domingo

LECCIONES DE VIDA (38) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


4 / LA LECCIÓN DE LA PÉRDIDA (2)

EKR (1)

Cuando Gillian tenía unos cinco años, sus padres la abandonaron en la puerta de un orfanato. Mientras era pequeña, no se dio cuenta ni comprendió lo que estaba ocurriendo. En la actualidad es una mujer brillante de mediana edad, emocionalmente sana y autosuficiente. Me habló de su abandono y de cómo la había afectado. Me dijo que había pasado gran parte de su vida intentando superar aquello, pero que, con el tiempo, se había dado cuenta de un problema mucho más importante.

-Lo que pasé cuando era una niña fue grave, pero aquello ocurrió hace más de cuarenta años. Ahora me he dado cuenta de que, en los últimos veinte años, nadie me ha abandonado como yo misma lo hago.

-¿Me lo puedes explicar? -le pedí.

-Por ejemplo, cuando alguien me llama para salir durante el fin de semana, dejo que responda el contestador o, si lo hago yo, enseguida me pongo a hablar de lo ocupada que estoy. No quiero que los demás sepan lo sola que me siento. Nunca les doy la oportunidad de invitarme a salir. Y si tengo la posibilidad de hacer planes para las vacaciones, siempre consigo no comprometerme con nadie y, al final, las paso sola y siento que nadie se preocupa por mí.

¿Por qué actuaba Gillian de esta forma? De un modo subconsciente, nos ponemos en situaciones que nos recuerdan nuestras pérdidas originales para poder sanarlas. Gillian por fin se está recuperando: se ha dado cuenta de que ahora es ella quien debe cuidar de sí misma.

-Soy una mujer de cuarenta y ocho años -me dijo-, una persona adulta; ya no soy la niña que abandonaron en el orfanato. Los niños pueden ser víctimas, pero yo ya no soy una niña. Ahora me corresponde a mí asegurarme de que hago lo que quiero hacer.

Si nos preguntamos por qué no dejamos de encontrarnos personas que nos abandonan, quizá sea porque el universo nos envía a esas personas y situaciones para ayudarnos a sanar nuestro sentimiento de pérdida. Al final, sanaremos. De hecho, el proceso de sanación ya está en marcha.

No obstante, hay veces en que la lección de sanar una vieja pérdida consiste en darnos cuenta de que no podemos evitar sufrir otras nuevas. Cuando nos protegemos frente a las pérdidas, recaemos en ellas. Quizá nos mantengamos alejados de otras personas para asegurarnos de que no las perderemos, pero eso ya es una pérdida en sí.
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