domingo

¿ENCUENTRO DE DOS CULTURAS... O EL DOMINIO Y LA ACULTURACIÓN? RICARDO AROCENA


PRIMERA ENTREGA 

Intentaremos analizar el impacto cultural de la conquista, partiendo de los propios textos de los conquistadores, en un momento particular, cuando ellos recién arriban a lo que creían que era las Indias. Es decir, nos referimos a los primeros viajes hacia el "Nuevo Mundo", que a la par que producen una fuerte sacudida por estas latitudes, también la generan en el continente del cual parten, o sea Europa. Elegimos textos que nos parecieron representativos y que ilustran cabalmente lo que queremos destacar, pero que también son de fácil acceso para todo lector interesado en el tema.

¿Fue un "descubrimiento", como se podría decir desde una visión eurocéntrica? ¿Fue un encuentro y como tal un intercambio entre dos culturas disímiles? ¿O por el contrario fue una conquista y posterior dominación, que inicia un proceso de aguda aculturación? La polémica se estableció con motivo de los 500 años y abrió espacios para amplios debates. Obviamente según el marco conceptual al que cada uno se suscriba, la respuesta va a ser diferente. En nuestro caso nos inclinamos por definir aquel proceso iniciado en 1492 como de conquista y de asimilación. 

Pero aún el peor proyecto de conquista en alguna medida también supone un encuentro. Un encuentro desigual, por supuesto, un encuentro con unos en ventaja, frente a otros que están siendo vistos como sujetos a subordinar. Eso es verdad. ¿Pero qué es lo que se "encuentra"? De los "encontrados" en aquel primer momento cuando las "naos" (naves)  arriban, lo que sabemos es lo que nos dicen lo que en esas "naos" viajan. 

Y esto, porque por más objetivas que pretendan ser las crónicas, siempre están tamizadas por toda una visión del mundo, con sus juicios y sus prejuicios, con valores y contravalores, que forman parte de una herencia que viene de un profundo pasado. 

Los documentos que llegan de aquellos primeros actos de conquista están todos impregnados de una atmósfera cultural, de un humor ideológico, que era transpirado por el conquistador, desde su visión del mundo, hasta en sus hábitos y costumbres. Y es ese humor cultural el que un día desciende en las playas del continente, y se encuentra con que los "encontrados" son diferentes. No es en ese momento un problema mayor, en todo caso desde las cruzadas que Europa se encontraba con lo diferente, cuando la ruta hacia el oriente la lleva a enfrentar otras culturas, obligándola al hacerlo, a reafirmarse como continente hegemónico, destinado a dominar.

"La cultura europea, tuvo desde sus inicios orígenes griegos, conciencia de las diferencias de sus instituciones, de sus costumbres, su idea del hombre y sus modos de valorar diversos estilos de vida, con aquellas formas que caracterizaban la vida de otros pueblos, a quienes conocieron por las necesidades del comercio y de la guerra", explicaría en uno de sus trabajos el investigador Mario Sambarino.

Y es a partir de esa conciencia que "mide" a los demás, al "otro". Y lo hace desde una coyuntura histórica, desde un "momento" en el devenir de los tiempos, pero también a partir de todo un periplo cultural, que como señalara Sambarino se remonta muy lejos, a los orígenes "griegos".

Lo explica el escritor Carlos Fuentes refiriéndose a la llegada de los europeos al continente: 

"A través de España, las Américas recibieron en toda su fuerza a la tradición mediterránea. Porque España es no solo cristiana, sino árabe y judía, también es griega, cartaginesa y romana, tanto gótica como gitana".

Y es aquella pesada carga la que desembarca y toma contacto con el "otro", sin que el "otro" ni siquiera sospeche en qué consistía el estado general de la cultura de un conquistador, que además era expresión del Renacimiento. Es decir de una época cuya definición tampoco concita unanimidades en cuanto a si puede definirse como una etapa de continuidad de la edad media, de declinación, o tal vez una época de transición.

En definitiva, el que llega es producto de un largo periplo histórico, pero también de un instante caracterizado por el desarrollo del capitalismo y el ascenso de la burguesía como clase social. Aquel individuo emerge por otra parte en un momento de concentración demográfica, con el florecimiento de una cultura urbana, pero también es producto de un recodo en el que comienza a mirarse con peculiar apasionamiento a la antigüedad. 

Pero además, como si fuera poco, también está impregnado por una etapa de auge del conocimiento filosófico, literario, político y artístico... Y también hay otro plus... y es que está inmerso en una coyuntura histórica en la que se crean las bases para el florecimiento de la ciencia moderna, lo que por otra parte había favorecido el surgimiento del propio proyecto expedicionario.

Dicho en otros términos, junto con el conquistador desciende de las "naos" un siglo en florecimiento. Hablamos del siglo XV, el siglo del humanismo y de los humanistas, de Gutemberg y la imprenta, pero también cuando se reedita a Aristóteles, Ptolomeo, Plinio, Teotrasto, Galeno e Hipócrates, entre otros. Y es el siglo de Da Vinci, de Copérnico, de Lutero, de Masaccio, de Botticelli, de Piero de la Francesca y de los grandes estilos arquitectónicos, como el plateresco y el grecorromano, en lo que a España se refiere.

Con esto no estamos diciendo que todos y cada uno de los conquistadores conocían y habían disfrutado a todos y cada uno de los más arriba señalados. Estamos hablando de entornos, de "humores culturales", de "estados de sensibilidad". Sambarino lo señala: Europa se consideró "el centro del mundo, incluso el centro cultural. Es lógico que esa convicción se haya acentuado cuando desde el Renacimiento en adelante se produce su expansión".

Porque lo que llega a "América" también es un "estado de expansión". Y desde ese estado de expansión es que quienes llegan "miden" a los que ya estaban. Y miden desde sus instituciones diferentes, y miden desde sus costumbres distintas, y miden desde su idea del hombre, y miden desde su modo de valorar estilos y formas de vida. 

Parafraseando a Sambarino con las Carabelas llega a "América" una concepción del cultivo de la mente y del espíritu, un modo de vida, hábitos, valores en cuanto al concepto de lujo, pompa y veneración. Llega también una práctica religiosa, costumbres individuales y colectivas, estilos de vida, formas de organización social.

El modelo "vendido" desde el poder, exigía al súbdito español que quisiera y pudiera formar parte de la sociedad cortesana, un formato preestablecido: quien aspirara a una mínima aceptación de sus contemporáneos, respeto y reconocimiento, debía cumplir algunos requisitos.  El Conde Baltasar Castiglione, nos explica en su único libro, dirigido a formar cortesanos, cuáles eran esas exigencias:

"El caballero debía saber latín y griego, ser versado en poesía, oratoria e historia, tener aptitudes para escribir especialmente en lengua vulgar, conocer dibujo y pintura y ser un perfecto jinete: su profesión sería el ejercicio de las armas". En rasgos generales muchos de estos requisitos le caben como anillo al dedo a los conquistadores que llegan a este continente en las primeras "naos", si nos atenemos a lo expuesto por algunos cronistas del momento. 

Ello sería alta posición social, maneras de gran señor, buena apariencia física, simpatía, pero en particular, no faltaba más... valor y destreza física. Es que la tarea concitaba sus riesgos, pero también que todo aquello era un requisito imprescindible en una época de conflictos cortesanos y viajes fuera del mundo europeo tras causas sagradas.
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