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domingo

OTROS LATIDOS DEL SUR - ANDREA MOREIRA


(revista Blanco móvil / México / 1994)
(para Saúl)
cómo decirte azul en México
que hay aquí otros perros
con la misma voz
con la misma lengua que
a veces
golpea su baba contra la dura baldosa

cómo responder a los ladridos lejanos
si no es en un mismo dialecto
un mismo gemido
una misma nota 
detenida en el espacio del desencuentro
de la lejanía inderrotable

cómo decirte que quedan perros nuevos
de hocicos desgastados
y ávido plumaje
entre nosotros y el ruido de sus tercos ojos
contra la calle

cómo decirte que aúllan también perras
enterradas
sombrías
por sus crías muertas
por su propia sarna aquí
en Montevideo

cómo evitar una cola oreja lengua
triste

entre tanto perro desangrado
perdido
hambriento de luna y miel derramada

cómo explicar amigo en México
que aquí tantos otros perros
aún revuelcan su ronquera
entre mis brazos
todavía entreveran sus pelos como finos cuchillos
en mi espalda enferma
de sed

cómo explicar que somos perros nuevos
entre tanta basura de patas
y pelos desfibrados
entre tantos animales
incrustados
en la boca de todos nosotros perros
de mañana

martes

ANDREA MOREIRA / inédito exclusivo para elMontevideano Laboratorio de Artes


ENTENDER CANSA

Andrea Moreira (Uruguay, 1971) publicó su primer poemario en el volumen colectivo Hijos de nadie, producido por el Taller Literario Universo en 1993. Posteriormente ha publicado Peor para el mar (Grupo Lector Universo, 1995) y actuado en el cortometraje Esto lo aprendí de Onetti (estrenado en el Festival del Cine del Mar, Hotel Conrad, 2009), con guión de Hugo Giovanetti Viola y dirección de Álvaro Moure Clouzet. En 2010 también se desempeñó como guionista y actriz en la Escuela de Cineastas del Uruguay, donde intervino en la realización del cortometraje El pibe que atropellaste. Parte de su producción poética ha sido reditada y premiada en México.


I

Contra la negra pared
donde se  amontonaban las grietas
cada ranura parecía exigir 
que
me hicieras  mujer
y  así 
te penetré las rajas
y rellené los ríos de yeso
que se atravesaban en tu costilla
Oh Dylan, Dylan
“hazme una máscara”

Contra la negra pared
donde se amontonaban los huecos
cada sombra parecía reír
que
te dejara hacerme de barro
y así
te traspasé las comisuras
y  empapé los tallos de arena
que se atravesaban en tu frente
Oh Dylan, Dylan
“hazme una máscara”


II

Sacuden
empapan
taladran
los dedos de una  muerte
vencida.

Si cae derrotada
relame mis vértebras con violencia
y juega entonces a sorprenderme
en un mísero lugar
en un estúpido instante
entre las urnas y escapularios
entre las gárgolas
de mis templos

y  yo me quedo
he decidido quemarme
con esas gotitas blancas
para que me vea feliz
para que deje de empapar
y de empaparme
para hacerle el amor
para que deje de buscar
y de buscarme

Sacude sacude
tiemblan estertores casi blancos
y ahí vienen otra vez
los dedos de luz por las vértebras
contando una por una
salteándose el amor
y el hormigueo de la cara
caminando como un ejército cansado
salteándose
la desesperación

Y yo de espaldas………

y en cada ataque que no acepto
sangran
los ramos de venas de mis oídos
y transpira 
el leve vapor de mis nalgas
y  la seducen aun
los fríos labios de mi sexo
y así la chorreo y la acerco
a mis cruces más negras

¿locura?
¿histeria?

¿Y sabrá la muerte en cada ataque
qué es lo que quiere de mí?

Y yo de espaldas……….

Hoy
me casé con ella
me cansé con ella
y transé con ella
le fruncí las rodillas
le estrangulé el útero
reseco
le hice suaves caricias en el cuello
y lamí su garganta
bajando con mi saliva
como un puño de luz
hasta dónde
hay que esperar
la otra boda divina

Y yo
de espaldas.


III

Aquel  perro
casi cristalino
me cruza corriendo
y yo arrastro los dedos 
por la forma de mi boca
a ver si reconozco
todo lo que he dicho

Aquel  árbol 
casi azulado
me cruza olvidado
y yo enderezo la garganta
por mi vestido agotado
a ver si reconozco
todo lo que he servido

ya no sé respirarme más
no conozco
las blancas palabras
de mañanas sin respuestas
ya no sé envolverme más
no conozco
mi libertad
ni las libertades de mi alma

Aquel hombre
casi sepultado
me cruza eyaculando
y yo recorro mi sexo
por sus labios
a ver si reconozco
todo lo que he mentido

ya no sé pensarme más
ni cómo
no conozco
el negro sonido
de ayeres sin respuestas
ya no sé acariciarme más
no conozco
mi cuerpo
ni quién soy
o si sufro
o si sangro

Aquel niño
casi encontrado
me cruza tarareando
y yo arrastro mi alma
por las formas de su llanto
a ver si reconozco
todo lo que he nacido

ya no sé esperarme más
ni cuándo
no conozco
el gris aleteo
de libertades maniatadas
ni quién soy
o si llego
o si tomo
o si respiro.


IV

Estoy cansada
muy cansada.

Estoy cansada
muy cansada
de no haberme
encontrado a solas
de no reconocerme

Estoy más cansada
de querer valer
de querer valerte
de caminar sobre tu cilindro de luz
y siempre caer en el hueco
negro y frío del  silencio
de tu torre 
de mármoles y banderas

estoy cansada
de escaparme
y que no me busques
y que igual me encuentres
y tener que decirnos
nada
en tu idioma

estoy cansada de ser 
Beatrice
o Marguerite
o Julia
o Karenina
no soy esas
hace tiempo quizás lo fui
ya no

ahora solamente 
estoy cansada
ya aprendí

ahora solamente quiero brillar 
a solas
sin tu máscara

estoy cansada
aprendí
a no esperar
el falo principesco
o
la lucha a muerte del caballero

Estoy cansada
muy cansada
de que me rescates
con tu armadura
ya bajé
los escalones de la vieja torre
estoy acá
ahora
ya entendí.

TRES POEMAS JUVENILES DE ANDREA MOREIRA (1971)


(extraídos de Hijos de nadie 2, suplemento del Taller Literario Universo publicado en el número 2 de la revista Proyección. 1994)
  
(I)
  
A Fernando Bassino
  
y cuando miro este lugar lleno de vidrios
se me hunden los jugos del día
  
tanto me importa verte germinar o pudrir en este
siglo de pájaros
que se suceden como hojas de cipreses hinchados
las palabras
  
cómo dártelas entonces
si la muerte ha clavado en mi ojo triste su polvo
y mis manos en este bar húmedo
sostienen cada hueso de tu cabeza a pasos de un cuchillo
que raspará el aire aprisionado de tu pulmón izquierdo
tan tristemente sin luz
tu garganta
porque en un momento
no sé di doblemente quiero abrazarte
o anestesiar nuestra cópula de cáncer y saliva
mientras mi alma se cose con los hilos que atan
las dos partes de mi pecho
bopsia biopsia biopsia
anatomía
mierda
me sueña entre un sueño de olor nauseabundo
“sule shulé sic hare hare”
necesito mirarte antes que entres despacio
a la carne terriblemente
hundida por las vísceras
para que te haga salir de mí
húmedo
por el vino que adormece tus venas hinchadas
o evitar que tu cuerpo sea blando
en un solo momento siempre
de gusanos
  

(II)
  
ay mi padre!
que ha desgajado mis oídos con sus tercas
palabras
ay sus ojos!
que retuercen mis vísceras estremecidas
por la sombra de los huesos
por las horas
que le quedan a esta casa y su tierra negramente
poblada por negras cabezas
ay sus manos!
que me han señalado como mujer de compañía cambiante
como el verano de una piedra hoja o caldera hirviente
como el viento de una playa traspasada por veleros solitarios
ay su boca!
que ha vomitado
escupido ni lo que ella misma se confiaba en decir
que ha vendido mis piernas y su medio a hombres imaginarios
ay los pobres días de mi padre!
esperando tras las cortinas oscurecidas
del cuarto de sus hijos
ay el sueño de mi padre!
que desesperadamente busca eternidad
entre sus huesos nuevos y oxidados
sus cuidadas aceitunas
ay los pelos de mi padre!
retardados  por excrementos de pájaros
que acuchillan su tarde
ay su noche!
esperándome
maldiciéndome
atravesándome con las pocas palabras que estrujan sus dedos
soportando su propio cadáver
y los poquísimos y amargos minutos que quedaban
tristes
esperando que me vaya
lejos de su aliento
de su sangre pequeñísima
tan herida
tan herida
  
(III)
  
viernes y abre la puerta
un pedazo de hombre
restos de aquella carne mal soñada
me saludan
viernes y no sabe todavía
si rascarse el pie derecho
secarse los labios con la propia lengua
sacarse quizás los lentes desencajados
del mediodía de la cara
apoyarse los dedos en el mes de su propio olvido
  
testigo
de su sonrisa alucinada bajo la gordura de su boca
ha venido a meterla en el sexo de su yegua enferma
hoy era viernes
y no sabe todavía
que el animal lamenta su hermosura
por la espera
por la cópula de los lobos
por el degüello de una gallina en su nido
viernes
y no ha sabido
cómo rehacerle la carne amasijada
cómo darle de su vino y
entreverarle las ancas con sus pelos de comadreja
  
viernes
y la han desmembrado poco a poco
todos los hombres del mundo incrustados
en ese único hombre
que ha vuelto a su tierra


MAÑANA NOS CUELGAN - ANDREA MOREIRA


primera edición WEB


Andrea Moreira (Uruguay, 1971) publicó su primer poemario en el volumen colectivo Hijos de nadie, producido por el Taller Literario Universo y Editorial Fundación en 1993. Posteriormente ha publicado Peor para el mar (Ediciones del Grupo Lector Universo, 1995) y actuado en el cortometraje Esto lo aprendí de Onetti (2009), con guión de Hugo Giovanetti Viola y dirección de Álvaro Moure Clouzet. En 2010 también se desempeñó como guionista y actriz en la Escuela de Cineastas del Uruguay, donde intervino en la realización del cortometraje El pibe que atropellaste. Parte de su producción poética ha sido reditada y premiada en México.


PRIMERA ENTREGA


UNO: muerte de a dos

para Eduardo Etcheverry


1

quemó rosas con mentiras
recogió
lo que quedaba de ellas y con ellas
moldeó
arcilla de diecisiete colores
que luego aplastó con una sonrisa
rompió una luna y fabricó otra luna
que no alumbrará siempre la misma cena
y la locura se mojo con café
y la desesperación con todas las comidas
un gitano cruzó la fragua de mi alma
mi cama se mezcló con el olor de su pielincienso
y lo mataron
diez días después de diecisiete días
la boca pastosa verdeazul
se abrió para tragar
recuerdos que se hundían
y grababan la forma de una rosa azul


2

caigo
y te veo
con la cabeza desnuda
la nariz marchita
tranquilo
triste
sin caderas
sin rodillas
cambio
y te veo
pacífico
lunar
con la desnuda cabeza florecida
llego
te alcanzo
mordido por mañana
con violetas en los ojos
y ramas en las orejas
fumo
y dos veces te veo
pinchado por ayer
con tu máscara azul
cada día más negra


3

están los dos
ahí
en el hoyo

con polvo en las encías
quemando el barro con sus huesos

reventándoles del pecho una blancura

sin saber
sin mejor compañera

que la muerte de a dos


4

en la oscuridad de su piel
cabían pedazos de luna
que arrancaban el amanecer de mis manos

mientras dormía en el brillo de una escalera
y la espuma verde de su cara
mojaba los cipreses que rodeaban la casa

le cabían los días
las tardes

y más amaneceres


5

tal vez ahora
prefiera ese cuerpo desnudo
sin rajaduras
o saber en qué lugar se retuerce
mientras lo espero

igual lo prefiero
así
azul y encorvado
abrazando su vieja espada
sin saber dónde quedan los amantes
después de cuatro inviernos
y dejo movimientos y excitaciones del alma
y dejo de ver mis manos como bandejas
para ahuecarlas y hacer sombreros
tristes
y dejo el olor
y el humo verde de mi cama
y entonces prefiero verlo ahí
sentado en su cubo pizarra
como un perro viejo
con la espalda cada vez más llena de espejos
la mirada que crece y se apoya en el techo
las manos que descansan sobre el acero
y prefiero todavía más
ver cómo revienta el barro de su pecho
y me acaricia
y me entristece como nunca
mientras lo espero


DOS: noctilucas

para Ana, Marcos y Darío


1

Ayer
con fogón y poesía
doblamos el cielo
mordimos lentamente las estrellas
vimos correr el gran cierre
del que caería tabaco
vino
y más estrellas

esperamos poder subir y emborracharnos

mientras llorábamos noctilucas


2

I

si un día cualquiera
alcanzaras a ver la sal
como la vi ayer
goteando plomo fundido
y golpeando sus palmas hasta sumergirse
en el vientre naranja de nuestros soles
ese día
podré ver el acuchillado adorno negro
arrastrándose por el fondo azul
hasta desaparecer


II

entonces
tus dedos me seguirán
abrasando entre tus botellas
bajo un techo de algas
mientras mis peces hacen el amor

y será solamente por ese día


3

cuando cabalgaba entre sus espinas viejas y curvas
llorando por el cuerpo roto de su jinete cobrizo

no sabía

mientras mojaba mis dientes entre sus manos
y vagaba montada en los pliegues de su cordura
lamiendo los cristales amarillos

que yo estaba tan cerca
de sus amaneceres


4

hoy atajo mi alma y la miro
la devuelvo envuelta en hojas
ayer
había más allá de tu tristeza
un jardín de acacias muertas
y más acá de mis sombreros
sombras vivas
el espejo
el reloj
todo volvió a mirarme
hay más allá de tu locura un velero
y más acá de mis caderas un útero vacío
la cocina
el cuarto negro que llegó
todo volvió a mirarnos
hay más allá de tu aliento
un espacio todavía más terrible
que los hombres oscuros que nos miran
y más acá de mi cabeza un pájaro gris
como los ojos de aquel gato
que me miraron siempre
hay más allá de vos
pasos que revientan mis oídos
y más acá de mi espalda
hay espejos duros
que golpean las latas vacías de mi padre
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