sábado

CÉSAR VALLEJO - EL ARTE Y LA REVOLUCIÓN (8)


PROFECÍA Y CREACIÓN O EL ADIVINO Y EL TRABAJADOR

Con frecuencia, Víctor Hugo pretendía pasar como profeta.

Grosero estilo profético el suyo. El terrible retórico de “Las Orientales” profetizaba, no a la manera de los poetas auténticos, sino a la manera de los adivinos y las brujas iracundas de las ferias. Creía que el rol del oráculo poético consistía en anunciar, por ejemplo, -como lo hace en “·Plein ciel”- que el avión será un factor de armonía y de dicha entre los hombres, aunque luego yerre su profecía y el aeroplano sirva, en 1914, de fuerza destructora entre los pueblos.

El poeta emite sus anunciaciones de otro modo: insinuando en el corazón humano, de manera oscura e inextricable, pero viviente e infalible, el futuro vital del ser humano y sus infinitas posibilidades. El poeta profetiza creando nebulosas sentimentales, vagos protoplasmas, inquietudes constructivas de justicia y bienestar social. Lo demás, la anticipación expresa y rotunda de hechos concretos, no pasa de un candoroso expediente de brujería barata y es cosa muy fácil. Basta ser un inconsciente con manía de alucinado. Así hacen las sibilas vulgares. No importa que se realice o no lo que anuncian (1)


Notas

(1) Lo de Víctor Hugo debe pasar más adelante en el libro. (N. del A.)

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