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LOS “TRUCS” DEL PERFECTO CUENTISTA Y OTROS ESCRITOS (9) - HORACIO QUIROGA


Selección, prólogo y notas: Beatriz Colombi y Danilo Albero-Vergara

PRÓLOGO (4)

Nacionalismo, folklorismo, americanismo, jergas regionales (1)

Se ha dicho que los textos sobre la técnica del cuento que Horacio Quiroga publica a partir de 1925 representan un momento reflexivo, de definición de un espacio y una poética que oponer a las nuevas generaciones. No obstante, poco se ha reparado en que, coincidentemente, este es también un momento de madurez intelectual que lo lleva a terciar, aunque de un modo tangencial y casi como un francotirador a quien nadie observa, en otras polémicas de los veinte.

Paralelos a los textos sobre técnica del cuento, Quiroga escribe una serie de textos programáticos donde define su posición respecto al horizonte cultural que lo circunda, en el que campean temas tan espinosos como el nacionalismo, la idea de América, el regionalismo, el culto al pasado o la lengua. Algunas de las consideraciones de Quiroga respecto a estos asuntos podrían haber encontrado, con el paso de los años, un interlocutor y un contrapuntista en el Borges de “El escritor argentino y la tradición”.

En “La oligarquía poética”, de 1925, Quiroga rechaza los epítetos globalizadores, ideologizantes, tal como “la virgen América”, ya que América es, cuanto más “…una matrona repleta de virtudes, pero sensiblemente ajada por los malos tratos….”. Del mismo modo, descalifica la existencia de un pensamiento, alma o conciencia de América, a los que llama “curiosidades calenturientas de intelectual”, y designa a los intelectuales que se atribuyen esta conciencia de “casta de aristócratas, exaltados de patriotismo, que abominan de la masa, la plebe y el montón”. También en “El culto colonial”, de 1925, Quiroga se enfrenta a la exaltación de la tradición, identificando este culto del pasado con una ideología aristocratizante. Declaraciones de la misma contundencia encontramos en “Los tres fetiches”, de 1927, donde arremete contra el panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo, depositando toda esperanza de creatividad en “el brazo extranjero”.

Resultan sugestivos estos textos quiroguianos teniendo en cuenta la vigencia del debate abierto por la generación del Centenario en torno a la constitución de una literatura nacional, a través de la elaboración de mitos fundacionales, poemas épicos y postulados antiextranjerizantes. Baste pensar en la obra de Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, entre los más conspicuos.

La publicación coetánea de artículos de cuño netamente políticos e ideológicos, como “nacionalismo imperial” y “La sagrada democracia”, incluidos en esta selección, ilumina los postulados quiroguianos. Si bien la única militancia expresa de Quiroga se realiza en el campo gremial, a través de su inflamada defensa de los derechos del escritor, podemos colegir un ideario formulado tanto en la intimidad de su correspondencia como en estos artículos de carácter político-cultural. A través de cartas y testimonios, sabemos de su caluroso apoyo al gobierno demócrata de José Batlle y Ordóñez, de su posición crítica frente al comunismo y Stalin, de su rechazo consecuente de viajar a la URSS -cuando, en 1931, Castelnuovo y Álvaro Yunque le proponen visitar Rusia en vez de volver a Misiones-, de su burla a los merodeos proselitistas de Álvaro Yunque, de su rechazo al “fantasmón de Mussolini” -al que, por aquella época, Hemingway había definido en un artículo como “The Biggest Bluff in Europe”, ridiculizándolo por sus bravuconadas, sus camisas negras y sus polainas blancas, valga otra coincidencia- y de su adhesión a la causa republicana cuando la Guerra Civil Española. Quiroga se define a sí mismo como anarquista (“un solitario y valeroso anarquista”) en su fraterna y descarnada correspondencia con Ezequiel Martínez Estrada.
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