lunes

LECCIONES DE VIDA (77) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


10 / LA LECCIÓN DEL JUEGO (1)

DK (1)

Un día visité a Lorraine en el hospital. Le habían diagnosticado un linfoma. Tenía setenta y nueve años, el pelo blanco y llevaba pulseras. Cuando entré estaba sentada en la cama hablando con su familia.

A pesar de las malas perspectivas, sentí que interrumpía una reunión familiar feliz. Me presenté y le pregunté si podía regresar en otro momento, cuando no estuviera tan ocupada. “Desde luego, me encanta recibir visitas”, me dijo con una sonrisa.  Mientras me iba, me pregunté si ella sabía con exactitud la razón de mi visita. Pero lo cierto es que era plenamente consciente de lo que sucedía: se enfrentaba a un cáncer.

Cuando regresé al día siguiente, Lorraine tenía la radio en marcha y bailaba en la intimidad de su habitación con todo el entusiasmo de una chica de diecisiete años. Mientras la contemplaba, pensé en un tópico que, no obstante, en aquel momento era cierto: bailaba como si no existiera un mañana.

Lorraine me miró por encima del hombro mientras bailaba. Yo le sonreí y dije:

-¿Qué está haciendo?

-Estoy bailando el watusi.

-Y ¿por qué lo baila?

-¡Porque puedo!

Lorraine tenía razón: queremos divertirnos porque podemos, pero muchas veces reprimimos ese impulso. Por suerte, Lorraine se permitía jugar y divertirse a pesar de enfrentarse a una enfermedad grave.

Los moribundos manifiestan con claridad su necesidad de jugar. Si escuchamos las conversaciones que mantienen con sus seres queridos, resulta evidente que los momentos que compartieron en un tiempo de ocio, diversión o juego son los momentos que realmente importan al final de la vida. Suelen decir: “¿Os acordáis de cuando íbamos a la playa?” o “¿Recordáis aquella excursión en bicicleta por el campo?”. Y también recuerdan “los domingos, cuando llevábamos a los niños al parque” y “las caras graciosas que ponía Joe.

La respuesta a la pregunta de por qué el juego es una lección, se encuentra en los arrepentimientos de los moribundos. Cuando repasan su vida, su mayor arrepentimiento es haberse tomado la vida demasiado en serio.

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