Mostrando entradas con la etiqueta Fe de un Seminarista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fe de un Seminarista. Mostrar todas las entradas

sábado

SIEMPRE DESDE LA FE / PABLO DEL REINO


Bienvenido Bob a esta tierra del hombre
donde la luna engorda con arrugas dolidas
con el pan sin techo golpeándote la sien
y en la estación de la mística
un gato idiota grita
como si el hombre existiera
De un puñadito de arcilla
te conectabas al aire
acogotándote el tiempo
para estorbar la lluvia
Pero la barba se acerca
y tu calzoncillo mancha
inventando la nostalgia de los colores puros
donde la fe diluida mantiene el movimiento
Bienvenido Bob a esta tierra de pobres
para los ciegos verdes y latidos quebrados
con adjetivos secos
de cantinas comunes
y mostradores angostos para esperar tu talle
donde el amor es verdad cuando se traga la vida

lunes

[FE DE UN SEMINARISTA] Pablo del Reino

Creo en Dios Padre del susurro lento. Fértil y secreta yema golpeando serena y larga en mis tres oscuridades dialécticas, donde las terribles explosiones calladas van tejiendo desde el escombro aparente, un pentagrama a la sombra del planeta. Creo semilla imprevista, clavada en alguna parte de aquella noche brillosa entre las manos de El Santo. Fue en la llegada del aire que cortó la doble plaza de balasto viejo, bendiciendo una generosidad inmadura. En lo negro de los sauces desapareció el chivo, uno de tantos, y en esa tierra lejana se estira algo sin forma: yo sospecho de mis ojos. Creo que llamás y llamaste. Denso y porfiado en tu ojo manso, siempre esperando en el frío de las puertas sin banquete, cargando en tus bolsillos las tinajas de Caná. Sé que en el hervor de las generaciones que corren sin descanso al punto de la espiga, infinitos hombres de barro se dejaron en tu mano: vos creás y creaste la alquímica-dinámica de la carne, las montañas y los gases que empujan encendidos desde el fondo del espacio. En la rendija de mi olfato florece un manto verde. Gracias Padre por la fertilidad de la sangre.

Creo en vos mi posterior encuentro. Proyecto latente en todas las regiones del aire, forma inapresable en la escala del universo, único contacto fértil de todas las llagas del hombre y todas las imágenes del Reino. Porque digan lo que digan los patriotas de la castración perenne, bajás sin asco a cualquier abismo que grite humildemente tu nombre más allá de los clavos. Porque ví las huellas de tus orlas en la grieta de una mujer blanca, que goteando silvestre la ciencia de los mansos, te seguía porque el polvo de tu manto vertical, regala una caricia trascendente. Creo en vos, necesidad ya insinuada en las primitivas exigencias de mis células. Potencia capaz de remediarme en el latido de una hoja, pacientísimo respeto de mi terquedad inentendible.Creo Esposo firme de mi Madre, que sacándome del charco de mis manos, acurrucaste en su sonrisa interminable. Creo amigo recto intocable en la soberbia. Luz escurridiza en las dimensiones del seso, exigencia irrenunciable en la construcción del hombre, sal irresistible.Gracias por el destrozo de tu mano y tu carne alquimizada.

Por tu imponente capacidad de impulso y creación, muchos te hicieron una cosa. Y te llaman con el frío de la técnica o palabras sin sustancia, dignas de la doma de las bestias. Yo, diminuta pluma a la espera de tu aliento, sé de tus párpados Espíritu divino. Creo, fecundador sin sombra. Buscando tu pisada y tu energía indefinible, me paseaba en los átomos oscuros hasta el filo de la roca. Allí fue el momento sordo, sólo tu piel desbordando sobre el semen de la gloria y la humanidad sencilla pisoteaba toda ciencia.Creo galopador de la sangre. Cuando la predecible fuerza de mi frente amenaza arremeter todo en estampas de arena frágil, el flujo continuo y secreto de tus alas carcome apacible o furioso los noventa grados de mis conceptos. Creo en el olor de las migajas que ciertamente sigo y que me llaman cuando tuerzo la mirada. Gracias por el hervor sereno de los hombres.

Finalmente Madre, creo en tu múltiple sonrisa y en la profundidad del oro derramando lentamente de tus pechos. Creo dimensión santa, que en la vértebra de la lluvia descalzaste mis latidos: en la plenitud del nácar que los señores no miran, me abriste. Tuve que esperarte amontonar los yuyos del balcón, frágil y terrible, amenazando fertilizar todo lo que existe. Y rascando hasta el temblor de las celdas temidas, desvelaste sin orillas un crecimiento inapagable. Creo en la celeste integración de todo el barro, humildemente amotinado en las uñas de altivos cascarudos impotentes. Creo en esa vuelta que transformará tus huesos muy arriba del calor de mis palabras. Creo Madre potenciado por tus aguas. Gracias por tu abrigo de fermento.
Con temblor en esta sangre, en estos sesos y estas manos, creo y confío calladamente, Padre.

[FE DE UN SEMINARISTA] Fray Pablo del Reino

A quien no fue

Vid frondosa era Israel / produciendo fruto a su aire: /
cuanto más aumentaba su fruto, / más aumentaban los altares; /
cuanto mejor era su tierra, / mejores hacía sus estelas. /
Su corazón es doble
(Oseas 10, 1-2)


Tu lengua vacía es la pobreza del mundo
ahora novia de los sapos y escarabajos sufrientes
cuánta sangre marchita en esa triste cintura
De tu corazón de abeto
yo esperaba una galaxia de pirámides perfectas
gónadas transmutadas con perfumes de luna
y pelear hasta el desgarro de los bosques
por un beso misterioso a la partícula
Pero fuiste huella de una oscura cigüeña
clorofila derramada
en decenas de vasijas impotentes

Con horror en todas las síntesis
escarbé tus ojos
temblando
y un mundo líquido jugaba los pilares
donde mis brazos dormían por un aire sordo

Y no grito por tu piel
gastándose
diminuta en las arrugas sucias del vino
ni la noche deforme en la potencia de la pulpa
es tu copa abaratada en ese viento soso
Te prefiero desnuda con la escarcha perdida
riéndote segura de este amor de elefantes
con el ozono firme en tu pollera rota
Con el ozono denso te llevaría al desierto
y en el ritmo de la brisa te mostraría mis brazos
para exprimir de nuestra casa las palmeras
si no fueran tus ojos tibios en la almohada


jueves

[Fe de un Seminarista] Fray Pablo del Reino


A Adriana Rodríguez, Andrea Moreira
y a las lobas que lastimosamente profanamos
sin alimentarles el aire

A las libertades hay que reconquistarlas
cada veinte años (a veces parece que
hay que conquistarlas cada cinco minutos).
Clarissa Pinkola Estés

I

En el velo de la loba
de esas lobas sedientas de troncos
de hierbas
veo la miel chorreándoles la calma
Atormentadas por las células
que amadas en los verdes
y empujándolas al alba
no despiertan
Sus dientes arden el herrumbre
en generaciones de jaulas carnívoras
pieles y sedosas mentiras
machos inyectados de niebla
y ovarios sordos a la médula de la tierra

Hay tormentas batiendo el foso
epitafios quemando azufre
olor a noche en escaleras amargas
cayendo

La vieja cuelga de los pastos
y no hay vida en el grito de las aguas
si la hostia
sólo oscurece entre las sábanas
Tanto desierto en arterias gastadas
El mito de la carne baila en platos ilustres
el barro excita la sangre y el aullido
tiembla el cebo antiguo
el silencio escurre la infancia de los tiempos
y la niebla rueda entre los alambres

II

Las glicinas de plata se acarician
la luna escarba entre las acacias
su hormiga azul recién parida
y la cruz más allá de la cruz

Ya no hay piel marchitando el alma
y en altares de fiebre
bajan los restos de inyecciones violetas
En equilibrio el mar sepulta al circo

Y no habrá pez bajo el frío de los hombres
con los codos llorados de tierra
con el germen cayéndole los ojos
como aquel ser
no renacido

viernes

[Mujeres 1] Fray Pablo del Reyno


Para Mónica Ferrriolo
Gracias por tu fe



Soñé la mujer de oro invencible
vestida de granizos cardos cenizas
manantiales bailando como ojos
raíz del cielo nuevo
Sus manos son tajadas del barro radical
cucharadas de ángeles
y arrugas como el cosmos regando el tesoro
Si pudiera robarlas y ser cedro

El estallido que secó el aliento
puso silencio en tu vientre
Yo vi tus lágrimas maduras
la chispa de la tierra me empujó hasta los pinos
donde tu fe soplaba con una luz finísima
Mujer fluvial
inmensa
carne de simple gaviota y bocanadas divinas
La verdad son tus dientes florecidos
Mujer sagrario
fértil energía de santos
La verdad son tus manos

martes

[FE DE UN SEMINARISTA - 4] Fray Pablo del Reino


La mañana que se viene / es una vieja sensación.
Fito Páez

Azucena fue la excusa en aquellas calles secas, donde un tipo horizontal buscaba una fisura para enterrar su miseria, y el monótono chillido del Jamaica era una jaula alegre para una edad de barba tonta.
El hombre-quieto me regaló un puñadito de desprecio cuando lo supo.
Yo no podía entender la densidad de mis pasos, ni por qué la luna insistía en acariciar mis cortinas con temporadas negras. Y buscando en la espalda de aquella ciudad de azúcar, la vi.
Se había parado en un retazo del viento que refregaba mi frente, y gustando algunas partes de mis músculos, se vengaba de la vida: yo colgué aquel verde irrepetible de su cara entre las guirnaldas polvorientas de mi casa. Y aunque su corazón de mimbre flojo rascaba mi ventana cuando su madre invernaba con la tranquilidad de una oruga, ya nunca la esperé. Porque yo soñaba el tiempo de una mecedora sin espacio para su lengua sensible.
El hombre-quieto me pegó con su ala estrecha cuando lo dije.

Penetré en tu ombligo con mi hierro calcinado
para hundirme entre sus ramas
donde cargaba otra muerte
Le creí a esos vientos de azúcar impalpable
te acaricié la espalda con mi semen despreciado
y también mentí
Quise ser viejo
y redimido entre tu pan
lamer la niña que afiebró mis dos traiciones
Hoy la perdono
ahorcado de su noche
borracho por su vientre doblemente ajeno

Que el gusano de alquitrán vaya tragando mi falange
y partido sin tu sal
se transforme mi cintura

El hombre-quieto estrangulaba mis venas cuando miraba al oeste.
Él ahora es un líquido olvidado en el miedo de las manos, que recuerdan un sol escaso, parecido a un amanecer de estrellas rosadas en un país de árboles dormidos. Pero hay que extirpar la huella de la cuna hasta temblando, y sostener con fuerza los minutos lluviosos, que aguantan lo quebrado. Porque la vida fermenta en el cáliz de un niño, y las hojas sucias son un cúmulo de sinceridad para tocar la morada más honda, donde la teta y la espina ya no acarician.
Dicen que allí el aire está hecho de raíces impensables y una sustancia serena de pasos astillados.
El hombre-quieto se paró en el filo del océano con su temporada de lagañas.
Yo me demoraba, divertido en aquellas torres morenas. Pero hay un segundo de cenizas, siempre llega. Es un temblor de elefantes en los huesos, cuando los hombres lloran empapando la luna, y el Jamaica no tiene un fósforo que rasque diferente.
Entonces viene el reino de los troncos partidos y la desnudez de las uñas saliendo del bolsillo, donde la paz será un lujo hasta que se vuelva pan. Y el niño de verdadero barro, sin leones ni camellos, amasará la redondez de la aurora.
El hombre, quieto, sacó el dedo de mi frente y clavó la espalda en su almohada de pino.


lunes

[Fe de un Seminarista - 3] Fray Pablo del Reino


Adónde vamos, generación de olfato quieto. Heredamos un amasijo de árboles quebrados, y la historia de este aire desagota tristeza en los cinturones de las bestias hormigonadas.
Qué ruido hay.
La rambla sostiene millares de ojos que escarban el horizonte, mientras la sinfonía solar juega a incendiar las nubes con la irresistible pregunta.
Es la piel de las estrellas, sabés. Somos hermanos de una gota de polvo que vaga casi en lo frío del universo: la hora de los barcos que revuelven el Río de la Plata nos esconde su brillo, pero no olvidamos que esa montaña fue hecha para nuestras uñas. Y es que antes, es un sonido como el acero ordenando los pastos y el norte de los átomos. Desde la silenciosa grieta crea un latido cósmico que sólo en la noche aclara su melodía.
En la esquina de la iglesia había una niña sin perfume que me midió con el filo de un futuro seco. Mientras el humo le cortaba la garganta, me preguntó qué había en ese madero enraizado en la pared callada. La llevé hasta la plaza buscando la saliva celeste que armoniza a todo viviente. Le enseñé a una madre derramando sus labios con algodón en los ojos, la sencillez de la brisa cuando el hombre acariciaba la llaga de un mendigo, y un gusano amasando en lo alto la heroicidad de su cueva. Ella llenó los labios de ironía y se fue con un desprecio de animales en las manos: entonces supe que habían puesto bosta hasta en la cuna de los ángeles.
Pero basta. La siesta fue larga y hay que juntar los fragmentos de esperma que no tocaron la tierra. Porque aunque le duela el negocio a los profetas de alas tristes y a los mercenarios de la sonrisa Light, el corazón está hecho de eternidad. Pero hay que llegar al borde, donde el fondo de la carne grita, hasta que el soplo inentendible desvela un escalón como un chispazo. Y al fin acariciamos a penas el canto de la galaxia.






viernes

[FE DE UN SEMINARISTA - 2] Fray Pablo del Reino


Si cantara toda la carne que amasaste con tu soplo
viejo de luna hermosa
textura informe de las grietas
donde olvidamos el neón eléctrico
con esperanza de estrellas y explosiones de polvo
Ayer te vieron suavísimo en las plazas
cuando los mendigos rodaban un miserere injusto
y una colonia de hibiscos acolchonaba tus pasos
en el ritmo tibio de tu vientre
Los niños mordían tus dedos buscando el agua
bajo un hilo de techos derritiéndose
trepaban por las luces de los árboles
tocaban tu sonrisa
librando con la lengua los colores
que regalan tus pezones infinitos

Porque a veces viajamos a la sombra
cuando callás
y solos
con la boca colgando por el viento
de hombres espesos como el frío
caminamos en el borde de la espina

Indecible Abedul Profundo
queremos ser un grano en el olor de tus resinas
una cresta en la abundancia de tus ojos
y penetrados con pequeñas claraboyas
la más fálica locura de la roca



sábado

[Fe de un Seminarista] Fray Pablo del Reino

Fray Pablo del Reino (Uruguay, 1983) ha dado a conocer relatos y poemas en publicaciones y performances colectivas. Actualmente radica en un convento floridense de la Orden de los Carmelitas Descalzos.
_____________________

1

Sin el misterio, la vida sería irrespirable
Gabriel Marcel


C
uándo es el día Padre
de que esta mano llegue hasta tu barba tremenda
que en tus falanges dulcísimas me cuentes la octava tarde
mientras tu pueblo descansa en constelaciones verdes
Cómo se lleva Padre el latido hasta la lengua
para besar el ojo envenenado
que cambie sus fluidos y te ofrezca el aire
Será un golpe de luna
o huevos fosforescentes cuando los monos bailen de tristeza
Cruzar el hormigón brillan tus ríos Padre
pero un polvo acerado nos alfombra la garganta
tus pequeños se estiran con las melenas vírgenes
y mi tacto no sabe de abrigarse en la baldosa

Dame tu caricia Padre
que mis músculos dorados ya aceptaron su madera


Un hombre con los labios curtidos de páginas vino por mis pequeñas manos. Lo mandaste con un sorbo de tu aire. Y esa miel que dormiste cuando yo era sólo un ombligo en las complicadas aguas de mi madre, la levitás en el estruendo del siglo para acompañar los gemidos de las piedras. Porque hay constelaciones con la alacena abierta y no sabemos poner los ojos en lo hondo.
Pero yo no seré un hacha en las robustas dimensiones, sino arado sobre el cemento despreciado.
Ahora te hablo a vos, hermano de mis uñas. Vos que dormís en las desesperadas teclas de esta sinfonía de datos y colores. Vengo a soplar la gota que escondés en tu arsenal de pestañas. Que te invito a abonar con fluidos transmutados, los pedazos de luz que en los hombres, esperan el reino de la espiga.
Yo no sé de reprimir las hojas indecentes. Solo sé que hay belleza en el barro y que cruzando esa humedad, garúa un oro perpetuo. Que cada hombre es una alabanza de carne y cielo. Y que tu invencible hermosura, hermano de los pastos y las corrientes finales, es el misterio del beso en la sencillez lunar.
Indecible Abedul Profundo: ésta es mi simplísima frente y mi latido, no tengo huesos perfectos. Y aunque mis ojos son toscos y mi espalda de harina, sé que en espiraladas columnas, todos caminamos al colmo de tus manos.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+