miércoles

CLARISSA PINKOLA ESTÉS - DESATANDO A LA MUJER FUERTE (34)


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MUCHOS TIPOS DE PRISIONES:
LA MUJER QUE QUEDA AL ÚLTIMO
“NUESTRA SEÑORA
DETRÁS DEL MURO”

Cómo la herida generacional de ser despojados de
la Madre provoca que generaciones subsiguientes
vivan agachadas como si aun los estuvieran
aplastando cuando ahora son, de hecho, libres (4)

La construcción del muro para encarcelar a la gente adentro, y evitar que la gente libre entre (1)


Cuando a la gente se la separa con muros de su libre acceso a sus propias imágenes, ideas y creencias sagradas que las sostienen, y cuando a lo que valoran lo Sagrado se les declara como “equivocados, confundidos, embrollados, desinformados, anatema, amenaza, peligrosos, ignorantes, arrogantes” por querer tener la forma de vida propia que les sienta bien, entonces también se puede dividir muy fácilmente a las personas, unas de otras, por orden régimen. Por tanto, estarán los que todavía profesan una creencia. Y los que dicen que ya no creen en nada santo, pero que quizás todavía lo hacen de forma escondida y clandestina. Por ende la división. El régimen cuenta con eso: que ambos grupos teman levantarse hombro con hombro como una fuerza de bien, pues uno intenta preservarse a sí mismo antes que nada y ambos temen que se les lastime a ellos o a sus familias y amigos, principalmente. El régimen cuenta con este sabotaje de su fortaleza. El poder gobernante quiere que la gente no se una de maneras fuertes y explícitas para resistir al régimen.

Esta es otra vieja técnica para subvertir lo que alguna vez unió a la gente libre, es decir, la capacidad que tienen las personas para reunirse en sus espacios y lugares sagrados, juntarse y planear sin temer consecuencias dañinas dictadas “desde arriba”.

Un régimen que se dedica a permanecer en el poder sobre y no con el pueblo, prefiere prohibirle a la gente que se encuentre con su propio suelo más sagrado, por lo tanto arrebatándole otra vez la fuerza que viene directamente de años de dedicación y santidad guardados en cualquier lugar santo durante décadas y a veces miles de años.

Al cerrar los lugares sagrados de reunión, el régimen crea una sensación de asedio constante para la gente; es justo lo que necesitan los que quieren controlar a las masas. Entonces se vuelven una especie de beduinos, desplazando y desplazando sus tiendas de campaña, buscando para reunirse un refugio que pocas veces encuentran. Inevitablemente, algunos de los menos intuitivos comenzarán a separarse y decir: “Quizás nuestros señores tienen razón en tratarnos tan mal. ¿No sería mejor si fuéramos más amables, más conciliadores, aunque nuestros amos no lo sean?”. Cuando la gente bajo sus amos comienza a temer, disgustarse, sospechar los unos de los otros, esto separa al hermano del hermano, a la hermana de la hermana. Esta falta de solidaridad y coalición es buena señal para la dictadura de que permanecerá en el poder.

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