por Rachelle Unreich
Mágica, hilarante, compleja y resplandeciente, Naomi Watts aporta su especial magnetismo a cada uno de sus papeles. Ahora que se prepara para otro año estelar, habla con Harper's Bazaar sobre la ‘clean beauty’, los temas oscuros y la vida tras Liev Schreiber.
Sentada en un coche en Nueva
York, con la lluvia golpeando el techo, la actriz Naomi Watts está
esperando a que uno de sus hijos acabe su clase de ballet. Es
ese tipo de madre que encaja reuniones de trabajo en medio de
las frenéticas necesidades de la vida familiar. Sale brevemente del
coche cuando piensa que le están poniendo una multa, y me fijo en si la gente
la reconoce. No es así, y no se debe solo a la típica indiferencia de los
neoyorquinos ante los famosos.
"No me reconocen casi nunca. Es la
verdad –insiste–. La gente igual se acerca a mí a decirme: ‘Eh, ¿te han dicho
alguna vez que te pareces a la actriz Naomi Watts?’. Dependiendo de
mi estado de ánimo, a veces respondo: '¿En serio? ¡Nunca me lo habían dicho!'.
Y otras: ‘Sí, me lo han dicho, ¡y es porque soy ella!’. Pero entonces me
preguntan en qué películas he actuado y me veo recitando
mi trayectoria, lo que es aun más humillante. Así que creo que
tengo suerte de pasar inadvertida. Y ni se me pasa por la cabeza pensar eso de
'Oh, lo he logrado, soy famosa'".
Esta anécdota la define perfectamente.
Tiene sinceridad. Tiene un punto de reírse de sí misma. Tiene humildad.
Y también un atisbo de inseguridad, no del tipo que impide que hagas cosas,
sino del que hace que te ruborices con cierta frecuencia. Es imposible hablar
con Watts sin sentir que la conoces por lo cercana y real que
parece ser; hoy se ha presentado sin maquillaje, con ropa informal y gafas.
Incluso en la alfombra roja es más propensa a vestir con algo sencillo que a llamar la
atención. La actriz dice que su voz interior se pregunta, "¿voy a parecer
un bicho raro así vestida? No me importa probar cosas nuevas, pero solo si me
siento cómoda. Mi hermano [el fotógrafo Ben Watts] ante un conjunto demasiado
osado siempre usa una expresión: ‘Parece ropa para apicultores’. No tengo nada
en contra de experimentar, y si estoy de humor me parece bien y
todo, pero nunca nada que sea excesivo".
Este anhelo por la sencillez se
extiende también a su régimen de belleza, dado que es socia
de Onda Beauty, que vende productos cosméticos no tóxicos y de
origen sostenible, y donde tiene su propia línea. Además de su tienda on-line, Onda
acaba de abrir su primera tienda física en Londres, que se une a
las dos en Estados Unidos y a la del barrio de Paddington en Sídney, Australia.
Watts ha sido clave en la creación de
la marca ya que fue quien puso en contacto a las fundadoras (y
amigas de la actriz) Sarah Bryden-Brown, excompañera de instituto
de Watts que trabajaba en publicidad y start-ups, y Larissa
Thomson, que había trabajado en el mundo de las revistas de moda. Fundaron
Onda en 2016 y un año después convencieron a la actriz para que se uniese. Las
ayudó que Watts ya había probado los productos y conocía su eficacia.
Bryden-Brown afirma que lo más sorprendente fue ver lo hábil que es la actriz
en los negocios. "Toma decisiones y aporta sus conocimientos. Trabaja de
una manera muy inteligente y estratégica, y me sorprendió su atención al
detalle en ese aspecto del negocio".
Pero aunque parece que Watts ha
detenido el proceso del envejecimiento, ya que fotos suyas de los
90 podrían pasar por actuales, los trucos para ganar confianza
no vienen en botes como ocurre con los de belleza. "No me
siento totalmente cómoda en mi propia piel –admite–.
Lucho con eso como todo el mundo. Pero sin duda creo que a medida que me hago
mayor voy aprendiendo qué funciona. Eso no quiere decir que incluso tras mucha
práctica pueda decirme que todo va como la seda. A veces pienso que tengo todo
bajo control y el día siguiente me desespero y siento que intento hacer
demasiado y no abarco nada. Cuando percibes que no puedes con todo eso
que tienes que hacer te sientes incómoda contigo misma. Están todos unidos, los
días buenos y los malos".
En su estilo interpretativo se
aprecia también un yin y un yang. Algunos de sus papeles han logrado un gran
reconocimiento (dos nominaciones a Mejor Actriz en los Oscar por 21
gramos y Lo imposible), pero ahora está más preocupada por
que sus trabajos potenciales se ajusten a la agenda familiar y
suele rechazar rodajes que tengan lugar durante el calendario escolar si no son
en Nueva York o sus alrededores.
Sus hijos, Sasha, de 12
años, y Kai, de 10, aun no conocen de cerca el trabajo de su madre.
"Hasta ahora no han podido ver muchas de mis películas. Han visto King
Kong. A Kai le gusta el cine de terror y se muere por ver The Ring, pero
no le dejo todavía… Siempre me han interesado más las temáticas oscuras, y eso
no ha cambiado aunque haya tenido hijos".
Este año tiene múltiples
proyectos: Ophelia, una representación del Hamlet de
Shakespeare desde el punto de vista de Ofelia; Luce, donde
interpreta a la madre adoptiva de un joven cuyas alarmantes ideas políticas lo
enfrentan con sus padres, y La voz más alta, una miniserie
coprotagonizada por Russell Crowe, basada en el caso real del
presidente de Fox News, Roger Ailes, cesado tras ser acusado de acoso.
Pronto empezará a rodar la cinta
australiana Penguin Bloom, interpretando a una persona
real, la madre Sam Bloom, cuya vida cambió trágicamente tras quedar parapléjica
debido a un accidente durante unas vacaciones, y cuya vida salvó, tal y como lo
define la propia Bloom, una urraca herida que de un modo casual acabó formando
parte de su familia. "Intento que mi trabajo me resulte
interesante preguntándome: ‘¿Qué lecciones puedo aprender asumiendo el papel de
una persona real?’. Tienes que conectar con el rol de manera que acabe siendo
una especie de catarsis".
Tras haberse percatado de que en la
vida es menos importante una lista de logros que
lo que una aprende durante el camino, Watts también sopesa
mucho sus decisiones fuera de la pantalla. "Me he dado cuenta
de que a medida que te haces mayor te vuelves más nostálgica. Empiezas a querer
asegurarte de que estás más en contacto con tus seres queridos. Así
que ahora quiero crear experiencias más que añadirlas a una colección de cosas.
Me encanta comprar obras de arte, adoro la fotografía, los zapatos, el cuidado
facial. Pero quiero crear recuerdos y aferrarme a ellos. Planear un viaje con
un grupo de amigos y cerciorarme de que todo está en su sitio, crear recuerdos
para mis hijos y no solo para mí. Eso me encanta".
Como ejemplo, la fiesta por
su 50º cumpleaños el año pasado; una celebración por todo lo
alto en Marrakech, para la cual volaron hasta Marruecos 40
invitados. "Solo esperaba que viniese un puñado de amigos, pero vino un
grupo realmente grande y se convirtió en un evento fantástico que duró tres
días. Fue maravilloso, repleto de experiencias que espero que la gente atesore
tanto como yo".
Su hermano Ben es
testigo del impacto que su hermana pequeña ha tenido sobre su círculo de amistades.
"Cuando se relaja es una de las personas más divertidas que existen. Es la
salsa de cualquier fiesta y tiene una energía casi infantil –declara–. Me
sobrecogió el amor y el apoyo que le dan sus amigos. No vinieron por la fiesta,
vinieron por Naomi, porque es una magnífica y leal amiga".
Su socia y amiga Sarah
Bryden-Brown añade: "Lo que ves es lo que hay. Es muy divertida,
inteligente y tierna. Elige a su gente y forman parte de su vida durante mucho
tiempo. Es muy terrenal, nunca se toma en serio a sí misma, le
apasiona su trabajo y siempre está ahí cuando la necesitas.
Hace un par de años pasé por una mala época, y Naomi es muy
buena cuando hay que darte una patada en el culo para que hagas las cosas, pero
también cuando hay que dar un abrazo y reconfortar".
Esa empatía y bondad seguramente
explican la buena relación que tiene con la que fue su pareja durante más de
una década y padre de sus dos hijos, el actor Liev Schreiber. Tras
separarse hace más de dos años, Watts dice: "Liev y yo
siempre supimos que los niños son lo primero y que tendríamos que respetarnos y
cuidar el uno del otro de la mejor manera posible por su bien. Y eso estamos
haciendo. Nos llevamos bien y deseamos lo mejor para el otro. Nuestra amistad es
mejor que nunca y siento que mis hijos están en una buena situación".
Su propia infancia tuvo sus altibajos,
por no hablar de tragedias. Sus padres se divorciaron cuando tenía
4 años; tres años después, su padre, Peter, que había sido ingeniero de sonido
de Pink Floyd, falleció por una aparente sobredosis. Cuando tenía
14 años, la familia emigró a Australia. Ben recuerda que "Naomi se
resistió un poco al principio, pero ya en la primera semana era una australiana
con todas las de la ley. Le encantó, hizo amigos de inmediato". En la
actualidad rememora con cariño los buenos momentos de su infancia.
"Me crié en un entorno creativo –afirma Watts–. Mi madre solía comprar y
vender antigüedades, entrábamos en casas abandonadas y mirábamos las maravillas
que habían dejado atrás. Siempre era una aventura".
Aunque a Watts siempre
le ha gustado actuar y es amiga de la también actriz Nicole Kidman desde
la adolescencia, no fue hasta mucho más tarde cuando alcanzó el éxito. El
director David Lynch la contrató para Mulholland
Drive, que definitivamente la consagró a la tardía edad de 32 años. Es
probable que hiciese falta un genio como Lynch que dijese: "Veo algo en
ella, algo que ni ella misma sabe que tiene". El film le hizo vivir
también un momento inolvidable.
"Cuando tengo una escena emotiva escucho una canción en concreto, una que sonó en el funeral de mi padre. Y sonaba justo cuando salí del coche en Cannes. Abrí la puerta y la canción Morning Has Broken, de Cat Stevens, se oía por la megafonía. Me sobrecogió, pensé, ‘Dios mío, no sé si voy a poder salir del coche’, porque se me iba a correr el rímel en cualquier momento. Pero también lo vi como una señal de que él estaba conmigo, era un momento curativo, el comienzo de algo. Decidí que no iba a dejar que me crease malas sensaciones. Y me las arreglé para seguir adelante". Y así ha hecho desde entonces.
(BAZAAR / 30-10-2019)
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