LAS
CARTAS DE MOZART COMO ESPEJO DE SU POSICIÓN FRENTE AL MUNDO (2)
REALISMO
(12)
Si evidentemente el pago
determina la posición, Mozart debe haber pretendido ser remunerado adecuadamente:
Fiala
vale ahora 2.000 veces más en mi concepto por no haber tocado por menos de un
ducado. A mi hermana, ¿no la han llamado aun?, espero que pretenda 2. Pues no
me agradaría que nosotros, que nos distinguimos tanto en esto de la música de
la corte, no nos distinguiéramos también en esto; pues si no quieren, que lo
dejen, pero si la quieren, que la paguen, en nombre de Dios. (4)
En este párrafo se ve con
claridad qué era lo que realmente le importaba a Mozart. Su autovaloración
exigía el correcto reconocimiento de su genio. Él depende, en cierto modo, de
su ambiente, al que no puede ni quiere evitar, y busca que se reconozca su
personalidad mediante las formas que prescriben las convenciones.
Es obvio destacar que
Mozart no fue un materialista, pero el hecho de que no ponga el arte del dinero
no lo iguala a Beethoven, quien además aspira a realizaciones ideales. Mozart
crea su música, pues un impulso interior lo obliga a ello; no pregunta para
qué. Sólo cuando las entrega reclama una remuneración, obligado por las
circunstancias apremiantes de cada día. Y, sin embargo, murió olvidado y sin
recursos. A menudo regaló y despilfarró; otras, dejó conscientemente que
abusaran de su generosidad. En los momentos de su vida más fructíferamente
creadores se olvidó hasta de las urgencias prácticas de la vida, a pesar de sus
primitivas ambiciones de gloria y dinero.
Fue precisamente su
actividad creadora, que tanto lo absorbió, la que pone de relieve nuevamente la
estrecha relación de Mozart con lo mundano, pues “las características de Mozart,
tanto en la ópera como en la temática instrumental, provienen, en todos los
casos, de la realidad. Hasta el más cobarde y miserable personajito en el
escenario y la más trivial de las ocurrencias temáticas, exigidas por algún
motivo y atraídas por el compositor a su mundo, tienen valor y pueden exigir su
lugar en la obra de arte.” (2) Si bien rara vez habla Mozart de su labor
creadora, lo que dice es prueba inequívoca de que su creación está inspirada
por la vida misma.
Mozart expresa con fuerza
sensorial las agitaciones psicológicas, haciéndolas concretamente palpables:
Ahora
el aria de Bellmont en la mayor. “O wie ängstlich o wie feurig” sabe usted como
está expresado. Aquí está indicado el latido del corazón amante: dos violines
en octavas. Esta es el aria que más ha gustado a cuantos la han escuchado y
también la que yo prefiero. Ha sido compuesta expresamente para la voz de
Adamberger. Uno ve el temblor, la vacilación, ve levantarse el pecho henchido
-lo que se expresa mediante un crescendo-, se escucha el susurro y los
suspiros, que sugieren los violines con sordina y una flauta al unísono. (3)
Mozart proscribe aquello
que pueda impresionar como poco posible o falto de naturalidad:
Veamos
ahora aquello que siempre me ha parecido poco natural en un aria, que es el
hablar aparte. En el diálogo, estas cosas son naturales. Se dicen rápidamente
unas palabras a un costado, pero en un aria, donde hay que repetir las
palabras, hace una impresión desagradable. (4)
Notas
(1) A su padre, Viena,
24-III-1781, II, 74.
(2) Beking, pág. 48.
(3) A su padre, Munich,,
8-XI-1780, II, 44.

























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