domingo

LA CONVERSACIÓN CONSIGO MISMO DEL MARQUÉS CARACCIOLI (7)


EL LIBRO QUE JOSÉ GERVASIO ARTIGAS RELEÍA TODOS LOS DÍAS EN IBIRAY

por Pedro Gaudiano

(Fragmentos del capítulo VIII de Artigas católico, segunda edición ampliada con prólogo de Arturo Ardao, Universidad Católica, 2004)

ARTIGAS, “EL SEÑOR QUE RESPLANDECE”

El 28 de febrero de 1923, en el solemne acto de inauguración del Monumento a Artigas en la Plaza Independencia, Juan Zorrilla de San Martín expresó lo siguiente.

“Místicos profetizantes llama a Emerson a esos hombres que aparecen, de tiempo en tiempo, con un mensaje que revelar en lo interno de los ojos. Artigas fue uno de esos: una especie de místico profetizante; un visionario aparecido en un rincón de la tierra, como casi todos los profetas; ausentes de todas partes menos de sí mismos. Era muy bravo en la acción, no hay duda, fuerte, intrépido; tan despreciador de la vida propia como respetuoso de la ajena; lo que se llama un valiente, un hombre animoso. Pero no fue la fuerza del brazo, ni la del ánimo, la que le imprimió su carácter diferencial; fue la serenidad y la firmeza, inspiradas en una fe, en una visión clarísima de libertad, que era también humildad y mansedumbre, y amor y templanza heroicos” (1).

José Artigas fue el “Gran Cacique” de los charrúas (2), el “Gaucho de los gauchos” (3), el “cacique principal” de los paraguayos artigueños (4). Según Methol Ferré, fue “el primer caudillo de los orientales” y el “último caudillo de los guaraníes” (5). Cien años después de su muerte, el 23 de srtiembre de 1950, la página editorial del diario católico “L’Osservatore Romano” recordó la figura del Prócer oriental (6).

Aquel Santo Año de 1950 la arquidiócesis de Montevideo tributó una serie de homenajes a Artigas (7). El 17 de agosto se realizó una peregrinación patriótica al Sauce. El escribano Daniel Pérez del Castillo pronunció un discurso, “afirmando rotundamente que es mutilar la figura de Artigas y deformarla si se la presenta desconectada de la fe cristiana que vitalizó toda su existencia” (8). El 10 de setiembre, en la Plaza Independencia, se realizó el acto de los colegios católicos en homenaje a Artigas. En su discurso, el arquitecto Horacio Terra Arocena expresó entre otras cosas:

“Puesto que hablo a los niños cristianos de mi patria, yo quiero señalar la trabazón indestructible entre esta fe de nuestros mayores, entre esta fe cristiana de Artigas y su obra social y política. Tres rasgos fundamentales nada más me bastan: el amor a la libertad, la fidelidad a la democracia y la generosidad en el sacrificio al servicio del pueblo. (…) Artigas era un cristiano. Había sido educado, en efecto, desde niño en los conceptos cristianos de la igualdad fundamental entre los hombres, hijos de los mismos padres primitivos creados por el mismo Dios, hermanos en Cristo redentor, levantados por Él a la dignidad suprema de ser hijos de Dios. Conocía Artigas por su fe, la nobleza de los humildes y la dignidad de la pobreza. Estimaba el valor superior de los deberes de la conciencia por encima de todos los poderes y de todas las coacciones de la tierra. Hacía suya la ley suprema del cristianismo: la del amor. Y porque en todo esto era cristiano, fue capaz de concebir la convivencia democrática entre los hombres como la forma política superior, adecuada a la concepción cristiana de la vida y a un nivel superior en la educación cristiana de los pueblos” (9).

A continuación el cardenal Barbieri pronunció otro discurso, en el cual manifestó que la enseñanza privada era “un auténtico signo de libertad y de democracia” y destacó que Artigas fue discípulo de la escuela católica. Además expresó que en aquel homenaje era necesario reafirmar la libertad, el patriotismo, la democracia y el respeto (10).

Resulta particularmente significativo el hecho de que Artigas, en 1950, era recordado con admiración y veneración por aquellos guaraníes cuyos bisabuelos, en vida del Prócer, le habían llamado “Overava Karaí”, “El Señor que resplandece”.

La fuente de aquel resplandor no le llegaba a Artigas desde afuera, sino que le brotaran desde adentro, de su vida interior. El Prócer, al menos en sus últimos años, tuvo una profunda unión con Dios que alimentó a través de la oración, a través de la catequesis y enseñanzas que brindaba a los niños paraguayos, y sobre todo a través de su amor por la Eucaristía.


Notas

(1) Juan ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Discurso del doctor don…, miembro de la Comisión Nacional del Monumento, en: “Revista Histórica” (Montevideo) t. XI, nº 31 (1923) 1026-1040, 1032-1033.
(2) “Los charrúas han vencido por igual / a los españoles y portugueses. / que se metieron en la Banda Oriental: / a todos derrotaron varias veces. / A nadie respetan sino a Artigas. / Lo admiran por jinete valiente, / porque no elude las fatigas, / para que se respete a esta gente. / Según ellos es el Gran Cacique / y le obedecen con devoción: / saben que así no habrá quien les quite / la libertad de su raza y nación”. J. LENZINA, Artigas y los charrúas, en D. HAMMERLY DUPUY – V. HAMMERLY PEVERINI, Artigas…, t. I, p. 284.
(3) “(Al gaucho) solamente puede llegar a sujetarlo aquel que con las dotes supremas logre apaciguarlo. Aparecido este personaje el gaucho le pertenece. Cúpole a Artigas ser el jefe de aquella gente original por tener las condiciones de gaucho de los gauchos”, Antonio J. DA COSTA. Historia do Marechal Saldanha, t. I, Lisboa, Imprenta Nacional 1879, p. 67. Traducido por Pedro Gaudiano.
(4) El 19 de junio de 1833 el dictador Francia escribe a su delegado en Ytapuá, quejándose por la creciente admiración que Artigas despertaba entre los propios paraguayos de las zonas fronterizas: “Así venían también (…) los Artigueños y Careaga les dixo graciosamente q(u)e su Caudillo Artigas no era sino el Cacique principal de ellos”, E. B. GÓMEZ CASTELLÁ, Artigas en Curuguaty…, 47-48; el autor cita como fuente el Archivo Nacional de Asunción, vol, 242, nº 7, fols. 29-29.
(5) “José Artigas es el último gran capítulo de la historia de las Misiones (jesuíticas). El primer caudillo de los orientales y el último de los guaraníes”, A. METHOL FERRÉ, La conquista espiritual…, p. 97.
(6) (ANÓNIMO). José Artigas, en “L’Osservatore Romano” (Roma) 23 setiembre 1850, p. 2; el artículo se transcribe en el original italiano, en “Tribuna Católica” /Montevideo) nº 3 (1950) 79-80.
(7) Vid. Antonio M. BARBIERI, Arquidiócesis de Montevideo, Exhortación y mandato (del 19 de abril 1950), Conmemoración del centenario de la muerte de Artigas, en “Boletín Eclesiastico” (Montevideo) nº 380 (1950) 257-258; vid. también (ANÓNIMO) Actos oficiales con que la Arquidiócesis de Montevideo celebró el centenario de la muerte de José Gervasio Artigas, en “Boletín Eclesiástico” (Montevideo, nº 386 (1950) 546-556.
(8) Ibid. , 546.
(9) Horacio TERRA AROCENA (Discurso en el homenaje de los colegios católicos de Montevideo a José Artigas, 10 setiembre 1950), en “Boletín Eclesiástico (Montevideo) nº 386 (1950) 547-551.
(10) Vid. Antonio M. BARBIERI (Discurso en el homenaje de los colegios católicos de Montevideo a José Artigas, 10 setiembre 1950), en “Boletín Eclesiástico” (Montevideo) nº 386 (1950) 551-554.
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