domingo

JULIO HERRERA Y REISSIG - EPÍLOGO WAGNERIANO A LA “POLÍTICA DE FUSIÓN” (10)


Con surtidos de psicología sobre el Imperio de Zapicán

Todos estos peajeros, y estos Reyes, y estos mercaderes; todos estos guardianes de países y de tiendas, todos son mis enemigos. Abomino todo sacrificio al dios vulgo o al dios éxito. Me repugna lo trivial. Odio la hipocresía y el servilismo como los mayores crímenes. He de decir la Verdad aunque me aplaste el Universo.

NIETZSCHE:
Así hablaba Zaratustra.



Hablemos de tu libro. Te diré con impávida franqueza lo que hay de bueno y de malo en esa obra en que tú has vertido, junto con tus méritos relevantes, la juventud con todos sus inconvenientes, entre los que figuran el apasionamiento, la fiebre, la ligereza y el combustible del atavismo.

Tu libro no es propiamente una historia filosófica con base hermética, desarrollada según las leyes del dinamismo social. Faltan en él los más graves elementos de una erudición al día, las premisas de la ciencia… el análisis inductivo, el plan metódico que abarca los factores físicos, antropológicos y sociales. Hacer historia es hoy comparar, inquirir, correlacionar, disgregar, sintetizar, abstraer y generalizar. La psicología, la sociología, la economía política y la estadística, son hoy partes esenciales de la Historia, aplicándose a los hechos en sus múltiples correlaciones. Tú sabes que un viento Norte, una tempestad, una hemiplejia, una crisis, una embriaguez, una pobreza, un analfabetismo, son capaces, de un estupro, de una revolución, de una calamidad privada o pública, de un acuerdo desdoroso, de un crimen… de una felonía…

Reflexiona acerca de los factores económicos en la Historia, ante la paulatina despoblación de la Francia que podría dar origen, con el tiempo, a una disminución de vitalidad en las esferas de la producción y en caso de una ruptura con una de las potencias a una catástrofe  colectiva por falta de hombres armados. ¿Qué otra cosa que la estrechez de una vida regimentada, que el temor a que las hijas no tengan dote, que la subdivisión de una renta escasa, que la perspectiva del pauperismo aristócrata, determinan a que la madre no tenga más de un hijo, a que el placer egoísta, la cirugía secreta, la obstetricia galante y los filtros más refinados de la caprichosa Afrodita se hagan cómplices de una esterilidad funesta que podrá abrir el camino a la victoria de sus adversarios?

Reflexiona después de todo en la emigración latina, en las huelgas, en los atentados, en las furias estentóreas de la bramadera proletaria, en las insólitas epilepsias del organismo social y no hallarás en esos movimientos, precursores de las hemorragias, sino la conspiración del hambre que aúlla por todos lados!

Por otra parte, has de comprender qué es lo que hubo en el subsuelo de las sociedades, en todas las grandes protestas de la Humanidad, desde la Revolución Francesa hasta las coloniales de este Continente, devorado por la aureofagia de la Metrópoli, por sus sistema de administración, y por los privilegios vampíricos que abrumaron a sus pobladores; todo lo cual hizo de los oprimidos unos lobos acosados que se lanzaron a la libertad.

Del mismo modo los antecedentes de la gran promesa del 89, los dolores convulsivos de ese gran parto de filosofía política se hallan en el desquicio del tesoro, en el cataclismo económico que comienza con las bacanales de los Borbones, con el orgullo opulento del Versalles deslumbrador y con la neurosis lujosa de sus Cresos ministeriales. Más que los cerebros desbordantes de Juan Jacobo, Voltaire, Diderot, D’Alembert, Montesquieu, Montaigne y los eximios cruzados de la Enciclopedia, han hecho por la Humanidad los neumogástricos, afligidos del San Antonio dantesco, las bolsas vacías de las muchedumbres que pidiendo pan reclamaban inconscientemente la victoria de sus derechos.
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