por Lluis Amiguet
Los
humanos empatizamos con el prota-agonista de toda narración: el primer
luchador. Y es que no seríamos humanos si nos hubiéramos resignado a ser
comidos por el león en vez de organizarnos, como explica Dennet, para avisarnos
de que llegaba y turnarnos, con un lenguaje cada vez más sofisticado que
introducía categorías de tiempo, para vigilarlo. Por eso, es inevitable
empatizar con Dennet frente a Noam Chomsky y su capitulación ante el misterio
de la conciencia en nombre del principio de Turing, por el que ningún sistema
de información es capaz de explicarse a sí mismo. Daniel Dennet, como el primer
mono que quiso hablar, no se resigna a la ignorancia. Y quien sea humano de
verdad, tampoco.
¿Qué ve aquí?
¿No es la Sagrada Família?
Es el nido de una colonia de termitas
australianas. Y, sí, su parecido con la Sagrada Família de Gaudí es
impresionante.
¿Por qué me enseña esa foto?
Porque tanto el nido como la catedral son obra de animales.
No sé si la comparación es afortunada.
La diferencia está en que el nido está
hecho por hormigas sin propósito o intención: es mero resultado de la evolución
genética y sirve a las hormigas para sobrevivir. La catedral, en cambio, es
fruto de la cultura de siglos y es una metáfora sobre otra metáfora y otra y
otra...
¿Qué nos enseña esa comparación?
Que las termitas son estúpidas, pero no
menos que las neuronas de Gaudí. En cambio, la cultura de Gaudí le hacía un
genio.
¿Qué nos hace inteligentes entonces?
No nuestro cerebro y sus neuronas, sino
las herramientas de pensar que hemos ido perfeccionando y transmitiendo con la
cultura. Lo que nos hace inteligentes no son los genes, las unidades de
transmisión evolutiva, sino los memes, las unidades de transmisión cultural.
Son ellas las que nos hacen lo que somos.
¿Sin memes seríamos inteligentes?
Sin herramientas, sólo con nuestras
manos desnudas, no podríamos ser carpinteros. Y, del mismo modo, sin memes,
sólo con el cerebro desnudo, no podríamos pensar.
¿Qué herramienta mental prefiere?
La metáfora nos hizo avanzar tanto como
la rueda. Y sobre la metáfora construimos otras herramientas complejas,
evolucionamos para crear otros memes: la lógica, el silogismo, la computación,
el algoritmo...
...Que no sabemos usar sin aprenderlos.
Algunos memes se aprenden, pero la
mayoría contaminan tu cerebro, lo infectan. No hay que esforzarse para
captarlos. Te contagias de ellos y ya son parte de ti y los transmites.
¿Como la canción del verano?
Pero si no aprendes la canción del
verano, no te come el león. En cambio, si no usabas los primeros memes,
perecías. La competencia llegó antes que la comprensión. Empezamos a hablar
para sobrevivir.
¿Por qué transmitimos unos memes y
otros no?
Por selección natural, que es la misma
razón por la que transmitimos unos genes, los que perviven, y otros no. Los
memes que nos sirven para adaptarnos, por ejemplo, usar el fuego, los
transmitimos y los que no, por ejemplo, la canción del verano, los olvidamos.
¿Por qué los otros primates no hablan?
Bickerton dice que los humanos fuimos
más curiosos y más gregarios. Desafiábamos los límites de lo conocido y lo
explicábamos a los demás, cada vez con más precisión: “He visto un elefante
muerto en la colina: vayamos a comerlo”. Quien hablaba mejor, se reproducía
mejor.
¿Eso no lo podían hacer otros primates?
Yo los he estudiado y los bebés
chimpancé cuando oyen palabras no se giran a mirar de dónde vienen. No son
curiosos. Los bebés humanos no dejan de curiosear. Se aventuran.
¿Por qué los demás primates no
transmiten sus memes?
Transmiten muy poquitas cosas a sus
crías y no han desarrollado lenguaje simbólico. Cuando ven una imagen de mujer
son incapaces de pensar en todas las mujeres como nosotros.
¿Son conscientes los monos de serlo?
No, y por eso la gran pregunta es qué
es la conciencia humana. Y eso me hace enfadarme con Chomsky y su tribu.
¿Chomsky no cree en memes?
Chomsky ha escrito un ridículo
manifiesto en el que sostiene que la conciencia humana nunca será capaz de entenderse
a sí misma y que, por tanto, lo más honesto es aceptarlo y dejar de darle
vueltas al problema.
¿Resignarse a la propia ignorancia es
honestidad o cobardía?
Es una rendición inspirada en el
principio de Alan Turing de que ningún sistema de información es capaz de
concebir un modelo completo de sí mismo. Es decir, que la mente humana no
podría entenderse a sí misma.
¿Somos un sistema?
Somos un sistema, pero en evolución
cultural. Y cuando hablo de entender el mecanismo de la consciencia, no hablo
de entenderla yo solito sino con la comunidad científica. Chomsky parece
incapaz de pensar el pensamiento en equipo.
Usted, además, sostiene que tenemos la
conciencia diseminada en aparatos.
Nuestra mente ya está en muchos más
sitios que dentro de nuestros cráneos. Está diseminada en cada pantalla que
consulta. Y los algoritmos nos están descifrando cada día nuevos misterios. Yo
no me rindo. Tal vez yo no, pero creo que los humanos, grandes equipos,
desentrañaremos la consciencia.
¿Por qué lo cree?
Porque los humanos somos capaces de
construir una catedral sobre metáforas. Cada herramienta mental es más
sofisticada porque se erige sobre las anteriores. Y sobre esa cadena colectiva
de evolución intelectual llegaremos a descifrar la mente humana.
¿Qué podría impedirlo?
Temo más a la falta de valor de algunos que a la de creatividad de
todos. El gran peligro es que cuando estemos a punto de saber, nos dé miedo
saberlo. Ya hay demasiados científicos que temen saber demasiado.
(La Contra / 7-11-2018)
(La Contra / 7-11-2018)
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