domingo

EL HÉROE DE LAS MIL CARAS (16) - JOSEPH CAMPBELL


1 / LA LLAMADA DE LA AVENTURA (1)

“Hace mucho tiempo, cuando los deseos podían todavía conducir a algo, vivía un rey con sus hijas que eran todas hermosas; pero la más joven era tan hermosa que el mismo sol, que había visto tantas cosas, se maravillaba cada vez que brillaba sobre su rostro. Cerca del castillo de este rey había un gran bosque oscuro y en este bosque, debajo de un viejo limonero, había una fuente y cuando el día estaba muy caluroso, la hija del rey iba al bosque y se sentaba a la orilla de la fresca fuente. Para entretenerse llevaba una pelota de oro, la lanzaba a lo alto y la recogía, pues este era su juguete favorito.

Sucedió un día que la pelota de oro de la princesa no cayó en la manita extendida en el aire, sino que pasó a través de ella, rebotó en el suelo y fue rodando directamente al agua. La princesa la siguió con los ojos, pero la pelota desapareció, y la fuente era profunda, tan profunda que el fondo no podía verse. Entonces empezó a llorar y su llanto fue cada vez más fuerte, pues nada podía consolarla. Mientras estaba lamentándose de esta manera, oyó que alguien le hablaba: ‘¿Qué te pasa, princesa? Lloras tanto que hasta las piedras se compadecerán.’ Ella miró a su alrededor para ver de dónde venía la voz y encontró una rana, que asomaba fuera del agua su cabeza gorda y fea. ‘Eres tú, vieja Ama del Agua -dijo-. Lloro por mi pelota de oro, que cayó en la fuente.’ ‘Tranquilízate, no llores -contestó la rana-. Yo puedo ayudarte. Pero ¿qué me darás si te devuelvo tu juguete?’ ‘Lo que quieras, querida rana -le contestó-, mis ropas, mis perlas y mis joyas y hasta la corona de oro que llevo.? La rana dijo: ‘No quiero ni tu ropa, ni tus perlas, ni tus joyas, ni tu corona de oro, pero si cuidas de mí y me dejas ser tu compañera de juegos y tu amiga, si me dejas sentar a tu lado en tu mesita, comer de tu platito de oro, beber en tu tacita y dormir en tu camita, me sumergiré y te traeré tu pelota de oro.’ ‘Muy bien’, dijo ella. ‘Te prometo todo lo que quieras si me das la pelota’, pero pensó: ‘Cuánto habla esa rana tonta. Vive en el agua con los de su especie   y nunca podría ser la compañera de un ser humano.’

Tan pronto como la rana hubo obtenido la promesa, hundió su cabeza y se sumergió y poco después regresó nadando: tenía la pelota en la boca y la puso sobre la hierba. La princesa se ensorberbeció cuando vio su hermoso juguete. Lo levantó y se fue corriendo. ‘Espera, espera -gritó la rana-, llévame contigo, no puedo correr como tú.’ Pero de nada le sirvió aunque croaba tan fuertemente como podía. Ella no le prestó la menor atención sino que apresuró el paso y pronto se hubo olvidado completamente de la pobre rana, que seguramente tuvo que saltar de nuevo al agua.” (1)

Este es un ejemplo de las formas en que puede empezar una aventura. Una ligereza -aparentemente accidental- revela un mundo insospechado y el individuo queda expuesto a una relación con poderes que no se entienden correctamente. Como Freud ha demostrado, (2) los errores no son meramente accidentales. Son el resultado de deseos y conflictos reprimidos. Son ondulaciones en la superficie de la vida producidas por fuentes insospechadas. Y estas pueden ser muy profundas, tan profundas como el alma misma. El error puede significar un destino que se abre. Así sucede en este cuento de hadas, donde la desaparición de la pelota es el primer signo de que algo le va a suceder a la princesa, la rana es el segundo, y la promesa no cumplida es el tercero.

Como una manifestación preliminar de las fuerzas que empiezan a estar en juego, la rana que aparece como por milagro puede ser denominada “el mensajero”; la crisis de su aparición es la “llamada de la aventura”. La llamada del mensajero puede ser para la vida, como en el presente ejemplo, o como en un momento posterior de la biografía, para la muerte. La llamada podría significar una alta empresa histórica. O podría marcar el alba de una iluminación religiosa. Como la han entendido los místicos marca lo que puede llamarse “el despertar del yo”. (3) En el caso de la princesa del cuento de hadas no significa otra cosa que el advenimiento de la adolescencia. Grande o pequeña, sin que tenga importancia el estado o el grado de la vida, la llamada levanta siempre el velo que cubre un misterio de transfiguración; un rito, un momento, un paso espiritual que cuando se completa es el equivalente de una muerte y de un renacimiento. El horizonte familiar de la vida se ha sobrepasado, los viejos conceptos, ideales y patrones emocionales dejan de ser útiles, ha llegado el momento de pasar un umbral.

Notas

(1) Cuentos de hadas de Grimm, Nº 1, “El rey rana”.
(2) Psicopatología de la vida cotidiana.
(3) Evelyn Underhill, Mysticism, A study on the Nature and Development of Man’s Spiritual Consciousness (Nueva York, E. P. Dutton and Co., 1911), parte II, “The Mystic Way”, cap. II, “The Awakening of the Self”.

1 comentario:

Clara Wagner dijo...

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