15 / LECCIÓN FINAL (1)
No hace mucho tiempo,
hablábamos con una vieja amiga. Es una mujer atractiva y de éxito, tiene
cuarenta y tres años y es médica. Fue una auténtica sorpresa que se quejara de
no ser feliz. Nos contó que no le gustaba su trabajo, lo cual nos dejó muy
asombrados. Sabíamos que era una buena médica y que daba clases de medicina en
una universidad importante. Sin embargo, ella no se sentía satisfecha.
-Pero tu profesión es
fantástica -le comentamos-. ¿Acaso algo va mal?
-No, sólo que no me
siento feliz profesionalmente.
Nos explicó que creía que
no aportaba lo suficiente a la sociedad.
-¿Acaso no acudes los
viernes como voluntaria a la clínica gratuita? ¿Acaso no das clases y
conferencias sin cobrar siempre que puedes? Además realizas donaciones a varias
instituciones benéficas, ¿no es cierto? -le preguntamos.
-Así es -respondió ella-,
pero no es suficiente.
Cuando mencionó la
posibilidad de hacerse una operación de cirugía plástica nos dejó de una pieza.
-Un simple estiramiento
de piel -nos explicó-, un implante en la barbilla y un poco de colágeno.
No hay nada malo en la
cirugía estética, pero frente a nosotros se hallaba una hermosa mujer que no
necesitaba ayuda en aquel aspecto y que parecía envejecer con poco más que
alguna arruga.
Por último nos pidió
nuestra opinión. Nos mirábamos mientras nos preguntábamos quién le habría
metido aquellas tonterías en la cabeza a nuestra amiga. Aquella mujer estaba
felizmente casada, era lista y hermosa, tenía salud y éxito y era muy
respetada. Podía hacer lo que quisiera, y aun así sentía que no había llegado
donde quería, pensaba que no era generosa y le parecía que su aspecto no era
atractivo. Quizá necesitaba mejorar su interior y no su exterior. Si no podía
reconocer el éxito del que disfrutaba, ¿cómo podría reconocer otras cosas? Si
no podía valorar su belleza, ¿por qué habría de sentirse de una manera distinta
después de la cirugía plástica? Si no se sentía satisfecha con todo el bien que
hacía, cuando dedicara más tiempo y dinero a los demás ¿se sentiría de otro
modo? Cambiar sus circunstancias externas no le servía de nada. Tenía que darse
cuenta que ya era maravillosa y generosa en aquel momento.
Al igual que esta mujer,
la mayoría de nosotros disponemos en la actualidad de todo lo que necesitamos
para que la vida funciones. No todos somos tan atractivos y hemos alcanzado
tantas metas como ella, pero constituye un buen ejemplo porque su caso resulta
muy evidente. La mayoría de las personas tenemos todo lo que necesitamos para
ser felices, per no lo somos. No estamos satisfechos con nuestros logros, ya
sean grandes o pequeños. No estamos contentos con nuestro aspecto, aunque lo cierto
es que no somos tan poco agraciados como creemos. Lo que nos falta es una mayor
experiencia interior. Se nos ha dado todo lo necesario para vivir una vida
plena, significativa y feliz, pero no reconocemos los dones y la bondad que
poseemos.

























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