domingo

ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 157


NOVENA PARTE

EL TRABAJO CON LA SOMBRA: CÓMO ILUMINAR LA OSCURIDAD 
MEDIANTE LA TERAPIA, LOS RELATOS Y LOS SUEÑOS

36: EL VIENTRE DE LA BALLENA

Joseph Campbell (1)

Durante cuarenta años fue profesor de mitología comparada en el Sara Lawrence College. Asimismo fue guionista y presentador -junto a Bill Moyers- de la popular serie de televisión “The Power of Myht”. Campbell fue un prolífico autor que escribió, entre otras cosas: El Héroe de las Mil Caras; Las Máscaras de Dios (4 vols.), The Mythic Image; Myths To Live By; The Atlas of World Mythology; El poder del Mito y la transcripción de la entrevista realizada por Michael Toms y publicada póstumamente con el título de An Open Life.

La imagen del vientre de la ballena constituye un símbolo universal del tránsito a través de un umbral mágico en que el héroe, en lugar de conquistar o reconciliarse con el poder del umbral, es engullido por lo desconocido y parece morir para terminar renaciendo posteriormente.

Mishe-Nahma, Rey de los Peces,
se precipitó hacia lo alto furiosamente
como un relámpago sumergiéndose en el sol,
abrió su grandes fauces y se tragó
a Hiawatha y su canon. (1)

Los esquimales del estrecho de Bering cuentan que un día, Cuervo -héroe y mentiroso- estaba secando su ropa junto a la playa cuando vio a una ballena nadando pesadamente muy cerca de la orilla. Entonces le gritó. “Amiga, la próxima vez que subas a respirar, abre la boca y cierra los ojos”. Luego se vistió rápidamente sus ropas de cuervo, se puso su máscara de cuervo, cogió la leña bajo el brazo y voló por encima del agua. La ballena volvió a subir a la superficie e hizo lo que Cuervo le había aconsejado. Entonces Cuervo se sumergió en sus fauces abiertas y cayó directamente en su esófago. La ballena, asustada, reventó con un estallido. Cuervo estaba de pie en su interior, mirando a todas partes. (2)

Los zulúes cuenta una historia de dos niños y su madre que fueron tragados por un elefante. Cuando la mujer llegó al estómago del animal “vio grandes bosques, ríos caudalosos y muchas mesetas. A un lado habían rocas y también muchas personas que habían construido allí su poblado, además de perros y ganado.  Todo eso estaba dentro del elefante”. (3)

El héroe irlandés Finn MacCool fue devorado por un monstruo de forma indefinida conocido en el mundo céltico como peist. La muchacha alemana Red Ridinghood fue devorada por un lobo. El polinesio Maui fue comido por su tatarabuela, Hine-nui-te-po y la práctica totalidad del panteón griego, a excepción de Zeus, fue devorada por su padre, Cronos.

Tras robar el arco de la reina de las amazonas, el héroe griego Herakles se detuvo a descansar en Troya en su viaje de vuelta y se enteró de que la ciudad estaba siendo asolada por un monstruo enviado por Poseidón, el dios del mar. La bestia se acercaba a la orilla y devoraba a la gente de la llanura. La belle Hesione, hija del rey, había sido atada como víctima propiciatoria por su propio padre a una roca que se hallaba a orillas del mar pero Herakles aceptó salvarla a cambio de un rescate. Cuando el monstruo salió de las profundides marinas y abrió su enorme boca, Herakles se lanzó dentro de su garganta, se abrió paso hasta su estómago y acabó con su vida.

La enorme difusión de este símbolo subraya el hecho de que atravesar el umbral implica algún tipo de muerte del yo. Su similitud con la aventura de las Symplegades es evidente pero, en nuestro caso, el héroe, en lugar de dirigirse hacia los confines del mundo visible se encamina hacia el interior para terminar renaciendo. Se trata de un estado equiparable a la entrada del devoto en el templo donde se le recuerda que -aunque inmortal- no es más que polvo y cenizas. El interior del templo, el vientre de la ballena y el reino de los cielos que rodea los confines del mundo son una y la misma cosa. Por este motivo, los alrededores y las entradas de los templos están flanqueados y protegidas por gárgolas colosales: dragones, leones, demonios armados sedientos de sangre, amenazadores enanos, bueyes alados, etcétera. Estos son los guardianes del umbral que se encargan de mantener alejados a quienes son incapaces de soportar su propio silencio. Estas son las primeras encarnaciones del aspecto peligroso de la presencia de lo numinoso (que se corresponden con los ogros mitológicos que rodean el mundo convencional o las dos hileras de dientes de la ballena), que sirven para ilustrar la necesaria transformación que debe experimentar el devoto. De este, en el momento de entrar en el templo el devoto, al igual que la serpiente muda su piel, debe despojarse de su ropaje secular. Una vez dentro puede decirse que ha muerto al tiempo y que ha retornado al Útero Cósmico, al Ombligo del Mundo, al Paraíso Terrenal. El hecho de que nadie pueda ver físicamente a los guardianes del templo no invalida su significado ya que si el intruso los ignora es como si se hubiera quedado fuera. Quien es incapaz de comprender a un dios lo percibirá como un demonio y tratará de huir de él. La entrada en el templo y el viaje del héroe a través de las fauces de la ballena constituyen, pues, la expresión alegórica de un proceso de centramiento y renovación de la vida.


Notas

(1) Longfellow, The song of Hiawatha, VIII. Las aventuras que Longfellow atribuye a Hiawatha (personaje histórico que vivió en el siglo XVI y fue jefe de los iroqueses) pertenecen, en realidad, a Manabozho, héroe de la cultura de los algonquinos.
(2) Leo Frobenius, Das Zeitalter des Sonnengottes (Berlín, º904), p. 85.
(3) Henri Callaway, Nurse Tales and Traditions of the Zulus (Londres, 1868), p. 331.
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