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sábado

LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Última entrega]

DIECISÉIS: LA LUCHA DEL HOMBRE

¿Por qué no le vas hablando al espectador que contempla el monumento?

Lo primero que notará el espectador que se aproxima caminando por la plaza es una forma circular llena de contorsiones y una estrella en la parte alta. Todo esto recortado sobre el mar y el cielo, que son parte del simbolismo de la obra. Y a medida que se acerca captará que el gran círculo está formado por un hombre (a la izquierda) y un elemento en realidad desconocido pero que podemos imaginar como una especie de ola-monstruo marino. Lo cierto es que todos intuimos, más allá de las interpretaciones personales, que se trata de algo que pertenece al mundo de la naturaleza. Y yo lo llamo simplemente el origen del hombre. Porque si observamos bien la base de la escultura veremos que el hombre que está unido a este elemento no tiene piernas ni pies. Él simplemente nace.

Lo que nos ofrece un primer significado de mundo en gestación.

A este mundo en gestación yo prefiero llamarlo el círculo urobórico, donde el principio y el fin se conectan circularmente. La mórula embrionaria. Pero enseguida notaremos que este hombre está en actitud activa, luchando a brazo partido y con uno de sus puños sobresaliendo y penetrando en el espacio, mientras el otro poderoso brazo se aferra marcantemente a la ola para empujar y separar, es decir, que aquí se trata de discriminarse de la naturaleza primigenia, lo que en otro plano de valoración representaría al ego discriminándose del inconsciente.

Aparece la polaridad.

Aparece la polaridad y el mismísimo drama de la individuación, con el hombre en crecimiento (nótense las costillas y los músculos resaltados por la tensión y los brazos luchando más que nada por ser ellos mismos).

¿Y el ojo del hombre?

El ojo es como un sol, que representa sin duda la conciencia incipiente que mira su propio interior con expresión de inocencia o asombro. Y el puño que se incrusta en el cielo recuerda al ego heroico, fálico y guerrero que se despega y sale buscando más allá. Eso nos hace comprender que el inconsciente sólo puede expresarse a través de esa forma sofisticada de la naturaleza que es el gesto consciente.

Pero el elemento natural también parece tener facciones.

Yo diría que es una curvatura más serena que la humana, de gran expresividad y vitalidad y llena de huellas uterinas, lunares, de esa memoria que se supone es el origen de los arquetipos y la base de la estructuración de la psique. Y aunque pueda parecer un poco traído de los pelos, también podríamos detectar aquí a la época matriarcal, con sus reglas de la creación, su lógica propia y lo patriarcal emergente.

Hacia la estrella de cinco puntas.

Que es el número del espíritu, así como el cuatro lo es de la materia. La estrella nace de la lucha entre las dos fuerzas y su hueco central ya no es el círculo urobórico sino el del sí-mismo. Tiene un reborde que se abre como una flor o un sol, y esta especie de indicador espiritual se conecta a través de una punta-eje con las polaridades del símbolo que ahora ya podemos identificar claramente con el inconsciente y el ego.

Se trataría de un sí-mismo que corona la lucha.

Sí. Nuestros viciosos esquemas históricos seguramente lo colocarían abajo pero aquí está arriba.

Algo así como la famosa América del Sur invertida de Torres García.

Algo así. Y lo que me parece más sugestivo es que lo espiritual nazca del hueco, aparentemente de la nada aunque eso no es la nada sino una dimensión del ser desprovista de toda materialidad, temporalidad o limitación. Quiere decir que la intención anecdótica de la obra es la lucha del hombre por dominar la naturaleza. Pero a nivel arquetípico, lo que se plantea es la lucha por lograr niveles superiores de conciencia y a la vez el desapego hacia lo que debe ser dejado atrás.

Quiere decir que ascendemos o nos hundimos.

Eso nos lo recuerda precisamente el mar tan cercano, que dramatiza la situación y pone al desnudo nuestro apremiante destino: si no luchamos por ascender podemos ser tomados por el agua del inconsciente, ser presa de sus fuerzas destructivas y actuar el mal. No se trata en absoluto de matar a la naturaleza sino de comprender y asumir el papel que nos corresponde jugar dentro de ella para completarnos y completarla. Como en todo mito del héroe, entonces, aquí hay muerte y resurrección. Por lo que el monumento implica a la vez un recordatorio, un estímulo y una promesa: la recuperación consciente del paraíso original.

Lucha

-Cómo creció este tilo. Está el doble de grande -me comenta la esposa del vecino-jardinero una noche muy clara, cuando vuelve de sacar al perro.
-Pepe dice que es por las raíces podridas que quedaron enterradas -señalo uno de los muñones sobrevivientes del gomero.
Pero ella mira el balde que llevo en la mano y sonríe:
-No. Casi nunca crecen así. Lo que pasa es que usted lo regó con amor.
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Glosario de términos junguianos

(Se sugiere al lector interesado en abordar las obras de C.G. Jung, comenzar por el último y más didáctico de sus libros, El hombre y sus símbolos, que actualmente circula en diversas ediciones sencillas o ilustradas. Otro texto global angular es la summa autobiográfica titulada Recuerdos, sueños, pensamientos. También es recomendable al respecto la biografía de Gerhard Wehr (Edit. Paidós, 1991). El presente glosario ha sido tomado de La Experiencia Junguiana / Análisis e individuación, de James A. Hall, M.D., Edit. Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1995.)

ÁNIMA (latín, “alma”). El lado femenino inconsciente de la personalidad del hombre, Está personificada en los sueños por imágenes de mujeres que van desde la prostituta y seductora hasta la guía espiritual (Sabiduría). Ella es el principio de eros, por lo que el desarrollo del ánima de un hombre se refleja en cómo se relaciona él con las mujeres. La identificación con el ánima puede aparecer como temperamento caprichoso, afeminamiento e hipersensibilidad. Jung llama al ánima el arquetipo de la vida misma.

ÁNIMUS (latín, “espíritu”). El lado masculino inconsciente de la personalidad de una mujer. Personifica el principio de logos. La identificación con el ánimus puede hacer que una mujer sea rígida, testaruda en sus opiniones y discutidora. En forma más positiva, es el hombre interior que actúa como puente entre el ego de la mujer y sus propios recursos creativos en el inconsciente.

ARQUETIPO. Flujo espontáneo de pensamientos e imágenes interconectados alrededor de una idea específica, determinada por conexiones inconscientes.

COMPLEJO. Grupo de ideas o emociones cargado emocionalmente. En el “centro” de un complejo hay un arquetipo o imagen arquetípica.

CONSTELAR. Cada vez que hay una fuerte reacción emocional ante una persona o situación, se ha constelado (activado) un complejo. Un ego fuerte puede relacionarse objetivamente con contenidos activados del inconsciente (es decir, con otros complejos) más que identificarse con ellos, lo que aparece como un estado de posesión.

FUNCIÓN TRASCENDENTE. El “tercero” conciliador que surge del inconsciente (en forma de un símbolo o de una nueva actitud) después que los opuestos en conflicto han sido conscientemente diferenciados, y la tensión entre ellos contenida.

INDIVIDUACIÓN. La realización consciente de nuestra singular realidad psicológica, incluyendo fortalezas y limitaciones. Conduce a la experiencia del Sí Mismo como regulador de la psique.

INFLACIÓN. Estado en el que se tiene un sentido irrealmente alto o bajo (inflación negativa) de la propia identidad. Indica una regresión de la conciencia hacia la inconsciencia, lo que generalmente sucede cuando el ego asume demasiados contenidos inconscientes y pierde la facultad de discriminación.

INTUICIÓN. Uno de las cuatro funciones psíquicas. Es la función irracional que nos expresa las posibilidades inherentes en el presente. En contraste con la sensación (la función que percibe la realidad inmediata a través de los sentidos físicos), la intuición percibe por intermedio del inconsciente, por ejemplo, destellos de insight de origen desconocido.

PARTICIPATION MYSTIQUE. Término tomado del antropólogo Lévy-Bruhl, que denota una conexión psicológica primitiva con objetos, o entre personas, resultando en un fuerte vínculo inconsciente.

PERSONA. (latín, “máscara de actor”). Nuestro rol social derivado de las expectativas de la sociedad y de un entrenamiento precoz. Un ego fuerte se relaciona con el mundo exterior a través de una persona flexible: la identificación con una persona específica (médico, erudito, artista, etc.) inhibe el desarrollo psicológico.

PROYECCIÓN. Proceso mediante el cual una característica o cualidad inconsciente de uno es percibida y reflejada en un objeto o persona exterior. La proyección del ánima o ánimus en una mujer u hombre real se vivencia como enamoramiento. Las expectativas frustradas indican la necesidad de retirar las proyecciones, a fin de relacionarse con la realidad de otros individuos.

PUER ETERNUS (latín, “niño eterno”). Indica cierto tipo de hombre que permanece demasiado tiempo en la psicología adolescente, asociado generalmente con un fuerte apego inconsciente a la madre (real o simbólica). Los rasgos positivos son espontaneidad y apertura a los cambios. Su contraparte femenina es la puella, una “niña eterna” con el correspondiente apego al mundo del padre.

SENEX (latín, “anciano”). Se asocia con actitudes que vienen con la vejez. En su forma negativa, esto puede significar cinismo, rigidez y conservatismo extremo: sus rasgos positivos son la responsabilidad, el orden y la autodisciplina. Una personalidad bien equilibrada funciona adecuadamente dentro de la polaridad puersenex.

SENTIMIENTO. Una de las cuatro funciones psíquicas. Es una función racional que evalúa el valor de las relaciones y situaciones. El sentimiento debe distinguirse de la emoción, la cual se debe a un complejo activado.

SÍMBOLO. La mejor expresión posible para algo esencialmente desconocido. El pensamiento simbólico es no-lineal, orientado hacia el cerebro derecho: es complementario al pensamiento lógico y lineal del cerebro izquierdo.

SÍ MISMO. El arquetipo de la totalidad y centro regulador de la personalidad. Se experimenta como un poder transpersonal que trasciende al ego, por ejemplo, Dios.

SOMBRA. Parte inconsciente de la personalidad que se caracteriza por rasgos y actitudes, sean negativos o positivos, que el ego consciente tiende a rechazar o ignorar. Está personificada en los sueños por personas del mismo sexo que el soñante. La asimilación consciente de nuestra sombra por lo general resulta de un aumento de la energía.

TRANSFERENCIA Y CONTRATRANSFERENCIA. Casos particulares de proyección, usados comúnmente para describir los vínculos emocionales inconscientes que surgen entre dos personas en la relación analítica o terapéutica.

UROBORO. Serpiente o dragón mítico que se come su propia cola. Usado como símbolo de la individuación -como proceso circular autocontenido- y de la autoabsorción narcisista.


(LEER primera parte - click aquí)

LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Novena entrega]


CATORCE: LA MUERTE NO ES UNA LACRA

Pienso que es momento de profundizar en el tema de la vejez sabia y la adecuada elaboración de la muerte, tanto a nivel personal como familiar.

Antes que nada tendríamos que puntualizar que viejas sabias y viejos sabios existieron siempre y van a existir siempre. Porque ese es un fenómeno individual y colectivo que completa en cada uno el proceso de individuación, sean como sean los tiempos. Ahí tenés el caso de Obdulio Varela, por ejemplo. Te alcanza con leer una sola página del libro-reportaje que se le hizo antes de morir para comprobar que la sabiduría de ese hombre era extraordinaria.

Pero para llegar a eso no existen recetas ni guías de ningún tipo.

Y menos que menos en los tiempos modernos. Hoy decíamos que no existe -tanto en nuestro país como en muchísimos otros países- una marcante influencia colectiva hacia la sabiduría. Entonces cada cual se las tiene que arreglar como puede para reflexionar y dejar aflorar su interior. Porque las opciones son fatalmente dos: o se transforma en un viejo sabio o se transforma en lo que comúnmente llamamos un viejo de mierda.

Una cosa que se niega alarmantemente en el Uruguay es el hecho de que una buena vejez, más allá de las pérdidas y el sufrimiento físico que conlleva, puede constituirse en la estación más fructífera del ser. Y eso Jung lo demostró con su propia vida, copernicanamente compensatoria de la miopía o ceguera que reinó en el siglo XX al respecto.

Claro, pero todo eso en el Uruguay se vuelve muy azaroso. Porque nadie se va a sentar y decir: Hoy voy a tratar de hablar con mi sí-mismo. Eso sólo se logra en determinados niveles de introspección que lamentablemente no son los habituales.

Todo ese panorama termina por complicar, además, la elaboración espiritual de la muerte.

Ese es uno de los temas claves que los uruguayos suelen barrer debajo de la alfombra. Fijate que todavía prevalece la actitud -que fomentan antes que nadie los propios médicos- de negar la enfermedad crónica o terminal y engañar al enfermo todo lo posible. Y en realidad cualquiera puede darse cuenta, una vez que ha vivido esa experiencia, de que el enfermo es inengañable. Entonces se termina en lo que podríamos llamar la comedia mutua, hecha tanto por los médicos y los familiares como por el propìo paciente.

¿Y qué actitud se toma en otros países?

Bueno, justamente desde el imperio nos han llegado buenas nuevas sobre ese tema: extraordinarios libros que testimonian el trabajo que realizan grupos de enfermos terminales, por ejemplo. O estudios sobre las etapas que recorre alguien que está en proceso de morir. Hoy te nombraba a Kübler-Ross, una gran autora que trabajó especialmente con niños moribundos. Y nosotros también tendríamos que realizar nuestra elaboración, porque todos esos asuntos cruciales evidentemente están en el tapete. Claro que se precisan muchas agallas.

Y otra tendencia todavía más lamentable que aparece en la escena terminal es el proponerle eufemísticamente a la familia la desconexión del paciente.

Sí, matarlo antes de que se muera. Eso es privarlo nada menos que del proceso de morir conscientemente.

Proceso que puede ser importantísimo para la reintegración de la familia, en muchos casos.

Puede ser muy positivo en muchos sentidos. En mi familia hubo un caso que fue encarado en forma grupal desde el principio: se hablaba cotidianamente de la enfermedad y de sus variantes, e inevitablemente del tema de la muerte. Y eso permitió que cada uno tomara posición frente al tema del más allá y se confrontaran y se compartieran las reflexiones, se plantearan terapias, etc. Este enfoque de la situación no es por cierto el más frecuente, pero es muy positivo.

Y se pueden llegar a vivir incluso momentos maravillosos.

Es que lo profundamente humano siempre pasa por lo maravilloso.

Padre

Un día antes de morir mi padre se calzó el oxígeno y me pidió que le trajera un cuadro del comedor.
-Esto lo pintó Pezzino en el Taller Torres-García -le explicó a mi mujer: -Era una lección que se llamaba Mística de la pintura y trabajábamos todos con el mismo modelo.
Y me di cuenta que estaba contento.


QUINCE: LA LUCHA DE YEPES

El año pasado participaste en un congreso sudamericano analizando, desde una óptica junguiana, el entramado simbólico de un monumento escultórico realizado por tu padre que corona hace más de cuarenta años la Punta Gorda montevideana y ya resulta emblemático para nosotros. ¿Por qué lo presentaste como un escultor del Uruguay?

Porque pienso que mi padre, Eduardo Díaz Yepes, que nació en Madrid en 1910 y se radicó definitivamente en el Uruguay en 1947 (aunque a los 24 años ya había estado aquí, donde se casó con Olimpia Torres, mi madre) fue uno de esos hombres a los que América le dio la oportunidad para hacer florecer lo mejor de sí mismo.

¿Más que a tu abuelo?

Muchísimo más. Lo que Torres García encontró aquí fue menos polución espiritual, diríamos, que la que había en Europa, pero ya vimos las vicisitudes que pasó para lograr que arraigara su propuesta. Mi padre venía de afrontar la guerra civil española (donde militó del lado de la libertad, lo que es decir de la república) y después de sufrir cárcel y vivir en la clandestinidad se adapta muy bien a este país, donde desarrolla un prolífico periplo como escultor y docente de Bellas Artes, hasta que fallece en 1978. Yepes, como se lo llama aquí, fue completamente un artista del Uruguay, porque se expresó luego de haber captado las necesidades del espíritu de este pueblo. Y el haberse transformado en un hijo de América le costó incluso la falta de aprobación europea, como suele pasar.

Quiere decir que la religación de tu padre fue muy distinta a la de tu abuelo.

Muy distinta. Y la mía, por su parte, es distinta a la de ellos dos. Yo soy nada más que un junguiano.

¿Cómo nace el monumento de la Plaza Virgilio?

Bueno, mi padre al monumento lo llamaba simplemente La lucha y yo prefiero llamarlo La lucha por la individuación. El hecho histórico que le dio origen sucedió en 1956 y fue la llamada tragedia del banco inglés, donde una tormenta arrasa con la tripulación de un barco pesquero encallado, a pesar del esfuerzo de los rescatadores de la Armada Uruguaya que habían ido a buscarlos. Se salvó sólo un pescador que se ató a una madera y fue llevado a la costa por la corriente. Y esta catástrofe desata por una vez una respuesta que es honrar a todo hombre que muere luchando con el mar. Se trata entonces de un contexto perfecto para el desarrollo de un mito, que es lo que cada pueblo necesita: héroes y actos heroicos que denoten valor y espíritu de lucha y coraje, con los que se va tejiendo una visión simbólica de nuestra historia y una identidad comunitaria.

¿Podríamos detallar el análisis simbólico?

¿Te parece? Mirá, te cito textualmente lo que dijo mi padre: Esta obra refiere a la lucha del hombre con su naturaleza primitiva, es decir la eterna lucha con los aspectos inferiores del ser, y de la lucha nace la esperanza, simbolizada por la estrella. ¿Te parece que se precisan más palabras?

En este libro sí.

De acuerdo. Pero precisaríamos un capítulo aparte.

Bach

Estaba archivando una novela en la computadora con el brazo derecho ya medio reventado y de golpe empezaron a pasar por la radio una obra que nunca había escuchado, aunque me di cuenta que era Bach.
-Qué bien -pensé: -Por fin terminé con este infierno y ahora ya puedo meterle el diente a la que viene. Y no está nada mal tener que dedicarse a bucear en el misterio del tesoro invisible y haber aguantado tantos años con mi mujer y mis hijos viviendo en esta especie de fiesta de trinchera y qué maravilla eterna que es el hombre mordiendo la LUX de la desgracia para transfigurarla en PAX y qué hermoso que hayan existido tipos cómo Jesús a los que no les conocemos ni siquiera la cara porque llevaban puesta la cara de todos.
Y entonces la locutora de la FM del Sodre anunció:
-Acabamos de escuchar Jesus, alegría de los hombres de Johann Sebastian Bach.


(LEER primera parte - click aquí)

LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Octava entrega]


TRECE: ARTIGAS, EL NEGRO JEFE Y EL OBELISCO

Hoy hablamos de la influencia decisiva que tuvo el racionalismo francés en la consolidación de nuestro entramado cultural institucional, pero también quedó pendiente el análisis de un trasfondo criollo que terminó por proyectarse hasta en el mismo fútbol uruguayo.

¿En el fútbol?

Lezama Lima señalaba magistralmente que el barroco español quedó depositado en la platería verbal del paisano rioplatense, a la que se suman una imaginería, una picardía y una creatividad matreras que muchos civilizadores urbanos quisieron meter en la bolsa de la barbarie.

Eso sí que es una barbaridad.

Y últimamente Espínola Gómez ha señalado que ese barroco se proyecta en la particularísima diablura ornamental del gran fútbol uruguayo. Es como si los porteños hubiesen recogido esa gracia de firuleteo en la danza tanguera y nosotros en la moña futbolística.

Muy interesante.

Pero además habría que preguntarse de una vez por todas por qué nos gustó tanto el fútbol desde siempre y fuimos capaces de conquistar cuatro títulos mundiales en menos de treinta años. Yo creo que el uruguayo sacia su sed semioculta de verdades simbólicas tanto con la práctica como con la contemplación del fútbol, un espectáculo donde todos los atributos y desafíos humanos aparecen reconectados y expuestos en otro plano de valor muy similar al de la pared de la caverna prehistórica.

Sí. Vendría a ser lo que les pasa hace siglos a los españoles con las corridas de toros. Y lo que no les pasó nunca a los franceses con nada campal, digamos.

¿Cómo caracterizarías la personalidad de Obdulio Varela?

Yo creo que en el marco de ese tremendo desafío deportivo y psicológico que fue la final de Maracaná, Obdulio Varela (o mejor: el Negro Jefe) es tomado por el arquetipo del viejo sabio, el brujo, el conductor, lo que Jung llamó la personalidad-mana. Ese arquetipo surge desde lo profundo en ciertas etapas de madurez de la vida y dicta la conducta sabia e inamovible del consejero, líder y ejecutor que por sobre todo hace hacer.

Y pensar que era un uruguayo silvestre que no pasó de tercero de escuela pero que siempre dijo que al ponerse la celeste entendía lo que quería decir patria y se sentía responsable de la alegría o de la tristeza de los demás.

Y él evidentemente logró constelar, al frente de esa especie de cuadro-tribu rodeado de una gigantesca selva ajena, un espíritu de grupo total e impulsó la participación mística de todos sus miembros como si fueran un solo hombre.

Igual que Artigas en el éxodo o en Purificación.

Bueno, pero Artigas era una enorme personalidad-mana.

¿Y qué me contás de la tarde del 27 de noviembre de 1983 en el Obelisco?

Eso también constituyó un ítem extrordinario, porque allí se proyectó algo esencial que consteló y unificó al pueblo uruguayo en un solo pensamiento y un solo corazón. Y entonces pudimos ver el fenómeno de la emergencia de una especie de sí-mismo nacional triplicado: Purificación, Maracaná y el Obelisco. Yo diría además que eso confirmó definitivamente la vocación que tiene este pueblo de transformarse en los momentos límites y construir un nosotros rebelde, contestatario y merecedor de la libertad que simboliza el caballo en el escudo.

Lástima que después de sorteados esos momentos límites la vocación se nos atomice tanto.

Ah, pasada la crisis que desata la presencia de un gran enemigo común hay demasiada gente que vuelve al pequeño ghetto de su parrillero y su estatus personal. De eso tampoco quedan dudas. Yo resaltaría como muy auspiciosa, sin embargo, la extraordinaria respuesta popular que se produce en el Día del Patrimonio: allí los uruguayos acuden sin distinción de ideologías o partidos y viven lo que ven. Lo que está sintomatizando un profundo deseo de rescatar una identidad nacional. Pienso además que ese es un buen indicador sobre cómo educar a los niños: valorizando más lo que tuvimos y lo que tenemos. Y reflexionar sobre lo que significa derrumbar tantos caserones hermosos para reedificar con chatura y grisura. Hay que ver cómo conservan en Europa cada piedrita que tienen.

Oro

En 1987 llevé a un escritor ruso a ver la final por el ascenso. Y cuando terminó el partido y los jugadores de Liverpool empezaron a dar la vuelta olímpica escuchamos los aplausos de los hinchas de Racing, transfigurados por un sol horizontal que parecía capaz de derrotar a todas las derrotas.
-No se puede creer -murmuré señalando la tribuna Sur del Parque Central: -Es la primera vez en mi vida que veo una cosa así: La que nos está aplaudiendo es la hinchada contraria.
-Yo lo puedo creer -contestó Yuri Paporov.


(LEER primera parte - click aquí)

LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Septima entrega]


ONCE: HOMBRE AL AGUA

¿Por qué cuesta tanto concretar una pareja fructífera?

Estamos en una época complicada, donde la emergencia de la mujer se transforma en un factor social poderoso (por lo menos en el Uruguay, que no es un país demasiado machista) y eso hace que haya menos tolerancia y por lo tanto menos matrimonios infernales de aquellos que se pasaban toda la vida peleando. Ya no es tan fácil que las mujeres rediten esas situaciones que vivieron sus madres y entonces toleran menos y prefieren estar solas que mal acompañadas. Ahí tenemos un factor importante para explicar la abundancia de divorcios y separaciones.

Y a los intentos compulsivos de convivencia sin casamiento tampoco les va muy bien.

Pero básicamente es el mismo tipo de fracaso. Lo importante es asumir que siempre que se arma una pareja hay dos procesos de individuación en curso y uno suele estar más avanzado que el otro. Hay que perseverar ayudándose y amándose por sobre los defectos del que está al lado. Claro que si el desfasaje es muy grande a la larga no funciona.

Y además el planeta precisaría hombres y mujeres mejores.

Sin duda. El problema es que frente a la mayor exigencia de la mujer encontramos un hombre de capa caída que anda desprotegido y perdido. Ya hace tiempo que anda perdido, y ahora que la armadura institucional lo respalda cada vez menos sólo se siente fuerte con dinero y con poder. Y además anda mucho púber eterno en la vuelta. Entonces sin madurez ni dinero ni poder las cosas se complican.

Susto

Mi abuelo fue capataz de obra durante cuarenta años y dirigió y resolvió la reforma de casa prácticamente solo. Una mañana mi padre se decidió a levantar su primera pared y de repente escuchamos un alarido de alerta y enseguida un derrumbe.
-Qué carajo pasó -me llevó de la mano el viejo hasta el fondo.
-La tiré porque se movía -prendió un cigarrillo temblorosamente mi padre: -Cuando la terminé me di cuenta que se movía.
-Pero me cago en coño -ladró el viejo: -Me olvidé de avisarte que así es cuando está bien.
Con los años entendí que todo lo verdadero parece que va a caerse antes de sostener lo que hay que sostener. Y que no hay que asustarse demasiado.



DOCE: LA DESESPERANZA TIENE PATAS CORTAS

Sería importante analizar las dificultades que enfrenta el joven uruguayo para entroncar con una actitud cultural de búsqueda del sí-mismo a nivel personal, local y universal.

Es muy difícil desgajar al medio uruguayo del influyente panorama global ofrecido por el siglo XX. Hay, sí, una característica muy nuestra que pesa en esta falta de enganche con la tradición: el uruguayo es un ser muy poco metafísico, muy poco religioso (lo que en comparación con los argentinos o los brasileros se hace más evidente). Pero tampoco olvidemos que ya en 1913 Jung hablaba de una crisis religiosa mundial, de modo que nuestro panorama local de poca fe no escapa a la encrucijada general de la especie. Y frente a esa encrucijada se han elaborado dos tipos de respuestas, aquí y en todos lados: las de patas cortas y las religadas. Hoy hablábamos de la contraposición Benedetti / Torres-García, por ejemplo. ¿Cuál es la respuesta de Benedetti en esas primeras novelas que los jóvenes leímos con gusto en su momento? Precisamente el no dar una respuesta final sobre si el brillo fugaz y la derrota final de los Santomé y los Budiño constituye un destino ineludible. Torres-García, en cambio, le propone a la joven pero todavía apática América un universalismo constructivo sin encerramiento localista y trata de inyectarle un sí-mismo y un humus de todos los tiempos que implica la búsqueda y la renovación del alma humana a través de su propio trasfondo divino o cósmico. Nuestro gran potencial.

El problema es que en los medios de difusión que nos inundan parece estar predominando la cultura de la frivolidad (desde el tinellismo al macdonalismo) o la del barrido debajo de la alfombra que (para hablarlo en Silvio Rodríguez, ese infatigable genio nutricio de gente de toda edad) no es lo mismo pero es igual. ¿Vos pensás que la humanidad está enferma, como ha diagnosticado hace poco por televisión Saramago?

Yo prefiero la hipótesis jungiana de que la humanidad está en un estado infantil. No creo que se trate esencialmente de un grado de enfermedad sino de una estación evolutiva. Lo cierto es que nos encontramos en una época de grandes transformaciones y las transformaciones provocan crisis que pueden facilitar tanto los desastres como los crecimientos.

Pero la acentuación de lo que podríamos llamar una depresividad uruguaya parecería innegable.

Yo creo que lo innegable es que aquí no pesa una influencia colectiva hacia la sabiduría ni hacia una visión simbólica de la vida y por lo tanto cada cual se las tiene que arreglar un poco como puede, lo que no es muy alentador.

Y hace mayoritaria esa actitud fatal de consolidarse materialmente y dejar lo trascendente para después.

Sí, a menudo el polo interior es olvidado y eso después se paga caro. El reverso de esa actitud sería sobreponerse a la chatura espiritual imperante y elaborar un plan de vida propio apoyándose en los grandes pensadores de la humanidad como ha ocurrido en las épocas más sabias, digamos.

También parecería evidente que el buen funcionamiento de la familia sigue siendo un factor de nutrición vital.

La familia sigue teniendo sin lugar a dudas un rol muy importante, tanto en la búsqueda de soluciones como en la prevención de los males. Y lo fundamental es que cada núcleo elabore sus patrones culturales y los transmita a las nuevas generaciones como un tesoro acumulable y ampliable. Yo diría además de tener mucho ojo, por otra parte, con este tema de la depresividad, porque hay mucha gente buscando cosas nuevas. El problema es que en la misma librería donde encontrás autores tan formidables como Kübler-Ross pululan los falsos profetas. Y ahora casi todo nos llega del imperio: desde la felicidad cocacolera hasta Chopra. Pero no hay que olvidar que globalizaciones hubo siempre. Pensemos en lo que fue la Inquisición al servicio de los intereses políticos de un bloque de países cristianos, por ejemplo. Y es importante señalar además que la existencia de esa especie de vacío de poder sobre nuestro interior (que de momento es malo porque no nos estimula ni nos orienta hacia la completud trascendente) nos abre la posibilidad de una búsqueda libre. La libertad anímica que campea actualmente en la humanidad es grandiosa: se trata de un fenómeno que me parece nuevo, porque nunca se dio a tan gran escala. Antes siempre había una ideología opresiva que intentaba no dejarte pensar. Había que creer en esto o en lo otro. O te mandaban a la guerra o a la hoguera, o te perseguían o te encerraban en un convento o tenías que ir a misa y decir que sí a todo. Ahora por lo menos no nos acosa ese tipo de opresión: uno puede investigar y buscar su vocación interior y su propio polo metafísico como le parezca. La única opresión que padecemos es la intolerancia dogmática de las cosmovisiones que dicen que ese polo interior no existe.

Vereda

Los corazones pueden acelerarse o desbocarse pero, como escribió indeleblemente César Vallejo, siempre andan a pie. Y sin embargo a mí me costó más de media vida entender que al zurdo impar le corresponde caminar por el humilde paraíso de su vereda, sin pisar a destiempo el hormigón selvático donde sólo compite el poder de otra clase de motores.


(continúa el próximo sábado)

(LEER primera parte - click aquí)

LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Sexta entrega]


NUEVE: LA PUERTA DE ATRÁS DEL PARAÍSO

¿Y cuál es el reclamo del sí-mismo en la primera mitad de la vida?

Es distinto. Ahí lo que reclama el sí-mismo es que el héroe haga lo que tiene que hacer: luchar y conquistar un lugar en la vida. Si en ese tránsito sobrevienen angustias o depresiones es porque la cosa es difícil. Al ego le cuesta mucho consolidar y estabilizar su identidad. Ahí es donde aparece la famosa ansiedad producida por el miedo a dejar el paraíso infantil y sacrificarse en forma adulta, como está tan bien contado en la Biblia.

¿En la Biblia?

Es el mismísimo mito de Adán y Eva, que al principio viven en un paraíso del que no tienen conciencia. Para el niño es igual: papá y mamá lo saben todo hasta que llegada la adolescencia él tiene que empezar a decidir qué está bien y qué está mal. Y el comer del fruto de ese árbol genera el surgimiento de la conciencia y a partir de ese momento ya deberá seguir pariendo con dolor, comer de su sudor, etc. Ha sido expulsado del paraíso inconsciente.

Y la religación sería la recuperación del paraíso.

Pero volviendo a entrar por la puerta de atrás, como ha sido muy bien metaforizado. Porque para reconectarse con el principio cósmico y acceder al tesoro que tantas veces nos parece inaccesible se tienen que recorrer todas las etapas que corresponden a la individuación.

Y ese tesoro no es precisamente el regreso a un bienestar prenatal.

No, porque lo que se trata es de volver a una totalidad tan redonda como la del estado prenatal pero con conciencia. Todas las personas de todas las épocas que se han aplicado a la práctica de la llamada vida espiritual -incluidas las que han hecho experiencias valederas y no funestamente escapistas con ácido lisérgico como es el caso de Aldous Huxley, autor de Las puertas de la percepción- han descrito muy bien ese fenómeno.

En ese momento podemos contemplar, según Jung, los opuestos integrados. Algo así como la reconciliación de Yahvé con Satanás y el resplandor del reino del perdón.

Uh: pero el tema del bien y el mal en Jung es complicadísimo. No creo que sea un asunto sobre el que corresponda dialogar con urgencia.

Campamento

Soñé que estaba en un campamento de gente tan alegre que por momentos hasta parecía estúpida. Pero de golpe me mostraban los brazos y las piernas que habían perdido tanto los niños como los adultos en accidentes de todo tipo y seguíamos comiendo asado y tomando vino entre un gran resplandor. Porque no existen fiestas sin mutilados.


DIEZ: LAS MANDONAS Y LOS MELANCOLOIDES

Me interesaría profundizar en el tema de la figura contrasexual interior mal reconocida por las mujeres, especialmente. Vale decir: rastrear las consecuencias del machismo aplastante que sufren desde que nacen (Jung decía que el varón tiene una referencia maternal personal y la mujer un pater colectivo).

Ese es un problema universal que ahora se ha puesto de relieve porque las estructuras opresivas van aflojando y en la medida en que la mujer trabaja, vota con conciencia y participa en la gestión cultural (lo que se suma, por supuesto, a las tareas de ser madre y esposa) se destapa el reclamo de la totalidad femenina. Pero como ese requerimiento exterior de la sociedad más bien le exige que sea como un varón y no que desarrolle toda su femineidad se le hace muy difícil ampliar su espectro de acción adecuadamente.

Y cuando llega a la mitad de la vida suele sentirse paralizada. Marie-Louise Von Franz les pedía a las pacientes que se imaginaran que estaban tapadas por una especie de sábana y que no eran ellas mismas las que pensaban sino el fantasma del pater sabelotodo.

Efectivamente. Lo que la frustra es el peso de ese logos masculino patriarcal y despótico. Existe una lucha ancestral entre lo matriarcal y lo patriarcal, y en este momento quizás tengamos la oportunidad de que los dinamismos se equilibren: para eso debe acentuarse la injerencia de lo matriarcal en la vida afectiva y además el patriarcado debe seguir cediendo espacio en las estructuras de poder. Pienso que lo ideal es que haya un patriarcado y un matriarcado en equilibrio armónico dentro de la misma persona, más que una síntesis de ambos.

Otra proyección fatídica del ánimus es la caricaturización del autoritarismo masculino: la matrona que se pone a mandar a todo el mundo.

Pero irracionalmente. En ese caso está tomada por el complejo paterno y no elabora su masculinidad interior sino que reproduce irreflexivamente conductas que sufrió y a la vez heredó.

Y a la vez las proyecta en sus hijas, lo que hace que muchas mujeres reciban el bombardeo machista de todos lados.

De todos lados.

¿Y cómo se proyecta esa madre negativa en el varón?

Bueno, una consecuencia de la que ya hablamos es esa búsqueda de la perpetua permanencia en el paraíso infantil a través de placeres y comodidades que posterguen el enfrentamiento con lo trascendente. Y además el varón que entra en crisis dominado por un complejo materno negativo puede deprimirse y transformarse en un atrapado sin salida que maneja una seudofilosofía apocalíptica: la vida es un infierno sin sentido, la muerte no tendría que existir, no hay salida ni soluciones de ningún tipo, etc. Todo eso sirve para disfrazar el complejo reinante y entonces el varón se vuelve quejicoide, melancoloide, feminoide, en fin. Por algo hay tantas mujeres a la que les cuesta conseguir un hombre y no están dispuestas a cargar con el sobrepeso infantil.

¿Cómo se definirían cualitativamente la femineidad y la masculinidad interiores (el otro matriarcal o patriarcal, el equivalente simbólico de la figura materna o paterna) que deben elaborar la mujer y el varón para completarse?

Lo que deben elaborar el varón y la mujer para completarse es una madura relación adulta consigo mismos que los atraiga a la heroica exploración de nuevas posibilidades interiores y los arranque del nido familiar. Me viene a la mente esa increíble película que es Nacido el 4 de julio, donde el mero hecho de que el protagonista haya nacido el día de la independencia hace que su madre ya lo proclame un héroe. Y ese desmesurado afán de gloria exterior lo lleva a querer convertirse en el guerrero que salva a la patria y termina en un sillón de ruedas. Entonces aparece el ánima (proyectada en una muchacha) que lo inspira hacia una madura lucha por la paz. Porque lo que nos activan el ánima y el ánimus es la búsqueda de lo específico eterno del otro sexo (el logos masculino que verticaliza y fecunda la todopoderosa creatividad femenina) pero no solamente como nexo o enganche procreador o placentero, sino como fuente de renovación del alma, de la psiquis que mira hacia el mundo interior y encuentra nuestro otro, nuestro polo espiritual. De lo contrario se produce lo que ha sido definido como neurosis noósica: el anclamiento en la materialidad, la razón y el utilitarismo que afecta depresivamente a tantos uruguayos. Necesitamos abundancia de actos gratuitos (que se generan y se ofrendan sin esperar nada a cambio), fiestas, celebraciones con mucho canto y baile. Necesitamos bodas en las plazas. Los tamboriles y el carnaval salvan un poco la petisa, pero eso no nos alcanza: lo que nos falta es terminar de poner el alma a la vista. Y eso sólo se logrará congregando, conectando y conjuntando el renovado paisaje interior de cada uno.

Greco

En la sala de espera encontré colgada una reproducción de Toledo a la luz de un relámpago. Había una muchacha que también contemplaba el abismo sobrehumanamente acastillado bajo el grito de plata y no tuve más remedio que comentar:
-Así es el mundo.
-Menos mal -sonrió ella, con los ojos heridos.




(continúa el próximo sábado)

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LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Quinta entrega]


SIETE: NO LA BUSQUES EN EL SHOPPING

¿Cómo se sigue desarrollando la lucha por la individuación?

La lucha por la completud sigue desarrollándose desde adentro, y quien dirige ese proceso de la individuación es el sí-mismo, arquetipo central que yace en el fondo del inconsciente y organiza la psiquis. El sí-mismo busca, impulsa, propicia, manda los símbolos necesarios y activa los arquetipos necesarios para que el hombre nunca esté tranquilo hasta que se religue con él y el ego pierda su posición dominante -propia de la primera mitad de la vida- y el centro de la personalidad se desplace a un lugar intermedio entre el ego y el sí-mismo. Para lo cual el ego debe dejar de creerse que es el dueño de su casa, relativizarse y en algunos casos hasta fracasar.

¿Serían los fracasos del amor del tango?

A veces sí, en la medida en que la pérdida conlleva un duelo y un duelo bien llevado nos devuelve a la vida con un sentido más amplio. Y hay otro tipo de fracasos que son las crisis provocadas por cualquier tipo de éxito que no cubra las necesidades reales del ser. Porque el hombre debe religarse con el principio fundamental de su ser. Y ese arquetipo yace en lo profundo de todas las personas, independientemente de cualquier credo o religión en particular.

Por lo que religarse no implica necesariamente religionarse.

No. La religión es una práctica vinculada a una institución con cargos, ministros, templos, etc. Religarse es un proceso natural que cada cual puede lograr solo o acompañado. Es un problema suyo.

¿Y qué obtiene con la religación?

Un sentido de totalidad y trascendencia cósmica.

Y ese sentido de totalidad y trascendencia cósmica, más allá de las complicaciones que nos pueda traer, sería lo que nos hace verdaderamente felices.

Pero no tiene necesariamente que traernos complicaciones: en general nos desliga de ellas. El que arma los problemas y los líos es el ego. Pienso además que debemos tener mucho cuidado con la palabra felicidad, porque en los últimos tiempos se ha adulterado tanto que terminó por transformarse en un mito muy sospechoso.

Te referís a la manija turística o cocacolera.

Exactamente. No estamos hablando de la felicidad a cambio de chauchas y palitos. Estamos hablando de una completud que no es nada incompatible con el sufrimiento, sino que más bien implica sufrimiento.

Misa

Hacía más de treinta años que no iba a misa. Entré casi corriendo y me paré atrás de un perfumado pelo botticelliano. Pero cuando iba a completar la visualización machista del cuerpo de la muchacha escuché un pensamiento:
-Aquí no.
Me concentré en la misa y después que cantamos el Padrenuestro sobre la música de Sounds of silence ella se dio vuelta para besarme y sonrió:
-La paz contigo.
Lo único que le faltaba era llamarse María.



OCHO: EL MISTERIOSO MISIL DE LA DEPRESIÓN

¿Cómo se comunica el sí-mismo con el ego?

Fundamentalmente a través de los sueños, que son mensajes elaborados por esta instancia trascendente y básica y espiritual que es el sí-mismo para que el ego pueda obtener una contraimagen, digamos. Para que pueda ver la otra parte.

Y lo que predomina es el tipo de mensaje que llamamos pesadilla.

No siempre predomina, pero a veces el sí-mismo se especializa en mostrar el horror de los errores unilaterales del ego. Y la gente le tiene miedo a las pesadillas porque muchas veces las imágenes que recibimos del inconsciente no son gratas y además son exageradas.

Y en lugar de aprovecharlas descifrando las advertencias simbólicas que encierran se trata de olvidarlas.

Se trata de olvidarlas o de reducirlas en todo caso al efecto de una comida indigesta.

Y lo peor es que cuando los mensajes revelan maravillas tampoco son considerados reales. O se los lapida con el famoso acápite del tango Maquillaje: Lástima que no sea verdad tanta belleza.

Eso es terrible. Porque la belleza existe, aunque resulte imposible hacerse dueño de ella. Lo que pasa es que el ego se quiere apropiar de todo y no puede. Entonces dice que no existe.

Y sin embargo cuando llega la segunda mitad de la vida el ego suele enloquecerse buscando belleza de utilería porque no aguanta la infelicidad.

Jung explica muy bien este problema. En la primera mitad de la vida, después que uno deja de ser niño empieza a luchar por ser alguien en la sociedad, formar una familia, ganar dinero y concretar aspiraciones materiales, laborales, vocacionales, etc. Pero eso hace que el centro de la personalidad siga siendo el ego, que siempre se atribuye todos sus logros. Se produce un centralismo del ego. El problema es que cuando ya se cumplieron los objetivos de esta primera etapa de la vida y se tiene un capital, una familia, un nombre, etc., suele aparecer misteriosamente la depresión. ¿Por qué? Porque muchas veces no se ha podido llevar por buen camino el proceso de individuación y el hombre no ha logrado completarse. No se ha religado con su sí-mismo y entonces su sí-mismo lo reclama con una depresión que le está diciendo al ego: Tú solo no eres nada. Tú vas a ser algo cuando entres en tratativas conmigo, estableciendo un equilibrio de poderes y de significados.

La depresión estaría marcando el absurdo de la incompletud.

Claro. Por eso el hombre siente que la vida no tiene sentido, que todo lo que hizo no sirve para nada, que después de tanto esfuerzo y tanto sacrificio ahora se encuentra en la situación más desvalida del mundo. Y cuanto más facilidades haya en una sociedad para consolidar con rapidez un bienestar y una estabilidad material dejando para después todo lo trascendente, más rampante y triunfante aparecerá la depresión en la segunda mitad de la vida. Por más millones que se tengan en el banco.

Y está el drama específico de las mujeres que se sienten terminadas cuando los hijos se van de la casa y terminan por transformarse en viejas brujas.

Es que muchas veces el hombre se especializa en capitalizar dinero y la mujer en capitalizar hijos. Mientras tiene a los hijos puede mantener la ilusión de que lo tiene todo, pero después al sí-mismo le queda el camino abierto para reclamar la reconexión.

Reconexión que muchas veces no sucede nunca.

Lamentablemente.

Al hombre en cambio todavía le queda la chance de revitalizarse buscando chiquilinas.

Sí. Y en ese caso le está poniendo un parche a la situación: le está diciendo que no al sí-mismo y busca una solución aparentemente fácil y placentera, como aquel tragicómico personaje de Il sorpasso.

¿Y el alcohol?

El alcohol y la droga más bien son utilizados para entorpecer la conciencia y evadir los reclamos del sí-mismo. Vale decir: sigamos por el mismo camino y acallemos las dudas interiores. Y por supuesto que eso corre por igual para hombres y mujeres: muchos viajes, mucha dolce vita, el celebrado leit-motiv de que cuanto más tiempo pasa más joven me siento, etc.

A lo que le podemos agregar una cultura de la frivolidad que barra tanto a la muerte como al espíritu debajo de la alfombra.

Esa es la única cultura que ayuda a tratar de emparchar la depresión y la infelicidad con la momificación de nuestro niño eterno.

¿Y cómo podemos incentivar la reconexión con el sí-mismo?

Hay muchos caminos para no transformarnos en un atrapado sin salida y evitar la muerte de nuestro héroe potencial. No se piense, por ejemplo, que el sí-mismo busca reconectarse con nosotros solamente a través de los sueños. Los sueños son muy importantes -sobre todo como método de trabajo en una terapia- pero la mayoría de la gente no está preparada y no sabe entenderlos. El sí-mismo presiona todo el tiempo sobre nosotros para propulsarnos a la individuación y la cosa es encontrar los medios para aprovechar ese beneficio y esa enseñanza potencial. Existen muchos sistemas, o mejor dicho enseñanzas espirituales, que nos orientan y nos ayudan a procesar las experiencias vitales expandiendo nuestra conciencia y haciéndonos más sabios. Hay quienes, como Krishnamurti, insisten en que una persona puede alcanzar la iluminación si persevera en determinadas actitudes. Pero lo cierto es que mucha gente accede a la sabiduría sólo con ir viviendo adecuadamente. Y esto se hace por pura intuición: es como si ya tuvieran las instrucciones en su mente. Y no olvidemos ese otro camino fundamental de asimilación del sí-mismo que es el arte, en la medida en que puede generar estados especiales de conciencia y dejar una gran impronta, una gran certidumbre en el alma, activando lo que hemos llamado el polo anímico, metafísico, simbólico.

Familia

Un matrimonio de la cuadra perdió a sus dos hijos veinteañeros en un accidente.
-Yo nunca me arrepentí de haber dejado la carrera para casarme -me comentó el vecino la primera mañana que fui a visitarlos. -Porque gracias a eso llegué a tener la familia que tengo.
Ya pasaron dos años. Acaban de comprar un auto, y cuando pasan y saludan dulcemente uno siente que los asientos de atrás no están vacíos


(continúa el próximo sábado)

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LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Cuarta entrega]


CINCO: ENEMIGOS NUNCA FALTAN

El viaje siempre empieza por ser interno. De lo contrario no es viaje. Los arquetipos hay que encontrarlos adentro, lo que no habla de un espacio limitado sino de vivencias surgidas desde lo profundo y el consecuente riesgo que esto implica, porque el héroe necesita desafiar tanto a los patrones convencionales como a las imágenes dominantes en su mente. Fijate el riesgo que tomó Colón, por ejemplo. Hacía falta mucho héroe para tirarse a explorar lo que los demás suponían que era un abismo.

O el caso de Galileo.

También. Desafiar las verdades estatuidas dogmáticamente requiere mucho héroe. Quiere decir entonces que el viaje empieza por el llamado, por el salir de casa en busca de lo desconocido y el inevitable enfrentamientos con los aspectos asustadores: la sombra (todo aquello que estaba todavía escondido en uno mismo) y los grandes arquetipos constelados en forma negativa (tan bien representados en los cuentos de hadas como el dragón, el ogro, la bestia o la bruja mala) que impiden el desarrollo del proceso de individuación. Esos serían los aspectos asustadores que surgen a nivel interior, digamos. Y a nivel general externo tampoco faltan enemigos, por supuesto, para obstaculizar lo que uno quiere hacer. Ahí encontramos parámetros generalmente obsoletos que ya están constelados con firmeza en la sociedad y que también deben vencerse.

Y a estas dificultades se agrega el tironeo con el llamado mundo materno que debemos abandonar.

El mundo materno se constela como una dificultad por el propio apego del hijo o por las trabas que se le pueden poner a su liberación. Ese es el dragón (que devora, traga y aprisiona) propiamente dicho.

Jung dice que el apego del hijo genera una ansiedad que genera miedo a morir simbólicamente para el mundo materno, sacrificarse y empezar a vivir más allá.

Claro. Porque lo que se juega en cierto momento ya es la totalidad del hombre.

¿El actual recrudecimiento del alcohol y la droga en las barras adolescentes se inscribe dentro de esa ansiedad autodestructiva?

Ese es un tema complicado. Porque también puede suceder que, al igual que en la iniciación sexual, el joven o el conjunto de jóvenes estén tratando de practicar un rito de pasaje. Y los problemas aparecen porque, al contrario que en las tribus que hoy consideramos peyorativamente primitivas, no están sabiamente dirigidos por la sociedad. Y entonces suele perderse el control de la situación y se cae muy a menudo en el bienestar del inconsciente colectivo que es, en definitiva, el regazo de la madre. Y lo que se consigue es el efecto opuesto al que se buscaba.

El propio rito iniciático se transforma en dragón devorador del héroe. Y la liberación se sigue postergando.

Pero no olvidemos que hay otros ritos de pasaje más importantes o definitorios: concretar una vocación, conseguir un trabajo, casarse. Si el héroe lleva adelante todo eso con responsabilidad y permanece en el rol del adulto, ya está del otro lado.

Pero para consolidarse psíquicamente como adulto debe diferenciar y remodelar la sexualidad opuesta que lleva en su interior.

Eso habría que desarrollarlo en un capítulo aparte.

Tribu

El verano pasado la barra de la cuadra se agarró la costumbre de acampar frente al liceo donde alguno de ellos estaba dando examen. Esperaban el resultado tomando mate y jugando a la baraja en la esquina durante horas.
-Pero carajo, che -perdí la paciencia un día: -Sería mucho mejor que invirtieran ese tiempo estudiando para los exámenes que tiene cada uno.
-Dejá vivir -me contestó mi hijo, con desprecio de cacique.

SEIS: LAS VIEJAS TIENEN RAZÓN

La primera figura importante dentro del desarrollo del niño es la madre, naturalmente. Durante un largo período el niño intenta diferenciarse y discriminarse de la madre para poder empezar a forjar su identidad propia. En una segunda etapa entra el padre, que en general aporta el logos (el conocimiento, la discriminación, la ley) y ese también es un paso imprescindible para la maduración. Pero luego, con la entrada a la adultez surge una tercera instancia que es el otro: el adolescente necesita ineludiblemente concebir al otro que vale tanto como uno. Eso está homologado y definido en la psicología junguiana como la aparición del ánima en el varón y el ánimus en la mujer. Vale decir: la contrafigura sexual interna, la femineidad interior que completa al varón y la masculinidad interior que completa a la mujer. Y lo más fascinante y a la vez perturbador es que esa ánima y ese ánimus empiezan a verse proyectados en modelos de carne y hueso.

Eso es lo que pasa en los fulminantes metejones liceales, cuando las viejas nos dicen: Vos en realidad estás enamorado del amor y no de esa chiquilina.

Las viejas sabias y los viejos sabios casi siempre tienen razón. Porque lo que se ama es el aspecto meramente exterior de alguien que representa o simboliza nuestro otro. En El adolescente de Dostoievski eso está muy bien pintado: cuando aparece ella desaparece todo lo demás.

Es como un espejismo.

Es un espejismo.

Y si la atracción resulta recíproca, como en Romeo y Julieta, lo más probable es que se desemboque en un amor imposible o con mínimas chances de supervivencia.

Bueno, básicamente es imposible porque se da entre dos desconocidos. El problema es que eso después se repite reiteradamente (aunque por lo general no con tanta turbulencia) en etapas posteriores de la vida. Y es el bien llamado enganche entre dos personas del sexo opuesto.

Onetti escribió que el único amor verdadero es el que siente Julieta en el balcón y que el que se construye duraderamente no es -salvo alguna extraordinaria excepción como la de los viejitos yuyeros en Dejemos hablar al viento- más que el hábito de convivir con el infierno del otro.

Yo he leído poco a Onetti, porque los grandes escritores especializados en describir derrotas no me atraen demasiado. Lo cierto es que si el proceso de individuación prospera lo suficientemente, cada ser humano reconoce su ánima o su ánimus como una figura contrasexual interior, y entonces se completa el sí-mismo. Tal vez esas excepciones extraordinarias de las que habla Onetti sean los casos en que los integrantes de la pareja perseveran amándose hasta que se consuman los dos procesos de individuación y pueden compenetrarse fructíferamente.

El retorno al paraíso.

En cierta forma. Aunque no dependemos de la pareja para retornar al paraíso. Cada uno en sí mismo es capaz de encontrar el tesoro. Y no se piense que el rol de nuestro otro es regalarnos una entrada al paraíso. El otro es imprescindible para poder trabajar en nuestra individuación, en nuestra completud. Sin el otro no hacemos nada.

Lo cierto es que hay mucha gente que se pasa la vida buscando su ánima o su ánimus proyectado en seres de carne y hueso. Como si se pudiera poseer el tesoro al poseer la criatura.

Sí. Lamentablemente. Y eso suele producirse porque el ánima y el ánimus son parcialmente moldeados por los arquetipos del padre y de la madre, pero deben evolucionar hasta ser figuras autónomas del inconsciente. Si no logramos que adquieran una dinámica propia, quedaremos enganchados a la mujer-madre devoradora y al hombre-padre paralizador.

Y eso después resulta fatal en la crisis de la mitad de la vida, porque tanto el hombre como la mujer que no construyeron el equivalente simbólico interior de ese primer modelo se hunden en una especie de soledad desespiritualizada verdaderamente apocalíptica. Ese sí es el infierno tan temido.

No quememos etapas, por favor.

Está bien. Pero ya que andamos hurgando en el terreno novelístico, sería bueno analizar qué es lo que le pasa al personaje de La tregua, por ejemplo, cuando muere la muchacha.

Eso se explica con dos palabras: se des-anima. Porque lo que él encuentra en Avellaneda es vida, renovación: ella lo reconecta con las fuerzas vitales de su propia alma. Lo re-anima, como suele decirse habitualmente.

Y cuando falta ella el ciclo queda frustro y Santomé no es capaz de religarse solo.

No es capaz. Y por lo tanto se transforma en un viejo deprimido. Y esto nos da pie para analizar un problema super importante. El ser humano necesita vivir una vida simbólica. Nuestro trabajo simbólico es el que conecta el polo exterior material y práctico con el polo interior anímico, metafísico, etc. Y entonces la existencia cobra altura y significado: nos sentimos religados, no somos una pieza suelta que rueda por el mundo. En el caso de La tregua, la pérdida de Avellaneda (donde Santomé proyectaba su ánima) lo desliga de su ser interior y él vuelve a quedar vacío, sin elaborar su vida simbólica. Y estas carencias no se solucionan con facilidad ni simplicidad. En nuestro país hay tanta gente deprimida porque nos falta una verdadera cultura religiosa. Y muchas veces no alcanza con proponerse ir a misa o hacerse umbandista (o entrar en una secta de esas que ahora proliferan) para recuperar nuestro polo metafísico. Por algo también estamos asistiendo a un interés masivo en la psicología, que es otro modo de explorar al hombre por dentro. Lo que evidentemente necesitamos es llenar un vacío.

¿Se podría afirmar que la mayoría de los uruguayos se deprimen en la segunda mitad de la vida?

¿Otra vez con las estadísticas? Yo creo que lo mejor sería seguir analizando los pasos del héroe sin saltarnos etapas.

Ella

Soñé que una muchacha de facciones antiguas iba a venir a visitarme y yo me ponía nervioso porque estaban mi mujer y mis hijos en casa. Pero ella sobrevoló de golpe la piesera de la cama, me besó la mitad de la boca y desapareció. Yo me quedé observando un profundísimo celeste lunar que era la divinidad misma.




(continúa el próximo sábado)

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LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Tercera entrega]


TRES: PREGUNTITAS SOBRE ARTIGAS

¿Y qué pasa con la religación del héroe en nuestro presente histórico?

Habría que ver el arquetipo en dos planos: a nivel individual y a nivel colectivo. Es evidente que el niño empieza teniendo una relación muy dependiente con su madre, después con su madre y su padre, y cuando llega a la adolescencia necesita desprenderse de ellos y tener sus emprendimientos propios. Se lleva el mundo por delante, como decimos habitualmente.

Y a los pueblos les pasa lo mismo.

Más o menos lo mismo. Primero son dependientes, son colonias, y en cierto modo se quieren independizar. Ahí todo el mundo está prendido con el arquetipo del héroe. Y por eso se logra lo que se logra. Y los que no activan su arquetipo del héroe no logran nada. Se quedan sin independencia.

Aquí me parece inevitable confrontar las diferentes y contradictorias valoraciones que ha recibido Artigas, el fundador mítico y oficial de nuestra heroicidad identitaria. En los últimos tiempos ha tomado incremento incluso una corriente historicista que lo considera un mito vacío (inventado o por lo menos inflacionado), pero no hay que olvidarse que a principios del siglo XX el establishment cultural del consolidado Uruguay positivista lo desfiguró a tal punto que nosotros en la escuela cantábamos un himno (que todavía se canta) que dice que Artigas es para la patria un dios.

¿Estás seguro de eso?

Ni que hablar. Vos también lo tenés que haber cantado.

A la flauta: se les fue la mano. Pero esas cosas muchas veces pasan inadvertidas.

Pero reconozcamos que muchas veces lo que pasa inadvertido se transforma en el más peligroso de los ocultamientos o engaños. Mi hijo preguntó en sexto año de liceo si Artigas había sido religioso y el profesor le contestó que sobre eso todavía existían dudas. ¿Cuántos uruguayos saben que Artigas era devoto de la Virgen del Carmen y que en el pueblito paraguayo donde terminó viviendo dirigía la oración de la tarde? Vale decir: que era un hombre religado, ajeno al techo materialista de la modernidad.

Para contestar eso habría que revisar las estadísticas. O mandarlas a hacer. Pero no olvidemos que, como decíamos hoy, en la mente de cada uruguayo puede haber todavía muchos reconocimientos inconfesados en público. La gente no siempre cuenta lo que piensa. Pero piensa. Y cree. Y es evidente que más allá de las controversias teóricas que puedan surgir entre los historiadores, la heroicidad de Artigas como la de Leandro Gómez o la de otras figuras claves de nuestra historia pasada y presente, ya resulta a esta altura muy poco discutible.

Lo cierto es que tanto el proyecto social-demócrata impulsado visionariamente por Batlle y Ordóñez como el utopismo sesentista (que nos sedujo y nos comprometió a los jóvenes y los no tan jóvenes por su reencantamiento de la heroicidad uruguaya) no concretaron esa decisiva búsqueda de un Hombre Nuevo emergido del reino interior. Y terminamos anquilosando los empujes del alma con chalecos sociologistas.

Me parece que acá empezamos a complicarnos un poco, porque una cosa es seguir los arquetipos a nivel de fuerzas primarias y otra mezclarnos con la política y las opiniones que cada uno tiene sobre ella. El Uruguay siempre tuvo una historia muy compleja y preferiría que no nos desplazáramos del centro de la conversación.

De acuerdo. De todas maneras, pienso que se pueden valorar las sucesiones o superposiciones de los proyectos utópicos sin caer en lo político partidario, pero podemos encarar primero el tema de la constelación del héroe a nivel individual.

Tilo

El gomero que reinaba frente a los apartamentos fue talado de raíz porque nos deshacía la vereda y esa noche tuve la sensación de que acabábamos de enterrar por segunda vez a mi padre. Después plantaron un tilito y hace años que lo riego mucho más con los ojos que con los puntuales baldazos nocturnos. Ya mide el doble que cualquier mortal y calla y resplandece como un hermano enorme de mi corazón.



CUATRO: LAS VACAS NO ERAN TAN FLACAS

Vamos a retomarlo con la siguiente definición: el héroe se constela por necesidad. No se trata de un lujo. El joven que necesita lograr su identidad debe separarse de sus padres para generar un modelo propio. Y si trasladamos esto a un país, vemos que el arquetipo del héroe también tiene posibilidad de constelarse cuando existe una necesidad desafiante, digamos. Pero si un país está protegido por cierto tipo de bienestar adormecedor -una economía circunstancialmente fuerte que te garantiza el asadito, etc.- sucederá lo mismo que sucede con el joven al que papá y mamá le dan todo y él se conforma, se queda remoloneando en la casa y no sale al mundo. Se produce un amodorramiento. Y aquí estamos dejando de lado toda consideración política.

Sin embargo no tengo más remedio que puntualizar que la hegemonía norteamericana que se consolida en la posguerra y el advenimiento de la crisis de las vacas flacas generó una reacción continental de corte heroico. Y el Hombre Nuevo propuesto por el Che Guevara fue realmente conmovedor para nuestras generaciones.

El Che Guevara hablaba del Hombre Nuevo pero no olvidemos que él vivió la necesidad de constelar el héroe en un contexto muy diferente al uruguayo. Aquí la masa seguía estando cómoda y balconeó mayoritariamente el empuje revolucionario porque el modelo del héroe era de cabeza, era importado y no le había brotado de las entrañas. Claro que siempre hay gente que ve más lejos de su propio estómago. Pero no es suficiente.

Bueno, a Torres García ya le había pasado lo mismo, aunque su propuesta fuera rotundamente apolítica.

Le pasó lo mismo porque nuestra sociedad se sentía muy cómoda con sus patrones clásicos y tampoco lo necesitaba a él. Claro, puede decirse que lo necesitaba a largo plazo, pero lo cierto es que el proyecto de Torres recibe tan poca audiencia que se ve obligado a formar una escuela basada en su magnetismo personal. Allí agrupa a alumnos muy jóvenes y les enseña la tradición del arte y les despierta los arquetipos, pero formando una especie de ghetto. Vale decir: lo que Torres logró fue nuclear y abrirle la cabeza a gente que tenía vocación de pintar, escribir, filosofar o sencillamente ver más allá. Pero no se pretenda que logró un cambio masivo de la sociedad en su momento. Sus cuadros valían dos pesos.

De todas maneras es innegable que colaboró invalorablemente a incentivar la sed del tesoro difícil de encontrar del que tanto habla Jung. ¿Cuáles serían las etapas del viaje del héroe hacia el tesoro?

Jardinero

El jardinero jubilado de los bloques de enfrente tiene más de ochenta años y se da dos vueltas diarias a la manzana fumando un cigarrito armado. Nació en España y peleó en la guerra civil: estuvo en un campo de concentración francés y después de radicarse en el Uruguay se partió la cabeza mientras podaba un eucalipto. Tiene dos hijos, cuatro nietos y una mujer porfiadamente alegre. Es analfabeto. Dice que sigue sintiéndose comunista porque en el pueblo está la voz de Dios.



(continúa el próximo sábado)

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LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres [Segunda entrega]

DOS: ¿DE QUÉ HOMBRE NUEVO HABLAMOS?

Quiere decir que Torres García se religó con ese instinto de conservación espiritual que según Toynbee se manifiesta cíclicamente en todas las culturas por lo menos a partir de la civilización minoica y genera Hombres Nuevos mucho más completos que el emergente de nuestra Modernidad Ilustrada, a pesar de los aportes globalizadores geniales de un Spinoza, un Darwin, un Marx o un Freud. Da la impresión, al empezar este milenio, de que al Hombre Nuevo con techo positivista, racionalista o ateísta ya no le queda otra opción que jubilarse.

Así es.

¿Y cómo podríamos demostrar con un valor científico o empírico la existencia de ese inconsciente colectivo y esos arquetipos que nos han dinamizado durante tantos siglos con una especie de coherencia indoblegable?

El primero que ha planteado el asunto en términos más científicos es Jung, porque su cosmovisión no deviene solamente de conclusiones sacadas en el consultorio sino de un amplio estudio de los mitos, las religiones y las culturas más antiguas. Él se internó miles de años hacia atrás y recogió una enorme cantidad de material hasta poder demostrar que los arquetipos son un hecho evidente. Por supuesto que el lector tendría que internarse en los libros de Jung para acceder a esa evidencia.

Pero me consta que a muchos lectores no iniciados les interesa acceder a un primer panorama de la cosmovisión junguiana. ¿Podemos tirar un poco del hilo?

Cómo no. Y podemos empezar por algo muy sencillo: el símbolo del sol, que es una expresión arquetípica relacionada con la vida y la luz de la conciencia. Los niños, que están muy cerca del inconsciente colectivo, lo manifiestan espontáneamente dibujando soles. Y hace milenios los egipcios adoraban al sol, así como Inti era el padre sol en las culturas indoamericanas y los indios Pueblo de las Praderas norteamericanas tenían un ritual especial para ayudar a salir al sol todos los días. Ahí tenemos un arquetipo fundamental.

Tan fundamental como el del padre o de la madre, que ya pertenecerían a la estación evolutiva que suele ser diferenciada como la naturaleza con el hombre.

Bueno, lo que pasa es que en psicología se habla de figura materna o figura paterna, pero esas figuras llevan implícita la presencia de los arquetipos de la madre y del padre, que son sustentadores y formadores de la psiquis. Y allí también tenemos el arquetipo del niño, que se constela en la madre. Entonces aparece el arquetipo de la gran madre, generando conductas dadas a priori: por eso se produce un cambio súbito de sentimientos y de conducta en la mujer que da a luz. Y me parece importante puntualizar al respecto que actualmente se piensa que en la era neolítica la Gran Madre era Dios. Lo del Dios Padre es posterior, y podemos ver su emergencia en las mitologías egipcia y griega con gran claridad. Pero al principio reinaba un matriarcado y los dioses eran ayudantes fecundantes de las diosas, como en el colmenar de abejas. Después las divinidades masculinas (ya sea el Zeus griego o Rá, el dios-sol egipcio) fueron ganando terreno y terminaron mandando. Claro que este es un tema muy extenso.

¿Y cuándo se produce la emergencia del arquetipo del héroe?

En su versión primitiva el héroe mítico tenía que escapar de la dimensión matriarcal para alcanzar un estado más elevado de conciencia. Pero, paradojalmente, a medida que se alejaba de ella se empobrecía y tenía que regresar al origen -su inconsciente colectivo- y emerger renovado. O sea: el hombre ha tenido que re-ligarse en todas etapas de la humanidad con la finalidad de incluir nuevos elementos espirituales, solares, capaces de hacer más expansiva y abarcativa su función consciente.

Niña

La niña de seis años termina de cantar con la guitarra y es como si el trasluz de la tarde se hubiese transfigurado en un solo verdor de facciones remotas.
-Mummy -le digo: -Cantás como un pajarito.
-No -me corrige: -Soy un pajarito.



(continúa el próximo sábado)

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LA HEROICIDAD URUGUAYA diálogo con Demian Díaz Torres


enfrentando al misil de la depresión con una visión junguiana

EDICIÓN WEB EN ENTREGAS DEL LIBRO-REPORTAJE
de Hugo Giovanetti Viola
(Grupo Editor Caracol al Galope / B & M Editores, Montevideo, 2001)


PRIMERA ENTREGA

En La heroicidad uruguaya, Hugo Giovanetti Viola dialoga con el psicoterapeuta junguiano Demian Díaz Torres a propósito de los inevitables desafíos que han debido asumir y superar -a nivel personal y comunitario- los hombres de todos los tiempos para apropiarse del “tesoro difícil de alcanzar”: ese equilibrio cósmico o felicidad o fe construida más acá o más allá del devenir, el dolor y la muerte que parece emerger como único objetivo de salvación en las puertas de un milenio donde la “modernidad” no termina de entroncarse con las raíces sagradas de la naturaleza.
¿Qué nos reclama el misterioso misil de la depresión, ese azote ya tan rutinariamente sumado a la miseria, la injusticia y los meteóricos virus de la autodestrucción que perforan las capas del vigor tecnológico y obligan a cada pueblo a buscar en la caverna de su identidad para reavivar los soles incanjeables que tallaron sus héroes?
¿Cómo trenzamos valederamente el campamento de Purificación, la final de Maracaná y la tarde del Obelisco? ¿Queremos ser “felices” hermanados y religados con el cosmos (lo que exige sacrificarnos hasta constelar un vuelo digno de la cruz del sur) o sumarnos a la farandulitis que remienda su vaciedad con espejismos tropicales y bienestar de shopping?
¿Nos interesa encarar la heroicidad universal y uruguaya enganchándonos verdaderamente con los poluidos rostros que nos reclaman desde los billetes, los monumentos, los templos y los libros de texto?

DEMIAN DÍAZ TORRES (España, 1938) se radica en el Uruguay en 1947, donde se doctora como Médico Psiquiatra en 1975. Inicia sus estudios en Psicología Junguiana en la Universidad Católica del Uruguay (1994-97). Actualmente forma parte de la Fundación Carl G. Jung del Uruguay, siendo también miembro independiente en calidad de analista de la I.A.A.P. (International Asociation Analytical Psychology).

SEÑAL DE AJUSTE

Demoré casi cincuenta años en entender que lo que Shakespeare nos quiso decir a través de su loco y melancólico Hamlet fue: Ser feliz o no ser feliz. Esa es la cosa. Y eso debe haberme pasado sencillamente porque demoré casi cincuenta años en ser feliz. Vale decir: en entender en cuerpo y alma que no podía ni quería ser dueño de la belleza del mundo y que mi verdadero capital era un tesoro escarbado y construido en carne propia, más acá o más allá del poder y la gloria.
A los cuarenta años caí en el consultorio de Demian Díaz Torres, un psicoterapeuta que conozco desde niño, y él aceptó aguantar la correntada de mi depresividad. A veces me hacía pasar y a los cinco minutos, cuando yo ya estaba derrumbado en el sillón desde donde se ve un cuadro de Augusto Torres y una reproducción de un bisonte paleolítico, volvía del fondo preguntando:
-¿Y? ¿Cómo anda nuestro héroe?
Eso me hacía sonreír. Y una vez que me abrió la puerta uno de sus hijos y él apareció en el consultorio haciendo equilibrismo sobre unas muletas porque andaba con ciática, entendí algo precioso.
Lo cierto es que trabajamos tres años y Demian nunca mencionó su profunda vinculación con la psicología analítica fundada por Carl Gustave Jung. Yo me sentí curado y salí a recorrer el mundo con mis flamantes muletas de oro, hasta que un día se me ocurrió pedirle material bibliográfico sobre los símbolos.
-Lo mejor es empezar por el último libro de Jung -fue hasta la biblioteca Demian y sacó El hombre y sus símbolos.
Entonces me pasé otros tres años internado en el maravilloso laberinto junguiano y mi pegajosa extraversión me hizo comprobar que a muchos uruguayos de todas las edades les interesaba bucear en el ORO de la heroicidad universal porque ya no soportaban más el anquilosamiento espiritual del mal llamado paisito.
Una mañana me desperté pensando:
-No puede ser que la sabiduría de Demian no quede constelada por escrito. Aunque si le propongo hacerle un libro-reportaje no le va a interesar.
Entonces pasó algo: todavía era tempranísimo, y cuando volví a apoyar la cabeza en la almohada vi a Jung. Yo no estaba dormido pero tenía los ojos cerrados y sentí la presencia de la mascarilla del suizo brillando en lo alto del placard que hay al lado de la cama. Aquel mismo mediodía llamé a Demian y él aceptó encantado la propuesta.
Ahora el libro está aquí.
H.G.V.
P.D. Parecerá mentira, pero en este país casi nadie sabe que San Jorge peleó contra el dragón para salvar a una doncella. Y que la doncella era su alma.


UNO: ¿TORRES GARCÍA + BENEDETTI?

Me gustaría empezar este diálogo analizando un mensaje cultural que reinó por lo menos una década en las librerías: varios libros de Mario Benedetti llevaban como portada reproducciones de cuadros constructivistas de Torres García. ¿Esta integración de dos nombres ya míticos en nuestro arte popular no era esencialmente contradictoria?

Sí. Y a mí me parece grave, porque implica un sincretismo entre dos paradigmas que no tienen nada que ver uno con el otro. Una cosa es el panorama psicológico y espiritual que pinta Mario Benedetti en sus libros y otra es la propuesta torresgarciana del constructivismo: se trata de dos mundos absolutamente opuestos. Pero antes de profundizar en el tema te devuelvo una pregunta: ¿cómo definirías vos la propuesta literaria de Benedetti?

Tiene tres tramos pendulares. Digamos que hasta la aparición de El cumpleaños de Juan Ángel, para marcar un punto de inflexión decisivo, su discurso estético es desesperanzado aunque sediento de un reino interior con sosiego metafísico. Hay una empecinada y finalmente estéril búsqueda religiosa que parece compensada con la fervorosa adhesión al empuje utopista que desencadena la revolución cubana. Ahí aparece una esperanza que podría definirse como radical en los textos de Benedetti.

¿Qué clase de esperanza?

La misma que generaron las revoluciones más cortantes de la modernidad (la francesa y la rusa): la certeza o la fe de que priorizando la reorganización de los sistemas sociales e ideológicos devendría un Hombre Nuevo redentor y mesiánico. El problema es que después del derrumbe mundial del socialismo Benedetti ha recaído en una especie de pesimismo visceral, pero ahora con una tonalidad realmente apocalíptica.

Bueno, vamos a aclarar que lo que yo conozco bien es la primera etapa de la producción de Benedetti y creo que él allí logra, con innegable eficacia artística, retratar la derrota existencial de cierto tipo de uruguayo medio. Ahora, si lo que podríamos llamar la variante esperanzada plantea una renovación a partir de lo social, la materia y la energía, entonces ya entramos en la raíz de la contradicción. Porque el constructivismo de Torres García arranca de la fe en un sistema espiritual y anímico que brota desde adentro del individuo y se organiza a través de una ideología artística y filosófica.

Reino interior antes que reino exterior.

Y con la construcción concreta de un paradigma plagado de símbolos de vida: soles, peces, el hombre como un valor absolutamente importante, dioses, abstracciones, locomotoras, barcos. Y cuando se construye un universo en estos términos se va hacia una prospección luminosa.

En este caso se trataría de una esperanza que también puede ser considerada utopista pero que está dinamizada por un empuje cósmico.

Yo diría que está dinamizada por la completud del ser. Fijate que Torres recorrió mucho mundo y captó las tónicas del momento -lo inevitable de la época que todos debemos tomar y asumir- pero las recicló desde sí mismo y logró concientizar las grandes fuerza arquetípicas. Es decir: él contactó con el inconsciente colectivo y plasmó en su pintura fuerzas que en definitiva constituyen el trasfondo, la organización y el propósito del alma humana. Se trata, en suma, de un mensaje que convoca al héroe en un sentido mítico. O sea, a ese hombre que tiene que realizar tareas difíciles y que culmina conquistando una meta de gran valor simbólico. Y Benedetti, en cambio, termina abonando un mito del uruguayo derrotado que no se sabe bien de dónde salió. Porque las opiniones que uno recoge al respecto no legitiman esa visión: podés charlar con gente muy variada y siempre vas a encontrar valoraciones positivas de nuestra heroicidad. Y eso a pesar de la excesiva autocrítica que nos caracteriza, así como una especie de vergüenza autoprotectora que muchas veces nos priva de un grado de objetividad elemental para enfocar la historia. No está mal, por ejemplo, que nosotros consideremos un malvado a Bernabé Rivera mientras los norteamericanos consideran una gran figura al General Custer, pero a propósito de otras encrucijadas no precisamente desastrosas se nos va un poco la mano con el hipercriticismo. De todas formas, si se quieren ver héroes nacionales reconocidos no hay más que fijarse en los billetes. A veces pago con uno de 100 y pienso: Allá va a un Fabini, ¡vidalitá! En definitiva: yo le pegaría sin asco al mito del uruguayo derrotado


Garzas

Atraviesan el ventanal de mi comedor cuando van hacia la Playa de los Ingleses o vuelven a dormir a los parques de Carrasco. Son pequeñas y nítidas como flechas florales, y parecen confirmar que hay un reino de blancura inasible que algún día reinará. Empecé a verlas después que cumplí los cincuenta años. Algunas veces vuelan en pareja.

(continúa el próximo sábado)

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