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lunes

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


PASO DE BAILE

Diego Abelenda

Escena 1

Cocina de una casa, un hombre y una chica adolescente.

Vicky (entrando a la cocina): ¡¿Ya estás desayunando?! No me esperaste, ¿eh?

Francisco (sentado a la mesa): Tengo que salir temprano. Esta semana me toca visitar a los clientes de Paysandú.

Vicky: Antes que te vayas te tengo que decir algo.

Francisco (levantándose): Dale.

Vicky: Estoy embarazada.

Francisco (sentándose): QUEEEEE.

Vicky: Sí.

Francisco: ¿Y cómo pasó?

Vicky: Un espermatozoide sobrevivió y fecundó un óvulo.

Francisco: ¡Siempre la misma guaranga!

Vicky: ¿Qué querés que te diga?

Francisco: Tenés razón. Hago cada pregunta.

Vicky: No lo voy a tener.

Francisco: ¿CÓMO?

Vicky: Lo que oíste. No lo voy a tener.

Francisco: PARÁ PARÁ PARÁ un poquito. No sé si estoy dormido todavía o qué, pero no logro asimilar lo que estoy escuchando.

Vicky: No entra dentro de mis planes.

Francisco: ¿TUS PLANES?

Vicky: Sí. Un embarazo ahora me lo complica todo.

Francisco: Aaaahhh ¡Qué bien! Querés matar porque según vos, te lo complica todo.

Vicky: Es mi cuerpo. Es mi decisión.

Francisco: ¿VOS ESTÁS CONSCIENTE DE LO QUE ESTÁS DICIENDO?

Vicky: MUY consciente. ¿Te creés que no siento la vida que va creciendo aquí adentro?

Francisco: ¿Entonces?

Vicky: Pero quiero ser yo, por una vez en mi vida.

Francisco: ¡¿Qué decís?!

Vicky: Que hasta ahora fui la que vos y mamá quisieron que fuera. Nunca me dejaron expresarme.

Francisco (riéndose): ¡¿Expresarte?!

Vicky (comienza a dar unos pasos de baile): Sí. Así.

Francisco: ¡¿Qué hacés?!

Vicky: Lo que REALMENTE quiero hacer. Esto es mi vida, bailar.

Francisco: ¡No m’hijita! Todavía sos menor de edad, vivís en esta casa y vas a ser lo que tus padres te dicen. Vos vas a entrar a la facultad.

Vicky: ¡Antes muerta! Yo voy a ser bailarina.

Francisco: ¡Vos vas a seguir una carrera como tu madre! Eso ya está decidido. Mirala ahora en un congreso en Francia.

Vicky: ¡¿Y?!

Francisco: ¡¿Vos querés morirte de hambre como el bailarín de mierda de tu novio?!

Vicky: Es un empresario. Tiene una academia de baile.

Francisco: JA. No me hagas reír. Da clases de salsa en un salón prestado.

Vicky: Vos no entendés, papá.

Francisco: Entiendo ¡Y entiendo muy bien! Quiero lo mejor para vos. La vida de un artista es una mierda. Eso no es trabajo.

Vicky: ¡Es trabajo, sí!

Francisco: TRABAJO es lo que hago yo abriendo la ferretería a las ocho de la mañana, visitando clientes en el interior, durmiendo en hoteluchos de cuarta y rompiéndome el culo doce horas por día.

Vicky: ¡Qué cerrado que sos! Y eso que esperé a hablarlo a solas contigo. Pensé que vos si me entenderías.

Francisco: Eso te lo debe de haber metido en la cabeza el flaco marica ese... Bailarín, ja.

Vicky: ¡No hables así de mi novio! Él no tuvo nada que ver. Es una decisión mía. Es lo que realmente siento hacer.

Francisco: ¿Y en la decisión del aborto tampoco tiene nada que ver?

Vicky: Él está de acuerdo conmigo. Pasado mañana es el día.

Francisco: Traer una vida al mundo, eso es algo maravilloso. Es un regalo de Dios, no podés decidir matar por él.

Vicky: Basta, papá. No sigas sermoneándome.

Francisco: No actuaron con responsabilidad. No es pavada traer un hijo a este mundo.

Vicky: Por eso no quiero traerlo.

Francisco (golpea fuerte con la palma de la mano la mesa): BASTA, VICKY. Vas a seguir con el embarazo y vas a ir a la facultad. NO SE HABLA MÁS.

(Vicky se sobresalta y queda en silencio.)

Francisco: Lamentablemente ahora me tengo que ir, pero mañana de noche ya estoy de vuelta.

Escena 2

Francisco llega a la casa.

Francisco (cerrando la puerta): ¡Vicky! ¡Llegué!

Tira un bolso y un saco que traía puesto sobre un sillón.

Francisco: ¡Vicky! ¡¿Dónde estás?!

Comienza a caminar buscándola.

Francisco: ¡Me volví loco ayer llamándote y llamándote para decirte que se había roto el puto auto y llegaba recién hoy!

Se dirige al cuarto de Vicky.

Francisco (abriendo la puerta del cuarto): Nunca me contestaste.

Vicky está tirada en la cama boca arriba. En la mesita de luz hay cajas de remedios abiertas, blísteres de pastillas vacíos y un vaso de agua.

Francisco: ¡Vicky!

Vicky no responde.

Francisco (entra al cuarto, mira la mesita de luz y se desespera) : ¡Vicky! ¿QUÉ HICISTE?

Francisco sacude a Vicky y le da unos suaves cachetazos, ella no reacciona, le toma el pulso. Francisco busca en sus bolsillos, saca su celular y hace una llamada.

Escena 3

Cuarto de Vicky, ella acostada y Francisco sentado en la cama.

Francisco: A ver... reíte un poquito, ya estamos en casa. Ya te sacaron toda esa porquería de adentro.

Vicky no se ríe.

Francisco: ¿Por qué no me contestabas el teléfono ayer?

Vicky: Estaba enojada contigo.

Francisco: Sé que a veces soy un poco duro, es que me cuesta expresar lo que siento y decirte cuanto te quiero.

Vicky: Me doy cuenta.

Francisco: No sabés cómo me gusta verte bailar.

Vicky esboza una leve sonrisa.

Francisco: Así me gusta, que te rías un poquito.

Vicky continúa sonriendo.

Francisco: Viéndote así me voy más tranquilo a buscar a mamá al aeropuerto.

Vicky: Antes que te vayas te tengo que decir algo.

Francisco: ¿Qué pasa?

Vicky: No aborté.

Francisco: QUÉ.

Vicky: Lo que oíste, papá.

Francisco (le da un beso en la frente, se levanta y hace el mismo paso de baile que había hecho Vicky en la cocina, murmurando afeminadamente): Me dieron hasta ganas de bailar a mí. ¿Cómo era? ¿Así?

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


VESTUARIO DE ALMAS

Maximiliano Bianchi

Escena 1

Una mujer sesentona y su hija cuarentona van caminando por la calle.

Hija: Dale, mamá, que llegamos tarde.

Madre: Pará, Andrea. A mi edad ya no puedo andar a las corridas.

Hija: Dejate de joder, mamá. Y caminá que si llegamos tarde no nos dejan entrar.

Madre: Es una obra de teatro. Tampoco te va a cambiar la vida si no la ves.

Hija: Ay, mamá. Caminá y callate.

Escena 2

Un actor y una actriz en un camarín teatral. Él se está vistiendo y ella maquillándose frente a un espejo.

Él: Te acordás del final, ¿no?

Ella: Sí… ¿Cuántas veces me lo vas a preguntar?

Él: Bueno, es que uno tiene que estar seguro de las cosas. En el preestreno nos movimos a destiempo los dos.

Ella (riéndose con ironía): ¿Y vos me hablás de estar seguro?

Él: ¿De qué te reís, Mónica?

Ella: ¿Al final qué vas a hacer con lo nuestro?

Él: No me jodas con eso ahora, Mónica. Yo siempre te dejé claro que lo nuestro era un touch and go y nada más. Siempre fui honesto contigo.

Ella: ¿Y con tu mujer te parece que sos honesto?

Él: Mirá, te voy a ser muy sincero. Yo me enganché con vos porque a mi mujer le encontraron un problema cardíaco y cualquier emoción fuerte le puede provocar un infarto.

Ella: Y eso qué tiene que ver con nosotros.

Él: Que lo de mi mujer me desbordó. Y como la quiero tanto terminé buscando algo para sacármela de la cabeza. Esa es la verdad, Mónica.

Ella: Entonces vendrías a ser un hijo de puta honesto y desbordado.

Él: Te prometo que después de la función hablamos de esto. Dale que ya dieron sala. Acordate al final de rallentar la salida para el apagón haga vivir la paz de tu mundo interior.

Ella: No me rompas más las pelotas, marido de vacaciones por enfermedad.

Escena 3

Los actores protagonizan la escena final de la obra. En la primera fila están sentadas la mujer sesentona y su hija cuarentona.

Actriz: ¿Y entonces qué es el amor para vos?

Actor: Lo que siente un martín pescador cuando le pesca alimentos al río.

Actriz (empezando a salir de escena): Ya te entendí. Entonces lo único que me queda es escaparme a mi oscuridad de oro.

Él se agarra la cara esperando el apagón pero ella vuelve a entrar de golpe, paralizándolo.

Actriz: Lo nuestro termina acá, pero te deseo que vuelvas con tu pareja y la puedas rehacer. Los amores touch and go son como los escenarios de los teatros, llenos de hombres virtuales que se escapan de los ríos donde se pesca lo que importa. La verdad duele pero cura, Joaquín.

Actor (grita después que ella sale corriendo y se produce el apagón final): Yo también entendí.

Escena 4

La mujer y la hija de vuelta en su casa.

Hija: ¿Viste qué lindo lo que dijo del martín pescador? Yo sentí que me lo estaba diciendo a mí.

Madre: Dejate de joder, Andrea. Le pagan para eso. Y además el que hablaba era el personaje y no Gabriel.

Hija: Sí, obvio. Pero no me vas a decir que no te conmovió.

Madre: A mí lo que me conmovió fue lo que dijo ella al final. Ese personaje es lo que yo llamo una mujer con ovarios.

Hija: Pero Gabriel hace mil años que no me dice algo lindo. Yo lo siento tan lejos. No le tendría que haber mentido cuando tuve la arritmia.

Madre: Por lo menos no te dejó. Y además ni se pelean: ¿qué más querés? Vos ya tenés 40 y tu padre me dejó con 38.

Hija: Pero lo que yo perdí fue la magia de Gabriel.

Madre (riéndose): ¿De qué magia me hablás? Mirá que Don Quijote no existió: lo inventó Cervantes, nena.

Hija: Pero me aconsejastes mal. Después que le inventé lo del infarto sentí como si se me empezara a escapar para siempre.

Madre: A los 40 todos te roncan en la oreja, nena.

Hija: ¿Y vos cómo sabés si papá te dejo antes de los 40 y después no te agarró nadie?

Madre: Mirá que si lo dejás ahora te vas a morir sola, Andrea. Y además él nos banca. No seas estúpida.

Hija (gritando): ¿Vos sabés que yo nunca pensé que pudieras ser tan hija de puta, mamá?

Mamá: ¿Y también te pensaste que yo quería a tu padre? Si siempre fue un desastre en la cama. Lo cagué toda la vida, mija. Lo malo es que ya antes de llegar a los 40 me cambió tanto el cuerpo que no me bancó más.

Hija: Terminala, mamá. ¿Sabés que me empezaste a dar asco de golpe?

Mamá: Asco das vos con esas flacideces. Hay que tener ovarios para aceptar la vida, nena. A los 40 Newton no nos perdona (carcajea). Los espejos no mienten.

Hija (levantándose para irse): Andá a cagar, mamá.

Escena 5

Andrea mirándose desnuda en el espejo de su cuarto.

Andrea: Por lo menos todavía tengo los ojos llenos de amor. Y la culpa de que no quieras seguir pescándolo entre todas estas arrugas es mía, Gabriel. Hoy te vas a enterar de la verdad aunque después me dejes: se acabó la telenovela de la cardíaca.

Escena 6

Gabriel entra al dormitorio y se sienta en la cama al lado de Andrea.

Andrea (mientras él la peina): Uau. Hace mucho que no me tocabas con ganas de desnudarme. Me encantó la obra, Gabriel.

Gabriel: Menos mal que te decidiste ir hoy. Porque acabamos de pelearnos mal con Mónica en el camarín y no va a haber más funciones.

martes

LA TERAPIA / UN GUIÓN CINEMATOGRÁFICO


Hugo Giovanetti Viola

para Jaime Roos y Matías Durañona

Escena 1

Pitu, el cupletista de La Terapia, se saca el disfraz apenas estaciona el ómnibus que transporta a la murga, y lo amontona en el asiento. Después se baja borrándose desprolijamente el maquillaje y se acerca a Rulo, que está fumando sentado en el cordón de la vereda.

Pitu (señalando una ventanilla donde hay un corazón dibujado con spray rojo): Yo me voy a tomar un tacho para volver al Club Malvín, loco. Hoy la encaro o reviento.

Rulo (alarmado): No me digas que ese corazón te lo pintó la princesa.

Pitu: Sí. Me pintó hasta el alma.

Rulo: Pa. Te zarpaste mal. Esa guacha podría ser tu nieta.

Pitu: Pero ahora es mi princesa. Acabo de hacer los últimos tres tablados con más escalofríos que si estuviera por empezar la final de Maracaná.

Rulo: Ojo que este es el primer metejón de verano que te agarrás en la vida, Pitufo. Vos nunca anduviste en la joda.

Pitu: Esto es amor profundo. Lo siento desde el primer beso que me tiró en febrero.

Rulo: Hay tantas que tiran besos.

Pitu: Pero ella pone cara de esposa.

Rulo: A vos la que te está haciendo volver loco es tu esposa.

Pitu: Mi mujer se volvió un fantasma hace más de veinte años.

Rulo (parándose): No te olvides que tu fan es una chetita, loco. Y además son las tres y media de la mañana. Lo único que vas a encontrar en el Malvín son mamados.

Pitu: Ella me está esperando porque la mandó Dios. Y cada vez que me saca una foto se ríe como la Virgen.

Rulo: A la mierda. Te zarpaste muy mal. No te olvides que esas luminosidades aprenden a cortar rostros en el kindergarten.

Pitu: Tranqui, Rulo. Me tengo una fe terrible.

Rulo (murmura mientras Pitu sale corriendo entre el resto de los murguistas): Esta noche no tengo ni tumba / sin embargo el que canta soy yo.

Escena 2

El tachero, un muchacho apenas veinteañero y de lucidez eufórica, le hace señas al murguista de que se siente adelante con él.

Tachero: Pa. No se puede creer que me haya tocado hacer un viaje con el Pitu. Tal cual.

Pitu: ¿Sos de Belvedere?

Tachero: Fanático de Liverpool y de La Terapia desde que me conozco.

Secuencia de escenas mudas donde el Tachero y el Pitu conversan y se ríen iluminados por una amistad que parece tener años.

Tachero: Pa, es muy fuerte. ¿Entonces nunca se hablaron con la pendeja?

Pitu: No. Pero ya está casi todo dicho. ¿Entendés?

Tachero: Está bravo de entender. Además yo ni siquiera sé si existe el amor. Nunca vi.

Pitu: Lo que yo siento es que con la princesa nos estamos mandando mensajes desde que empezó el carnaval para curarnos uno al otro.

Tachero: ¿Para curarse de qué?

Pitu: Imaginate que la falta de caricias de amor te volviera raquítico.

Tachero (carcajeando): Mismo. Entonces la humanidad sería toda raquítica.

Pitu: A mí el primer matrimonio me duró un año con tres de noviazgo, y el segundo treinta y cuatro. Y la perrita que tuve que sacrificar el mes pasado me quiso más que mis dos esposas juntas.

Tachero (chillando de la risa): Y después andamos todos diciendo que las minas son unas perras.

Pitu: Esta muchacha que yo vengo a buscar nació para quererme.

Tachero: ¿Y vos cómo sabés que va a estar esperándote?

Pitu: Va a estar.

Tachero: ¿Y cuántos años te parece que le llevarás?

Pitu: Por lo menos cuarenta. Mirá, ahí está saliendo: es la rubia que usa vincha violeta y anda con un gorilazo.

El murguista baja del taxi y se despide del muchacho levantando una mano.

Escena 3

Princesa, una rubia más graciosa que linda y de aspecto adolescente, sale del escenario del Club Malvín acompañada por Yogo, un treintañero de mirada salvaje.

Yogo: La verdad es que hoy me hiciste pasar vergüenza ajena, princesita.

Princesa: Parece que estuviera prohibido querer en público.

Yogo: No es que yo diga eso. Pero pintarle un corazón en la ventanilla a un murguista está salado.

Princesa: El Pitufo canta los cuplés mirándome con una delicadeza de mujer.

Yogo (sacudiendo una mueca burlona y envidiosa): Mejor ni se lo digas. Capaz que hasta se ofende.

Princesa: Posiblemente nunca lo conozca, pero él ya sabe todo lo que siento. Y me cambió la vida.

Yogo: Estás enamoradísima.

Princesa: ¿Y a vos qué te importa?

Yogo: Bueno, no soy tu hermano pero vivimos en la misma casa.

Princesa: Yo ya traté de quererte como a un hermano, pero siempre me encuentro con la mirada enferma del tiburón. A vos lo único que te importa es comer.

Yogo: ¿Y para qué me invitás a salir?

Princesa: Será porque no soy tan mala como parece. Y de paso la yegua de mi madre y el caballo de tu padre se creen que nos llevamos bien.

Yogo: Uau. Mirá quién te está esperando en la vereda. Y con cara de novio.

Princesa contempla al murguista sesentón de calva compacta y restos fosforescentes del maquillaje que parecen prolongaciones de una sonrisa dirigida a un altar, y le agarra la mano a Yogo.

Yogo (murmura): Y hasta camina como perdonando al viento. Igual que el viejito de la canción.

Pitu (haciéndole una reverencia de murguista a Princesa): ¿Cómo te va?

Princesa (dejándose abrazar por Yogo): Bien.

Y se va recostándole la cabeza en el hombro al hijo del marido de su madre.

Escena 4

El Tachero, que se había estacionado un poco más adelante, retrocede y le chifla al Pitu, que está sentado en el cordón de la vereda con la mirada baja.

Tachero: Vuelvo a la cuchilla, maestro. Y ya bajé la bandera. ¿Te llevo?

Pitu: Dale. Muchísimas gracias.

Tachero: Es un honor, maestro.

Corte.

Pitu: ¿Entonces viste todo?

Tachero: Sí. No pude aguantarme.

Pitu: Lo peor es que la princesa me miró como si la hubiera violado o algo así.

Tachero: Tal cual. Andá a saber la vida que tuvo ella.

Pitu: Pero el amor que nos metimos uno adentro del otro estos dos meses no lo puede borrar nadie.

Tachero (sin ironizar): ¿Fue mejor que el que tuvieron con tu perra?

Pitu: Sí. Fue algo de otra galaxia.

Corte. Cuando el muchacho estaciona frente a la sede de Liverpool el murguista se despierta sobresaltado y enseguida sonríe.

Pitu: Coño, me dormí salado. Quedé nocau.

Tachero: Ma qué nocau. Te acababan de asesinar, loco.

Pitu: Acabo de soñar que nos casábamos con la princesa.

Tachero: Qué demás.

Pitu: Sí. Y mañana voy a ver si me decido a tramitar el divorcio de una vez por todas. Capaz que aprendemos a curarnos cada uno por su lado, con mi mujer. ¿Cómo te llamás?

Tachero: Matías.

Pitu: La princesa del Malvín tiene que haber sufrido muchísimo más que yo para no poder encarar lo que siente, Matías. Pero el amor existe. Y te puedo asegurar que cura cualquier cosa.

lunes

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


LOS ASESINOS

Diego Abelenda

Escena 1

Dos muchachos sentados en el asiento delantero de una furgoneta Kombi, haciendo la liquidación del reparto que acababan de terminar.

Sebastián: Pah! Estoy muerto, vo. Hoy sí que fue un día largo. Y todavía quedan cuatro días para el fin de semana.

Gustavo: Dejate de joder, loco, vos siempre quejándote. No seas malo, recién estamos a lunes y ya estás cansado!

Sebastián: Sí. Un día más de trabajo, un día menos de vida... De diversión, de hacer lo que a uno le gusta.

Gustavo: ¡Da gracias a Dios que tenés trabajo!

Sebastián: Él no me lo consiguió.

Gustavo: ¡Dale, dejate de decir pavadas y terminá de contar y acomodar la plata que yo ya terminé de pasar los cheques y así vamos a depositar de una vez!

Dos sujetos entran abruptamente por la puerta lateral de la camioneta y se ubican detrás de Gustavo y Sebastián.

Sujeto 1: ARRANCÁ, ARRANCÁ.

Sujeto 2 (dándole un golpe en la cabeza a Sebastián con la culata de un revólver): ¡¿Qué hacés?! NO ME MIRÉS.

Sujeto 1 (dirigiéndose a Gustavo): ¡Y vos manejá!

Gustavo (arrancando y con la camioneta en movimiento): ¿Dónde querés que vaya?

Sujeto 1: Vos seguí, yo te digo.

Escena 2

Sebastián se repone del golpe. Ahora toda la plata está tirada en el piso de la camioneta.

Sujeto 2: JUNTÁ LA GUITA.

Sebastián comienza a recoger lentamente los billetes y a tratar de juntarlos y acomodarlos.

Sujeto 2: La quiero TODA. APURATE.

Sujeto 1: ¡No te hagás el vivo, eh! ¡No te quedés con nada!

Sujeto 2: Mira que te QUEMAMOS.

Sujeto 1 (dirigiéndose a Gustavo y colocándole el caño del revólver en la nuca): Y vosssss.... no vayas a hacer ninguna estupidez, ninguna seña con las luces, ningún bocinazo, ningún movimiento brusco. ¿ME ESCUCHASTE?

Gustavo: Sí.

Sujeto 1: Bien, chofercito. Seguí por esta y en dos cuadras doblá a la izquierda.

Sebastián (levantando los brazos con la plata entre las manos): Ya la junté.

Sujeto 2: QUÉ HACÉS. ¡Bajá la guita! ¡No llamés la atención!

Sujeto 1: ¡Ah, pero éste está de vivo!

Sebastián: No me di cuenta.

Sujeto 2: Ponela arriba del asiento que yo la agarro, si no querés que el piso de la camioneta sea lo último que veas.

Gustavo: ¿Sigo?

Sujeto 1: ¿Te dije lo contrario?

Gustavo: No. Yo pregunto, para saber.

Sujeto 1 (dirigiéndose a su compañero): Mirá, éste también está de vivo. ¡Contesta y todo!

Sujeto 2 (acercándoles el caño del revólver): Los pasajes de ida los tienen asegurados, pero los de vuelta NO. ¿EH?

Sujeto 1: ¡Ahora sí! Doblá en la próxima a la derecha. DESPACIO, DESPACIO.

Sujeto 2 (agarrando la plata del asiento y dirigiéndose a Sebastián): Si, respirá hondo, en qué pensás? ¿En tu familia?

Sujeto 1 (en tono de burla): Mamita, papito, la novia, la hermanita...

Sujeto 2: Capaz que no los ven más.

Sujeto 1: ¡Doblá acá! ¡Doblá acá! Por el camino de tierra.

Segundos de silencio.

Sujeto 1: ¡Pará ahí!

Gustavo: ¿Acá?

Sujeto 1: No, en la sombra de aquel árbol.

Gustavo: ¿Acá?

Sujeto 1: Sí. Apagala.

Gustavo apaga la camioneta.

Sujeto 2: ¡Se terminó el viaje!

Escena 3

Camioneta estacionada en el camino de tierra a la sombra del árbol. Gustavo y Sebastián permanecen sentados en el asiento delantero y los sujetos permanecen en la parte trasera.

Sujeto 1: Tranquilos. Ahora se bajan...

Sujeto 2: ¡Pará! ¡¿Qué hacés?! No los podemos dejar ir.

Sujeto 1: ¿Qué pensás? ¿Pegarle un tiro a cada uno y tirarlos en la cuneta?

Sujeto 2: Igual acá no hay nadie. No nos van a escuchar y van a tardar en encontrarlos.

Sujeto 1: Tas loco. Yo no quiero cargarme otro muerto.

Sujeto 2: Andá, CAGÓN, si tu cuñado te saca enseguida. Además este gil me vio cuando subimos.

Sujeto 1: Está cagado hasta las patas, no te va a batir.

Gustavo y Sebastián siguen inmóviles y con la cabeza gacha.

Sujeto 2 (presionándole el caño del revólver en la cabeza a Sebastián): ¿Vos qué decís? ¿ME VAS A RECONOCER?

Sebastián (manteniendo la cabeza hacia abajo): NNNo... ni te vi.

Sujeto 2: ¿SEGURO?

Sebastián: Sí. Seguro.

Sujeto 2: No te creo. Vos sos de los que va corriendo a la cana y se pone a mirar fotos. ¿Qué vas a hacer cuando me veas ahí?

Sebastián: Nada.

Sujeto 2 (dirigiéndose al Sujeto 1): Dice que no va a hacer nada, ja ja. ¡¿Vos le creés?!

Sujeto 1 mira al Sujeto 2 y no contesta.

Sujeto 2: Yo no.

Sujeto 1: Ya perdimos mucho tiempo, vamos a terminar de una vez.

Sujeto 2 (apuntando el caño del revólver a la cabeza de Sebastián y luego a la de Gustavo): Eso digo yo. ¡Pum! ¡Pum! Dos tiros y terminamos de una vez.

Quedan los cuatro en silencio.

Sujeto 1: ¡Escuchen bien! Ahora se van a bajar, despacio, sin darse vuelta, de espaldas y caminan, derecho, hacia atrás de la camioneta.

Gustavo y Sebastián abren las puertas de la camioneta.

Sujeto 1: BÁJENSE, DESPACIO. Ya saben. Aléjense de la camioneta sin mirar para atrás.

Sujeto 2: NO SE HAGAN LOS VIVOS.

Sujeto 1: ¡Los estamos vigilando!

Sujeto 2: NO MIREN PA ATRÁS. ¡¿Eh?!

Escena 4

Gustavo y Sebastián caminan juntos alejándose de la camioneta.

Sebastián (sin mirar a Gustavo, con la cabeza hacia adelante): Siento que en cualquier momento escucho un disparo y esto se termina.

Gustavo (en la misma actitud): Ahora no lo creo, estamos lejos, ya salimos de la sombra.

Corte.

Sujeto 1 (en la camioneta): ¡¿Qué hacés!? NO BAJÉS.

Sujeto 2: ¡Mirá cómo van derechito los hijos de puta! JA JA. Estaría para encajarles un par de tiros, los tengo bien claritos con el sol.

Sujeto 1 (pasando para adelante de la camioneta): ¡Por Dios, déjalos tranquilos, ya está! Dale, subí y vamonós.

Corte.

Sebastián: ¡El motor de la camioneta!

Gustavo: Se aleja.

Sebastián: ¡Qué alivio! Pa! Estoy vivo.

Gustavo: ESTAMOS.

Sebastián: Sí. Un día menos de trabajo, un día más de vida.

martes

MOZART TE QUIERE / UN GUIÓN CINEMATOGRÁFICO


Hugo Giovanetti Viola

para Martha Argerich

Escena 1 / INT. DÍA

Martha, descalza y en piyama, abre la puerta de su dormitorio y llama a Cristina, que está pasándole el trapo al corredor.

Martha: Haga mi cuarto si quiere, Cristina. Esta mañana no voy a estudiar.

Corte. Cristina, una mujer de humildad dolida y digna, entra al cuarto y encuentra a la muchacha hojeando un libro en la cama.

Martha: Se suspendió el concierto.

Cristina: ¿Cuándo? Porque yo anoche escuché la propaganda en la televisión.

Martha: Acabo de mandar un mail al Conrad para suspenderlo. Mis padres todavía no saben nada. ¿No podríamos tomar unos matecitos? Por favor.

Cristina (sonriendo para disimular la alarma): Cómo no. Ya lo preparo.

Escena 2 / INT. DÍA

Martha (sentada frente al piano que hay en su dormitorio): Lo que me pone loca es que me estén esperando como si fuera el Papa. Llevo casi siete años yirando por todos los continentes y no tengo ni novio ni amigos ni tiempo para ir al cine. Pero en Ezeiza nos encajaron cuatro horas de espera y me compré este libro y me mató. ¿No escuchó hablar de Crimen y castigo de Dostoiesvki?

Cristina (alcanzándole un mate): Creo que sí.

Martha: Es un estudiante que piensa que puede matar a una vieja de mierda y no sentirse mal. ¿Me entiende?

Cristina: Más o menos.

Martha: Y yo estoy tan loquita que pensé que lo único prohibido que podía hacer en mi vida era suspender este concierto. Y entonces les avisé que me acababa de lastimar un dedo y dejé a todo el Uruguay esperando a la genia celeste. Ahora los tarados de la tele ya me empezaron a llamar la Forlán y todo.

Cristina: Bueno, yo por lo menos me doy el lujo de escucharla ensayar.

Martha: Es que a mí Mozart nunca me quiso. En cambio tocar Bach o Prokofiev es como andar en lancha, desde que soy chiquita. Pero hay gente que no nos quiere ni aunque se lo pidamos de rodillas.

Cristina: Hay tantas cosas raras.

Martha: Lo más horrible es que yo ya ni me doy cuenta de si creo en Dios o no.

Cristina: Yo con Dios estoy peleada desde que se me ahogó mi hija en la playa.

Martha: Pero el personaje de Dostoievski siente que está matando a Dios. Y que a nadie le importa.

Cristina: Bueno, a mí ya se me hizo tarde. Le dejo la comida preparada y me voy enseguida.

Martha: Ta. Ahora mismo les aviso a mis padres y al director de la sinfónica para que me dejen terminar de leer la novela en paz. Y mañana me despierto a la misma hora que hoy. Quiero correr un rato por la rambla.

Escena 3 / INT. NOCHE

Martha deja la novela sobre la mesa de luz y se pone a pelar una manzana.

Martha (mirando el techo después de rumiar lacrimosamente un bocado y tragar): ¿Por qué no me querés? Que la genia celeste toque en el Conrad le importa a todo el mundo, pero a vos no te importa que yo no tenga vida. ¿Por qué no querés entrar de verdad al Andante si me estoy volviendo loca para repartir tu vida, carajo?

Escena 4 / INT. DÍA

Cristina golpea suavemente la puerta del dormitorio de Martha, con el termo y el mate.

Cristina: Ya son las ocho, Martha.

Martha (abriendo con un dedo vendado): Estoy desvelada hace horas.

Cristina (mirando el plato con las cáscaras y el cuchillo manchados de sangre): ¿Qué le pasó?

Martha (sentándose en el taburete del piano, de espaldas al teclado): Anoche soñé que alguien tocaba el timbre y me hice tanto la cabeza que terminé cortándome un dedo. A propósito.

Cristina: ¿Y qué va a hacer con el concierto de Buenos Aires?

Martha: Me olvidé que era el otro domingo. Pero lo más seguro es que cicatrice.

Cristina: ¿Y ayer su madre cómo lo tomó?

Martha: Ah. Me dijo lo más pancha que me desinfectara bien y además le encantó la noticia, porque el concierto era a la misma hora que el desfile de Giordano. Ella prefiere eso.

Cristina (vichándole la venda a la muchacha): Y hoy en la tele son capaces de bobear con que la Forlán se lastimó en la práctica. ¿Cómo se llama lo que iba a tocar?

Martha: El Concierto Nro 21 para piano y orquesta de Mozart.

Cristina: ¿Sabe que ayer no me animé a decirle que cada vez que toca la parte lenta siento que mi hija está viva? Es divino.

Suena el timbre y Cristina sale corriendo a atender mientras Martha estira la mano sana para acariciar el teclado.

Escena 5

Cristina: Y cuando el tipo me dijo que venían desde el Conrad para asegurarse de que no le había pasado nada yo casi me desmayo. Pero después que le expliqué lo del dedo me pidió que la dejara descansar tranquila. Ahora se iba a buscar a su representante al aeropuerto.

Martha: Pero yo le mandé un mail, carajo.

Cristina: Dijo que no recibieron nada. Y que la llamaron por teléfono todo el día y al final se asustaron.

Martha: Se ve que el director de la orquesta ni se comunicó con ellos. Y lo increíble es que yo me corté pensando que iban a venir a buscarme para ver si era verdad lo de la lastimadura.

Cristina: ¿Cómo iban a hacer eso, muchacha?

Martha: ¿Quiere que toque la melodía del Andante?

Cristina: Por favor.

Martha (después de tocar las primeras notas con la mano derecha): Pa. Lo del sueño fue rarísimo. Fue como si hubiese mandado un mail al otro mundo y me lo contestaran.

Cristina (mientras le alcanza un mate sonriendo): Disculpe que me meta, pero a mí me parece que Mozart la quiere.

lunes

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


LA TOLERANCIA

Rosario Lucero

Escena 1

Un tren en marcha y dos pasajeros sentados juntos.

Pasajero 1 (Rómulo) al Pasajero 2: Son cómodos estos asientos.

Pasajero 3 (Fredery) irrumpiendo por el pasillo: Disculpeeee…

Rómulo (al Pasajero 2, mientras se frunce con desagrado por el amaneramiento grotescamente afeminado de Fredery): Por fin AFE se decidió a invertir en la comodidad del usuario.

Fredery (acomodándosele al lado y dejando al descubierto un pañuelo muy glamoroso): Ay síííí, ni me había dado cuenta. Son reeeecómodos.

Rómulo (sin dejar de fruncir la nariz): Ahá.

Fredery: ¿Viaja muy lejos?

Rómulo (sin mirarlo): No. Voy hasta acá cerca.

Fredery (palmeándole la pierna): Bueno, hombre, yo también voy hasta donde me lleve la vida.

Rómulo (levantándose): ¿Me permite pasar?

Escena 2

Cuando Rómulo vuelve al asiento Fredery le saca una foto.

Rómulo: ¿Pero qué esta haciendo? Eso no se lo permito.

Fredery: Vamos, hombre. Ahora sáqueme una usted y las guardamos de recuerdo.

Rómulo (sentándose con brusquedad): ¿Pero qué dice? Si somos dos desconocidos.

Fredery (tendiéndole la mano). Ay, tiene razón. Mucho gusto: yo soy Fredery Kanguro.

Rómulo (baja la cabeza y se tapa la boca con las dos manos mientras murmura para sí mismo): ¿Cómo hago para viajar dos horas más así?

Fredery: ¿Y usted cómo se llama?

Rómulo: Rómulo Corazón.

Fredery (aplaudiendo): CORAZÓOON. Quién lo iba a decir!!!!

Rómulo (casi gritando): Un momento. ¿Decir qué?

Fredery: Ay, qué pena. Tan buen mozo y tan bronceado y con ese mal humor.

Rómulo: No se confunda, cálmese. Tenga respeto.

Fredery: ¿Pero a usted le parece que se lo estoy faltando? Fui gentil, nomás.

Rómulo: Basta, hombre. Terminelá.

Escena 3

Fredery (sacando un refresco del bolso): Cada vez hace más calor. ¿Le apetece?

Rómulo: NO, NO QUIERO NADAAAA.

Una voz de mujer (en la otra punta del vagón): Rómulo! Rómulo, ¿sos vos?

Fredery: ¿Por qué me gritás así, Romu Corazón?

Rómulo: Creo que acabo de escuchar a Doroty, mi ex. PERDONE.

Doroty (acercándoseles por el pasillo): AMOR, PERO SI YA TE PERDONÉ.

Rómulo (le murmura a Fredery mientras Doroty se va abriendo paso entre la gente que va parada): Dos años de novios. No me deja respirar, es vegetariana y para colmo no le gusta el fútbol.

Fredery: No entiendo nadaaa.

Rómulo: ¿Qué es lo que no entiende? Que mi ex-novia acaba de subir justo a nuestro vagón.

Fredery (dándose vuelta y viendo llegar a Doroty): AY, MAMACITA!!!! JUSTO EN NUESTRO VAGÓN!!!!

Rómulo: Baje la voz, por favor.

Fredery: Confiá mí, que en esto tengo mucha experiencia.

Doroty (viendo a Rómulo que se agarra la cabeza como si estuviera esperando una explosión): Rómulo, ¿qué te pasa?

Fredery: Corazón, estoy mareada.

Rómulo (sin prestarle atención a Doroty): ¿Qué te pasa, Fredy?

Fredery: Me bajó la presión. Ne-ce-cito-un-dul-ce.

Doroty: Rómulo, ¿y quién es éste?

Rómulo (después de revisarse nerviosamente los bolsillos): Tomá un caramelo, Fredy.

Doroty: Estoy esperando que me contestes, Rómulo.

Fredery: Ay, qué rico, es de miel.

Romúlo (a Doroty): ¿NO VES QUE ES UN PASAJERO?

Fredery: Siempre sabés mis gustos, picarón!

Rómulo (a Fredery): ¿Te sentís mejor?

Fredery: Ay, sí, estoy mejorcito.

Doroty: CORAZÓN, ¿EN DÓNDE CONOCISTE ESTA COSA?

Fredery (a Doroty): Un momentito, no ofendas. Me llamo Fredery y soy un amigo muuuy íntimo de Romulín.

Doroty: AHORA ENTIENDO CUÁL ERA EL OXÍGENO QUE NECESITABAS CON URGENCIA!!!! HASTA NUNCA, ROMULÍN!!!!

Rómulo no dice nada. Corte.

Fredery (después que Doroty desaparece): ¿Ahora no me aceptás un poco de naranjita?

Rómulo (después de empinar la botella): Ah, qué alivio.

Escena 4

Rómulo y Fredery bajan juntos del tren.

Rómulo (tendiéndole la mano a Fredery): Muchas gracias, Fredery Kanguro.

Fredery: De nada, hombre. Me agradó tu compañía.

Se dan la mano y cada uno se va por su lado.

Fredery (murmura riéndose solo mientras se aleja): Y yo era el desconocido.

De golpe escucha a Rómulo llamándolo a gritos y se da vuelta.

Fredery (tanteando su bolso): ¿Me habré olvidado de algo?

Rómulo (cuando lo alcanza): SAQUÉMONOS UNA FOTO JUNTOS, AMIGO.

Fredery: Bueno, ya que la vida nos trajo hasta aquí.

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


UN DOMINGO EN LA PENSIÓN

Lilian Silva

Escena 1

Patio de la casa de inquilinato. Aljibe, parra, algunos pensionistas en la escena.

Rodolfo: Es domingo, día difícil de sortear, como decía García Márquez en El coronel no tiene quien le escriba.

Antonio (Tano): ¿Ma porqué, día difícile de sorteare?

Rodolfo: Y… Tano, no ves, cada uno de nosotros en solitario, tratando de juntarnos para darnos calor.

Tano: Sabé… el domingo è fatto per descansare.

Rodolfo: Sí, pero cuando se descansa… se piensa… en lo que pudo ser, en lo que no se hizo para que pudiera ser, en la suerte, qué sé yo.

Tano: Non esté triste. Ahora porto la vitrola e balliamo…

Rodolfo: Yo, yo soy un poeta frustrado… Por ejemplo, ¿sabés qué le diría a la Margarita? Vos, Margarita, sos el hilo blanco del oscuro telar…

Tano: Qué romántico. Yo alla mía le diría: andiamo a mangiare pasta con pesto, Carmelina?

Rodolfo: Y vos, Fabián, ¿qué le dirías a la muchacha que más te gusta?

Fabián (haciendo un gesto de penetración fálica con un puño): ¿Yo? Flaca, qué buena que estás.

Tano: Ma, ¿cóme dice questa cosa? Ma tú no tienes vergoña, debi sere piú delicado.

Escena 2

Aparece una carta sostenida por dos manos de mujer y una voz de hombre diciendo:

Margarita: cuando recibas esta carta ya no estaré en el mundo. Por lo que sufrí al perderte desde el accidente de Felipe, he caído tan hondo, que no puedo soportar el peso de mi conciencia y la angustia de no tenerte. Me acuerdo cuando nos encontramos por primera vez, tú ibas con tu madre, giraste la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. Ahí supe que eras la elegida para toda la vida.

Escena 3

Aparece Margarita, el Tano trae la vitrola y también se acerca Carmela.

Rodolfo: Pero qué linda se me ha puesto Margarita, más linda que la flor que lleva su nombre.

Margarita: Ay… No me diga esas cosas que me pongo colorada.

Rodolfo: Colorada vas a quedar después que nos bailemos unos tangachos, Margarita. A ver, Tano, poneme un tango.

Se escuchan los acordes de La cumparsita.

Margarita: Pero Rodolfo… ¿a usted no le dolía una pierna?

Rodolfo: Sí… Me dolía… Pasado. Ya no me duele más. Pensar, Tano, que el nombre de ese tango quedó por un paisano tuyo, que como no sabía pronunciar bien dijo cumparsita en lugar de comparsita

Tano: Ma esa letra é tristísima.

Rodolfo: Sí. En torno de aquel ser enfermo / que pronto ha de morir de pena.

Carmela (llamando aparte al Tano): No era el momento para acordarse de esa letra tan fúnebre, viejo.

Rodolfo: Y así quedó, La cumparsita. Venga, Margarita. ¿Se acuerda del básico?

La pareja se desliza por el patio danzando el 1, 2, 3, 4, 5, cruce, 6, 7 y 8.

Escena 4

Sigue la carta (sobre una transparencia de Margarita bailando):

Terminada mi relación con María Rosa comencé a esperarte todas las tardes, cuando volvías de la tienda. Un día me acerqué, nos sonreímos, tus oscuros ojos me hablaron… y ya no nos separamos más. Fueron ocho años de felicidad, de amor, de ganas de estar juntos. Después me perdí sin darme cuenta. Una copa de alcohol trajo la otra, y fui deshaciendo nuestro futuro. Me lo advertiste tantas veces.

Escena 5

Carmela: Bueno, el tango será fúnebre pero te stanca meno que la tarantela.

Rodolfo: Mirá a la Marguerita, está mejor, molto mejore. Han pasado algunos meses…

Carmela: Sí, qué horrible. Era tan chiquito, y qué pegado a sua mamma.

Javier (dando pasos de cumbia): Yo quiero una cumbia villera bien relajadita, bien groncha, pa chaparse una buena cachondez.

Tano: ¿Ma ché te credi ché é questa pista de ballo? Balli tu cumbia in otro lado.

Javier: Ufa!!! Tano, no te pongas denso, tengo que practicar para ganar con las minas.

Tano (murmurándole aparte a Carmela): Gracia a Dios il maritto de Marguerita non ha vuelto, ella nunca se lo va a perdonar.

Carmela: Mirá cómo se divierte con Rodolfo. Meno male.

Llega Geannina, meneándose provocativamente.

Geannina: Mamma… ¿Te gusta mi nuevo look? ¿No enloquezco a cualquiera?

Carmela: Eeeeh… ¿Cosa ti hai fato? ANTONIOOOO.

Vuelve el Tano.

Geannina: Papi… ¿Estoy bien así? ¿No enloquezco a cualquiera?

Tano: Cosi d’qui, non ti vadi.

Geannina (dando pataditas en el piso): Pero papi…

Tano: No… no… e no…

Aparece Javier.

Javier: Opi… Geani… ¿El bombón que estoy viendo sos vos?

Geannina (balanceándose y tironeándose la minifalda): ¿Te gusta, Javi?

Javier: Ahora lo que nos faltaría es una caja de vino y se pone salado.

Tano: Buono, Buono, tu alla tua pieza, Geaninna. E tû alla tu cumbia, Javiere. Al amor hay que cuidarlo.

Escena 6


Sigue la carta (sobre una transparencia de Margarita llorando):

Lo de Felipe fue mi absoluta responsabilidad. Si yo hubiera estado sobrio el niño no se hubiera acercado al aljibe. Ahora me doy cuenta que se quiso mirar en el espejo del agua para no seguir viendo la suciedad del padre.

Escena 7

Golpean las manos y aparece un policía en el patio de la pensión.

Policía: ¿Aquí vive Margarita Luzardo de Morales?

Margarita (acercándose asustada): Sí, soy yo.

Policía: Señora, vengo a comunicarle que se ha encontrado el cuerpo sin vida de Enrique Morales. Tiene que acompañarme. Entre sus pertenencias encontramos una carta cerrada para usted.

Margarita se agarra la cara sin hablar.

Escena 7

Sigue la carta:

Ahora me voy, mi amor. Ojalá puedas perdonarme y encuentres otro amor. Yo te queriendo en este mundo y te seguiré queriendo siempre. Adonde vaya.

Margarita termina de leer la carta y se persigna.

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY

EL AMOR, LA TRAICIÓN Y LA MADRIGUERA

Micaela Acosta

Escena 1

Gabriel y Celina en una habitación pequeña, con una ventana cerrada y varios cuadros. Los dos rondan los treinta y pico, y se miran sentados en esquinas opuestas. Gabriel, de aspecto bondadoso, cabello negro y camisa a rayas por fuera del pantalón, tiene una Biblia apoyada sobre el pecho, a la altura del corazón. Celina tiene un humilde aspecto rural.

Gabriel: ¿Me extrañás?

Celina: Cada instante.

Gabriel: Yo nunca te engañé (lee contemplándola con dulce profundidad): El amor es sufrido y bondadoso, el amor no es celoso, no se beneficia a sí mismo, no se aburre, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado, no lleva cuenta del daño hecho, no se alegra por la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. Corintios, 13.

Celina (encorvándose con una mirada invadida por un odio lloroso hasta que recupera la tranquilidad): Después de que nuestro Padre Celestial unió a Adán y a Eva en matrimonio, les mandó que tuvieran hijos. Génesis 1, 28. Consuelo te podía dar una familia completa. Y yo no.

Escena 2

Celina y Penélope, una niña de unos 10 años que está sentada en una tercera esquina de la habitación, completamente mojada. Tiene caído sobre el rostro el cabello largo y peinado con raya al medio, ojos grandes y una pañoleta celeste en el cuello.

Penélope: Yo nunca vi los conejos.

Celina: Es que nunca estuvieron allí.

Penélope (frotándose las manos): Ah! Claro... Tengo frío.

Celina: Lo siento.

Penélope: Me gustaba mucho cuando vos y mamá cantaban mientras tendían la ropa. ¿Por qué dejaste de ir a casa? También me gustaba cuando hacíamos ropa para mis muñecas.

Celina: A mí también me gustaba. Pero a veces las cosas cambian. Los adultos somos así, cambiamos.

Penélope: Yo no voy cambiar nunca.

Celina: Perdoname.

Penélope: No llores, está bien. Mi mamá te quería mucho. Estaban preparando algo lindo con Gabriel.

Celina (con la mirada fría y hablándole a la nada): Sí, su nueva familia.

Penélope: ¿Eh? Ellos te estaban preparando una sorpresa que te iba a gustar mucho.

Celina: ¿De qué hablás?

Penélope: A mí siempre me gustaron los conejos. Por eso te fui a ver.

Escena 3

Celina
y Consuelo, una mujer treintona que está parada en la misma esquina donde un momento antes se sentó Penélope. Tiene cabello castaño y la ropa llena de tierra.

Consuelo: Él nunca hablaba de otra cosa que no fueras vos: tus ojos, tus mejillas, tus sueños. De ustedes juntos. Su familia eras vos.

Celina: ¿Yo? ¿Con ustedes paseando a cada rato por ahí? La María me contaba cómo iban y venían, juntitos, tramando algo. Y yo me fui volviendo la guampuda del pueblo.

Consuelo: Mirá que cuando perdiste a Melisa lloré durante días. La lloré igual que a mi marido: fue como si me arrancaran el brazo que me quedaba.

Celina (mirándola fijamente): Pensar que ahora Melisa podría estar jugando con Penélope.

Consuelo: Y todos estaríamos bien.

Celina: Pero la traición fue insoportable.

Consuelo: ¿Qué traición? Vos no sabés lo que habíamos planeado para esa tarde.

Celina: No inventes, no te creo nada.

Escena 4

Celina y Gabriel, sentados como en la primera escena.

Gabriel: ¿Qué te pasó?

Celina: Me enloquecí de amor.

Gabriel le extiende una mano pero ella la rechaza.

Celina (tapándose los oídos con las manos): Ya no quiero escuchar más. ANDATE Y LLEVÁTELAS, no las quiero escuchar ni VER MÁS!

Gabriel: No te asustes, te perdonamos.

Escena 5

Celina en el jardín de una casita alejada del pueblo, espiando por la ventana principal. Gabriel, Consuelo y Penélope se ríen y conversan entusiasmados alrededor de una mesa. Al rato Consuelo se para y vuelve con una torta de cumpleaños: Gabriel le coloca abajo un sobre envuelto en nylon rosa viejo y Penélope le pone de adorno una estatuilla con forma de conejo. Consuelo guarda la torta en la heladera.

Escena 6

Celina
(recuperando cierta calma): ¿Cómo no iba a enloquecerme viéndote ahí tan feliz, con tu “nueva familia”, y encima preparando todo para festejarle el cumpleaños a Penélope?

Gabriel: Yo pensaba en Melisa.

Celina: Los que mueren al nacer no tienen cumpleaños.

Gabriel: En el sobre te escribí que estábamos festejando el nacimiento de nuestra segunda oportunidad.

Escena 7

Mañana del día del cumpleaños de Penélope. Celina la cruza a la calle simulando un encuentro casual.

Celina: ¡Felíz cumpleaños, hermosa!

Penélope: ¡Gracias, Celina! Esta tarde tenés que venir a casa porque te preparamos una sorpresa.

Celina: Claro que voy. Pero yo antes tengo una sorpresa para vos. Sabés que pasando el portón de los Hernández, cerca del galpón abandonado el que está al lado del río, acabo de ver una madriguera llena de conejitos bebés!

Penélope: ¿En seriooo?

Celina: En serio. Si querés nos encontramos en el galpón dentro de una hora.

Penélope: Bueno… es que mamá me espera porque tengo que comprar algunas cosas para mi cumple.

Celina: Entonces apurate. Dale, comprá las cosas y nos encontramos allá. Pero no le digas a tu mamá así le llevamos un conejito. ¿Ta?

Penélope (abrazando a Celina): ¡Ta! ¡Me gustan mucho los conejitos! Y es mi cumple! Te quiero, tía Celina.

Celina: Y yo a vos, corazón.

Escena 8

Celina en el galpón, viendo llegar a Penélope. La mujer tiene envuelta en su mano una pañoleta celeste.

Penélope: ¿Dónde están?

Celina (le pone la mano en la espalda y caminan): Por acá, vamos.

Penélope: ¿Cuántos son? ¿De qué colores?

Celina: Son muchos y de varios colores. ¿Sabés que yo ahora podría tener una hija de tu edad?

Penélope (sin entender el comentario y deteniéndose de golpe): Y yo un padre de la edad de tu esposo. No veo la madriguera, tía.

Celina: Con tu mamá quieren mucho a Gabriel, ¿no?

Penélope comienza a asustarse mientras Celina desenreda la pañoleta con la mirada ida. Después se abalanza sobre la niña y la estrangula con firmeza, superando toda resistencia y cayendo junto con ella. La observa agonizar con frialdad y se levanta. Trae del galpón una carretilla vieja, carga a Penélope hasta el río, le ata una piedra al cuerpito y se adentra con ella para que se la lleve la corriente.

Escena 9

Celina, mojada, se aproxima a la casa de Consuelo. Al llegar a la casa ve por la ventana trasera a Consuelo y entra a la casa por la puerta de la cocina.

Consuelo (sonriendo): Ay, qué susto que me diste!

Celina (con la mirada extraviada): No quise hacerlo.

Consuelo: ¿Por qué estás toda mojada?

Celina: Por el río, Penélope.

Consuelo: ¿De que hablás? ¿Penélope está en el río? Me asustás, Celina.

Celina (agarrando una cuchilla que está en la mesada): ¿Cómo pudiste traicionarme?? VOS, MI AMIGA.

Consuelo: ¿Pero qué pasa? ¿Dónde está Penélope!?

Al darse vuelta para huir Celina la apuñala dos veces por la espalda y Consuelo cae al piso, quedando inmóvil enseguida. Celina apaga el horno de la cocina.

Secuencia de escenas: Celina profundizando un pozo que hay en el fondo, enterrando a Consuelo, limpiando la casa y yéndose.

Escena 10

Celina llega a su casa con la cuchilla, donde Gabriel está reparando una silla de espaldas a la puerta. La mira y le sonríe al escuchar la puerta y verla entrar.

Celina: Te amo.

Gabriel (acercándose sonriente): Y yo a vos.

Celina saca la cuchilla que llevaba cubierta por la ropa y la clava en el corazón. Él logra mirarla un segundo antes de apagarse y cae.

Anuncio en pantalla: 24 HORAS DESPUÉS.

Celina con la cabeza de Gabriel sobre su regazo y una Biblia en la mano.

Escena 10

Penélope, Gabriel y Celina en las esquinas de la habitación y Consuelo parada al lado de Penélope.

Gabriel: ¿Sabés lo que había en el sobre? Un regalo para nosotros. Una oportunidad.

Celina: ¿Qué me querés decir?

Gabriel: La prima de Ramón, mi jefe, la doctora, comenzó a practicar un tratamiento de fertilidad en Montevideo y entre Consuelo y Ramón nos prestaban la plata.

Celina: ¿Te parece que hubiera tenido chance a los treinta y cuatro años? Llevábamos diez intentándolo.

Gabriel: July dijo que sí, que ya no es como antes y que estaba practicando algo muy innovador... Pero ahora ya no hay chance.

Penélope (levantándose para abrazar a su madre y dejando al descubierto la marca del estrangulamiento): Por eso puse un conejito en la torta, para que después vinieran muchos más, como pasa en las madrigueras.

Celina (agarrándose la cabeza para recostarse contra la pared): ¿Y por qué no me dijeron nada?

Gabriel (bajando la Biblia y dejando al descubierto la herida que tiene a la altura del corazón): Era algo que tenía que llegarte como una sorpresa del cielo, mi amor. ¿Te pensás que no te escuchaba llorar cuando rezabas el salmo de madrugada?

Celina: Don de Dios son los hijos; es merced suya el fruto del vientre. Me faltó fe.

Penélope: Yo no voy a cambiar nunca. ¿Verdad, mamá?

Celina se despierta en el suelo de la pequeña habitación, que es su celda carcelaria, con una carta envuelta en un nylon rosa viejo entre las manos. Los muertos ya no la acompañan.

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


LA CULPA ES DEL ESPEJISMO

Lucy Muela

Escena 1

Cafetería de la ciudad. Helena sentada en una mesa lee un libro mientras toma café y mira su reloj a cada momento. De repente llega Ignacio, sonriendo con displicencia.

Ignacio (dándole un beso): ¿Cómo estás, mi amor? ¿Llegué muy tarde?

Helena (cerrando el libro): Quedamos a las cinco y son las seis menos veinte. Si no llegabas en diez minutos me iba.

Ignacio: Bueno, no te enojes. Agradecé que vine. ¿Te pasa algo?

Helena: Pasa que me cansé. No te aguanto más, Nacho.

Ignacio (agarrándole el brazo): ¿Vos estás con otro, hija de puta?

Helena: ¿Ves cómo me tratás, malcriadito de mierda? Vos te creés que sos el hombre perfecto para cualquier mujer pero conmigo se acabó.

Ignacio: ¿Y a quién vas a encontrar que te adore más que yo?

Helena: Yo no soy una tapa de revista.

Ignacio: Pero te vino bárbaro tenerme en tu colección de macacos. Fui el macaco number one, ¿no es cierto? Plata y facha. Salado.

Helena: Salado fue el aborto.

Ignacio: La que pidió para sacárselo fuiste vos. Dijiste que te querías sacar esa mierda de adentro.

Helena (llorando): Porque vos no lo querías. Un ego como el tuyo no puede querer a nadie. Adoran tapas de revistas. Nada más. ¿Sabés lo que soñé? Que eras un maniquí lleno de mierda, Nacho.

Ignacio (parándose para irse): Ta. Ahora piraste mal.

Helena: Borrate, nene fashion.


Escena 2

Mario en la puerta de su cuarto vigilando cada movimiento de Julia, que saca ropa del armario.

Julia (metiendo ropa en un bolso que hay arriba de la cama): En unos días va a venir Isabel a llevarse las otras cosas.

Mario: Igual estás a tiempo de arrepentirte.

Julia (agarrando el bolso para salir de la habitación): No lo hagas más difícil, Mario.

Mario (siguiendo a Julia): Es que no quiero que te vayas.

Julia (cortándolo): Esto ya no tiene vuelta atrás.

Mario: No tenés que recordármelo a cada momento!!

Julia (agarrando unos adornos del mueble que esté en la sala): Entonces no insistas.

Mario: Cuando nos casamos dijiste que me ibas a adorar para siempre. Eso te lo puedo recordar yo a vos.

Julia (agarrando un portarretratos que tiene la foto de los dos): Pero no le prestaste atención a tu princesa. Hace años que para vos yo no existo. Ahora es tarde.

Mario (sacándole el portarretratos): No!! Esto no te lo lleves.

Julia: A vos lo único que te importa es no estar solo, Mario.

Mario: No quiero que te vayas!

Julia (gritando): La culpa es tuya, carajo. Entendé la realidad de una vez.

Mario (gritando): Entonces yo tengo la culpa de que vos te vayas con otro hombre.

Julia (llorando): Sí. Porque hace años que ya no sé quién sos. ¿Entendés? Yo lo único que siento es a un fantasma que me da un beso al irse o al llegar a casa por obligación, nomás.

Mario: Basta, Julia. Basta!!

Julia: Ojalá que te animes a mostrarle a alguien qué carajo sentís antes de que te quedes solo el resto de tu vida.

Julia agarra el bolso y se va. Mario camina por la sala y de golpe va hasta el mueble para arrastrar las cosas y tirarlas al suelo. Lo único que queda en su lugar es el portarretratos con la foto de él y Julia juntos.

Escena 3

Sala de la casa con el piso lleno de adornos rotos.


Mario (con el portarretratos en la mano): ¿Cuándo dejaste de sentirte Julia Roberts en los brazos de Richard Gere, pretty woman? Y todavía sos vos la que hablás de fantasmas.

Se oye el timbre y Mario coloca el portarretratos arriba del mueble y va abrir la puerta, donde aparece Helena.

Mario (sorprendido): Hoy no tenemos clase. ¿Qué pasó?

Helena (entrando): Nada. Vine a cambiar la hora para el jueves porque me salió un parcial.

Mario: Bueno, dale. A la misma hora pero el jueves.

Helena (haciendo un gesto intrigado): Aquí pasó algo groso.

Mario: Sí. El infierno está encantador esta noche.

Helena (acercándosele): Conozco esos ojos, profe. Ya está, dejala ir. ¿Por qué no te la jugás de una vez?

Mario: No sé de qué me hablás.

Helena: Te estoy hablando de lo que nos pasa a nosotros dos.

Mario: No entiendo.

Helena (dando un golpe fuerte en la mesa y casi gritando): Claro que me entendés! Hace tiempo que ya no me mirás como a una nena!

Mario: Pero si te llevo veinticinco años, Helena! Podés ser mi hija!

Helena: Pero no soy tu hija. Ni te veo como a un príncipe azul que me va a salvar la vida. A lo mejor fue eso lo que le pasó a tu mujer. ¿No se te ocurrió pensarlo?

Mario: Prefiero no hablar de ella.

Helena: Entonces hablá de mí! Yo te quiero de verdad! Me pudrí de los macacos que me miran igual que si fuera un espejismo!

Mario: ¿Y cómo no te van a mirar así?

Helena: Pero no soy un espejismo, Mario. Mirá.

Le agarra la mano para metérsela adentro del escote y él la saca enseguida.

Mario: Estoy deshecho, Helena.

Helena (pateando las cosas rotas que hay en el piso y agarrando el portarretratos del mueble): ¿Y yo cómo te creés que estoy? A vos te encanta sufrir. ¿No? Rompé esta pesadilla y chau.

Mario: No puedo. Es lo único que me quedó después de veinte años.

Helena: ¿Ah, no? Entonces yo te ayudo.

Y hace pedazos el portarretratos contra el piso.

Helena (agarrándole la cara): ¿Sabes cómo se hace para saber cuándo querés de verdad? Así.

Mario se deja besar sorprendido, pero después responde y la abraza hasta que ella lo suelta y se va sonriendo. Después de unos segundos él se toca los labios y también sonríe.


Escena 4

Helena y Mario desnudos en una cama, abrazados.


Mario (besándole la frente): ¿Y así desnudo te sigo gustando igual?

Helena (acariciándole el pecho y riéndose fuerte): Sí, pero mucho más. ¿Sabés lo que pasó?

Mario: Se acabó la película.

Helena: Sí. Ya no hay más espejismos.

GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


TE TOCA LLORAR

Diego Abelenda

Escena 1

Living de una casa, una mujer y un muchacho hablando en voz baja.

Madre: No te preocupes, vas a tener todo nuestro apoyo.

Hijo (dándole un abrazo): Gracias, mamá.

Padre (acercándose a ellos y aplaudiendo): Bravo. ¡Qué artista que sos! Cómo ablandás a tu madre ¡Siempre hacés lo mismo!

Hijo: Hola, ¿no? Podrías saludar. ¿Por qué me decís que siempre hago lo mismo?

Padre: ¡Y...! Cuando no tenés plata siempre venís a pedir.

Hijo: Yo no vine a pedir plata.

Padre: ¿Qué te crees? ¿Que soy tarado?

Hijo: No. Vine a hablar con mamá de otra cosa.

Padre: ¿Te creés que no sé que tu madre a escondidas mías te sigue dando plata, después de la última tremenda cagada que te mandaste? Cuando te dijimos BASTA.

Madre: Viejo... no es tan así.

Padre: ¡Todavía lo defendés!

Madre: ¿Y qué querés que haga?

Padre: Es FLOR DE PELOTUDO. ¿Hasta cuándo vamos a seguir tapándole los agujeros y las cagadas?

Madre e Hijo se quedan en silencio.

Padre: ¡A ver! ¡¿Qué tiene que pagar ahora?! Los intereses usureros de las tarjetas, las cuotas de otro auto o... EL ABORTO de la mina de turno... ¿Qué mierda más?

Madre: Por favor, ¡CARLOS!

Padre: ¡Te me vas de acá! No vengas a jodernos más.

Hijo: ¿Me vas a echar?

Padre: Tengo la autoridad para hacerlo.

Hijo: Mirá que ya no tengo diez años y no estás en la comisaría.

Padre: ¿Me estás desafiando?

Hijo: Sí, te desafío. ¡¿Y qué?! Vos siempre el mismo milico cagón que se desquita con la familia.

Padre (llevándose la mano derecha debajo del saco): ¿A quién llamás milico cagón?

Hijo: Sí, sacá el revólver, sacalo.

Madre (yendo rápido hacia su esposo): ¡Pará, viejo! ¿Qué hacés?

Hijo: Dejalo, dejalo... si es muy macho.

Padre (con el revólver en la mano): Vení, vení.

Hijo: A ver qué macho que sos, todo lo arreglás a la fuerza. Laputamadrequeteparió.

Madre: ¡Viejo, por Dios! Guardá ese revólver que va a pasar una desgracia.

Padre: ¡La desgracia fue el momento que nació éste!

Madre: Calmate, viejo.

Padre: No, no me voy a calmar. Andate, Pablo. O te cago a tiros.

Hijo: Dale tirá, así terminás de una vez con tu desgracia. No tengo nada que perder.

Madre: No digas eso, Pablo.

Escena 2

El Padre entra al dormitorio y encuentra a la mujer sentada en el borde de la cama con una estampita de la Virgen en la mano.

Padre (arrancándole la estampita de las manos): ¡Y vos tirá a la mierda eso! ¿Te creés que hablándole a un pedazo de papel vas a cambiar la situación? Tu hijo ya está podrido.

Madre (pegando un grito y largándose a llorar): ¡NOOOO! ¡Qué hacés! Dejame. Vos no sabés nada.

El Padre rompe la estampita en cuatro.

Padre: ¡¿No sé nada de qué?!

La Madre sigue llorando sin contestarle y se arrodilla en el piso.

Padre: ¡Contestá! ¿De qué no sé nada?

Madre (recogiendo los pedazos de la estampita): No vino a pedir plata.

Padre: ¡¿Ah no?!

Madre: Si lo hubieras escuchado...

Padre: ¿Qué tenía que escuchar? ¿A qué mierda vino entonces?

La madre junta los pedazos de la estampita y las aprieta contra su pecho.

Madre: Vos siempre el mismo. Tiene razón Pablo.

Padre: ¿El mismo qué? ¿Si no vino por guita o por una cagada que se mandó a qué vino?

Madre: A decirme que fue al médico por un dolor que tenía y le diagnosticaron cáncer en el hígado.

Escena 3

Amanecer. La madre y el padre de Pablo acostados en su dormitorio.

Padre (se levanta agarrándose retorcidamente el estómago y camina hacia la mesita de luz de su esposa, enciende la lámpara y observa la estampita partida en cuatro): El que está así soy yo.

Madre: Apagame la luz, por favor.

Padre: No entiendo cómo podés hablarle con tanto amor a un pedazo de papel y a mí no.


GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY

UN BAÑO DE FE

Maximiliano Bianchi

Escena 1

Una pareja se viste para ir a un casamiento.

Él: Si seguís demorando nos vamos a perder la entrada.

Ella: No te preocupes, los casamientos siempre se atrasan. ¿Cómo me queda este vestido?

Él: Precioso.

Ella: Si ni me mirastes.

Él: A vos todo te queda bien, mi amor.

Ella: ¿Qué fácil la salvás, ¿eh? Carajo, ¿por qué será que no puedo terminar de perder esta panza?

Él: Yo perdí el alma con ese embarazo.

Ella: Perdoname, mi amor.

Él: Dale, no pasa nada. Pero vámonos, por favor.

Ella (abrazándolo): No fue culpa de nadie, las cosas pasan por algo.

Él: Vamonós y cambiemos de tema, ¿okey?

Ella: Okey. ¿Así estoy bien?


Escena 2

Vuelven de la fiesta en el auto, de madrugada. Él está medio borracho y ella contenta.

Ella: Pasamos lindo, ¿no?

Él: Sí, nos hizo bien salir.

Ella: Hacía dos años que no salíamos.

Él: ¿Vas a seguir sacando el mismo tema?

Ella (acariciándolo): Lo tenemos que superar, mi amor. Nadie tiene la culpa. Cualquiera de los dos hubiéramos dado la vida por tenerlo.
Él: ¿Podés callarte?

Ella (besándole el cuello y tocándolo un poco): No te pongas loquito porque yo te amanso enseguida.

Él: Todo bien. Pero no me hables más del parto.

Ella: Ta. Tema terminado.

Escena 3

Llegan a la casa. Él ya está acostado y ella pasea en ropa interior.

Él (riéndose): Bueno, entonces hoy me toca, ¿no?

Ella (riéndose): Lo del auto fue un chantaje. Estoy cansada.

Él: Dale, amorcito. Uno rapidito nomás.

Ella: Estoy cansada, te dije. Dejate de joder.

Él: Pero yo en este estado no puedo dar mucho. Es uno rapidito.

Ella (enojándose más): ¿Qué parte no entendiste de que estoy muy cansada?

Él (subiendo el tono): Lástima que no te canses de seguir usando siempre la misma ropa interior.

Ella: ¿Qué decís?

Él: Hace mil años que te ponés esos culotes horribles que usaba mi abuela.

Ella: Pero qué decís.

Él: Parece que te hubieras olvidado de que lo más grande en la ropa interior tiene que ser la etiqueta. Hace mil años que no veo una etiqueta.

Ella: ¿Y vos qué hablás, estúpido? Mirá que hace dos años que lo que me estás dando no me llena un carajo.

Él: Lo que pasa es que nunca me preguntastes por qué no quise tener más hijos.

Ella: ¿Y para qué? Si me hacés el amor como si estuviera muerta.

Él: El gran arte necesita inspiración.

Ella: El arte necesita del alma. ¿O te pensás que Dante le escribió La divina comedia a una mujer?

Él (burlándose): No me digas que fue a un hombre.

Ella: No. A una niña de nueve años.

Él: Mirá. Era pedófilo, también.

Ella: Sos un estúpido, incrédulo.

Él: Sí. A esta altura de mi vida no creo en nada.

Ella: ¿Ni en el amor? Entonces no te queda ni un gramo de fe.

Él (riéndose): Al amor lo maté, y al infierno ya lo tengo bien ganado.

Ella: Estás borracho, no sabés ni lo que decís. Andá a ducharte con agua fría.

Él: Hace dos años que me vengo duchando con agua fría. Aguantando y aguantando.

Ella: ¿Pero qué hablás? ¿Te drogaste?

Él: Yo me voy. Este calefón ya no tiene más agua caliente, ¿entendés?

Ella: Ah, estás loco.

Él: No, María. Porque cuando te conocí vos eras como un baño de agua caliente en invierno, y después el agua se empieza a enfriar y vas cerrando la canilla del agua fría y manteniendo el placer de sentir el agua tibia y disimulás. Pero de golpe se termina el agua caliente y mirás resignado el calefón porque querías estar un rato más allí. Pero te tenés que ir. Helado.

Ella: Yo salgo siempre antes de que termine el agua caliente.

Él: Yo también hacía lo mismo hasta que te conocí a vos. Y cuando el médico me dijo que tenía que elegir porque se salvaba uno solo te elegí a vos.

Ella: De qué hablás.

Él: Del parto. A vos te anestesiaron porque al nene era casi imposible sacarlo y yo pensé que podíamos tener más hijos pero que vos era una sola. Y no lo dudé.

Ella: ¿Entonces lo mataste vos?

Él (llorando): Tuve que decidirlo en el momento. Y lo peor fue que él no quería irse, porque la peleó y me llegó a enganchar el dedo con el puñito pero al final se fue.

Ella: Lo que no puedo creer es que me lo estés contando recién ahora.

Él: Perdoname, María. Lo hice por nosotros.

Ella (llorando): ¿Y por qué no te arriesgaste a que nos muriéraramos los dos?

Él: No pude. Fue más fuerte que yo.
Ella: Y me lo venís a contar en el peor momento.

Él: ¿Por qué? Aguanté todo el tiempo que pude para contártelo.

Ella: Es que estoy embarazada.

Escena 4

Él va hasta el baño y vuelve a abrazarla.

Él: El agua está divina. ¿Nos duchamos juntos?

Escena 5

Abrazados juntos en la cama después de hacer el amor.

Él: ¿Y cómo le vamos a poner?

Ella: Si es varón, Ángel. Y si es nena Esperanza.

Él (besándole la barriga): Bueno. Ahora necesito darme otra ducha yo solo.


GUIONES ELABORADOS EN LA ESCUELA DE CINEASTAS DEL URUGUAY


ALGO DEBE MORIR

Pablo Cossio

Escena 1

Una pareja en una cama. Ella duerme y él está mirando el techo con la luz de su lado prendida. Ella empieza a jadear entre sueños y le agarra la mano y se la pasa por los senos moviéndose con sensualidad.

Ella: Sí, papito, sí.

Él: ¿Estás despierta, mi vida?

Ella: Sí, qué rico, Antonio, sí.

Él (sacudiéndola para despertarla): Che, despertate. ¿De qué Antonio hablás?

Ella: ¿Qué te pasa. Me sacaste de un sueño. ¿Qué querés?

Él: ¿Qué estabas soñando? Jadeabas.

Ella: Nada, mi cosita. Estaba haciendo el amor contigo.

Él: ¿Con quién? Yo no me llamo Antonio.

Ella (sentándose, prendiendo la lamparita y mirándolo fijo): Bueno, sí. Con ése, el hermano de Ana. ¿Cuál es el problema? Fue un sueño.

Él (metiendo con fuerza la mano debajo de la almohada como para agarrar algo): Entonces te calienta ese tipo. Que no es tu marido.

Ella: Sacá la mano de ahí que me ponés nerviosa.

Él: Contestá, carajo.

Ella: Sí. Y me calienta tanto que me acosté con él. ¿Vos no me dijiste que me podía buscar otro si con vos no me alcanzaba?

Él: Bueno, pero tampoco era para tanto.

Ella: Fue cuando nos peleamos, tontito. Es lícito, ¿no?

Él: ¿Y ni un ratito de luto hiciste? Estuvimos peleados una semana, nada más.

Ella: Y bueno, si vos la mitad de las noches estás destruido. Yo necesito. ¿Por qué no buscás una y quedamos a mano? Bueno, si no podés con una menos a poder con dos. Dejame dormir, ¿querés?

Él: No me tomes el pelo porque te mato.

Ella (acostándose y apagando su lamparita): ¡Qué vas a matar vos! Dejame dormir, impotente.

Escena 2

El hombre en el living con un amigo.

Él: ¿Te das cuenta las cosas que me dijo? Es repugnante.

Teo: Es un momento de bronca, nomás. No debe ser cierto.

Él: Te digo que es cierto. Yo conozco a mi mujer y sé cuando miente para lastimarme y cuando hay verdad. ¿O vos conocés a mi mujer más que yo, también?

Teo: No, loco. Pero lo que pasó no justifica que andes con eso en la campera.

Él (apretando con fuerza el bolsillo interno de la campera a la altura del corazón): ¿Y qué querés que haga? Ya no sé si la tengo que matar a ella, a él o me mato yo.

Teo: No digas pavadas, loco. Si es verdad y te duele tanto la dejás del todo y chau.

Él: Es que yo la amo. Y eso es hasta la muerte. Yo me las voy a cobrar: por lo menos la voy a guampear. Y después lo mato a él.

Teo: ¡Guampeala! Pero no seas tarado, no te vas a comer la cana por una mina. Ni aunque sea tu mujer. No vale la pena.

Él: Un hombre tiene que hacerse valer, aunque sea con la cárcel.

Teo: Pero si ya probaste lo guapo que sos. En el boliche todos te respetan. No jodas.

Él: Pero a ella no le alcanza. No jodas, me voy. Vas a ver como los humillo el sábado en la fiesta de Ana.

Escena 3

El hombre para su auto frente a la casa de masajes. Está todo oscuro. Mira para todos lados y se aprieta la campera en el mismo lugar. Mira la luz verde que se escapa de la puerta entreabierta y aprieta más fuerte la campera. Indeciso, abre la puerta del auto de un tirón y toca timbre. Una mujer vieja y fea aparece en la entrada del local y él se aprieta más la campera.

Mujer (abriendo del todo la puerta para que entre): Acá te vas a sentir de maravilla, nene. Pasá.

Él la miro fijo. De golpe aparece un auto que lo enfoca con las luces largas y él se mete apurado al suyo y se va.

Escena 4

El sábado, en la fiesta de Ana, él está con un vaso de whisky y ella con una Coca Cola. Llega Antonio y saluda a todos. A ellos los saluda con una mirada tímida y se pone a bailar.

Él: Andá, bailá con él.

Ella: No jodas. ¿Qué buscás?

Él (acariciándose el saco a la altura del bolsillo interior): Nada. Quiero que bailes, que te diviertas. Ya que no podés con tu marido.

Ella: Sacá la mano de ahí, dejate de joder con eso. Mirá que no me asustás, nene.

Él (agarrándola del brazo con fuerza y empujándola): Te digo que bailés. Quiero verlos juntos.

Ella: No jodas, impotente. Ta. ¿Querés verme? Bueno, a ver qué machote que sos.

Ella se para frente a Antonio.

Antonio (murmura): ¿Qué hacés, loca? Ahí está tu marido. Te dije que no quiero saber más nada: sabés que yo a él lo aprecio pila.

Ella: Como la otra noche, ¿verdad? Bailá conmigo, dale, que nos vea. No pasa nada: es un jodido de mierda.

Él los mira y se les acerca amasijando el bolsillo cada vez con más furia y mirando fijo a Antonio, que se ve muy nervioso. Ella se da vuelta asustada y tropieza. Él la mira en el piso, mira a Antonio, le palmea la espalda, deja caer el revólver sobre ella y se va.

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