domingo

LA CONVERSACIÓN CONSIGO MISMO DEL MARQUÉS CARACCIOLI (27)


(Fragmentos del capítulo VIII de Artigas católico, segunda edición ampliada con prólogo de Arturo Ardao, Universidad Católica, 2004)

por Pedro Gaudiano


APÉNDICE 9

“Dentro de nosotros mismos hallamos medios para conversar con Dios con una santa familiaridad. Cuanto más nos acercamos a él, tanto más deseamos unirnos íntimamente a este Supremo Ser. En este dichoso comercio (o sea, intercambio), es donde sin cesar celebramos haber perdido de vista las vanidades de la tierra, y de habernos desprendido de las pasiones y los sentidos; últimamente de nuestro propio cuerpo para vivir una vida toda celestial y casi divina. ¡Qué espectáculo tan bello es una alma elevada hasta el Ser increado! Es una prisma que reúne en sí todos los colores: un cristal que recoge en un solo punto todos los rayos, y que junta todo lo que puede calentar, hermosear e ilustrar” (pp. 262-263).

“La mayor desgracia que puede suceder al hombre es salirse siempre fuera de sí, y vagar como aventurero por medio de innumerables objetos terrestres que nada le hablan, aunque le gritan: nosotros somos tu Dios. Es preciso que entonces él mismo se engañe, o que viva como una bestia. Los filósofos no desbarraron por falta de haber contemplado el sol y los astros; antes bien los contemplaron demasiado; por falta de considerarse a sí mismos erraron. En esta escuela interior se halla la solución de innumerables dificultades que no ofrecen los libros, aun los más sabios y los más metódicos; la experiencia de todos los días nos lo enseña. El incrédulo vive y muere en medio de los más fuertes argumentos, sin sentirse conmovido, porque no quiere regresar a sí mismo, y porque se fía sin escrúpulo de los bosquejos de algunos metafísicos bastardos que nos pintan a Dios de un modo muy ridículo” (pp. 265-266).
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