domingo

ESTÉTICA DE LA CREACIÓN VERBAL (41) - MIJAIL. BAJTIN



7 / 3) ¿Cómo se representan los objetos del mundo exterior en relación con el héroe en una obra verbal, qué lugar ocupan en ella?

Es posible una doble combinación del mundo con el hombre: desde su interior, como su horizonte, y desde su exterior, como su entorno. Desde mi interior, en el contexto semántico valorativo de mi vida, el objeto se me opone en tanto que objeto de mi orientación vital (ético-cognoscitiva y práctica), porque en este caso representa el momento del acontecimiento único y abierto del ser al que yo pertenezco por estar forzosamente interesado en su desenlace. Desde el interior de mi participación real en el ser, el mundo aparece como el horizonte de mi conciencia en proceso de funcionamiento. Yo sólo puedo orientarme en este mundo como acontecimiento, ordenar su estructura en categoría cognoscitivas, éticas y prácticas (bien, verdad y utilidad práctica), y con ello se determina para mí el aspecto de cada objeto, su tonalidad emocional y volitiva, su importancia. Desde el interior de mi conciencia participante en el ser, el mundo es el objeto del acto, del acto-sentimiento, del acto-pensamiento, del acto-palabra, de la acción; el centro de gravedad se ubica en el futuro deseado y debido y no en la dación autosuficiente del objeto, en su existencia, en su presente, en su totalidad, en su carácter ya realizado. Mi actitud hacia cada objeto del horizonte nunca está concluida sino predeterminada, porque el acontecimiento del ser es abierto en su totalidad; mi situación debe cambiar en todo momento, yo no puedo demorar y tranquilizarme. La contraposición temporal y espacial del objeto es el principio del horizonte; los objetos no me rodean a mí en tanto que a un cuerpo exterior, como una dación existente y valorable, sino que se me oponen como objetos de mi actitud ético-cognoscitiva vital en el acontecimiento abierto y aun arriesgado del ser cuya unidad, sentido y valor aun no están dados sino planteados.

Si nos dirigimos al mundo objetual de una obra literaria, nos convenceremos fácilmente de que su unidad y estructura no son unidad y estructura del horizonte vital del héroe, de que el mismo principio de su ordenación transgrede la conciencia real y posible del mismo héroe. Un paisaje verbal, una descripción del ambiente, una representación de la vida cotidiana, o sea la naturaleza, la ciudad, la cotidianidad, no son momentos del acontecimiento abierto del ser, momentos del horizonte de una conciencia activa de un hombre (que actúa ética y cognoscitivamente). Sin duda, todos los objetos representados en una obra tienen y deben tener una relación básica con el héroe; en caso contrario vienen a ser un hors d’oeuvre; sin embargo, esta relación en su principio estético básico no se da desde la conciencia vital del héroe. El centro de la disposición espacial y de la valoración semántica de los objetos presentados en la obra es el cuerpo y el alma exterior del hombre. Todos los objetos tienen correlación con el aspecto del héroe, con sus fronteras tanto interiores como exteriores (fronteras del cuerpo y del alma).

El mundo objetual dentro de una obra literaria cobra sentido y se correlaciona con el héroe como su entorno. La particularidad del entorno se expresa ante todo en su correspondencia formal externa de carácter plástico-pictórico: en una armonía de colores, líneas, en la simetría y otras combinaciones puramente estéticas, no semánticas. En una obra verbal este aspecto no logra, por supuesto, una perfección externamente visible, pero las equivalencias de las posibles imágenes visuales corresponden en un objeto estético a esta totalidad plástico-pictórica y no semántica de la totalidad (no tocamos aquí la combinación de la pintura, dibujo y plástica). El objeto como combinación de colores, líneas y masas es independiente o influye en nosotros junto con el héroe y a su alrededor, el objeto no se le opone al héroe en su horizonte sino que se percibe como total y puede ser abarcado por todas partes. Está claro que este principio plástico-pictórico de ordenación del mundo objetual externo transgrede de un modo absoluto la conciencia viviente del héroe, porque tanto los colores como las líneas y las masas en su interpretación estética son fronteras extremas del objeto, del cuerpo viviente, en los cuales el objeto está orientado hacia su exterior y existe valorativamente tan sólo en el otro y para el otro, participa de un mundo en que él mismo no existe desde su interior.

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