domingo

ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 148


OCTAVA PARTE

LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO: ELLOS Y NOSOTROS EN LA VIDA POLÍTICA

34: ¿QUIÉNES SON LOS CRIMINALES? (3)

Jerry Fyerkenstad

La prisión: la entrada en el vaso alquímico

El cautiverio, la prisión, la pena de muerte y la cadena perpetua representan condiciones verdaderamente alquímicas. El Vaso Hermético -el recipiente que contiene la materia prima, la massa confusa- debe permanecer sellado durante todo el proceso. Algo parecido ocurre en nuestro caso cuando encerramos en la cárcel a los criminales con la esperanza de que se transformen. Del mismo modo podríamos decir que el castigo y la terapia representan también operaciones alquímicas tales como la destilación y la putrefacción.

Pero no son los delincuentes los únicos que deberían sufrir este arduo proceso alquímico. Todos nosotros lo necesitamos y algunos de nosotros todavía más que ellos. Pero dado que nosotros nunca nos dejaremos capturar jamás nos someteremos al proceso. ¡Si hubiera algo que pudiera atraparnos! Dios sabe que no deseamos enfrentarnos a nosotros mismos y que tratamos de escapar de cualquier modo del proceso hermético. Pero para poder ser atrapados alguien debe delatarnos. Si evitamos la cárcel jamás podremos entrar en el vaso hermético -en el recinto sagrado.- y el proceso alquímico jamás podrá iniciarse.

Al igual que sucede en el cuento del Príncipe y el Dragón, o en el mito de Eros y Psique, no puede ocurrir nada verdaderamente interesante hasta que el dragón -el monstruo que mora bajo la cama- sea “capturado”, salga a plena luz del día y pueda ser visto e identificado. Sólo entonces puede comenzar el trabajo real. Hasta ese momento todo es inconsciente, impreciso y ciego.

Compara dos con los criminales somos meros “voyeurs” que permanecemos fascinados contemplando a distancia el espectáculo. Muy pocos de nosotros confesaríamos -como Mick Jagger en “Simpatía por el diablo”- que colaboramos inconscientemente con las fuerzas de la oscuridad y, de ese modo, nos negamos a penetrar en los dominios de la verdadera humanidad. Preferimos a un Dios a quien podamos adorar y ensalzar a un no-creador que nos invite a colaborar en la creación. No estamos dispuestos a celebrar el “sacramento del asesinato” y reconocer que el núcleo de nuestra oscuridad, de nuestra atracción por el mal y de nuestro rechazo de la totalidad son tan esenciales para obtener la gracia, el alma  y el “oro” como nuestras creencias y esfuerzos deliberados hacia la totalidad, la bondad y la perfección.

Consideramos que el crimen es algo antinatural e inhumano, un acto que va contra la naturaleza y la cultura. ¿Cómo podemos pues afirmar que el crimen sea una metáfora de algo esencialmente necesario? Nuestros sueños parecen quiere violar, robar, saquear, profanar, lo sagrado, golpear, mutilar, torturar, intimidar, etcétera, a nuestro ego cotidiano. De este modo, los sueños intentan enfrentarnos a nuestra massa confusa “relativizando” al ego. El sueño y la enfermedad son los principales medios que utiliza nuestra alma para comunicarse con nosotros. Es por ello que nuestra negativa cultural a comprometernos en el opus alquímico de trabajar con nuestros sueños aumenta la probabilidad del delito. De igual modo, la ampliación de nuestros presupuestos de defensa, el interés en la defensa personal, los sistemas antirrobo y las medidas de seguridad no hacen más que aumentar la probabilidad del delito ya que ese tipo de medidas profundizan el abismo, aumentan las diferencias y aseguran la inevitabilidad del ataque. Por tanto, si permitimos que los sueños  se manifiesten y nos afecten -sin interpretarlos y darles un sentido que se acomode a nuestros conceptos previos- nos proporcionarán una vía de acceso al lado oscuro y criminal de nuestra mente y transformarla, así, en “oro”.

El convicto debe seguir un camino diferente. Una parte muy importante de su “cura” (otra operación alquímica -curtir, oscurecer la piel, otra metáfora del castigo) consiste en aprender el rol de la víctima, sentir lo que siente, tomar, en definitiva, conciencia de todo el episodio y no limitarse solamente a desempeñar el papel de delincuente. Eso es lo que al criminal le parece antinatural, este es su opus contranatura, lo que puede curar su fragmentación y división.
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