domingo

IRMA HOESLI - MOZART: LAS CARTAS DE UN GENIO DE LA MÚSICA (21)


CREACIÓN HUMORÍSTICA (4)

La incongruencia entre lo que es sagrado a “los ilustrados”: relaciones lógicas, modo de pensar razonable, circunstancias reales y el erróneo enlace causal de esos elementos, nos resulta ridículo. El efecto cómico está dado por la palabrita “pues”, si la sustituimos por “pero” desaparece la gracia.

…beso a papá, si lo conoce usted, 1.000 veces las manos… (1)

escribe Mozart a su propio padre. Aunque la redacción parezca razonable, el sentido no lo es. Saluda a su propio padre, con la condición de que este lo conozca, es decir se conozca a sí mismo. Es una variante de Mozart para una fórmula final, que, de pronto y a pesar de todas las convenciones, se hace tan íntimamente afectuoso, como si el hijo cambiara una mirada de entendimiento con su padre.

… ¿Qué culpa tengo yo que hayan dado las siete y cuarto? -Mi padre tampoco tiene la culpa. -La mayor parte lo sabrá mamá por mi hermana. No conviene partir ahora porque el arzobispo no se quedará mucho tiempo aquí, hasta se asegura que se quedará hasta que parta. (2)

Mozart se defiende de un supuesto reproche que a ninguna persona sensata podría ocurrírsele jamás. Al final y en conexión con la partida del elector se agrega una condición extraordinaria a otra sobreentendida, subrayada por la palabrita “hasta”. Mozart se sirve del enlace causal para crear confusión en lugar de claridad. Esa arma le resulta adecuada para chasquear a los racionalistas. Con implícita dialéctica, que recuerda la táctica de un Lessing, Mozart induce al lector mediante aparente lógica a convencerse, para descubrir inmediatamente su credulidad en algo vacío.

…hablando de tu felicitación, te diré que pronto malicié que el señor Martinelli te había escrito la cual felicitación, pero como siempre eres la hermosa inteligente, y supiste ponerlo con tanta gracia poniendo el saludo del señor Martinelli a continuación de la cual felicitación, la que estaba redactada en su propia manera, me di cuenta en seguida y me fue imposible no notarlo, así que le dije a papá: Ah, si yo pudiera ser tan inteligente y gracioso!... (3)

Tenemos que hacer abstracción del enlace causal para desentrañar la ironía:

…hoy ha sido probada Rosamunda en el teatro. Es buena pero nada más, pues di fuera mala no se la podría representar. Lo mismo que no se podría dormir sin estar acostado en una cama. Pero no hay regla sin excepción, yo he visto el ejemplo. Por ello, ¡buenas noches! (4)

Las razones aducidas por el autor obligan en primera instancia al lector a asentir, a pesar de la evidente falta de lógica, ya que se puede dormir sin estar acostado en una cama. Si al final el lector se siente sorprendido porque Mozart encuentra bastante bueno lo que en el fondo le parece lo contrario de “bueno”, pagará tributo por su pereza de pensar. Lo engaña la diabólica casualidad que duda de la regla.

Escuchamos Le gere generosa; en lo que se refiere a esta ópera no puedo decir nada decisivo porque estuve charlando. La causa por la que estuve charlando contra mi costumbre debe ser el quid de la cuestión. Basta. (5)

Naturalmente que no se puede juzgar una ópera si se ha estado charlando durante su ejecución afirma enfáticamente nuestra razón. He aquí que Mozart la saca de su equilibrio y la hace caer. Lo que nosotros, la gente común deducimos, no vale para el genio. Si un Mozart charla es porque ha juzgado desfavorablemente. Pero, ¿para qué formular drásticamente esa desaprobación si se domina el arma afilada de la ironía, que nos lleva indefectiblemente a reír?

Si Mozart no hubiera deseado dar un efecto reidero hubiera podido redactar los ejemplos irónicos que hemos escogido en forma neutra, sin variar el contenido:

“La ópera Rosamunda es regular, casi mala.”

“He notado, naturalmente, querida Nannerl, que el señor Martinelli te dictó la carta.”

La redacción mozartiana no obedece a ninguna necesidad exterior. Lo lleva el impulso de su espíritu jocoso. Por ello no nos ha de extrañar que disfrute de lo cómico cuando se brinda espontáneamente. Esta intuición la transporta a sus cartas creando exquisitos retratos caracteriológicos.


Notas

(1) A su madre y hermana, Viena, 8-IX-1773, I, 176.
(2) A su padre, Mannheim, 27-XII-1777, I, 352.
(3) A su hermana, Munich, 18-I-1775, I, 197.
(4) A su hermana, Milán, 3-XI-1770, I, 91.
(5) A su padre, Mannheim, 10-I-1778, I, 363.
(6) A Gottfried von Jacquin, Praga, 14-I-1787, II, 415.

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