II
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La modestia es tan
natural en el corazón del hombre, que un obrero tiene cuidado de no jactarse,
quiere tener sus admiradores. También quieren tenerlos los filósofos. ¡Sobre
todo los poetas! Quienes escriben en favor de la gloria quieren tener la gloria
de haber escrito bien. Quienes los leen quieren tener la gloria de haberlos
leído. Yo, que escribo esto, me jacto de tener tal deseo. Quienes me lean se
jactarán igualmente.
Las invenciones de los
hombres van aumentando. La bondad, la malicia del mundo en general, no sigue
siendo la misma.
El espíritu del más
grande hombre no es tan dependiente que esté expuesto a ser perturbado por el
menor ruido de la Batahola que se
hace a su alrededor. No es preciso el silencio de un cañón para anular sus
pensamientos. No es preciso el ruido de una veleta, de una polea. Actualmente,
la mosca no razona bien. Un hombre zumba a sus oídos. Eso es suficiente para
tornarla incapaz de cordura. Si quiero que pueda encontrar la verdad, expulsaré
a ese animal que tiene a su razón en jaque, que perturba a esa inteligencia que
gobierna los reinos.
Las tormentas de la
juventud son el preludio de días brillantes.
La inconsciencia, el
deshonor, la lubricidad, el odio, el desprecio de los hombres tienen su precio
en dinero. La liberalidad multiplica las ventajas de las riquezas.
Los que demuestran
probidad en sus placeres, la demuestran sinceramente en sus negocios. El signo
de una naturaleza poco feroz es dejarse humanizar por el placer.
La moderación de los
hombres sólo limita sus virtudes.
Se ofende a los humanos
tributándoles elogios que amplían los límites de su mérito. Muchas gentes son
lo bastante modestas para sufrir sin mortificarse que se les aprecie.
Hay que esperarlo todo,
no temer nada del tiempo, de los hombres.
Si el mérito y la gloria
no vuelven desdichados a los hombres, lo que se llama desdicha no merece su
aflicción. Un alma acepta de buen grado la fortuna, el reposo, si es necesario
añadirles el vigor de sus sentimientos, el vuelo de su genio.
Se estiman los grandes
designios, cuando uno se considera capaz de los grandes éxitos.
La circunspección es el
aprendizaje de los espíritus.

























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