciarse como escritora en los años sesenta? ¿Es verdad que iba vendiendo de aquí para allá sus propios libros?

Lo difícil no era escribir, sino llegar a ser un escritor publicado. En aquellos tiempos no había tantas posibilidades. De hecho, el primero, en 1961, lo imprimí yo misma. Hasta hice la serigrafía de la tapa. Después, cuando empecé a presentar libros en los book tours siempre llevaba ejemplares encima. ¿Sabía que los book tours se inventaron en Canadá? Es un país grande, de largas distancias, y muchas veces los lugares a los que iba no tenían siquiera librerías. Por lo general se hacía una lectura en colegios, y los vendía después. No había tarjetas de crédito, así que daba el vuelto, metía la plata en un sobre y, al volver, se la pasaba al editor.

De esos comienzos artesanales a El cuento de la criada hay un largo trecho. ¿Se lleva bien con la popularidad de la novela?

Se convirtió en uno de esos libros que se escaparon de las tapas que los contienen. No sólo están la serie, la vieja película, la ópera. También se lo usa como consigna en marchas de protesta. Por otra parte, el marketing a veces produce efectos cómicos. Hay gente que viste a sus perros o a los gatos como los personajes. Ayer, en una firma de libros, apareció alguien con un bebé disfrazado con una ropita idéntica a la de las criadas.

Es extraño, porque esa vestimenta tiene connotaciones terribles.

Muy extraño! Pero también hay cosas interesantes. En YouTube se puede encontrar una versión de la ropa para hombres. "¿Cómo sería si El cuento de la criada fuera escocés?", se preguntan.

¿Cómo explica que la distopía se haya vuelto un género tan frecuentado últimamente?

Una novela distópica es una historia que describe un tipo de sociedad en la que no querríamos vivir. Podría ser en este mundo, en otro planeta, en el futuro. Se supone que una utopía es lo contrario, un lugar donde a alguien sí le gustaría estar, pero no hay que olvidarse que los totalitarismos del siglo XX empezaron como visiones utópicas.

¿Qué diferencias nota entre el mundo de 1985, aquel en que se publicó la novela, y el presente?

La diferencia más notoria es que, en vez de alejarse, Estados Unidos se acerca cada vez más al espíritu de ese libro. Supongo que por eso la gente lo saca a relucir en las protestas. Pero también hay diferencias. En 1985 no había Internet, ni celulares. Todavía se usaban casetes, como hace Defred en el libro. La novela se centra en gente blanca: hoy Estados Unidos es mucho más interracial. Y lo más importante: la Guerra Fría terminó en 1989. Antes de eso a Estados Unidos, sobre todo en Europa, se lo veía como el faro de la libertad, la democracia. La idea de que podría volverse totalitario era para la mayoría inverosímil.

¿Sus rasgos proféticos lo hacen más actual? La teocracia, por ejemplo, llega al poder como reacción al islamismo radical.

Parece profético, pero nadie puede de verdad profetizar. A mediados de los años ochenta ya estaban los ayatolás, y también había ocurrido lo de Afganistán. Estuve atenta para ver ese cambio, solamente.

La utilización de mujeres fértiles como simple instrumento de reproducción se puede asociar con muchos debates actuales.

Sí, pero es una vieja cuestión, en realidad. Uno puede retrotraerse a Job. También la esclavitud, el sometimiento, está ya en los comienzos, en la Biblia. Uno de mis objetivos al escribir El cuento de la criada fue recordar que nuestra idea de la libertad y de la individualidad -los derechos humanos, en suma- es muy reciente, tiene apenas poco más de dos siglos. Muy poco frente a la historia de la humanidad. En mi opinión, todavía cualquier cosa puede pasar en cualquier lugar, en cualquier momento. Si hay inestabilidad, si la gente tiene miedo, siempre hay terreno fértil para que llegue un hombre fuerte y diga: "Yo soy el que puede arreglar esto". Pero para eso hay que dejar de lado la propia libertad.

¿Qué opina de la gestación subrogada?

La pregunta depende de las circunstancias. ¿Se trata de chicos que van a ser libres? Esa es la primera pregunta que hay que hacerse, porque también en el pasado hubo ejemplos de nacimientos forzados. Uno de los más terribles fue el del régimen de Nicolai Ceaucescu en Rumania. Estableció una cuota para que las familias tuvieran obligatoriamente muchos hijos, porque él quería. Y eso sólo puede terminar, como terminó, en algo espantoso, en ese caso, el abandono de gran cantidad de criaturas.

En un reciente prólogo a la novela nombra el secuestro de bebés en la Argentina, entre los muchos hechos reales que influyeron en la novela.

Sí, por supuesto. No hace falta imaginar la clase de problemas emocionales que conlleva eso: creer que los padres que uno creía eran los suyos no lo son y enterarse de que los verdaderos fueron asesinados. Es algo muy trágico, pero, como siempre, si se ve históricamente, la Argentina no es una excepción. Los chicos del proyecto Lebensborn [un plan nazi que buscaba subir el supuesto nivel ario de la población alemana con madres solteras para después dar los bebes en adopción] crecieron creyendo las mentiras que les decían.

Podría definirse lo que sufre Defred como un abuso sistemático, en el sentido en que lo entendemos hoy?

Sí, pero lo que les dice a las criadas la república de Gilead es, justamente, que el papel que cumplen les evita tener que enfrentar esa, por así llamarla, atención no deseada. Pero es una solución costosa, y no la eligen ellas.

¿Qué me puede decir de Donald Trump?

No creo que la mayoría de la gente que lo votó haya entendido qué estaba en juego. Sobre todo entre los independientes que votaron por Trump hay un gran remordimiento. Si las elecciones hubieran sido después del escándalo de Harvey Weinstein, el resultado hubiera sido diferente. Ha habido un gran cambio de actitud después de eso.

Antes de las elecciones dijo que Hillary Clinton era "mejor hombre que Trump porque tenía más conexión con las virtudes masculinas tradicionales". ¿A qué se refería?

La gente no nace con virtudes, las virtudes se socializan. Hillary Clinton, por ejemplo, es una persona mucho más firme y resistente en el frente internacional que Trump. Es mucho más previsora, en ese y otros terrenos, pero tuvo la mala fortuna de ser mujer.

¿Ser mujer fue una desventaja para llegar a la presidencia?

No le quepa la menor duda. Estados Unidos fue fundado por puritanos del siglo XVII, que eran claramente misóginos. Evidentemente ese país no está preparado todavía para tener de presidente a una mujer.

¿Por qué no le gusta considerar El cuento de la criada un libro esencialmente feminista, como la mayoría de sus lectores?

Me gusta más pensar que explora cómo sería el totalitarismo de Estados Unidos de tener uno. En un totalitarismo masculino cualquier hombre tendría más poder que una mujer. Las mujeres que tienen algo de poder dentro del régimen son las esposas y claramente son más influyentes que los hombres que están por debajo en la escala social. Es un sistema de clases. No sólo una cuestión de hombres versus mujeres.

Eso no quita lo feminista...

Bueno, feminismo es una palabra muy amplia, tan amplia como la palabra cristianismo. ¿Cuando hablamos de cristianismo hablamos del papa Francisco o de los cuáqueros? Son cosas muy distintas. Yo diría que bajo el amplio paraguas del feminismo hay muchas personas que comparten algo en común y están en desacuerdo en otras cuestiones. Lo primero, es que las mujeres son seres humanos. Después, que deberían tener los mismos derechos ante la ley. Pero hay muchas visiones sobre qué lejos se debe llevar eso y qué significa. En los años setenta, cuando explotó el feminismo, había que llevar overoles, botas y nada de maquillaje.

Escribió libros situados en el futuro, pero también en el pasado, como Alias Grace, que transcurre en el siglo XIX. ¿Se siente más cómoda en las épocas reales o en las imaginarias?

En la que esté trabajando en ese momento. Aunque, claro está, cada historia plantea problemas diferentes. En una novela de época como Alias Grace hay que ser muy riguroso. Hay que investigar, profundizar en la vida cotidiana del período. Si uno se equivoca, siempre va a haber alguien dispuesto a señalarle los errores. Cuando se trata del futuro, el desafío es otro: hay que crear un mundo que sea consistente. Uno no puede violar las premisas que estableció.

El cuento de la criada sucede en Nueva Inglaterra. Pero usted es canadiense. ¿Importa en algo la nacionalidad para un escritor?

Todo el mundo tiene un punto de origen. Venimos de algún lugar, y eso nos afecta. Lo importante es que no nos limite. Borges era argentino, pero ¿eso lo limitó? No me parece. De ser así, sólo sería entendido en la Argentina. Pero podrían pensarse muchas categorías para entender a un escritor: canadiense, petisa, mujer, vieja? [se ríe].

Su definición me hace pensar en la literatura de Alice Munro, otra autora canadiense.

Ahí tiene un buen ejemplo. Alice, que es una antigua amiga mía, creció en un pueblito de Ontario. La mayor parte de lo que escribió tiene que ver con ese lugar. Si no hubiera crecido allí, no tendríamos los libros que conocemos, pero nada de eso limita que se los comprenda. Al contrario.

Recientemente publicó en inglés Hag-Seed, una novela basada en La tempestad. ¿Por qué esa obra en particular?

Es parte de un proyecto editorial, donde distintos autores eligen una pieza de Shakespeare. Tuve suerte de poder elegir La tempestad. Me interesaba más que otras porque es en la que más cerca estuvo de escribir sobre un escritor, vale decir sobre lo que él mismo hacía todos los días. Próspero, bien mirado, es además una especie de director teatral, cosa que también era Shakespeare.

En los años sesenta, George Steiner dijo que de vivir en esos días Shakespeare hubiera estado escribiendo cómics. ¿A qué le parece que se dedicaría hoy?

Evidentemente era una persona muy creativa. Basta conocer La tempestad o Rey Lear para darse cuenta de lo inventivo que era. Él mismo se las ingenió en su tiempo para representar truenos y tormentas, como si fueran efectos especiales. Así que hoy me lo imagino explorando todos los recursos posibles a su disposición.

Es curioso que, teniendo en cuenta su lugar central en la literatura, sepamos tan poco de su vida, ¿no?

Eso me encanta. Si viviera hoy, le serviría. No tendría que ir a ningún talk show.

BIOGRAFÍA
Margaret Atwood nació en Ottawa, la capital de Canadá, en 1939. Novelista y poeta, entre sus libros se cuentan, además de El cuento de la criadaLa mujer comestible(1969), Ojo de gato (1988), Alias Grace (1996) y Oryx y Crake (2003). Es miembro de Amnesty International y de Birdlife International

(La Nación / 26-11-2017)

FABIANA GOYENECHE “LOS ATAQUES NO SON ESPONTÁNEOS, SON ORQUESTADOS, ORGANIZADOS”


 por César Bianchi
Fabiana Goyeneche concede la entrevista porque le gusta reflexionar, debatir con argumentos, y no le pesa tener que aclarar sus dichos, que algunos malinterpretaron y otros tergiversaron para pegarle. Porque, se sabe, es uno de los blancos preferidos de los "odiadores" cibernéticos, esos que por la calle sólo la miran y no le dicen nada. 

Tiene ideología y convicciones claras, definidas, pero novel en la política, todavía está aprendiendo los códigos del mundillo House of Cards made in Uruguay. Discutidora desde la niñez, cuando no se imaginaba ni abogada ni en política, Fabiana fue siguiendo al pie de la letra los consejos de su papá Emilio, un ingeniero electromecánico que falleció a principios de año de cáncer de riñón. Su faro paterno le indicaba que siguiera sus convicciones, y ella nunca lo traicionó. De mamá Malisa, en tanto, mamó el compromiso social por los derechos de los niños más vulnerables. 

Tiene 32 años y el cuero curtido por las críticas feroces en internet desde hace tres. Por eso se toma su tiempo para analizar los perfiles de quiénes la atacan por las redes. Como se lo tomó para decidir si meterse o no en política, si embanderarse con un partido, o estudiar si vale la pena un aumento de penas a abusadores. Dar la discusión parece ser su consigna vital.

Se considera feminista y sabe que desde la perspectiva de género con que ve la vida e intenta decodificar la realidad, todavía falta mucho por hacer. Y quiere estar dentro del sistema político para eso: para cambiar la realidad. Avisa que como todo cambio cultural, la empresa en la que incursionó llevará un buen tiempo. Pero, asegura, algunas cosas se están haciendo. 


Hace unos días, a raíz de la muerte de la niña Brissa González, de 12 años, tuiteaste: "Los hechos atroces nos piden explicaciones rápidas. Pero pensar que son monstruos y no analizar a fondo el sistema que los alimenta no ayuda". Mucha gente te agredió e insultó por ese tuit. ¿Por qué? ¿Crees que fuiste malinterpretada?

La autocrítica siempre es buena: si insisto en llamar a la reflexión es porque yo también lo hago. Entiendo que pueda haber gente que haya interpretado que yo dije que no son monstruos, como tratando de exculparlos, de alguna forma. 

Muchos entendieron que lo defendías, como muchos entendieron que cuando la campaña No a la Baja defendías a los menores que delinquen...

Exactamente. Vayamos a lo literal. Dije que "pensar que son monstruos Y no analizar a fondo el sistema que los alimenta...". No dije "no son monstruos", sino que no nos quedemos solo con eso, porque vamos a resolver poco. Fue: vayamos más a fondo. Tal vez no fue la forma más clara de expresarme. Cuando vemos hechos tan horribles que no nos caben en la cabeza y el espíritu, uno piensa: "son monstruos, son demonios". Pero si sólo así explicamos estos hechos, estamos asumiendo la fatalidad de estos hechos, lo inevitable. Sería pensar que son personas raras, que nacieron con una perversidad compulsiva y no hay nada que podamos hacer para evitarlo. Eso no es una explicación real. Hubo una discusión en el medio: si era violencia de género o no, si había machismo y patriarcado. ¿Por qué las feministas decimos que no son monstruos, sino "sanos hijos del patriarcado"? Porque las personas que hacen estas cosas no son seres horribles que vemos por la calle con cara de maldad; son personas "normales", que tienen un trabajo, tienen amigos, puede ser tu vecino. Y eso habla de lo difícil que es detectar estas situaciones. Lo segundo, lo de analizar las causas y el sistema: tal vez hay personas que nacen con un carácter más violento, asumamos que sí, pero pregunto: ¿No habrá algo que les facilita el terreno, que los empuja a hacer estas cosas? Debemos analizar si las personas que cometen estos actos atroces no vivió en su vida una experiencia que lo empujó a cometerlos. No lo estoy exculpando. Digo que capaz que si atacamos A, logramos evitar que pasen B y C. Cuando uno tiene un problema complejo y procura una solución simple, o no tiene problema complejo o no tiene solución.

Muchos te señalaban que eras tribunera o que lo tuyo era todo retórica, todo discurso. Si analizáramos "a fondo el sistema", como propusiste, ¿qué reflexiones se te ocurren? 

En los organismos institucionales responsables de atender estas situaciones hay muchas cosas que no están funcionando bien. Porque después me dicen "funcional", pero quiero empezar por la autocrítica. Leí que el homicida de Brissa debió tener puesta una tobillera. Y no se la habían puesto o no la estaba usando. Eso ocurre. ¿Cuántas cosas de esas no están funcionando bien y podemos mejorar muy rápido, y tal vez serían útiles para que esto no ocurra? ¿Cuánto del sistema judicial no está bien cuando un niño denuncia una agresión, cuando es víctima?

O cuando no se tiene en cuenta su testimonio y para que le crean tiene que filmarse con una ceibalita...

Exactamente, a eso iba. Cuando no se le cree. Hubo gente que dijo que esa niña legitimó el hecho, que la niña pudo haber provocado ese abuso (para filmarlo). Estamos en un país donde todavía se cuestiona la educación sexual en la escuela y los centros educativos, cuando es una herramienta fundamental para que niños y niñas puedan conocer su cuerpo, saber cómo funciona y detectar cuando una relación con un adulto es inapropiada, y puedan manifestarla. A eso iba con mi tuit. Es muy fácil decir "nacieron monstruos, entonces castiguémoslo". Pero muchísimos agresores no tienen antecedentes, entonces, cuando se habla de castigar al que tiene antecedentes, puede implicar una mínima porción. Y la verdad es que mi preocupación es a ver si podemos hacer algo antes que pase, no sentarnos a esperar y después que pasa, castigar, aunque tengamos la sanción más apropiada del universo. Al fin y al cabo todos hablamos del agresor, de las posibles penas, pero nadie está hablando de todo lo que habría que mejorar para que esto no vuelva a pasar.


Entre esos ataques cibernéticos se compartió en redes una foto trucada con fotoshop donde lucías una remera blanca que decía: "Ser pedófilo no es delito". Recibiste el respaldo de tu sector, Casa Grande (Constanza Moreira). ¿Esperabas la solidaridad del Frente Amplio todo como partido ante estos ataques constantes?

Del FA orgánicamente hablando, no sé... a veces las dinámicas no acompañan, como para que haya una declaración. Pero confiaba que tenía el apoyo de los compañeros y las compañeras y si bien siempre me sorprende gratamente. Por otro lado, tengo la fortuna de estar acostumbrada al abrazo de mis compañeros y compañeras cuando esto pasa.

No pocos te preguntaban, en las redes, qué ha hecho la Intendencia de Montevideo desde que es gobierno para evitar la violencia de género y sus muertes. En efecto, ¿qué se ha hecho?

La IM es el primer organismo gubernamental del Uruguay que tuvo un mecanismo de igualdad de género: en primer lugar la Comisión de la Mujer en los años 90, luego convertida en Secretaría de la Mujer, y hoy Asesoría para la Igualdad de Género. Estos cambios de nombre van de la mano del aumento de jerarquía, el aumento de personal, de programas y de presupuesto. No son sólo cambios simbólicos. ¿Qué hace esta asesoría? Trabaja dentro de toda la intendencia con los ocho municipios y en todo el departamento de Montevideo con dispositivos contra la violencia de género. Por ejemplo, las Comuna Mujer, que trabaja en cogestión con organizaciones de la sociedad civil recibiendo a mujeres víctimas de violencia doméstica, se les da asesoría jurídica y acompañamiento psicológico. O sea, el primer lugar que tiene una vecina cuando es víctima de violencia doméstica son las Comuna Mujer.

¿Están lo suficientemente visibilizadas?

Por eso hacemos la campaña de los derechos de la mujer en marzo, ahora durante noviembre estuvimos con esta campaña de Montevideo Por Igual, que tiene que ver con la igualdad de género, y siempre toda esta visibilidad va acompañada de información de estos lugares. Lo mismo que el 0800 4141 que tiene alcance nacional, pero es de la IM. La Intendencia brinda un 0800 gratuito para mujeres víctimas en todo el país. Y cuando recibe una llamada asesora, te dice qué podés hacer, a dónde podés ir, da acompañamiento y es una llamada que no figura en la factura telefónica, y te acerca a Inmujeres (del Mides), al Ministerio del Interior. La IM trabaja muchísimo este tema. ¿Es suficiente? Ni cerca.


El Frente Amplio está en Montevideo desde 1991 y gobierna el país desde 2005. Nunca se tuvo tanto presupuesto a favor. ¿Por qué no han tenido resultado las políticas públicas contra la violencia de género? 

Yo creo que resultados hay. Yo no hablo de ausencia, hablo de insuficiencia. Esto de incorporar la perspectiva de género -mirar los problemas de la sociedad a través de la lupa de la desigualdad de género- ha sido un proceso. No fue que el FA llegó en los 90 y dijo: "Acá tiene que primar la igualdad". Ha llevado una discusión interna en la fuerza política, ha requerido más presupuesto, y se ha tratado de profundizar la forma de ver el tema. Fijate que hoy la IM no tiene una Comisión de la Mujer, tiene un presupuesto quinquenal en el que cada departamento de la intendencia tiene una parte de su presupuesto destinada a trabajar la igualdad de género. O sea, en cada área de la IM hay una plata destinada a luchar contra la desigualdad de género. La OPP está liderando un proceso similar a nivel del gobierno nacional. No lo cumplen todos los ministerios, pero muchos sí. Hoy en día el propio Ministerio del Interior tiene un área para la igualdad de género, la Fiscalía de la Nación lo tiene, y eso es importante porque cuando ocurren estos casos, nosotros precisamos que la Policía y los fiscales entiendan de estos temas.

Pero yo te preguntaba: ¿por qué en este proceso largo en el gobierno y con más presupuesto, los resultados no mejoran?

Por un lado porque cuánto más lo vamos analizando y más vamos profundizamos en el tema, más grande vemos que es. Es algo voraz, que sigue creciendo. Por otro lado, porque tiene que ir acompañado de un cambio cultural, que no es rápido, no es de un día para el otro. Yo creo que va mejorando, a pesar de la tragedia: hay más conciencia, estamos hablando más de estos temas, toda esto de la indignación demuestra que la gente ha visibilizado más el tema. Al visibilizarlo más, hay más denuncias. Aparte, estos temas no se responden con la respuesta de un solo organismo. Acá tiene que actuar el que reciba la denuncia (la Comuna Mujer o una policlínica municipal), y actuar de acuerdo con el Ministerio del Interior, la Fiscalía, el Poder Judicial y con distintos juzgados.


Pero es que los protocolos están, sólo que a veces no se cumplen y terminan en muertes evitables. Pasó con Valeria Sosa, cuya ex pareja, un policía, la mató con su arma de reglamento pero tenía dos denuncias de violencia doméstica. Lo mismo pasó con el homicida de Malvín Norte que mató a su ex pareja, violó y mató a su hijastra, y luego se suicidó, hace una semana, quien también tenía denuncias realizadas. O el matador de Brissa, que manejaba un taxi como si nada.

Por eso, lo que hay que ver es por qué esos protocolos están fallando. Por qué cuando hay denuncias, no se le quita el arma de reglamento, por qué no se les pone una tobillera electrónica o si se les pone, no funcionan, por qué no funcionan las comunicaciones entre un organismo y otro. La ley integral de violencia basada en género propone muchos cambios, de los que ahora se habla, pero tiene sólo media sanción. Propone cambios en la tipificación de delitos, no sólo la cantidad de la pena, sino cómo se tipifica el delito. En vez de pensar leyes nuevas, yo diría: impulsemos esa ley. Eso es algo criticable al sistema político. Pero después que esa ley se sancione, hay que aplicarla. Ahí volvemos a hablar de presupuesto, de coordinación y de cómo operan los operadores jurídicos, policiales y gubernamentales. Hay mucho camino por recorrer. A mí lo que me preocupa es el populismo penal, que salgamos todos embanderados en ver quién compite por poner la pena más grave. Porque como esto nos genera un dolor tan grande, no hay pena que nos parezca suficiente. No digo que no sea oportuno discutir las penas, pero discutámoslo en profundidad, en contexto. Porque hay medidas más inmediatas a tomar que tienen que ver con los niños. No estamos hablando de cómo evitar más muertes, sino de cómo sancionar al culpable de la próxima muerte. Me preocupa.

¿Qué opinión te merece la propuesta del senador Jorge Larrañaga de debatir sobre la cadena perpetua para crímenes como el de Brissa? Y no pocos han pedido la pena de muerte...

Para empezar, inconstitucional. Digo esto porque la oposición habla como deporte de las leyes inconstitucionales del FA, pero si uno analiza no hay más leyes declaradas inconstitucionales en los gobiernos frenteamplistas que en los anteriores. Celebro que les preocupe la constitucionalidad de las leyes. Pero si fuera constitucional, no respetaría los pactos y tratados que ha firmado Uruguay con el resto del mundo. Es una propuesta inviable, pero además es ineficiente. Podemos discutir el aumento de pena -no cadena perpetua ni pena de muerte-, podemos discutirlo, pero con sensatez, no para la tribuna.


¿Y la castración química?

Me parece un disparate. Habla de un desconocimiento de la verdadera naturaleza de la violencia sexual. La violencia sexual no es una cuestión hormonal, es una cuestión de poder. Ahí vuelvo a lo que decimos las feministas cuando hablamos de patriarcado y de sistema: la violencia sexual tiene mucho más que ver con la fuerza de poder, la cosificación sobre la mujer, el niño o la niña que la búsqueda de una satisfacción sexual. Pero, aparte, si buscamos que la persona no tenga una erección para evitar un abuso sexual, lo único que lograremos es que en vez de penetrarla con una erección, lo hago con otra cosa, que termine empalada o simplemente la mate. Si queremos pensar en reformas legales, nuestra legislación hoy no tipifica como violación a una chica violada con un palo.


No fue la única vez que recibiste agresiones e insultos en redes sociales. En abril, tras tu intervención en la polémica por el cartel del coffee shop que decía que no se permitían ingresar ni perros ni mexicanos, llegaron a compararte con el ex dictador Gregorio "Goyo" Álvarez. Pusieron el rostro de Álvarez, pero con tus ojos, y decía "Goyo Neche". Siendo una mujer de izquierda, ¿cómo tomaste esa comparación?

Demuestra lo más vil y lo más bajo de la calidad antidemocrática de algunas personas. Sobre todo, porque a esta altura, tanto esa comparación con Photoshop con la cara del Goyo Álvarez, como el Photoshop donde me muestra con una camiseta defendiendo la pedofilia muestra que estas no son reacciones espontáneas. A esta altura se sabe y se conoce que las redes son muy manipuladas para generar operaciones, reacciones y como lamentablemente tengo varios años de experiencia en estas cosas, no es difícil distinguir cuando es una reacción espontánea de cuando se conduce algo para generar una reacción y se tergiversan los dichos.

¿Crees que es algo orquestado por un grupo de gente?

No lo dudo. Tengo elementos suficientes para decirlo. Sólo con buscar dos o tres imágenes mías retocadas es sencillo distinguir el método, el estilo, quiénes lo reproducen, qué cuentas lo reproducen, quiénes se benefician de ello. No puede haber tanta falta de comprensión lectora como para entender que yo estaba defendiendo la pedofilia, sobre todo porque la gente que me conoce sabe cuánto he trabajado por los derechos de los niños que sufren violencia.

Recibiste el respaldo de muchos colectivos feministas y de dirigentes del oficialismo que coincidieron en señalar que te criticaban por tu condición de mujer en la política. Hasta usaron el hashtag #MujerEnPolítica. ¿Coincidís? ¿Pensás que te agraden por eso?

No es la única causa, pero esa razón tiene muchísimo peso...

Pero hay muchas mujeres políticas más, en todos los partidos, y no son agredidas en redes sociales...

No es la única razón, pero es una explicación parcial del por qué, pero tiene peso en el cómo. Hablo de la forma en que se realiza la crítica. Estamos hablando de gente que ante cualquier manifestación de mi parte, desligitima mi persona y mi imagen. No critican lo que digo, sino que quieren construir algo negativo sobre lo que soy. Aluden a mi cuerpo, a mi vida sexual, la vida emocional, o "con quién te acostaste para llegar a dónde estás". Por eso hablo de violencia de género hacia las mujeres políticas. 

Como dije, hay muchas mujeres actuando en política que no son atacadas en redes sociales... Las críticas más duras hacia tu persona comenzaron cuando fuiste vocera del No a la Baja. 

Totalmente. Las mismas personas que hoy me agreden porque no le gustó tal cosa que dije -y por eso digo que es sistemático, organizado y no espontáneo- son las mismas que se quejaron de que estoy en Desarrollo Social, antes se quejaron porque entré a la Intendencia, antes porque entré al FA y antes por ser vocera del No a la Baja. Tal vez la causa fundamental de las agresiones que recibo tengan que ver con eso (haber sido vocera del No a la Baja), porque además viene de las mismas personas, el mismo estilo y los mismos métodos desde que empezó la campaña. Pero sí creo que la forma de agresión es machista. La hostilidad y las expresiones son machistas y eso refleja que les molesta que yo haya estado en el No a la Baja, pero también les molesta que esa persona sea una mujer joven en política. Es la sumatoria.

¿Qué pensás de la cuotificación de género en el Parlamento?

Creo que es una ley necesaria en este momento. En la medida que el Parlamento siga teniendo apenas un tercio de mujeres, no es representativo de la sociedad. Será representativo el Parlamento cuando haya mitad mujeres, mitad hombres.


¿No deberían llegar por su capacidad?

Deberían llegar por capacidad, por supuesto. Pero está demostrado que no están llegando por su capacidad. ¿Podemos afirmar que todos los hombres que están llegaron únicamente por su capacidad? Yo no me animo a hacer esa afirmación. Cuando se habla de cuotas o -fuera del Parlamento- de la desigualdad salarial, la brecha de géneros, es porque a igual capacidad, igual experiencia, igual preparación, el que llega es el hombre, no la mujer. Yo no digo: "Que lleguen las incapaces", pero veo que el sistema electoral, de la forma en que está construido, las mujeres tienen menos posibilidades de llegar, más allá de sus capacidades y su militancia. Esto sería como ponerle el banquito a la mujer que está más abajo y no tuvo la posibilidad de llegar.

Recién coincidíamos en que tus haters nacieron cuando militaste como activista por el no a la baja de imputabilidad, dijiste que no tenías ambiciones políticas, y tiempo después llegaste como jerarca al gabinete de Daniel Martínez en la intendencia...

Se han tergiversado mucho mis dichos. Se me acusa de decir "yo no voy a hacer política" y nunca dije eso, se me acusa de decir: "yo no voy a aceptar un cargo político" y tampoco lo dije. Muchas veces me preguntaron si había recibido ofrecimientos y yo dije que sí, y no los había aceptado, porque en ese momento no me interesaba. Me preguntaron si iba a hacer campaña luego del plebiscito, de cara al balotaje, dije que no, y no la hice. Me preguntaron si era militante frenteamplista y dije que no, porque no lo era. Salvo para hablar del No a la Baja, no había pisado un comité de base. Yo adherí al FA en el verano de 2015. ¡Pucha, qué visionaria que fui! Me metí en 2011 a hacer campaña contra una postura que tenía el 70% de la opinión pública a favor, ¿y vi que podía acceder a un cargo cuatro años después? 

Estás diciendo que nunca lo viste como un trampolín político al No a la Baja...

Por supuesto que no. Lo que pasa que la gente se queda con lo que pasó en los últimos seis meses, y la visibilidad mediática. Pero yo venía trabajando desde tres años antes. Todo esto demuestra lo invisible que era nuestro trabajo, entonces es imposible que lo pueda ver como trampolín político. Una cosa es malentender y otra es tergiversar. Hasta se llegó a editar un video donde se intenta mostrar mis contradicciones en dos entrevistas en donde me preguntan si yo iba a hacer política, a lo cual mis respuestas eran "por ahora no", "en este momento no". Es imposible para una mujer menor de 30 años decir que nunca en mi vida haría algo.

En ese momento no lo veías. ¿Y qué cambió?

Por un lado, me acerqué a la política partidaria -no al Frente- a través de la comisión No a la Baja. Participar de la comisión me hizo interactuar con los partidos políticos...

¿Qué te sedujo de la política?

Ver que había gente que realmente estaba trabajando defendiendo sus convicciones y el propio proceso del No a la Baja me demostró que se podían lograr cosas buenas. Por otro lado, cuestiones más reales con la decisión más inmediata. Se venían las elecciones departamentales, yo quería que ganara el FA, porque sí votaba al FA aunque no militaba por el partido, y la persona que me gustaba para que fuera intendente era Daniel Martínez. Y resulta que viene él y me dice que si estoy cerca de él durante el proceso, eso era positivo para su candidatura. Era el candidato que me gustaba en el partido que yo iba a votar, ¿por qué le iba a decir que no?

¿Eras consciente, cuando asumiste el rol de vocera del No a la Baja, de las pasiones y las manifestaciones de odio que enfrentarías de ahí en más?

La mayor cantidad de muestras y manifestaciones de odio se dieron la semana después del plebiscito. Esa semana yo recibí hasta amenazas de muerte. Hice la denuncia, incluso. Primero había una chance de denunciar por difamación e injurias a las personas que se identificó y como el juicio es a instancias de parte, hablé con el juez de turno y decidí no continuar. Vimos que con las acciones tomadas, las agresiones se detuvieron, entonces ya fue suficiente. Pero desde antes ya recibía agresiones, durante la campaña, digo. Pero cuando fueron derrotados, mostraron su peor cara, y ahí fui más consciente que nunca de lo que me estaba enfrentando. Pero cuando uno ve los monstruos a los que enfrenta tiene que decidir si cede el espacio o agarra más fuerza para hacerles frente.

¿Cómo nace tu preocupación por el tema? Eras una abogada recién recibida.

Precisamente, nace por mi formación en derecho. El derecho penal fue el área más vocacional, y cuando estaba terminando la carrera, me empecé a enfocar en el derecho penal juvenil. Apenas me recibí empecé con la carrera docente. Ya en las elecciones anteriores (2009) me había llamado la atención el énfasis que se le daba al delito adolescente, las propuestas que se ponían sobre la mesa (el Partido Colorado ya tenía en sus planes la baja del a edad de imputabilidad). Ahí tenía 24 años, era recién recibida. Me interesaba la temática. Vi que era un tema que se agarraba como bandera política, y cuando vi que se estaba empezando a juntar firmas, fue cuando la indignación me superó. Me enteré que había gente que se estaba organizando en base a convocatorias de la sociedad civil y dije: "En esto quiero intervenir". Nunca me imaginé que iba a terminar siendo la vocera. 

En comentarios de redes leí desde "puta" o "trola" y hasta te desearon que "algunos de esos menores que defendés" te termine violando "en seco"...

Amenazaron con violarme también.

¿Analizás el perfil de quienes te insultan y agreden en redes? ¿Te tomás el trabajo de ver quiénes son o simplemente los bloqueás? 

Me tomé el trabajo de ver quiénes son. Tomo en cuenta el tono de las críticas para distinguir cuando es una reacción espontánea o desde la ira del momento, hasta cuando es algo organizado o trolls y cuentas falsas. Trato de prestar atención porque si es sólo crítica, me interesa escucharla, me sirve. Las agresiones, trato de tomar recaudos, guardo mucho registro para cuando haga falta. También por conciencia política, porque hay mucho de organizado.

¿Cómo te afecta?

Tiene sus días... cotidianamente no me afecta, pero hay días que te molesta más y hay días que decís "bueno ta, esto sobrepasó un límite", tengo que tomar acciones. Y estoy evaluando hacerlo en un caso, todavía no lo tengo decidido (NdeR: se refiere a denunciar al comunicador Ianek Mudzyk, quien grabó un video insultándola, que se viralizó por WhatsApp).


Fuera del mundo virtual, en la calle, ¿cómo es la cosa? ¿Se te acerca la gente en la calle? ¿Qué te dicen?

Por lo general, no pasa nada. Es lo lindo que tiene Uruguay. La mayor parte de las veces no pasa nada, a veces me miran, pero no sé qué andarán pensando... Pensás, ¿es para saludar o para criticar? Cuando ha pasado, por lo general, son muestras de afecto. Todavía el uruguayo se acerca a demostrar afecto. También alguna crítica constructiva. Y algún episodio feo, pero me sobran los dedos de la mano para contarlos. 

¿Y para piropearte o intentar seducirte?

No, tampoco. Es más lo que espanta que lo que atrae.

¿Has pensado, en algún momento, en dejar la política y volver a la abogacía?

No, todo lo contrario. Más me convenzo de que tengo que estar acá. Fue lo mismo que con el No a la Baja. Yo siempre digo que me metí en esa campaña porque no me gustaba cómo se estaba dando el tema, y no confiaba en cómo se desarrollaba la discusión. y sentí la responsabilidad de involucrarme para cambiar algo. Con esto me pasa lo mismo: si cuando mueren tres niñas en 10 días, en vez de estar hablando de cómo evitamos la próxima, estamos discutiendo cuán duros vamos a ser con el próximo matador y nos peleamos en las redes por una acusación falsa, digo: "Tengo que involucrarme más".


¿Qué conservás de la niña que se crió en Paysandú, jugando en la plaza Artigas cerca del puerto?

Un montón. Primero porque siempre estoy volviendo a Paysandú, porque me encanta, y porque tengo la mayor parte de mi familia. Allá soy Fabiana, la hija de Malisa y Emilio, en el barrio. Mis padres vivieron toda la vida en el barrio donde nací yo, entonces es la vecina, el vecino, los gurises con los que me crié, ahora sus hijos... Y de esencia, un montón.


¿De niña ya querías ser abogada?

No, pero ya era discutidora. Y algún problema de indisciplina en la escuela era porque hablaba mucho. Así que alguna pista ya había.

Pero no te imaginabas política ni a palos...

No, ni de casualidad. Ni de niña, ni de adolescente, ni de joven. Sí tenía mucho interés por la infancia, la niñez, desde la escuela. Fui educada en colegios salesianos y con valores salesianos en mi casa, y de eso con lo que más me queda es el interés por la niñez y la niñez más vulnerable y humilde. Y creer que el gurí que se manda una macana merece una segunda oportunidad y el compromiso de todos para que haga una vida mejor y sea una mejor persona.

Tu hermana mayor es militante por el Partido Nacional. ¿Han tenido discusiones por política?

Ahora no está militando, pero sigue siendo blanca, seguro. He tenido discusiones. A ver, mi familia no es altamente politizada, pero discutimos más sobre los temas que por ser una del Frente y la otra blanca. Obviamente que en cada discusión se nota la ideología y las convicciones que hay detrás, pero esos intercambios son sanos. 

¿Qué consejo de tu padre, fallecido en enero, tenés más presente en tu vida?

Que no deje de trabajar, de formarme y que siga mis convicciones y mi vocación. Él siempre me dijo que iba a tener que esforzarme para lograr las cosas, que nada me iba a llegar de arriba. Y que hiciera aquello en lo que creyera. Mi papá también era blanco, y me dijo: "¿Te vas al Frente? Bueno...". Mi papá era de los que no estaba en contra de la baja de imputabilidad, y tuve que conversar mucho, mucho con él para convencerlo. Al final, lo removí. 

De tu madre, maestra jubilada de contexto crítico, ¿heredaste el compromiso social por los niños?

Sí, seguro. Pasé montón de horas de la infancia en las escuelas donde trabajaba mi mamá, en las kermeses, en los recreos, cuando no tenía quien me cuidara, me iba para la escuela de mamá. Y me crié en escuelas de contexto crítico de Paysandú. Mi mamá maestra, mi abuela maestra materna también, mi abuela paterna era educadora en un hogar del entonces Iname... Así que vengo de una familia donde la sensibilidad por la niñez y la adolescencia estaba muy marcada. Con mi padre tenía diferencias políticas, pero también tenía una gran sensibilidad.

¿Sos feliz?
Absolutamente.

 (Montevideo Portal / 5-12-2017)

LA SOLEDAD DE LAS MUJERES INTELIGENTES


por Pilar Jericó

En teoría la inteligencia de la mujer atrae a los hombres, pero en la práctica y en distancias cortas les genera cierta inseguridad

La inteligencia de una mujer atrae a los hombres? Posiblemente, una gran parte de los hombres diría que sí, que por supuesto. Sin embargo, si se preguntara a las mujeres, muchas contestarían justo lo contrario, lo negarían. Y curiosamente, los dos tendrían razón, según un artículo publicado en 2015 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin.

Lora Park, una psicóloga social de la Universidad de Buffalo, y sus colegas Ariana Young y Paul Eastwick realizaron diversas investigaciones para comprobar qué les ocurre a los hombres cuando están con una mujer que creen que es más inteligente que ellos. En un primer experimento, se les pidió que evaluaran a una chica que hipotéticamente era más lista y habilidosa en matemáticas y en inglés. Todos ellos calificaron a dicha mujer como una pareja romántica deseable a largo plazo. Hasta aquí todo bien. Esa era la teoría, pero ¿y en la práctica? Para dar respuesta a ello, los investigadores crearon diversas situaciones donde las personas competían. Cuando una chica demostraba ser más inteligente que los chicos, por “arte de magia” dejaba de ser tan atractiva a los ojos de los hombres. E, incluso, llegaban a reconocer que se sentían inseguros frente a ella.

Así pues, la conclusión del estudio anterior podría resumirse en una idea: en teoría la inteligencia de la mujer atrae a los hombres, pero en la práctica y en distancias cortas les genera cierta inseguridad (por supuesto, siempre hay excepciones). Más allá de esta investigación, quizá conozcas a mujeres que consideren que esta habilidad ha sido una barrera a la hora de encontrar una pareja y de mantener con éxito una relación. También es posible que conozcas a hombres que apoyan las carreras profesionales de sus compañeras y que se sienten muy orgullosos de la inteligencia de ellas. De acuerdo, cualquier generalización es incorrecta. Pero, dicho todo esto, hoy por hoy todavía existe una parte de los hombres que se sienten inseguros o que perciben que su masculinidad entra en juego cuando están frente a una mujer brillante. Posiblemente, este resultado dependa de la autoestima personal y de la madurez de cada uno, pero vale la pena tenerlo en cuenta para saber actuar y para gestionar las soledades y las posibles frustraciones.

Nos necesitamos mutuamente. Tanto es así que una de las claves que ayuda al éxito profesional de una mujer (y del hombre) es tener una buena pareja, según SherylSandberg, la directora financiera de Facebook. De hecho, de las 28 mujeres que han sido directoras generales de alguna empresa de las Fortune 500, 26 están casadas, una divorciada y una soltera. Pero los cambios de la sociedad son tan profundos que también están afectando a las dinámicas entre el hombre y la mujer, lo que nos obliga a gestionar nuevos miedos disfrazados de otro modo. Y para poder lidiarlos con éxito, es necesario mejorar el autoconocimiento con el fin de ganar confianza y seguridad por uno mismo más allá de lo que el otro haga o diga. También es importante educar en inteligencia emocional desde la infancia, de forma que tanto hombres como mujeres se puedan preparar para los nuevos roles sociales que van a vivir. Y, por supuesto, necesitamos abrir nuevas conversaciones entre las parejas para encontrar los puntos de conexión y de colaboración, que no de competición. Solo así aprenderemos a superar las dificultades a las que todos y todas nos enfrentamos.

(El País / 6-12-2017)
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