(SIDA + VIDA)
HUGO GIOVANETTI VIOLA
(primera edición web de una nouvelle publicada en 1997)
SEGUNDA ENTREGA
ENERO
1 / COCA cruzó a la casa de los Taborda cuando la cohetería de fin de año ya se extinguía y encontró a Shirley en la hamaca del pequeño jardín. Hubo lío.
-Feliz año, corazón -suspiró la mujer cincuentona que no siempre fue gorda. -¿Y Joaquín y los muchachos?
-Joaquín se fue a dormir. Se pelearon con Ariel un poco antes del brindis.
-Es que no hay paz, mijita. ¿Sabés lo que hizo Paco esta tarde? -trato de no volver a moquear y siento que se me salen los ojos peor que a la Sarandon. -Lo mismo que en Nochebuena. ¿Pero sabés cuánto demoró en recorrer apartamento por apartamento agarrándose de Marito? Una hora más que el otro día. Te juro. De siete a ocho y media. Era igual que si vieras el mismo traje y la misma corbata ridícula -pero que te emociona de una manera que no te puedo explicar- bailando arriba de un maniquí equivocado. Qué cosa más atroz.
-Las cosas del querer.
-Eso. Tenías que verlo deseando feliz año sin acercarse a nadie, con la barba por acá abajo y los dientes como los de Chip y Dale. Puro diente. Se ve que no aguantó la Navidad sin Tati y los otros gurises y empezó a perder masa muscular a lo loco. Me lo explicaba mi cuñada, que ha tratado sidosos. ¿Pero sabés lo que me dijo a mí después que no me pude aguantar y le di un abrazo y un beso? Hasta siempre, hermana dijo -la mujer se paró escrutando la oscuridad del living-comedor. -¿Y Arielito y Baloma?
-Salieron a caminar.
-Qué raro que ella no pasó ninguna de las dos fiestas en Valizas.
Shirley me contesta con un suspiro espanta-mosquitos pero no larga prenda.
2 / MARIO se despertó como catapultado y corrió a abrir la puerta. Debe ser mamá.
-¿Puedo ver a tu padre? -sonrió desvaídamente Baloma, y no esperó respuesta para avanzar hacia el sillón-cama donde el hombre todavía entrajetado contemplaba la luna.
-Pasá -le digo al muchacho que vino con ella.
Ariel entró y cerró la puerta mientras Baloma le decía a Paco Rey:
-Feliz año, maestro. Yo soy hija de la Colorada Pettorossi y quisiera que me pintara un retrato como el que le hizo a ella en el Cabo Polonio. ¿Se acuerda?
Papá mira la luna con los ojos brillosos y al rato dice:
-Ahá. Yo pensaba pintar algo como la gente pero hay muy poca fuerza en la patria, compañera.
Baloma se agarró la trenza y la estiró entre sus pechos combados antes de proponer:
-Puedo posar a toda hora del día.
-Cristo -tose papá. -Ya debo estar pesando muy poco más de cuarenta quilos y demoro veinte minutos en bajar de la cama.
-Y además tengo un mensaje de mis padres para usted -la muchacha torció su rostro hacia el estrellerío y sus ojos aindiados reverberaron. -La muerte no existe.
-Vamos, Baloma -dice el muchacho. -Son las dos de la mañana.
-Bueno, de aquí al domingo podríamos terminar de preparar unas telas con Mario -se atoró largamente Paco Rey. -Vení temprano y tratamos de averiguar si mi pintura existe.
3 / SHIRLEY cruzó la calle y encontró a Coca sentada en el jardín del edificio.
-Treinta y tres grados a esta hora -le digo. -¿Te imaginás lo que va a ser la carretera?
-Pero ustedes se van. Yo me quedo organizando el servicio de viandas del infierno, mijita.
La mujer ahuevó sus ojos acerados y prendió un Fiesta Light haciendo señas de que había que hablar bajo.
-Tuve que reunir a los vecinos -me explica. -Paco ya no da más. La limpiadora sigue viniendo y Marito hace los mandados y todo, pero así es imposible comer como la gente. Al final logré que nos comprometiéramos a prepararles el almuerzo y la cena entre todos los vecinos. Hasta Gutiérrez aceptó. Y cuando se lo dije a Paco me confesó llorando que era la primera vez en la vida que conocía la solidaridad.
Shirley torció la cara en dirección al motor del Chevette recién encendido enfrente.
-Y yo te confieso que es la primera vez en mi vida que no tengo ganas de ir a Valizas -siento que si prendiera otro cigarrillo vomitaría.
-¿Y los muchachos?
-Se quedan. Quieren salir después pero no saben cuando. Te juro que yo nunca entendí menos el mundo. Cumplís cuarenta años y entendés menos que a los dieciocho.
Coca subió las cejas.
-A lo mejor no me corresponde meterme en estas cosas -me mira fijo y tiemblo. -Pero la noche del primero de año vinieron a ver a Paco.
-¿Quiénes?
-Tu hijo y Baloma. Vinieron de madrugada y se fueron enseguida.
-Bueno, qué le vas a hacer -trató de reírse Shirley. -Se ve que ya estoy out del todo. Así que vos te quedarás yugando en la olla popular pero yo me voy de licencia a la caldera del diablo, corazón. Ma qué Punta del Diablo.
-Ciudad de ángeles era una jauja al lado de este entrevero -me da un beso la Coca.
4 / ARIEL estaba jugando al Tetris con Mario cuando Baloma se acostó sobre la moquette y reclamó sonriendo:
-Ahora quiero que me pintes así.
Me excito más de lo que me asusto, pero no los miro. Paco Rey entornó una mirada de córneas color pus y dijo:
-Pero cuántos retratos pretendés que te haga. Ya hay uno bueno, hermana.
-¿Uno? -retruca ella. -¿Vos no querés pintar lo mejor de tu vida? ¿Ese cuadro es lo mejor que pintaste en tu vida?
-Si pasás de los 700 puntos soy capaz de prestarte la gorra -dijo Mario frotando la cabeza del muchacho rapado.
-Dale, Rey. Animate -pide Baloma con una voz de madre que no le escuché nunca. -Y le ponés de título La maja en bikini. ¿No sería original?
-Pero qué hacés, boludo -se volvió a poner la gorra Mario. -Te faltaban dos puntos para batirme el récord.
-Me parece que no sirvo para jugar a esto -digo mirando a Paco.
-Okey -sonrió el pintor, con las pupilas humedecidas por un oro menguante. -Dejame juntar fuerzas hasta mañana y probamos.
-Tiene que ser ahora. Y con el pelo suelto -Baloma empieza a deshacerse la trenza y me le acerco casi corriendo pero es como si nada.
-La trenza no, Baloma -pidió Ariel, sin enojo.
-¿Qué? ¿Acaso sos mi marido para decirme lo que tengo que hacer?
-Okey -miro el enamoramiento del veterano que parece cagado por las manchas y se me van ipso facto las ganas de acogotarlo. -Yo me las tomo porque hoy entro temprano.
5 / COCA estaba esperando el ascensor con la bandeja del almuerzo en la mano cuando Ariel bajó trotando por la escalera. Pobrecito.
-Hola -el muchacho se secó brutalmente el sudor antes de besar a la mujer rolliza que usaba traje de baño con pollerín. -Tenía que hablar contigo. Pero subí nomás, que me doy una vuelta al salir del trabajo. ¿A las siete estarás?
-Estoy ahora -le digo. -La comida se recaliente en el microondas y chau.
Coca vivía en el apartamento de la planta baja con el marido y un hijo soltero: el comedor parecía una especie de video-club empurpurado por tres sillones muy grasosos y cortinas-telones de terciopelo.
-La verdad es que está salado lo que tengo que pedirte -me hace erizar con esos ojos de cordero a lo Powell.
-A los judíos como yo les podés pedir hasta plata -sonrió apenas la mujer. -Siempre que los negocios no sean con el maligno.
-Necesitamos que Mario viva acá durante una semana o dos. Se le puede bajar el Nintendo y además yo lo puedo acompañar unas cuantas horas. El asunto es que Paco empezó a pintar al mango y precisa concentración total. Ya le dijimos a la empleada que no viniera más. El apartamento lo mantenemos limpio entre Baloma y yo.
Sí, y los de palo les organizamos el servicio de viandas -pienso, aunque pregunto: -¿Y vos estás seguro que esto no va a traer más problemas, mijito?
Ariel se acarició la cabeza y dijo:
-Yo hay una sola cosa de la que estoy seguro en el mundo, Coca.
-Ta -lo freno: -Hacé de cuenta que no te dije nada.
6 / MARIO estaba a punto de bajar su propio récord cuando Paco apoyó su cráneo sobre el respaldo del sillón-cama y roncó:
-No va más.
Es el Otro. La muchacha terminó de alisar el torrente de pelo color cedro que le caía hasta la cintura y anunció:
-Hay un mensaje.
Papá tose muy fuerte y escupe en el pañuelo, aunque no abre los ojos.
-Primero hay que saber sufrir -sentenció Baloma.
-Bárbaro -dice el Otro. -Ahora cantame La cumparsita y quedamos completos.
Entonces la muchacha caminó hasta el ventanal y observó largamente el horizonte donde el río iba emergiendo como en un pasacintas, antes de recitar con voz casi varonil:
-El vértice frutal del mediodía confirma / que la verdad escribe tu ayer en el espacio / para que no recojas / más de lo que brilló.
-Coño -dice papá. -¿Y ese tango quién lo hizo?
Baloma volvió a tenderse en la moquette.
-Si yo tuviera el corazón -grita el Otro. -¿Te sirve? Punto muerto de las almas / tumba horrenda de mi amor. ¿Te sirve?
-El que bien sufre dorará tus culpas -contestó la muchacha.
-Mario -dice papá. -¿No me ayudás que tengo que ir al baño?
-EL ALMUERZO -golpeó Coca. -¿HAY HAMBRE O NO HAY HAMBRE, CHE?
-Baloma -se ríe un poco papá. -¿No atendés a la señora? Por favor.
La muchacha entreabrió mínimamente la puerta pero Coca introdujo su perfil sudoroso junto con la bandeja y suspiró:
-Disculpen la demora. Che, Marito: ¿no bajarías a casa con el Nintendo a ver si aprendo de una vez a jugar a ese bendito Tetris?
7 / SHIRLEY volvió de hablar dos horas con Coca y encontró a su marido tomando whisky en el jardín.
-Y cuántos cuadros piensa pintar el maestro antes de internarse -me pregunta después que le cuento todo. -¿Necesitará que la modelo haga topless para consolarse mejor?
La mujer bajó su rostro de camafeo y anunció:
-Voy a empezar a ayudar a Coca en la cocina. La mitad de los vecinos ya se echó para atrás.
-Cristo -cabecea varias veces Joaquín, y siento que los veinte años de casados se vuelven un barquito capaz de hundirse en veinte días de infierno. -Eso demuestra que la gente puede ser idiota hasta la desesperación pero no solidaria hasta la idiotez.
-Preciosa frase. Pero no vayas a decirla en la iglesia porque te echan.
-¿Y vos qué carajo sabés de la iglesia?
Shirley se paró de un salto y la hamaca se alzó como una proa de Conrad.
-Nada -digo, y me arrugo hasta la coronilla tratando de no gritar. -No sé nada de Dios ni de Freud ni de Marx ni de las revoluciones que salvaron al mundo. Soy una escribanita que se cree las películas de la judía de enfrente.
-A qué hora viene Ariel.
-Debe estar por llegar. Aunque creo que va directo para lo de la Coca.
El hombre terminó abruptamente el whisky y maquilló su indefensión con los lentes oscuros.
-Voy a misa de ocho -dice sin darme un beso. -Y después tengo Concejo Parroquial, así que vuelvo tarde.
Shirley miró en silencio la luz del quinto piso.
8 / ARIEL distinguió a su padre a través de la ventana del rancho y entró con resignada pesadez.
-No prendas la luz -me ordena. -Y disculpá la violación de domicilio. Pero no andamos bien con tu madre y decidí esperarte aquí. ¿Querés un whisky?
-No.
El hombre agarrotó el reflejo de la botella y se sirvió lo que quedaba y lo vació de un trago. Me da pena. Ariel descolgó la guitarra y se sentó en la cama a tocar Nothing else matters.
-No te preocupes que ya estoy enterado de todo -trata de hablar sin resbalones. -Disculpá. ¿Qué edad tiene Baloma?
-Diecinueve.
-¿Vos podés creer que me pasé las tres semanas que estuvimos en Valizas sabiendo que iba a pasar esto? Exactamente esto.
Ariel dejó de tocar. Le rompería la cara a él y a todos los viejos que chupan y hablan así.
-Ya me voy -el hombre torció el perfil toscamente aguileño hacia la ventana y sus lentes se azularon. -¿Qué es lo que hace Baloma? ¿Estudia? ¿Trabaja?
Ahora empiezo a rezar un Padrenuestro atrás del otro: puedo hacer cualquier cosa y hablar con cualquier enfermo rezando Padrenuestros.
-Tabaja con la abuela -contestó Ariel. -Y escribe.
-¿Y hace cuántos días que duerme en lo de Paco Rey?
-No los conté. ¿Por qué no te borrás? Borrate, viejo. En serio.
Ahora lo escupiría. El hombre tropezó varias veces antes de abrir la puerta con la botella abajo del brazo y sentenciar mirando hacia la cama relampagueantemente:
-Voy a darte un consejo, Arielito. Lo único que se puede hacer en estas situaciones es rezar Padrenuestros. Sin parar. Y sentirlos caer en la oscuridad igual que si lloviera.
HUGO GIOVANETTI VIOLA
(primera edición web de una nouvelle publicada en 1997)
SEGUNDA ENTREGA
ENERO
1 / COCA cruzó a la casa de los Taborda cuando la cohetería de fin de año ya se extinguía y encontró a Shirley en la hamaca del pequeño jardín. Hubo lío.
-Feliz año, corazón -suspiró la mujer cincuentona que no siempre fue gorda. -¿Y Joaquín y los muchachos?
-Joaquín se fue a dormir. Se pelearon con Ariel un poco antes del brindis.
-Es que no hay paz, mijita. ¿Sabés lo que hizo Paco esta tarde? -trato de no volver a moquear y siento que se me salen los ojos peor que a la Sarandon. -Lo mismo que en Nochebuena. ¿Pero sabés cuánto demoró en recorrer apartamento por apartamento agarrándose de Marito? Una hora más que el otro día. Te juro. De siete a ocho y media. Era igual que si vieras el mismo traje y la misma corbata ridícula -pero que te emociona de una manera que no te puedo explicar- bailando arriba de un maniquí equivocado. Qué cosa más atroz.
-Las cosas del querer.
-Eso. Tenías que verlo deseando feliz año sin acercarse a nadie, con la barba por acá abajo y los dientes como los de Chip y Dale. Puro diente. Se ve que no aguantó la Navidad sin Tati y los otros gurises y empezó a perder masa muscular a lo loco. Me lo explicaba mi cuñada, que ha tratado sidosos. ¿Pero sabés lo que me dijo a mí después que no me pude aguantar y le di un abrazo y un beso? Hasta siempre, hermana dijo -la mujer se paró escrutando la oscuridad del living-comedor. -¿Y Arielito y Baloma?
-Salieron a caminar.
-Qué raro que ella no pasó ninguna de las dos fiestas en Valizas.
Shirley me contesta con un suspiro espanta-mosquitos pero no larga prenda.
2 / MARIO se despertó como catapultado y corrió a abrir la puerta. Debe ser mamá.
-¿Puedo ver a tu padre? -sonrió desvaídamente Baloma, y no esperó respuesta para avanzar hacia el sillón-cama donde el hombre todavía entrajetado contemplaba la luna.
-Pasá -le digo al muchacho que vino con ella.
Ariel entró y cerró la puerta mientras Baloma le decía a Paco Rey:
-Feliz año, maestro. Yo soy hija de la Colorada Pettorossi y quisiera que me pintara un retrato como el que le hizo a ella en el Cabo Polonio. ¿Se acuerda?
Papá mira la luna con los ojos brillosos y al rato dice:
-Ahá. Yo pensaba pintar algo como la gente pero hay muy poca fuerza en la patria, compañera.
Baloma se agarró la trenza y la estiró entre sus pechos combados antes de proponer:
-Puedo posar a toda hora del día.
-Cristo -tose papá. -Ya debo estar pesando muy poco más de cuarenta quilos y demoro veinte minutos en bajar de la cama.
-Y además tengo un mensaje de mis padres para usted -la muchacha torció su rostro hacia el estrellerío y sus ojos aindiados reverberaron. -La muerte no existe.
-Vamos, Baloma -dice el muchacho. -Son las dos de la mañana.
-Bueno, de aquí al domingo podríamos terminar de preparar unas telas con Mario -se atoró largamente Paco Rey. -Vení temprano y tratamos de averiguar si mi pintura existe.
3 / SHIRLEY cruzó la calle y encontró a Coca sentada en el jardín del edificio.
-Treinta y tres grados a esta hora -le digo. -¿Te imaginás lo que va a ser la carretera?
-Pero ustedes se van. Yo me quedo organizando el servicio de viandas del infierno, mijita.
La mujer ahuevó sus ojos acerados y prendió un Fiesta Light haciendo señas de que había que hablar bajo.
-Tuve que reunir a los vecinos -me explica. -Paco ya no da más. La limpiadora sigue viniendo y Marito hace los mandados y todo, pero así es imposible comer como la gente. Al final logré que nos comprometiéramos a prepararles el almuerzo y la cena entre todos los vecinos. Hasta Gutiérrez aceptó. Y cuando se lo dije a Paco me confesó llorando que era la primera vez en la vida que conocía la solidaridad.
Shirley torció la cara en dirección al motor del Chevette recién encendido enfrente.
-Y yo te confieso que es la primera vez en mi vida que no tengo ganas de ir a Valizas -siento que si prendiera otro cigarrillo vomitaría.
-¿Y los muchachos?
-Se quedan. Quieren salir después pero no saben cuando. Te juro que yo nunca entendí menos el mundo. Cumplís cuarenta años y entendés menos que a los dieciocho.
Coca subió las cejas.
-A lo mejor no me corresponde meterme en estas cosas -me mira fijo y tiemblo. -Pero la noche del primero de año vinieron a ver a Paco.
-¿Quiénes?
-Tu hijo y Baloma. Vinieron de madrugada y se fueron enseguida.
-Bueno, qué le vas a hacer -trató de reírse Shirley. -Se ve que ya estoy out del todo. Así que vos te quedarás yugando en la olla popular pero yo me voy de licencia a la caldera del diablo, corazón. Ma qué Punta del Diablo.
-Ciudad de ángeles era una jauja al lado de este entrevero -me da un beso la Coca.
4 / ARIEL estaba jugando al Tetris con Mario cuando Baloma se acostó sobre la moquette y reclamó sonriendo:
-Ahora quiero que me pintes así.
Me excito más de lo que me asusto, pero no los miro. Paco Rey entornó una mirada de córneas color pus y dijo:
-Pero cuántos retratos pretendés que te haga. Ya hay uno bueno, hermana.
-¿Uno? -retruca ella. -¿Vos no querés pintar lo mejor de tu vida? ¿Ese cuadro es lo mejor que pintaste en tu vida?
-Si pasás de los 700 puntos soy capaz de prestarte la gorra -dijo Mario frotando la cabeza del muchacho rapado.
-Dale, Rey. Animate -pide Baloma con una voz de madre que no le escuché nunca. -Y le ponés de título La maja en bikini. ¿No sería original?
-Pero qué hacés, boludo -se volvió a poner la gorra Mario. -Te faltaban dos puntos para batirme el récord.
-Me parece que no sirvo para jugar a esto -digo mirando a Paco.
-Okey -sonrió el pintor, con las pupilas humedecidas por un oro menguante. -Dejame juntar fuerzas hasta mañana y probamos.
-Tiene que ser ahora. Y con el pelo suelto -Baloma empieza a deshacerse la trenza y me le acerco casi corriendo pero es como si nada.
-La trenza no, Baloma -pidió Ariel, sin enojo.
-¿Qué? ¿Acaso sos mi marido para decirme lo que tengo que hacer?
-Okey -miro el enamoramiento del veterano que parece cagado por las manchas y se me van ipso facto las ganas de acogotarlo. -Yo me las tomo porque hoy entro temprano.
5 / COCA estaba esperando el ascensor con la bandeja del almuerzo en la mano cuando Ariel bajó trotando por la escalera. Pobrecito.
-Hola -el muchacho se secó brutalmente el sudor antes de besar a la mujer rolliza que usaba traje de baño con pollerín. -Tenía que hablar contigo. Pero subí nomás, que me doy una vuelta al salir del trabajo. ¿A las siete estarás?
-Estoy ahora -le digo. -La comida se recaliente en el microondas y chau.
Coca vivía en el apartamento de la planta baja con el marido y un hijo soltero: el comedor parecía una especie de video-club empurpurado por tres sillones muy grasosos y cortinas-telones de terciopelo.
-La verdad es que está salado lo que tengo que pedirte -me hace erizar con esos ojos de cordero a lo Powell.
-A los judíos como yo les podés pedir hasta plata -sonrió apenas la mujer. -Siempre que los negocios no sean con el maligno.
-Necesitamos que Mario viva acá durante una semana o dos. Se le puede bajar el Nintendo y además yo lo puedo acompañar unas cuantas horas. El asunto es que Paco empezó a pintar al mango y precisa concentración total. Ya le dijimos a la empleada que no viniera más. El apartamento lo mantenemos limpio entre Baloma y yo.
Sí, y los de palo les organizamos el servicio de viandas -pienso, aunque pregunto: -¿Y vos estás seguro que esto no va a traer más problemas, mijito?
Ariel se acarició la cabeza y dijo:
-Yo hay una sola cosa de la que estoy seguro en el mundo, Coca.
-Ta -lo freno: -Hacé de cuenta que no te dije nada.
6 / MARIO estaba a punto de bajar su propio récord cuando Paco apoyó su cráneo sobre el respaldo del sillón-cama y roncó:
-No va más.
Es el Otro. La muchacha terminó de alisar el torrente de pelo color cedro que le caía hasta la cintura y anunció:
-Hay un mensaje.
Papá tose muy fuerte y escupe en el pañuelo, aunque no abre los ojos.
-Primero hay que saber sufrir -sentenció Baloma.
-Bárbaro -dice el Otro. -Ahora cantame La cumparsita y quedamos completos.
Entonces la muchacha caminó hasta el ventanal y observó largamente el horizonte donde el río iba emergiendo como en un pasacintas, antes de recitar con voz casi varonil:
-El vértice frutal del mediodía confirma / que la verdad escribe tu ayer en el espacio / para que no recojas / más de lo que brilló.
-Coño -dice papá. -¿Y ese tango quién lo hizo?
Baloma volvió a tenderse en la moquette.
-Si yo tuviera el corazón -grita el Otro. -¿Te sirve? Punto muerto de las almas / tumba horrenda de mi amor. ¿Te sirve?
-El que bien sufre dorará tus culpas -contestó la muchacha.
-Mario -dice papá. -¿No me ayudás que tengo que ir al baño?
-EL ALMUERZO -golpeó Coca. -¿HAY HAMBRE O NO HAY HAMBRE, CHE?
-Baloma -se ríe un poco papá. -¿No atendés a la señora? Por favor.
La muchacha entreabrió mínimamente la puerta pero Coca introdujo su perfil sudoroso junto con la bandeja y suspiró:
-Disculpen la demora. Che, Marito: ¿no bajarías a casa con el Nintendo a ver si aprendo de una vez a jugar a ese bendito Tetris?
7 / SHIRLEY volvió de hablar dos horas con Coca y encontró a su marido tomando whisky en el jardín.
-Y cuántos cuadros piensa pintar el maestro antes de internarse -me pregunta después que le cuento todo. -¿Necesitará que la modelo haga topless para consolarse mejor?
La mujer bajó su rostro de camafeo y anunció:
-Voy a empezar a ayudar a Coca en la cocina. La mitad de los vecinos ya se echó para atrás.
-Cristo -cabecea varias veces Joaquín, y siento que los veinte años de casados se vuelven un barquito capaz de hundirse en veinte días de infierno. -Eso demuestra que la gente puede ser idiota hasta la desesperación pero no solidaria hasta la idiotez.
-Preciosa frase. Pero no vayas a decirla en la iglesia porque te echan.
-¿Y vos qué carajo sabés de la iglesia?
Shirley se paró de un salto y la hamaca se alzó como una proa de Conrad.
-Nada -digo, y me arrugo hasta la coronilla tratando de no gritar. -No sé nada de Dios ni de Freud ni de Marx ni de las revoluciones que salvaron al mundo. Soy una escribanita que se cree las películas de la judía de enfrente.
-A qué hora viene Ariel.
-Debe estar por llegar. Aunque creo que va directo para lo de la Coca.
El hombre terminó abruptamente el whisky y maquilló su indefensión con los lentes oscuros.
-Voy a misa de ocho -dice sin darme un beso. -Y después tengo Concejo Parroquial, así que vuelvo tarde.
Shirley miró en silencio la luz del quinto piso.
8 / ARIEL distinguió a su padre a través de la ventana del rancho y entró con resignada pesadez.
-No prendas la luz -me ordena. -Y disculpá la violación de domicilio. Pero no andamos bien con tu madre y decidí esperarte aquí. ¿Querés un whisky?
-No.
El hombre agarrotó el reflejo de la botella y se sirvió lo que quedaba y lo vació de un trago. Me da pena. Ariel descolgó la guitarra y se sentó en la cama a tocar Nothing else matters.
-No te preocupes que ya estoy enterado de todo -trata de hablar sin resbalones. -Disculpá. ¿Qué edad tiene Baloma?
-Diecinueve.
-¿Vos podés creer que me pasé las tres semanas que estuvimos en Valizas sabiendo que iba a pasar esto? Exactamente esto.
Ariel dejó de tocar. Le rompería la cara a él y a todos los viejos que chupan y hablan así.
-Ya me voy -el hombre torció el perfil toscamente aguileño hacia la ventana y sus lentes se azularon. -¿Qué es lo que hace Baloma? ¿Estudia? ¿Trabaja?
Ahora empiezo a rezar un Padrenuestro atrás del otro: puedo hacer cualquier cosa y hablar con cualquier enfermo rezando Padrenuestros.
-Tabaja con la abuela -contestó Ariel. -Y escribe.
-¿Y hace cuántos días que duerme en lo de Paco Rey?
-No los conté. ¿Por qué no te borrás? Borrate, viejo. En serio.
Ahora lo escupiría. El hombre tropezó varias veces antes de abrir la puerta con la botella abajo del brazo y sentenciar mirando hacia la cama relampagueantemente:
-Voy a darte un consejo, Arielito. Lo único que se puede hacer en estas situaciones es rezar Padrenuestros. Sin parar. Y sentirlos caer en la oscuridad igual que si lloviera.






















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