jueves

TIEMPOS POSMODERNOS - RICARDO AROCENA


Apuntes sobre la soledad, la comunicación, la incomunicación, la modernidad, la posmodernidad, la sociedad de la información, la penetración cultural y el imperialismo

Qué tiempos serán los que vivimos,
que hay que defender lo obvio.

BERTOLT BRECHT


PRIMERA ENTREGA

Don López mira a su alrededor luego de encargar el habitual aperitivo. En la mesa más cercana hay una muy joven pareja; el veterano observa que no se miran, que cada uno está concentrado cliqueando con rapidez en su respectivo Smartphone. Don López se pregunta si estarán comunicándose entre sí  o con terceros, pero se contesta que seguramente es lo segundo, porque la otra posibilidad le parece escalofriante. Aprovechando su ensimismamiento, observa a los jóvenes más detenidamente y anota que van vestidos informalmente, la camiseta de él lleva escrito “Harvard University” y la de ella “Lost in a Dream”, mientras que el calzado deportivo de ambos es marca reebok. Desde la televisión le llegan unos gritos y levanta la mirada, es un partido de la NBA entre los Chicago Bulls y los Lakers, que no le interesa demasiado, por lo que decide irse de la cantina. Ya en la calle, a Don López le llama la atención un grupo de personas que camina mirando el celular, como buscando algo mientras susurran sobre un Pokemon… No les entiende y sigue hasta el Kiosco, en donde cuelgan algunas ofertas del último Halloween junto con revistas de Súperman y Batman, un par de novelas de Stephen King y otra sobre el héroe nacional… pero en clave zombi. Ya en su casa López enciende el televisor, adonde la “CNN en español” está informando sobre los 15 trabajos mejor pagados de EEUU y se levanta para comentarlo con su mujer que está en la cocina. Lo detiene un sonido estridente que le llega del cuarto del nieto. Lo ve atrás de la computadora, entre sirenas y estampidos, “suprimiendo” a unos soldados con rasgos árabes y sin hacer comentarios se dirige donde está su esposa. Ella le hace un gesto de silencio porque está comunicándose por webcam con su hijo, radicado en el exterior. Frustrado piensa que su vástago tiene suerte de poder conversar con ella y cuando dejan de hablar la llama al celular. Desde el otro lado de la mesa ella lo mira sorprendida, pero, para seguirle la corriente lo atiende desde el aparato. Ahora marido y mujer están conectados. Entonces el hombre le cuenta lo que desde Atlanta había informado Patricia Janiot.


EL GRAN DICTADOR

A 37 años de publicado el denominado “Informe Mac Bride”, que realizado a instancias de la Unesco reclamaba  la democratización de los medios de comunicación, puede decirse que la subordinación informativa y cultural de los países latinoamericanos y del Tercer Mundo se ha agravado. Si en aquel entonces el organismo internacional alertaba que con la tecnología moderna los países desarrollados ya no necesitaban invasiones armadas para dominar otra nación, ya que lo podían hacer a través de la radio, la TV, el cine, discos, vídeos y otros medios con los que tienden a borrar las tradiciones de los países más débiles para imponerles normas de conducta, ¿qué se puede esperar en el momento actual en el que las comunicaciones están pasando por una profunda revolución?

Con el advenimiento de la “Era de la información” no solamente fueron perfeccionados los tradicionales medios de comunicación; la revolución digital hizo posible la fusión de la televisión, el teléfono y el satélite y facilitó el surgimiento de novedosos soportes, ediciones electrónicas, microcomputadoras, terminales multimedia, etc. y nuevos servicios, como la consulta de bancos de datos, de redes sociales e internet.

Al momento de la realización del documento todavía no habían cobrado auge las tecnologías digitales, que permiten que textos, datos, sonido e imágenes sean combinados en un producto único, el popular ´multimedia´, que en manos de poderosos intereses tiende a transformarse en un instrumento estratégico de dominación. Como apunta la Unesco, todo cambio tecnológico impacta en lo económico y lo político; en una etapa como la que vivimos por un lado favorece la concentración monopólica a escala global y por el otro fortalece los aparatos de sojuzgamiento y opresión.

Tanto la socióloga chilena Marta Harnecker, como el sociólogo norteamericano James Petras han escrito abundante literatura al respecto. En el libro “La izquierda en el umbral del siglo XXI”, la estudiosa trasandina alertaba que los “poderosos instrumentos audiovisuales concentrados cada vez en menos manos y dominados por grandes trasnacionales -que manipulan la información en función de los intereses de las clases dominantes-, son los verdaderos forjadores del modo de pensar de la gente en el mundo actual.”

Por su parte Petras en su trabajo “Imperialismo cultural” especificó que Estados Unidos en particular tiene dos objetivos, “uno de carácter económico y otro político: capturar mercados para sus mercancías culturales, y capturar y conformar la conciencia popular. La exportación de mercancías culturales es una de las fuentes más importantes de acumulación de capital y de beneficios mundiales para el capitalismo norteamericano y ha desplazado a las exportaciones de bienes manufacturados. En la esfera política, el imperialismo cultural desempeña un papel importantísimo en el proceso de disociar a la población de sus raíces culturales y de sus tradiciones de solidaridad, sustituyéndolas por «necesidades» creadas por los medios de comunicación, que cambian con cada campaña publicitaria. El efecto político consiste en alienar a los pueblos de sus vínculos con sus comunidades y clases tradicionales, atomizar y separar a los individuos de los demás.”
Los nuevos productos, como por ejemplo las aplicaciones, videojuegos, etc., se suman a los ya existentes, en su tarea hegemonizante y confirman las previsiones de los pensadores Louis Althusser y Antonio Gramsci, en cuanto al rol de los “aparatos ideológicos”, de los que los medios de comunicación forman parte, en la preservación del sistema, en este caso en su etapa monopólica y neoliberal. Con sus mensajes intentan  encaminar las posibles disidencias y en lo ideológico anestesiar; claro está, que si todo esto falla, también los sistemas comunicacionales en todas sus variantes, no vacilan en tornarse en beligerantes “partidos del sistema”, dispuestos a promover el caos, poner y deponer presidentes y propiciar golpes de estado, como lo han hecho por ejemplo en Venezuela, Argentina y Brasil, entre otros lugares.
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