domingo

LECCIONES DE VIDA (118) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


15 / LECCIÓN FINAL (1)


No hace mucho tiempo, hablábamos con una vieja amiga. Es una mujer atractiva y de éxito, tiene cuarenta y tres años y es médica. Fue una auténtica sorpresa que se quejara de no ser feliz. Nos contó que no le gustaba su trabajo, lo cual nos dejó muy asombrados. Sabíamos que era una buena médica y que daba clases de medicina en una universidad importante. Sin embargo, ella no se sentía satisfecha.

-Pero tu profesión es fantástica -le comentamos-. ¿Acaso algo va mal?

-No, sólo que no me siento feliz profesionalmente.

Nos explicó que creía que no aportaba lo suficiente a la sociedad.

-¿Acaso no acudes los viernes como voluntaria a la clínica gratuita? ¿Acaso no das clases y conferencias sin cobrar siempre que puedes? Además realizas donaciones a varias instituciones benéficas, ¿no es cierto? -le preguntamos.

-Así es -respondió ella-, pero no es suficiente.

Cuando mencionó la posibilidad de hacerse una operación de cirugía plástica nos dejó de una pieza.

-Un simple estiramiento de piel -nos explicó-, un implante en la barbilla y un poco de colágeno.

No hay nada malo en la cirugía estética, pero frente a nosotros se hallaba una hermosa mujer que no necesitaba ayuda en aquel aspecto y que parecía envejecer con poco más que alguna arruga.

Por último nos pidió nuestra opinión. Nos mirábamos mientras nos preguntábamos quién le habría metido aquellas tonterías en la cabeza a nuestra amiga. Aquella mujer estaba felizmente casada, era lista y hermosa, tenía salud y éxito y era muy respetada. Podía hacer lo que quisiera, y aun así sentía que no había llegado donde quería, pensaba que no era generosa y le parecía que su aspecto no era atractivo. Quizá necesitaba mejorar su interior y no su exterior. Si no podía reconocer el éxito del que disfrutaba, ¿cómo podría reconocer otras cosas? Si no podía valorar su belleza, ¿por qué habría de sentirse de una manera distinta después de la cirugía plástica? Si no se sentía satisfecha con todo el bien que hacía, cuando dedicara más tiempo y dinero a los demás ¿se sentiría de otro modo? Cambiar sus circunstancias externas no le servía de nada. Tenía que darse cuenta que ya era maravillosa y generosa en aquel momento.

Al igual que esta mujer, la mayoría de nosotros disponemos en la actualidad de todo lo que necesitamos para que la vida funciones. No todos somos tan atractivos y hemos alcanzado tantas metas como ella, pero constituye un buen ejemplo porque su caso resulta muy evidente. La mayoría de las personas tenemos todo lo que necesitamos para ser felices, per no lo somos. No estamos satisfechos con nuestros logros, ya sean grandes o pequeños. No estamos contentos con nuestro aspecto, aunque lo cierto es que no somos tan poco agraciados como creemos. Lo que nos falta es una mayor experiencia interior. Se nos ha dado todo lo necesario para vivir una vida plena, significativa y feliz, pero no reconocemos los dones y la bondad que poseemos.

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