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SENEL PAZ “LA POLÍTICA NOS HA SEPARADO”


Por Ángel Ricardo Gómez

Ha sido tachado de "oficialista" por la oposición, pero también ha sido tildado de "disidente" por autoridades del gobierno cubano y simpatizantes del castrismo. El escritor cubano Senel Paz (1950) se considera de centro, pero principalmente un escritor que busca trascender su propio tiempo y espacio.

La cartelera venezolana se engalana con un texto suyo, Fresa y chocolate, cuya dirección corre por cuenta de Héctor Manrique.

Vía electrónica, dice: "Yo preferiría responder también algunas preguntas por escrito... Soy un entrevistado pésimo, hablar no es lo que mejor se me da, creo que por eso es que escribo. Me cuesta tanto trabajo empezar como terminar y decir las cosas con brevedad y coherencia, y sé cuánto se agradece eso en el periodismo, justamente fue por ahí donde empecé, fue lo que estudié". 

Amablemente, atiende después el teléfono para las repreguntas y los cuestionamientos más polémicos.

El lobo, el bosque y el hombre nuevo fue un relato literario, luego fue teatro a través de adaptaciones, luego guión y película, y por último un musical... Lo que estamos viendo en Caracas no es la adaptación del cuento o el guión de la película por el propio autor, sino el nuevo espacio en el que los personajes han continuado viviendo y desnudándose, mostrando otras zonas de su relación y sus almas... Me siento muy feliz con este estreno.

¿Además de la tolerancia, la amistad... le interesaba plantear algunas ideas sobre la ciudad de La Habana, otra de las protagonistas de la película?

Más que la tolerancia y la amistad, me interesa plantear o reconocer la diversidad de las actitudes humanas, la relatividad de todo punto de vista, y la riqueza que implica toda esa diversidad. También me interesa subrayar que siempre hay modos de que la gente confronte de manera intensa pero no agresiva sus diferencias. Tolerancia no equivale a compartir otros puntos de vista, sino admitir el derecho de estos a existir y ser expuestos. El diálogo inteligente puede y debe ser apasionado, pero no descalificador ni excluyente del contrario. La Habana en este caso representa lo cubano, visto como historia, memoria y futuro.

¿Nunca fue percibida como incómoda su obra para el poder político, religioso o cultural de Cuba?

El hecho de que esta obra en cada ocasión llegara acompañada de éxitos internacionales importantes, y sobre todo, que se hiciera inmediatamente popular en Cuba, que el público se la apropiara, la hiciera suya con independencia de mi persona, aunque la denominaran "el cuento de Senel", la protegió mucho de la censura, y de este modo fue muy útil porque corroboró una vez más que la libertad es el sitio donde mejor estamos. La censura actuó de modo simbólico, no permitiendo que la pasaran por televisión durante 14 años. La censura siempre es política, y no te echas en contra una obra popular. También se debe a Diego, es ese tipo de personaje o persona que se cuela por las rendijas.

El actor Jorge Perugorría ha dicho que los cubanos aún no se han dado el abrazo final de Diego y David. ¿Usted lo secundaría? 

Creo que Jorge tiene razón, pero me parece que nos vamos acercando y que cada vez tenemos más ganas de ese abrazo. Falta, porque tiene que ser sincero. ¿Por qué? La política nos ha separado mucho, las pasiones políticas pueden llegar a ser ciegas, intolerantes.
¿Cuál siente que es su rol como intelectual en una sociedad como la cubana?

Justamente estoy en un punto en el que creo que mi rol en la sociedad cubana, en el Caribe y América Latina (y esto lo digo irónicamente), es escribir. Siempre he creído que suceden demasiadas cosas en el mundo como para dedicarse solo y simplemente a escribir, pero estoy arribando a la conclusión de que en el caso de un escritor, es lo mejor, más inteligente y honesto que puede hacer.

¿Debe el intelectual ser agradecido con la revolución?

Supongo que depende de cómo te ha ido, pero en todo caso es un error si la gratitud implica sumisión, falta de crítica, de oposición, si así lo entiendes. Cada cosa en su lugar y en su momento. La gratitud no te puede poner un tapabocas.

¿Hacia dónde siente que marcha la intelectualidad en la Cuba de hoy?

Como siempre, parte de la intelectualidad cubana marcha hacia el exterior. A otros les gusta permanecer. La novedad está en que sea una opción, que exista el retorno. Las marchas ya no tienen que ser definitivas, como en el caso de Diego.

 "Las marchas ya no tienen que ser definitivas", dice. Sin embargo, ¿le ha pasado por la cabeza salir de Cuba? 

No. Nunca. En primer lugar es una motivación personal y familiar, estar en el lugar al que tú perteneces, donde tú naciste, donde tienes tantos lazos, es una decisión personal y emocional que no tiene que ver con la política.

¿Cómo es que un escritor con ideas tan críticas e incómodas para el poder, decide quedarse en Cuba? 

Yo creo que es justamente por eso, para estar cerca del objeto que criticas y que amas. Creo que la cercanía y la participación, y el estar mezclado con tu realidad, es muy atractivo y motivador para un escritor... Yo siempre me hago la pregunta contraria: ¿por qué habría de irme de mi país, de mi familia? Tengo muchísimas razones, antes que la política o la ideológica, para vivir en mi país, en mi cultura, con mis sabores, mis recuerdos, mis sonidos, mi memoria, mi luz, el habla y la gestualidad de los cubanos. ¿Por qué la política o la ideología tendrían que determinar, en primer término, una cuestión tan importante, ser la medida de esa decisión? Para mí, es antes que todo una cuestión sentimental o poética, que funciona para mí, pero puede que no funcione para otros. No creo que "hay que irse de Cuba" ni que "hay que quedarse en Cuba"; que ni lo uno ni lo otro es lo bueno o lo malo, o lo correcto o no.

Dice que su rol es escribir, pero ¿escribir sobre qué? 

Está la realidad, la memoria y está la imaginación. Una cosa que la mayoría de escritores cubanos rechazamos es que estuviéramos obligados a escribir en términos sociológicos, realistas o políticos. La realidad entra de una manera natural en lo que uno escribe. Yo particularmente, no escribo guiándome por temas o realidades sino por personajes, y estos están en un contexto.

¿Y qué personajes le interesan?

Me llaman la atención los personajes que están en la esquina de la vida, es decir, no los triunfadores, sino las pequeñas pero intensas vidas; me llaman más la atención los personajes populares. Por ejemplo, un autor como Leonardo Padura ha escrito una novela sobre Stalin siendo un cubano, es decir, que hoy en día es algo que ocurre con mucha frecuencia. El buen escritor no está limitado por su espacio nacional, ni por su espacio temporal, y eso es importante, aunque tu espacio temporal y personal tengan mucho peso.

Algunos lo vinculan con el "hombre nuevo" de la revolución cubana. ¿Se siente como tal? 

La verdad es que nunca he pensado en eso. El concepto de hombre nuevo es ideológico y político, está vinculado con un individuo que solo se da en la circunstancia de una sociedad socialista, según la concebíamos con todas sus utopías. Yo creo que es más importante ser honesto, decente, que la ideología que tú tengas.

¿Cree que se acepta más la disidencia en la Cuba actual? 

Yo creo que Cuba está evolucionando lentamente hacia una comprensión de la diversidad en todos los campos y que lo que está evolucionando sobre todo es la misma realidad, es decir, las diferencias y la diversidad de puntos de vista cada vez son más obvias y la diversidad en el juego social cubano, y que a los políticos más bien les toca comprenderlo o no.

(El Universal / Caracas / 2-2-2014)
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