domingo

ANTONI TÀPIES “EN UN GRAMO DE POLVO PUEDE ESTAR CONTENIDO TODO EL UNIVERSO”


Antoni Tàpies no es un predicador, pero a ratos lo parece. Lo que más parece, sin duda, es un tipo especial. No lo digo porque su lenguaje plástico esté reservado a sensibilidades privilegiadas -que a lo mejor también- sino porque su verbo -eso es, sobre todo su verbo- alcanza momentos de una densidad insondable, complicada para un interlocutor normalito. Yo misma, a lo largo de la entrevista, le pedí varias veces que repitiera una contestación para hacerla más fácil a mis entendederas. Tàpies (Barcelona, 1923) accedió sin replicar, hablaba como haciendo olas con la voz, alargaba las frases dotándolas de una acariciante placidez y entornaba los párpados para dar más espiritualidad a sus palabras.

Pero vayamos a lo esencial. Tàpies nos recibió a Chema y a mí a la hora de la siesta, que es una hora torpona, y en todo momento hizo gala de una amabilidad diligente, como si nosotros fuéramos los primeros periodistas del año que pasaban por su estudio. No mostró ningún atisbo de flaqueza o de hastío, y estuvo muy comprensivo con las preguntas estúpidas. Fueron casi dos horas de encuentro. El tiempo transcurría despacio, como transcurren las tardes de cualquier primavera precipitada, y yo, tal vez por efecto de una digestión plúmbea, andaba sumida en una especie de nebulosa sobrenatural. Allí, bajo la penumbra uterina del estudio, todo parecía ingrávido, y hasta los objetos daban la impresión de estar atrapados en un extraño magnetismo. Al final una ya no sabía si Tàpies hablaba de Dios o de los hombres, de los pinceles o del fútbol, de la política o los peces de colores.


Si no lo digo reviento, Antoni. Es usted muy trascendente. En todas las entrevistas que le he leído siempre termina hablando del cosmos. 

Depende de lo que usted entienda por trascendencia. Yo soy de esas personas que piensan que lo trascendente está en lo inmanente. Es decir, frente al más allá yo apuesto por el más acá. El cosmos somos usted, yo, esta mesa, el cuadro... Cuando hablo del cosmos me refiero siempre a ese cosmos próximo. Lo demás son divagaciones. De lo demás no sabemos nada.

Pero yo le he oído mucho ejercer de sabio. Sus teorías sobre la pincelada zen o pincelada única, por ejemplo, resultan de lo más curiosas. Según usted, hubo un pintor chino que se puso a buscarla, la encontró y la guardó en su casa. 

Sí.

¿Sí? Yo creía que era una boutade

Comprendo que dicho así suene extraño. Pero es verdad. Un amigo mío encontró una caligrafía zen que se parecía a la idea de la pincelada única. Entiéndalo como una metáfora: es la ilusión que tenemos todos los artistas por encontrar esa pincelada... Yo nunca he conseguido hacer un cuadro de una sola pincelada.

¿Cómo sería un cuadro de una sola pincelada? 

De una sencillez máxima. Para expresar cosas importantes no hace falta utilizar grandes recursos ni imágenes grandiosas. En un gramo de polvo puede estar contenido todo el universo.

Déjeme ir por partes: ¿el arte hay que explicarlo? 

Se pueden dar equivalencias, pistas, pero explicaciones intelectuales exactas no, porque irían contra la misma idea del arte. Cuanta más desnudez de palabras, mejor.

Usted, sin embargo, les ha dedicado a sus obras explicaciones larguísimas y muy complicadas.
Porque me lo han pedido. Empiezan diciéndote que des unas orientaciones sobre lo que haces, luego quieren más, y más, y más, y al final acabas escribiendo libros...

¿Y eso no es negar el valor de lo inexplicable? 

Claro. Lo ideal sería callarse. Trabajar y callar. Yo nunca entro en el estudio con una idea premeditada y cuando lo hago suelo fallar. Me gusta experimentar sobre la marcha. Soy como el científico que inventa unas píldoras y se las toma para comprobar los efectos consigo mismo. Todo lo demás, las disquisiciones, las explicaciones, los discursos, son añadidos que vienen a posteriori y que aportan más bien poco.

¿Es necesario titular los cuadros? 

Ni necesario y tal vez ni siquiera conveniente. No hay que limitar o dirigir la atención del espectador. Yo he aprendido mucho de los músicos, hasta hace nada la música era un arte más puro que la pintura, te decían: "Cuarteto número 3, opus 27", y a partir de ahí quien escuchaba la composición añadía el resto. Afortunadamente hoy los pintores ya nos hemos liberado de muchas servidumbres... Yo me considero ya un señor independiente que hace sus lucubraciones y se lo monta a su aire.

Cuando ve un bodegón, ¿qué siente? 

¿Un bodegón al óleo...?

Sí, un cuadro con frutas y verduras, y una jarra de vino, y esas cosas típicas de los bodegones clásicos... 

Actualmente eso no es arte. Existe una crítica poco rigurosa y selectiva a este respecto. Picasso me comentó que en cierta ocasión le enseñaron una obra muy mala y él la rechazó diciendo: "Oiga, que todavía hay clases".

Se lo pondré más difícil: imagine que le invitan a una casa y lo primero que ve al llegar es el retrato de la anfitriona sobre la chimenea. ¿Cómo reacciona? ¿Mira hacia otro lado? 

Siempre queda el recurso de hacerse el elegante y murmurar "qué poético...". Porque ahora los retratos se hacen mejor con una cámara fotográfica que con unos pinceles. En cualquier caso, yo no manifestaría mi contrariedad, más bien intentaría creer que son cuestiones sentimentales. Mucha gente tiene necesidad de rodearse de los retratos de sus parientes, es algo bastante natural... Mi mujer tiene muchas fotografías de sus padres, de sus hijos y de sus nietos. Yo no. Yo me fío más de mi memoria que de las fotos. No necesito ver las imágenes porque las llevo dentro.

Según leí en cierta ocasión, la idea de reflejar la realidad en un cuadro a usted le parece, además de pasada de moda, perjudicial para la salud. ¿Es así? 

Lo digo un poco en broma, pero sí, algo hay de cierto. Cada periodo de la historia del arte refleja la visión del mundo que tienen los hombres en ese momento determinado, contando con la aportación de los científicos, y de los filósofos... En el Renacimiento se inventó la perspectiva, que respondía a la idea del universo que se tenía entonces. El universo era un espacio vacío donde había unos personajes cuyos hilos estaban movidos por un ser sobrenatural. Hoy, en cambio, la ciencia nos ha demostrado que ese vacío no es cierto, y que entre usted y yo hay unos rayos eléctricos, o magnéticos, que fluyen continuamente. La materia no es algo sólido, como creíamos, sino un conjunto de movimientos en positivo y negativo que luchan siempre...

De acuerdo. ¿Y adónde pretende llegar? 

Quiero decir que debemos adaptarnos a los nuevos conocimientos porque así conoceremos mejor nuestra propia naturaleza y en consecuencia nos comprenderemos mejor, habrá más solidaridad entre nosotros, o entre nosotros y la propia naturaleza... A eso me refiero cuando hablo de la salud.

A usted le pasa como a Miró: no para de mirar el reloj, ¿verdad? 

Estadísticamente, estoy viviendo de propina, pues a partir de los 70 años la esperanza de vida es poca. Miro el reloj porque tengo la impresión de que me va a faltar tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.

¿No comprende las jubilaciones anticipadas? 

Sólo pueden entenderse por razones económicas... Si alguien sueña con jubilarse es que no es feliz. Yo no podría. A mí no me jubilará jamás nadie porque la idea del tiempo me angustia mucho y pienso que necesito todavía bastantes años para mejorar mi obra.

¿Eso es perfeccionismo, vitalidad, insatisfacción...? ¿Qué es? 

Un poco de todo. Esta manera de ser mía me hace sufrir, pero también me estimula para seguir trabajando y exponiendo. Fundamentalmente, se trata de insatisfacción. No sé... Es muy difícil ser juez y parte de uno mismo. No me conozco tanto como desearía.

Su querencia por el misticismo es conocida, Antoni. ¿Se siente un ser privilegiado, distinto?
El misticismo no es un privilegio. Mi querencia por el misticismo viene dada por la necesidad de inventar una técnica que modifique la conciencia que tenemos en la vida corriente y llevarla a un grado distinto.

Me parece que no le entiendo. 

Los místicos han descubierto pequeños trucos para cambiar la conciencia y profundizar más en ella. La técnica del yoga, por ejemplo...

¿Hace usted yoga? 

No, pero el yoga enseña técnicas de concentración mental que son muy válidas y aplicables a cualquier religión o creencia... De todos modos, la mística no es, como piensan algunos, ese estado permanente de éxtasis en el que mucha gente se queda colgada. Son experiencias transitorias.

En su vida ha tenido algunas experiencias, si no místicas, por lo menos indescifrables. Usted murió y resucitó... 

A los 19 años, por culpa de una intoxicación. Sufrí una asfixia tremenda y me fui paralizando poco a poco... Mi madre decía: "Se está acabando, se está acabando...".

Y entonces resucitó. 

No. Estuve dos años en cama y tuve mucho tiempo para pensar. Como no era una enfermedad dolorosa, me permitió recrearme en los pensamientos y en el arte.

Es decir, que si yo fuera una persona más sensible, tirando a mística, en esos cuadros suyos donde sólo veo una mancha gris tendría que ver una experiencia casi religiosa. 

En mi obra intento sugerir esas experiencias, pero no puedo obligar a nadie a que comparta tal sensación. A lo mejor es que usted no se ha detenido a contemplar un cuadro mío... Le invito a que lo haga, pero sobre todo, le invito a que no se distraiga, a que busque la verdad.

Un filósofo budista encontró la verdad después de tirarse una pila de años cara a la pared...
Sí. Mirar a la pared significa estar de espaldas al mundo.

¿Y se puede estar de espaldas al mundo viviendo en plena selva urbana, a un tiro de piedra de los bancos y con el teléfono conectado a los representantes? 

Se puede llevar una vida normal y en determinados momentos, evadirse... El introductor del budismo en China conocía muy bien el mundo, por eso se puso de espaldas a él. Yo practico ese ejercicio siempre que puedo.


Volvamos al mundo: ¿catalán o catalanista? 

Depende de los momentos. En época de la dictadura me gustaba mucho utilizar el término catalanista. Era como insistir en la idea de defender Cataluña, porque resultaba evidente que entonces había que defenderla de muchas agresiones. Ahora ya tenemos la autonomía y estamos incluso mejor que en tiempos de la República. Mire, la historia de Cataluña es modélica. Tiene cosas malísimas, pero el hecho de ser un país de tránsito nos ha acostumbrado a dialogar y a tener una base democrática bastante sólida. Nosotros no somos violentos, como otros. Cataluña, además, fue el primer país de Europa que tuvo una Constitución de derecho público por escrito. Los ingleses alardean de haber sido los primeros, pero su Constitución era oral. Los usatges, en cambio, fueron reglas jurídicas escritas.

En estos momentos de bonanza autonómica, proclamarse catalán o catalanista equivale a estar integrado en la cultura oficial. 

Hum... Ahora soy yo quien no la entiende a usted.

Antes iba contra corriente, Antoni. Hoy está a favor. Cualquier día lo sacarán en procesión con el Honorable. 

Yo no tengo esa impresión... Algún pintor, quizá por envidia, ha dicho: "Tàpies siempre tiene a Jordi Pujol colgado del teléfono". Es completamente falso. Que yo recuerde, Jordi Pujol me ha llamado una sola vez, y fue para pedirme que hiciera una exposición en Cerdeña, donde hay una colonia que habla catalán. Le dije que no podía porque carecía de obra disponible.

¿Desmiente entonces que esté próximo al gobierno de la Generalitat? 

Me halaga que un gobierno catalán, elegido democráticamente, me aprecie y respete, y si puedo corresponder a ese respeto, lo haré siempre. Mi teléfono, además, está abierto a toda clase de tendencias y colores.

Incluidos los colores blaugranas. 

Sí, he hecho un póster del Barça, aunque no soy socio del club.

El Barça es más que un club. 

Claro. Y a mí me parece estupendo que se considere así. Es casi una obligación mantener los símbolos de identidad del país.

En el póster, usted ignora deliberadamente el Barça de los años del franquismo. ¿Por qué? 

Fue una casualidad. Hice una columna de números ascendente, a partir del año de la fundación, luego los 25 años...y así hasta el 100. Se lo enseñé a mis hijos y uno de ellos advirtió que me faltaba el 50 aniversario. Insinuó que podría tratarse de un olvido freudiano, y como tal lo acepté.

¿El mejor gol de Cruyff, de Maradona o de Rivaldo merecen un Tàpies? 

No hablo de merecimientos. Me apetecía celebrar el aniversario de un club que ha sido un reducto de la cultura catalana y lo hice a mi manera. Dicho esto, también añadiré algo: un gol, por espectacular que sea, jamás me inspirará un cuadro.

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