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DANIEL ABELENDA BONNET - ENTRE LA GRANDEZA CELESTE Y LOS ASTILLEROS DECRÉPITOS


Daniel Abelenda Bonnet (Uruguay, 1962) nació en Salto, pero ya hace una década que radica en Carmelo. 

Ingresó muy joven en el periodismo escrito, habiendo colaborado con varios periódicos y revistas de Colonia y de Montevideo.

Es docente de Historia y Educación Cívica en Enseñanza Secundaria y ha sido Profesor Adjunto de Ciencia Política e Historia de las Ideas en la Facultad de Derecho (UDELAR).

En 2003 ganó una Mención Honorífica en los Premios Anuales de Literatura del MEC con su novela Secretos de Estado, y en 2004 fue finalista del premio Onetti de la IMM en la categoría narrativa.

Entre 2005 y 2013 ha participado en numerosas antologías de poesía y cuento publicadas por la Editorial Abrace, y en 2014 publicó 30 Poemas, con prólogo de Luis A. Carro.

En 2015 apareció su novela El día del plomo (Ediciones de Benito, Montevideo) y en estos días se produce el lanzamiento de su segundo poemario, Postales y fotografías (elMontevideano Laboratorio de Artes) con prólogo de Hugo Giovanetti Viola.


Hay una gran canción de Joaquín Sabina que dice: Más vale que no tengas que elegir / entre el olvido y la memoria / entre la nieve y el sudor. / Serás mejor que aprendas a vivir / sobre la línea divisoria / que va del tedio a la pasión. Tu nuevo poemario, Postales y fotografías, parece retratar el periplo de un hombre preocupado por hacer equilibrio en un camino medio capaz de no tentarlo demasiado con el revolcadero en la nostalgia y a la vez sosegarlo en la búsqueda de un futuro creativo pero sin ambiciones exitistas. ¿Lo sentís así?

Sí, en mi literatura hay una búsqueda del "camino del medio" o un cierto equilibrio entre pasado y futuro, parado desde el presente. Rilke decía: "la vida no se puede entender sin mirar hacia atrás, pero solamente se puede vivir mirando hacia adelante". Eso trato de hacer en y con mi vida, y por tanto, mis poemas, mucho más que mi narrativa, lo reflejan así. 

Tengo necesidad de rescatar algunos momentos, lugares y personas de mi pasado que fueron importantes, como manera de entender quién soy hoy y qué quiero ser mañana. Uno es lo que es y lo que tiende a ser. Y la poesía es eso: intensidad de palabra (por eso mis poemas son breves) que salva del olvido esas cosas trascendentes de nuestro pasado, pero vistas con la perspectiva que te da el estar más arriba en la "Colina de la Vida" (León Gieco), jugando ya el Segundo Tiempo -¡tengo casi 55 pirulos!. 

¿Cómo conviven tus repentinas búsquedas líricas con las pacientes construcciones y reconstrucciones de tus ficciones policiales? 

Las dos vertientes se complementan muy bien. Como bien decís, mis "búsquedas líricas" son "repentinas", mientras que la construcción definitiva de una novela (en el subgénero que me gusta, el thriller histórico-político) me lleva más o menos unos DOS AÑOS. Y también tienen soportes diferentes: los poemas los escribo a mano en una libreta, cuyas páginas voy tirando hasta que me queda una versión que me convence, pero no me lleva más de unas horas. En cambio mis novelas son posibles sólo gracias a la computadora, que te permite guardar, volver a corregir y seguir escribiendo. En mis comienzos escribí cuentos cortos en la Olivetti, pero hoy no podría escribir novelas de 150-200 páginas sin la P. C. 

¿Pensás que el Uruguay es un paisito o que el arquetipo artiguista que subyace en nuestra comunidad desde el desafío que representó Purificación no nos permite abandonar una vocación de eternidad que hace que de vez en cuando aflore una grandeza celeste que a mucha gente le resulta insólita?

Creo que el Arquetipo Artiguista, como vos lo llamás, ha sobrevivido "malgré tout" a través de estos 200 años en el Uruguay. Su sustrato Humanista y Cristiano, sin parangón en América y el Mundo, aflora cada tanto desde lo más hondo el pueblo. Se dio en los casos de Maracaná, los Andes, el NO y el Obeliscazo, y en otras miles de manifestaciones muchos más anónimas de Solidaridad y Caridad bien entendidas de la gente común, que no de nuestra "clase dirigente", salvo honrosísimas excepciones. Todos los uruguayos tenemos una vocación de eternidad y una intuición sobre la grandeza  y tratamos de "empatarle a la realidad", como decía Obdulio. Lo que pasa es que las manifestaciones OFICIALES de la CULTURA y la POLÍTICA están en manos de gente que carece de verdadera grandeza moral.

¿Hay algo en Carmelo que te incentive por momentos a sumergirte en buceos místicos que se religan con los ensimismamientos de los antiquisísimos pobladores del Monte Carmelo?

De Carmelo (donde vivo desde hace casi una década) me seduce su talante de ciudad provinciana y litoraleña (fronteriza, contrabandista) y su aire evidentemente bohemio. No te diría que mis "búsquedas místicas" se enlazan con los  pobladores más antiguos de la ciudad, pero sin con aquellos que vivieron en el Siglo pasado, y particularmente en los años 40/50. ¿Por qué digo esto? Carmelo es muy SANMARIANA, muy onettiana. En esos años tuvo varios ASTILLEROS, que ahora están en ruinas, en la zona del Puerto comercial, donde el Arroyo de las Vacas hace un recodo antes de enfilar hacia el Río de la Plata. Estoy seguro que el Maestro se inspiró en este paisaje para construir varias escenas de Juntacadáveres y El astillero (para mí, dos de sus obras cumbres). Y por casualidad (¿o causalidad?) yo tengo ante mis ojos ese paisaje 5 días (con sus noches) a la semana, desde mi lugar de trabajo. Borges decía: "A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”.
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