Historiadora, crítica de arte y comisaria. Ha vivido el arte tan de
cerca que hasta estuvo casada con Frank Stella. Estudiosa de la Escuela de
Nueva York, pero mujer del mundo, Barbara Rose cree que el valor del arte
contemporáneo ya no es seguro y que en el arte sólo manda hoy el dinero. Echa
en falta buenos coleccionistas y cree que hay que volver al underground para
descubrir lo novedoso y original. Ha traído al IVAM la colección de dibujos del
MOMA que donó Rothchild. «Hay que invertir en valores seguros», recomienda.
¿Quién manda hoy en el arte?
El dinero. Sólo el dinero. Estamos en tiempo de crisis mundial y quien lo tiene
manda. Ahora están construyendo en Abu Dabi un nuevo Guggenheim y sus
exposiciones serán muy caras y si son de grandes artistas aún más porque los
seguros se han ido al cielo.
¿Y si ahora es el dinero antes era la crítica, los
museos, los galeristas...?
La crítica no cuenta para nada. Nadie se interesa por la crítica. En Estados
Unidos quienes compran arte son los grandes de Wall Street y ellos no tienen
tiempo para estudiar o leer. Se dejan aconsejar por sus asesores.
Pero alguien tendrá que decidir qué es válido o qué
no lo es.
Dependen de qué arte se hable. Si es de arte contemporáneo hay que mirar al
país. En cada lugar es diferente. Y el país más honesto hoy en día es Alemania
porque el gobierno financia, pero no decide. El sistema alemán es el más
honesto de Occidente. Hay grandes expertos, historiadores, investigadores... y
esa gente está en los museos.
Ha visto el arte desde la visión crítica e
histórica y ha estado casada con uno de los grandes ¿Cuánto hay de verdad en el
mundo artístico?
Todo ha cambiado mucho. En Nueva York actualmente no hay diálogo. Le voy a
poner un ejemplo: Jeff Koons se ha convertido en uno de los grandes
coleccionistas y tiene el dinero de los coleccionistas que han comprado sus
obras. Él ha trabajado en Wall Street, conoce las reglas e invierte, pero en
arte antiguo o sobre valores seguros. El valor del arte contemporáneo ya no es
seguro. Hay un cambio en el mercado y a la hora de invertir hay que hacerlo con
seguridad.
Así que, se ha desvirtuado lo contemporáneo.
El problema ha sido la falsedad y la especulación.
¿Y qué pinta el público, sólo es testigo mudo?
Al gran público no le interesa el arte, le interesa la vida del artista, si Van
Gogh se cortó una oreja, si aquel hacía tal cosa...Ese es el nivel de
comprensión del gran público. Pero he de admitir que el español es un
espectador sano porque en este país hay menos especulación y la gente acude a
los museos a ver arte. Es un público muy abierto. En Estados Unidos las grandes
inauguraciones son fiestas de moda y cada día más.
¿Cree que las galerías de arte también se han
desmarcado del papel de mecenazgo para convertirse en simple negocio? ¿Cabría
hoy un galerista como Leo Castelli, por ejemplo?
No lo sé, pero no
veo ninguna galería decidida. Hay términos medios, pero no se presentan a
jóvenes creadores. A ellos hay que ir a buscarlos. Existe un arte emergente muy
interesante que está en los barrios de las grandes ciudades y en pequeñas
galerías. Los museos, con la situación actual, hacen lo que pueden y esperan a
que los coleccionistas donen sus colecciones, aunque ahora a muchos
coleccionistas les haya dado por crear sus propios museos.
¿El arte es espectáculo, como dice Damian Hirst, y
si es así son ellos mismos lo que estarían desprestigiándolo?
No creo que Damian Hirst sea artista, francamente. Ya ha bajado los precios.
Por algo será.
¿Si él no es artista quién lo es después de que
Duchamp dijera aquello de que es arte lo que yo digo que es arte y expusiera un
orinal?
Hay millones de personas que se sienten artistas y no lo son. Existe un filtro
que hay que pasar y en mi opinión han de transcurrir cincuenta años para saber
quién es artista y quién no lo es.
¿Entonces, los museos de arte contemporáneo se han
precipitado apostando o invirtiendo en artistas que el tiempo va a dejar de
lado, o el arte contemporáneo es una nebulosa sin reglas?
Después de Duchamp sí hay algo de trampa en el arte. Es un gran juego.
Duchamp cambió las reglas porque no era Picasso, ni Matisse. Él tenía talento
pero para ser considerado tenía que cambiar las reglas del juego y lo hizo con
la transgresión y el escándalo, pero después del escándalo ya no hay nada más.
Personalmente hace años que no voy a la Bienal de Venecia porque no puedo más,
no me interesa. Cinco millones de chinos no me interesan. Prefiero ir por
detrás, buscar nuevas galerías y artistas. En España hay grandes artistas pero
desconocidos para el mundo porque no tienen galería en Nueva York. ¿Quién
representa a los artistas españoles en el exterior? Ese es el problema.
Hablando de galerías ¿metemos en el mismo saco a
las ferias?
Es que el mundo del arte se ha acabado. Recuerdo el primer Arco. Fue increíble.
Era descubrir el mundo del arte. Vinieron las grandes galerías. Hubo un
movimiento fresco. Era diferente. Había menos artistas y muchos menos de los
que se consideran. Hoy todos se creen artistas. En España es diferente porque
los hijos de los ricos no pretender ser artistas como en Estados Unidos
atraídos por la vida bohemia.
¿No le emociona el actual Arco?
Últimamente no. He visto cosas interesantes, pero nada nuevo. El arte se juega
en París, Miami, Basilea...
Dentro de ese juego decía que los españoles no han
podido tener una mayor proyección en el extranjero pero ¿qué cree que han
aportado? ¿Hablamos de artistas que no estén vivos para evitar
susceptibilidades?
Prefiero hablar de vivos. Hay muchos artistas interesantes en España, muchos
más que en Francia o en Italia. Hay grandes artistas originales como Marina
Núñez y en Valencia nombres como Carmen Calvo o Miquel Navarro. El problema de
muchos artistas es que trabajan con nuevos medios y los coleccionistas no van a
Arco. Todo el mundo conoce a Barceló y a los consagrados. Tàpies, Saura,
Chillida están a la altura de los grandes. Sus cuadros históricos están en los
museos. Pero después de ellos hay muchos más que no se conocen.
¿Confía en las subastas?
No, porque también están manipuladas.
¿El coleccionista realmente entiende?
El verdadero coleccionista colabora con museos. Todo el mundo va a morir. Una
buena colección se hace para que quede. Ese el motivo de una colección.
Pero ya no salen coleccionistas como Stein, Peggy
Guggenheim, Rothschild...
Exacto, falta una mujer excéntrica, rica y que quiera vivir de verdad la vida
del artista y el arte de cerca. En este momento los coleccionistas sólo piensan
en arte como inversión y ya no lo es. En el mundo existen los ricos y los
demás. La burguesía clásica ha desaparecido.
¿Adónde va esto?
No lo sé. No digo que nada valga. Pero el arte no está en manos de
especialistas, generalmente no. Sólo confío en los valores seguros. No sabemos
dónde va la cultura occidental. Todo esta relacionado: la educación, al arte,
la cultura... La clase que trabaja no tiene tiempo y los que tienen tiempo
libre no tienen cultura. Es un problema de injusticia social.
Al menos, los cambios sociales, políticos, económicos
e históricos siempre han generado apariciones de corrientes y de grandes
artistas, cambios importantes.
Es cierto, pero ya sabe que cuando todo vale, nada vale. Y es un error pensar
que en el arte sólo vale el dinero. Pero soy optimista porque hay mucha energía
dirigida contracorriente. Es como cuando la Escuela de Nueva York. Entonces
había un boom, cien artistas que se conocían entre ellos. Era un movimiento.
Ahora el artista se ha vuelto una estrella de cine.
¿Cree, como sostienen algunos historiadores, que la
CIA creó la Escuela de Nueva York?
No la creó, pero la financió. El arte abstracto no tenía entonces ninguna
fuerza contra la política y si se quedaba abstracto mejor para Franco y para la
CIA. Así que la Inteligencia pagó itinerancias. Pero no se puede crear a
Pollock, De Kooning, Jasper Johns...Es imposible crear genios.
¿El pop art está sobrevalorado?
Sí, es lo más sobrevalorado. Los precios son absurdos. El pop es primitivo. A
Alex Katz cualquier niño puede entenderlo. Muchos artistas pop son fabricantes
de productos. Lo curioso del pop es que se hizo para criticar el consumo y
ahora es objeto de consumo. La popularidad de Andy Warhol está hecha para
idiotas y él lo sabía muy bien porque era el mayor cínico del mundo.
Él mismo lo reconoce en su biografía y Tom Wolfe
contaba que antes de una exposición orinó sobre sus cuadros y se divertía
escuchando a los millonarios alabando esas mismas obras.
Sí, sí. Mejor todavía, esos cuadros se han expuesto en el Pompidu. Pero es el
papel del bufón. A Warhol lo conocí muy bien. Era un hombre muy complicado.
Tenía dos mil personalidades diferentes. Era genial, pero también una persona
muy peligrosa. Creo que ha sido responsable de muchas muertes.
Por cierto, ¿cómo se vive con un artista?
No se puede vivir con ellos (gesticula). Las personas más tristes de la
historia del arte son las mujeres de los artistas.
(LEVANTE / EL MERCANTIL VALENCIANO)























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