EL PROGRAMA.
Pondremos en escena, sin
cuidarnos del texto:
1. Una adaptación de una
obra de la época de Shakespeare, enteramente conforme con el estado actual de
la turbación de los espíritus, ya se trate de una pieza apócrifa de Shakespeare
como Arden of Feversham, o de
cualquier otra de la misma época.
2. Una pieza libertad
poética extrema, de León Pal Fargue.
3. Un extracto de Zohar: la historia del Rabbi Simeón, que
tiene siempre la violencia y la fuerza de una conflagración.
4. La historia de Barba
Azul, reconstituida según los archivos y con una idea nueva del erotismo y de
la crueldad.
5. La caída de Jerusalén,
según la Biblia y la historia, con el color rojo sangre que mana de la ciudad y
ese sentimiento de abandono y pánico de las gentes, visible hasta en la luz; y
por otra parte las disputas metafísicas de los profetas, la espantosa agitación
intelectual que ellos crearon, y que repercutió físicamente en el rey, el
templo, el populacho y los acontecimientos.
6. Un cuento del Marqués
de Sade, donde se transponga el erotismo, presentado alegóricamente como exteriorización
violenta de la crueldad y simulación del resto.
7. Uno o varios
melodramas románticos donde lo inverosímil será un elemento poético activo y
concreto.
8. El Woyzek de Büchner, como reacción contra
nuestros propios principios, y como ejemplo de lo que puede obtenerse escénicamente
de un texto preciso.
9. Obras del teatro
isabelino, despojadas de su texto, y conservando sólo el atavío de época, las
situaciones, los personajes y la acción.

























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